No tenía la intención de iniciar otra historia de Zelda, ya que no son las más famosas en mi cuenta, pero mi cerebro siempre hace lo que le da la gana y yo solo lo sigo.
En esta historia tomare en cuenta la línea de tiempo que cree en mi historia de "One life" donde Zelda resulto ser mitad Gerudo y Ganondorf era su padre. Como recomendación sería mejor leer esa historia para entender algunas referencias. Pero también esta historia la creare para que pueda leerse de forma indiferente y cualquier duda la explicare a lo largo de esta historia, para los que no deseen leerla.
The Legend of Zelda No me pertenece.
Lazos del destino
Epilogo
Entonces después de un año, una enorme boda se celebró en medio de Hyrule, donde el esclavo y la exiliada chica de los Sheikah, se unieron en matrimonio. No muchos estuvieron de acuerdo, pero sus viejos conocidos, sus camaradas y sus amigos sobrevivientes, aplaudieron con mucho esmero la unión. Hyrule se sumió en un reinado de paz, aunque fue difícil para ambos asumir sus nuevos roles, se puede decir que lograron sacar lo mejor de ambos.
Viviendo felices por siempre.
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En medio de la habitación, un niño de seis años mirar confundido a su madre, quien ha terminado de contarle nuevamente la historia que más le gustaba. El niño tiene el cabello rubio algo opaco, pero grandes ojos azules que miran a su madre con adoración, muy a diferencia de su hermano mayor, este aún se burla de que le gusten las historias, pero no le importa.
—Me gusta mucho esa historia—declara el infante saltando sobre la cama.
Ignorando que ya paso su hora de sueño, o lo cansado que estaba hace unas horas.
La mujer una hermosa dama de larga cabellera dorada y ojos azules, solo suspira aun con su vestido azulado puesto. Esta quiere irse a dormir, pero no quiere dejar a su hijo menor solo. Nicolás segundo era el último de sus tres hijos y el menor de estos, aunque tuviera grandes habilidades para ser un guerrero como sus hermanos, este prefiere sin duda la historia, alegando que será un gran arqueólogo o historiador cuando crezca.
No le molesta, ella hubiera sido una gran científica, lo fue en alguna de sus vidas pasadas después de todo.
—Es hora de dormir Nicolás, mañana tienes estudios y entrenamiento—le recuerda severamente.
Este bufa un poco por bajo, pero acepta sus palabras fácilmente.
Su hijo menor es un pillo, travieso como ninguno de sus hermanos y con una creatividad en bromas que tenía a toda la corte de cabeza cuando se aburrida. Excepto a Sidon y Urbosa, todos parecían de acuerdo con que el niño no tenía remedio.
Excepto con ella.
Nicolás amaba tanto a su madre, como lo hizo su hermano por el cual tiene su nombre, tanto para ser la única autoridad que obedece.
—Buenas noches mi niño—le dice dándole un beso en la frente.
Que este acepta con una sonrisa.
Luego de dormir a su hijo menor, comienza a caminar tranquilamente por el pasillo del castillo, esperando que sus otros dos hijos estén dormidos. Pero cuando pasa por ambas habitaciones, viendo los cuartos vacíos, camina tranquilamente hasta llegar a la sala de caballeros del castillo.
La luz le advierte que no estaba equivocada.
Se detiene en el pasillo viendo una figura al final de este, vestido con ropas cómodas, pero con un porte regio que le trajo la corona. El Rey de Hyrule (se negó hacerlo príncipe consorte para horror de algunos viejos tradicionalistas) mira con ojo crítico a las dos figuras en medio del campo.
Su hijo mayor de doce años, un joven con la cabellera castaña como su abuelo y ojos verde brillante, usaba un florete que hacia brillar con rapidez en su contrincante. Nohansen había recibido el nombre de su padre, ya que sería el próximo rey, ambos estaban de acuerdo que su padre hubiera sido un gran monarca.
