NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLAMENTE ME DIVIERTO AL ESCRIBIR.
¡Hola! ¿Como han estado? es en serio, siempre que pienso "tardaré menos" ¡Tardo más! es un mugre karma del que soy víctima quién sabe porqué. Así que en vez de darles explicaciones les diré que éste capítulo sigue siendo parte del desenlace y que el siguiente, muy probablemente, sea el final. Ésta historia desde luego tendrá epílogo xD
Comentarios (¡que son muchos! ¡MIL GRACIAS!)
camilovalencia148: ¡Me alegra que te haya gustado mi historia! al principio cuando leí tu comentario dije "oh, rayos, no le gustó..." y después vi que era una broma y me eché a reír xD
ASHKORE15: Bueno, espero haber podido hacer una gran batalla. Lo sé, Eliseo fue muy detallista, pero es que el carácter de este personaje es demasiado vorátil.
francisca ahumad: ¡Me encantaron tus comentarios! disfruté mucho mientras tu te emocionabas con los capítulos e ibas descifrando toda la historia rápidamente. Espero que este capítulo también te guste =)
fantico z: ¡La batalla ya comenzó para terminar de una vez por todas este fanfic! xD Dioses, espero ponerle ya el "complete" a más tardar en Marzo...
jorge: que me compares con una novela en la lista de los Best Seller y la redacción de una escritora profesional me halaga de sobremanera. Sobre lo que mencionas, a mí también me encantan los fanfics de "TheOnlyNightFury" pero no me he puesto en contacto con ella/el nunca (menos ahora que no ha actualizado hace un buen sus historias) pero tengo una idea para un fic de HTTYD que quizá pueda pedirle ayuda, solo por darte el favor. Haber qué pasa... xD
Survalia: ¡Me alegra que te haya gustado tanto! mil gracias por darle la oportunidad y leer :)
Rockiii21: en primera instancia me alegra que me comprendas, en segundo, me animan mucho tus palabras ¡disfruta este capítulo por favor!
metalic-dragon-angel: y que lo digas...xD
Reiaya2DX: ¡Mil gracias, de verdad, por ofrecerme los capítulos! no sabes cómo batallo para encontrarlos en buenos servidores. Usualmente el que más uso es depositefiles, aunque lamento haberme tardado tanto en responderte (¡Mugre inspiración que se me va!) y de hecho atinaste, creo que serán solo éste y un capítulo más, a lo mucho un epílogo =)
Diegospark: bien dicho, lo que hace la obsesión. En fin, espero poder darte ese gusto de leer la historia de principio a fin pronto, porque de verdad sería un enorme peso de encima ponerle "complete" a ésta historia (¿porqué me he tardado tanto en terminarla...?)
Tsukimiine12: jajaja, bueno, me alegra contar con lectoras tan fieles como ustedes pues me dan aún más motivación de continuar =) ¡Las amo tanto, como no tienen una idea! 3
Ares-sama: terminará mal para los romanos, bien para los vikingos.
¡Mil gracias por leer y comentar!
¡Disfruten!
Capitulo 20
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En Berk no era un día precisamente bueno. En la mañana una patrulla de élite dirigida por Hipo había emprendido vuelo con la intención de destruir el campamento romano. Apenas una o dos horas después Estoico se subió a una caravana de barcos donde iba más de la mitad de los soldados hacia la fortaleza de Thorum, en una junta de Consejo imprescindible.
Por eso, cuando a la distancia unas velas rojas con el símbolo de Roma comenzaron a aparecer, un terror involuntario abrumó a la gente.
—Mamá—una niña de cinco años tiraba de las faldas de su madre—¿Qué es eso?—el miedo colándose en la vocecita infantil.
La madre miraba los barcos que se aproximaban. Su esposo había partido con Estoico y ella no había usado la espada en tres años. Pero si de defender a su gente se trataba, agarraría hasta el mazo.
—Tú cálmate mi vida—le dijo a su hija con una sonrisa—No pasará nada y estarás bien.
Pero esas palabras no calmaron a la niña, que en su más tierna infancia, siendo apenas un bebé, había sobrevivido a los ataques despiadados de esas banderas rojas. Quizá ella no se acordaba con detalle de los acontecimientos, pero traumas tan grandes no se esfuman en poco tiempo y cada vez que veía banderas rojas un pánico la inmovilizaba donde estuviera de pie.
