Los personajes de Yuri on Ice no me pertenece.
Gracias por su apoyo, por sus comentarios, votos y vistas. Me alegra mucho que les esté gustando y espero seguir manteniendo el interés en esta historia que para mí es especial.
Agradezco a todos los que se animen a leer esta historia.
Capítulo 18: Lo que voy a mostrar.
Un par de días transcurrieron y Víctor se preparaba para regresar a San Petersburgo. Los asuntos de la federación estaban casi afinados y habían ya convocado a la prensa para que en dos semanas recibieran la noticia de que el gran Víctor Nikiforov regresaba al ruedo, pero esta vez como entrenador, y esta vez sí de un competidor ruso, Yuri Plisetsky. Habían hecho mucho énfasis en las nuevas condiciones y detalles importantes que se debía enfatizar, los mismos que provocaron en Víctor un gesto de fastidio. Él había pedido que la misma fuera en San Petersburgo, para no seguir retrasando sus entrenamientos por viajes imprevistos. Parecieron de acuerdo con ello.
Durante esos días, Víctor siguió entrenando a Yuri en la pista de Moscú, atendiendo sus saltos y luciendo más emocionado cuando veía a Yuri atender a sus indicaciones. Todavía era inconsistente la perfección de sus saltos cuádruples, pero se veía con mayor seguridad en el hielo, y se veía como si hubiera recuperado algo perdido. En la noche se encontraban en el departamento, donde preparaba la cena y a veces se sentaba a su lado para rever las presentaciones de Lilia, que Yuri no dejaba de repetir.
La música, los movimientos y las escenografías de las presentaciones dejaban en Víctor un cálido sentimiento, perdiéndose en toda la presentación. Yuri a veces no podía evitar mirarlo de reojo, observar la manera en que posaba su mejilla sobre los nudillos y la marca del anillo aún podía adivinarse, casi imperceptible. Los ojos de Víctor brillaban con una añoranza muda, y a veces a Yuri le gustaría saber qué clase de cosa recordaba al ver esos programas y si alguna vez fue cercano a Lilia como lo fue él.
—Ey. —Llamó su atención, luego de dirigir la mirada a la pantalla y apretar sus labios—. ¿Cuándo volvemos?
—Estaba pensando si hacerlo el sábado en la noche o el domingo temprano. —Respondió sin despegar la mirada de la bellísima secuencia de paso de Lilia—. ¿Cómo prefieres tu?
—Mañana quiero hacer algo, sería mejor entonces el domingo. —Víctor asintió escuchándolo—. Si todo sale bien, mañana te diré cuál es el tema que quiero usar para esta temporada.
—¿Really? —Yuri lo miró sorprendido, al escuchar esa expresión de nuevo en Víctor. No supo cómo tomarlo y se removió incómodo.
—Sí, mañana lo decidiré después de hacer lo que tengo que hacer.
—Bien, estaré esperando entonces.
La presentación acabó y Víctor no tardó mucho en desaparecer dentro de su habitación. Yuri había empezado a notar cosas en él que antes no había visto, cosas que habían provocado un cambio positivo en Víctor. No estaba seguro de que lo había hecho, pero ya no sentía ese aura triste que lo rodeaba los primeros días que compartieron el apartamento. Y de alguna manera, se sentía feliz de verlo. Y se preguntaba si sea lo que sea que haya encontrado Víctor, lo ayudaría a él también sentirse mejor consigo mismo. Porque a pesar de estar un poco enfocado en lo que debía hacer y decidido a demostrarle a la federación y a todos que podría volver a brillar como lo hizo en el pasado, seguía sintiendo un enorme agujero en el pecho.
Se recostó en el mueble, cubriéndose con la cobija que Víctor le había prestado. Mirando el techo, se dispuso a pensar en lo que haría el día siguiente. Quería visitar la tumba de su abuelo, pero quería hacerlo de forma diferente. Quería hacer las cosas distintas, para ver si tenía un resultado mejor a lo esperado.
Sacó su móvil de su refugio y volvió a ver en la pantalla la decena de chats que tenía pendiente. De algún modo había servido no dedicarse a explicar absolutamente nada, y a detenerse a pensar más en lo que él mismo sentía. Tratar de comprenderse un poco más y hallar lo que estaba mal en sí mismo. Ojala pudiera poner un orden a sus pensamientos, pero eso resultaba difícil y sabía que mientras no lo hiciera, el temor que tenía al aterrizar sus saltos no disminuiría.
