La derivación basada en "Candy, Candy" me pertenece, junto con los personajes inéditos. Los caracteres e historia tipo manga en la que esta inspirado el relato, pertenecen a sus autoras originales Nagita e Igarashi.

"Goza de mi lectura como yo goce escribiendo"

Chica de Terry


LA RAÍZ

Capítulo 21


Cuatro meses habían pasado desde que dejó atrás Nueva York, el gran estreno de la puesta en escena de Hamlet al puro estilo de la antiquísima Compañía de Shakespeare de Londres estaba por engalanarse con la actuación principal del actor americano Terrence Greum Granchester.

El día tan esperado llegó, Terry estaba concentrado en su papel haciendo cada una de sus cábalas antes de salir a escena, no había nada en su cabeza más que alcanzar el objetivo de que aquella noche se volcara en aplausos todo el auditorio completo sobre él, con rotundo éxito.

El telón se abrió en el teatro, los actos uno tras otro fueron desarrollándose con profunda pasión. Desde los palcos los aristócratas veían al hijo rebelde del duque de Granchester elevarse por primera vez como una celebridad admirada, querida por las masas, pero sobre todo respetada por su laudable trabajo. Aun así, tenían sus reservas como buenos ingleses.

El gran duque estaba también ahí en uno de los palcos principales viendo por primera vez a su hijo actuar. Gran y secreto orgullo sintió al verlo convertido en un hombre de bien, respetado y alabado por doquier como un dotado de las tablas.

"Aquella señorita rubia había tenido razón…" -recordaba- sobre el hecho de que no pude hacer nada mejor por Terry que otorgarle la libertad de seguir su camino.

Y ahí lo tenía arrancándole el orgullo de lo más hondo de su pecho. Estaba en compañía de sus otros tres hijos adolescentes que estaban asombrados al ver a su bravucón hermanastro convertirse en una deslumbrante estrella de las noches de teatro, en la vieja Londres.

Eleonor Baker y un sequito de acompañantes observaban atentos el desarrollo de las escenas desde el palco contrario, ella como era su costumbre iba ataviada con un atuendo mesurado que ocultara su identidad, de reojo podía ver al que fuera antiguamente el amor de su vida siguiendo cada movimiento de su hijo sobre el entablado, enmarcado por las luces ambarinas.

Pudo percibir aquel gesto adusto de secreto orgullo en el gran duque. Suspiro la diva del teatro, secretamente complacida de que el padre de su hijo fuera a verlo, de saber que el recio hombre se sentía complacido por lo que era el hijo de ambos ¿Qué más podía pedir una madre? Estaba consciente de que tal vez se encontrarían ésa noche, no guardaba grandes esperanzas en realidad, pero algo inquietante revoloteaba en su corazón, calentándolo. Todo lo dejaría en manos de dios.

Como se auguraba en los diarios londinenses la acogida fue de rotundo éxito y total aceptación, la ovación de pie fue extensa para el actor principal, tuvo que salir a escena a recibir los elogios en varias ocasiones, al fin el público permitió que los actores se retiraran del escenario.

Las críticas ya se escuchaban en los pasillos, los parabienes y los pronósticos eran sumamente favorecedores para la obra y sus planes de gira nacional e internacional.

Todos se abrazaban y se felicitaban había un ambiente festivo en el back stage, Terry no paraba de recibir un sin número de elogios de cualquier cantidad de personas que encontraba a su paso, camino hacia el camerino, aquellas manifestaciones tan apabullantes no eran de su agrado, pero al menos debía resistir hasta llegar a su destino. De todas formas, no podía negarse el enorme placer que le producía haber triunfado en Londres, saber que su padre estuvo ahí viéndolo, echarse a la bolsa a los elitistas londinenses, así como a la encopetada aristocracia que alguna vez le mirara por encima del hombro. Y del otro lado, en el palco contrario, su madre siendo testigo de todo ello.

Eso era algo insólito que nunca imagino experimentar. Cuál fue su sorpresa que, al llegar al camerino, uno de los ocupantes de sus pensamientos estaba esperándole para… no sabía para qué.