Viendo eso, la madre llevó a su hija hacia el Gran Comedor. Ahí todas las mujeres estaban llevando a sus niños. Los soldados que quedaban hicieron dos bloqueos; una hilera en el puerto y otra hilera a través del pueblo. Tenían que organizarse lo mejor posible. Hombres y mujeres que no habían peleado desde la guerra contra dragones volvieron a coger sus escudos. No eran muchas naves romanas, pero una cosa sí estaban seguros: ellos pelearían con todo. Y ellos también les darían pelea.
En los establos habían muchos dragones, pero lamentablemente solo diez jinetes experimentados pudieron subir al lomo de pesadillas monstruosas. Alzaron vuelo muy alto donde las nubes en un intento de poder atacar con factor sorpresa. Cuando el último niño fue metido al Gran Comedor, las puertas de este recinto se cerraron. Los niños, acompañados por ancianos, adolescentes y uno que otro adulto estaban llenos de miedo.
—No se preocupen tanto—les dijo una mujer—No pasará nada.
—¡Vinieron por mí!—chilló un niño—Me porté mal y mamá dijo que vendrían los romanos…
—Calma, ellos no vienen por nadie—decía la mujer, llena de sonrisas falsas pero intentando armonizar el ambiente—Y no se llevarán a nadie ¿Les parece si cantamos una canción a los dioses?
Un coro de voces tiernas se escuchó entre el sepulcral silencio del pueblo. Era hora de pelear.
El Capitán Eliseo miraba Berk con odio. Hacia ya más de un año que sus tropas no habían podido penetrar en el bloqueo que protegía la tribu. El acantilado sobre el que estaba construido el pueblo tenía caminos ahora más anchos y mejor construidos que facilitaban el acceso a las naves ancladas. Un bloqueo en la playa de muchos soldados, uno al codo del otro, reflejaba el valor vikingo: se pelea hasta la muerte.
Eliseo ya estaba preparado y tenía una estrategia para pelear contra los vikingos. La mayoría, por no decir todas las construcciones estaban hechas de madera. Si creaba un incendio lo suficientemente grande, entonces la Tribu quedaría reducida a cenizas. Los guerreros vikingos tendrían que concentrar sus fuerzas en apagar el incendio. Una sonrisa apareció en los labios de Eliseo.
—¿Están listos?—gritó.
—¡Sí, capitán!—fue la respuesta de los soldados, que debido a años de entrenamiento en milicias no podían ya desobedecerlo, a pesar de que no querían pelear ya contra los vikingos.
—¿Recuerdan el plan?
¿El plan suicida? Sí, por desgracia.
—¡Sí!
—¡Al ataque!
Mientras una de las tropas romanas saltaban de los barcos—a pocos metros de la costa—empuñando las espadas y con gritos de guerra, sigilosamente uno de los barcos se desvió de la formación. Los guerreros vikingos se concentraron en los soldados que avanzaban hacia ellos dispuestos a pelear y devolviendo el grito de guerra, se les abalanzaron para enfrentarlos a muerte.
No repararon en el pequeño barco que rodeó la costa para poder anclar en las arenas. Ni siquiera los soldados que veían toda la palea desde el pueblo, con mejor visión, notaron a ese puñado de romanos que corrían en las arenas blancas.
Camy era una chica muy diferente a los demás. Ella tenía quince años, pero era realmente patética a la hora de usar cualquier tipo de armas. Tenía miedo de los dragones, por eso no servía ni para entrenarlos y mucho menos para tenerlos de mascotas. Sus torpezas constantemente hacían que su padre debiera reconstruir su casa en más ocasiones de las que recordaba. Pero Camy tenía algo que casi ningún vikingo se había dado el lujo de desarrollar en tiempos de guerra: inteligencia.
Se suponía que Camy debía quedarse en el Gran Comedor donde no pudiera estorbar a la hora de la pelea, pero se escabulló sin que nadie la viera. Ella tenía mucha perspicacia y suponía que algo andaba mal. Caminó escondiéndose entre las casas para que los guerreros no la vieran y pudieran seguir concentrados en la pelea. Llegó al acantilado para asomarse a donde estaban ancladas las naves romanas.
Vio que el primer frente vikingo peleaba sin ningún problema con los soldados, pero algo no andaba bien ¿Porqué el capitán Eliseo no mandaba más refuerzos? Había más romanos en los barcos que no habían saltado aún a pelear. Miró toda la playa buscando una respuesta, y pudo encontrarla gracias a su excelente vista.
