(N/A) Por motivos de que en mi mente creí que me tomaría menos el relato de la historia, pero en realidad salió más largo de lo calculado, este no será el ultimo capi. Mil perdón la demora, pero las vacaciones y los amigos me atraparon, jeje.


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La noche es lluviosa, se puede escuchar levemente la campana sonar, impulsada por el frío viento. Un par de pasos hacen chapotear el agua del suelo. Una mano abre rechinando la gran puerta de la iglesia. En su interior, un silencio sepulcral, o espiritual dado el lugar, varias velas encendidas a los pies de algunas esculturas de santos, un par más en el altar. El silencio es interrumpido por el ruido de los pasos que comienzan a aproximarse al confesionario, mientras un par de gotas caen de las ropas de aquella persona. Ingresa y se sienta.

-"padre… he pecado"- escucha el padre desde el otro lado, después de abrir la ventanilla de madera.

-"dime hija, cuáles son tus pecados"

-"he asesinado gente, muchos… ya he perdido la cuenta. Es un lucroso trabajo"

-"eres asesina a sueldo"- pregunta para aclararse.

-"así es. Muchos han sido por mi trabajo, otros, simplemente estaban al medio. Todos han sido criminales, delincuente de baja o alta clase, de alguna u otra manera. Pero aun así no me redime de mis culpas, nunca ha sido por justicia o algo parecido, solo es trabajo. Jalo el gatillo sin pensarlo dos veces"

-"… eso es terrible hija. Y dime, sientes remordimiento? … el Señor comprenderá si estas arrepentida, puede existir redención para tu alma si realmente lo estás"

-"la verdad padre… no me arrepiento de ninguna sola muerte, simplemente no siento aquello"

-"entonces no lo entiendo, porque lo confiesas si no sientes culpa"- pregunta un tanto desconcertado el sacerdote, en sus años escuchando pecados nunca se había topado con un caso como este.

-"porque solo quería preparar el terreno para sincerarnos… y dígame padre, cuáles son sus pecado?"- dice enfatizando sus.

-"como?"- preguntó sorprendido el hombre de Dios

-"un sacerdote corrupto, trabaja para Hiroshi Kaioh en su negocio redondo, el tráfico de menores…"- el apacible hombre se sobresalta ante las palabras e interrumpe.

-"que es lo que estás hablando?! Quien eres?!"

Pero en ese momento unas manos atraviesan de golpe la puerta de confesionario, agarrando al sacerdote de la sotana, atrayéndolo hacia afuera, encontrándose de frente con el inexpresivo rostro de quien creía muerta, Haruka Tenoh.

-"T-tú… no puede…"- dijo con voy temblosa.

-"shh… padre, no interrumpa, Dios nos oye, él quiere escuchar su confesión… Usted entrega a los niños huérfanos del hogar de menores de la iglesia, a cambio de generosas sumas para la fundación. Que lucrativo resulta ser para esta santa iglesia los pobres niños huérfanos, no? Además de la imagen de generosidad que trasmite Kaioh por ser el benefactor de esta fundación, subastas de caridad… todo aparenta ser bello, pero en realidad usted cría niños que convenientemente nadie conoce ni sabe que existen, para luego Kaioh venderlos preferentemente al extranjero. Todo sin levantar sospechas de niños desaparecidos"

-"T-tu estas… estas…"- preguntó temeroso ante el agarre y la lapidaria mirada de la rubia.

-"muerta? … sorpresa, tal vez alguien rezó mucho por mi alma… fue usted?"- pregunta eso último con sarcasmo.

El hombre ve por unos segundos esos ojos firmes, inspirando miedo. Luego respira hondo, calibra en su mente mejor la situación, entendiendo que esto no se trata de una aparición o visita del más allá.

-"sobreviviste… realmente eres muy buena, como el señor Kaioh pensaba"- dice más relajado. –"pero no… no se de lo que hablas"- dice nervioso.