Frente a él estaba su padre el gran duque de Granchester; acompañado de sus tres hermanastros que ya eran unos adolescentes con el mismo porte gallardo y orgulloso de su padre, pero con las facciones inconfundibles de su progenitora. Realmente estaba sorprendido y no quiso disimularlo.

El saber que su padre estaba ésa noche ahí le era difícil de creer, lo era más insólito aun, verlo tan cerca y con ése gesto indescifrable. Para su desconcierto total sus hermanastros se adelantaron y el mayor le ofreció la mano, en los ojos de sus otros dos hermanastros la admiración absoluta, eso ablando un poco su corazón al darse cuenta de que esos chicos al igual que él, no tenían la culpa de los errores y desprecios de sus respectivos padres.

Cuando dejó de verlos eran solo unos niños malcriados y mimados por su madre, era lo lógico, eran descendientes de la realeza ¿Acaso él mismo, no se hubo comportado en algún momento de esa forma? Era la costumbre al ser educados para sentirse superiores a los demás puesto que su abolengo así se los demandaba, como podía culparlos por aquellas miradas infantiles frías y llenas de resentimiento, él nunca hizo nada por acercarse, pues la duquesa no lo habría permitido. Y los chicos estaban a merced de creer cualquier cosa que su madre les contara sobre él.

Al parecer, algo había cambiado pues ahora estaba estrechando la mano del mayor de sus hermanastros con una fuerza que antes no había experimentado. Su hermanastra se adelantó un poco mientras sus hermanos se retiraban, su aspecto era voluptuoso con curvas marcadas y generosas, pero con una carita de divina picardía muy linda en verdad, temerosa le besó en ambas mejillas con una naturalidad casi familiar, Terry devolvió el gesto solo por inercia, la jovencita al retirarse le brindó una amplia y confiada sonrisa en correspondencia.

Su hermanastro menor el pequeño Georges que dejó de ver cuando era un bebé, era un jovencito muy apuesto y dicharachero, demasiado hablantín; parecía querer colgársele del cuello. Aun así, con lo abrupto e inesperado de aquel encuentro sintió una afinidad con ellos que antes no existía, es más ni siquiera reparó en su recuerdo desde que salió de Londres, hacía ya mucho tiempo.

La cortesía inglesa se impuso en el mayor de los herederos Granchester, les invitó a pasar al camerino porque el pasillo bullía en algarabía de personas yendo y viniendo a cada segundo.

Siguieron charlando algunos minutos más de trivialidades, sobre todo de que les pareció la obra, Terry se sintió secretamente complacido de haberse ganado la simpatía de sus hermanastros al menos con lo que respecta a su trabajo. Evitaron hablar de la Duquesa, él ni por error preguntó por ella y los jóvenes tampoco comentaron nada. El duque apenas y charlaba solo observaba como los hermanastros interactuaban tratando de derrumbar viejas barreras imaginarias. Eso era un avance, uno muy grande en realidad.

Terry consideró que estaba como en una especie de prueba que su hermanastro mayor le aplicaba clandestinamente, mientras Lady Violeta y Lord Georges le preguntaban sobre sus giras y lugares que visitaba por su trabajo y el actor respondía con naturalidad a sus curiosas mentes, el joven heredero del ducado de Granchester Lord Gustav, al parecer cayó en la cuenta que no había nada que temer con su hermanastro mayor. Terry apreció como, solo entonces, comenzó a relajarse realmente y a aflojar ése gesto tan adusto como el de su padre.

Sonrió en un gesto natural al percibir que estaba en lo correcto. Su hermanastro quizás tenía o tuvo la idea de que su presencia en Londres podría amenazar su lugar y herencia, pero aquella idea estaba muy lejos de ocurrir. El chico se relajó visiblemente cuando Terry con astucia comentó en el momento indicado, que haría una gira muy extensa y que no pasaría demasiado tiempo en Londres, que su vida era un sinfín de viajes.

Al fin unos toques en la puerta hicieron cortar la plática "casi interrogatorio" hacia Terry, los tres hermanos Granchester se pusieron de pie y después de despedirse con más efusividad de cómo llegaron, salieron del camerino dejando a su padre sólo con su primogénito.

