NOTA: lamento haberos emocionado por si encontrábais otro cap de este fic, pero resulta que es el mismo. El motivo de esta resubida es simple: la dueña de Ella expresó su mal sabor con el acercamiento y he decidido reescribirlo para que todo fluya con más calma.
Cuando los rayos del sol volvieron a despuntar por el horizonte, el cadáver de Alexy ya había sido reducido a poco más que unos simples huesos.
En cuanto el chico hubo fallecido, Armin y Eider trataron por todos los medios disponibles de adecentar el cuerpo, aunque teniendo en cuenta el estado del mismo, la tarea no fue precisamente fácil. Limpiaron los restos de sangre seca que quedaban en el mismo cuidando de no malgastar su agua más de lo necesario, le recolocaron las ajadas prendas que portaba y antes de que el rigor mortis entumeciera sus extremidades, posicionaron sus brazos en cruz sobre su pecho. No habían conseguido darle el aspecto de calma que Eider siempre tenía en mente, pero al menos la expresión de dolor y sufrimiento parecía haber desaparecido de su rostro.
Una vez listo, decidieron que lo mejor era quemar el cuerpo. Como bien señaló Kentin, no disponían de herramientas para enterrarlo sin que luego las alimañas sacaran sus restos y los devorasen, cosa que a Armin no le hacía especial gracia. Aceptada la propuesta, el grupo se subdividió para buscar madera y al poco tiempo lograron encender una hoguera que alimentaron con las hojas secas por el calor que encontraron en el suelo para que la potencia del fuego se avivara. Cuando la hoguera fue considerable, colocaron el cuerpo encima con mucho cuidado, observando luego el trabajo de las llamas.
Armin no había despegado los labios desde que su hermano expiró. Se había quedado junto a Eider como si fuera lo único que pudiera sostenerle mientras que sus ojos no se movían del baile de las llamas. La chica, sin moverse de su lado, había tomado la mano de él entre las suyas, quizás a modo de apoyo. Ella, que ayudaba a Kentin a buscar más palitos para evitar que la hoguera decayera, se paraba de vez en cuando, observando a la peculiar pareja. Dichos momentos de observación no se le pasaban por alto al chico castaño, que la miraba con cierta suspicacia.
—Es curioso el modo en el que actuamos cuando pasan estas cosas, ¿verdad? —inquirió la joven, cuidándose de darse la vuelta de tal modo que ninguno de los que se situaban junto a la hoguera pudiera leerle los labios —Hace tiempo leí que las personas forjan vínculos más fuertes cuando se encuentran en situaciones límites.
Kentin asintió levemente, pues él también recordaba haber escuchado algo similar. De hecho, a pesar de que ese tipo de asuntos no le iba demasiado, se había dado cuenta de que, a pesar de que no llevaban demasiado tiempo juntos, en el grupo estaban comenzando a formarse ciertas parejas, puede que no con intenciones románticas (de hecho dudaba que entre Weasel y Lysandro hubiera poco más que una amistad basada en que ella seguía empeñada en que le debía una) pero eran parejas a fin y al cabo. De hecho, la chica pelirroja aún llevaba el arco que, al parecer, le había dado este último, además de que seguían caminando juntos al principio de la comitiva, casi siempre en silencio, pero sin que esto pareciera molestarles.
El caso de Armin y Eider, sin embargo, le parecía diferente. Solían caminar juntos desde que abandonaron Bird's Cage, pero daba la impresión de que lo sucedido en las últimas horas había añadido algo más a su relación, aunque Kentin aún no tenía del todo claro lo que era. Quizás se habían convertido en aliados, fieles el uno al otro en cualquier circunstancia... o tal vez estuviera presenciando el inicio de una posible relación.
Esto último le hacía sentir algo incómodo. No era una incomodidad por la idea de que en un futuro tuvieran a una "parejita empalagosa" en el grupo, sino porque en cierto modo le daba la impresión de que Armin y Eider tal vez pudiera ser una especie de espejo de algo que en el futuro le tocase vivir a él. Las palabras de Ella seguían en su cabeza mientras fingía examinar el terreno: ¿acaso en un futuro muchos de ellos acabarían cayendo en las garras (al menos eso consideraba él) de una relación? Recordaba que, no hacía mucho, en una de esas tardes en las que no había nada que hacer, se dedicó a ver algunos vídeos en internet y acabó llegando a un llamado "Cómo sobrevivir al apocalipsis zombie". Cierto era que ellos no tenían que vérselas con muertos vivientes, pero la situación bien podría ser otro reflejo, volviendo a la comparación que había hecho antes mentalmente. Una de las normas que se citaban en aquel vídeo era "no incluyas en tu grupo a la clásica parejita". No añadía más detalles, pero tampoco eran necesarios: una pareja de tórtolos seguramente impediría el buen funcionamiento del grupo, podrían tener confrontaciones en un futuro por culpa de los celos o, si a uno de los integrantes le pasaba algo, el otro no dejaría de lamentarse. Y llevar con ellos a un plañidero no era algo especialmente ventajoso. Además, puede que incluso los integrantes de la pareja flaquearan, dedicando más tiempo a otras cosas que a intentar sobrevivir, haciéndoles débiles. Y Kentin odiaba ser débil.
