N/A: ¿Qué soy una desconsiderada, irresponsable y una bruja? ¡ME DECLARO CULPABLE, NO TENGO EXCUSA PARA TANTO TIEMPO QUE HE ABANDONADO! Bueno, dejo leer tranquilamente y lo demás al final.
DISCLAIMER: Ninguno de los personajes me pertenece. Son propiedad de Masashi Kishimoto-sama.
Capítulo veintiuno – Cuando el amor gana
Uchiha Sasuke era alguien poderoso, sin duda. Lograba sus técnicas a la perfección, su habilidad con el Sharingan era cada día más asombrosa y todo esto con apenas la edad de dieciséis años, casi diecisiete.
Además de sus dotes de ninja, también el cielo se encargó de otorgarle el físico de un semi-dios. Alto, torso masculino perfectamente endurecido que hacía dar ganas que quedarse a dormir en toda su extensión, piernas fuertes y largas. Un rostro que combinaba a la perfección con todo lo demás, enmarcado en su cabello negro de terciopelo con reflejos azulados…
¿Defectos? Claro que los tenía. Empezando por su obsesión con la venganza (justificada, sí, pero no por eso menos incorrecta), abarcando también su frialdad y malhumor, llegando hasta lo terco y desesperante que podía llegar a ser. Arrogante, consciente del efecto que causaba en las personas, e irremediablemente despiadado si alguien osaba fastidiarlo o meterse en su camino.
Pero tal vez uno de sus peores defectos, era su falta de tacto. Y ese rostro impasible que ponía para ocultar cualquier emoción de la vista ajena, justo como ahora que acababa de soltarle aquello a Sakura.
"Lo que no pensé jamás que ocurriría era volver aquí… y enamorarme de ti"
Esas palabras dejaron un profundo y agonizante eco en el armario en que ambos se hallaban. Sakura pasaba su mirada del ojo derecho de Sasuke al izquierdo y viceversa, tratando de calmar con eso sus nervios.
Es decir… ¡Vamos! Alguien no confiesa que está enamorado de ti con esa cara de "ha pasado sin que pudiera evitarlo, ¿qué le voy a hacer?". Como si ella le hubiera hecho algún embrujo para atraerlo; más bien al contrario, cuando él volvió, a Sakura le había apetecido hacerle uno para que se fuera otra vez.
Y es que de verdad, ella jamás habría imaginado siquiera en sus sueños más locos (no los recientes, al menos) que iba a escuchar semejante disparate de labios del Uchiha. Porque otra cosa no podía ser, ¿desde cuándo el desertor tiene la capacidad de amar? ¿Sería una broma de muy mal gusto? ¿O tal vez el destino, que le cobraba los errores de su corta vida?
En milésimas de segundo, llegó a la conclusión de que no podía decidir nada ahora. No en ese mismo momento al menos. Además, ¿qué podría decirle? ¿Que ella también se había enamorado otra vez de él? ¿Que nunca había dejado de quererlo? Porque eso no era del todo verdad, ella se había propuesto olvidarse de él, incluso si eso conllevaba arrancar su corazón de raíz, y lo había logrado justo para el momento en que él ya estaba por volver. Cruel destino.
No supo cuánto tiempo habían pasado en silencio, pero sí supo que era suficiente como para quedar como una idiota. Así que debía decir algo pronto:
―¿…Tú…? Yo-
Ah, pero siempre pasa algo inesperado.
Unas risillas finas se escucharon desde afuera del armario. Sasuke quedó quieto fulminando con la mirada a cualquier cosa que estuviera viendo, mientras que Sakura desvió la mirada hacia la puerta con perplejidad.
―… ¡En un armario con escobas y trapeadores! Hay que ver los gustos que hay a la hora de "amarse" … ― se escuchaba desde afuera, claramente la voz de cierta kunoichi con moñitos en el pelo. Sakura enrojeció tanto que hasta Sasuke lo notó, y eso que estaban en penumbras.
―…Ta-Tal vez deberíamos irnos y no molestar…― Hinata, la voz de la razón.
―…¡Ja y después la frentona me dice "cerda" a mí!...
Sakura ahogó una exclamación e hizo un movimiento que anunciaba su deseo de abrir la puerta y arremeter contra su amiga, pero no pudo lograrlo. De un rápido sacudón, el azabache había capturado la mejilla derecha de la chica, e igual de ágilmente robó un beso de sus labios.
―Piénsalo― fue lo que dijo en su grave tono, apoyando su frente con la de ella, fulgurándola de anhelo con su mirada. La pelirrosada pareció a punto de decir algo, sin embargo él robó otro beso, esta vez más pasional y lento que el anterior, y sin más abrió la puerta, proyectando la mirada más mortífera hacia las personas que estaban afuera del armario, en el pasillo (Ino; Ten Ten; Hinata; Naruto; Sai; Chouji y Kiba).
―¿Qué miran?― preguntó con voz de ultratumba.
―Nada, nada, ya nos íbamos… ― se disculparon los otros levantando las manos, haciéndose a los desentendidos y dispersándose por el lugar. Exceptuando Sai y Naruto, quienes se habían quedado allí parados.
Sakura miró hacia sus compañeros y de inmediato se encontró con la oscura mirada del ANBU. Inmediatamente la culpa la invadió. Él se limitó a esbozar una media sonrisa neutra hacia ella, y luego se marchó, al igual que Sasuke, y por consiguiente, Naruto.
Y quedó totalmente sola.
Mirando sus manos, notó que empezaba a temblar. Sentía que los sectores de su piel que habían sido tocados por Sasuke ardían y vaya que sí lo hacían. Absurdamente, se prohibía a sí misma pasar su lengua por sus labios a pesar de necesitarlo puesto que de los nervios éstos se habían secado. Y es que no quería que la huella que los labios de Sasuke habían dejado en los suyos se borrara, como si temiera que no hubiera sido real.
Unas ganas agonizantes de gritar el nombre del Uchiha a todo pulmón cuantas veces sea necesario hasta que vuelva se apoderaron de ella. Una parte de ella misma que no conocía o no se había mostrado hasta ahora, le hacían saber que no la dejarían vivir tranquila a no ser que fuera tras el muchacho, y así sea trayéndolo de los cabellos, lo volviera a meter en ese armario mohoso, apagara la luz y simplemente lo abrazara fuerte, tanto que él se plantee el nunca más alejarse de ella.