Yuri comenzó a bajar y a bajar entre las burbujas de chats que tenía en su aplicación, hasta llegar a uno en particular cuyo número no tenia grabado. La foto mostraba a una mujer joven, muy joven y hermosa, de largo cabello rubio. Estaba vestida con un uniforme formal, de chaqueta negra y una camisa rosa debajo. Tenía un bolígrafo puesto coquetamente en su oreja, y sonreía a la pantalla mientras sus afiladas mejillas rozaban sus nudillos y los brazaletes cubrían parte de su muñeca. Sus ojos claros brillaban con felicidad y para Yuri, era un brillo tan doloroso que se sentía como una puñalada.
Al presionar la burbuja, la pantalla cambió mostrando solo mensajes de esa mujer. El último había sido hace seis meses. Yuri sabía que ya ella se había cansado de escribirle, de buscarle. También sabía que no estaba preparado para verla y estar frente a ella sin sentir que era una desconocida. Los mensajes, llamándolo y buscando, sus llamadas perdidas, sus reclamos y sus disculpas, todo eso llenó la pantalla que recibía un visto como respuesta.
No era el momento, no aún. Salió de la pantalla y miró de nuevo a la pared, sintiendo el efecto de una patada en su estómago. Abril estaba por acabar, no faltaba más que semana y media para hacerlo, y debía enfocarse en determinar su tema. Sabía que si veía o intentaba comunicarse con su madre de nuevo, lo llevaría irremediablemente al punto donde había estado un mes atrás.
Su madre, su abuelo, Yakov, Yuuri, Lilia, Mila, Otabek… Víctor. Todos ellos componían parte de su enorme pintura, todos ellos habían colaborado en mayor o menor medida lo que había en Yuri Plisetsky. Si intentara darle un nombre a los sentimientos que lo llenaban con cada uno de ellos, no podría hacerlo. Eran muchos, eran distintos, y era algo que no cabía en una palabra.
En algún momento se quedó dormido.
—¿Por qué no le contestas?
Yuri se vio en la pista de San Petersburgo, mirando a Víctor patinando en su práctica, mientras sentía la presencia de Yuuri a su lado, apoyado como él en la baranda. En sus guantes negros estaba su celular, y de nuevo había recibido una llamada de ella. Tenía tiempo llamándolo, intentando quedar con él y buscarlo porque después de su victoria en el GPF, estaba muy emocionada. Pero él no quería compartir su victoria, su triunfo, su logro, con alguien que no estuvo con él. No soportaría verla llenándose la boca usandolo, como si hubiera tenido algo que ver en eso.
Yuuri debió haber notado las llamadas insistentes, los mensajes vistos e ignorados. Se mantuvo en silencio mientras peinaba su cabello sudado hacía atrás y sus mejillas aún tenían rastros de la sangre que las llenaba por el ejercicio.
—Es mi madre —dijo, y recordó las facciones sorprendidas de Yuuri al escucharlo—. No quiero hablar con ella.
—¿Por qué?
—Porque no todas las mamás, son mamás perfectas como la tuya.
Yuuri no mencionó nada. Solo lo miró y luego posó sus ojos sobre las bancas, frunciendo ligeramente su ceño. Habían gestos que hacían que su rostro se viera más mayor, que gritaban cual era su edad. Ese era uno de sus gestos, y a él le llamaba mucho la atención.
Entonces lo miró regresar la mirada hacia su espalda, donde Víctor patinaba ajeno a ellos. Patinaba con gracia, con soltura, feliz de estar allí. Los ojos de Yuuri se prendaron de su espalda y Yuri aún así no dejaba de verlo.
—Nadie es perfecto, Yuri. Pero si quieren estar juntos, no debería ser eso un problema.
El recuerdo lo despertó muy temprano, dejándolo con esa sensación de vacío tangible. Su mirada atrapó las formas de la pared y al ver la hora, decidió que no podía quedarse allí y comenzó a prepararse. Se dio una buena ducha y se permitió tiempo para ver las huellas de sus pies, los moretones y magulladuras provocadas por el entrenamiento. El agua caía sobre su cabeza, alisando sus mechones rubios mientras su vista bebía la imagen de sus pies.
"Así que mira las heridas de tus pies y recuerda cuantas veces más se han herido, y cuántas más cicatrizados. Miralas con orgullo, porque eres fuerte, bellamente fuerte."
Las palabras de Lilia se habían grabado con fuego en sus ojos, en su mente, en su piel. Se sonrió al encontrar la fuerza que le hacía falta; ahora solo debía dirigir el impulso de esa fuerza. Ojala pudiera tenerla al lado, ojala pudiera abrazarla por la espada a su diminuta figura y escucharla a ella con su voz de mando, conteniendo la dulzura que sentía a través de su voz.