Cinco soldados romanos escalaban la pared del acantilado con ahínco y paciencia, pero sobre todo, rápidamente. Muy rápidamente ¿Qué se traían entre manos? Cinco soldados romanos no podían hacer una pelea contra la fila de cien guerreros vikingos en el pueblo.
Corrió hacia donde los soldados iban a subir, pero en el transcurso de su carrera, un Nadder azul grande e imponente se interpuso ¿No se suponía que todos los dragones deberían estar en los establos?
—Nadder… lindo Nadder—dijo con nerviosismo—Este… ¿Me dejarías pasar?
El dragón la miraba con sus ojos llenos de curiosidad y alzaba la cola llena de extremidades puntiagudas. Camy no sabía qué hacer, maldición ¿Porqué demonios le tenía tanto pavor a los dragones? estaban entrenados. No le haría nada. No, claro que no. El Nadder no le haría daño ¿Verdad? Dioses…
Se acercó un poco para cruzar el callejón y el Nadder, pensando que era un juego, se le acercó más para tocarla.
—¡Ah!—gritó Camy, viendo cómo el dragón no se le alejaba y en cambio, extendía las alas ¿quería que lo montaran?
—Camy, respira—se dijo a sí misma—La aldea está bajo ataque ¡tus miedos no importan ahora! Debes… o Dioses debes….
¡Concéntrate!
Mientras los demás guerreros vikingos ni cuenta se habían dado de esos cinco soldados romanos y seguían peleando contra la distracción que les mandó Eliseo.
El sonido de las espadas y los gritos de guerra no llegaban al Gran Comedor, para gran alivio de los niños que se concentraban en cantarle himnos a Odín. La cálida voz de los niños pudo penetrar en los sentimientos de Camy "Por una vez en tu vida haz algo bien" se reprendió a sí misma, viendo al Nadder y sintiendo el miedo de su cuerpo huir despavorido.
Era un dragón. Pero no le iba a hacer daño.
Al cerrar los ojos Camy recordó que de niña un dragón había destruido su casa. Pero eso había pasado muchísimos años atrás. Éste Nadder no era ese Nadder. Intentando sonreír, saltó alrededor del dragón y se echó a correr buscando a los demás soldados romanos.
El Nadder la siguió pero en vez de estar asustada, estuvo agradecida. Porque un grupo de guerreros vikingos notó al dragón y lo siguieron, gritándole a Camy que se detuviera. Ella solamente corrió más rápido con las piernas doliéndole al momento de dar cada paso, sin perder de vista el borde del acantilado. Al final, encontró en la herrería al grupo de romanos.
Los guerreros vikingos vieron en shock absoluto a los romanos ¿Pero en qué momento se colaron al pueblo?
—¡Por ahí!—gritó Camy, señalando una soga que colgaba del acantilado donde más romanos escalaban.
En cuestión se segundos los vikingos cortaron la soga. Los romanos se percataron de su presencia y supieron que corrían peligro. De los cinco romanos que eran, tres elevaron las espadas y pelearon contra los guerreros vikingos, que eran solo dos. Camy se coló en la herrería, agarrando una pequeña hacha que colgaba de la pared y amenazando a los dos romanos.
—Ay que ver a los vikingos ¿eh?—le dijo un soldado al otro, que tenía en sus manos una bolsita llena de polvo negro—Desde niños ya son guerreros.
—Quizá debimos aprender eso—el otro soldado sostenía una antorcha con fuego.
¿Una antorcha en pleno día? Camy frunció el ceño y vio mejor el polvo negro que caía al suelo de la herrería. Entonces, lo comprendió. Tiró el hacha de sus manos.
—¡Corran!—gritó.
Los guerreros vikingos la vieron salir con cara de espanto y apenas reaccionaron cuando el soldado dejó caer la antorcha al suelo. Las llamas cubrieron la herrería destrozándola y mandando cualquier trozo de madera al cielo, brasas ardientes cayendo sobre los techos de las casas cercanas. El viento azotando con furia el fuego, elevándolo, danzando con él. Aumentándolo.
—¡Consumirá todo el pueblo!—gritó Camy, viendo que tres casas ya se incendiaba rápidamente—¡La brigada de incendios, rápido!
No supo de dónde le salió aquella voz autoritaria, pero funcionó porque los demás guerreros soltaron las armas y dejaron de lado a los romanos para irse hacia la formación y mandar traer agua. Camy pensó en su madre, se suponía que ella estaba en el Gran Comedor a salvo con su hermana menor. Su padre en Thorum con Estoico. Todos a salvo menos ella misma; era entonces su misión hacer algo.
