Capitulo 20

Ambos quedaron estupefactos. Después de que los dos Kingdra fueran capturados, se disponen a romper una simple escultura. O tal vez, no fuera tan simple. Después de que fuera destruida, la salida se desbloqueó, y entre los trozos pétreos, destellaban tenuemente fragmentos de color amatista.

-Buf, que alivio. Por un momento pensé que iba a morir.
-Exagerada.- Dijo su umbreon.
-Sí, sí, ¿pero por qué destrozaron la escultura, por qué?- Se preguntaba Helio.
-¡Y yo qué se! Supongo que no les gustará la esculturilla de marras por ser estéticamente horrible... O espera...

Con el rabillo del ojo pudo ver los destellos purpúreos de la joya que contenía. Fue a donde estaban los trozos, y cogió uno. Lo miró de reojo, y mostró cierto desconcierto en su rostro.

-¿Ocurre algo?- Preguntó Helio, también preocupado.
-Es... Un fragmento de vidasfera. La escultura tenía en su interior una vidasfera.
-¿Y...?- No entendía sus razones. No sabía ni siquiera lo que era lo que había encontrado. Iba a reprochar su ignorancia, pero él no tuvo que conocer a energúmenos que utilizaban cualquier método para alcanzar la eterna victoria, aunque le provocara dolor a sus pokémon. Le explicó lo que era y lo que significaba.

-Las vidasferas son joyas que emiten una radiación que potencia las cualidades ofensivas de los pokémon a corta distancia, pero que a la vez los vuelve más agresivos, siendo corta o larga. Además de que la radiación va deteriorando poco a poco la salud del pokémon por cada ataque que accione. Y con deteriorar la salud quiero decir que puede enfermar crónicamente. Principalmente solo puede crear alguna que otra disnea y taquicardias si solo lo lleva solo para combatir, pero si lo lleva consigo de forma prolongada puede causar algún cáncer, además de problemas coronarios y respiratorios. He visto a entrenadores que hacían uso de ese objeto, y, créeme, sus pokémon no parecían que gozaran de buena salud.
-¿Quieres decir que la vidasfera estaba provocando que los Kingdra nos atacaran?
-Sí. Pero al parecer con la captura les hemos devuelto la compostura y han recordado que había algo que los corrompía. Vamos... Que hicimos bien en venir aquí.

Helio pensó un momento. En el recorrido vio más cámaras como estas. Esta era la primera por la que los dos les antojaron ir. "Quizá hayan más pokémon encerrados que estén sufriendo", pensó. Propuso liberar a todos los pokémon que hubieran de este sufrimiento, y esta aceptó. Pero como era de esperar, Kyumbreon tenía que cuestionar sus decisiones.

-No creo, mi señora, que le convenga más esfuerzos... Seguramente sus pies le dolerán ahora mismo como clavos en las palmas. Y, hablando de palmas, la suya derecha recibió otra descarga. Si se vuelve a descuidar, adiós prodigio.
-Esta vez me llevaré el guante puesto.- Dijo en contestación a la recomendación de Kyumbreon. Seguidamente, el capturador hizo un sonido que su portadora no supo identificar, aunque ella no le dio importancia. Pero a Helio se le hizo raro.
-¿Qué? ¿Se ha recargado tu capturador?
-¿Cómo?
-Bah, mejor que no discutamos más y nos demos prisa. En cuanto antes encontremos a los pokémon, mejor.

Se apresuró en salir de la sala. Confundida y preocupada por el tiempo que ha estado dentro del edificio, Gionna también tuvo que abandonar, no sin antes llevarse a Minun otra vez en brazos. Las prisas que Helio tenía le hicieron olvidar a su fiel compañero, parecía ser. Regresando al espacio que conectaba todas las salas, fueron al norte, y no tardaron en encontrarse con otra cámara.

La sala estaba decorada también con azulejos, pero esta vez eran morados y la pared presentaba un lila rosado. Por el resto era completamente igual. Las dimensiones eran las mismas, y los dos colmillos, curvos con punta afilada y apoyados en una base rectangular, seguían en cada lado del hoyo rectangular que daba paso a la siguiente sala.