"Lo que ha cambiado, todos los hemos hecho. Lo hacemos todo el tiempo, todos los días. El tiempo es implacable y la juventud se envanece, pero la energía y la vitalidad que está en ti, Yuri, aún no se agota."
Tras arreglarse, Yuri encaminó sus pasos a a calle, recorriendo un camino ya conocido. Con sus manos enguantadas y guardadas en sus bolsillos, miró las edificaciones corrientes, los lugares que conocía y sabía cuáles eran. Miró por nostalgia y por reconocimiento.
Era el año 2022, mes de Abril. La primavera llegaba de forma muy tímida a los aires de Rusia. Yuri Plisetsky no era el mismo Yuri Plisetsky de antaño. Ya no tenía los 1,63 cm de altura, ni su diminuto peso de apenas 55 kilos. Ya no estaba viviendo con Yakov y Lilia viendo su extraña dinámica de ex casados y reconocimiento el cariño y el respeto que habían quedado intactos. Ya no tenía el enojo hacía Víctor Nikiforov, que había fallado su promesa, y lo había empujado a ir a Hasetsu. Ya no tenía a Yuuri como rival, ni sentía la necesidad de aplastarlo y reconocer su potencial. Ya no.
Yuri Plisetsky ya no era el del 2016, tampoco el del 2019. No tenía los 1,70 que había alcanzado y lo hacía ver más bajo aún que Yuuri, no tenía su destreza indetenible para saltar. Ya no tenía a Yuuri allí ayudándolo a encontrar de nuevo el equilibrio tras su estirón, ayudándolo a buscar el centro de su cuerpo en los saltos. Ya no tenía el terror de recordar noche tras noches la caída de Victor Nikiforov e imaginar lo horrible que debió haber sentido. No tenía a su abuelo llamándolo, pendiente de él, pendiente de si había comido, si no se había resfriado. No se sentía ya enojado y celoso porque Otabek había decidido iniciar su relación con Mila, tampoco se sentía frustrado cada vez que miraba a Yuuri con emociones discordantes, que dolía.
Yuri Plisetsky no era el del 2020. No era el que tenía ya 1,75 cm y su cuerpo había mutado para ser el de un hombre, para solo ver visto por Yuuri como un niño, aún un niño. No era el que lo consolaba por la espalda cuando lo sentía hundiéndose, él que tenía deseos tan contradictorios como intimidantes. No era el que vio como era abandonado de nuevo, y como para Yuuri había sido tan fácil deshacerse de todo sin quebrarse. No era el que se encerró en el baño el día que Yuuri anunció su retiro, porque sentía que lo estaban abandonando a él que no había hecho más que quedarse a su lado incondicionalmente. No recibía las llamadas de su abuelo preguntando cuando iba a volver. No recibía las llamadas de su madre.
No era el Yuri Plisetsy del 2021. No era el que acababa de perder a su abuelo y sentía que su vida se estaba escapando de las manos. No era el que tuvo que aparecer frente a su féretro para pedir perdón. No era el que se sentía solo, porque la persona que más le hubiera gustado que estuviera allí ya no estaba. No era el que ya no le importaba si clavaba el maldito salto o no, no le importaba patinar, no le importaba nada pero le enojaba verse metido en la más pura oscuridad y en el fantasma de sus anteriores éxitos. No era el que recibía los regaños de Yakov, su dulce condescendencia.
Era el Yuri Plisetsky del 2022. El que no había podido terminar la anterior temporada porque era un mediocre que se había dejado hundir por los golpes del tiempo. El que ya no tenía a su abuelo, y ya no valía la pena visitar una tumba cuando no podía escuchar su voz. El que casi pierde a Yakov y sintió el peso de la orfandad de nuevo. El que, por gracia del destino, ahora estaba bajo la tutela de Víctor Nikiforov, el hombre al que podía odiar al mismo nivel del que llegó a amar a Yuuri Katsuki. El Yuri protegido por Víctor. El Yuri superado por Yuuri.
Sí, Yuuri lo había superado, a él, a Víctor, a todos. Esa imagen de los patines le había mostrado una verdad que muy por dentro no quería aceptar: Yuuri había podido continuar con su vida sin él. Tal como lo hizo Víctor.
Quizás no serían ni el Yuuri y Víctor del 2016, ni del 2018, ni del 2020. Pero eran Yuuri y Víctor comportándose como adultos y caminando aunque sea con los pies lastimados, con las heridas sangrantes. Imaginaba a Yuuri patinando en la soledad de Hasetsu, seguro con un par de kilos de más, disfrutando lo que siempre disfrutó más que la gloria y las medallas. Y veía a Víctor volver del abismo, patinando aun a pesar de sus limitaciones, alzándose como el campeón que siempre fue incluso contra la federación. Mostrando porque siempre estuvo en la cima, arrastrando la soledad con él, pero ya decidido a no detenerse.