Corrió para agarrar una cubeta llena de agua y lanzarla contra la casa que tenía el incendio más pequeño, en un intento de apagarlo. Afortunadamente nadie estaba en sus casas, si no ya hubieran muerto quemadas dos familias. Tres casas estaban a punto de caerse por las llamas. La forma en que el fuego creció le hizo pensar que seguramente había más pólvora en alguna otra parte del pueblo.
Esa sospecha se confirmó cuando vio al otro lado del pueblo, donde los romanos seguramente habían penetrado el acantilado, lleno de fuego ¡Habían dejado un rastro de pólvora los malditos!
Toda la formación de guerreros vikingos se rompió para distribuirse entre el pueblo y apagar los incendios. Los pesadillas monstruosas bajaron de las nubes y recogían enormes tinacos llenos de agua que lanzaban a los techos de las casas. Pero la paja y madera de muchas construcciones comenzó a arder rápidamente por el calor y la dirección del viento, que incursionaba las llamas hacia el centro del pueblo.
Las llamas comenzaron a crecer hacia el cielo y el humo negro salía de la isla como si de repente el acantilado fuera una antorcha. El humo era tan denso y las llamas crecían tan rápido que a varios kilómetros de distancia, Hipo pudo verlas.
—¡Miren!—señaló el humo.
Astrid se llevó una mano a la boca por el asombro. Los gemelos estaban silenciosos incapaces de entender lo que pasaba. Una sola frase resonó en la mente de Hipo.
…no sin antes haber contemplado su desesperación por haber aniquilado a ese maldito dragón y prenderle fuego a la Tribu que tanto amó, ver cómo las llamas consumen y matan en agonía a las personas, escuchar el deleite de los gritos adoloridos…
Pero Hipo no dejaría que su pueblo fuera destruido.
—¡Chimuelo!
No tuvo que gritar la orden porque solo de escuchar su nombre el hermoso Furia Nocturna se lanzó al aire con una velocidad que dejó atrás a los demás dragones en cuestión de segundos. Era una habilidad de los furias nocturnas volar de esa forma, pero que no usaba muy a menudo para no romper filas con sus compañeros. Hipo pensaba que entenderían que se adelantara a pelear.
Una vez que las llamas crecieron enormemente Eliseo mandó al resto de sus tropas a pelear. Muchos de sus soldados ya estaban muertos, pero los guerreros vikingos que estaban vivos ya tenían algo de cansancio acumulado. Se lanzaron sobre ellos con ira y después subieron por las veredas con claras intenciones de llegar a masacrar a la gente.
—¡Muévanse! ¡Ya!—fue la orden de Eliseo, quien deseaba que el ataque terminara en menos de una hora. Una masacre total.
Sus ojos inyectados de odio veían las llamas crecer a distancia y las enormes cortinas de humo negro alzándose hacia el cielo claro. La claridad del cielo comenzó a tornarse oscuro conforme más cenizas se anidaban en las nubes. El calor sofocante causaba ansiedad en los soldados, mientras el coro de niños desesperadamente intentaba dar esperanzas a los pobladores de Berk. Todos los dioses fueron invocados esa tarde por todos los ciudadanos, que pedían por su pueblo y sus vidas.
Camy estaba ansiosa con tinacos en las manos lanzando agua a diestra y siniestra sobre todas las brasas que sus ojos podían ver ¡Era aterrador! Las llamas crecían en todas partes, se estaban acercando al establo y al comedor ¡Querían a las personas! En la playa los soldados intentaban pelear con ahínco pero los romanos peleaban fieramente y se hacían huecos para llegar al pueblo. Era un caos sin igual. Los dragones en el cielo se concentraban en apagar los incendios y los barcos romanos terminaron de anclar en el puerto. Las demás tropas bajaron ¡Todo se salía de control!
Al menos eso hasta que uno de los barcos romanos explotó y el sonido característico del furia nocturna consoló repentinamente a los habitantes ¡Solo había un furia nocturna en toda la aldea! Mismo que, entre las nubes negras y el humo se perdió perfectamente atacando por sorpresa a los pocos romanos que seguían peleando llenos de valor.
