.. Título: Deshonra ..
.. Capítulo 21: Transmutación fallida ..
.. Autora: Annie-chan Diethel ..
Y al fin llegó el día. Tras todo un año de duro entrenamiento, volvimos a Rizembul para llevar a cabo nuestra meta: resucitar a mamá. Bajamos eufóricos del tren, y los empleados nos saludaron alegremente, preguntándonos cómo nos había ido en Dublith. Respondimos escasamente mientras corríamos a casa de la abuela Pinako a visitarlas a ella, a Winry y a la comida que nos prepararon, estábamos hambrientos. El día estaba nublado y seguramente llovería.
Después de comer fuimos a casa a prepararlo todo: aquella misma noche volveríamos a casa de Winry a cenar acompañados de mamá y celebraríamos una gran fiesta en su honor. Reunimos los materiales y los preparamos cuidadosamente uno a uno, depositándolos en una vasija que más tarde colocaríamos en el centro del círculo. Cuando terminamos, cogí una tiza y tracé las líneas necesarias con precaución de que todo estuviese bien. Con una navaja nos herimos las yemas de los dedos para el ADN y vertimos dos gotas de sangre en el recipiente.
Todo estaba listo: los componentes del cuerpo humano, el círculo de transmutación, la información del alma... Estaba nervioso, igual que Al.
- ¿Estás listo?- pregunté. Él asintió con seguridad y le devolví el gesto- ¿Tienes miedo?
Meneó despacio la cabeza, con los ojos cerrados y una pequeña sonrisa en los labios.
- No... Confío en que todo saldrá bien, niisan. ¿Tú no?
- Yo también. Vamos allá.
Nos arrodillamos junto al círculo y posamos firmemente las manos sobre él. Una poderosa energía comenzó a surgir del suelo, de cada uno de los trazos de la fórmula, en forma de luz dorada. La emoción nos embargaba mientras observábamos la reacción.
- Funciona.- murmuró felizmente Al. Sonreí con complicidad.
Pero de pronto, la luz dorada se tornó morada y oscura. La energía que sentíamos se volvió perversa.
- ¿Qué está pasando?- pregunté al aire. Lo siguiente que escuché fue el grito horrorizado de mi hermano y al girarme a verlo, una especie de rayos eléctricos rojos se estaban apoderando de su cuerpo- ¡Al!
Quise ayudarlo, pero me caí al intentarlo. Un dolor agudo me recorrió todo el cuerpo mientras la misma luz color sangre envolvía mi pierna. Traté de ignorarlo y salvar a mi hermano, que estaba desintegrándose lentamente en una luz blanca que me cegaba.
Gritaba su nombre.
Él me pedía ayuda.
Alcancé su mano y la sujeté con fuerza, pero esta se desvaneció entre mis dedos. Lo último que pude ver fueron las lágrimas en los ojos de mi hermano antes de que estos desaparecieran, y en mis oídos aún retumbaban los gritos de los dos.
De pronto ya no estaba en aquel lugar, unos seres negros me arrastraron hacia un montón de datos extraños, imágenes relampagueantes y confusas acerca de todo y nada, entre los cuales me sentía flotar. Sentí que toda aquella información se clavaba en mi cerebro como si de millones de clavos ardientes se tratase, pero ni siquiera podía llevarme las manos a la cabeza. Los seres oscuros, con un tacto incomparable con nada conocido, con nada corpóreo, me la sujetaban para que no pudiese desviar los ojos de aquella serie de eventos desconocidos mientras aquel millar de imágenes por segundo continuaba pasando frente a mí, grabándose a fuego en mi mente. Tuve la sensación de que mi cerebro crecía hasta el punto de no caber dentro del cráneo, una necesidad constante de expandirse, de explotar. Apenas podía distinguir los recuerdos conocidos que desfilaban ocultos entre aquello. Mi alma se impregnaba de las sensaciones que acompañaban a los datos, uno a uno. Sensaciones familiares, sensaciones desconocidas. Y, sobre todo, mucho dolor y muerte. Suplicaba que me dejasen en paz, no quería seguir viendo más. Pero me ignoraban, y mi cabeza quería estallar.
"- ¿Voy a morir?"- me pregunté, mareado y aterrorizado a la vez. No entendía nada. ¿Qué sentido tenía aquello? ¿Por qué estaba pasando? ¿Dónde estaba Al? ¿Dónde estaba yo? Me oía gritar pero, ¿realmente era mi voz? ¿Podía asegurarlo? Traté de cerrar los ojos, pero no podía. Sencillamente, no era capaz.
Y de pronto, entendí. ¿Cómo? No lo supe entonces, y no lo sé ahora. Simplemente, entre todas aquellas muescas de cosas extrañas, mi mente concibió la idea principal.
"- Alquimia... Son datos relacionados con la alquimia..."- y todo era más claro entonces, sin serlo realmente- "¿Realmente abarca todo esto? ¿Hemos intentado algo tan poderoso sin saber nada?"- porque lo único claro que pude concluir fue aquello- "No sé nada... No sé absolutamente nada acerca de esa teoría..."
