SACRIFICIO I

Bella POV

Aun estaba temblando cuando Edward me sentó en el sofá de cuero negro de su habitación. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no había reparado en que era la primera vez que entraba a su habitación desde que había venido a vivir con la familia. Al poco tiempo Alice y Emmett entraron cerrando la puerta a sus espaldas.

-Esto es increíble, Carlisle está loco- masculló Emmett cerrando sus puños, convirtiéndolos en dos bolas metálicas capaces de romper una pared con suma facilidad.

-No sucederá nada Emmett. No van a quedarse por más tiempo -dijo Alice tocándose la sien, para enfatizar sus palabras. Después de que dos de los tres vampiros que se habían acercado a nosotros se fueran, uno de ellos, el que aseguraba no ser peligroso, fue invitado por Carlisle a nuestra casa. Acto que nadie en la familia parecía aprobar, y parte de mí sabía que mi padre no estaba del todo conforme con ello, pero no le convenía buscar pleitos con alguien que al parecer había escogido mantenerse al margen.

-No me gusta nada… ¿Qué fue lo que pensaba el otro?- le preguntó Emmett en un susurro a Edward. Los ojos de Edward fueron hacia los míos, podía verlos turbados, llenos de preocupación…y de temor.

-James quiere a Bella.

-Eso puede solucionarse…nada que no podamos arreglar rápidamente -escuché a Emmett.

-No lo entiendes…-suspiró Edward recostando su cabeza contra el respaldo del asiento y llevando sus manos a su rostro. –James es un cazador…no va a detenerse hasta conseguir lo que quiere -mi cuerpo tembló ante sus palabras; James, el cazador –como Edward le había marcado- me quería a mí. A cualquier precio.

-No se la voy a dejar fácil -acotó Jasper. Entonces la puerta de la habitación se abrió, Rosalie se escurrió por la abertura y la cerró a sus espaldas.

-Ese Laurent hace demasiadas preguntas, no me huele nada bueno. ¡Sabía que esto iba a suceder!- exclamó fijando sus oscuros ojos en mí. Avergonzada y a la vez sobrepasada aparté mi mirada de ella. Alice, como siempre que Rosalie comentaba algo sobre mí, saltó en mi defensa.

-Rose, ¿Cómo puedes ser así? ¿Crees que ella se está divirtiendo con todo lo que sucede? Debe estar aun más aterrada que tú. Cualquiera de nosotros puede defenderse con facilidad…ella no.- A este punto, Edward me había acomodado sobre su regazo, y presionó mi rostro contra su pecho tapando mis oídos, pero yo seguía escuchando atentamente. Merecía cada una de las palabras de Rosalie…siempre le traía problemas a mi familia. Y que fuera el punto más débil me molestaba en sobremanera.

-No dije que fuera su culpa. Es obvio que la culpa la tenemos nosotros, por haberla dejado vivir en nuestra familia.- Masculló moviendo su sedosa cabellera rubia hacia uno de sus hombros.

-¡Rose!- siempre había pensado que Emmett solía dejarse controlar bastante por Rosalie, siempre accedía a sus peticiones y caprichos, pero nunca le había visto usar ese tono de enfado con ella, y menos fruncirle el seño. Hasta pude ver la sorpresa reflejada en el rostro de Rosalie.

-Es verdad…quizás hasta hubiera sido mejor para ella que James la matara también- Alice, Jasper, Emmett y Edward se habían sobresaltado cuando Rosalie nombró al vampiro, pero estaba segura que fue más bien por lo que dijo después, 'que me matara a mí también' También. Algo me decía que el principal punto de preocupación y miedo por la aparición de este vampiro no era por que me quería a mí. Él no iba a meterse en un juego mortal por un simple humano…si no porque había un aliciente que le hacía desearme con más fuerzas, sin importarle con cuantos más como él tuviera que enfrentarse, o cuantos compañeros u aliados tuviera que sacrificar.

No dije una sola palabra, no necesitaba, estaba completamente segura y confiada de que la expresión de perplejidad y confusión en mi rostro habló por mí misma. ¿Qué fue lo que Rose quiso decir?