Y pronto aquel corredor que se mostraba tan vacío como su capacidad de pensar claramente comenzó a asfixiarle. Y sus pies actuaron instintivamente, como cada vez que se encontraba sin saber qué hacer. Bajó corriendo las escaleras, no escuchó el "¿adónde vas, Sakura-chan?" de Naruto que se encontraba en el piso de abajo y salió despedida cual rayo de la casa, perdiéndose entre la espesura del bosque.
El rubio salió extrañado hasta el pórtico de la casa, observando el camino por el que había desaparecido su compañera. Kiba –quien habría presenciado la "huida" de la pelirrosada" se acercó a él diciendo:
―¿Viste eso? Salió disparada como si tuviera un cohete en el trasero.
Naruto rió por el comentario de Kiba, y luego ladeó la cabeza.
―Yo no sé si Sakura-chan está muy loca o muy enamorada.
―¿Enamorada, eh?― preguntó Kiba con picardía. ―Es una lástima, antes de todo este peliculón yo estaba pensando en pedirle una cita…
―¿Una cita? ¡Jaja, como si te la hubiera aceptado, imbécil!― se carcajeó Naruto, fastidiando a Kiba en el proceso.
―¡Te haré recuerdo que a ti también te ha rechazado muchas veces, infeliz!
―Ya, ya, Kiba, no te enojes… Pero no sabía que te gustaba Sakura, aunque es normal dado que es tan linda-dattebayo…― comentó Naruto.
―No es que me gusta de "gustar, gustar". Lo que pasa es que está buena― soltó todo fresco el Inuzuka, y Akamaru –que andaba por ahí cerca- ladró en acuerdo.
―¿Serás… ?― empezó Naruto, indignado, pero luego pareció pensar algo y recobró su postura alegre ―Es imposible no fijarse en las piernas de Sakura-chan… ¡Kami bendiga las faldas!
―¿Verdad que sí?― alentó el castaño. ―Y su trasero… ¡Demonios!
―¡Ah sí, sí! Sakura-chan puede no tener pecho, pero lo cierto es que…
Ninguno de los dos se había percatado de la presencia de alguien más escuchando su conversación acerca de los atributos femeninos de la Haruno. Y no fue hasta que escucharon la voz de aquella persona que se dieron la vuelta, pálidos como si hubieran visto un fantasma.
―Así que andan viendo el trasero de Sakura― la voz de Sasuke sonó tétrica y terroríficamente calmada. ― Díganme una cosa, ¿eso lo hacen muy seguido?
―Anda, Uchiha…― empezó Kiba, ciertamente intimidado ―que solo hablábamos en juego, hombre…
―Sa-Sasuke-teme― balbuceó Naruto, sonriendo nervioso, mientras se rascaba la nuca ―Kiba tiene razón, estábamos jugando…
El repiqueteo eléctrico del Chidori que Sasuke empezó a emanar de su mano derecha, les hizo saber tanto a Naruto como a Kiba que él no conocía las palabras "en juego".
―¿Corremos?―preguntó Naruto, mirando tranquilo la escena frente a él.
―Es lo más lógico― concedió Kiba, quien cómicamente tenía la misma expresión que el rubio.
Y así salieron despavoridos, mientras Sasuke los perseguía Chidori en mano.
.
Sakura llegó algo agitada hasta la aldea. Se internó en sus calles sin saber exactamente a dónde se estaba dirigiendo. Pasando por el mercado, el hospital hasta llegar al parque central de Konoha. Se sentó en la banca que encontró más solitaria. Cerró los ojos y procuró mantenerse serena.
"¡SHANNAROOOOO! ¡SASUKE-KUN NOS HA DICHO QUE NOS AMA! ¿DÓNDE ESTÁ LA TAL KARÍN, QUE AFIRMABA QUE SASUKE VOLVERÍA A PEDIRLE PERDÓN Y PROPONERLE MATRIMONIO? ¿CÓMO LE QUEDARÍA EL OJO A INO DE DOCE AÑOS? ¡SHA-SHA-SHA!" vitoreó su Inner, danzando como posesa, todo esto en el interior de Sakura.
―Cálmate, no es para tanto…― susurró para que no pensaran que estaba loca.
"¿QUE NO ES PARA TANTO? ¡ACABA DE PASAR NUESTRO SUEÑO DE ANTAÑO!"
―Sí, pero también está el tema de Sai…
"¡SASUKE ES EL AMOR DE NUESTRAS VIDAS! ¡SAI SIEMPRE SUPO ESO…!" siguió vociferando aquella versión tan bizarra de la Haruno en su cabeza, quien puso todo su empeño en ignorarla y observar a su alrededor.
Niños que correteaban mientras reían. Sus madres charlando cómodamente entre ellas a la distancia. Parejitas adolescentes que se daban besos como si no hubiera un mañana. Amigas que se contaban sus penas, amigos que reían estruendosamente.
Llevando su vista más lejos, divisó una pareja de ancianos. La mujer, de expresión dulce, alimentaba a los patos del estanque, y el señor, tenía la expresión seria como si todo el mundo consiguiera fastidiarle.
―Hm, gracioso. Me recuerda a alguien…― dijo la pelirrosada, sonriendo.
Observó cómo la mujer cesaba a tarea de lanzar comida, y apoyaba su cabeza en el hombro de su acompañante, cerrando los ojos, y éste pasaba un brazo por sobre sus hombros. Sakura sintió derretirse de ternura cuando el anciano, después de unos momentos, depositaba un beso en la arrugada frente de ella, quien parecía plácidamente dormida.
Sin dar una explicación coherente, los ojos de la Haruno se amontonaron de lágrimas, que empezaron a caer desaforadas por sus mejillas. Hipando, llevó sus manos a secarse el rostro, en vano, pues no paraba de llorar.
Escuchó unas voces, cerca suyo, pero las ignoró. Segundos después, dos figuras se hallaban frente a ella.