El silencio que reino en el camerino fue algo incómodo después de que la puerta volvió a encerrarlos en ésa fortaleza de intimidad, lejos de la agitación que aún reinaba afuera. Era un momento difícil para ambos ¿Qué decir? Al fin, Terrence le hizo un favor a su padre.

-Gracias por venir ésta noche, señor. Y gracias por traer a… los chicos. Son todos muy joviales y… agradables.

-Terrence… -hubo un momento de silencio- Nos gustaría que, en algún momento libre, entre tus obligaciones, puedas acompañarnos a tomar el té.

-Agradezco sinceramente su invitación padre, pero como comprenderá no puedo ni deseo poner un pie en su casa.

Contestó Terry rápidamente y sin titubear. Para que darle vueltas a algo que ambos sabían nunca iba a pasar, al menos no en las presentes circunstancias, el castaño fue directo y tajante.

-No quiero incomodar a la duquesa, ni traer problemas. Ni incordiar a los chicos, es lo último que desearía.

-Entiendo… -Dijo el duque endureciendo el semblante. No pudo evitarlo tenía años practicando ese gesto que ya le era natural, pues era amplía su experiencia, mucha de ella adquirida con su primer hijo varón. Richard Granchester no lo hizo por maldad, o por sentirse decepcionado, al contrario, se sentía orgulloso de la respuesta de Terry, se negó sin vacilaciones, pero con cortesía; quizá con mucha frialdad, sin embargo, era sincero y educado.

Era la forma en que él también se manejaba, podía verse reflejado perfectamente en su hijo y un caluroso orgullo le trepó por el pecho hasta casi hacerlo sudar. Ése hombre que estaba frente a él, era su hijo. No se negó a verlos, no los despacho de inmediato, aceptó la corta entrevista sin mezquindad, no se portó déspota con él o con sus hermanastros, se comportó tolerante, no efusivo, pero educadamente sociable. Como solo un inglés puede serlo –pensó con orgullo.

Terry había cambiado mucho del chico aquel que hacía mucho tiempo dejó Londres. Tan joven y enamorado, desilusionado de su padre e intentando reparar el honor de una jovencita a la cuál a todas luces ella le había robado el corazón, fraguando en el chico rebelde un cambio de conciencia irreversible.

-Por otro lado… -Continuó Terry al ver el mutismo en que se sumió su padre- Yo puedo invitarlos a ustedes a mi departamento, si no les incómoda visitar a un… actor.

El joven rompió el soliloquio interno del duque con su inesperada contra oferta.

-A mi hijo.

Reconvino el duque con orgullo, a toda respuesta, mirándolo de frente. Quizás le quedaba el título de padre muy grande tratándose de Terry, pero no conocía otra forma de hacerle saber cuan orgulloso de él se sentía en ése preciso instante. El duque no era hombre de sentimentalismos ni palabrerías sensibleras. Terry lo miró y se quedó mudo, entendió todo lo que en tres palabras quiso decir, claro que conocía a su padre. Sin embargo, eso significa mucho.

-No tengo grandes lujos ni comodidades, pero vivo bien, al menos decentemente como para recibirlos. Tampoco tengo servidumbre más que a mi chofer, pero podré arreglármelas, si ustedes desean asistir, serán bienvenidos cuando dispongan de tiempo.

El duque sin perder su flema inglesa se calzó el sombrero y asintió en aprobación.

-Terrence… Fue un gusto verte, saber que… estas bien. Estuviste magnifico hoy. Brillas en el escenario como un dios, como un sol. Brillas como brillaba Eleonor… tu madre.

Terry volvió a mirarlo a los ojos sosteniéndole la mirada y ante ése comentario no supo que responder, enmudeció esta vez no por respeto, sino porque su padre volvía a sorprenderlo nuevamente en un franco despliegue de orgullo crudo. De pronto todo alrededor había quedado en blanco, sin sonido, sin color, sin olores a madera vieja y escancias exóticas que despedía sus pertenencias y sus colonias, sin espacio, sin tiempo, solo él y su padre en un instante suspendido para la eternidad, algo así, jamás lo creyó posible.