-Lo siento- murmuró Rosalie más a sus hermanos que a mí, entonces caminó hacia la esquina de la habitación y se recostó contra la pared, mirando al ventanal.

-Bella…Rosie no sabe lo que dice, está un tanto desolada por todo esto. Solo tiene miedo - me dijo Emmett arrodillándose frente a mí. Hiciera lo que hiciera, dijera lo que dijera, Emmett jamás estaría enfadado con Rosalie. Podía ver en sus ojos, sentir en sus palabras que no importara cuánto daño causara, o cuánto se equivocara…él siempre la amaría y daría…haría todo por ella. Y no lo culpaba, yo me sentía igual por Edward.

Nadie más hablaba, y Emmett no volvió a disculparse por Rosalie. Visto que ella era la única a la que le importaba poco como para decir lo que realmente pensaba, estaba segura de que ella podría decirme el significado de sus palabras. –Rosalie- que la llamara sorprendió tanto a ella como al resto -¿Qué quisiste decir?

Rosalie, sin saber qué decir, miró a nuestros hermanos en busca de alguna soga que pudiera sacarla de la incómoda situación en la que ella misma se había metido. Edward sacudió su cabeza suavemente, pero lo suficiente como para que yo lo notara.

-Ya no soy una niña- le espeté alejándome de él –tengo derecho a saber qué quiso decir…no lo dijo porque sí -Edward bajo su cabeza e inmediatamente me sentí mal por haberle hablado de esa forma. Apoyé la palma de mi mano sobre su mejilla. –Por favor, Edward…por favor… sea lo que sea…

-Emmett y yo te encontramos cuando eras pequeña- comenzó Alice, narrándome la misma historia que me contó hacía pocas semanas, cuando supe que Charlie Swan era mi padre. Entonces cuando parecía que había acabado con la historia, Alice respiró profundamente y dejó caer sus brazos al costado de su cuerpo –James es el vampiro que mató a tu madre.

Quizás no reaccioné del modo en que ellos hubieran esperado, o quizás sí. Estaba tan acostumbrada a los sucesos extraños en mi vida que ya nada parecía sorprenderme. Entonces algunas piezas parecían encajar…por qué todos estaban tan preocupados cuando los otros vampiros llegaron, por qué Edward actuaba de manera tan sobreprotectora y por qué Rosalie había dicho lo que dijo.

A James se le había escapado una presa. Yo. Y por la expresión en el rostro de Edward no iba a dejar que me escapara de sus manos ahora que me había encontrado. Sacudí mi cabeza al recordar a aquel vampiro. Su cabello medianamente largo peinado en una prolija coleta, la chaqueta de cuerpo roída abierta, exponiendo la brillante piel de su cuerpo. Y sus ojos. Unos ojos a los cuales no me acostumbraría probablemente jamás. Aquel color carmín oscuro como la sangre inundando los alrededores de sus pupilas, centelleando de rabia al ver que su blanco era protegido incondicionalmente por otros vampiros que no planeaban para mí el mismo destino que él. Seguramente le sonaba a una especie de desperdicio…temblé ante mis pensamientos.

Edward envolvió sus brazos a mi alrededor y comenzó a pedirme que me tranquilizara, asegurándome que todo iría bien, que el jamás permitiría que James o Victoria –su pareja- se acercaran a mí. Y eso me mortificaba, saber que era capaz de sacrificarse por mí, era algo que no podía soportar. Entonces escuché nuevamente el ruido de la puerta.

-Se ha ido. Dijo que James no va a quedarse conforme con…que iba a hacer hasta lo imposible- anunció Carlisle, quien venía acompañado de Esme.

-Perfecto estaremos esperándolo. Jasper compañero después de tanto tiempo sin acción… -interrumpió a Emmett

-¡NO!- grité desesperada al escuchar los absurdos planes de mi familia. ¿Acaso estaban todos locos?

-Estoy de acuerdo- masculló Rosalie.

-Bella…tienes que tener más confianza en nosotros…ellos son dos y nosotros somos más- miré alrededor. ¿Cómo podían alegrarse ante la idea de una pelea? Yo no podía…no podía dejar que saliera herido nadie por mi causa. Ninguno de ellos se parecía a los otros vampiros, sus aspectos diferenciaban bastante y de seguro su ferocidad y fuerza también.