Mas no se sentía un soplo de aire, al contrario que la anterior. Y no se oía nada en absoluto. El silencio era tal que hasta causaba pavor. Alguien tenía que romper esa ausencia de sonido.
-Que... tranquilidad. Quizá hasta siniestro.- Rompió el silencio Helio. Pero él no estaba para quedarse quieto. -¡Bueno, vamos! El pokémon que esté en la siguiente cámara estará esperándonos todo dolido.
-¡Espera!- Ordenó en balde Gionna. No podía caminar muy rápido; si intentaba acelerar el paso, tenía que apretar más los pies al suelo, y por ende, le dolían más los pies.

Kyumbreon, quien hasta adelantó a su entrenadora, se quedó mirando la inscripción y se la leyó sin que ella se lo pidiera.

-"Aspirante que quiere dominar a los elementos, aclama la rabia del gran destructor, pues temblores causó en la isla con sus rabiosas pataletas. Para llegar a él, tienes que sacar el potencial de sus súbditos, los que caen de los cielos, y con ellos romper los sellos puestos por el mismo."
-Em... Has leído las escrituras, ¿verdad?- Le extrañaba que dijera tantas cosas seguidas sin que hubiera alguien que le replicara.
-Evidentemente. Yo no diría jamás tantas boberías.

Gionna se alarmó. A partir de aquel texto críptico de antaño, podía pensar lo peligrosa que era la bestia que aguardaba más adelante. Quizá incluso más que los anteriores. No tardó en mentalizarse para ignorar el dolor de sus pies e ir en la misma dirección que Helio lo más rápido que podía, igual que Kyumbreon y Plusle la siguieron.

Se encontró con un espacio cerrado, pero amplio. Había dos caminos, pero estaban bloqueados por pequeñas murallas de piedra resquebrajadas y dos bloques; uno de bronce y otro de piedra. El bloque de bronce era cilíndrica y daba apoyo a una esfera amarilla, y tenía cuatro grandes interruptores. El de piedra tenía una esfera azul y tenía un tallo diagonal iluminado con la luz de la misma. Y en medio, estaba a quien quería encontrarse. Estaba siendo atacado por un Gligar y un Bagon. No paraban de embestirlo, y este de escapar de sus cabezazos. Vista la lucha que tenía Helio con estas criaturas, iba a prestar su ayuda, pero para entonces consiguió cesar la hostilidad del Gligar. En cuanto dejaron de ser dos agresores, acabar con uno ya era pan comido.

-Veo que te las arreglas muy bien solo...
-Sí, sí... Si me hubieras visto caerme de culo por estos dos no dirías lo mismo.
-Hum... ¿Por casualidad no habrán caído del techo?- Se quedó en silencio. Precisamente era eso lo que había pasado.
-¿Cómo lo sabes?- Preguntó finalmente, saliéndose de la sorpresa.
-Si te detuvieras al menos un rato a ver tu alrededor lo hubieras visto. Bueno, de hecho, fue Kyumbreon quien me leyó la inscripción, yo pensaba ir directa a por ti. ¡Oh, hablando de la descripción...! Será mejor que no sigamos.
-¿Por?
-Esto...- Se cortaba. Pensaba en la respuesta que le iba a decir. "Sabía que eras cruel", o "Insensible", o tal vez "¡Pero estará sufriendo, me importa un comino si nos puede matar!". "Sí, algo por el estilo", pensó.

Ahora faltaba decidir si poner la mano en el fuego o callárselo.

-Esto... ¿Estás bien?- Dijo al ver que estaba callada todo el rato.
-¡Hay un dragón muy poderoso que ha provocado terremotos anteriormente y nos matará si nos metemos en su territorio! Ala, ya lo dije...

Esperaba su reprobación. Helio se lo pensó también un momento, pero no tardó tanto en contestar como ella.

