SEIS NORTE, SABADO

—Dicen que habrá fiesta de pizza esta noche —me dice Humble en la comida. La comida es pollo con papas y ensalada y una pera. Me lo como todo—. Pero dicen eso cada noche.

— ¿Qué es una fiesta de pizza?

—Todos juntamos el dinero y obtenemos pizza del vecindario. Es difícil, porque nunca nadie tiene dinero. Es como un gran desafío si tenemos de pepperoni.

—Tengo ocho dólares.

—Shh. No lo vayas alardeando —Deja de masticar—. Las personas aquí no tienen dinero. Yo ni tengo dos centavos qué frotar juntos.

Asiento. —Nunca lo había escuchado.

— ¿No? ¿Te gusta?

—Sí.

—Qué hay de: No tengo un orinal para orinar ni una ventana para aventarlo.

—Nop.

—Qué hay de: Tengo Jack y mierda y Jack dejo el pueblo.

—Heh. ¡No! ¿De dónde las sacas?

—Del viejo vecindario. Dame un ringyding. Nos vemos luego. La mejor manera de hablar.

— ¿Un ringyding? ¿Qué es eso, una llamada?

—No hagas preguntas de yuppies.

Humble escanea la habitación por personas para hablar. Disfruta hablar sobre otras personas, sólo le gusta hablar, he descubierto, pero especialmente disfruta hablar sobre otras personas y cuando lo hace, pone una peculiar voz que no es un susurro pero es un tono monótono tan bajo que nadie lo nota. También parece ser capaz de sacarla de tal forma que se sienta que habla a mi oído izquierdo.

—Así que supongo que te has vuelto familiar con nuestra encantadora clientela aquí del piso. El presidente Armelio es el presidente —Señala hacia Armelio, quien ha terminado su comida primero y se está levantando para dejarla—. ¿Ves lo rápido que come? Un cuarto de su energía podrías usarlo para la isla de Manhattan. En verdad debería de trabajar en un lugar con personas como nosotros. Tiene un gran corazón y nunca se desanima.

— ¿Entonces por qué está aquí?

—Es un psicótico, por supuesto. Deberías de haberlo visto cuando lo trajeron. Estaba gritando acerca de su mamá. Es griego.

—Huh.

—Ahí está Ebony, la del trasero. Es definitivamente el trasero más grande que he visto. Ni siquiera me gustan, pero podrías perderte allí. Tiene como su propio municipio. Creo que es por eso que necesita la caña. También es la única mujer que he conocido que usa pantalones de terciopelo; creo que necesitas tener un culo así para usar pantalones de terciopelo. Sólo los hacen en extra extra extra grande.

—Ni siquiera los noté.

—Bueno, dale tiempo. Después de unos días empiezas a notar la ropa de las personas, viendo como usan lo mismo todos los días.

— ¿No se ensucian?

—Lavan los martes y viernes. ¿Quién te dio el tour cuando llegaste?

—Santana.

—Debió haberte dicho eso —Humble gira su cabeza y luego la regresa—. Santana y Johnny —Están en una mesa juntos, como en el almuerzo—, esos dos fueron los dos adictos a las metanfetamina más grandes de la ciudad de Nueva York, en los noventas. Eran llamados Amiga Uno y Amigo Dos. La fiesta no comenzaba hasta que realmente llegaban.

Debe ser una gran sensación, aun con las drogas, creo. Llegar a una casa y tener a las personas alegrándose y venir a saludarse: "Estás aquí" "¿Qué hay?" Probablemente es tan adictivo como las metanfetaminas. Las personas hacían eso con Puck.

— ¿Qué les pasó? —pregunto.

— ¿Qué les pasa a todos? Llegaron a su límite, perdieron todo su dinero, terminaron aquí. No tienen familias, ni mujeres. Bueno, creo que Santana tiene una.

—Habla por teléfono con ella.

—No puedes decirlo por eso. Las personas pretenden hablar por teléfono todo el tiempo. Como ella —señala con la cabeza a la mujer con los ojos salidos que estaba detrás de mí cuando hablaba con mi familia—. La Profesora. La caché hablando por teléfono con el Doctor Tono de Marcado. Ella era una profesora de Universidad. Termino aquí porque cree que alguien trató de llenar su apartamento con insecticida. Tiene recortes de periódico sobre eso y todo.