Una alabanza de su padre… ¡Y que alabanza! Y la mención de su madre sin ser acompañada su esencia con insultos o reclamos, aún más, también el nombre de ella acompañado de otro cumplido. ¡Todo en una misma frase! En ése preciso instante no sabía que sentir al respecto, solo un fuerte deseo que ella lo hubiera escuchado también. Incluso en aquel estado de aturdimiento pensó que tal vez lo había imaginado

-Me retiro. Concertaremos ésa cita y hablaremos con más calma. Hasta pronto.

Y así como una ráfaga fresca de los primeros albores del otoño, el padre de Terry entró y salió dejando una extraña sensación de liberación en cada espacio del camerino. Un deseo ardiente latía en su corazón justo ahora después de ver a su progenitor desaparecer tras la puerta de caoba, entonces todos los sentidos que decidieron de pronto hacer un corto viaje astral abandonándolo, regresaron de golpe. Ése deseo incesante como el aleteo de una pequeña mariposa comenzaba a hacerle cosquillas en medio del pecho muy quedamente, pero insistente, difícil de ignorar. No, Terry estaba seguro de que no lo había imaginado.

Si no fuera porque estaba demasiado pasmado por su visita y sus últimas palabras, saldría al escenario a gritar con todas sus fuerzas un "Gracias" que hiciera eco hasta los más profundos cimientos del teatro.

Minutos después otro toque más en la puerta le avisaba que lo esperaba la compañía en la logia del teatro. El joven tomó el recado con un fuerte "Sí" pero no abrió. Luego, comenzó a deshacerse de los artilugios de su personaje, aún vestía como Hamlet y de pronto fue cómo si un mazo lo golpeara arrojándolo contra el suelo.

Un fuerte jadeo escapó al verse en el espejo, vibró involuntariamente.

- ¿Qué es lo que falta? después de que mi padre al igual que el padre de Hamlet se han manifestado para… felicitarme. ¿Acaso moriré de una certera estocada envenenada hoy?

El joven rio ante su propia reflexión.

La puerta volvió a llamar y reconoció de inmediato la voz de su madre. Con confianza le dio el pase, recibió los abrazos y las felicitaciones de su progenitora en la entrada y detrás de ella, un enorme ramo de rosas rojas entró muy apenas por el marco de la puerta.

Eleonor se maravilló al ver la enormidad del fastuoso arreglo que uno del tramoyista había introducido sin siquiera pedir permiso en el camerino, dejándolo sobre la mesita a un lado del sofá.

-Madre, sabes que no soy partidario de este tipo de obsequios, el camerino parece… jardín.

Dijo Terry con fastidio, pero algo extrañado, Eleonor solo sonrió sin tomar en serio su reclamo. Claro que conocía los gustos de su hijo sobre que su camerino se convirtiera en invernadero o florería, no era precisamente de su agrado.

-Yo no las envié, querido –dijo la mujer con su dulce tono de voz.

-Vamos… quien más que tu habría hecho que uno de los chicos las introdujera. Saben que lo tienen prohibido.

- ¡Vaya! ¡Vaya, con Don ogro! Te lo vuelvo a decir, yo no las envié, pero están hermosas -Dijo ella admirándolas y oliendo su perfume.

Terry rodó los ojos a su madre ante el comentario, con toda la confianza desapareció tras la puerta del baño para quitarse el vestuario, después de algunos minutos emergió ataviado con un perfecto traje negro.

-Tan poco tiempo en Londres y ya tienes admiradoras que te consienten de ésta forma, cariño.

Terry no hizo caso del comentario juguetón de su madre, sabía que quería embromarlo.

- ¿Así que te haces el desentendido? mhmmm… El que calla, otorga –Dijo ella con una mueca picara- ¿Veamos?

Eleonor tentó la paciencia de Terry, husmeando; haciendo como que buscaba entre las rosas la tarjeta que estaba claramente a la vista, Terry sondeaba los movimientos de su madre a través del espejo con ojos felinos y divertidos.

