Hola a todos, vuelvo recargado y listo para terminar esta historia. Hay nuevos lectores y se aprecian los comentarios. De verdad un comentario alegra al autor y lo anima a seguir adelante. Si tienes alguna duda acerca de la historia o sugerencia, haganmela saber. Saludos a todos xD.

20

La explicación de Hermione sobre lo acontecido en las últimas horas fue rápida y concisa. Draco con una expresión indescifrable en el rostro escuchó sin interrumpir.

—Necesitamos encontrar a alguien que sea capaz de manipular la sangre para extraer este compuesto —terminó Hermione.— Pensamos que tu podrías ayudarnos.

—No puedo ayudarlos, ya no tengo nada que ver con el bajo mundo —Draco se rascó la barbilla con la varita.— Váyanse de mi casa ahora.

Harry se levantó de la silla, donde se encontraba reposando su pierna, con la varita desenfundada.

—Malfoy, no me interesa saber en que estas tú o tu familia metido ahora, solo necesito esa información —la mirada de Harry Potter era febril—. La necesito y la voy a conseguir.

—Cuida tus palabras, Potter —Draco miró de reojo a la hermosa joven y su rostro se hizo más arrogante. —No me quieres amenazar frente a Astoria, mi esposa.

Los ex compañeros de Hogwarts se miraban amenazadores con las varitas listas al menor movimiento cuando Astoria se interpuso entre los dos. La altanería había sido reemplazada por gravedad en la voz de la joven.

—Draco, este auror Potter, ¿te salvó la vida?

La boca del rubio se contrajo en una mueca de rabia.

—Es un maldito héroe, es lo que los héroes hacen.

—Si tienes alguna forma de ayudarlo ahora, deberías hacerlo —la voz de Astoria era calmada y razonable.— Si esta deuda que tienes con él te da tanto asco y vergüenza, líbrate de ella lo antes posible. Esta es tu oportunidad.

Draco debatió consigo mismo por unos segundos, hasta que bajó la varita y la guardó.

—Después de esto no quiero volver a ver tu maldita cicatriz de nuevo.

—Nada me haría más feliz —respondió Harry.

****

Aurelius Bronn se apareció en las afueras de Londres, en un bosque de árboles pequeños y apretujados. El sol ya alumbraba con un resplandor tímido pero reconfortante. El ex Auror a cargo, ahora fugitivo perseguido por Central, buscó las señales de la entrada entre la maleza, hasta que sintió el rasgo de magia oscura.

Bronn sacó una daga escondida entre los pliegues de su capa y con un tajo rápido sobre la palma de su mano la sangre empezó a brotar. Unas gotas bastaron para activar la entrada al lugar donde se decidiría su suerte: podría salir de ahí con cincuenta millones de galeones o no salir en lo absoluto.

Se internó en la oscuridad con un aire de optimismo.

****

—Debimos aparecernos más cerca del lugar —dijo Harry Potter jadeando por el dolor punzante en la pierna.

—Si quieres que nos descubran hazlo, a mí me da igual —respondió Draco sin aminorar el paso.— Además ya estamos a punto de llegar. Es la casa marrón de la esquina.

El barrio en el que se encontraban era lujoso. Las casas eran pequeñas mansiones coloniales, no había muchas personas en la calle. Aún era muy temprano. Los cuatro ex compañeros de Hogwarts se detuvieron a unos metros de la puerta de roble. Ron buscó alguna entrada alterna, pero no encontró ninguna.

—La única forma de entrar es destruir la puerta delantera —señaló el pelirrojo.— Está protegida con hechizos avanzados, nos tomaría mucho tiempo desactivarlos.

—La explosión alertaría a Trench, le daría tiempo a escapar.

Los aurores intercambiaron miradas en silencio, después de unos segundos voltearon hacia el Slytherin al mismo tiempo.

—Bueno, ya los traje hasta aquí, ya no te debo nada, Potter, absolutamente nada —señaló Draco.— Helen Tretcher es la única bruja que puede realizar este tipo de trabajos en la ciudad.

—Necesito que te presentes ante ella. Eso sería lo menos sospechoso posible y nos daría tiempo de sorprenderla.

—¿Por qué habría de hacerlo? —dijo el rubio indignado—. Ya cumplí mi parte del trato.

—¿Es que no tienes ni una pizca de compasión? —Hermione empujó a Draco.— Ron ha perdido a su hermana hace momentos, Harry está a punto del colapso y de enfrentar cargos criminales y tú sigues con tu maldita actitud del colegio.