-Tenemos que separarlos.

-Sí, funcionará…pero, ¿Qué hacemos con Bella?

-Ella puede quedarse con alguno de nosotros…si logramos que James y Victoria sigan a dos grupos separados de nosotros…al menos hasta que sepamos qué más podemos hacer…

-¿Cómo hacemos para que crean que viene con nosotros?- las conversaciones se oían nubladas para mí. No prestaba atención en nada hasta que Edward se apartó de mí.

-No ¡Edward!- grité estirando mis brazos hacia él. Edward, quien no se había apartado más que unos pocos pasos de mí- se arrodilló en el suelo y acomodó mi rostro entre sus frías y duras manos.

-Bella va a estar todo bien…confía en mí…solo quiero ponerte a salvo -escuché un fuerte suspiro y Rosalie se acercó a nosotros.

-¡Rosalie! Eso es una fantástica idea… ¿Piensas cobrarnos algo por ella?- dijo Alice apoyando sus manos sobre su caderas. Rosalie le rodó sus ojos y luego miró a Edward. Sabía que le estaba diciendo algo en su mente, por su expresión y por la media sonrisa que se formaba en sus labios.

-Gracias Rosalie, de verdad- le dijo haciéndole una reverencia con su cabeza en agradecimiento. Alice se llevó a Esme fuera de la habitación…

-Ustedes tienen que irse- acentuó Rose señalándole a Carlisle, Emmett y a Jasper la dirección de la puerta. Ahora me sentía un poco nerviosa. Rosalie se alejó y corrió las cortinas, de modo que nadie pudiera ver hacia adentro, y entonces me sentí más nerviosa sabiendo de quién nos ocultábamos. La simple idea de que James estuviera fuera me aterraba.

-Edward, tú también tienes que irte…

Mi corazón dio un vuelco cuando las manos de Edward abandonaron mi rostro y le vi dirigirse hacia la puerta. Iba a llamarle, pero Rosalie estaba a mi lado.

-Bella…no te preocupes, no voy a morderte -apuntó seriamente, pero su rostro se suavizó cuando una sonrisa juguetona cruzó sus labios. Era la primera vez que Rosalie reía sinceramente conmigo. –El plan es simple, por el momento. Tenemos que intercambiar de ropa…por lo que tú te pondrás la mía y yo la tuya, así confundiremos nuestros aromas. Alice llevó a Esme a ponerse alguna de las ropas que usaste ayer por la tarde, así tu aroma está más intenso. – Yo le di una mirada de confusión mientras Rosalie se quitaba la camisa, entonces le imité, desabotonando la mía.

-Saldremos en dos autos por separado, Alice vio que funcionará. James seguirá a uno y Victoria al otro. Los separaremos lo más que podamos…y luego…bueno, seremos un poco duros con ellos. Jasper y Alice se quedarán contigo…

-Gracias Rose -murmuré mientras tomaba la camisa que me extendía.

-Bella…sé lo que debes pensar de mí –alzó su mano para detenerme cuando me vio abrir la boca para contestarle –No te culpo, me lo merezco y no voy a pedirte perdón…realmente tengo una postura bastante diferente de la de mi familia cuando se trata de ti. Solo quiero que sepas que no es nada personal. Podría haber cualquier otra persona en tu lugar y yo sería la misma, tendría las mismas actitudes…solo creo que fue una pésima decisión la de dejarte con nosotros.

-¿Si fuera como ustedes me tendrías menos odio?- los ojos de Rosalie se abrieron desmesuradamente.

-¿Qué idiotez dices?- no le contesté, solo bajé mi cabeza mientras me ponía su camisa, aspirando su dulce aroma. –No sabes de lo que estás hablando…no tienes ni la más mínima idea- masculló con un tono tan tajante que no me atreví a contestarle nada más. –No sabes nada de lo que es ser uno de nosotros…

El poco tiempo que seguimos intercambiando las ropas lo pasamos en el más absoluto de los silencios. Ni ella emitió sonido alguno ni yo. Hasta pude escuchar el suave golpeteo de mi corazón contra mi pecho cada vez que alzaba la vista y me encontraba con el ceño fruncido de su hermoso rostro. Lo que le había dicho le había molestado…demasiado.