―¡Sakura-neechan!― las chillonas voces de Moegi y Konohamaru retumbaron en sus tímpanos.
―Ho-hola chicos― Sakura sonrió cálidamente, quedando su rostro algo extraño por estar llorando y sonriendo al mismo tiempo.
―¿Pero qué ha pasado?― preguntó Moegi, preocupada.
―¿Es que ocurrió algo grave?― preguntó el chico.
Sakura negó con la cabeza, limpiándose las lágrimas y consiguiendo dejar de llorar un poco.
―No es na-nada, realmente…
―¡Pero si estás llorando, Sakura-neechan!― señaló Moegi.
―¡Ya sé qué puede hacerle sentir mejor!― exclamó Konohamaru, y antes de que las otras pudieran hacer algo, realizó el Sexy no Jutsu, convirtiéndose en una esbelta muchacha.
―Naruto-sensei dice que esto siempre alegra a las personas― dijo, con una voz sensual y susurrante.
A Sakura le salió una vena en la frente, al tiempo que Moegi depositaba un puño en medio del precioso rostro de su compañero convertido en mujer, que salió volando varios metros atrás.
―¡Alegrará a pervertidos de tu calaña y la de Naruto-sempai!― bramó furiosa, cruzándose de brazos, oyendo los quejidos del caído Konohamaru.
―Bien hecho, Moegi-chan. Haré lo mismo con Naruto-baka, por haberle enseñado esas chanchadas― comentó Sakura, orgullosa de la gennin.
―Sakura-neechan, cuéntame: ¿qué ha pasado? ¿por qué estás llorando?― Sakura le sonrió, mientras se mordía el labio inferior. ― ¿O es que Sasuke-san te ha hecho daño otra vez?
―No, nada de eso Moegi. Éstas― señaló sus ojos acuosos mientras miraba a la gennin a los ojos― son lágrimas de felicidad.
La menor puso su mejor cara de auténtica confusión.
―¿Estás segura de eso, neechan? Porque no parece…
―Es que yo… Estoy feliz, pero estoy confundida. Siento algo de miedo, pero a la vez me siento muy segura. No puedo dormir bien, porque pienso en cosas lindas y en cosas tristes…
―¡Ah, entonces tú estás enamorada!― dedujo Moegi, cambiando su expresión preocupada por una alegre. Sakura alzó las cejas.
―¿Cómo llegaste a esa conclusión?
―Porque yo tambi…― la chica se detuvo cuando escuchó la voz de Konohamaru, quien se había acercado a ellas después de reponerse del golpe.
―Entonces, Moegi: ¿ya sabes porqué Sakura-neechan llora?― preguntó fresco, sin saber porqué de repente su compañera de equipo se había puesto roja cual color escarlata.
―¡Vete, Konohamaru! Son cosas de mujeres y no lo entenderías pero ni aunque hubiera un sensei que te lo explicara con dibujos para niños de tres años― soltó Moegi con malicia mientras Sakura reía y Konohamaru hacía una mueca de fastidio.
―¡Pues bien, me voy! ¡Y por supuesto que no entendería de esas cosas dado que las mujeres son más complicadas que una misión de Rango S!― exclamó ofendido, comenzando a caminar lejos de ellas.
Moegi lo vio alejarse con expresión de enojo que poco a poco se fue convirtiendo en una de anhelo.
―¿Tú también lo estás, Moegi?
―Sí― respondió la pelianaranjada, sentándose al lado de la Haruno y dejando que sus pies colgaran. ―Es por eso que entiendo cómo te sientes, neechan. Sé que tú estarás pensando que a mi edad es imposible que pueda saber qué es el amor con exactitud, como muchos otros me dicen, pero…
―¡No hay persona que te entienda más que yo, Moegi! Porque yo, a tu edad, estaba descubriendo qué era el amor. Y, hoy por hoy, puedo llegar a la conclusión que mis sentimientos eran verdaderos, y siempre lo serán― concluyó, mientras le esbozaba una cálida sonrisa.
―Eso…― empezó Moegi, sorprendida― ¿Eso quiere decir que la persona de la que estás enamorada ahora sigue siendo Sasuke-san?
―Efectivamente.
―¡KYAAA!― exclamó Moegi, entrelazando sus manos a la altura de su corazón. ―Lo cierto es que siempre habíamos querido que tú y Naruto-sempai tuviesen una historia de amor, hasta que lo vimos con Hinata. Y después concluimos que sería extraño para Naruto-sempai, que se considera mejor amigo de Sasuke-san, quitarle a la chica que lo amaba― contó Moegi, al tiempo que Sakura alzaba una ceja en signo de curiosidad. Y luego agregó― además, Sasuke-san es muy pero muy sexy y a ti te viene bien uno así.
―¡Moegi!― exclamó Sakura, sorprendida, y luego ambas se echaron a reír.
―¿Qué ha pasado entre ustedes, Sakura-neechan? ¡Por favor, cuéntamelo!― rogó la menor, después de haberse repuesto de la carcajada.
Y Sakura comenzó a relatarle todo lo que había pasado, resumiendo las cosas lo más que pudo. Moegi volvió a gritar de emoción cuando la pelirrosada llegó a la parte de los besos, y se puso a bailar de júbilo cuando Sakura le contó lo sucedido hace poco, en el armario de limpieza.
―No fue el lugar más romántico que se le pudo ocurrir, pero Sasuke-san no parece una persona que se ande fijando en esos detalles― comentó la gennin, pensativa.
―No, no lo hace― reconoció Sakura, riendo.
―No sabes qué hacer con Sai-san, ¿verdad, Sakura-neechan? ― preguntó Moegi, después de un momento. Sakura desvió la mirada― no lo quieres herir, porque también lo quieres, ¿no es así?
―Sí. Se ha vuelto todo muy complicado sin que yo pueda hacer nada para evitarlo.