La hermosa dama, al fin tomó la tarjeta y sin miramientos la abrió, estaba a punto de sacarla del sobre cuando Terry se la arrebató con rapidez sin darle oportunidad a Eleonor de reaccionar, la volvió a introducir en el sobre y la dejó en su sitio de nuevo.

- ¡Oh…! Don ogro tiene una admiradora secreta… -Se burló ella, con una risita maliciosa- Anda, confía en tu madre, cuéntame ¿de quién se trata? Me muero de la curiosidad.

-No lo sé. No tengo ninguna admiradora secreta madre, deja ya tus bromas –Respondió Terry con fingida seriedad.

-Anda, vamos… -Dijo ella haciendo un pucherito de niña pequeña- Déjame leerla, ¿sí?

-Claro que no señora Baker. –Dijo Terry tomando rápidamente la tarjeta y resguardándola en el bolsillo interior de su saco. Sabía que ella era capaz de salirse con la suya cuando se lo proponía.

-Mhmmm… -Dijo ella llevando su mano al mentón y tocando con su dedo índice el lado derecho de su perfecta mandíbula, en un gesto detectivesco- Aquí hay gato encerrado.

Terry fingió no escucharla, pero le hizo gracia la actitud maternal y de estupendo humor de su madre, el joven siguió acicalándose en el espejo mientras ella lo miraba con ternura.

Su hijo ya era todo un hombre, estaba tan orgullosa de que pudiera pisar Londres y triunfar, siendo quien era. Una lagrima fugitiva brillo en sus bellos ojos azules para luego escapar por su mejilla, pero la limpió disimuladamente para que él no lo notara.

Terry no hubiera permitido que ella leyera la nota del enorme florero que le enviaron, los tramoyistas sabían que debían dejar las flores enviadas por las admiradoras en el pasillo afuera de su camerino, luego un tramoyista de su confianza le entregaba las tarjetas resguardadas por él y se las llevaba a casa.

En algún momento de ocio las leía. Algunas eran de profunda admiración a su trabajo y otras… de excesiva lujuria que harían sonrojar al más frívolo casanova. Había en algunas tarjetas, propuestas indecorosas, propuestas de matrimonio, pedidos de paternidad, citas de una sola noche, invitaciones a tomar copas, a departamentos, hoteles lujosos y hasta direcciones de hogares bastante prominentes.

Otras contaban lúbricas fantasías de principio a fin en un pedazo de papel muy pequeño, que era increíble. ¿Cómo podría dejar que su madre leyera alguna de ellas?

Aunque si lo pensaba mejor… siendo ella tan famosa y tan bella, Terrence caía en la cuenta que eso del admirador secreto lo decía con conocimiento de causa y entonces los celos estallaron en su pecho al imaginar que algún libertino indecente también enviaba flores con propuestas asquerosas, donde su madre era la inspiración. Casi da un respingo de solo imaginarlo, su madre al ver que luchaba con la corbata se acercó a él.

Ella lo tomó de las manos y las alejó suavemente, luego con las suyas, delicadas y blancas, con suma facilidad y gracia hizo un nudo perfecto. No hubo palabras, Terry no preguntó si lo que pensaba era verdad, aunque muy dentro de sí, sabía que era cierto.

¿Qué podía reprocharle a su madre? Nunca, que él supiera un escándalo ensombreció su carrera, nunca faltaban los chismes de revistas rosas o amarillistas, pero nada que fuera grave o vergonzoso, al menos no para él que conocía el medio. Asimismo, como no permitió que ella supiera el contenido de la tarjeta, también debía respetar el mundo privado de su madre.

Al fin salieron al vestíbulo que estaba lleno de gente, querían fotografiar al elenco por ese motivo les estaban llamando, después de algunas fotos para la prensa su madre lo tomó del brazo y lo llevo hacia lo logia, toda la gente comenzaba a retirarse. La calle era un caos total, habría una gran cena de gala y la crema y nata de Londres se dirigían hacia allá a toda prisa para no perder detalle alguno.

-Felicidades Terry –Se escuchó una voz conocida que le hizo volverse.

- ¡Padre Gregory!

Los dos hombres se dieron un fuerte abrazo.

