Tratando de crecer
Selphie
Si siguiera mi instinto"
-Hola, Quis, ¿cómo va todo?- preguntó la joven a su amiga, entrando al aula que la segunda tenía asignada.
La rubia se puso tensa por un momento, luego se relajó. Estaba corrigiendo ensayos, notó Selphie, así que procuraría ser breve.
-Estoy bien, ¿tú?- respondió la instructora, girando para encararla pero mirando de reojo los papeles que tenía delante. La castaña le sonrió abiertamente.
-Puedes seguir corrigiendo, no tienes que guardar tanto las formas conmigo, mujer.- la otra le devolvió el gesto, algo apenada y se volcó a su trabajo nuevamente. -¿Quieres que te ayude? Así sea marcando en lápiz "correcto" o "incorrecto", creo que te haría las cosas más fáciles.- ofreció la menor, haciendo los gestos como si escribiera en el aire. Por toda respuesta, la mayor levantó la cabeza y la miró como si le hubiera propuesto matar a todo el Jardín y bañarse en su sangre. La castaña alzó las manos en un gesto defensivo. –Olvida lo que dije.-
Quedarse de pie junto a una profesora que corregía ensayos después de clases ciertamente le hacía sentirse una alumna. La SeeD meditó sobre el corto tiempo que le quedaba en un rol similar, puesto que no podía considerarse exactamente parte del alumnado desde que se había graduado como la élite del Jardín.
-Lamento la espera. ¿Te puedo ayudar con algo, Selphie?- inquirió, tras escribir algo junto a una respuesta y reacomodarse los lentes.
La guerrera del nunchaku ciertamente admiraba mucho a su amiga y la constancia que tenía con su trabajo (aunque fuera el más aburrido de la historia). Jamás la veía quejarse, aunque estuviera cansada o atareada, y siempre tenía un gesto de ayuda para todo aquel que la necesitara.
-Sólo… quiero contarte algo.- tomó aire y continuó. -Tengo pensado irme del Jardín. Irvine también, es más, creo que hoy llevó su resignación.- dijo de un tirón. Mientras más rápido pasara la parte incómoda, mejor.
La joven instructora la miró sorprendida. Se quitó las gafas y acomodó un mechón de cabello dorado detrás de su oreja.
-Cielos…- alzó los hombros. Selphie quiso meterse en un pozo y morir allí. -¿Se van juntos?- la castaña rió abiertamente y negó con la cabeza.
–Irvy se va mañana, seguramente vendrá a saludarte en algún momento del día; yo voy a ir a Timber esta semana para ver una oferta laboral y, si hay suerte, quizás la semana que viene...- no necesitaba concluir mejor esa oración, lo dicho era suficiente. La rubia asintió.
-¿Por qué has tomado esta decisión?- el entrecejo fruncido con curiosidad, y no con decepción o enojo, tranquilizó notoriamente a la más joven.
-La verdad es que deseo algo distinto para mí y mi futuro. No quiero ser un soldado ni destruir vidas, Quis. Ya he tenido suficiente.- su amiga asintió.
-Lo comprendo.- le sonrió con una pincelada de tristeza. –Me apena saber que no estarás cerca por mucho tiempo más, pero entiendo que quieras algo diferente.-
Selphie cambió su peso de un pie a otro y se frotó un hombro.
-Gracias. Es un alivio oír eso.-
Quisitis continuó corrigiendo y, haciendo uso de su notable atención dividida, ambas amigas compartieron detalles sobre el futuro que esperaba crear la menor.
-¿Dijiste que irás a Timber?- corroboró la rubia, mordiéndose discretamente el labio inferior.
-Así es. Esta tarde me confirman día y horario, pero se supone que será el jueves por la tarde o el viernes por la mañana, a más tardar.- la guerrera del látigo inhaló profundamente. -¿Sucede algo?-
-Ratifícamelo tan pronto como puedas, tengo un favor que pedirte mientras estás allá.- la curiosidad y el apagado tono de la mayor hizo que la castaña se le aproximara. –Tendrás que hacer uso de tus dotes actorales.- le guiñó un ojo y Selphie sonrió ampliamente.
-Cuenta conmigo.- luego se enserió. -¿Te sientes bien, Quis? Estás algo pálida.- la otra desvió la mirada.
-Me salté el desayuno.- confesó, soltando un suspiro. –Muero por una taza de café.-
Sin embargo, sonó la campana y, segundos después, una catarata de alumnos llegó, por lo que Selphie se vio obligada a retirarse, saludando a su amiga con la mano, gesto que le fue devuelto de manera mucho más sutil.