Frente a él estaba su hija Zelda, de diez años, no era el nombre que hubiera querido, hubiera preferido honrar algún amigo caído, pero era su deber que su legado tuviera su nombre. Curiosamente Zelda era diferente como ella, una gran espadachín como su padre, con un talento inigualable y con el sueño de ser la próxima líder de los caballeros.
A pesar que Nohansen era el mayor, Zelda le ganaba en destreza y por eso pudo desarmarlo con un giro que le recordaba a su padre.
También era algo altanera, su esposo juraba que era su culpa y genética, a lo que ella se defendía que era mejor a que fuera sumisa.
—Siete de diez hermano mayor, supongo que tendré que cuidar tu trasero toda la vida—se jacto la infante de cabellera sobre sus hombros.
Pero sus ojos eran hermosos, un ojo era azulado mientras el otro era verdoso agua, en lugar de sentirse mal por su diferencia, Zelda lo aceptaba diciendo que tenía las dos partes de sus padres.
La reina suspiro, antes de chasquear los dedos, lo que hizo que los tres presentes se escalofriaran. Incluyendo al Rey sobre todo, antes de que los tres se voltearan lentamente para ver su cara de muerte. Con un chillido su hija Zelda paso corriendo gritando que estaba dormida, mientras Nohansen reía nervioso, antes de irse detrás de su hermana.
Vio con una ceja alzada a su esposo, que se acomodó el cuello de su camisa de forma descuidada.
Soltó una risa nerviosa.
Su mirada se volvió fría.
Aunque hubiera pasado más de quince años de que se conocieron, en los cuales los primeros años fue donde lo entreno espartanamente, este parecía aun tener el respeto que se merecía. Bufo por bajo antes de dar media vuelta, este rápidamente la siguió algo arrepentido.
Su ceja se crispo.
—En una semana es el festival de la diosa y la capital se llenara de personas, te dije que los niños dormirían temprano, ocupo que adelanten sus trabajos para que tengan esa semana libre—le reprendió con una mirada enojada.
Este se estremeció, antes de suspirar.
—No he tenido tiempo para ellos por las preparaciones, querían un entrenamiento rápido…que duro algunas horas—murmuro lo último.
Bufo.
Este se encogió.
—Mañana vendrán Midna y Sidon, sabes que ellos ocupan una reunión importante, además luego pasaran con los niños todo el tiempo…deberían tener hijos en lugar de quitarme los míos—hablo con resentimiento, recordando como Nicolás parecía fascinado con el hombre pez.
Sidon era su padrino después de todo, luego de salvarle la vida, había pensado en nombrarlo padrino de algunos de sus hijos, pero al final fue del pequeño Nicolás quien se logró.
Principalmente por que Linkle era la madrina de Nohansen y Urbosa había casi matado por ser la de su hija Zelda.
Eran de temer.
Revali era más indiferente en la situación, pero si parecía resentido junto con Darunia de ser dejados atrás. Igualmente para sus consejeros o los líderes de las razas, sus hijos eran vida en sus ojos.
Revali había logrado casarse con una Orni y tenido su propia hija, que tenía la edad de su hija Zelda. Riju aún era muy joven, pero ya estaba embarazada de seis meses, Darunia ya tenía un hijo que era el líder, en cambio Mipha apenas estaba gozando de su quinto año de matrimonio con un guerrero Hyliano, pero dado que los Zora viven tanto, no era algo muy grande.
Linkle tenía un niño de la edad de Nicolás, aunque vivía en las montañas con Matt su pareja, muchas veces bajaba para que jugaran juntos. El pequeño Shad sin duda era el mejor amigo de Nicolás, ambos serian grandes exploradores en el futuro.
Ahora que Link era el rey de Hyrule, Impa tomaba el mando de la guardia real, motivo por el cual su hija Zelda quería llegar a ser como esta.
—Tú no te quedas atrás, estabas contándole la historia Nicolás—señalo Link muy asertivamente.
