Recordamos a nuestros lectores que esto es una traducción. Para datos de autora y disclaimers pertinentes, favor pasar al capítulo 1.

Notas de Kadzuki Fuchoin: Recuerdan mi pregunta en el capítulo 20? Si no, permítanle refrescarles la memoria. La pregunta era, 'A cuántos de ustedes les gusta Eiji?' Bien, ya tengo los resultados! Por favor, pasen al final del capítulo para verlos.


Pegado a su sitio, Eiji examinó al impactado joven frente a él. Sin apartar la mirada de éste, el ex manager permaneció estático mientras observaba profundamente a Shûichi. El pequeño estaba paralizado, su rostro reflejaba claramente el terror que sentía. A pesar de la oscuridad reinante, podía ver que su ídolo estaba completamente pálido. Tenía los ojos entrecerrados, como si temiera mirarlo directamente.

Eiji respiraba agitadamente. Su corazón latía con furia dentro de su pecho, mientras se preguntaba que haría Shûichi. ¿Acaso gritaría?. ¿Lo patearía? Pensó con ansiedad.

En silencio, deseó nunca haber tocado al pelirrosa, pero no fue capaz de detenerse. Shûichi sama lucía hermoso mientras dormía. La luz de la Luna lo hacía brillar, brindándole una apariencia aun más adorable de lo normal. Unos cuantos mechones cubrían parte de su rostro, el cual estaba inclinado hacia un lado, exponiendo su largo y perfecto cuello, casi como si rogara ser besado y tocado.

Eiji intentó controlar sus deseos sabiendo que el motivo de la visita no era tocar a Shûichi sama. El minuto en que lo vio dormido, una ola de adrenalina lo envolvió, lo que acabó excitándolo. Pensó que un pequeño beso en los labios no haría daño, pero se equivocó. El primer beso se sintió tan electrificante que su cuerpo tembló de emoción. Incapaz de detenerse, marcó con besos un camino por la garganta de Shûichi, acariciando con su rostro el cremoso cuello.

'Ya fue suficiente' su mente le dijo con severidad. Cuando estaba a punto de alejarse con fuerza del pequeño, éste gimió con placer. Con eso, la sentencia de Eiji quedó firmada. Desabotonó la camisa del pequeño sin pensarlo dos veces, ansioso de tocar el hermoso y esbelto cuerpo con el que había soñado por tanto tiempo.

El hombre se perdió en la gloriosa visión del torso desnudo de Shûichi. El pelirrosa lucía tan inocente y hermoso recostado en su espalda. Quitándose su propia camisa, Eiji respiró profundamente mientras observaba a su ídolo. Se sentía sobrecogido ante el hermoso cantante dormido frente a él.

Cuando se acercó para tocarlo, el corazón de Eiji palpitaba con furia y los dedos le temblaban. Rodeó con delicadeza su pezón, acariciándolo en círculos. Shûichi inhaló fuertemente arqueando su cuerpo, rogando por más. Lamiendo sus secos labios, Eiji se inclinó para besarlo. Colocó suaves besos en cada pezón, lamiendo y excitándolos suavemente antes de bajar hasta su estómago.

No podía creer cuanto deseaba esto. Su cuerpo completo gritó por el deseo de tener a Shûichi. Queriendo ver más, se atrevió a abrir los pantalones del pequeño con sus aun temblorosos dedos. Su corazón golpeaba contra sus costillas mientras los abría lentamente, sin poder esperar ver el miembro del cantante frente a sus ojos.

Fue en ese momento que Shûichi abrió los ojos.

Asiendo la sábana, Shûichi se quedó paralizado, demasiado asustado como para moverse. Eiji se movió hacia el centro de la cama cuando se sintió muy incómodo sentado en la mitad de sus nalgas. Mientras los dolorosos minutos pasaban, Eiji finalmente se aburrió de esperar la reacción del pequeño. Abrió su boca y dijo, "Shûichi.."