Desde que aquel peculiar viaje comenzó, Kentin había intentado por todos los medios convertirse en una especie de líder, no porque quisiera el liderazgo como tal, sino porque se creía capacitado para sobrellevar esa situación mejor que los demás. Pero había algo más, otro motivo por el que se había esforzado en tomar el control y demostrar a los otros que él no era un blandengue: su pasado. Había sido un niño esmirriado, poquita cosa, y él mismo admitía que no precisamente muy agraciado. Su aspecto físico le hacía ser tímido, y esa timidez repercutía aún más en él, pues no creía valer la pena lo suficiente como para intentar cambiar aquellas cosas de él que no le gustaban. Pecaba de bueno, de inocente, de débil. Era el hazmerreír de la clase, e incluso una de sus compañeras, una chica que le gustaba desde que tenía uso de razón, le trataba como si no fuera más que una especie de mascota. La situación llegó a ser tan sonada que su padre no tardó en enterarse del trato que recibía su hijo en el instituto, motivo por el que lo mandó a la academia militar donde él mismo se había formado cuando era joven.
Al principio fue duro y la adaptación no le resultó nada fácil. Sus compañeros estaban ya entrenados cuando él hizo acto de presencia; sus músculos no tardaron en protestar de dolor cuando se vio sometido a unos entrenamientos que no había realizado nunca. Sin embargo, encontró una fortaleza interior que jamás habría creído tener y, cuando el curso terminó, el chico tímido y esmirriado parecía haberse desvanecido.
Para él, sobrevivir a aquella especie de holocausto nuclear era la prueba definitiva, el momento de demostrar que el cambio no había sido simplemente superficial, sino que por dentro también se había renovado. Ese comportamiento incluía distanciarse lo máximo posible de algo que pudiera hacerle parecer débil, y una relación con alguien quizás lograba que esa aparente dureza se desvaneciera. Por eso, a pesar de que Ella comenzaba a ser importante para él, pues era una de las primeras chicas que realmente parecía buena, además de ser con la que más tiempo pasaba caminando, trataba de negárselo a si mismo. Claro que cada vez le estaba costando más.
El sol ya se había asomado del todo por el horizonte cuando Armin se sacudió las manos, manchadas de tierra. Tras retirar los huesos de la pira, decidió darles sepultura. No quería dejar los restos de su hermano tirados de cualquier manera por el bosque y, como bien le señaló Nathaniel, era poco adecuado que transportaran los huesos con ellos, primero porque no tenían modo de llevarlos, y luego porque serían una carga adicional. Fue en ese momento cuando Armin tomó la decisión de cavar una tumba, aunque fuera poco profunda, y guardarlos allí.
Eligió un sitio al pie de un gran árbol y con sus manos desnudas comenzó a cavar. La tierra seca por el verano no era fácil de manipular y pronto sus manos comenzaron a doler, pero Armin se limitó a apretar los dientes y a seguir con su trabajo. Eider, sin mediar palabra, saltó al pequeño hoyo que había conseguido abrir y se puso a ayudarle. Ambos trabajaban en silencio, sus rostros concentrados, sus frentes perladas de sudor. Cuando la tumba pareció tener una profundidad adecuada, depositaron los restos con el mayor cuidado posible para luego dejar caer sobre los mismos sendos puñados de tierra hasta que estuvieron cubiertos.
Fue en ese momento, ya sin restos a la vista, cuando Armin finalmente se derrumbó, abrazándose a Eider y dejando que las lágrimas rodaran, abriendo surcos blancos en la mugre de su cara. Los demás les observaban en silencio, quietos, no queriendo interrumpir el duelo del chico. Nadie hizo movimiento alguno hasta que, finalmente, el joven se limpió las lágrimas y comenzó a caminar, siguiendo la misma dirección que habían tomado siempre. Sólo entonces los demás volvieron a reemprender la marcha.
Al norte de la ciudad se alzaban diseminadas por las colinas unas cuantas granjas. Antes del ataque habían sido explotaciones ganaderas, pero a pesar de la distancia entre la urbe y aquellas construcciones, muchos de sus habitantes habían decidido huir. La cercanía de una ciudad destrozada por una bomba nuclear nunca es algo agradable, pero a él no le importaba. ¿Acaso iba a huir del castigo divino contra ese núcleo de corrupción?
Desde hacía unos años había escuchado la voz de Dios, siempre anunciando que el castigo de la humanidad estaba cerca, un castigo a base de fuego y sangre. La gente a la que entonces se lo había contado lo había tachado de loco, pero él no cesó en su empeño. Abandonó a su familia y se dedicó a predicar por las calles. No tardó en tener a un pequeño grupo que creía las palabras que él predicaba.
Se instalaron en una casa abandonada fuera de la ciudad, en una de esas granjas alejadas de la urbe. Allí estableció un culto nuevo al aquel dios vengativo, un culto que trataba de aplacar la sed de sangre del creador con la sangre de sus fieles. Ellos, habiendo ofrecido tal cosa, quedarían libres del castigo, cosa que había podido comprobar.
—¡Padre Clark! —una vocecita le hizo girarse hacia la escalera que conducía al desván donde él tenía su dormitorio. Por la trampilla de la misma se asomó la cabeza de una niña rubia y rostro sucio —¡Han visto a un grupo de infieles de camino hacia aquí!
El hombre sonrió, enlazando sus manos frente a su pecho, postura que solía mantener, quizás pretendiendo tener un aspecto beatífico.
—Ya sabes lo que hay que hacer, Martha —dijo simplemente.
La niña asintió y desapareció con la misma velocidad con la que hizo acto de presencia. Clark no pudo menos que sonreír. Sí, definitivamente Dios estaba de su lado.
La idea del villano fue dada por karychela hace tiempo (según el mensaje, el 18 de junio XD), cuando pedí que los lectores podían mandar antagonistas para ser incluídos en el fic.
Si os ha gustado el cap, como siempre, os animo a darle al botoncito. No os cuesta nada y vuestros reviews me hacen muy feliz.