Humble se gira: —El chico negro con los lentes: parece normal, pero la lleva mal. Notas que no sale mucho de su habitación. Eso es porque está asustado de que la gravedad se invierta y vaya a caerse al cielo. Cuando sale, tiene que haber árboles cerca para, en caso de que la gravedad desaparezca, tendrá algo a lo que aferrarse. Creo que tiene como diecisiete. ¿Has hablado con él?

—No.

—No habla mucho realmente. No sé lo mucho que puedan hacer por él.

El chico mira hacia el techo del comedor y se lleva un bocado a la boca.

—Ahí está Jimmy. Jimmy ha estado aquí mucho tiempo. He estado aquí veinticuatro días, y lo he visto salir y entrar dos veces. Parece gustarle.

—Entramos juntos.

—Es un chico genial. Y tiene buenos dientes.

—Sí, lo noté.

—Blancos como las perlas. No muchas personas tienen así los dientes. Yo mismo me pregunto qué le pasó a los dientes de Ebony.

— ¿Qué tienen de malo? —Me giro.

—No mires. No tiene dientes, ¿no lo notaste? Lleva una dieta líquida. Me pregunto si vendió diente por diente...

Me muerdo la lengua. No lo puedo evitar. No debería de estarme riendo de estas personas, y tampoco Humble, pero tal vez está bien, de alguna forma y manera, porque estamos disfrutando la vida, ¿no? No estoy segura. Jimmy a dos mesas de distancia, nota mi risa contenida, me sonríe y se ríe.

—Te dije: ¡viene por ti!

—Ahí vamos. ¿Qué está pasando por su mente? —pregunta Humble.

No lo puedo evitar. Es mucho. Vomito. Jugo y pollo están en mi plato.

—Oh, te tengo —continúa Humble—. Y aquí viene nuestro invitado de honor: Solomon.

El tipo judío jasídico viene agarrándose los pantalones. Todavía tiene comida en su barba. Toma su bandeja y abre un paquete de microondas de espaguetti y comienza a llevarse a la boca, haciendo sonidos y gruñidos.

—Este tipo come una vez al día pero parece que es su último día en la tierra —dice Humble—. Creo que es el que está más ido de todos. Como que tiene una audiencia directa con Dios.

Solomon levanta la vista, gira la cabeza de lado a lado, y continúa comiendo.

Humble baja la voz a un verdadero susurro. —Se tomó unas cien pastillas de ácido y se arruinó las pupilas. Sus ojos están permanentemente dilatados.

—No puede ser.

—Absolutamente. Es cierto culto de los jasídicos: los judíos cabezas de ácido. Hay como una parte de sus sagradas escrituras que les dice que es la manera de hablar con Dios. Pero lo llevó muy lejos.

Solomon se levanta, deja su bandeja asqueado en la mesa y se sale de la habitación con velocidad alarmante.

—Es como el Hombre Topo, de vuelta a su hoyo —dice Humble—. Las verdaderas Personas Topo son los anoréxicos; ni siquiera las ves.

— ¿Cuántas personas hay aquí? —pregunto.

—Dicen veinticinco —dice Humble—. Pero no cuenta a los polizones.

Miro alrededor. Charles/Jennifer no está en la habitación.

— ¿Este, ya sabes, Charles? ¿Se fue?

—Sí, el transexual se fue. Se fue en la tarde. ¿El transexual te sedujo?

—Sí.

—Smitty lo deja hacer eso. Se divierte.

—No puedo creer que sólo se haya ido. ¿No hacen como, una fiesta para cuándo alguno se va?

—No. Las personas aquí no quieren salir. Salir significa estar de regreso a la calle o a la cárcel o en un auto inservible, como yo. Tu situación, con los padres y la casa: es raro. Y también, con tantas personas saliendo y viniendo, estaríamos dementes para intentar tener fiestas todo el tiempo. Terminaríamos como Amiga Uno y Amigo Dos.

Mi bandeja es un desastre por la comida vomitada. —Me haces reír, Humble —le digo.

—Lo sé. Soy un gran rato para todos. Qué mal que esté aquí en vez de que me paguen en algún escenario.

— ¿Por qué no intentas hacerlo?

—Estoy viejo.

—Tengo que ir por algunas servilletas —Me levanto y voy con Smitty, quien me da una pila. Regreso, limpio mi bandeja y comienzo con la pera.