La joven SeeD avanzó por los pasillos algo preocupada por su amiga pero también aliviada de saber que no estaba en contra de su partida. Inspiró satisfecha al alzar la vista y ver el sol en su cénit con sus ojos verdes entrecerrados.
-Escribí cinco canciones nuevas, mejoré tres que ya tenía y tengo otras cuatro a medias. A este ritmo, para el jueves o viernes, podré grabar un demo.- sonrió ampliamente ante la idea.
Estaba muy emocionada, casi eufórica por la expectativa. Tenía plena confianza en su talento y carisma. Sabía que podía haber gente tan o más capaz que ella, pero no dudaba de ser un buen proyecto para cualquier agencia de talentos.
Notó a Zell saliendo de la Biblioteca y avanzó brincando hacia él, finalmente dio un salto y abrazó su cuello al grito de "¡hola, Zelly!". De no haber sido tan robusto el rubio, seguro hubieran acabado en el piso.
-Hola, Selph.- respondió incómodamente su amigo.
-¿Qué pasa?- preguntó ella, desprendiéndose y mirando alrededor. Notó a la chica con trenzas de la Biblioteca. –Aw, ¡nuestro pequeño Zelly está creciendo!- le burló.
-¡Oye!- se quejó, reacomodando el cuello de su uniforme de SeeD con tanta dignidad como le era posible. Luego susurró. -¿Está mirando?- la castaña sonrió y, tan sutilmente como de ella podía esperarse, se fijó.
-Mm, ¡sí!- contestó, haciendo una tonada musical, sonriente y entrecerrando los ojos.
-Venga, vámonos, no quiero ser muy obvio.- ordenó él, mordiendo su labio inferior para contener el (aun así) obvio gesto de alegría.
Caminaron lado a lado por los pasillos, comentándose mutuamente las nuevas noticias: ella, sobre la oportunidad en Timber; él, sobre la chica de la Biblioteca.
-Ayer hablamos un rato. Hoy le pregunté si estaba saliendo con alguien.- él bajó la mirada, sonriendo tímidamente. –Se sonrojó y dijo que no, es demasiado linda…-
Selphie soltó una risita de alegría y le dio una palmada en el hombro.
-Eso significa que puedes invitarla a salir.- el rubio volteó de golpe y le echó un vistazo con los párpados bien abiertos y un gesto pasmado.
-Eso… creo.- afirmó, sin demasiada confianza. –Quizás en algún tiempo, no quiero apresurarme ni parecer un baboso; recién estamos hablando de cosas más o menos personales y… tú sabes.- ella se paró de golpe, con los brazos en jarra y una mueca falsamente ofendida.
-¡Disculpa! ¿No fue ella la que fue a Balamb expresamente a llevarte una revista que tranquilamente podrías haber comprado en cualquier otro lado?- preguntó retóricamente, ya que estaba cien por ciento segura de que así había sido.
-Pues, sí, pero, ya ves…- la guerrera lo interrumpió, señalándolo con un índice acusador.
-¿Y no fue ella la que estuvo prácticamente pegada a ti en la fiesta que se lanzó en honor a nuestra victoria, cuatro meses atrás?- el artista marcial tragó saliva y asintió. –Entonces, ¿qué haces hablando conmigo? ¡Ve a invitarla a salir! Recuerda: "camarón que se duerme, es cartera".- él rió a carcajadas y le dio un estrecho abrazo.
-La frase es "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente" o "cocodrilo que se duerme, es cartera"; no estoy seguro a cuál te referías.- rectificó burlonamente al soltarla.
-¡Es lo mismo! Ya, vete antes de que algún otro te gane de mano.- dijo ella, picándole el lado por marcarle su equivocación.
-Eres la mejor, Selph. Por cierto, nos veremos a la noche: Irvine quiere hacer una "despedida".- aclaró, gesticulando las comillas, y se retiró.
La muchacha se despidió con un gesto de su mano y se acomodó un poco el cabello al caminar.
Dirigiéndose a su dormitorio, no pudo evitar notar la cantidad de alumnos nuevos que había; eran de todas las edades, así que seguramente se trataba de transferencias de otros Jardines o, sencillamente, nuevos aspirantes.
-Entre todos ellos debe haber alguien a quien le importe el Festival: no puede dejar de existir alguien así.- se dijo, orgullosa. No podía hablar con todos y cada uno de ellos, pero sí podía hacer un panfleto, hacer copias y dejar un mensaje en la web del Jardín. –Lo haré cuando regrese de Timber. No quiero dejar este lugar sin Comité del Festival Estudiantil; debo seguir a mi corazón.- asintió, llena de entusiasmo, y pensó en un ritmo alegre y movido para una canción sobre su evento favorito. Eso, sin lugar a dudas, ilusionaría a más de uno.