Se sonrojo levemente al verse atrapada.
Se cruzó de brazos antes de alzar el mentón.
—Es la historia favorita de nuestro hijo, no puedo hacer otra cosa—se intentó defender, ganando una leve risa de su marido.
Antes que adelantara el paso humillada, una dulce mano se entrelazo con la suya. Desvió su vista unos instantes a sus manos unidas, pasando por las leves cicatrices que estaban en su muñeca, a pesar de las curaciones de Lana.
Que por cierto ahora estaba viajando por el reino como médico ambulante con su esposo Lyon y su hija Saria de la edad de Nohansen. Nombre dado por el sacrificio de su amiga, que había terminado en una hermosa niña de cabellera oscura y grandes ojos violetas.
Vio de pronto las muñecas de Link, esas viajas cicatrices que serían siempre recordaras, junto con la marca que demostraba alguna vez fue un esclavo.
Dejo de verlas, para ver los ojos de su esposo, ahora llenos de brillo, de madurez, y de una libertad que siempre añoro ver, que ahora disfrutaba todos los días.
—¿Podrías contármela nuevamente?—pidió cálidamente a su oído en un susurro.
Que igual que cuando se conocieron, la hizo escalofriarse y casi derretirse ante su voz.
Entonces al regresar el apretón de manos, se sintió como esa joven que lo conoció y viajo con él por Hyrule, en medio de luchas, de aventuras, de amigos y enemigos. Sintiéndose nuevamente joven, al igual que este, guardando aun ambos la trifuerza y los recuerdos de sus vidas pasadas.
Volviendo en el tiempo.
Donde aún estaban todos con vida.
Sus queridos amigos perdidos en batallas.
— Había una vez un Sheikah exiliado, que había rescatado a un esclavo, cuyos destinos siempre estuvieron entrelazados desde su vida pasada—
Comenzó con voz suave, donde nuevamente por los pasillos y en su recamara, la historia cobraba vida. La historia de ambos, ahora convertida en una de las leyendas que había contado de joven a otros. Donde los personajes volvían a la vida, las memorias de todos resurgían.
Donde tanto el Rey como la Reina en medio de la cama, recordaban su vida y su parte de la leyenda en este mundo.
Al final ambos terminarían dormidos en medio de un abrazo.
Consolándose por las memorias del pasado, aceptando su presente y orando para que el futuro fuera brillante.
Su historia, su leyenda estaba terminando en una hermosa vida. Pero sabían que alguna vez la maldad resurgiría, que un nuevo héroe y la diosa tendrían que volver a luchar y ellos tendrían que guiarlos.
Pero por ahora.
Esta era la historia del esclavo y la exiliada, que sería una leyenda para futuras generaciones.
Fin.
Técnicamente el capítulo final era el final final. Digo, este epilogo no tiene más de cuatro páginas, que tal vez algún día edite y ponga el festival de la diosa. Pero sin duda creo que aquí está bien, un pequeño vistazo del futuro de estos héroes, con un final mucho mejor que el de mi anterior historia. Técnicamente es un buen final, pero siempre queda ese final abierto que nos indica que el círculo volverá empezar alguna vez más.
El mal siempre regresará y ellos volverán para detenerlo.
Algo agridulce de pensar.
Pero este es el mundo de Zelda que fue creado.
Si les consuela estos personajes tuvieron una buena vida, aunque con guerras en sus espaldas, luchas entre el reino para proteger la paz, batallas políticas y crianza de niños. Pero al final esto es mi historia, que espero disfrutaran.
Gracias por todos los que la siguieron y leyeron.
Nota:
Por si no lo saben en mi perfil tengo un link de mi página en Facebook donde publico mis actualizaciones y donde chateo con los chicos sobre temas de anime, manga, juegos, libros, series…etc por si alguno quiere comunicarse conmigo o visitar un rato para conocerme mejor.
Sayonara sexys lectores.