—Tienes una admiradora secreta —dice Humble—. Debería haberlo supuesto. Sé cómo funcionas.

— ¿Qué?

—Estaba justo aquí. Mira tú silla.

Me levanto y lo reviso. Hay un pedazo de papel allí, boca abajo. Lo volteo y dice: ESPERO QUE LA ESTÉS PASANDO BIEN. LAS HORAS DE VISITA MAÑANA SON DE 7:00 a 7:05 PM. NO FUMO.

— ¿Lo ves? Tu pequeña chica con la cara cortada lo acaba de dejar —Humble se levanta—. Tengo un presentimiento. Ahora estás empezando a verte como la mujer rival. Tal vez tenga que estarte vigilando.

Deja su bandeja y se forma para sus medicaciones. Doblo el papel y lo guardo en el bolsillo, en donde mi teléfono solía estar.

— ¡Rachel! ¡Oye amiga! ¡Teléfono!

Estoy sentada con Humble en el área de fumadores en el descanso de las diez de la noche, pensando en dónde estaba a las diez de la noche pasada: sólo acostándome en la cama de Mamá. Humble no fuma, dice que es asqueroso, pero todos los demás aquí lo hacen, prácticamente, incluyendo el chico negro que tiene miedo a la gravedad; y la chica grande; Becca, los cuales pensaba que eran menores de edad. Armelio, Ebony, Santana, Johnny, Jimmy... sin importar lo locos que parecieran, no parecían tener problema en migrar a la parte izquierda del hospital y sentarse en los sillones callados a esperar por su marca particular de cigarros, de lo cual aprendí que de hecho el hospital no se los provee, vienen ellos aquí con los cigarros y las enfermeras se los guardan en unas bandejas especiales. Una vez que sacan el cigarro de su respectivo paquete, caminando en una sola fila atravesando una puerta roja, pasando a la enfermera Monica, cuyo trabajo es tranquilizar a todos. Cuando la puerta se cierra, el olor se cola debajo de esta y puedes escuchar voces, todos hablando al mismo tiempo, como si hubieran guardado sus palabras para un tiempo en donde hubiera humo para sacarlas.

— ¿Qué tal estás llevando tu primer día, Rachel? —Pregunta la enfermera Monica hace cinco minutos, mientras cerraba la puerta— No fumas, por lo que veo.

—No.

—Eso es bueno. Es un terrible hábito. Y le pasa a tanta gente de tu edad.

—Un montón de mis amigos fuman. Y yo sólo, ya sabes... nunca me gustó.

—Veo que te estás adaptando muy bien al piso.

—Sí.

—Bien, bien, eso es muy importante. Mañana vamos a hablar más de tu adaptación y tu situación y cómo te estás sintiendo.

—Bueno.

—Tienes que tener cuidado con este —dice Humble—. Es astuto.

— ¿Oh, sí? —pregunta Monica.

Estaba buscando a la chica rubia, Quinn, tenía que recordar encontrarme con ella, pero no estaba por aquí. Tampoco estaba Solomon. Junto a Humble estaba una mujer que él identificaba como la Profesora, mirándonos con sus ojos salidos. Natural, Humble comenzó a hablar conmigo y Monica acerca de esta vieja novia suya, quien, en sus palabras, "tenía pezones de cola de cerdo, como papas curly, no bromeo". Monica reía y reía. La Profesora dijo que Humble era asqueroso. Monica dijo que estaba bien reírse de vez en cuando y le preguntó si ella tenía una historia qué compartir.

—Sí, todos sabemos que tienes algunas indiscreciones en tu juventud, Profesora —dijo Humble.

La Profesora tenía una mirada soñadora en sus ojos. Casi pensé que iba a tener un ataque. Y ella dijo, en una pequeña voz tensa: —Tuve un montón de chicos, pero sólo tuve a un hombre.

Estaba preguntándome en dónde había escuchado antes eso, cuando Armelio interrumpió.

— ¡Vamos, amiga! ¡El teléfono es para ti!

—Claro —Me levanto.

—Tienes suerte, amiga. Son más de las diez. Usualmente apagan el teléfono a las diez.

Apaguen el teléfono. Me imagino una gran palanca en mi mente, con un hombre bajándola.

— ¿Qué pasa si alguien te llama y el teléfono está apagado?