Shûichi se sobresaltó. Al despertar había comprobado que se encontraba semi desnudo con Eiji en la habitación; no sabía que pensar.

"Él es solo un pervertido bastardo que te eligió como objeto de su perversión," las palabras de Eiri lo penaban. Su amante no estaba aquí para protegerlo y eso lo asustó aun más. Sintiéndose desamparado, comenzó a llorar. El pequeño estaba completamente aterrado, sabiendo que no tenía forma de escapar. Estaba indefenso ante horrores que no se atrevía ni a pensar.

"Shûichi," Eiji susurró inseguro.

Cuando no recibió respuesta, Eiji se atrevió a acercarse ligeramente, deseando estar más cerca de su ídolo.

"¡No te me acerques!" Shûichi le gritó. Cerró los ojos con fuerza y levantó los brazos para bloquear a Eiji.

"Shûichi," Eiji comenzó nuevamente.

"¡No!. ¡Aléjate de mi!" Un aterrado Shûichi le gritó mientras su rostro era surcado por abundantes lágrimas, las que mojaban las sábanas. Abrió los ojos y los fijó en la figura de Eiji.

"Shûichi sama¡por favor no me hagas esto! Yo…"

"¡NO QUIERO OÍRTE!" Shûichi sollozo mientras cubría sus oídos con sus manos. Sacudió su cabeza violentamente, intentando bloquear cualquier sonido que intentara entrar a sus tímpanos.

"Shûichi sama¡No te haré daño!" Ahora Eiji estaba completamente desesperado. Le dolía ver a su ídolo llorar, le desgarraba el corazón que Shûichi lo rechazara. En un parpadeo, Eiji estaba a un lado del lloroso pequeño, intentando consolarlo entre sus brazos.

En cuanto Shûichi sintió a Eiji, pateó y golpeó ciegamente, intentando que alguno de sus debilitados golpes le diera a Eiji. Hizo esto una y otra vez, pero no logró conectar ninguno.

Eiji evadió cada ataque con maestría. Aprender artes marciales por seis años lo dejó con un excelente estado físico. Capturó las manos de Shûichi con las suyas e intentó controlarlo por medio de un abrazo.

Shûichi se anticipó a esto y dio una patada final, la que golpeó en el centro del estómago de Eiji. El apretón del mayor se aflojó y el pequeño aprovechó la oportunidad para escapar.

Sudando y jadeando, Shûichi se puso de pie y corrió. Si tan sólo lograra llegar a la puerta, pensó mientras estiraba sus brazos hacia delante con desesperación.

Recuperándose del golpe casi al instante, Eiji dio un salto de la cama y con dos zancadas alcanzó a Shûichi. Capturó la mano del pelirrosa justo cuando pretendía girar la manilla. Cogió con fuerza la pequeña mano y lo lanzó hacia atrás par alejarlo de la puerta.

Shûichi aterrizó en el piso y gritó de dolor. Su pelvis se golpeó contra el borde de la cama durante la caída. El dolor era punzante, tanto que Shûichi solo logró morderse el labio. Se tomó el lado derecho, tratando de calmar el dolor de esa parte frotándola.

Impactado por lo que había hecho, Eiji se apresuró para quedar arrodillado a su lado. "Dios, Shûichi sama, lo siento muchísimo," Eiji intentó abrazar a Shûichi pero su mano fue palmeteada con la mano libre del pequeño.

Con mucha dificultad, Shûichi dijo, "No... me toques."

Para sorpresa del pequeño, Eiji obedeció. Con ambas manos a su lado, continuó mirando al pelirrosa con preocupación, mortificado por su forma de reaccionar. No sabía que lo había poseído cuando lanzó a Shûichi lejos de la puerta. Quizás estaba desesperado por tener al pequeño entre sus brazos o tal vez el temor de perderlo frente a sus ojos. Cualquier fuera la razón, jamás fue su intención hacerle daño, ya que era, sencillamente, muy adorado como para tratarlo con tal rudeza.