Moegi siguió pensativa, y después de unos momentos, exclamó:
―¡Pues debería ser suficiente!― Sakura dio un respingo porque lo había dicho casi gritando, Moegi se relajó un poco y prosiguió a explicarle ―Me refiero a que… Debería ser suficiente el hecho de que ustedes dos estén enamorados, porque Sasuke siempre ha sido la persona que tú amabas, y a pesar de que él se haya marchado, tú no has dejado de amarlo, ¿verdad?―Sakura asintió despacio, shockeada por la manera madura en que la muchachita le estaba hablando― y, a pesar de que estabas empezando a sentir cosas por Sai, tampoco has dejado de amar a Sasuke-san, ¿verdad?― Sakura volvió a asentir ―Si Kami, el destino, la suerte, el universo o quien sea les ha dado la oportunidad de amarse, ¿por qué no ibas a aprovecharla?
―Y-yo…
―Sai-san entenderá, Sakura-neechan. De todos modos él ya sabe que tú siempre has sentido algo especial por Sasuke-san.
Sakura la miró hasta que dejó de hablar, y luego posó su mirada al frente, donde seguía la parejita de ancianos.
"Yo quiero eso… Con Sasuke".
Miró a Moegi, sonriéndole de la manera más honesta que le fue permitido.
"Yo quiero todo con Sasuke".
―Tienes razón, Moegi-chan… Tú realmente sabes aconsejar bien a los demás. ¿Y bien, quién es ese chico de quien estás enamorada?
La menor se puso del color de la grana, desviando la mirada y escondiendo el rostro entre su cabello.
―Y-yo no sé d-de lo que hablas…
―¿Es Konohamaru?―preguntó sin rodeos la pelirrosada, mientras la otra se sentía desfallecer. Sakura rió ― es que es bastante notorio, y no te sientas mal porque yo era mil veces peor que tú… Konohamaru, ¿eh? Es igual de idiota que Naruto, si no se lo dices con letreros luminosos, dudo que se dé por enterado…
―¡ÉL no puede saberlo!― chiló Moegi, desesperada. ―Él solo… Se burlaría de mí― concluyó desplomándose en la banca. Sakura la miró apenada, y luego le propuso, para animarla:
―¿Quieres conocer mi nueva casa?
Tras escuchar el "¡YEAH!" de Moegi, ambas emprendieron camino hacia la morada de la kunoichi mayor. Al llegar, sacando Sakura una copia de la llave de entrada, escondida detrás de una piedra de su pequeño jardín delantero, entraron sacándose los zapatos.
Moegi observó todo con admiración.
―No veo la hora de llegar a tu edad… ¡Una gran ninja, casa propia y novio maduro!
Sakura rió mientras negaba con la cabeza.
―Y sin embargo, yo a veces extraño el ser gennin.
―¡Mentirosa! ¡Lo dices solo para hacerme sentir mejor!
La pelirrosada se acercó a la cocina en la que colocó la caldera a hervir, admitiendo que a la edad de la otra, ella misma también tenía esas inmensas ganas de crecer de una vez por todas. Moegi se sentó en uno de los sillones que Sakura había puesto en su sala. Mirando por la ventana, comprobó que ya era de noche.
―Espérame aquí, te mostraré algo que te gustará.
La chica cumplió la orden y Sakura no tardó en volver, con una caja entre las manos. La Haruno se sentó a su lado, y la menor miró la caja con curiosidad, arrugando luego la nariz.
―Está llena de polvo, ¿qué es?
―Esto, Moegi, son todas las cartas que le he escrito a Sasuke-kun desde que tenía tu edad.
Moegi alzó las cejas mientras repetía: ―¿Cartas?
―Así es―respondió Sakura, mientras con un trapo húmedo que había traído previamente limpiaba la superficie de la caja.
―No entiendo… Si son cartas tuyas para él, ¿cómo es que las tienes tú?
Sakura rió amargamente.
―No tenía una dirección que poner en el encabezado, es por eso que en todas y cada una dicen "A donde sea que estés". Y de haberles llegado en todo ese tiempo, Sasuke-kun las hubiera tirado a la basura.
―Ya veo… ¿Puedo?― preguntó Moegi, señalando el contenido.
―Adelante, para eso las traje. Las que están de este lado son las más antiguas, y las que están de este, las más recientes. Si no me equivoco, la última vez que decidí escribirle una, fue hace unos cinco o seis meses, cuando él casi me…―Sakura dejó de hablar en cuanto lo amargo de aquel recuerdo la invadió.
Moegi, sin darse cuenta de eso, paso dos dedos por las superficies de aquellas cartas, de distintos tamaños y colores. Calculó que ahí yacían aproximadamente unas trescientas cartas Agarró la primera del lado antiguo, la desdobló y comenzó a leer:
―"Mi amado Sasuke-kun. No sabes la agonía por la que estoy pasando. Hace no más de dos días te fuiste y yo me siento morir por dentro. He dejado de sonreír pero no puedo dejar de llorar. Me siento estúpida, muy estúpida y débil por no haber podido detenerte. Naruto ha ido en tu búsqueda, y estoy rezándole a todos los dioses que él logre traerte de vuelta a mí. Oh, Sasuke-kun, por que tú volvieras, yo sería capaz de darlo todo. Aquí nada tiene sentido si tú no estás, todo pierde color y forma. Decidí escribir esta carta, aunque no pueda hacértela llegar, porque necesito algo que demuestre que este sufrimiento es real, al igual que mi amor por ti. Que no es un horrible sueño el que te hayas ido. Te extraño tanto que siento que no cabe en mí tal tristeza, ansío que vuelvas con todas mis fuerzas. Tuya, Sakura Haruno" ― terminó de leer Moegi. Miró a los ojos de Sakura, los cuales se notaban algo entristecidos al recordar el momento en que escribió aquello.
―¿Cada cuánto le escribías?
―Depende. Como cuatro veces al mes, a veces menos, a veces más.
Moegi desvió la vista a las cartas.
―¿De qué le hablabas?
―De todo― respondió la pelirrosada, pensativa. ― De cómo iban las cosas, de mi entrenamiento con Tsunade-sama, de las misiones… Del regreso de Naruto, de cómo vencí a Sasori, de cómo lo buscábamos sin cesar, de Sai y Yamato… De lo que hizo Pain en la aldea, de cómo empezamos de cero… De cómo lo extrañé en todo ese tiempo, de cómo lo seguía amando… Todo, porque yo quería que él supiera todo de mí.