La rubia frunce el ceño, lo que inquieta al hombre, que traga saliva con dificultad sin poder evitar mostrar el miedo de la situación. Aprieta el agarre de la sotana y con rapidez y brusquedad, lo arrastra hasta la pila de agua bendita, cerca de la entrada, y sin darle tiempo para nada le sumerge la cabeza. El hombre se mueve desesperado, tratando de soltarse en vano, mientras la rubia aun lo tiene agarrado, y con una mano empujando la cabeza del hombre para evitar que la levante del agua. Después de diez segundos la levanta, haciendo que el hombre desesperadamente trate de volver a respirar.

-"y bien… un poco de agua bendita le refresca?"

El hombre recupera en algo el aliento, y solo le mira sin decir nada mientras trata de controlar su respiración. La rubia le mira expectante, pero aun no escucha nada de hombre. Entonces toma de nuevo la cabeza para volver a sumergirla por esta vez unos cinco segundos.

-"bien… Dios… bien, es cierto…" – dice tosiendo una vez que tiene la posibilidad de inhalar aire nuevamente.

-"que es cierto?… dígalo"- dice con severidad.

-"yo… yo le entrego algunos niños huérfanos al señor Kaioh, preferentemente bebés recién nacidos, o niños más grandes… dependiendo de qué es lo que pidan"- dice intimidado por la fuerza del agarre.

-"cómo es que un hombre como usted está en medio de todo esto… dinero? Poder?"

-"Tú no lo entiendes! Hago lo mejor para esos niños!"- dice soltándose con violencia.

-"cree que lo mejor para ellos es asesinar a sus madres y venderlos como objetos"

-"yo solo trato de mejorar sus vidas!"

-"que le hace pensar eso"- pregunta con disgusto dibujado en su rostro.

-"esa gente paga millones por obtener un niño… tienen la posibilidad de tener una familia de verdad y evitar que crezcan en donde nacieron, con esas profanas que les tocó como madres. Lo único que hacen es ensuciar esta ciudad y criar más de toda esta basura. Su ineptitud como madres solo provocará lo inevitable… esos niños crecerán y también serán delincuentes, drogadictos, o prostitutas, sin salir del circulo de inmundicia. Incluso muchas de ellas intercambian a sus hijos por drogas o dinero. Yo les doy la oportunidad de tener una nueva vida, lejos de esta ciudad, con gente que puede darles un futuro mejor"

-"y que sucede con los que no son bebés, los que son más grandes… aquellos que los compran para inducirlos en redes de prostitución o trafico de drogas, o otras cosas peores. Usted no los ayuda, si no todo lo contrario, los arroja usted mismo al abismo"

-"no puedo salvarlos a todos… además es algo que también lo harían en esta ciudad… yo solo trato de limpiarla"

La rubia frunció el ceño y apretó sus puños, agarrando nuevamente su sotana con agresividad y dándole un golpe en su mentón, para luego soltarlo, cayendo al suelo, tomándose la zona golpeada como si eso aminorara el dolor.

-"son solo niños… quien se cree que es para determinar cómo tiene que ser sus vidas!"

-"soy un emisario del Señor!… y él los abandonó a su suerte, no los quiere aquí!"

-"como puede mal interpretar tanto lo que predica su propio Dios… lo que hace no está ni cerca de ser lo mejor para ellos o para esta ciudad. No es más que un sacerdote demente hambriento de dinero y poder, que se suma a la basura de esta ciudad. Usted no es un salvador, es un criminal más, y en algún momento recibirá su castigo"

-"tus manos están tan manchadas como las mías… gracias a tu ayuda se recolectaron a muchos niños antes"

-"lo sé… también recibiré mi castigo por ello"- camina para acercarse a él. –"ahora, tengo curiosidad… ¿Cómo lo hacen para poder sacar a los niños de la ciudad sin levantar sospechas.

