Este sensual episodio está dedicado a una amiga que sigue todas mis locas historias, por cumpleaños. Pequeña Arizbeth Gonzalez, te deseo un cumpleaños muy feliz y que todos tus sueños se hagan realidad.
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Capítulo 20. Aprendizajes.
El sonido del timbre se escuchó una vez, mientras Souichi desesperadamente movió a su amante durmiente con voz baja diciendo:
— ¡Despierta! ¡Maldición! Tetsuhiro por favor que es importante.
— hhhmm ¿Qué pasa? — Expresó con un quejido medio dormido.
— La trabajadora social está abajo y le dije que tú la recibirás, mientras yo saldré por atrás para ir por Johan
— ¡Qué! — Gritó levantándose mostrando su agotado rostro por tantos orgasmos, con ojeras.
— Ahora date prisa y ponte una bata, no tienes que arreglarte, le dije que estabas enfermo.
Trabajosamente se colocó la bata para bajar las escaleras lentamente hasta la entrada, mientras tanto Souichi en la habitación marcó el número de su hermano, el cual de inmediato respondió:
— ¿Hola? ¿Qué pasó Morinaga?
— No soy Morinaga, soy Souichi. Necesito que traigas en este instante a Johan, pero no a la puerta de la casa, te espero en la esquina de la calle.
— ¿Cómo sigue Morinaga?
— ¡Maldita sea! Él idiota está bien, date prisa, la trabajadora social está en la casa.
— Llego en diez minutos, no te preocupes.
Raudo se vistió, mientras en el piso de abajo Tetsuhiro recibió a la trabajadora social con un gran bostezo:
— Buenos días.
— Hola buenos días. Soy Jenny Smith la trabajadora social que se encarga de darle seguimiento a los niños que han sido adoptados. En el orfanato seguramente le comentaron que yo vendría, tenía pensado visitarlos por la tarde, sin embargo ya que pasé por aquí, le marqué al celular de su esposo y dijo que usted está enfermo.
— Si, pero ya estoy mejor, sólo fue una infección en el estómago. Adelante pase por favor.
Al ingresar al lugar, Tetsuhiro notó en el suelo de la sala y en uno de los sillones los pantalones de su esposo, la camisa y su camiseta, todo tal cual se lo había quitado para subir a prisa la noche anterior. La chica lo miró frunciendo un poco el ceño.
— Tengo entendido que Johan se encuentra fuera al lado de su cónyuge, ¿pero hoy no fue a la escuela? Estamos a miércoles y apenas ingreso, es bastante malo que no le den una rutina de seguridad.
Al fondo, mientras la trabajadora regañaba a Tetsuhiro miró a Souichi bajar las escaleras con un par de zapatos en la mano y se horrorizó. Le hizo una sutil seña para distraerla mientras él salía por la puerta escondiéndose en la cocina.
— Señorita Smith, me gustaría mostrarle su habitación, para que vea las condiciones en las que vive.
— Excelente idea señor Tetsuhiro.
Una vez ellos subieron, Tatsumi aprovechó para escapar sin hacer ruido en la puerta. Vestido pero con el cabello hecho un desastre, sin ducharse, con lagañas en los ojos y el cuerpo aún cansado por las actividades del día anterior.
La mujer observó el orden en la habitación, ya que el día anterior el pequeño con tanto ajetreo no había podido desordenar las cosas.
— Esto es muy extraño señor Tetsuhiro, la cama perfectamente tendida como si no hubiera dormido nadie aquí. Pero dice que salieron muy temprano así que espero que no sea algún pleito marital. Ustedes deben tener un vínculo bien marcado frente a Johan. Recuerden no contradecirse delante del niño. Ni tampoco pelear por su educación.
— No se preocupe señorita, nuestro matrimonio está perfectamente. Mi marido no debe tardar en arribar. Le serviré un poco de té mientras espera, bajemos a la sala.
Una vez ahí, recogió la ropa que estaba en los sillones con vergüenza e intentó no mencionar alguna cosa sobre ello, aunque la mujer notó de inmediato que habían cosas particulares respecto a la versión que le fue contada sobre lo que ocurría en esa casa.
Morinaga estaba un poco ido con el cansancio que tenía. Además de demasiadas endorfinas lo tenían un poco distraído y sonriente a pesar de las circunstancias. Las preguntas de la mujer parecían ser complicadas con tan poca energía en su cuerpo, inclusive se frotó los ojos con tal de no sentir esa pesadez del sueño.
Entre tanto, Souichi salió a prisa caminando por el tranquilo vecindario hasta la esquina de la calle, en la cual aguardó nervioso por su hermano que venía caminando de la mano con Johan.