Cuando bajamos al hall vi a Esme vestida con el conjunto que había usado ayer en la tarde para ir de paseo con Edward. Edward. Mis ojos fueron instantáneamente hacia él. Estaba recostado contra la pared a un costado de la puerta que daba al salón familiar, me acerqué rápidamente hacia él, pero Edward decidió no hacerme caminar tal corto trayecto y en la mitad del camino mi cuerpo colisionó contra el suyo, envolviendo mi cintura con sus marmóreos brazos.

Mis pies se separaron del suelo, y mis labios se encontraron con los de él en un beso desesperado. Un beso que me heló la sangre. Estaba cargado de miedo y desesperación, como si aquel beso fuera el último.

Esa noche no prácticamente no dormí. No habíamos recibido noticias de ninguno de ellos y a pesar de que Alice veía que el plan funcionaba a la perfección, no podía evitar sentirme aterrorizada de perder a alguno de ellos, y menos a Edward.

Cuando el cielo comenzó a aclarar, Alice me acompañó en la cocina mientras desayunaba. Ambas permanecíamos sumidas en el más absoluto de los silencios mientras contemplábamos nuestros celulares. No solía prestarle mucha atención al mío, pero desde el momento en que Edward y mi familia abandonaron la casa siendo perseguidos por dos sádicos vampiros, se había convertido en una parte de mi cuerpo.

La pantalla del de Alice titilaba con el reloj, y el mío simplemente estaba cerrado, pero con la pantalla a la vista en caso de que alguien llamara.

-Todo va a estar bien Bella…ellos están bien, puedo… - ambas nos sobresaltamos al escuchar un temblor en la superficie del desayunador. Alice tomó su celular y lo abrió rápidamente.

-¡Esme! Oh Dios nos tenían preocupados, bah más bien a Bella…sí…Ellos… -Alice se reclinó sobre sus codos hacia la mesada, conocía esa expresión en su rostro, sus ojos fuera de foco y su ceño fruncido. Estaba teniendo una visión. Esta vez fue más rápido de la última vez que le vi en ese estado. Alice dirigió su mirada hacia mí antes de volver a situar su boca en el parlante del teléfono. –Sí, los vi…no va a seguirles por mucho tiempo…ella se escapará…está bien. Adiós.

-¡Alice! ¡Alice!- le grité antes de que colgara el teléfono, tenía ganas de hablar con mis padres, pero ella se me adelantó y terminó la comunicación.

-¿Alice?- me volteé, Jasper obviamente había escuchado el teléfono sonar y mis gritos. -¿Qué sucedió?

-Hablaron con Edward…James ha dejado de perseguirles y no consiguen hallar su rastro. Carlisle dice que Victoria aun va detrás de ellos…pero vi que no será por mucho tiempo. Esme teme que puedan venir aquí…que sepan que estamos los dos solos con ella -llevé mis manos a mi boca para ahogar un grito. Jasper se mostraba indiferente, lo cual no me preocupaba…sabía que podría defenderse fácilmente. Pero Alice…era tan pequeña, tan dulce…no quería imaginármela enfrentándose a aquella vampiresa de aspecto tan amedrentador.

-Tenemos que pensar en algo…no podemos dejar que se acerquen -comenzó Alice, pero entonces sonó mi celular. Me extrañó ver en la pantalla del mismo el teléfono de Carlisle, hacía apenas unos pocos minutos habíamos terminado de hablar con ellos. Quizás se había olvidado de algo.

-Hola- le saludé extrañada. Alice me miró sorprendida, seguramente preguntándose de quién se trataba. Lo que no me esperé jamás fue oír una voz áspera y gruesa, pero agradable.

-Bella, qué gusto -la voz me sonaba tan poco familiar como inesperada. Miré a Alice y a Jasper, aun no segura de que debía hacer, estaba cien por ciento segura de quién se trataba y me había puesto los pelos de punta. –Espero que tu papá no se moleste por haberle robado el teléfono…pero debía hablar contigo- dijo rápidamente- de seguro no estás sola…entonces saluda a alguien que suene creíble- dudé un buen tiempo con el teléfono sacudiéndose a causa de los temblores de mi cuerpo, Alice impaciente se acercó hacia mí. Entonces reaccioné.