-"para que quieres saberlo, es que no recuerdas cómo lo hacían cuando tú colaborabas?"- la rubia al principio se sorprendió, pero luego frunció el ceño.

-"quiero saberlo… cómo lo hacían cuando yo estaba en eso"

-"entonces era verdad lo de tus problemas de memoria"- dijo un poco en burla.

-"habla!"

-"tú dabas la cara, debías fingir que todo estaba bien, así no habían sospechas de que sucedía algo malo y nadie cuestionaba a un grupo de niños juntos. Con la ayuda además de un par de policías corruptos y tu presencia, marchaba todo bien...Eso tenía entendido al menos. Luego huiste y los planes debieron cambiar"

-"ahí entra usted, no?"

-"espero haber saciado tu curiosidad"

-"no del todo… cómo lo hacen ahora"- no respondió. –"escuche, no quiero ser violenta para sacar la información, está advertido"- después de unos segundos de pensarlo, decidió hablar.

-"ahora hay que sobornar a un par de más personas para evitar sospechas y que sea todo limpio. Los llevan en la madrugada a un galpón, dónde en un camión son trasladados a la región del sur, y ahí embarcarlos en la costa al extranjero como cargas"

La rubia frunció más aun el ceño. Esa manera de hablar de aquel que se hacía llamar un hombre de Dios, le irritaba de sobremanera. Ese cinismo y convicción propia de que lo que hacía era por el bien general de todos, y luego por el día, dictar sermones de moralidad y paz y amor, para luego escuchar los pecados de todos quienes confiaban en su persona, simplemente le hacía aborrecerlo. Le miró con desprecio, el hombre pudo notarlo y decidió hablar.

-"y que es lo que pretendes hacer ahora… me matarás por lo que hice?... anda hazlo, precisamente aquí, frente a él"- dice alterado apuntando a la cruz tras el altar.

-"no le daré el gusto de convertirlo en mártir… usted se hundirá solo"- voltea para comenzar a caminar a la salida.

-"Tú eres peor Haruka Tenoh… a tus manos a muerto mucha gente! Has arruinado vidas, te hundirás por tus pecados! Así como lo hizo toda tu familia… desde el día que naciste eres tu propio pecado, y Dios jamás podrá perdonarte por todo lo que has hecho desde tu infancia, hasta tu muerte"- pero la rubia continuó caminando, dejando al sacerdote en el suelo mientras gritaba. –"… el señor Kaioh acabará contigo apenas se entere de que sigues con vida"

Eso hizo que detuviera sus pasos. Al hacerlo, el hombre cayó, dibujando una sonrisa en sus labios. La rubia entonces volteó hacia él, para mirarle con atención, y luego ser ella quien comenzaba a sonreír.

-"entonces no se debe enterar de que vivo, al menos no aun"- dijo caminando con lentitud hacia él, quien al notarlo borró abruptamente la sonrisa.

-"no… no! aléjate de mí"- al tenerla cerca, se apodera de él la desesperación y habla sin pensar. –"conozco de una chica que estará feliz de saber que estás viva…"- dice cubriendo su cabeza con sus manos. –"… te suena, Michiru Kaioh?"

La rubia inmediatamente frunce el ceño al escucharle nombrarla. Si aquel sacerdote hubiese sabido lo que creía la rubia de Michiru en ese momento, no se habría atrevido siquiera a nombrarla. Decir su nombre sólo le corroboró que el sacerdote hablaría, arruinando sus planes. Para la rubia, el apellido Kaioh corría en ambos. Si, nombrarla fue un grave error.

-"si…"- dice fríamente. –"… me suena"- acto seguido, un golpe.

Por más que quiso huir, la rubia ya lo había alcanzado, tranquilizándolo con un par de golpes localizados para que inmediatamente perdiera la conciencia. Lo ató y amordazó con firmeza para esconderlo dentro del confesionario. Sabía que con los golpes que le dio, permanecería inconsciente al menos por un día. Lo necesario.