Los demás romanos que vieron a sus amigos caer sencillamente dejaron caer las armas ¡Esto ya no tenía sentido! Eliseo estaba llevando una guerra a su límite, una pelea que no iba a poder terminar. Habían perdido en Alere Flammam y no se repondrían jamás de esa derrota sin la ayuda del emperador. Esta misión era suicida y quizá estaban siendo desleales a Roma, pero no se arriesgarían a perder lo único que les quedaba: ellos mismos.
Astrid miró con sorpresa, cuando al fin llegó al pueblo, que un grupo de romanos habían dejado las armas y se echaron a correr hacia el bosque. Hipo no los siguió, voló hacia ella.
—¡Hipo!—Torméntula voló hacia Chimuelo—¿En qué te ayudamos?
Los demás se arremolinaron alrededor de Astrid para escuchar sus instrucciones.
—Ayuden a apagar se incendio ¡Está creciendo demasiado rápido! Seguro usaron pólvora…
—Tendría sentido—razonó Patapez—¡Vamos!
Hipo miró que una pequeña tropa de apenas dos barcos romanos se iba a la fuga. Eran tan cobardes como los que se fueron al bosque. Descendió en vuelo hacia ellos dispuesto a alcanzarlos, cuando acercándose pudo ver una tropa de barcos vikingos.
¡Era la tropa de padre!
Estoico el Vasto era un estratega excelente, por algo su Tribu había sobrevivido dando tanta batalla en todos esos años. Sabía que la incursión de Hipo para destruir el campamento romano era demasiado fácil. Considerando que Patán y Finn resultaron ser traidores, cualquier movimiento que ellos hicieran podía haber sido muy bien planeado. Fue por eso que en vez de irse a Thorum, a la junta del Consejo, mando un mensaje convocando la junta en Berk en tres días notificando un ataque romano. Dicho y hecho, el ataque se cumplió.
Los dos barcos romanos fueron detenidos por la tropa vikinga. Estoico vio las llamas y el humo negro que convertía a Berk en una antorcha gigante. El pánico inmediatamente le llegó y activó un instinto de protección.
—¡Dragones, vayan inmediatamente a apagar ese incendio!—mandó a los jinetes, que salieron disparados por el cielo—Quiero a los romanos de ese barco como prisioneros y los demás ¡Apuren paso! Debemos detener ese incendio para antes del anochecer.
A los lejos pudo ver a Chimuelo. Hipo sencillamente se mantuvo volando un momento antes de regresar a Berk. Estoico supo entonces que su hijo estaba bien y seguramente sus demás acompañantes. Solamente con ver a Hipo se alivió de sobremanera, pero los detalles debían ser pedidos después ¡El incendio era la prioridad!
Hipo voló hacia la costa donde había más barcos romanos. Dos estallidos por parte de Chimuelo convirtieron esa madera en chamuscados pedazos hundiéndose en las aguas. Fue entonces cuando noto la silueta a lo lejos de la playa.
Era el Capitán Eliseo.
Comprendiendo que esa pelea era con él, Hipo descendió a la playa y bajó del lomo de Chimuelo. El dragón respingó, presintiendo el peligro, pero su jinete y amigo le calmó diciéndole que se quedara ahí, y solamente atacara de ser necesario. A reticencia el dragón tomó asiento viendo a su amigo caminar hacia aquel hombre que no le despertaba ni la menor confianza. El Furia Nocturna estaba en posición de ataque, listo para esperar cualquier tipo de señal,
Hipo se puso de pie a tres metros de distancia. Los dos se vieron fijamente. Retándose.
Eliseo fue el primero que habló.
—Debí de haberte matado el día en que te hice mi prisionero—escupió las palabras, el odio acrecentado por su mirada iracunda—¡Debí suponer que serías un maldito riesgo!
—Pero en vez de eso me mantuviste contigo para aprovecharte de mis habilidades—fue la respuesta de Hipo, llena de sarcasmo y enfado, pero sin ápice de odio en su mirada—Muy romano si me lo mencionas.
Los puños de Eliseo volvieron los nudillos blancos, temblando para contenerse de cometer una imprudencia.
—Hay tantas cosas que hubiera deseado hacer…
—El "hubiera" no existe ¿Sabías?
La sonrisa que apareció en el rostro del capitán lo volvió mucho más siniestro.
—Pero sí existe el mañana—y la sonrisa creció—Volveré, Hipo. Volveré para tomar mi venganza ¿Crees que soy el único que odia a los vikingos? Buscaré ayuda, entrenaré más soldados, reharé mi estrategia y los destruiré. Tribu por tribu, persona por persona, irán cayendo hasta que la sangre vikinga sea aniquilada ¡No quedará nada de ustedes! Sus tribus serán vueltas antorchas como Berk—señaló el fuego—Como lo fue Taver….