"Shûichi sama¿aun te duele?" Eiji le preguntó tímidamente.

Shûichi estaba muy aterrado como para contestar. Con Eiji arrodillado frente a él, pensar en ponerse de pie y escapar de este lunático parecía un imposible. Seguía luchando para controlar el pánico que sentía. Jamás había sentido tanto miedo como en esta ocasión.

"¿Shûichi sama?" Esta vez, Eiji colocó una mano en el brazo de Shûichi e intentó ayudarlo a ponerse de pie.

"¡No!" Shûichi le gritó con fuerza. Se forzó a ponerse de pie y se alejó del hombre.

"Shûichi sama, lo siento. Por favor, créeme, no tengo intenciones de hacerte daño," Eiji siguió a Shûichi hasta la puerta.

"¡Onegai, aléjate de mi!" Shûichi le rogó sin despegar la mirada de su antiguo manager. Retrocedió hasta que su desnuda espalda chocó contra la pared.

Eiji no correría riesgos. Con dos zancadas se abalanzó sobre éste y rápidamente aseguró a su presa con ambas manos, una a cada lado, dejando al pelirrosa atrapado. Por primera vez lograba ver el rostro de Shûichi a una corta distancia. El cantante temblaba, sus ojos abiertos y aterrados lo observaban de regreso mientras caían gotas de sudor por su rostro.

Su corazón dolía con furia al ver a Shûichi en semejante estado. No sabía como asegurarle que no estaba allí para hacerle daño. Tan sólo deseaba abandonar el apartamento con él. Había sido difícil entrar al altamente resguardado edificio y la única forma de salir sería con Shûichi a su lado. Además, solo llevándose al pequeño podría borrar el recuerdo de Yuki Eiri de su mente.

Eiji meditó profundamente su petición antes de formularla en voz alta, "Shûichi, por favor vayámonos juntos."

Shûichi sacudió su cabeza inmediatamente antes de que Eiji terminara su oración. "¡No!," gritó desesperado. Estiró ambas manos en busca de algún objeto a su disposición. Una de sus manos encontró el borde de la mesita de noche. Vagando por ella, sus dedos dieron con un cuadrado y antiguo reloj. Era posiblemente la única cosa que Yuki había traído consigo después de un viaje a otra ciudad por asuntos de trabajo.

Sin pensárselo dos veces, Shûichi tomó el reloj y se lo arrojó a Eiji. Bingo. Había golpeado a Eiji justo en la frente. ¡Esta es mi oportunidad! En una fracción de segundo, el pequeño ya estaba en la puerta, girando la manilla y saliendo de la habitación.

Su victoria no se prolongó demasiado, ya que Eiji lo atrapó en la sala mientras intentaba salir del apartamento. Abrazó firmemente al pequeño con ambas manos desde atrás, apretándolas con fuerza alrededor de su expuesto torso.

"Déjame ir, Eiji," Shûichi se retorcía con fuerza.

¿De dónde saca toda esta fuerza? Eiji pensó mientras intentaba asegurar a Shûichi entre sus brazos. Para ser un joven tan delgado, no cabía duda que sacaba una fuerza brutal en casos como este.

"Shûichi sama, por favor detente," Eiji intentó calmar al molesto pelirrosa abrazándolo con más fuerza.

Sus plegarias fueron completamente ignoradas por el pequeño, mientras seguía luchando antes de golpear con sus codos el pecho de Eiji, causando que gruñera de dolor. Sus brazos perdieron fuerza, y Shûichi aprovechó el momento. Liberándose de Eiji, corrió rápidamente hacia la puerta principal y empezó a abrirla.

Casi había dado el primer paso fuera del apartamento cuando Eiji lo llamó con desesperación.

"¡Te diré donde está Yuki!" Eiji le ofreció. El golpe en su pecho debió ser muy doloroso porque tosió en cuanto acabó de pronunciarse.