Caminó y se detuvo para mirar unos segundos al altar, y a esa imagen que sentía le miraba directamente. Observó con detalle, sintiendo como si fuese una mirada de reproche.

-"pagaré por mis culpas… pero después de que ellos paguen"- dicho esto volteó hacia la puerta, con paso lento y sonoro, haciendo eco, saliendo por la puerta.


Llevaba días con aquella arma escondida bajo el colchón de su gran cama. Apenas se encontraba sola, la sacaba de su escondite y la observaba, planeando cómo utilizarla. Jamás creyó que llegaría el momento en que estuviese decidida a usar un arma contra alguien, contra su propio padre. Pero el odio era mucho, el dolor de la pérdida era demasiado, y si se iría de aquel mundo, antes le haría pagar. Escuchó golpear la puerta, por lo que rápidamente dejó sus pensamientos de lado y volvió a esconder el arma.

-"adelante"

-"con permiso señorita Michiru, le traigo el desayuno. Veo que luce mejor el día de hoy"- dijo la empleada.

-"gracias, deje la charola allí por favor"- dijo con una fingida sonrisa. La mujer asintió de la misma manera y salió.

Debía aparentar lucir bien para evitar que volviesen a suministrarle drogas que le hiciera perder la lucidez, pues asesinar a nada menos que Hiroshi Kaioh no era tarea fácil. Y lo había conseguido, hace ya más de cinco días no estaba siendo medicada a la fuerza con esos tranquilizantes que la imposibilitaban a hacer nada.

Pero ya no aguantaría más tiempo, esa misma noche lo haría. Esa noche acabaría con todo.


Era ya aproximadamente las tres de la madrugada, ese silencio que deja la lluvia cuando apacigua. El ruido de la puerta de un automóvil cerrarse, y luego pasos. Un hombre se acerca a otro que mantiene sus manos en los bolcillos de su chaqueta, mientras el vapor de su aliento muestra la temperatura nocturna. El recién llegado enciende un cigarrillo.

-"maldito frío el de esta noche… debería estar en mi cama durmiendo"

-"ya deja de quejarte, nos pagan bien por hacer esto… encontraste al niño?"- dice botando una bocanada de humo, mientras se apoya en el camión.

-"si, después de mucho buscar encontré al estúpido mocoso. Aún no sé cómo se arrancó el infeliz, solo ha dado problemas"

-"dijo si había estado con alguien? O si le contó a alguien algo?"

-"el bastardo no quiere abrir la boca, solo me mira serio… pero puedo seguir intentando sacarle algo"

-"no es necesario, tengo instrucciones de matarlo. El jefe no quiere exponerse a algún error"

-"entiendo… quieres que lo haga yo?"

-"si… iré a revisar que esté todo bien con la carga antes de que vengan por ella"

Ambos caminan a direcciones opuestas, dejando ver cómo una silueta está tras unas cajas de un galpón abierto dentro de aquel terreno. Luego de escuchar la conversación de aquellos sujetos, se dispone a seguir sigilosamente a quien dijo ser el encargado de hacer el trabajo sucio con aquel niño que mencionaron. Mientras le seguía, uno de los focos que daban vaga luz al lugar, alcanzó a iluminar fugazmente su cabello rubio cenizo.

El hombre camina hasta llegar a una puerta que da a una pequeña cabina en aquel galpón. De esta, saca a arrastras a un pequeño. La rubia puede calcular que tiene unos seis años, cabello castaño y ojos azules. Se mantiene serio, mientras el hombre lo tironea hasta donde desea.

-"muy bien mocoso, hasta aquí quedaste… no dirás nada?"

Pero el niño permanecía serio, observando a aquel hombre. Frunció el ceño y le dio un golpe que le atravesó el rostro, haciéndolo caer al suelo.