Levantó la mirada al cielo gris. Sus mejillas estaban llenas de lágrimas frente a la tumba de su abuelo. Unos claveles adornaban la fría figura de mármol con la inscripción de su nombre y las fechas en la que llegó y se fue al mundo. Su pecho dolía.
El Yuri Plisetsky de ahora, solo tenía el recuerdo de su abuelo. La presencia lejana de Lilia que pese a sus ocupaciones, siempre tendría tiempo para contestar una llamada. La ausencia enorme de Yuuri, al que le dio un lugar que no le correspondía y que él jamás habría podido asumir. Tenía a Víctor, quien lo había acogido sin siquiera reclamar ni exigir nada más que disciplina para los entrenamientos. Tenía a Otabek, su amigo, su mejor y único amigo. Tenía a Mila, quien era como una hermana mayor para él. Y a Yakov, quien era lo más cercano a su padre.
Pero sobre todo, se tenía a sí mismo. A sí mismo con la juventud de 21 años, con la fuerza de su cuerpo adulto, con la determinación necesaria y el talento para ganar. Yakov creía en él. Lilia creía en él. Mila y Otabek creía en él, Víctor incluso creía en él.
—Siempre diste todo e incluso más de lo que debías dar, para que yo jamás tuviera que salir del hielo. Siempre, abuelo. —Se secó las lágrimas que había estado derramando por tiempo indefinido. Tomó suficiente aire y sonrió, recordó esos instantes donde su abuelo siempre le daba lo más que podía, lo iba a buscar aún enfermo, se quedaba amaneciendo para ver sus competencias y siempre atendía a sus llamadas.
Su abuelo, el viejo Nikolai, nunca quiso que nada lo sacara del hielo, porque eso era lo que más anhelaba su nieto. Aunque no lo entendiera, aunque quizás hubiera deseado un futuro más común para él, nunca eso fue una traba para apoyarlo por sobre todas las cosas.
—Ahora, la federación ya me amenazó diciendo que si no paso el test de patinaje en Septiembre, me retiraran la beca. Estoy asustado, pero no pienso rendirme. No voy a rendirme. No voy a hacerlo, abuelo. Por ti, en tu memoria, y por todo lo que hiciste por mi, voy a ganar el oro de nuevo.
«Me voy a perdonar ahora él no haber estado contigo cuando me necesitabas, él haber llegado tarde. Me lo voy a perdonar, porque no me perdonaría que todo el esfuerzo que diste por mí durante casi dos décadas, fuera en vano.»
—Volveré con el oro, diedushka*
…
Ver a Yuuri de nuevo en la pista era un regalo del cielo, al menos así pensaba Minako mientras observaba, con las lágrimas al borde de sus ojos, la figura de Yuuri moviéndose con soltura en la pista, interpretando el programa libre que tendría Minami en la temporada. Minami estaba al borde de la baranda, pendiente de cada movimiento porque tendría que grabarlo para hacerlo él. Moroka estaba a su lado grabando todo, aunque internamente estaba más a modo fan que a modo periodista. Yuuri le había permitido presenciar sus entrenamientos como parte de la preparación para la entrevista.
La música que Yuuri había compuesto para Minami era movida, eléctrica, desbordante de energía. Era todo lo opuesto a lo que solía ser su estilo, pero era acorde al estilo de Minami. Los arreglos que estaban realizando, incluiría el talento de un violinista que estaba ganando cada vez más fama en Estados Unidos. Yuuri pensó que eso sería demasiado y que no podrían pagar por su participación, pero resultó ser parte de un regalo. Un regalo por su regreso.
Minami no creía que una persona pudiera hacer esa clase de obsequios si no hubiera existido algo antes de eso. Según Yuuri, solo fueron compañeros del conservatorio. Pero si era la misma que había compuesto los programas de Yuuri, era evidente que no solo existía el cariño de ser compañeros de universidad. Debió existir mucho más, aunque fuera unilateral.
—La música te llena, te sumerge y te electrifica. Es una sensación muy intensa… —musitó Minako, rozando con su pulgar a sus labios vestidos de un tono rosa pálido. Sus ojos almendrados miraban con atención la secuencia de pasos que Yuuri ejecutaba, en la segunda fase del programa.
Podía leer la historia de él, y le conmovía. Le conmovía hasta la médula entender el mensaje que estaba atrapado en la música y en sus movimientos, en las expresiones que tenía Yuuri al ejecutarlas. Si Yuuri hubiera competido con esa pieza en alguna de sus temporadas, estaba asegurado el oro en todas sus presentaciones. Era, sencillamente, única.