Con aun una mano en la manilla, Shûichi se plantó en su sitio. ¿Acaba de decir 'Yuki'? "¿Qué-qué fue lo que dijiste?" Shûichi le susurró roncamente.

"Te diré donde está Yuki," Eiji le repitió. Se hundió en sus rodillas con una mano presionada firmemente sobre su pecho. "Te lo diré si prometes venir conmigo," Eiji continuó después de una pausa.

¿Eiji sabe dónde está Yuki?. ¿Está intentando engañarme? No, no puede ser. ¿Cómo podría saber que Yuki está perdido?

"¿Cómo sabes que Yuki está perdido? El rostro de Shûichi palideció. Cuando Eiji desvió la mirada en lugar de responderle, Shûichi cerró la puerta de golpe y corrió hacia él. Se arrodilló frente a Eiji y volvió a preguntarle, "¿Cómo sabes que Yuki está perdido?"

"¡Dime!" Shûichi casi le gritó cuando Eiji volvió a ignorarlo. Su voz vaciló y su cuerpo entero se estremeció con miedo y su ritmo cardíaco pareció duplicar su velocidad. Dios¿acaso algo le ocurrió a Yuki? Eiji debe tener alguna relación con la desaparición de Yuki.

Eiji observó el afligido rostro del pequeño y suspiró. No pensó que usaría su carta de triunfo tan pronto, pero dado que su plan para que lo acompañara pacíficamente había fallado, no le quedaba otra alternativa. La profunda preocupación de Shûichi por Yuki le dio a Eiji una puñalada de celos, un horrible sentimiento que no había sentido desde – desde esa noche en que vio a Yuki y Shûichi haciendo el amor en el sofá del camarín.

Los celos lo desgarraban por dentro. En un arranque de ira, golpeó sus puños contra el piso. "Te diré donde está Yuki si me acompañas," Eiji le dijo alto y claro.

Asustado, Shûichi se levantó e instintivamente retrocedió hasta quedar contra la puerta. Se apoyó contra ésta buscando soporte cuando notó que sus rodillas no lograban resistir su peso. Tembló por completo, sintiendo escalofríos en la espalda. Sus temblores aumentaron, haciéndolo sacudirse tan violentamente que a duras penas lograba permanecer de pie incluso con el apoyo de la puerta. El pequeño sintió sus músculos tensarse y finalmente, cayó al piso.

Tenía miedo, tan aterrado que no lograba hablar. Debe ser una trampa, se dio cuenta al pensar nuevamente en la proposición de Eiji. No había forma de que pudiera aceptar su oferta, Shûichi pensó firmemente.

Espera. Una temible idea surgió en su mente. Quizás jamás sabría el paradero de Yuki si declinaba la oferta. Yuki podría estar encerrado en una habitación oscura, con los ojos vendados, con frío y hambriento, esperando que Shûichi lo liberara. Morirá. Se dio cuenta que estaba en medio de un dilema.

¡No pienses! Shûichi se regañó. Sabes muy bien que no tienes opción. Esta es la única forma que tienes de conocer el paradero de Yuki y asegurar tu bienestar en el entretanto, el pequeño razonó.

Se levantó tembloroso, sorprendido de cuanto le costó ponerse de pie. Mordiéndose el labio para acallar un grito ante sus tensos músculos, se afirmó de la manilla de la puerta en busca de apoyo mientras luchaba por pararse. En cuanto estuvo sobre sus pies, miró los expectantes ojos de Eiji.

Esto es por el bien de Yuki y tuyo. No dudes, Shûichi se dijo firmemente. "Yo… haré lo que me dices." Shûichi habló con dificultad.

Eiji sonrió triunfante antes de ponerse de pie y caminar hacia Shûichi para guiarlo fuera del apartamento.

"Espera," Shûichi lo detuvo. Desapareció dentro de la habitación y apareció un minuto más tarde con una polera y pantalones largos.