-Tu señora madre es estupenda para disuadir a uno de cumplir con sus obligaciones -Dijo el sacerdote con una sonrisa- Aun así, estoy feliz de su invitación y aquí me tienes.

-Madre, porque no me lo dijo. Lo hubiera llevado al camerino.

-No, no, eso te hubiera retrasado, además los estaban llamando, fuiste el último en llegar, mira que el actor principal no sale en la foto -Dijo el sacerdote riendo.

- ¡Ja! -se jactó con arrogancia y fingida petulancia el actor- No pueden comenzar sin mí.

Eleonor, Gregory y Terry rieron ante el comentario. El flujo de gente iba disminuyendo, Spencer estaba acercándose con el auto. Iban bajando la escalinata cuando su madre le detuvo.

-No vas a leer la tarjeta… -Preguntó Eleonor sutilmente, susurrándole al oído.

-No. Lo haré en otro momento –Respondió el actor sin darle importancia.

-Deberías –Insistió la mujer con dulce voz.

- ¿Por qué? –Dijo Terry intrigado ante tanta insistencia.

Entonces Eleonor, tomó al padre Gregory del brazo y soltó a Terry, luego ambos se encaminaron dejándolo parado a mitad de la escalinata ante su total desconcierto, dándole privacidad.

"Deberías"

Fue lo único que había dicho Eleonor Baker, su madre, y siguió de largo. Entonces Terry algo enfadado con el juego y la total sumisión del padre Gregory ante el consabido encanto de su progenitora del que hacía gala, sacó la dichosa tarjeta de su bolsillo, le quitó el pequeño sobre y…

ESCENARIO

Era lo único que estaba escrito en la tarjeta.

-Madre… -Ahora sí que su mal humor comenzó a aflorar- No me gustan las sorpresas -Los alcanzó justo cuando ellos iban a subir a su automóvil.

-No sé de qué hablas -Dijo Eleonor sin inmutarse, luego subió con el garbo que la caracterizaba, detrás de ella el padre Gregory sin decir una sola palabra aguantando la sonrisa que burbujeaba en sus labios, al fin subió antes de que Terry pudiera verlo.

-Enviaré a Spencer por ti, porque ya se nos hizo tarde.

Fue lo último que Eleonor dijo y desapareció llevándose al traidor del padre Gregory y también a Spencer como su chofer personal. Ninguno de los dos hombres se atrevió a mirar a Terry y él sabía por qué, los hubiera fulminado con la mirada.

Molesto se dirigió hacia el teatro que estaba casi vacío. Solo las personas de la limpieza, algunos tramoyistas ajustando luces, mobiliario, nada fuera de lo normal, entró de lleno al escenario desde atrás, el telón estaba corrido, solo una luz ambarina en el centro enfocando el sitio de honor ocupado por el protagonista.

Miró a todos lados en la oscuridad, nada se escuchaba, algunas voces lejanas que nada tenían que ver con él, solo gente haciendo su trabajo. Algunos pasos apresurados tras bambalinas que se alejaban en lugar de acercarse, el olor a viejo, a otros lugares y viejas épocas, a sueños, ése olor característico del teatro.

-Esto debe ser una broma… -Pensó molesto- O tal vez, es mi padre… No, no lo creo, él no es el tipo de persona que hace cosas como estas.

Al fin se paró exactamente bajo la luz ambarina, giro en redondo, pero no había nada, ni nadie inusual alrededor. El escenario estaba completamente vacío a excepción del mobiliario de la última escena donde Hamlet muere. Arrugó la tarjeta dentro de su puño con enfado. Estaba a punto de marcharse cuando unos sutiles aplausos comenzaron a escucharse.

Suaves, muy suaves, amortiguados, apenas audibles. Terry se quedó quieto, escuchando, agudizando sus sentidos, alguien, en el área de butacas seguía aplaudiendo.

De pronto silencio, al cabo de unos breves instantes volvieron a escucharse los aplausos más fuertes, piel contra piel palmeando firmemente, aquel sonido provenía de una sola persona, solo una.

