La mañana siguiente, un estallido de golpes en la puerta despertaron a Gakupo. Él se levantó gruñendo de la cama y anduvo a zancadas por el pasillo para saludar de mala gana a quien fuera que estuviera fuera de su casa a las –miró su reloj– siete de la mañana.

Había tenido una noche larga, aunque memorable. Y frustrante. Y divertida. Y liberadora. Él y Rin la habían pasado como cualquier otra pareja de enamorados, jugando a las luchas y consolándose mutuamente uno al otro cuando lo necesitaban. Habían empezado a hablar con más facilidad, había sido casi perfecto.

Excepto porque aún no le decía que la amaba y no estaba seguro de hacerlo.

Los golpes volvieron a sonar en la puerta y él suspiró.

Ya voy. Por dios.

Se puso una camiseta a prisa (porque Rin y Gakupo seguía escrito en su pecho) y fue a abrir la puerta, revelando a una pequeña chica rubia que tenía una bolsa de viaje.

— ¡Buenos días, cielo!

Entró y aventó la bolsa al sillón. Estaba sonriendo, sí, y se veía alegre... Pero parecía que algo faltaba. Sus ojos y nariz estaban enrojecidos como si hubiera estado llorando y en su rostro faltaba el alegre brillo de su mirada.

Se puso de puntitas para jalarlo hasta su altura y le dio un pequeño beso en los labios.

— ¿Para qué es la bolsa? –preguntó Gakupo cuando se separaron, señalándola con un dedo.

— Oh –respondió con un gesto de la mano–. Se me olvidó decirte, me voy a quedar a dormir.

Gakupo enarcó una ceja. Pasar la noche ahí. Ella se iba a quedar otra vez, pero ahora sin alcohol que entumiera sus sentidos ni con confusión en sus sentimientos por ella. Naturalmente estaba un poco... Nervioso.

¿Qué esperaba de eso?

Debió tardar mucho en responderle porque su actitud confiada se desvaneció, y se llevó las manos tras la espalda mirando el piso con timidez.

— Pero si no quieres...

El pelivioleta negó con la cabeza y sonrió, inclinándose para pasarle un mechón de cabello detrás de la oreja.

— Creo que es una gran idea.

~•~•~

Rin estaba feliz de que Gakupo haya aceptado sin hacer preguntas. había llamado a Miku en la mañana para pedirle que la cubriera con sus padres y dijera que se había quedado en su casa. La peliaqua había aceptado, pero sonaba cansada y quizá hasta un poco deprimida. Rin decidió que la llamaría luego para asegurarse de que todo estaba bien.

Pero por ahora, se encargaría de sus propios asuntos. No había leído la carta que Len le había puesto bajo la almohada esa noche, pero la había llevado en caso de que lograra armarse de valor para hacerlo. En la casa de Gakupo se sentía segura y protegida. Como si pudiera superar lo que sea.

— ¿Entonces tienes planes para hoy?

Le preguntó, caminando al sillón para dejarse caer ahí y mirarlo.

— No en realidad. Pero creo que podemos rentar una película para en la noche y ya veremos qué más hacer –una vez que Rin sonrió y asintió, él se excusó para ir a ducharse mientras ella esperaba en la sala.

Rin sabía exactamente lo que quería hacer esa noche.

Lo amaba y quería decírselo. Esperaba que él correspondiera con alegría a sus sentimientos para entonces poder demostrarle lo mucho que lo amaba.

Era joven, mas no por eso ingenua respecto al sexo. Aquello le aterraba, por supuesto, pero sabía que en algún momento tendría que suceder ¿y quien mejor que Gakupo para acompañarla a explorar?

Aún así, las cosas podían salir mal. Él podía rechazarla, o no desearla o simplemente ser demasiado noble para acceder.

Así que suspiró, esperando que al menos una vez en la vida las cosas salieran como ella esperaba.

~•~•~

— ¿En serio no tienes videojuegos? ¿Estás loco.

Rin y Gakupo estaban sentados en el sillón frente a frente, platicando. Ella había confesado su obsesión por los videojuegos y él había tenido que admitir que ni siquiera tenía consola. Rin estaba atónita cuando lo vio negar con la cabeza.

— Qué raro. Len y yo crecimos con Zelda y Final Fantasy.

Gakupo se dio cuenta de que bajaba ligeramente la mirada y su respiración se hacía pesada cada vez que mencionaba a su hermano.

— ¿Cómo está él? –le preguntó suavemente, ella desvió la mirada.

— Todo bien –murmuró mirando sus rodillas y luego a él por el rabillo del ojo. Gakupo tenía una expresión que sabía que ella interpretaría como un "no te creo"–. Lo discutimos –suspiró y se pasó una mano por el cabello.

— ¿Y luego? –apremió.

Ella se levantó y fue hasta su bolsa, luego la jaló para sacar un trozo arrugado de papel que tenía su nombre escrito. Luego se volvió a sentar donde estaba, mirándolo.