Draco hizo un amague de sacar su varita pero se frenó en el último momento. Una sonrisa sarcástica cruzó su rostro.

—Solo tenías que pedírmelo de buena manera Granger —el ex Slytherin empezó a caminar hacia la puerta delantera. Los tres ex Gryffindor se retiraron a una distancia prudente y se escondieron detrás de las columnas de la mansión adyacente. Las varitas listas a la menor oportunidad.

El rubio tocó la puerta dos veces. Tras unos segundos, una voz joven se escuchó tras el roble.

—¿Quién es?

—Soy Draco Malfoy y busco a Helen Trench.

—Aquí no vive nadie con ese nombre.

—Dile que no tengo todo el día y que vengo de parte de mi padre, Lucius.

Nadie respondió tras unos minutos. Malfoy se impacientaba y estaba a punto de irse cuando la cara de un joven rollizo apareció tras una rejilla incrustada en la puerta. Luego de unos minutos de inspeccionarlo, abrió la puerta.

—Mi madre lo va a recibir, pero solo tiene uno momento —dijo Mark y con una sonrisa agregó. —Mi madre lo describió muy bien.

—¿Cómo dijo que era? —Draco no se movió de la puerta.

—No tiene importancia.

—Quiero saberlo —dijo el rubio con una voz exageradamente amenazadora. —Exijo saberlo.

«Ahora sería buen momento para que movieran el trasero», pensó.

Mientras el ex Slytherin distraía al muchacho, los tres amigos se acercaron a la puerta abierta. Luego de una seña Harry fue el primero en atravesar la puerta rápidamente, antes de que Mark pudiera gritar, Draco le atestó un puñete en el estómago.

Harry cogió del cuello al sorprendido muchacho y con la varita sobre su abultado vientre le susurró al oído. Empezaron a caminar hacia la sala principal con el resto tras ellos.

Una mujer con rasgos finos leía un pergamino y preguntó sin quitar los ojos de su lectura.

—¿Cómo está Luciu...— las palabras murieron en su garganta al levantar la vista y observar una escena que no se esperaba.— ¿Qué significa esto?

—Soy Harry Potter, Auror de Central y necesito saber si Aurelius Bronn estuvo aquí —dijo Harry.— Y más importante aún, necesito saber donde está.

—No tengo la menor idea de quien me está hablando y si es un Auror como dice, no tendría a mi hijo de rehén.

—No tenemos interés alguno en sus negocios, solo necesitamos esa información, si nos la otorga nos iremos inmediatamente —dijo Ron.

Helen Trench se arregló el cabello y los miró con una sonrisa petulante.

—Si quieren interrogarme necesitan una orden y tener cargos contra mí. Tengo derechos.

—Esta es la última vez que se lo pregunto —dijo Harry con una voz gélida.— Si no me gusta su respuesta, su hijo empezará a sufrir. ¿Dónde está Bronn?

Draco miró a Hermione con una mirada inquisitiva, pero la castaña solo atinó a mover la cabeza de un lado a otro.

«Es verdad que Potter se volvió totalmente loco, va a torturar a ese chico», pensó el rubio.

—No conozco a nadie llamado Bronn —repitió Trench cortante.

—Quizás esto la ayude a recordar —dijo Harry apuntando la pierna regordeta de su hijo.— Lo siento.

Mark se derrumbó tocándose la pierna y gritando como un poseso. Su madre sacó su varita.

—Intente algo y antes de que pueda atacarme, su hijo muere —gritó Harry para que pueda ser escuchado sobre los gritos.— ¿Dónde está Bronn?

El resto de sus ex compañeros de colegio empezaron a mirarse entre ellos, dudando de los métodos extremos de su amigo, pero con las varitas listas ante el menor movimiento.

—Él no sabe nada —gritaba Trench.

—Dígame lo que quiero saber y todo parará —gritaba el moreno.— Su hijo siente miles de cuchillos en la pierna, en cualquier momento entrará en shock por el dolor. ¿Dónde está Bronn?

—Por favor —gritaba Mark.

«Tengo que parar esta locura, lo siento Harry. Lo siento Ginny», pensó Hermione.

La castaña estaba a punto de alzar la varita hacia su amigo cuando Helen Trench empezó a gritar.

—Está bien, les diré todo lo que quieran —gritaba sollozando.— Pero deténganse.