Minako soltó el aire, mientras lo veía ejecutar el Toe Loop con seguridad, demostrando que aún tenía las capacidades de ejecutarlo. Minami lucía concentrado, con los ojos abiertos y brillantes mostrando sus irises claras. Cuando había escuchado que Minami estaba en Hasetsu, por parte de Hiroko, pensó que era justo lo que Yuuri necesitaba para terminar de salir de la cueva que se había autoexcluido. Porque a pesar de que patinaba ocasionalmente durante el día en el Ice Castle, prefería las noches para hacerlo, igual que las noches para bailar ballet, a escondidas, como si fuera una especie de pecado haber deseado regresar.
Ahora, estaba allí, haciendo unos perfectos círculos con su cuerpo, elevándose tal como aquella bestia mitológica que le había dado el nombre al programa. Los aplausos no tardaron en emerger, Minako casi a punto de llorar de la emoción y Moroka demasiado entusiasmado para contenerse. Minami no aplaudió, pero tenía los hombros tensos y cerrados.
Yuuri los miró a los tres, cambiando a una posición relajada. Estaba agitado, sus mejillas rojas delataban el esfuerzo que había significado ejecutarla. No había hecho cuádruples, porque sería peligroso hacerlos considerando que no tenía el entrenamiento para hacerlos de nuevo, pero estaban allí bien claro cuales eran los elementos.
—¡Oh Yuuri, eso estuvo magnífico! —caminó la mujer hacía la salida de la pista, esperándolo para darle un gran abrazo mientras intentaba contener su llanto en vano. Para Yuuri fue como un pequeño deja vu, un ligero picor en la boca de su estómago que se extendió por un par de segundos.
"¡Yuuri!"
Las veces que lo vio correr hasta la salida de la pista, las veces que lo vio extenderle los brazos para recibirlo con su enorme sonrisa de corazón. Las veces que lo abrazó con fuerza inhumana, y tras el ejercicio, el miedo, la derrota o la victoria, estaba su perfume. Las veces que Yuuri hizo lo mismo por él cuando competía. Corría también a la salida de la pista pese al regaño de Yakov y recibía eufórico a Víctor en sus brazos. Era su lenguaje, era su código, era su emblema…
Conteniendo el amargo trago de la memoria, y las veces que espero que aquello se repitiera en sus últimas dos temporadas, se dirigió a la salida, mirando el rostro encantado y conmovido de la mujer que le había abierto la mirada a ese camino. Minako sensei… ella lo había llevado a la pista por primera vez, de la mano, cuando era solo una bolita de carne que quería bailar con ella, usar tutus sin saber si le pertenecía o no a su género, que intentaba hacer un cat cayéndose en el proceso. Ella lo llevó y le puso por primera vez los patines de hielo.
Al llegar a la salida, se quedó de pie sintiendo las delgadas manos de Minako llegar a su nuca. Por la altura de Minako, no era problema para ella abrazarlo, pero sintiendo el cuerpo caliente de Yuuri al salir del hielo, en contraste con el cuerpo frío de ella, había la extraña sensación de equilibrio entre ellos. Yuuri sostuvo una mano sobre la fina cintura de la maestra, y su mirada se volvió más dócil, tranquila, al sentirla así.
Ella era como su segunda madre… y Yakov, definitivamente, había sido su segundo padre.
—Estoy tan orgullosa de ti, tan contenta… ¡ese programa ha sido precioso…!
Ella se separó para darle espacio, no sin antes dejar un pequeño beso fraternal en la redonda mejilla de Yuuri. Moroka estaba en silencio, no sentía que pudiera decir algo inteligente hasta salir de su pequeño lapsus de emoción. Se sentía muy privilegiado de estar allí. Minami estaba en silencio, con los brazos aún en las barandas.
Yuuri salió de la pista, tras haber colocado los protectores. Dirigió su mirada hacía Minami, pero en silencio.
—¿Cuál es el tema de la temporada de Minami? Dios, ¡es que la música es tan intensa! —Repetía orgullosa con sus manos en las filosas mejillas de su rostro.
—El fénix. —respondió Yuuri, acomodándose los guantes negros en sus manos—. El ave mitológica capaz de resurgir de sus cenizas. Fue extraño cuando Minami me dijo que ese quería ser su tema, que quería representar al fénix, así que decidí hacer algo con esa idea.
Moroka miró de reojo a Minami, Minako en cambio miró conmocionada hacía Yuuri, quien parecía aún sumergido en sus pensamientos mientras hablaba del tema y lo que había querido decir con la música.