—Sólo marca y marca —grita Humble—. Y las personas saben que ya no están en Kansas.

Camino por el pasillo. El teléfono de monedas está colgando y moviéndose. Lo levanto.

— ¿Hola?

—Oye, ¿este es el manicomio? —Es Puck. Es Puck, drogado.

— ¿Cómo obtuviste este número? —pregunto. El hombre con la barba, el cual vi meciéndose en el comedor cuando entré por primera vez, está caminando de un lado a otro en el pasillo principal, mirándome.

—Mi chica me lo dio, ¿qué más creías? ¿Cómo es allí, amigo? —pregunta Puck.

— ¿Sabes en dónde estoy?

— ¡Lo busqué, mujer! ¿Crees que soy un idiota? ¡Voy a la misma escuela que tú! Hice una búsqueda del número y encontré exactamente en dónde estás: ¡Hospital Argenon, Psiquiatría de Adultos! Amiga, ¿cómo entraste con los Adultos? ¿Sirven cerveza allí?

—Puck, vamos.

—Hablo en serio. ¿Qué hay de las chicas? ¿Hay chicas sexys por allí... ¡ow!

Escucho risas en el fondo, por encima de rap. — ¡Dame el teléfono! —La voz fuerte de Ronny viene por la línea— ¡Déjame hablar!

Ronny se escucha más claro: —Amiga, ¿puedes conseguirme Vicodin?

Risas. Más risas. Y en el fondo Marley protestando: —Chicos, no lo molesten.

—Dame... Rachel, no, en serio —Puck está de regreso—. Lo siento mucho amiga. Yo... sólo, ¿cómo estás, mujer?

—Estoy... bien —Comienzo a sudar.

— ¿Qué pasó?

—No tuve una buena noche, y me registré en el hospital.

— ¿Qué significa que no tuviste una buena noche?

La mujer en mi estómago está de regreso, tirando. Quiero vomitar a través del teléfono.

—Estoy deprimida, ¿de acuerdo Puck?

—Sí, lo sé, ¿por qué?

—No, hombre, estoy deprimida por todo. Tengo como, depresión clínica.

— ¡No puede ser! ¡Eres la chica más feliz que conozco!

— ¿De qué estás hablando?

—Es una broma, Rachel. Eres la persona más loca que conozco. ¿Recuerdas lo del puente? Pero, tú sabes, el problema es que no te relajas lo suficiente. Incluso cuando estás aquí; siempre estás preocupada por la escuela o algo; nunca dejas que las cosas pasen, ¿sabes a lo que me refiero? Estamos teniendo una fiesta esta noche, ¿en dónde vas a estar?

—Puck, ¿quién está allí?

—Marley, Ronny, Scruggs, uh... mi amiga Delilah. —Ni siquiera conozco a Delilah.

—Así que todas esas personas saben en dónde estoy.

— ¡Amigo, creemos que es genial que estés allí! ¡Queremos visitarte!

—No puedo creerte.

— ¿Qué?

—No puedo creer que estés haciendo esto.

—No seas chica. Sabes que si estuviera en un manicomio, me llamarías y me bromearías. ¡Es porque somos amigos, mujer!

—No es un manicomio.

— ¿Qué?

—Es un hospital psiquiátrico. Es para pacientes de estancia corta. Un manicomio es más tiempo.

—Bueno, claramente has estado allí lo suficiente para ser una experta. ¿Cuánto tiempo vas a estar?

—Hasta que tenga una base estable.

— ¿Qué significa eso? Espera, todavía no lo entiendo: ¿qué sucedió contigo desde un principio?

—Te lo dije, estoy deprimida. Tomo medicación para eso como tu novia.

— ¿Cómo mi novia?

— ¡Rachel, cállate! —Marley grita en el fondo.

—Mi novia no toma medicación —dice Puck.

Ronny grita: —La única cosa que toma es... —El resto es cortado por risa y lo escucho ser golpeado con algo.

—Tal vez deberías de hablar más con ella y averiguar lo que es en verdad —digo—. Tal vez podrías aprender algo.

— ¿Me estás diciendo ahora cómo tratar a Marley? —Puck pregunta. Lo escucho lamerse los labios— Qué, ¿es como si no supiera de qué es todo esto?

—Qué, Puck. ¿De qué es todo esto en realidad?