— ¡Papá! — Gritó el pequeño corriendo hasta abrazarlo.
Se despidió de Tomoe y volvieron a prisa a la casa. En el camino Souichi le pidió al pequeño:
— ¿Podrías decir que pasaste la noche en casa y salimos temprano si te pregunta la trabajadora social?
— ¿Por qué?
— Porque si no lo haces puede que te lleven de vuelta, además te compraré helado.
El pequeño asintió emocionado y así tuvieron que tocar el timbre puesto que Souichi había salido sin llaves. En el momento que entraron Johan corrió hasta la joven y le dijo:
— ¡Otra vez tú! Estábamos en casa y no me quedé con el tío Tomoe, así que no me vas a llevar de vuelta.
La mujer suspiró y sonrió respondiendo:
— ¡Ahora veo! Ese nombre se me hacía familiar. Trabajo con muchos niños pero de ti no me podría olvidar... En vista de lo sucedido, creo que necesitamos hablar los tres a solas. Así que Johan, por favor sube a tu habitación mientras hablamos los adultos.
— Pero yo quiero escuchar.
Souichi asió al pequeño de la mano y subió con él la escalera sin decirle nada. Luego le suplicó quedarse en el lugar y cerró la puerta.
Al bajar se sentó al lado de su amante que parecía medio dormirse a pesar del problema que tenían.
— Muy bien… Creo que todo esto es bastante claro. La ropa regada por todas partes, platos de fiesta, botellas de alcohol y ustedes que parecen agotados. Sobre todo él que no puede mantener los ojos bien abiertos. — Regañó señalando a Morinaga que simplemente tragó saliva nerviosamente.
— ¿Se lo llevará? — Preguntó en un bostezo contenido Tetsuhiro, mientras Souichi se tocaba la frente cubriendo sus ojos con una mano.
— Claro que no, pero si van a tener sexo no necesitan deshacerse de su hijo, mucho menos si apenas tienen algunos días con él. Hagan como los demás padres que esperan a que los pequeños se duerman. En lo personal no me gusta meterme en la vida marital de las parejas que adoptan pero ustedes parecen un poco desubicados. Johan es el más travieso niño que conozco, así que deben cuidarlo extra, suele ser un poco revoltoso y castiga a quienes se portan mal, de manera que deben aparentar un comportamiento ejemplar y no se griten delante de él. Le pegó una vez un chicle a una profesora que golpeó a una niña, por supuesto esa mujer recibió una sanción administrativa por su mal comportamiento. Y también le puso pegamento a un portafolio de un trabajador por jalonear a uno de los otros niños. Además me parece que el señor Tetsuhiro ha sido consentidor, Johan obedece a los mayores cuando no le demuestran debilidad y aquí parece que se siente dominante de la situación. Voy a vigilarlos más de cerca, habrá visitas sorpresa así que espero que el menor asista a la escuela pues también iré al lugar. Necesito los datos de sus empleos y la escuela de Johan para llegar a realizarles algunos cuestionarios. Creo que lo harán bien, él nunca había aceptado a nadie y ustedes se ve que pueden ser buenos padres.
De esa manera la joven Smith se marchó a continuar con su labor dejando al par de hombres sorprendidos.
Souichi un rato después, partió a su empleo luego de asearse y Tetsuhiro tuvo que reportarse enfermo en su trabajo. La familia Tatsumi llegó a ayudar a cuidar al niño, mientras que él durmió algunas horas más con tal de recuperarse, de manera que por la tarde se levantó a comer con la familia que parecía divertirse de cuidar al niño y no se veían molestos de hacerlo. A pesar de haber dormido mucho y estar duchado no tenía muchos ánimos y bostezó algunas veces más. Su suegro se acercó hasta Morinaga y lo recibió con un abrazo cálido.
— Me dijeron que estás enfermo. Espero que te sientas mejor. ¿Ya fueron al médico?
— No se preocupe señor Soujin, ya estoy bien, sólo necesito dormir hoy y mañana estaré como nuevo.
— No me digas señor, recuerda que somos familia y mi nuevo nieto es un niño lleno de energía. Pero nunca olviden cuidar de su matrimonio, se es papá pero también se debe ser esposo.
— Si padre, me alegra mucho que nos visite y tomaré en cuenta sus consejos.
Poco después arribó Souichi para convivir con su familia un rato más. Hospedaron a Soujin, puesto que su hermana y su tía ya estaban instaladas con Tomoe, razón por la cual la mañana del jueves, el recién estrenado abuelo decidió cuidar al pequeño angelito y dejó a sus hijos hacer sus actividades. Lo llevó a la escuela y de igual forma lo recogió, sintió añoranza al recordar a sus tres hijos cuando solían ser pequeños y el hecho de que sus investigaciones lo hubieran alejado de ellos, más que otra cosa por el fallecimiento de su esposa.