-Hum... Está bien que te preocupes por mí, pero es mi trabajo librar a los pokémon de su sufrimiento y hacerles entender que no todos los humanos les tratamos como herramientas para nuestros propósitos. Si no quieres arriesgarte, lo entiendo, pero que el dragón pueda acabar con mi vida no quiere decir que por ello tenga que seguir con la influencia de la vidasfera. Si quieres quedarte a cuidar a Minun...- No era eso lo que esperaba de él, pero era algo similar. Era imposible hacer que se rigiera por su propia vida. Mas le creaba remordimientos dejarle enfrentar solo al rey de la destrucción. No podía quedarse ahí.

-No. Me sentiría culpable si no salieras con vida. Iré contigo.
-¿Estás segura?
-¡Sí!
-En realidad, mi señora no está segura. Puede que al último momento decida retirarse.
-Hum... Vale, Kyu tiene razón. Es posible que en un momento dado retroceda... ¡Pero también es posible que luego me arrepienta! Tengo que ir contigo. ¡También es mi obligación mantener a mis amigos!

Helio se quedó a cuadros. Pensó que aún no le consideraba así, después del trato que le dio antes de llegar a este edificio. Aunque quiso preguntarle lo obvio, se abstuvo. Entonces ambos se dispusieron a resolver este puzle. Empezaron por el bloque de la joya azul. Helio mandó al gligar a que fraccionara la pieza, y este, con el tajo proporcionado por las pinzas de gligar, se deslizó hasta el suelo, y la esfera, frágil como el cristal, fue reducido a pedazos.

Mientras Gionna miraba el suelo, descubrió que ese desnivel que pisó Helio era nada más y nada menos un interruptor que accionó una trampilla por la que dejaba caer a dos pokémon. Se adelantó para pisar primero el interruptor, y así comprobar si estaba en lo cierto. Tras pisotear la baldosa, cayó un Wurmple y un Meowth, confirmando sus sospechas. Tras otra captura, reclamaron los servicios del felino para eliminar el obstáculo de enfrente una vez más. Llegaron a un punto muerto, por lo que tenían que retroceder. Tras volver al punto de inicio, pidieron a Bagon que hundiera el interruptor del otro bloque para que rotara y bruscamente se rompiera el citrino que lo adornaba. Continuaron quitarse los obstáculos de en medio con lo que las trampillas les daba. Algunas veces salían insectos que no servían, meowths que podían acabar con las joyas azules y geodudes que con su pétreo puño rompían los agrietados bloques junto a la esfera roja que asentaba en este tipo de obstáculo. Llegaron hasta un obstáculo con el que ninguno de los capturados podía.

Era un obstáculo rotatorio, pero más grande que los anteriores. Por muchos cabezazos que diera el Bagon al interruptor no cedía. Nada. Probaron con accionar la trampilla, pero solo cayeron un Wurmple y un Treecko. Igual, se mostraban agresivos, así que, aunque pensaban que no les irían a servir, los atraparon. Mirando por los alrededores, se percataron de que había otro bloque que podía cortarse. Gionna no cayó en cuenta de que los treeckos podían cortar con las escamas de sus brazos; Helio sí. Hubo reprobaciones por parte de su compañera, diciendo que Treecko no tenía cuchillas para cortar, pero resultó.

Despejado el camino, vieron otro interruptor, nada más. No dudaron en pisarlo, y cayó una masa dura blanca y redonda con patas cortas y negras. Todo el tiempo estuvo en reposo, y sentir el choque de su coraza contra el suelo no le sentó para nada bien. Se levantó furioso por interrumpir su siesta, y se dispuso a lanzarse a por Gionna, que desafortunadamente no pudo reaccionar a tiempo y fue alcanzada por su duro exoesqueleto. Kyumbreon esta vez no estuvo muy atento a los sucesos, por lo que la agresión a su entrenadora vino cual ráfaga de viento gélido.

El golpe, dado por debajo del vientre de Gionna, hizo que soltara a Minun y ella cayera al suelo en posición fetal, llorando a causa de su dolor. Después de noquearla, este se giró hacia Helio, que después de lo ocurrido, se preparó. Bravo, tomó carrerilla hacia el joven, y este esquivó con rapidez. Dio un freno, y volvió dirigir la mirada a él. Helio preparó el capturador y rodeó al Shelgon. Este aún estaba centrado en hacer lo mismo que Gionna al chico de cabeza de color marino, por lo que volvió a correr.