-"ya no importa, de todas maneras tengo que matarte. Ya no sirves"

Sacó de su chaqueta una pistola, cosa que alertó a Haruka, quien se disponía a salir de su escondite tras una pared de metal, pero una voz a lo lejos le alertó y desistió.

-"ya los drogaste?"- se escuchó desde lejos el otro hombre, quien revisaba el camión. El sujeto voltea hacia atrás.

-"si… ya está todo listo"- responde gritando, para que el otro sujeto le escuche.

-"bien… acaba con eso de una vez entonces. Mientras antes terminemos, mejor"

-"en eso estoy"- gritó sonriendo después. Vuelve al chico y termina de sacar el arma. –"te llegó la hora"- dice apuntando al chico en la frente, quien lo mira aun serio, pero sus ojos reflejan el miedo.

-"no lo creo…"- escucha a su espalda, cosa que le hace voltear. Logra ver una figura que le apunta con un arma. –"… la hora, te llegó a ti"

Y dicho esto jaló el gatillo sin darle oportunidad de hablar. Un disparo certero en el pecho, que causa la muerte instantánea. El niño ve a aquella figura con temor, un poco más aun cuando nota que se le acerca, iluminando con tenue luz el rostro de su héroe, una chica.

El hombre que revisaba el camión voltea al escuchar el disparo, sonriendo para sí al imaginar que el niño estaba muerto, y continúa revisando la carga.

Luego de verificar que el hombre estuviese realmente muerto, la rubia se acerca al niño y le da un vistazo de pies a cabeza, mientras el chico aun le ve con algo de miedo. Iba a decirle algo, pero luego recordó al otro hombre.

Mientras cierra la puerta trasera del camión, el hombre apaga y enciende un nuevo cigarrillo, para esperar a la llegada de su compañero. Maldice entre dientes por el frío y la demora.

-"vamos! Que tanto demoras!"- grita mientras camina hacia donde se había ido su compañero. –"en cualquier momento vendrán a buscar al camión y no tenemos toda la… pero qué demonios"- exclama de pronto al ver el cuerpo en el suelo.

Voltea para estar en alerta, con intenciones de sacar su arma, pero Haruka apuntándole directamente de frente, no le da ninguna posibilidad. Un solo disparo.

La rubia baja el arma y camina hasta donde hace unos minutos su última víctima revisaba. Agradece para sí el que no lo haya alcanzad a cerrar con candado, y se dispone a abrir la puerta del camión. Lo que ve le sorprende, a pesar de esperarse algo así. Entra a la parte trasera del camión para ver de cerca, entre otras cosas que sirven para distraer, se encuentran cuatro bebés. El mayor no superaba el año de vida. Estaban dormidos, sin emitir ruido. Haruka recordó que el sujeto había mencionado que estaban drogados, seguramente para evitar que despertaran durante algún control.

Aún estaba sin poder calibrar muy bien la situación, no sabía cómo proceder ahora, qué hacer con ellos. Aquellos niños eran en ese momento de nadie, no tenían dónde volver, ni si eran liberados la posibilidad de correr o huir. Tampoco tenían conocimiento de su situación. Paso su mano derecha por su frente y cabello, la situación la tenía angustiada.

Se acercó a una de las cajas, que contenía papeles. Leyó un par, pudo entender el destino de aquellos pequeños, todos serían llevados a diferentes destinos de Europa, Norteamérica y dentro de Japón, y quienes serían sus compradores. Recordó las palabras del sacerdote, aquellos que compraban bebés eran familias adineradas que pagaban millones por la posibilidad de tenerlos como hijos.

¿Que debía hacer, que podía hacer por ellos sacándolos de allí? Eran solo bebés de meses. ¿Qué mejor podía hacer por ellos? Tal vez lo mejor era dejar que esto corriera su curso y no intervenir, ellos podían tener algo mejor fuera de la ciudad.