Moegi escuchó sorprendida. Con cierto temblor, agarró la última carta que Sakura le había escrito a Sasuke. Notó que la letra de ésta era mucho más desprolija que su normal. Empezó a leer en voz alta:
―"Uchiha Sasuke…" ― Moegi notó el cambio en la manera de poner el destinatario ― "Hace unos días intentaste matarme. Intentamos, debería decir, aunque claramente nuestras razones eran distintas. Muy, muy distintas. No sé decir qué clase de monstruo he visto se ha apoderado de tu ser. No quiero saberlo, tampoco. Lo que sí tengo por seguro es que finalmente conseguiste lo que querías: matar a Sasuke tal cual era. Tal cual se supone que debería ser, y lo reemplazaste por algo tan oscuro y horripilante que hace imposible el querer recordar lo que fuiste alguna vez. Y por más que hagas lo que hagas, no eres más que una sombra de lo que él fue; jamás llegarías a la magnitud de grandeza que él poseía. Lastimosamente sí, junto con él también mataste gran parte de Haruno Sakura. Por el simple hecho de que mi existencia se ve un tanto nula desde que tú eras una de las razones de ella. Por aquí nada ha quedado en pie; todo se vino abajo. Ando con un vacío en vez de corazón desde que volví a verte. Hay algo mal aquí, ¿no se supone que con el solo hecho de haberte visto una vez más, debería sentirme feliz y satisfecha? ¡Todo está mal aquí, porque Sakura Haruno no debería odiarte; porque ella siempre te amó y estaba destinada a hacerlo! Pero tú lograste lo que yo pensaba era imposible, destruiste todo y ya no me quedan fuerzas para siquiera intentarlo. Algo bueno salió de todo esto, y es que ahora, ahora para ti soy intocable. Porque ya no puedes hacer nada conmigo que me duela; todo lo hiciste ya. Ya no tengo miedo de ti, ya no causas nada. Olvidaré lo que eres así como tú lo hiciste con nosotros, buscaré la manera de que Naruto también lo haga y, con suerte, la próxima vez que me mires no reconocerás nada de lo que alguna vez viste en mí. Confiando en que ésta será la última vez, Haruno Sakura se despide" …
Moegi tardó unos minutos en levantar la mirada de la misiva. Una vez que lo hizo, dirigiendo sus irises a Sakura, rompió en llanto, y abrazó a la mayor que sorprendida, empezó a acariciarle el pelo.
―Eh, ¿por qué lloras? Ya viste cómo son las cosas ahora… ― dijo Sakura.
―No es eso, sino qu-que me d-da mucha pena to-do lo qu-que has sufr-sufrido por Sasuke-san… Él fu-fue muy injusto conti-tigo…
―Escucha una cosa― empezó Sakura, mirándola a los ojos con expresión tierna― en esos entonces no comprendía las razones de Sasuke-kun, pero a veces hay algo más detrás de las actitudes de las personas. Es más, creo que la vida ha sido más injusta con Sasuke de lo que fue con todos los que conozco, y no se puede comparar el sufrimiento de un amor no-correspondido con el de haber perdido a toda tu familia. ¿Entiendes?
Moegi asintió despacio, dejando de llorar.
―Te mostré esto porque quería que vieras que para sentir amor no hace falta ser mayor, o tener experiencia en la vida. Así como tampoco hay edad para sufrir por ello― dijo con semblante maternal ―El hecho de que tengas doce años no le quita peso al amor que tú sientes, no tienes que oír a las personas que te lo cuestionen.
La menor asintió fervientemente, esbozando una sonrisa irradiante.
―Con respecto a Konohamaru… Bueno, él tiene sus prioridades y sueños: dale tiempo. Además, recuerda que los chicos siempre se tardan un poquito más en dejar que sus sentimientos florezcan y adquieran forma, si no me crees, toma al idiota de Naruto como ejemplo. Ha tardado años luz en darse cuenta de que Hinata lo amaba con todo el corazón y eso que ella prácticamente tenía un cartel luminoso que lo anunciaba. O también, puedes tomar a Sasuke-kun como ejemplo.
Moegi rió alegremente y volvió a abrazar a su mayor.
―Sakura-neechan…― empezó dudosa, y Sakura arqueó las cejas ― ¿Tú crees que podría llevarme algunas de tus cartas para leerlas? Me han parecido muy bonitas y yo…
―Toma― dijo Sakura, poniendo la caja en sus manos― llévatelas todas.
Moegi la miró sorprendida.
―¿No quieres que Sasuke-san las lea?
―Dudo mucho que se dé el tiempo de leer tanto testamento― respondió Sakura, riendo. ―Además, no hace falta darle por escrito lo que puedo relatarle en persona, ¿no crees?
La gennin asintió fervientemente y después de acabar su té, agradeció a la pelirrosa y se marchó a su casa, ya era de noche después de todo.
Una vez que la chica se marchó, Sakura le dio una ojeada a su algo abandonado hogar. Notando que una capa de polvo tapaba su pulido piso de madera, decidió que podría hacer limpieza general. Prendió la radio y comenzó con la tarea. Tres cuartos de hora después, decidió subir a su habitación a regar las plantas de su balcón. La vista desde allí era realmente agradable. Las luces que alumbraban la noche de Konoha la hacían ver ciertamente mágica. A pesar de que en los últimos días había llovido, ahora el clima estaba cálido. Sakura sonrió por la paz que sentía en aquellos momentos y tras haber rociado con agua las plantas, cerró las puertas del balcón. Observó su habitación: era de un color cálido, crema intenso, y los muebles que se había dado el tiempo de comprar eran de madera oscura, cuadrando a la perfección. Nada de rosa, como solía ser antes.
Pronto, al comprenderse como una mujer casi adulta, una imagen se instaló en su cabeza:
Ella, acostada en su ahora amplia cama, leyendo un libro mientras que Sasuke se ponía su pijama.
Se echó a reír por su ocurrencia. Imaginarse ya como una pareja de casados era algo que Sakura de doce años hacía, no ella. Pero tuvo que reconocer que la idea de ser la mujer de Uchiha Sasuke fue algo que le agradó por completo.