Eiji rió suavemente, colocó su brazo sobre los hombros de Shûichi antes de guiarlo fuera del apartamento.


"Maldición¿por qué no contesta el teléfono?" Hiro marcó las teclas del teléfono con suma molestia. Había llamado a Shûichi cinco veces pero su mejor amigo parecía estar muy ocupado con algo como para contestar el teléfono. El guitarrista estaba preocupado por el cantante ya que había quedado muy afectado tras la búsqueda de aquel día.

Hiro se rindió tras el séptimo intento y colocó el teléfono a la mesa. Recostándose en el sofá cama, pensó en las posibilidades que podrían impedirle contestar el teléfono a su amigo. Se dio cuenta que no lograba sacar ninguna conclusión, así que saltó del sofá, cogió las llaves de su motocicleta y salió disparado de la habitación.

Revisó su reloj de pulsera el minuto en que llegó al elegante edificio. Silbando sorprendido, Hiro se dio cuenta que debió exceder el límite de velocidad ya que había llegado al lugar en solo siete minutos. Quitándose el casco, caminó seguro hacia el edificio sin molestarse en identificarse ya que los guardias de seguridad lo conocían bien.

"Buenas noches, Nakano-san."

"Buenas noches," Hiro le respondió cortésmente y siguió caminando sin detenerse.

"Si está buscando a Shindô-san, acaba de salir," El guardia prácticamente le gritó.

Completamente sorprendido, Hiro detuvo su marcha. "¿Salió solo?" Se dio vuelta y preguntó.

El guardia negó con la cabeza. "Un hombre lo acompañaba."

"¿Quién?" Hiro cortó al guardia antes de que éste pudiera terminar.

"No tengo idea. No pude verlo. Llevaba un abrigo muy ancho que le cubría la mitad del rostro y estaba usando gafas oscuras." El guardia se explicó. "Extraño¿verdad? Está oscuro como para usarlas."

"¿Era alto?" Hiro continuó preguntando. "¿Era un hombre extraño con el pelo largo y rubio?"

"Sí y no." El guardia le respondió, lo que dejó a Hiro sintiéndose frustrado.

"¿Qué quiere decir?"

"Era alto, pero no era su manager. Podría reconocer a K-san en cualquier situación."

Hiro entró en pánico. Si Shûichi no había salido con K¿entonces con quién? Tatsuha, pensó en un instante. Es tan alto como Yuki y a veces puede hacer bromas muy pesadas. Sonrió y rápidamente sacó su celular de su chaqueta y marcó el número del moreno.

"Tatsuha¿Está Shûichi allí contigo?" Hiro le preguntó calmado.

Esperaba que Tatsuha se riera y le respondiera que sí, pero ocurrió lo contrario.

"¿QUÉ?" Hiro gritó.

"No lo he visto desde esta mañana. Pensé que estaba contigo," Tatsuha le respondió sorprendido.

En ese instante se le heló la sangre. Cortó la llamada sin responder e inmediatamente salió corriendo del edificio, pasando al confundido guardia aun de pie a un lado de la entrada principal. De golpe pensó que Eiji podría ser quien se había llevado a Shûichi. ¿Pero por qué Shûichi lo había seguido? Debía existir alguna razón, pensó mientras aceleraba en dirección a la residencia de Tôma.


Yuki, abre los ojos. Yuki, abre los ojos. Yuki...

Yuki sacudió su cabeza violentamente, intentando desesperadamente abrir sus ojos. En su estado de semi-inconsciencia, vio un rayo de luz sobre él y una voz desesperada lo llamaba insistentemente.

Cuando finalmente despertó, tras lo que pareció una eternidad, Yuki sintió sus ojos ardiendo bajo un rayo de Sol que caía directamente sobre él. Pestañó un par de veces, intentando ajustarse al brillo antes de abrirlos definitivamente.