—Quieres a mi chica, amiga. La has querido como por dos años. Estás enojada por no tenerla y ahora has decidido pasar de enojada a deprimida, y ahora debes estar por allí, probablemente siendo la perra de alguien más, tratando de jugar a la lástima para conseguir que termine contigo... Y yo te llamo como amigo para intentar mejorar tu ánimo ¿y tú me avientas toda esta mierda? ¿Quién crees que eres?

—Yo, Puck.

—Qué.

Voy a hacer un truco que Ronny me enseñó. Solía hacerlo hace mucho tiempo, creo que Puck lo ha olvidado.

—Yo.

— ¿Qué?

—Yo.

— ¡¿Qué?!

—Yo, yo, yo, yo, yo...

Me detengo. Aguanta, aguanta...

—Púdrete.

Y cuelgo el teléfono.

Golpea mi dedo y voy aullando a mi habitación, junto a Muqtada.

— ¿Qué pasó? —pregunta.

—No tengo amigos —digo, saltando y sosteniendo mi dedo.

—Es algo duro de aprender.

Miro por la ventana, a través de las persianas, hacia la noche. Ahora estoy arruinada. Pongo mi dedo bajo el agua fría en el baño. No creía estar más jodida que anoche, pero aquí estoy. Estoy en lugar en donde no tengo permitido rasurarme, porque están preocupados de que tenga que use navajas en mí. Y todos lo saben. Estoy en un lugar en donde las personas no tienen dientes y comen comida líquida. Y todos lo saben. Estoy en un lugar en donde el hombre con el que como vive en su auto. Y todos lo saben.

Ya no puedo funcionar aquí. Me refiero a la vida: No puedo funcionar en esta vida. No estoy mejor que cuando estaba en cama anoche, sólo con una diferencia: estaba en mi cama, o en la de mamá, y podía hacer algo, pero ahora que estoy aquí no puedo hacer nada. No puedo irme en bici al puente de Brooklyn; no puedo tomar un montón de píldoras e irme hacia el buen sueño, la única cosa que puedo hacer es reventar mi cabeza contra el retrete, y aun así no sé si eso funcionaría. Quitan todas tus opciones y lo único que puedes hacer es vivir, y es como dijo Humble: No tengo miedo de morir, tengo miedo de vivir. Tenía miedo antes, pero ahora tengo más miedo porque soy una broma pública. Los profesores van a escucharlo de los estudiantes. Pensarán que trato de hacer una excusa por mi mal trabajo.

Me echo a la cama y pongo una manta sencilla sobre mí. —Esto apesta.

— ¿Estás deprimida? —dice Muqtada.

—Sí.

—Yo también, sufro de depresión.

Siento el Ciclo empezar de nuevo: voy a salir de aquí en algún punto y tengo que regresar a la vida real. Este lugar no es real. Es un facsímil de la vida, para personas rotas. Puedo manejar el facsímil, pero no puedo manejar lo real. Voy a tener que regresar a la Ejecutiva Pre-Profesional y manejar los profesores y a Puck y a Marley porque ¿qué demonios más hago? Empecé todo con ese estúpido examen. ¿En qué más soy buena?

En nada. No soy buena en nada.

Me levanto y voy al puesto de enfermeras

—No voy a poder dormir.

— ¿No puedes dormir? —La enfermera es una pequeña señora con cabello blanco y lentes.

—No. Sé que no voy a poder dormir —respondo—. Estoy tomando acción preventiva.

—Tenemos un sedante, llamado Atavan. Es inyectable. Te relajará y hará dormir.

—Vamos a hacerlo —digo y con la supervisión de Smitty, en los teléfonos, me siento. Miro hacia adelante mientras algo amarillo entra en mí y luego voy tropezando a mi habitación, tropiezo porque puedo sentirla golpearme desde que me levanto de la silla. Es alguna especie poderosa de relajante muscular, y manos amorosas me jalan hacia abajo mientras caigo contra la cama pasando a Muqtada, pero el último pensamiento que tengo antes de irme a dormir es:

Grandioso, soldado, ahora está deprimida y en el hospital y es una adicta a las drogas. Y todos lo saben.


Bueno aquí un Cap. más espero y les guste y para el próximo Cap. habrá ya 100% interacción entre las chicas….

Nos leemos mañana…