Salió de aquel compartimento y cerró la puerta trasera del camión. Pasó su mano por la frente, aun un tanto abatida por la situación, emitiendo un pesado suspiro. Ya lo había decidido, deseó y rogó por que fuese lo mejor, ya no había nada que ella pudiese hacer por ellos.

Escuchó unos pasos a su espalda que la sacaron de sus cavilaciones, volteó bruscamente, encontrándose con el niño de hace un rato. Le miraba con algo de timidez, tal vez por haber desobedecido la indicación que le dio. La rubia entonces recordó su existencia, él si estaba condenado si fuese traficado, aunque su condena era la muerte, pues eso fue lo que le habían ordenado a aquellos hombres.

-"cómo te llamas"- pero el chico no respondió, solo le veía.

Haruka respondió a esa mirada, algo en ella le hacía familiar. Era muy similar a la suya cuando era niña y comenzaron a iniciarla, una mirada perdida y asustada, justo antes de comenzar a perder la sensibilidad de las cosas. Ese niño aun estaba a tiempo.

-"tienes dónde ir?... que sucedió contigo?"- pero el niño seguía sin responder, solo observaba. La rubia comenzaba a perder la paciencia. –"mira… no tengo tiempo, paciencia ni experiencia en esto, si?... no te haré nada"

Pero no obtuvo respuesta. La rubia resopló y volteó para que no viera la cara de impaciencia que le estaba provocando la situación. Se rascó un poco la cabeza, sin saber qué hacer con el chico. De pronto escuchó un leve ruido que le hizo voltear.

-"que? Dijiste algo?"

-"Yori… me llamo Yori"- dijo tímidamente, sin dejar de verle.

-"tienes dónde ir?"- el chico negó con la cabeza.

Hubo un silencio, ambos se miraban, la rubia pensaba una y otra vez que hacer con el chico. Tal vez dejarlo a su suerte sería buena idea, después de todo suficiente era ya con salvarle la vida, pero sabía que resultaría de eso, un destino parecido al que ella tuvo, o lo más probable, la muerte segura.

-"demonios…. Me odiaré por esto"- murmuró fastidiada, con el ceño fruncido. –"no te muevas niño"

Tomó al chico como un saco de papas, y lo cargo sin mayores cuidados en el hombro y se dispuso a salir rápida y sigilosa del lugar, esta vez, acompañada.

A los minutos llegó un hombre al lugar. Se extrañó de no encontrar a sus compañeros por allí, pues se suponía que debían entregarle las llaves del camión y verificarle que todo iba bien. Los llamó pero no contestó nadie. Ya debía irse, pues se hacía tarde. Comprobó que las llaves estaban puestas en el camión y supuso que habían hecho lo suyo con el niño y se fueron.

-"malditos irresponsables… esto lo sabrá el jefe"- se quejó mientras subía al camión y encendía la marcha, partiendo con 'la carga'.


Apenas salió de su habitación, debió dar explicaciones a los dos hombres que custodiaban su cuarto, que quería hablar con su padre, así que la dejaran salir. Ninguno se opuso, y ella comenzó a caminar por el pasillo. Se extrañó que, a pesar de la hora, hubiera bastante movimiento. Fue a la recamara principal, pero no lo encontró, entonces supo que aun estaba en su oficina. Caminó hasta esta y si más la abrió, encontrándose con los sorprendidos ojos de su padre tras el enorme escritorio, de su presencia.

-"hija, que haces despierta a esta hora?"

-"necesitaba hablar contigo… que haces tú despierto a esta hora"- preguntó con tono frío.

-"estaba revisando unos papeles que no pueden esperar para mañana, son muy importantes… pero puedo dejarlos de lado si quieres hablar conmigo"

-"debo sentirme alagada de que dejes tus sucios negocios de lado solo por mi?"- dice con sarcasmo.

-"Michiru…"- suspira. –"… hija, algún día podrás volver hacer la chica de antes?"- preguntó de manera casi suplicante.