Su actitud obstinada fue su perdición; al querer seguir una línea recta, Helio fue capaz de acabar de capturarlo, pues la trayectoria que tomaba le permitía adelantarse al mismo y hacer los dos círculos que le faltaban. En cuanto fue capturado, dio un freno seco. Se olvidó de lo que estaba haciendo. Acabado con el problema de la furiosa crisálida andante, fue a socorrer a Gionna. Con la confusión, Shelgon no tuvo más remedio que seguir a quién le calmó.

-¿Estás bien?- Fue lo primero que preguntó desde que empezaron a avanzar.
-Duele... Pero no me he roto nada.- Tratando de mostrar fortaleza, ella se levantaba, con creces por el gran morado que se acabó de formar. Minun también se levantaba; las heridas ya casi no las notaba.

-Oye, si te encuentras mal no hace falta que me acompañes. Ya me las arreglaré solo.
-Que no, que no es nada, de verdad.- Insistía ella.
-El golpe que recibiste podría haber sido severo. Si un hueso te has roto sería mejor que aguardaras a su regreso.- Aconsejaba su umbreon.
-Sé lo que se siente al tener un hueso roto. Esto es solo una contusión.
-Buf... Si tu lo dices...- Cedió ante su persistencia. Ahora lo que importaba es que tenían al pokémon necesario para eliminar el obstáculo.

Volvieron a la torreta de bronce y llegados a ello Helio mandó a Shelgon que embistiera contra el interruptor. La dureza de su coraza chocando contra el cilindro hizo que como sus menores girara con velocidad y rompiera la joya. Finalizado su trabajo, se retiró.

Gracias a aquella embestida, la cámara del rey quedaba a la vuelta de la esquina. Una vez cara a cara con la entrada, un estremecedor rugido se escuchó desde el fondo de la sala. A todos menos Kyumbreon se le helaron la sangre. Ranger y entrenadora se miraron por un momento, empezando a dudar si tendrían que pasar, mas empeñados en acabar con esto, entraron sin más dilación. Solo uno se quedó fuera paralizado por el miedo, y ese uno era el gusano rojo que atraparon con anterioridad.

Una vez dentro, la puerta se cerró por detrás, provocando una pequeña parada cardíaca a los dos humanos y los dos conejos. Helio se recuperó del susto y buscaba a la bestia cuya ira se tenía que aplacar. Solo miraba en frente, no levantaba la cabeza ni agachaba la cabeza, y no veía al dragón; solo la escultura por donde cerraba la vidasfera. En cuanto consideró que el draconiano en cuestión no estaba visible en estos momentos, notificó de su ausencia.

-Parece que no hay signos del pokémon... Eh... ¿Gionna?

Estaba muy quieta, de la peor forma. Respiraba con prisa aunque no tuviera, y tenía una sensación de opresión en el pecho. Miraba arriba, como si hubiera avistado un muerto en plena podredumbre que la hipnotizaba y horrorizaba a la vez.

Para saber sus causas, él también alzó la mirada. Por la obertura que había bajo tierra, que dejaba entrar luz del exterior, pudo ver a un cuerpo azulado cuadrúpedo con el vientre acorazado. Igual de rápido que él identificó a la especie, este se alejó de la fuente lumínica emprendiendo el vuelo. No tardó en verlo con más detalle, con su mirada de odio, su largo cuello y sus fauces. Se impuso ante ellos agitando la tierra al aterrizar y con otro sonoro rugido.

Helio no tardó en sacar el capturador del cinturón, encenderlo y tirar la peonza para rodearle. Nada más empezar, este abrió su boca y empezó a acumular energía. Gionna empezó a correr desesperada para que el rayo que el dragón de alas rojas con forma de hacha preparaba no le diera. El hiperrayo ejecutado por el Salamance rompió la línea del disco capturador de Heilo, haciendo que la energía que regresaba dañara severamente el aparato y le de una pequeña descarga en la mano.