Finalmente siendo capaz de ver adecuadamente, Yuki levantó su adolorido cuerpo del futón y llevó una mano hasta su frente. Sólo entonces notó que estaba vendado. Sus manos, piernas y casi la totalidad de su torso estaban cubiertos de gasa blanca. Rápidamente examinó su rostro con sus dedos y notó que tenía otra venda sobre la frente. Dios, seguramente lucía como una momia.

Ignorando las vendas, Yuki observó a su alrededor. Estaba en una pequeña cabaña. Las tablas de madera estaban tan añejas que parecía que colapsarían en cualquier momento. No había mucho en la habitación a excepción de una pequeña mesa en una esquina. El amplio ventanal ofrecía abundante luz natural y calor, algo que Yuki agradeció enormemente.

Oía el viento soplar, el sonido de las olas golpeando las rocas y las aves cantando en el exterior. Sin dudarlo, Yuki estaba seguro que estaba cerca del mar. Pensó que si tan sólo pudiera alcanzar la ventana podría averiguar su ubicación.

Mientras intentaba levantarse. Una voz femenina le habló, "finalmente despertaste."

Yuki se giró para encontrar a una atractiva joven. Traía consigo una bandeja con vendas nuevas, antiséptico y un recipiente con agua.

"Estuviste inconsciente por un día entero," le sonrió mientras se arrodillaba frente a él.

"Y tú eres..."

"Tanaka Miyuki," terminó la oración del rubio.

"Tanaka-san-"

"Miyuki," lo corrigió gentilmente. Colocó la bandeja en el piso y observó al escritor. "¿Me permites cambiarte las vendas?"

Yuki asintió y le acercó su mano. Miyuki le quitó sus vendas con maestría y suavemente limpió al profundo corte en su brazo. No tenía idea como se había hechos esas heridas, debió haberse golpeado contra las rocas mientras caía al mar.

"Lo siento¿lo hice muy fuerte?" Miyuki le preguntó cuando Yuki hizo una mueca de dolor.

Yuki negó con la cabeza y continuó mirando a la joven frente a él. Tenía la piel clara y cabello largo y oscuro. Sus ojos combinaban con su cabello, oscuros y misteriosos. De alguna forma, Miyuki lucía como Mika, aunque su hermana no era tan agraciada.

"¿Tengo algo en el rostro?" Miyuki le preguntó sin despegar la mirada de su brazo.

"No," Yuki le respondió. Se preguntaba como podría vendar su brazo sin preguntarle. "Eres muy buena en esto," le comentó.

Miyuki aseguró la tela para evitar que se cayera y miró a Yuki. "Solía ser enfermera."

"¿Solías?" Yuki arqueó una ceja.

"Así es." Miyuki bajó la mirada.

"¿Qué ocurrió? Yuki le preguntó.

Yuki comprendió que algo malo debió ocurrirle cuando Miyuki eludió la pregunta cambiando el tema. "¿Qué hay de ti?. ¿Por qué te lanzaste por el acantilado?"

Los ojos del novelista se abrieron sorprendidos. "¿Cómo sabes que me lancé por el acantilado?"

"Papá venía de regreso cuando te vio saltando," Miyuki le explicó. "Usualmente pasa cerca del acantilado. Ese día, venía camino a casa cuando escuchó un sonido muy fuerte—como un disparo. Entonces te vio saltando. Pensó que intentabas suicidarte."

"¿Por qué me trajo aquí entonces? Podría haberme llevado al hospital."

"Las olas estaban muy fuertes esa noche. Cuando finalmente logró encontrarte, estabas muy lejos de la costa. No te preocupes, te llevamos a nuestra clínica local para tomarte unas radiografías y el doctor confirmó que no tienes huesos rotos," Miyuki le sonrió cálidamente. "Entonces¿Por qué te lanzaste por el acantilado?"

"Perdí el equilibrio y caí," Yuki mintió, Para evitar más preguntas de la joven, rápidamente cambió el tema, "¿Dónde estamos?