Llevó al niño a consentirlo todavía más y comprarle una bicicleta un poco más grande, quería enseñarlo a andar en ella, pero en el momento en que lo intentó, él mismo cayó del vehículo, puesto que tampoco sabía usarla. Se encontraban en un parque cercano a los suburbios, justo en la pista de patinaje y cuando Soujin cayó de la bicicleta se había rendido de enseñar a su nieto. Sin embargo, luego de varios intentos, el pequeño travieso estaba subido y dando algunas vueltas, claro primero se raspó las rodillas sin quejarse.
El abuelo Soujin no podía seguirle el paso en cuanto logró avanzar en el vehículo, salió de la pista de patinaje hacia la de corredores, lo rebasó y tuvo que seguirlo por todo el parque a pesar de que el camino por el que andaba era una pista de piedras para correr. Nunca imaginó que un pequeñuelo de seis años condujera una bicicleta que le quedaba más grande y a toda velocidad pues rebasaba a los que se encontraban trotando. A la distancia observó a su nuevo nieto perderse en el camino debido a su agotamiento. Le preocupó sobremanera perderlo en su primera oportunidad de conocerlo, no podía imaginarse llegar sin el niño a casa y que todo el mundo se imaginara que era un irresponsable. Ya era suficiente con su conciencia por alejarse de sus pequeños y ahora no sólo era un mal padre sino un terrible abuelo.
No tenía idea de cómo encontrarlo en el parque, con el aliento en vilo ya no podía correr más por la pista y se detuvo a respirar con tal de pensar en alguna solución. Tantas ideas en pocos segundos como pedirle al guardia del parque, el vocearlo y que las personas de los alrededores lo auxiliaran. Sintió mucha preocupación pues ¿qué tal si salía a las calles aledañas y algún carro lo atropellaba? ¿Qué tal si algún extraño se lo robaba? Las lágrimas a punto de salir de sus ojos se detuvieron con el golpe de la bicicleta por la espalda que lo tumbó al suelo con todo y Johan que cayó sobre él.
— ¡Abuelo! ¡Gracias por detenerme! No sabía cómo frenar esta cosa.
Trabajosamente se levantó el hombre mayor y se sobó la espalda que seguramente traería un enorme moretón. No le permitió volver a subir a la bicicleta y caminaron a casa lentamente mientras el pequeño no parecía ni un poco agotado a pesar de haberle dado una vuelta completa a la pista. Al llegar, Soujin se recostó en el sofá mientras el niño comenzó a dar vueltas a su alrededor gritando:
— ¡Abuelo tengo hambre! ¡Tengo hambre! ¡Tengo hambre! ¡Vamos por hamburguesas con helado! ¡Anda abuelo levántate!
No tenía fuerzas con el golpe de su espalda, por lo que respondió sentándose sobre el sofá:
— Dame unos minutos e iremos.
La suerte de Soujin cambió justo en ese momento pues tocaron a la puerta Tomoe, Kanako y Matsuda. El chiquillo se apresuró con una silla con tal de usar la mirilla, mientras Soujin gritó desde el sofá:
— Johan, no abras la puerta, permíteme levantarme.
— Abuelo es el tío Tomoe. ¿Le puedo abrir?
— Adelante… — Gritó Soujin recostándose nuevamente.
En la entrada de la casa, un asombrado Tomoe observó al pequeño correr por la casa saludando alegremente para marcharse.
— ¡Hola tío, tía, abuela!
La señora Matsuda y Kanako caminaron tras Tomoe con tal de buscar a Soujin, de esa manera charló con el pobre abuelo que fue llevado de inmediato al médico. Entre tanto, las mujeres sirvieron la comida que habían traído de casa de Tomoe, sin olvidarse de curarle las rodillas raspadas, cosa que lo hizo gritar al usar el desinfectante del botiquín.
Al llegar Tetsuhiro no sabía qué pensar, por un lado su suegro había sido descuidado al dejar a su hijo andar en una bicicleta, pues con esa energía tan alocada, sabía que extraviarlo en el parque era inminente. Aunque tampoco le dijeron lo travieso que era Johan, además del tremendo golpe que traía en la espalda, por lo que en un gesto de arrepentimiento pidió una disculpa por lo sucedido:
— Siento mucho los problemas que le ha causado Johan, me disculpo con usted por sus heridas.
Soujin de inmediato respondió tímidamente:
— No te disculpes hijo, creo que es culpa mía por no saber tratar a un niño.