Decidiendo que ya era hora de regresar a casa, emprendió camino a ella.
Al llegar se encontró con la imagen de Kiba, Naruto y Sasuke en estado deplorable: llenos de magulladuras y la ropa sucia, siendo atendidos por Ino y Hinata.
―Pero, ¿qué demonios pasó aquí?― preguntó la pelirrosada, consternada.
―¡Sa-Sakura-chan!― exclamó Naruto, nervioso. ―¡No pasó nada!
―Solo estábamos entrenando, Sakura…― explicó Kiba, tratando de sonar calmado.
―Sí, claro…― siseó el Uchiha, mirándolos mordazmente.
―Frentona, hice lo que pude― dijo Ino, cansada ya. Se había pasado la última hora repartiéndose entre los tres afectados ―ya estoy cansada.
―Así me gusta, cerda, que aceptes quién es la mejor ninja médico― bromeó Sakura, acercándose a los otros.
―¡Cállate, si hubieras visto el estado en que llegaron, cerrarías esa maldita bocota que tienes!― bufó Ino, molesta, y luego se marchó de la sala, no sin antes mascullar un "son todo tuyos".
―Bueno… ― suspiró Sakura, comprendiendo a qué se debía el malhumor de su amiga ―A ver a ver, ¿qué pasó aquí?― preguntó examinando a los tres convalecientes. ―¿Han estado entrenando muy en serio o …? ¡SASUKE-KUN!― chilló repentinamente, haciendo que los otros sacudan las cabezas por los altos decibeles de su voz, a la vez que el aludido miraba fijamente a la pelirrosada, como exigiéndole el motivo de haber malgastado su lindo nombre en semejante aullido ―¿Esto te lo hicieron ellos o fue cosa del sello?
―Hmp. Un poco de ambos.
A Sakura le salió una vena de la frente y lo próximo que hizo fue atrapar tanto la oreja de Naruto como la de Kiba.
―¡AAAAHHHH!―chillaron los involucrados, al sentir los jaloneos tan bestiales.
―¡Ustedes pedazo de cobardes!― masculló la kunoichi mientras seguía jaloneando, ante la mirada placentera de Sasuke, que se lo estaba pasando en grande observando aquella escena ―¡A mí no me engañan: esto no fue un entrenamiento! ¡¿Qué demonios hicieron ahora?!
―¡NO HICIMOS NADA!― aullaron los dos al mismo tiempo, y Sakura los soltó de sopetón.
―Como si no los conociera… ¡Ahora, quédense quietos mientras los curo o los dejo sin descendencia!― ordenó furiosa la kunoichi y procedió a curarlos a ambos simultáneamente.
Una vez acabó con ambos, éstos agradecieron y se despidieron antes de que Sasuke divulgue la causa de la paliza que les dio (aunque evidentemente, los otros se defendieron) y desaparecieron cual estrella fugaz.
Sakura, viéndolos desaparecer, volteó a observar a Sasuke, que le devolvía la mirada con la misma intensidad con la que la observaba en el armario.
―Recuéstate― pidió suavemente, y desviando la mirada. Sasuke acató la orden y se recostó en la extensión del sillón, que incluso siendo largo quedaba corto para su estatura. Sakura emanó luz verde de sus palmas y las pasó por todo el torso de Sasuke. Una vez acabada la tarea, pasó a las magulladuras que tenía en mejillas y labios.
―Son unos verdaderos salvajes, ¿no?― el Uchiha no dijo nada ―¿Qué fue lo que hicieron, para sacarte de tus casillas así?
El muchacho no respondió de inmediato, sino que analizó el rostro de la kunoichi –quien estaba un tanto nerviosa por esto- por unos momentos. Luego, dijo:
―Me gusta defender lo que es mío.
Sakura, puso la mejor cara de "¿ah ,sí? Interesante…" que pudo, mas la curiosidad la estaba picando por dentro.
―¿Y se puede saber, qué es eso que es tuyo?
Sasuke solo sonrió de lado y se incorporó hasta poder llegar a su oído:
―Tú, Sakura.
La aludida se quedó pasmada, al tiempo que enrojecía cual tomate. Y aunque en su interior estaba que saltaba de la emoción, apartó las manos de Sasuke dando por finalizada su tarea.
―Vaya, te estás volviendo todo un casanovas― Sasuke la miró alzando una ceja ―Estoy cansada, voy a dormir. Buenas noches, Sasuke-kun…― dijo ella, levantándose, mas Sasuke fue más rápido y agarrándola de sus muñecas, le impidió partir.
―Espera un segundo…― estaba a punto de decir algo más pero alguien irrumpió en la sala, obligándolos a separarse.
―Uchiha, tú… ¡Oh, lo lamento mucho!― era Ten Ten, quien ahora se tapaba los ojos.
―No te preocupes, ¿qué ocurrió?― preguntó Sakura, acercándose a su amiga al tiempo que Sasuke maldecía a la de moñitos interiormente.
―Necesito su Sharingan― señaló Ten Ten, demasiado consternada como para pensar en molestarlos por lo que acababa de presenciar. Sasuke sintió algo de fastidio, por la manera en que era requerido cual servicio de habitación.
―¿Qué es lo qué pasó?― preguntó Sakura, a la vez que caminaban los tres hacia el lugar que Ten Ten guiaba.
―Yo… No estoy segura, pero creí escuchar voces cerca. Recorrí toda la hectárea buscando lo que fuere pero no encontré nada. No soy tan habilidosa como lo es Sasuke, pero quería asegurarme.
―De acuerdo, también echaré un vistazo― anunció Sakura, al tiempo que Sasuke empezaba a revisar árbol por árbol.
Aquella búsqueda minuciosa les tomó hasta pasadas las dos de la madrugada, hora en la que, sin encontrar nada, decidieron parar.
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"Sé que encontrarás un antídoto. Siempre has sido excelente preparándolos" había dicho Tsunade. ¡Menos mal que lo era! Porque si ya de por sí le llevó bastante tiempo encontrar las dichosas hierbas y otros elementos, ahora su único deseo era acabar con la maldita tarea. Sakura se hallaba algo somnolienta por haber dormido poco, tratándose de concentrar al cien por ciento en lo que estaba haciendo.