No pudo más con la bendita curiosidad y se encaminó hacia el telón, justo en el centro lo corrió de un jalón y salió a darle la cara al bromista aquel.

Cuando sus ojos se ajustaron un poco más a la oscuridad, vio a una persona vestida de rojo en medio de las finas butacas que le aplaudía. Al verlo aparecer en el escenario y adosarse a la orilla, ésa persona comenzó a acercarse sin dejar de aplaudir.

Terry apenas lo podía creer, no podía moverse.

Cuando aquella persona llegó a la primera fila y estaban frente a frente, él sobre el escenario y ella abajo en primera fila aplaudiéndole en el enorme teatro vacío, no hubo palabras solo el sonido de los aplausos llenaban el recinto.

Él con los sentimientos a flor de piel no supo cómo reaccionar ante la sorpresa. Con toda su galanura ejecutó una reverencial caravana de agradecimiento a la persona que seguía dándole esa ovación de pie, como toda respuesta.

Cuando él lo hizo y quedó en esa posición encorvado por segundos haciendo la profunda reverencia y conteniendo las emociones, los aplausos cesaron. Los pasos se apresuraron rápidamente hacia el back stage.

El actor volvió a las entrañas del escenario tras el telón, espero breves momentos escuchó como los femeninos zapatos de tacón se apresuraban sobre el entablado viniendo hacia él en la penumbra, se acercó a la luz, las siluetas comenzaron a dibujarse, ambos se adelantaron a toda prisa encontrándose en un fuerte abrazo justamente bajo la luz de los reflectores.

Sin decir nada se abrazaron efusivamente buscándose las bocas, se besaron apasionadamente apretándose, Terry no pudo contenerse y la alzó en vilo ciñéndola contra él.

¿Acaso esto es un sueño? -Se preguntaba el joven completamente emocionado, pero incrédulo- No, no puede ser… Siento su aroma y saboreo su dulce saliva, siento las formas redondas de su cuerpo y su calidez, pruebo sus lágrimas mezclándose en un brebaje agridulce con las mías. ¿Es ella? ¡Es ella! ¡Y está aquí!

Loco de alegría, mordió con malicia los labios femeninos haciendo que ella saltara, succionó con fuerza su lengua enredándose en ella.

-Candy… mi Pecosa… estas… aquí.

-Amor mío… ésta vez… no iba… a fallarte.

Decían entre besos calientes y húmedos, entre apretones bruscos mientras ambos se examinaban restregándose, acariciándose los cuerpos en tamaño y forma, sus cabellos, sus facciones, era un reconocimiento total. Cuando al fin dieron un poco de escape a la efusividad y emoción, se separaron un poco.

- ¿Me viste?

-Sí, no iba a perdérmelo por nada del mundo. ¿Te gustaron mis flores?

-Niña traviesa… ¡Las odié! Pero ahora, las amo –Volvió a besar los labios femeninos- Cumpliste tu promesa. Te luce muy bien la gargantilla, el anillo de nuestro compromiso y tus aretes de cumpleaños. Sabía que te favorecían.

-Sí, son hermosos. Gracias.

Se retiraron al camerino para tener un poco más de privacidad.

-Así que todos estaban coludidos.

-Sí. Perdónanos, viajamos juntos. Albert también está aquí.

-Sí, claro -Él sonrió, como podía estar enfadado si hasta ahora era la sorpresa más hermosa que había tenido en mucho tiempo- ¿Por qué no me lo dijiste en tu última carta?

-Porque hubiera arruinado la sorpresa. Quería sorprenderte ¿Te sorprendí?

-Estas bromeando, ¿verdad? -Dijo él riendo encantadoramente- Sabes que no soy partidario de las sorpresas, sobre todo de las que no tengo conocimiento. Pero, sí, me sorprendiste -Dijo el abriendo la puerta e invitándola a entrar- Gracias. Gracias Candy, por estar aquí. Esta noche era perfecta, pero tu aquí… eso la eleva a la categoría de… magníficamente perfecta.

-Terry… Yo quería verte y disfrutarte, solo una vez te vi actuar. No pude estar contigo en tu primer papel protagónico… bueno estuve, pero no estuve… no pude disfrutarte… -Dijo ella titubeando.