Volvió a alzar vuelo, y este tenía que esperar. Empezaba a hacer círculos cuando veía que aterrizaba, pero el feroz reptil, con su llegada a la tierra, creó una onda expansiva que cruzó con la luz y la acobardó de nuevo, haciéndola regresar de donde venía.

El capturador empezaba a adquirir el característico aroma de los circuitos chamuscados. El esquivo de Salamance no se dejaba atrapar; solo le bastó un terremoto y un hiperrayo para arrinconar las esperanzas de Helio. Pero eso no era lo peor.

Por lo que parecía un ataque de ansiedad, su compañera no le prestaba su ayuda. Pálida y pavorosa, estaba arrinconada en una esquina, sujetándose las piernas y balanceándose como la cuna de un bebé. Dada la situación, Helio tuvo que preguntar desde la distancia.

-¡¿Por qué no me ayudas?! ¡¿No decías que asumiríamos este peligro juntos?!
-Mi señora no está ahora en condiciones de responder.- Contestó en su defensa Kyumbreon. -Un espectro del pasado la atormenta ahora mismo.
-¿"Espectro del pasado"...?- La metáfora empleada por el pokémon sofista le confundía un poco, no porque no la entendiera, si no por lo que podría causar aquel tormento. Mas el umbreon no se mostraba colaborador a propiciarle información.
-Es preferible que no te de detalles. Mejor que estés atento a la bestia.

Hizo caso a las advertencias de Kyumbreon, mirando arriba. Mientras miraba la silueta encogida de Gionna, el dragón emprendió vuelo una vez más y cargaba otra ráfaga de energía. Si no hubiera sido por el aviso, Helio hubiera perecido en el acto. Luego volvió a aterrizar bruscamente para reponer energías. Vio la oportunidad, y volvió a sacar peonza y hacer círculos con él, pero casi no descansó, y volvía a cargar su mortífero rayo.

Sin embargo, chispas interrumpieron su ataque. Por un breve tiempo Salamance no podía moverse. Minun tuvo la osadía de plantarle cara, por proteger a su amigo. Provocado por el pequeño roedor, se dispuso a aplastarle con la fuerza de sus patas, mas para él le resultaba difícil; raudamente corría el pequeño conejo animador, tratando de escapar de la inminente muerte que le proporcionaría ser aplastado por su peso.
-¿¡Minun, pero qué haces!? ¡Para!- Suplicaba Helio con desespero, pero el temor a perderle hacía que ignorara sus órdenes.

No podía ser perseguido por toda la eternidad; llegó el temido momento por donde las energías de Minun fueron agotadas. Salamance vio la oportunidad perfecta para golpearlo de una vez con un hiperrayo, lo que volvió a prepararlo.

-¡Minuuuuun!- Vociferó Helio al ver que se había convertido en la víctima perfecta del draconiano. Solo pensaba que era inevitable aquella muerte, y prefirió no mirar como su amigo ardía con el rayo destructor. Pero el "bum" no se produjo.

Abrió los ojos de nuevo y se encontró con los dos pokémon ánimo juntos. Plusle había paralizado a Salamance, y el pequeño rato que dejó parado a Salamance lo aprovechó para reanimar a Minun con refuerzo. Ver enfrentarse solo a Salamance le impulsó a ayudarlo.

Salamance, nuevamente, se recuperó de la parálisis y, debilitado también por las radiaciones de la vidasfera de la escultura, se limitó solo a sacar chorros ígneos de sus fauces. Juntos corrieron para no ser abrasados por las llamas, y después de un suave aterrizaje, los dos chisporrotearon para atrofiarle los músculos una vez más. Las descargas fueron potenciadas al unir fuerzas, y eso hizo que la parálisis durara el doble. Helio no desaprovechó la oportunidad y fue capturándolo.

Círculo por círculo, estaba más cerca de aplacar su rabia, y finalmente, lo consiguió. Salamance recobró el sentido común y se dirigió a lo que realmente tenía de destruir. Con todas las energías restauradas, usó hiperrayo en la escultura y la redució en pedazos. Abandonó la cámara volando hacia la procedencia de la luz...