La vi. Era ella, mamá. Intenté zafarme de aquellos especimenes y correr hacia ella en mitad de la nada. Por más que me desasía, ellos seguían viniendo por mí.
- ¡Mamá!- no quería irme sin ella. Me giré hacia ellos y vi que se amontonaban sobre mi cuerpo, impidiéndome todo movimiento mientras reían. Estaba más asustado de lo que jamás lo estuve- ¡Parad! ¡Dejadme ir! ¡Soltadme! ¡Soltadme!
Y, sorpresivamente, todas aquellas figuras me miraban a través de una puerta extraña, con decoración claramente alquímica. Una puerta que flotaba en mitad de la nada en la que me encontraba, una puerta que me exigió un pago cuando le supliqué ver más. Mi pierna comenzó a desvanecerse, tal y como lo hizo Alphonse, ante mis ojos asustados. Chillé de dolor tanto como mis pulmones me lo permitieron. Cuando recobré la visión en mitad de la oscuridad del estudio, maldije todo lo que supe, preguntándome qué había fallado, por qué. Busqué a mi hermano, pero sólo encontré su ropa tirada en el suelo. En el muslo sentía el dolor de la carne desgarrada, arrancada. Tenía miedo de mirarla, pero aún así lo hice y vi un gran reguero de sangre despedido de lo que quedaba de ella. Desvié la mirada hacia el círculo, buscando a mamá con los ojos, llamándola. Todo merecería la pena si ella estaba allí, sólo tenía que traer de vuelta a Al y volveríamos a ser familia.
Pero aquello no era humano.
Sí, podía reconocer la vaga silueta de lo que una vez fue ella, sin embargo no tenía piel sobre el cuerpo. Era un amasijo de músculos palpitantes desnudos, encerrados entre huesos que se movían. La calavera me miraba con los ojos inyectados en sangre, con la superficie agrietada y la mandíbula abierta totalmente, hueca. La estancia se sumía rápidamente en un hedor horrible a descomposición y lo único que se escuchaba eran sus intentos de respirar mezclados con mis gritos. Se movía con pesadez, quebrándose los huesos en el intento, haciendo ruidos sordos que me llenaban de escalofríos. Vomité ante la imagen, ante los sonidos, ante el olor a muerte.
- No... Esto no es lo que queríamos...- susurré para mí mismo cuando ya nada más podía salir de mi interior- Al... Ha sido culpa mía... Ha sido culpa mía...
No. No iba a permitirlo. No quería quedarme solo, Alphonse no podía desaparecer y dejarme aquí sin más. Arrastrándome, alcancé una de las armaduras que había por allí, la primera que encontré completa, y la arrojé al suelo.
- ¡No voy a permitírtelo! Sólo se ha llevado tu cuerpo... ¡Pero tu alma no! ¡Todavía estoy a tiempo de no perderte!
Con la sangre de mi pierna dibujé un círculo con ocho puntas en su interior, el círculo que me permitiría traerlo de nuevo a mí.
- Devuélvemelo...- gemí enfadado, frustrado, desesperado- Es mi hermano pequeño...
Dibujé el mismo círculo en mis extremidades y en mi pecho con la misma sangre, apoyándome en el frío metal de la armadura.
- Te daré mis brazos... mi pierna... Incluso mi corazón... Pero devuélvemelo...
El dolor cada segundo se hacía más intenso, pero resistiría hasta traerlo de nuevo a mi lado, aunque eso significase no estar aquí para recibirlo. Era demasiado importante como para dejarlo morir. Nunca... ¡nunca!
- ¡Él es lo único que tengo!
Golpeé con fuerza el metal y los círculos brillaron, y la armadura y yo con ellos. Una luz cegadora me devolvió al lugar donde había perdido mi pierna y perseguí con ferocidad la silueta de Alphonse, aunque me lo impidieran las extrañas criaturas negras. Lo llamé con agonía entre gritos, no estando seguro de si me podía escuchar o no, pero no era importante. Me tendió una mano que tomé con mi mano derecha... la misma que había desaparecido cuando volví en mí.
La armadura lanzó una falsa exhalación y luego se levantó. Tras observarse unos instantes me vio bañado de sangre. Entonces me pregunté cual de los dolores que sufría en aquel momento era el mayor.
"- El alma..."- pensé- "Me duele el alma al verlo así... ¿Por qué no ha traído su cuerpo? ¿Por qué no ha tomado más partes de mí para devolverlo completo?"- y reaccioné- "Su dolor es más grande, está encerrado ahí... no puede salir..."
- Lo siento... Al...- murmuré con un hilo de voz.
Oí su voz llamarme, asustado. Corrió hacia mí y me tomó en sus nuevos, grandes y helados brazos y le expliqué todo sin poder mirarlo. Tenía mucho frío, sin embargo no era a causa de su cuerpo porque, bajo la chapa metálica, sentía el calor de su alma. Luego, todo se sumió en las sombras.
Muchas gracias a todos los que habéis seguido el fic, especialmente a Hikari-Uchiha y MurderAlchemist1 por sus comentarios de ánimo y su interés. ¡Gracias, de corazón!
Annie-chan Diethel