"El ave Fénix es un ave preciosa hecha de fuego, quise el inicio se sintiera como las cenizas aún calientes de un incendio, en medio de la soledad y la oscuridad. Pero que las chispas rojas y naranjas empezaban a alzarse, como si fuera tan solo el inicio, y no el final. Entonces el ave abre sus alas a través de las llamas, remonta el vuelo de nuevo, entre la oscuridad, alumbrando una noche sin estrellas, con sus alas y colas de fuego. Por supuesto, habrá elementos que querrán apagarla. La lluvia, el viento, una tormenta, piedras caídas del cielo y ella sigue volando, escapando de todo ello. Volando con su belleza peligrosa. Pero esa ave se siente sola, lo está porque es la única en su especie. Nadie puede comprenderla, todos le temen. Y por ello la atacan entre todos, buscan apagarla porque su luz es una molestia a sus ojos. Porque no pueden comprender su fuerza, porque se siente fuera de lugar. Logran hacerlo. Creen apagarla pero de nuevo, las cenizas se vuelven un festival de chispas de colores y ella remonta, remonta alto. Escapa al espacio, vuela, vuela tan alto que se pierde de la vista. Vuela y es libre…"
—Esa fue la premisa de Minami. He agregado mucho de los pasos que Minami había hecho en su versión. Consideré que era lo correcto.
Minako contuvo un hipido, conmocionada con todo lo que había detrás de ese mensaje. Moroka no quiso decir nada, pero se sintió aún más privilegiado de estar allí. Era un tema perfecto, profundo, y estaba seguro que por las palabras de Yuuri, no había logrado aún entender lo que Minami buscaba con ello.
—Minami… —El aludido sintió su espalda tensarse aún más, aunque ya empezaban a dolerle los músculos. Dirigió el rostro a Yuuri, más no la mirada, como si fuera incapaz de levantarla—. No me has dicho que te pareció. ¿Crees que deba cambiarla?
—No, ¡no! ¡Es perfecta, perfecta! ¡La mejor que haya visto en toda mi vida! Sólo… sólo que… no quiero que el fénix muera.
—¿Eh? —Yuuri miró la postura de Minami, con la mirada agachada y la voz ligeramente quebrada. No logró entender porque repentinamente se sentía así.
—Si el fénix escapa al espacio, va a morir, porque es un ave de fuego y en el espacio no hay oxigeno. —Explicó, como si fuera vital para él hacer entender su punto—. No quiero que muera. Quiero, ¡quiero que tenga otro final!
—¿Quieres cambiar el final del programa? Me parece bien, es tuyo, puedes cambiar el final si así te agrada más. —La pasividad con la que Yuuri había tomado el punto debería ofenderlo. De hecho, lo hizo. Minami lo miró por primera vez, con los ojos vidrioso y un enojo naciendo de las extrañas. Yuuri se mostró sorprendido ante eso, sorprendido al no poder entender los sentimientos de Minami—. ¿Qué ocurre?
—¡No puedes verlo! ¡¿Por qué no puedes verlo?! —Minami apretó los puños. Yuuri ya estaba consternado.
—Minami…
El chico no quiso escuchar más. Sabía que si se quedaba y dejaba salir todas las palabras atoradas, ofendería a Yuuri, le haría sentir mal y era lo que menos quería. Frustrado, se giró y comenzó a caminar hasta el pasillo que daba salida a la pista. Yuuri seguía de pie, en silencio, sin haber entendido nada a pesar de hablar el mismo idioma. Moroka hizo un silencio conocedor pero Minako, comprendiendo todo, se levantó y puso una mano sobre el hombro de Yuuri, llamando su atención.
—¿De verdad no sabes quién es fénix para Minami? —El rostro de Yuuri lo decía todo, Minako tuvo que sonreír con indulgencia—. Hablaré con Minami, luego vendré a hablar contigo, muchacho.
…
Cuando llegó, Víctor estaba frente al mueble, viendo algo de TV para distraerse. Parecía recién bañado y no hizo mayor gesto cuando lo escuchó entrar. Ya era avanzada la tarde, y si bien ya sabía que Yuri saldría, quizás no estaba seguro de cuánto tiempo se iba a tomar en hacer aquellos temas pendientes.
Víctor miró hacía el rostro de Yuri y notó las huellas de haber estado llorando durante mucho tiempo. Tenía sus ojos hinchados y aunque ya no habían marcas de lágrimas, se podía adivinar. Sabía que su abuelo estaba enterrado en esa ciudad, así que imaginó que se trataba de eso. Prefirió respetar el silencio de su luto.
—¿Comiste? —Yuri renegó, metiendo sus manos en los bolsillos de su abrigo—. Quedó del almuerzo que hice en la cocina, puedes calentarte.