Mientras pulverizaba unos ingredientes, a su mente acudieron los más recientes recuerdos de Sasuke. No es como si le gustase admitir que nuevamente había caído bajo los tóxicos hechizos de Uchiha Sasuke, pero tampoco tenía el descaro de poder negarlo. Y, a pesar de que él no tenía la simpatía necesaria como para acusarlo de ser un rompecorazones, el muy desgraciado hacía pensar al resto de los mortales que había hecho alguna especie de "pacto" con el diablo o semejante para poder obtener el corazón de las muchachas y manipularlos a su antojo. "Que incoherentes pueden llegar a ser mis pensamientos…" suspiraba a pelirrosada para sus adentros.
"Eres mía, Sakura" -frase que no dijo pero a la vez sí- acudió a su mente. Ninguna muchacha podía escuchar algo como eso y permanecer con las hormonas tranquilas y ella no sería la excepción. "Imagínate para qué otras cosas será bueno Sasuke-kun… ¡Sha!" exclamó su inner.
Sakura simplemente decidió tomar un vaso de agua.
Se sirvió de la botella que apoyó en la mesada de la cocina, y en el proceso vislumbró por la ventana la silueta de Ino, sentada en una firme rama de algún árbol, mirando hacia la puesta del sol.
Su amiga se veía realmente triste. Pensó que le gustaría ayudar más a su amiga, pero no sabía cómo hacerlo sin meter demasiado las narices en asuntos que no le incumben.
―La está pasando mal, ¿no es así?― escuchó la voz de Shikamaru resonar en la cocina. No se dio vuelta y contestó irónicamente:
―¿En serio? No lo había notado…
―Seguro que ya te ha contado todos los pormenores…
―Soy su amiga, ¿qué esperas?― le preguntó con desdén Sakura, esta vez girándose para encararlo. ―Además, no te hagas al que los chicos no se cuentan las cosas porque también lo hacen. Los he escuchado varias veces y, aunque tal vez no lo hagan de la manera dramática en que lo hacemos nosotras, sí se cuentan todo.
Shikamaru dibujó una sincera sonrisa.
―Es problemático, pero debo admitir que es cierto.
―Mira, Shikamaru, yo no puedo ayudar en sus cosas más que aconsejando o consolando a Ino. No puedo, no sé todo lo que ha pasado entre ustedes. ¿Me gusta ver sufrir a Ino? Por supuesto que no. Pero también la conozco y sé que puede equivocarse en muchas cosas…― el Nara hizo ademán de interrumpirla pero ella prosiguió ―pero si es como ella me lo contó, entonces creo que tú estás metiendo la pata.
―No debería importarle lo que digan los demás.
―Yo sé que es así, sé que debería confiar más en ti que en lo que digan los demás. Pero ponte en su situación, ¿te gustaría a ti que los demás digan que su novio es otra persona y no tú? Y encima, ¿que ella no haga nada para desmentir esas palabrerías?
―Bueno, siendo lógico, le preguntaría a ella primero…
―No mientas, Shikamaru― masculló la pelirrosada, con fastidio y cansancio. ―Igualmente te invadirían las inseguridades. Porque para que haya un rumor, siempre tiene que haber un motivo, por más equivocado que esté. Y si de verdad estás enamorado de ella como afirmas, no te guiarías por la lógica.
Hubo un tenso silencio en el que Sakura volvió a sus brebajes, y Shikamaru permanecía pensativo en la misma posición en la que había estado hablando con ella.
―Eres inteligente, Sakura―dijo después de un tiempo, sonriendo ligeramente.
―¿Ah, sí?― preguntó la otra, retirando el rostro de las ollas y tubos de ensayo para mirarlo con una ceja perfectamente enarcada. Shikamaru simplemente amplió su sonrisa.
―Por supuesto. Dudo que llegues a tener el nivel de estrategia o deducción que yo poseo, pero...― eso no favoreció el humor de Sakura, notó Shikamaru― … Tú combinas tu inteligencia racional con la emocional de una manera eficiente.
La pelirrosada supo que ya no estaba enfadada con él.
―Bueno, me lo voy a tomar como un cumplido. Ya sabes, por tu propio bienestar― respondió con una sonrisa de lado.
―Deberías aplicar esa virtud que tienes con tus propios problemas de amoríos, sin embargo― la pelirrosada borró su sonrisa, reemplazándola por una mueca de fastidio ― Ya sabes, por tu propio bienestar ― imitó.
La kunoichi hizo una expresión de indignación mientras lo veía marcharse de la cocina.
―Nara…― bufó con amenaza. Shikamaru volteó hacia ella sonriendo, al tiempo que abría la puerta.
―Saltan a la vista, tus idilios― fue lo que dijo, burlón, antes de desaparecer de la cocina, oportunamente pues un segundo después un vaso se estrelló en el lugar donde había estado parado.
Hiperventilando, Sakura se dio la vuelta.
―¿Está todo bien aquí?― escuchó la voz de Sai, poniéndose nerviosa súbitamente.
―¡Sai! Sí, em, es solo que Shikamaru me hizo enojar y pues…― calló al notar el desespero en sus palabras. Un silencio incómodo –para Sakura porque el otro no sabía a ciencia cierta cuándo era incómodo un momento y cuándo no- se instaló entre ambos.
―No he tenido ocasión de hablar contigo estos últimos días…― fue Sai quien rompió la tensión. ―Supongo que con todo, sumado a que Uchiha siempre consigue tu atención, contribuyen a este hecho.
Sakura supo que ya no tenía salida. Las palabras de Ino "No lastimes a Sai, él no se lo merece" resonaron en su cabeza, y decidió que era tiempo de dejar de huir.
―Sai…― llamó, consiguiendo la total atención del ANBU en ella. ―Tú sabías lo que yo sentía por Sasuke antes, ¿verdad?― el pelinegro asintió, entrecerrando ligeramente los ojos. Sakura inspiró con fuerza ―Y entiendes que ahora que volvió, mis sentimientos por él pudieron haber renacido, ¿lo entiendes?