El recuerdo de aquella hermosa Tribu destruida en un día causó tristeza inmediata en Hipo. Tantas personas inocentes perdidas en un día. Le hizo recordar porqué peleaban, cuál era la razón de esa guerra. Y el recuerdo de su madre aumentó su convicción.
—Nunca podrás ganarnos, Eliseo ¡Acéptalo! Has perdido. Aquí y para siempre.
—Ésta derrota, es el inicio de muchas victorias—y lanzó una carcajada.
De esas risas que arquean la espalda y crean muecas espeluznantes en el rostro, alcanzo tonos agudos que estremecen hasta el más valiente. Hipo miró entonces cómo el capitán de un rápido movimiento sacó su espada y se abalanzó contra él. Reaccionó encogiéndose ya que no tenía un escudo.
Pero no debió preocuparse mucho porque apenas Eliseo se le acercó el imponente furia nocturna respaldó a su jinete y una llama poderosa desarmó a Eliseo. Chimuelo rugió lleno de rabia e Hipo encontró su propia espada. Los dos se colocaron en posición de ataque, contra Eliseo, el cual levantó ambas manos como si se rindiera.
"No puedo morir" fue el pensamiento que cruzó por la mente de Eliseo "¡No puedo morir!"
—Estoy destinado a destruir a los vikingos, Hipo—escupió las palabras, creyéndolas reales, eternas, sagradas—¡Estoy destinado…!
Pero Eliseo cayó al suelo, con un profundo corte en la cabeza, causado por el golpe de un martillo enorme. Seguramente estaba vivo, pues el golpe no fue dado con la fuerza necesaria para matar a nadie. Pero si la herida no era atendida moriría desangrado. Hipo no sería el que lo cargaría a una enfermería.
Estoico sostuvo el martillo con orgullo, viendo a su hijo empuñando la espada y a Chimuelo relajando su postura. El Jefe Vikingo apenas ancló en el puerto de su Tribu buscó con la mirada a su hijo. El borrón negro y lejano que era la silueta de Chimuelo le hizo pensar lo peor. Afortunadamente, se movió rápido, silencioso y escuchó lo suficiente.
—Gracias papá—dijo Hipo, viéndolo con una sonrisa.
Estoico primero le dedicó una mirada a Eliseo, tumbado en el suelo sobre la playa, con la sangre empezando a formar un charco sobre la arena. Ese maldito capitán le había hecho creer que su hijo estaba muerto, le hizo llorar a una tumba falsa y le creo la peor preocupación que un hombre podía tener, volvió realidad su peor pesadilla. Atacó Berk sin piedad, casi mató de hambre a su gente, provocó la muerte y pelea de un montón de vikingos.
Pensándolo de esa forma, aquel golpe había sido mucho menos de lo que se merecía.
—Este desgraciado bastardo al fin estará donde debe estar—sentenció—Con los demonios.
Hipo, aunque no le gustaba pensar de esa forma, por un momento estuvo de acuerdo con su padre. Después pensaría que Eliseo debió tener sus razones. Pero por ahora, pudo el odio colarse a su cuerpo al recordar esos años de torturas y trabajos forzados en Alere Flammam, separado de su gente y condenado a una desesperanza de la que no supo cómo sobrevivió. El hombre causante de sus desgracias moría a sus pies, pero de alguna forma, no parecía ser suficiente.
—Vamos—le dijo Estoico—Hay que detener ese incendio.
Hipo asintió.
—Patrullaré desde el cielo—saltó al lomo de Chimuelo, dispuesto a volar.
Estoico le dijo nuevamente que tuviera cuidado y corrió hacia la costa para entrar al pueblo.
Debían detener, lo más pronto posible, ese incendio.
En un principio pensé en poner a Astrid como la que lastima a Eliseo, pero después pensé que Estoico tenía más derechos a ese privilegio, después de todo Hipo era su hijo ¿No? Fue la pelea que me pareció más aceptable como último enfrenamiento entre un grupo de romanos y los vikingos. No podía ser una batalla muy larga ni intensa porque, al final de cuentas, los romanos que están peleando son los sobrevivientes de la destrucción de Alere Flammam (ver capítulos 11 y 12) aunque al final sí que causaron destrucción ¿No lo creen?
¿A quién les recordó Camy?
¡Mil gracias por leer!
chao!