Yuri no dijo nada y se dirigió a la cocina a hacer lo que Víctor le había propuesto. Se sirvió un enorme plato de comida y tras calentarlo, se lo comió en silencio, mostrando el apetito que venía acumulando durante todo el día. Víctor le miró por encima del brazo, aún con el televisor encendido pero sin prestarle atención.
—Recuerda lavar todo. —Escuchó la voz de Víctor y Yuri siguió comiendo como si no hubiera prestado atención. Pero, al acabar, hizo lo que le pidió y lavó tanto el plato usado como la olla que había guardado la comida.
Víctor siguió la mirada en el televisor, aunque sinceramente no tenía ganas de ver nada en particular. Yuri por sí mismo se sentó a un lado del mueble, estableciendo una distancia prudente entre ambos, y removiéndose en el asiento hasta quedar casi hundido en
el. Con sus piernas abiertas y aún cubriendo el rostro con la capucha de su abrigo, se quedó allí en silencio. Víctor supo que quería hablar, así que apagó el televisor.
—¿Y bien? —Inició la conversación, elevando su rostro mientras acomodaba su tobillo derecho sobre su rodilla izquierda—. ¿Estuvo bien el paseo? —Obtuvo de respuesta un sonido prehistórico que debió significar un sí. Víctor sonrió como un tontuelo, ignorando el hecho de que Yuri tuviera una atmósfera medio oscura sobre él—. Oh bueno, espero que te hayas entretenido. Yo la pasé un poco aburrido aquí. No quería salir así que me puse a leer, luego a ver TV, también hice la comida, volví a dormir un rato… al menos aproveché para descansar.
—Victor… —El aludido le miró de reojo, prestando atención a sus gestos.
No era tonto para no saber que Yuri había estado llorando, y que debía estar muy mal emocionalmente para tener esa aura encima, pero tampoco era tonto para cometer los mismos errores que había cometido con Yuuri cuando era su entrenador. Ya sabía que cualquier remedio que aplicara en ese estado sería peor que la enfermedad.
—Ya sé cuál será mi tema para esta temporada. —Victor prestó atención, interesado en saber qué era lo que tenía pensado Yuri. Este no subió la mirada, mantenía sus manos escondidas en los bolsillos y su ceño fruncido le daba más edad de lo que realmente tenía—. Será Tiempo.
—¿Tiempo? —Le miró intrigado—. ¿Quieres representar las estaciones o algo así?
—No, no estaba pensando en eso. No quiero algo tan trivial como eso.
—¿Entonces?
—Quiero hablar del tiempo, del tiempo que lo quita todo y lo da todo. —Le dirigió la mirada a Víctor, y éste no podía quitarle los ojos encima de la impresión—. El tiempo que mueve el universo, las vidas, una fuerza que va más allá de las demás. Algo que no podemos detener, ni atrasar, ni adelantar.
—Ok, entiendo el concepto. —Víctor pasó su mano por la barbilla, pensándolo detenidamente—. ¿Pero cómo pretendes mostrar esto a través de dos programas?
—Eso esperaba que me lo dijeras tú. —Yuri arrugó los labios y Víctor pestañeó como si acabara de asumir que esa fuera su responsabilidad—. No tengo idea de cómo hacerlo, sólo sé que quiero hacerlo.
—Ok, ok, entonces hice la pregunta de forma incorrecta. La pregunta es, ¿qué es lo que quieres mostrar con esto?
—Quiero… quiero que el programa corto muestre mi frustración. Todos los años perdidos, todo lo que he perdido.
—Por Dios, Yuri, apenas tienes 21.
—He perdido demasiado para solo tener 21. —Afirmó, mirándolo con irritación. Víctor hizo una mueca pero prefirió no discutir ese punto—. Quiero mostrar todo eso, quiero que termine como una esperanza.
—Una esperanza…
—Para que en el libre, sea diferente. Quiero que sea agradecimiento por lo que tengo, pese a lo perdido, pese a lo que se fue. Quiero que haya algo que haga ver que estoy bien, y que puedo pensar en un futuro. Que ya no tengo miedo que el tiempo me arrebate más cosas, que estoy esperando por las cosas que vendrán por cada pérdida.
Víctor lo miró de una forma distinta, conocedora. Su sonrisa estaba cargada del peso de las dolorosas experiencias, de los bellos recuerdos.
—¿Ah sí? ¿Y así lo sientes?
—Solo tengo la teoría… —Admitió, pero estaba seguro que si lograba perfeccionar ese programa, podría lograr hacer sentir esas palabras como su nueva verdad, y seguir adelante. Víctor soltó solo un suspiro, y echó la mirada hacía el techo, pensativo.