-Candy no hablemos de… -Terry trato de que no volvieran al pasado.

-No, espera; necesito decirlo -Terry guardó silencio y espero pacientemente a que Candice dijera lo que necesitaba decir- Tu madre me invitó hace años a verte, cuando fuiste Hamlet la primera vez. Yo me negué. Aunque había pasado tiempo considerable de nuestra separación yo… no me sentía capaz de verte solo como una amiga más. No hubiera podido fingir una amistad, un abrazo fraterno, un beso de felicitación en la mejilla, y eso ya es mucho decir. No hubiera podido ver a Susana a tu lado. Me dolía… solo imaginarlo. Lo deseaba tanto, pero no podía. No hubiera podido disimular el amor que sentía por ti, y no estaba segura si tú…

-Lo entiendo. Imaginando esa situación… para mí tampoco hubiera sido fácil Candy, no sabía que mi madre te hubiera invitado –Él se levantó del butacón donde se había instalado y comenzó a caminar alrededor del camerino- No sé qué hubiera hecho de verte en aquel entonces… en esas circunstancias… -Suspiro hondamente- sinceramente no sé qué hubiera pasado. Ninguno sabíamos del otro, si guardábamos aún sentimientos compartidos, no teníamos forma de saber… Pero desde ahora te digo que al igual que tú, tampoco hubiera podido disimular el amor que siento por ti -Ambos evitaron hablar de Susana, ya no era necesario pensar en ella. Lo hecho estaba hecho y ahora caían en la cuenta sin decirlo que, por algo habían sucedido las cosas.

-Ahora me parece como una especie de Deja vú -Se aventuró a decir Candy- El estar aquí contigo. Como si lo hubiera vivido antes, como si… lo hubiera soñado tan vívidamente de tanto desearlo. Y ahora me parece que esto ya lo hemos vivido…

-Ah sí… Y, que viene después señorita "medium" -Terry cambió el aire algo cargado por otro más ligero antes de que el momento se arruinara con recuerdos y nostalgias.

-Mhmm… no es de una dama contar sus sueños, señor Granchester –Dijo ella con ligera coquetería sentándose en el butacón que antes ocupó Terry.

- ¡Ah! Mi lady, pero usted ya ha contado parte del sueño, quiere dar a entender con este despliegue de fingida modestia que lo que viene es algo… prohibido y perverso ¿quizás?

-Sí, precisamente eso. Algo muy parecido a lo que sucedió en el escenario, pero sin…

-Sin ropa -Secundo el joven, leyéndole la mente.

Candy lo miró desde su baja altura, ahora la ligereza del momento había cambiado para cargarse de electricidad, chispas de deseos hambrientos y urgentes brillaban a momentos en la mirada profunda de Terry cada vez que Candy mojaba sus labios secos, las mejillas abrasadas, el pecho anhelante, pero ella no intentó un falso escape de fingida mojigatería.

-Pensé tanto en este momento… -Dijo Terrence acercándose- en esta precisa circunstancia… esperaba con ansias a mi Julieta…

-No, no soy Julieta. Soy Candice, tu Candy; y tú eres Terrence, mi Terry.

-Tú eres la única que me llama así con esa calidez, con esa vehemencia, con ese tono abrazador e ingenuo. Tienes razón, pasemos al siguiente nivel.

- ¿Ahora? ¿Aquí? No creo que el Padre Gregory se refería a esto.

-El Padre Gregory no está aquí, Pecas ¿Te molestaría mucho?

-No demasiado, en realidad.

"Regálame tu estrella la que ilumina esta noche, llena de paz y de armonía y te entregaré mi vida.

Haces que mi cielo vuelva a tener ese azul pintas de colores mis mañanas solo tú.

Navego entre las olas de tu voz y… tú, y tú, y tú, y solamente tú,

Haces que mi alma se despierte con tu luz

Tú, y tú y tú" *

Una perfecta noche de Estrenos.


Referencias:

*Solamente Tú, Pablo Alborán.


Continuará…

"El review es el alimento de una imaginación creativa, agradezco el tuyo en compensación a la mía"