— Le pedí que se quedara un rato conmigo hasta que me quedara dormida. Pero él me besó y dejó esto bajo mi almohada cuando pensó que estaba durmiendo... Y no la he leído. Estaba demasiado enojada.

Él se sintió mal por ella, y enojado con su hermano. Aunque no podía entender que pudiera haber alguien capaz de no amarla, había límites que se tenían que establecer. ¿Verdad? Tal vez él se estaba sobrepasando un poco pero sin importar la opinión de otros, al menos Rin no le tenía miedo.

— ¿Y qué vas a hacer? –preguntó.

~•~•~

Luka se sentó en su cama con las piernas cruzadas mirando el celular rosa que tenía entre las manos. Estaba pálida y tenía mil pensamientos corriendo por su cabeza.

Quería llamar a Miku, pero... Probablemente ella ya ni siquiera quisiera hablarle. Probablemente ya la odiara por lo que había tenido que hacer para protegerla. ¿Qué más podía haber hecho?

La pelirrosada no quería arruinar la vida de Miku. La amaba demasiado para hacer eso.

Cerró su celular, suspiró y se reclinó en su cabecera. Eso apestaba. No le gustaba la inseguridad que había surgido de eso. Quería volver con Miku y quería hacerlo ya.

Tal vez era egoísta pero ya ni siquiera eso le importaba.

A la mierda.

Abrió su celular, marcó el número que se sabía con el corazón y esperó aguantando la respiración mientras sonaba... Y sonaba...

¡Hola! Estás buscando a Miku –Luka suspiró derrotada–. No estoy aquí ahora mismo ¡pero deja un mensaje y te devolveré tu llamada!

Sonó un pitido y Luka se dio cuenta de que ni siquiera podía hablar.

— Hola –por fin pudo forzar unas palabras– T-te extraño. Llámame, ¿sí?

Colgó y esperó, con el corazón latiéndole demasiado aprisa y los ojos llenos de lágrimas.

~•~•~

Rin quería leer la carta. Desesperadamente. Pero a la vez no quería saber lo que decía.

— Sí quieres –dijo Gakupo suavemente y Rin lo miró sin siquiera estar enojada. Me conoce demasiado bien.

Se mordió el labio y desdobló el papel alisando las arrugas antes de fijar su mirada en las letras tan mal hechas. Casi pudo reír al ver la horrible caligrafía de Len.

Rin:

Lo lamento, por todo. No mereces nada de esto y yo soy un enfermo por tratar de forzarte. Lo lamento.

Pero te amo, y lamento eso también. Es estúpido y está mal, pero no puedo evitarlo y sé que sólo complicaré las cosas.

Así que he decidido irme.

Seguramente ya esté muy lejos pero estoy preocupado por ti. Mamá y papá se volverán locos por esto, y yo ni siquiera he aprobado a tu nuevo novio. ¿No habíamos decidido cuando éramos pequeños que sería yo quien te entregara en el altar?

Sólo asegurate de que ese bastardo te cuide bien, ¿sí?

Te amo.

Len.

Rin tenía los ojos muy abiertos y aunque estaba mirando el papel, no estaba mirando las palabras. No estaba llorando y ni siquiera creía llegar a eso.

¿Qué acababa de hacer Len?

~•~•~

Gakupo miró con morbosa curiosidad a Rin cuando terminó de leer la carta. Estaba pálida, mirando las hojas que tenía sujetas en las manos tan fuerte que sus nudillos se habían puesto blancos.

Sujetó uno de sus pequeños puños entre sus manos.

— ¿Qué dice? –preguntó. Ella tenía los ojos secos y no estaba sollozando, pero parecía... Rota.

Su mirada vacía se dirigió a él y parpadeó. Entonces una sonrisa que pudo ver que estaba forzada se estiró en sus labios y estrujó el papel para lanzarlo sobre su hombro sin fijarse dónde cayó.

— Nada... Todo está bien.

— Rin, no creo...

Fue interrumpido abruptamente cuando otros labios capturaron los suyos tomándolo por sorpresa. ¿Desde cuándo Rin se había vuelto tan impulsiva? No podía decir que no le gustaba pero, demonios, necesitaba saber qué estaba pasando, y no dejarse distraer por ella.

Tenía los ojos abiertos, por lo que pudo mirarla mientras se bessaban. Ella tenía los ojos fuertemente cerrados como si se esforzara por dejarse llevar por el momento. Luego se aferró con fuerza a la parte delantera de su camisa.

Tal vez sintió que él la estaba abrazando también, porque se levantó sobre sus rodillas para empujarlo de modo que se hundiera más en el sillón para poder acomodarse sobre su regazo.

Sin saber qué más hacer y con su mente comenzando a nublarse, Gakupo sintió sus ojos cerrarse cuando sus manos se asieron a las caderas de Rin no para alejarla, sino para acercarla más a su cuerpo.

Entonces... Se perdió.


Lenka387: ¿Verdad? A mí también me hacía sentir eso, casi me daba miedo D: pero tienes razón, lo bueno es que Rin no está sola :3