-"nunca… nunca más. Tú me mataste Hiroshi Kaioh, mataste a mi madre y mataste a Haruka. Tú me destruiste"- el hombre al escuchar esto se pone de pie.

-"que maté a tu madre? Quien te dijo semejante estupidez!"

-"nadie me lo dijo… yo misma lo averigüé… ella iba a dejarte y se iría conmigo, pero lo descubriste antes de hacerlo y no soportaste la idea…"

-"sería incapaz de hacer semejante… yo amaba a tu madre!"- interrumpe golpeando la mesa.

-"mientes! Tu no amas a nadie salvo a ti mismo y tu dinero!"- exclamó perdiendo la calma con la que había llegado.

-"yo te amo a ti hija… y eres tú la que acabas conmigo al decirme semejantes barbaridades… todo es culpa de esa infeliz que te lavó el cerebro, tu no eras así!"

-"ella me abrió los ojos… los ojos que tú mismo cegaste con tus mentiras. Tú eres una mentira!"

-"Michiru ya basta!"

-"… tu arruinaste la vida de muchos, eres el responsable de que niños inocentes tengan vidas miserables, los vendes como objetos, eres un monstruo!"- el hombre ensanchó sus ojos al oír sus palabras.

-"de… de que hablas"- dijo casi inaudible, sorprendido de qué tanto sabía su hija.

-"… pero sobretodo, fuiste el responsable de que su vida tomara ese rumbo. Mataste a su familia, acabaste con su infancia… y luego la mataste… por tu culpa ella ya no vive, ya no despierta mi lado, ya no puedo observarla ni tocarla, ni ver su mirada tímida o escuchar su voz que es el motor de mis días…"-

Continuaba hablando mientras sus ojos se vidriaban y perdían con cada palabra que pronunciaba, ante la mirada desconcertada de su padre al oír, para él, todas esas barbaridades. Mientras hablaba, su mano derecha se deslizaba lentamente tras su espalda, hasta rozar con la yema de los dedos el mango del arma que escondía a su espalda. Ya la tocaba, y tenía la intención de sacarla y dispararle, darle un tiro para descargar el dolor que volvía a sentir al recordar su angustia mientras hablaba. Su espíritu se llenaba de rencor. Pero de pronto un ruido en la puerta le hizo soltar abruptamente el arma.

-"señor, siento interrumpir"- irrumpió a la oficina uno de sus hombre.

-"pero qué demonios!"- golpeó la mesa el hombre. –"que es esta insolencia! no ves que hablo con mi hija!"

Michiru fijó su atención en el mango del arma que portaba aquel hombre en su pantalón, comprendiendo que no era el momento, pues si ella intentaba algo, lo más probable es que aquel hombre lo impidiera.

-"lo… lo se ss señor, pero…"- comenzó a tartamudear ante la reacción de su jefe.

-"descuide, me retiro a mi habitación padre, hablaré contigo en otro momento"- dijo con tono frío para salir de la oficina.

-"no, hija, Michiru… espera!"- pero ya era tarde, pues la chica había salido. Miró entonces con furia al recién llegado –"de qué demonios se trata pedazo de basura… más vale que sea algo importante!"

-"se trata del niño que había huido y que encontramos"

-"…y que debería de estar muerto a esta hora"- interrumpió.

-"volvió a escapar"

-"pero es que no saben hacer nada bien! no habías enviado a dos hombres a matarlo?! Es solo un maldito mocoso"

-"encontramos a ambos muertos, al parecer subestimamos a ese niño"

-"no quiero saber nada más de ese asunto, encuéntralo y mátalo… o si no quien morirá serás tú… entendido?!"- dijo con evidente fastidio.

-"s si señor"- respondió cabizbajo antes de retirarse del lugar.