"Estás en un pueblo de pescadores en una pequeña isla a tres horas en barco de Tôkyô," Miyuki se puso de pie y se cambió de lado para trabajar en la mano derecha de Yuki.

Yuki permaneció en silencio mientras Miyuki lo revisaba. Tenía que regresar a Tôkyô. Estaba preocupado por el bienestar de Shûichi. Con él fuera del camino, Eiji definitivamente intentaría hacer a Shûichi suyo.

Maldición. Aun estaba frustrado por como Eiji lo había engañado. Si tan sólo no hubiera sido tan descuidado no habría caído en la trampa. El bastardo sabía que Shûichi era su debilidad e ingeniosamente usó al cantante como señuelo.

Tuvo suerte de que Eiji fuera tan mal tirador. Pretendió que le había dado y saltó antes de que pudiera dispararle nuevamente. Fue muy riesgoso, pero no tenía opción. Era quedarse allí y ser asesinado o saltar.

"Listo, terminé."

Yuki miró su brazo recién vendado y murmuró un gracias. Mientras inspeccionaba el vendaje, Miyuki dijo un abrupto comentario que lo sorprendió.

"Shindô-san y tú se ven bien juntos."

Miyuki soltó una carcajada cuando vio la mirada sorprendida de Yuki. "Oh, sé quien eres. Desde el momento en que papá te trajo a casa, te reconocí como el escritor de romance del momento," se detuvo por un momento antes de continuar.

"He leído todas tus novelas y como tu admiradora, obviamente estoy enterada de tu relación con Shindô-san," Miyuki añadió. "¿Crees que podrías darme tu autógrafo?"

Yuki sonrió con autosuficiencia. "Usualmente no lo hago, pero ya que me salvaste, te lo daré. Considérate afortunada," le dijo con arrogancia.

"¿De verdad?" Los ojos de Miyuki se iluminaron. Corrió a buscar sus novelas antes de que cambiara de opinión.

Yuki observó la puerta por un momento. La sonrisa de Miyuki le recordaba a Shûichi. Al mocoso también se le iluminaba el rostro cada vez que le prometía algo. El pequeño debía estar muy preocupado; sus labios se curvaron ligeramente.

Miyuki regresó con una pila de libros y un bolígrafo dorado. "Aquí tienes," colocó los libros frente a él.

Yuki estaba a punto de tomar el lápiz cuando Miyuki de improviso exclamó, "olvidé que estás herido, lo siento."

Ignorándola, tomó el bolígrafo, firmó un libro y le dijo, "estoy herido, no soy un minusválido. Por cierto, necesito regresar a Tôkyô inmediatamente," Yuki le dijo mientras firmaba cada novela.

"No estás en condiciones de..."

"Es urgente," Yuki la interrumpió.

Miyuki suspiró y negó con la cabeza. "Desearía ayudar, pero el barco a Tôkyô ya salió y el siguiente viaje solo estará disponible pasado mañana," le dijo con pesar.

Mieda. Muy tarde. No puedo quedarme aquí dos días. Shûichi, Tôma y Tatsuha deben estar muy preocupados. Además, dos días le dan un amplio tiempo al maniático para actuar. Dios¿qué se supone que haga? Yuki llevó ambas manos a su cabeza, intentando calmar el palpitante dolor, masajeándola.

"¿Yuki san?"

Miró a la preocupada Miyuki y pensó por un momento.

"Miyuki¿puedo usar tu teléfono?"


Tôma estaba sentado en la oficina presidencial con los brazos cruzados sobre el pecho. La situación había ido de mal en peor. Primero estaba la misteriosa desaparición de Yuki. Luego Shûichi dejaba su apartamento con un hombre no identificado. No sabía que más hacer. Sus investigadores privados tampoco eran de mucha ayuda.

Tôma observó la habitación y vio a Hiro, Fujisaki, K y Tatsuha, todos con expresiones preocupadas en sus rostros.