―¿Pudieron?― preguntó el pelinegro, con suspicacia. Y luego sonrió como solo a él le salía esa sonrisa ―Está más claro que el agua que ya lo hicieron, Sakura. Entiendo eso a la perfección.
Sakura sintió cómo un peso de encima se resbalaba por sus hombros hasta situarse en el suelo.
―No entiendo muchas cosas de las que hacen ustedes. No sé muy bien porqué es que tú siempre vuelves a Sasuke aún cuando a mi parecer no lo merece. Supongo que me falta bastante. Y comprendo que es a él a quien amas…― Sakura sonrió ligeramente ― Pero, aún no tiene mi total confianza, es por eso que estaré vigilándolo hasta que por fin se la gané― dicho esto depositó un beso en la mejilla de la muchacha, que se quedó quieta. Antes de retirarse de la cocina, volteó hacia ella y pronunció― No me voy a rendir.
Dicho esto se fue.
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Sasuke observaba el techo apenas iluminado por la mínima luz de luna que entraba por la ventana. En la tranquilidad de su habitación, no hacía más que deambular entre recuerdos y pensamientos. El hecho de que Naruto estuviera de vigilancia contribuyó enormemente a que pudiera darse aquel momento de meditación. Y además de meditación, también era una condena. Dentro de su mente, lo único que hacía era en anhelar que la respuesta de la pelirrosada fuera un "sí".
"Quédate conmigo. Déjalo a él, y elígeme a mí"
Lo único que necesitaba para calmar sus ansias, para no agonizar, para descubrir qué era felicidad fuera de cumplir venganzas y objetivos era la maldita respuesta que Sakura aún no le daba.
Porque el "te amo" ya se lo había dicho (implícitamente). Kami, había costado horrores y desprenderse de buena parte de su tozudez Uchiha, pero lo había dicho. Hasta prefería que le dijese que no, que optaría por darle aquella oportunidad a Sai (debía admitir que la tenía merecida), pero lo sabría de una buena vez por todas y aunque su moral quedaría por los suelos (sin demostrarlo, obviamente), no tendría más esta maldita incertidumbre que lo estaba por volver loco.
Había sentido desde hace dos minutos el chacra de Sakura moviéndose por la casa. ¿Estaría ella despierta por las mismas razones que él? ¿O tal vez no era lo suficientemente importante como para ser ésa la razón de su inquietud? Casi suplicó que el sueño se apoderara de él en ese instante, pero no.
Y lo sintió más. Y lo sintió más cerca.
Tanto así que levantó la mirada hacia la cerrada puerta, pero ésta permaneció así. Estaba segurísimo de que Sakura estaba apoyada en la madera de la puerta. ¿Qué demonios hacía? Recostó de nuevo la cabeza en la almohada, pendiente de cada mínimo movimiento en el aire.
Pero, ¿y si venía a decirle que no podría ser? ¿Qué era un desgraciado que no merecía su amor? Claro está que no revelaría sus emociones; años de hacerlo le permitieron llegar hasta un punto de casi perfección. Pero, ¿podría con ello?
Entonces sus miedos se incrementaron, y rogó porque ella se marchara de nuevo e hiciera como que nunca había pasado nada entre ambos. No estaba seguro de poder con su rechazo, por mucho que se lo mereciera.
¿Y si se hacía al dormido? Si Sakura entraba y lo veía durmiendo, sabría que no es prudente molestarlo en su descanso y se marcharía. Ya mañana estaría listo para afrontarla…
El pomo de la puerta se giró despacio y tortuosamente. Sasuke apretó la mandíbula y no hizo ni un movimiento más. La rosada cabeza de ella se asomó ligeramente, lo suficiente para dejar ver uno de sus ojos jades.
―Sé que estás despierto, ¿puedo pasar?― preguntó en un audible susurro. El azabache permaneció con la mirada clavada en el techo.
―Sí.
Entonces ella entró, cerrando delicadamente la puerta tras de ella. Él pensó que tal vez iba a empezar a hablar, seguro a disculparse por no poder corresponderle. El pánico lo atacó.
Pero ella no dijo nada, y lo siguiente que sintió fue cómo la kunoichi se deslizaba en su cama hasta quedar su cabeza posicionada en el brazo que él tenía estirado.
Se miraron el uno al otro por alrededor de un minuto. Sasuke tratando de buscar arrepentimiento en su mirada; no lo encontró. Sakura tratando de descubrir qué pasaba por la cabeza de Sasuke; no lo logró.
―Te amo, Sasuke-kun. Siempre lo he hecho, y me temo que jamás podré dejar de hacerlo― susurró Sakura, con los ojos cristalizados.
―Me parece perfecto que así sea.
Sasuke estiró el otro brazo hasta capturar la cintura de ella, y una vez hecho esto, tiró hacia él. Sakura se pegó aún más, llevando una de sus manos a presionar el agarre de Sasuke en su cintura, como temiendo que la fuera a soltar.
Permanecieron así por mucho tiempo, o quizá poco, era difícil de decir. Lo que sí, al parecer por necesidad y demasiada ansia, ambos se lanzaron simultáneamente hacia el contrario, capturando labios y entregándose a cualquier impulso desenfrenado que su cuerpo y corazón en conjunto les imponga.
Porque rendirse al corazón, dejando de lado la razón y los obstáculos… Eso es lo que pasa cuando el amor gana.
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N/A: Es la una y cincuenta y ocho de la madrugada, hora en la que finalicé este cap. Si es que están molestas conmigo por mi descuido, siéntanse dichosas dado que en cuatro horas tengo que ir a trabajar (trabajo en domingos TT_TT) así que creo que es un buen castigo :D. Pero vale la pena. Sé que sonarán a excusas baratas, pero lo cierto es que se me dificultó bastante el escribir este cap por diversos motivos, entre ellos falta de tiempo y de inspiración. Lamento hacer cortos mis comentarios finales, no dispongo de más tiempo. ¡Bienvenidas a las lectoras nuevas y muchísimas gracias a TODOS por sus magníficos reviews! Gracias por darme la oportunidad, incluso después de todos los desastres que me mandó :3 . ¡Saludos a todos!