Los gritos de Mark se apagaron. El joven respiraba agitadamente y estaba cubierto de sudor.

—Aurelius vino con una muestra de sangre, necesitaba que extrajera una sustancia. Eso es todo lo que sé. No me dijo a donde iba.

—Conozco al tipo de personas como usted —dijo Harry acercándose hacia ella—. No toman riesgos innecesarios y siempre tienen un seguro. ¿Me equivoco?

Luego de unos segundos de silencio y una mirada amenazadora de Harry hacia Mark, Helen rompió el silencio.

—Le hice un hechizo de localización al envase donde le entregué la sustancia. Si Bronn no se ha deshecho del envase, todavía podría saber donde está.

—Hágalo ahora —dijo Harry antes de que los hechizos empezaran a volar por toda la habitación.

****

«La reunión con Quinn no ha ido tan mal, por lo menos sigo vivo», pensó Bronn.

Solo había visto, cara a cara, una vez antes a Von Quinn. Había sido cuatro años atrás cuando Aurelius recién había sido promovido a Auror a cargo. La guerra contra Voldemort acababa de terminar y la gente vivía una época de paz y confianza. El recuerdo de esa reunión estaba muy fresco en su memoria.

—El momento perfecto para tomar todo —le había dicho Quinn cuatro años atrás.— Ahora todos están satisfechos y relajados, sin Voldemort en el camino, la gente piensa que todo lo malo ha acabado.

—¿Y no ha acabado? —preguntó Bronn.

—Escucha, el problema de los magos es que piensan que son ajenos a los conflictos de los muggles. Lo cual es totalmente un error. Una amenaza mundial se empieza a extender por el mundo con mayor fuerza y pronto nos involucrará a todos: el terrorismo.

—¿Magos terroristas? —en ese entonces Bronn se había mostrado muy incrédulo.

—Los hay y los habrá en mayor cantidad aún. Es por eso que esta es nuestra oportunidad.

—¿En que sentido?

—Tú eres una joven promesa, un Auror con contactos y habilidades, sé que llegaras lejos en esta nueva Central que están formando. Con la información que tu logres obtener y mis contactos a los que pueda venderla, seremos millonarios. Máximo en cinco años tendremos más dinero del que podremos gastar.

—Digamos que acepto este trato que me ofreces y todo salga como tu dices. Solo quedaría un problema: Harry Potter. El condenado ha salvado dos veces el mundo mágico. Es un héroe mundial y he escuchado algunos rumores, bueno supongo que son disparates, que dicen...

Von Quinn se rió con carcajadas exageradas.

—¿Qué es invencible? —las risas pararon.— ¿Qué tiene una varita poderosa?

—Son rumores, solo los estoy repitiendo.

—Está bien, también he pensado en eso y tengo la solución perfecta. Necesitamos que Potter sea Auror, que este bajo tus órdenes.

—¿Estás loco? —preguntó Bronn con impaciencia.— Quiero mantener a Potter lejos y tu quieres que trabaje con él.

—Piénsalo por un momento, así podrías vigilarlo en todo momento. Y lo mejor: podrías quebrarlo.

—¿A qué te refieres?

—Harry Potter basa toda su filosofía de héroe, si así quieres llamarlo, en el amor y apoyo de sus amigos —dijo Quinn con una voz burlona.— Un entrenamiento descarnado y brutal le arrebataría su preciada humanidad. Si convences a Potter de que es necesario por el bien de todos, lo hará. Los héroes son tan predecibles en ese sentido.

—Podría funcionar— dijo Bronn.

—Claro que funcionará. Maldita sea, sin todo el aura santa de Potter, no queda más que un chiquillo que tuvo suerte, dos veces. No habrá una tercera. Entonces, ¿aceptas?

—Tengo que pensarlo.

—No lo pienses demasiado, además, ya conoces mi plan, tendría que matarte si no aceptas —rió Von Quinn con sorna.

Aurelius Bronn había sacado la varita rápidamente ante la amenaza.

—¿Qué me detendría a mí de matarte ahora?

—Aurelius, yo no soy una simple persona, yo represento a un grupo de personas muy poderosas, no te imaginas cuánto. Me puedes matar ahora, claro, pero mañana estarías muerto tú y toda tu familia —había respondido Quinn con tranquilidad.— No lo pienses mucho.

Aurelius Bronn aceptó en ese momento y no se arrepentía.