—Bien, no es algo sencillo, pero creo que podré trabajar con esto. Sin embargo, mi programa fallará si tu no llegas a sentirlo realmente. ¿Así que entiendes lo que te estás poniendo encima, Yuri?
—Sí. —Víctor sonrió y se levantó, apoyándose un momento del respaldo del mueble antes de continuar—. Ey. Una cosa más. —Al escuchar a Yuri hablándole de nuevo, Víctor se detuvo—. Te odio.
Víctor no dijo nada, pero por primera vez en esa semana, su rostro se había ensombrecido, como si fuera un velo oscuro el que Yuri hubiera dejado caer sobre su rostro. Pero de allí surgió una sonrisa, triste, opaca.
—Te odio, porque por tu culpa Yuuri dejó de competir y se fue. —Victor solo tragó y cambió el peso de su cuerpo a la izquierda, para que no doliera más. Yuri mantuvo la mirada en la pantalla oscura del televisor apagado—. Pero te agradezco lo que hiciste en estos días frente a ese señor. Y te agradezco que, aunque fuera más por Yakov que por mí, estés haciendo todo esto. Solo que aún no puedo perdonarte.
—Bien, está bien. Esta bien que no lo hagas, yo no puedo hacerlo. —Se giró solo lo suficiente para mirarle la cabeza cubierta por la capucha, y mirar el reflejo que se adivinaba en el negro de la pantalla—. Pero, la decisión de competir o retirarse siempre estuvo en manos de Yuuri, siempre. Ni yo, ni nadie habría podido detenerlo. Tu pudiste hacerlo una vez, y ese día, no sabes cuánto odié saberlo. Pero supongo que con Yuuri las cosas no siempre tienen el mismo efecto.
Ese día ambos supieron que tendrían que hablar de eso, pero la silueta de Yuuri aún dolía, dolía verla, dolía sentirla, dolía recordarla. Ese día, ambos supieron que no estaban preparados para dar ese paso. A pesar de que dirigieran sus miradas al otro a través de ese vidrio negro de un televisor apagado, a pesar de que sus reflejos fueran dibujados a través de la superficie oscura; ninguno de los dos quiso dar un paso más en el pantano de ese recuerdo.
Muchas gracias a todos los que leen, comentan, le dan favorito y demás. Me hace muy feliz ver como el fic va incrementando las visitas y solo espero que de verdad estén disfrutando de cada acontecimiento. Como les dije, estamos subiendo la loma, y ahora con la presión internacional y nacional que deberan sentir cada uno, en especial el equipo ruso.
*Diedushka: Diminutivo cariñoso para decir abuelo en ruso.
Gracias por las lécturas, aunque extraño a muchas que me dejaban comentarios :3 Espero que al menos esten disfrutando de esta historia y que puedan seguir los avances de cada uno de los personajes. Me gustaría saber, ¿qué les parece los temas escogidos por Minami y Yuri? ¡Me encanta leer sus opiniones y teorias!
Lu: Sí, es lindo ver a Yuri haciendo un programa perfecto, aunque con ausencia de cuadruples. ¡Es algo que aún está manejando y tardará un poco en recuperar! Pero al menos la fuerza y la determinación la está recuperando, ¡y poco a poco iremos viendo a nuestro Yuri resurgir! Sobre Yuuri, de hecho si estuvo con un especialista porque su problema de ansiedad era serio. Entiendo que llegue a desesperarte a veces lo hacía conmigo, pero como igual lo amo estoy respetando esa parte del canon xD Digamos que Yuuri tuvo mucha presión, además de Victor para que las cosas acabaran como acabaron. Además que tiene una tendencia a huir que le es dificil de controlar.
Por eso amo los personajes de esta serie, precisamente porqueno hay perfección en ellos. Desde Yuuri como proagonista esta lleno de matices, de cosas buenas y cosas malas, y personalmente lo considero alguién que puede llegar muy cruel al tomar decisiones. Victor tiene un serio problema para leer las personas y comprenderlas, además del ego, y Yuri arrastra muchas cosas del pasado y problemas para expresarse libremente lo que siente sin la máscara de violencia. Pero todo eso los hace humanos y creíbles y eso quiero mantener en el fic :3
Sobre el adelanto, LO AME XD jajaja no pude evitar mencionarlocon la federación con el grito al cielo por ello. Fue poderoso, intenso y hasta sensual, la música siempre me había inspiraod mucho a Yuri pero verlo fue de WOW. Definitivamente es un prorama que quiero ver entero xD ¡Gracias por comentarme! ¡Adoro leerte!