-Jess…lo siento…no te oía bien- murmuré mirando de reojo a Alice. Jessica era la primera persona que se me había ocurrido y con la cual tendría varias cosas por hablar…por ejemplo el hecho de que le haya mentido sobre mis sentimientos hacia Edward. La expresión de sorpresa y temor en mi rostro iban bien con la charla pretendida.

-Suenas demasiado asustada como para hablar con tu amiga…será mejor que vayas a otra habitación, no quiero arriesgarme…habla con tu amiga mientras caminas… ¡vamos!

-Jess…lo siento yo- le di una mirada a Jasper mientras me encaminaba hacia las escaleras –lamento no habértelo contado antes.

-Eso es feo… ¿teniendo secretos con tu mejor amiga?

-¿Qué rayos quieres?- murmuré mientras cerraba la puerta de mi habitación. Con suerte ni Alice ni Jasper escucharían.

-¿Es mal momento? Bueno entonces soltaré lo que tengo para decir…aunque esperaba un poco más de amabilidad de tu parte -solté una risa burlona mientras me acercaba a la ventana de mi habitación, mirando a través de las cortinas…algo me decía que James estaba bastante cerca.

No le respondí. –Bien…necesito que te alejes de tus niñeros… ¿puedes hacer eso?

-No- respondí sin siquiera pensar.

-Lamento oír eso…espero que seas un poco colaboradora…sé que tu Edward y el resto de tu familia irán para allá…y ya que al estar tan lejos y querer llegar lo más aprisa, estoy demasiado convencido de que tomarán un avión…así que sería buena idea que fueran a recogerles al aeropuerto, ¿No te parece?- no le respondí, seguí escuchando su atrapante voz como si me tuviera bajo un hechizo. James suspiró ofuscado. –Creo que no le encuentras algo lógico, verdad…bien, te lo diré de esta forma. El hecho de que tu familia te defienda…es algo molesto, Bella…son un obstáculo entre tú y yo.

-Entonces no me persigas -mascullé. James soltó una tétrica risotada que me heló la sangre.

-Bella…eso es imposible. Ahora bien, decidí cambiar de estrategia…serás tú la que venga a mí.

-¿Y qué te hace pensar que yo haría tal cosa? Mi familia se esta sacrificando por protegerme…

-Ese es exactamente mi punto. Bella, está en tus manos si quieres o no sacrificar a tu familia. Victoria está al aguardo de mi respuesta para atacar a tus padres…y yo con facilidad podría deshacerme de tus hermanos…- enmudecí ante sus palabras. Luego de haber visto el aspecto de James en la entrada de mi casa, tan salvaje…y la mujer que estaba a su lado, Victoria, con ese aspecto leonino y feroz. Comparados con cualquiera de mi familia daban miedo… ¿Qué era lo que iba a hacer? No quería que mi familia saliera herida por mi causa…

-Yo…-murmuré confundida.

-A ver si esto te convence más, si tú no vienes, tendré que deshacerme de los obstáculos…uno a uno…hasta llegar a ti. De todas formas sales perdiendo, ¿No crees que sería mejor si dejas fuera de esto a tu familia?- No le contesté, aun permanecía lo bastante aturdida cuando soltó su golpe de gracia –Creo que Victoria va a divertirse con tu madre…y de seguro adorará ver rodar la rubiecita cabeza de tu hermana… ¡Y para qué mencionar a la pequeña!

-¡NO!…para- sollocé. No quería imaginarme nada ello…no quería que ocurriera nada de eso. –Está bien…está bien…iré…- me sentencié suspirando. –Trataré de convencerlos de ir al aeropuerto.

-Excelente Bella, siempre es bueno llegar a un acuerdo. Ahora bien…una vez que estés allí, aléjate de tus hermanos y llámame al teléfono de tu padre así arreglamos donde será nuestra cita.

-Solo promete que no les harás daño- le rogué mientras que el teléfono temblaba en mi mano.

-Te lo prometo…a menos que ellos vengan tras de mí…espero tu llamado -y el teléfono enmudeció.