"¿Qué deberíamos hacer?" Fujisaki preguntó en voz alta.

"No lo sé," Tôma le respondió a su primo, y la habitación quedó nuevamente en silencio.

"Mierda. ¡Encontremos a Eiji y sabremos que hacer!" Hiro se puso de pie y gruñó con furia.

"Si supiera donde está, nuestras vidas no serían tan miserables," Tôma respondió calmo.

"Maldito bastardo. Estoy seguro que fue él quien se llevó a Shûichi," Hiro pateó la pared repetidas veces.

"Nakano-kun, patear la pared no..." Tôma fue interrumpido por su celular. Sacó el aparato y revisó la pantalla. Suspiró y dejó que sonara hasta que se cortó la llamada.

"¿Quién era?" preguntó Tatsuha.

"No tengo idea y no estoy de humor para tratar con clientes en este momento," Tôma dijo y miró el reloj colgando de la pared, el que indicaba que eran las once de la mañana.

El teléfono volvió a sonar, esta vez, el teléfono de su oficina. Golpeó el botón con irritación. "Tokuno, creo haberte dicho que no recibiría ningún tipo de llamadas hoy," dijo con dureza.

"Pero... pero, señor presidente," la secretaria balbuceó.

"Nada de peros, no aceptaré la llamada."

"Pero... señor... es el señor Yuki Eiri quien lo llama."

"¿QUÉ?" Todos los presentes gritaron al unísono.

"Pasa la llamada," Tôma le indicó. Su corazón se descompasó al apretar el altavoz. Quería que todos oyeran para estar seguro de que era realmente Yuki. El resto se abalanzó sobre el escritorio del rubio y miraron el teléfono intensamente.

"Tôma."

"¿Eiri?" El escueto saludo era prueba de la identidad del escritor. Su cuñado siempre lo llamaba de esa forma.

"Eiri¿dónde estás? Hemos estado muy preocupados,"

"Tôma¿dónde está Shûichi?"

Tôma miró al resto de los presentes, quienes agacharon la cabeza. "Eiri-" Tôma se detuvo por un momento. Necesitó reunir todo su valor antes de continuar, "Shindô-kun…. Está perdido."

"¿QUÉ?" Yuki gritó. "¿Qué demonios quieres decir?"

"Los guardias de tu apartamento dijeron que Shindô-kun había salido con un hombre misterioso," Tôma le respondió con pesar.

"Mierda. Debe ser Eiji." Eiji maldijo.

"Eiri..."

"Tôma, estoy en un pueblo de pescadores, a tres horas de Tôkyô. El barco acaba de partir y no habrá otro viaje a la ciudad hasta dentro de dos días. Ven a buscarme," Yuki dijo con urgencia.

"Muy bien," el presidente rápidamente anotó los datos en una libreta.

"Hablaremos cuando llegues," el escritor dijo y cortó la llamada.

Continuará…


Notas de Kadzuki Fuchoin:

Futón – Un futón es una cama tradicional japonesa que se coloca en el piso sólo durante la noche y se guarda en un armario durante el día.

Quiero agradecerle a todos los que dejaron review y votaron! Ahora, he aquí los resultados de a quienes les gusta Eiji Tono…

Eiji Tono le gusta a 5 personas, 7 lo odian y otros 31 no votaron.

Notas de traducción: Y aquí estoy, corriendo para ponerme al día antes de entrar a clases nuevamente. De verdad gracias a todos los que han seguido la historia. Quizás notaron que anteriormente Eiji se refiere a Shûichi de 'usted' y desde el capítulo anterior ya lo llama más informalmente. Creo que en su actual estado psicópata, su mente no está en condiciones de llamarlo con tanto formalismo, así que pega más un trato más de secuestrador a víctima!

Gracias a Nadesiko Takase por ser mi beta como siempre! Muchas gracias por su tiempo y si gustan, los reviews son siempre muy bien recibidos. Besos a todos.