En la oficina se quedó el hombre maldiciendo cómo todo se podía juntar de una vez. Aun así, el asunto del niño le restó importancia y fijó atención en su hija, si ella lo sabía todo, ya temía que nada le haría volver a recuperarla.


-"estás segura Alice?"- pregunta la mujer mientras camina rumbo a la puerta del sótano.

-"si Shellie, estoy segura que escuché ruidos abajo"

La chica observó cómo la mujer sacaba de atrás de un mueble de su oficina una escopeta y la cargó. Retomó el camino, seguida por una temerosa pelinegra. Abrió la puerta e inmediatamente gritó.

-"quien anda ahí!"- no hubo respuesta. –"sé que hay alguien aquí y juro que te moleré a disparos maldito infeliz… sal!"

Nadie contestó, por lo que decidió encender la luz y disponerse a disparar. Se llevó gran susto al ver a Haruka parada abajo observándole con su rostro serio habitual.

-"Haruka!! Qué demonios pretendes? Matarme de un susto?!"

-"dices muchas groserías cuando amenazas Shellie"- dice mientras da un par de pasos.

-"Haruka!"- dice emocionada la chica de volver a verla.

-"Alice, veo que aun sigues aquí"- dijo con un tono que contrastaba con el entusiasmo de la chica.

-"terminaste con lo que dijiste debías hacer?"- interrumpió la mujer con las miradas entre ambas.

-"no… hay algo que necesito que hagas por mí antes"- dice haciéndose a un lado, dejando ver al pequeño.

-"que… quien es ese niño?"- preguntó temerosa de lo que venía.

-"se llama Yori… iban a matarlo y… necesito que te quedes con él"

-"que?! Acaso crees que mi burdel es una guardería?! Te volviste loca?!"

-"te pagaré lo que sea…"- pero la mujer interrumpió.

-"no se trata de eso! No puedo cuidar a un niño, entiendes"

-"si puedes, alguna vez lo hiciste… conmigo"

Hubo un minuto de silencio, el que le daba a la rubia la segura victoria en la discusión, ese silencio demostraba duda.

-"y de que me sirve un niño en un lugar como este"

-"no sé, puede ayudarte con lo que sea, cualquier cosa es mejor que seguir en las calles. Si lo encuentran estará muerto"

-"demonios… sabes que te odio a veces"- le miró resignada, después de todo sabía que no podría negarse.

-"eso es un sí?"

-"alguna vez te he dicho que no?"

-"gracias Shellie… este es el último favor que te pido"- dice seria, cosa que extrañó a la mujer.

-"que quieres decir con eso?"

-"que debo terminar con lo que me propuse, después de esta noche, todo estará concluido… ahora debo irme"- se dirige al chico, que aun mira con timidez. –"escucha, puedes confiar en ella, nada malo te pasará si lo haces, si?"- el chico asintió con la cabeza.

Caminó hasta la escalera, pasando a un lado de la mujer.

-"porque lo haces?"

-"que cosa"

-"salvar al chico… que ganas con eso?"- hubo un segundo de silencio.

-"No me mal interpretes, no me interesa ese chico, ni nadie. Es solo que tal vez él si esté a tiempo… tal vez él si pueda salvarse"- dicho esto salió por la puerta. Al pasar a un lado de la chica, le murmuró. –"recuerda lo que te dije, tú también puedes hacerlo"

Salió del bar tan sigilosamente como entró, sin que nadie pudiera notar su presencia. Una vez fuera, notó que volvía a llover. Miró al camino y encontró una motocicleta estacionada al frente. Se sentó sobre ella, y con un manejo de cables que unió, logró ponerla en marcha. Esa noche acabaría todo. Todo.


Saludos a los lectores anónimos y los review que son mi cable a tierra de que tengo la responsabilidad de terminar una historia, jaja. Tal vez no estuvo muy intenso el capi, sobretodo si esperaban el final, pero es importante para el relato de la historia... al menos para mi si jaja. En fin, salu2!

Bsos

Bye!