Sin mas por el momento, disfruten el capitulo!
Veinte
Jasper regreso a Los Ángeles e hizo una cita para entrevistarse con Isabella Masen en su hermosa residencia. Según entendía, la compañía de representación de Isabella, una de las más prestigiosas en el mundo del espectáculo, tenía también oficinas en Los Ángeles y en Nueva York y representaba a los nombres más destacados.
Estaba enterado de que, antes de la muerte de su hermana, Isabella era agente de Rosalie únicamente y trabajaba en su propia casa.
Jasper franqueó las rejas hacia la primorosa finca en Holmby Sills. La casa principal era de tres pisos, blanca como un pastel de bodas, con un largo porche en todo el frente. Las habitaciones estaban dispuestas a uno y otro lado, con muros de vidrio que disimulaban unos jardines exuberantes. Dos perros de raza Labrador corrieron por el césped para recibirlo.
-¡Hola, hola! –abrió la puerta del auto y estaba acariciándoles alegremente las orejas cuando Isabella llego hasta él.
-Se llaman Hannover y Lexington –explico, mientras sostenía una pelota de tenis maltrecha. A un tiempo, ambos animales se sentaron, inquietos, mirándola suplicantes. Arrojo la pelota para que fueran por ella.
-Buen brazo –murmuro Jasper.
-Procuro mantenerme en forma –respondió ella. Dio media vuelta y echó a andar-. Es una tarde muy hermosa para sentarse adentro. Caminemos un rato.
Tenía cincuenta y dos años pero no aparentaba más de cuarenta. Los ojos eran oscuros, de mirada inquisitiva. El cabello castaño tenía un corte que hacia destacar los rasgos de la cara.
-¿Cómo está tu padre? –pregunto al cabo.
-Bien, gracias. Se retiró el año pasado.
Isabella sonrió fugazmente.
-¿Y echa de menos su trabajo?
-Supongo que lo echaba de menos hasta que se ofreció como voluntario en el centro juvenil del vecindario. Le encanta trabajar con los chicos.
-Sí, Peter es muy hábil con los niños. Yo lo admiro mucho. Si no fuera por eso, no estaría usted aquí ahora.
-Le agradezco que se haya tomado el tiempo para verme, señora Masen.
Isabella no suspiro audiblemente, pero Jasper percibió el estremecimiento de los hombros.
-Llámeme Isabella. Su padre me ayudo a superar una perdida tremenda y se encargó de que se le hiciera justicia a mi familia. Es un hombre excepcional.
-Lo mismo pienso yo –coincidió Jasper.
Rodearon una enorme piscina en forma de abanico. Jasper alcanzo a distinguir el verde intenso de las canchas de tenis a lo lejos.
-No me gusta su trabajo –expresó Isabella de pronto-. Su padre dedico su vida a poner tras las rejas a personas que le arrebatan la vida a otros. Usted está dedicando la suya a ensalzar lo que hicieron.
-¿Ha leído mis libros?
-No.
-Si hubiera leído alguno, sabría que no ensalzo a las personas sobre las que escribo. Mi trabajo solo pone las cosas al descubierto –la corrigió Jasper-. La gente, los actos, los motivos, los porqués. El cómo y el donde no siempre basta. ¿No quiere saber la razón por la que murió su hermana, Isabella?
-Ya sé por qué murió. Murió por que Emmett McCarty sentía celos y estaba lo suficientemente enfermo y era tan perverso como para desear que ella no viviera.
-Pero se amaron lo suficiente como para casarse y engendrar una hija. Lo suficiente, incluso cuando se supone que tenían graves dificultades maritales, como para que ella le abriera la puerta.
-Y como último acto de amor, él la mato.
-Usted puede hablarme sobre ella de una manera que nadie más puede. Sobre lo que sentía, sobre lo que convirtió su vida en una pesadilla.
- Y, ¿Qué hay de su derecho a la intimidad?
-Jamás lo tuvo, ¿o sí? –pregunto Jasper en tono amable-. Yo puedo ofrecerle que diré la verdad, por Rosalie.
-La verdad tiene muchos grados –replico Isabella con tono fatigado-. ¿Por qué Emmett quiso hablar con usted después de todos estos años?
-Simplemente se está muriendo –respondió Jasper sin ambages y la miro de frente.
Algo pasó fugazmente por el rostro de Isabella, algo que le brillo en los ojos y luego desapareció.
-Qué bueno. ¿Cuánto tiempo le queda?
-En enero le diagnosticaron un cáncer cerebral y le dieron un año de vida.
-Así que quiere tener sus últimos quince minutos de fama antes de irse al infierno.
-Tal vez eso pretende –reconocido Jasper, desapasionadamente-. Lo que obtendrá es un libro escrito a mi estilo, no al suyo.
-Y lo escribirá con mi cooperación o sin ella.
-Sí, pero podría escribir un mejor libro si usted colabora.
Le pareció que era sincero al decirlo. Tenía la mirada clara y penetrante de su padre.
-Tal vez. Hable al respecto con mi marido después de que usted me llamo. Me sorprendió. Considera que debemos concederle las entrevistas, para cerciorarnos de que las barbaridades que Emmett haya ideado no destaquen sobre lo demás. De modo que si, quizá hable con usted, Jasper.
Que fea Bella por juzgar mal a nuestro Jasper y por desear la muerte de Emmett (estaba loco, pero no es para desearle tanto mal). Ojala se anime a hablar con Jazz y todo quede claro!
Espero nos regalen muchos reviews y nos hagan muy felices! Gracias Romy x todos tus reviews!
Las invitamos a pasarse por nuestra otra historia y ojala tambien les guste. Ya nos leeremos luego, las queremos!