— ¿Abuelo te lastimé mucho? Preguntó el menor escuchando a su padre disculparse. — Ninguno imagino lo que haría Johan puesto que se acercó hasta Soujin y le dio un abrazo con un beso en el cachete. — ¿Con esto te sientes mejor abuelo? En un libro decía que un beso podía ser mágico.
— No es nada Johan, creo que gracias a ti ya estoy curado.
A pesar de conocer un poco lo desenfrenado de Johan, ninguno dejó de mimarlo cargarlo y recibir sus tiernos abrazos pues aunque el niño era hiperactivo, sabía ganarse el cariño de todos en la casa, ya que parecía apreciar lo que era tener una familia en la que lo recibían con los brazos abiertos.
Cuando la familia charlaba en la sala, Soujin se quedó en el sofá por el dolor de su espalda mirando el televisor, justo en ese instante Johan se aproximó hasta él con uno de sus libros de cuentos y comenzó a leer lentamente ayudado con su abuelo. Sin darse cuenta terminó leyéndole la historia con el niño escuchando atentamente. Nadie podía ignorar la inocencia de un menor tan travieso y amoroso, mucho menos al verlo dormir tranquilamente en el sillón sobre sus piernas y con un gesto de completa felicidad. El calor del cuerpecito del niño parecía adormecer al hombre mayor que se quedó dormido junto con el niño.
Souichi llegó en ese momento oportuno para encontrar a su hijo durmiendo al lado de su padre, sin imaginar la travesía que habían pasado ese largo y agotador día. Recogió a Johan en sus brazos despertando al abuelo que lo saludó pesadamente. Subió las escaleras seguido por Morinaga que notó de inmediato su arribo. Depositaron al infante en su cama, lo arroparon y finalmente se miraron con profundidad, justo ahí como un par de padres orgullosos que no podrían ser más dichosos.
Con un beso bienvenida se saludaron y bajaron a departir con la familia Tatsumi.
La sabía tía Matsuda cambió lugares con Soujin con tal de darles algunos consejos a los primerizos padres, no podía marcharse sin ayudarles a educar a su pequeño monstruo. Aquella mujer tenía experiencia por cuidar a sus sobrinos, aunque sus tres sobrinos jamás fueron tan latosos. Instauró el fin de semana el pizarrón de premios y castigos que fue bien recibido por Souichi y Morinaga. El mocoso entendió que a una mala acción perdía privilegios y por una buena sería premiado. Asimismo la tía abuela les comentó que ciertos alimentos podían generar ese tipo de conductas ansiosas en el niño, y por último que el menor tenía una inteligencia desperdiciada, la cual deberían estimular con tal de mantenerlo tranquilo en actividades que le desgastaran física y mentalmente.
La anciana le demostró a toda la familia que el pequeño diablito sólo tenía su energía mal canalizada, y así lo hizo durante el resto de su estancia en el lugar.
El domingo por la noche, las mujeres partieron al lado de Soujin al aeropuerto, ellas viajarían de vuelta a Japón y Soujin a la selva donde laboraba estudiando insectos.
Souichi, Tetsuhiro y el pequeño Johan se despidieron de su familia, algo que apreciaban mucho más aquellos que nunca habían tenido tantas personas que los amaran. Tetsuhiro y Johan sentían tanta alegría de pertenecer a esa enorme familia, sin lugar a dudas en esos corazones tan necesitados de afecto podía entrar el amor fraternal fácilmente.
Souichi también sintió añoranza, no poder ver a su hermana pequeña le era difícil, pero confiaba en que su querida tía Matsuda hacía un excelente trabajo al cuidar de ella pues ahora que había crecido era una mujer trabajadora e inteligente, que aunque le costara reconocer, un día haría su vida al lado de otra persona.
Los suspiros y las lágrimas del pequeño niño se escucharon:
— ¡Abuelos no se vayan! ¡Tía Kana!
De inmediato se aferró a las piernas de la mujer mayor que sonriente le expresó:
— Vendremos muy pronto a verlos otra vez. Te prometo traer muchos regalos si te portas bien con tus papis, o quizá un día puedas venir tú a Japón, ahí hay muchas cosas divertidas que te encantarán.
Anunciaron el abordaje y entre algunos sollozos que Tetsuhiro consoló abrazando al niño en su hombro, se marcharon esas personas que tanto apreciaban.
Con un pequeño dormido, llegaron en el auto a casa, ambos padres recostaron a su niño y la mirada lasciva de Morinaga persiguió a Tatsumi al instante. Tetsuhiro había aprendido su lección aquél día del cumpleaños de su pareja, no había vuelto a sentir su deseo sexual explosivo por dos días. Sin embargo esa noche al quedarse solos nuevamente en su casa, el animal sexual que llevaba en su interior, salió para perseguir a su amante que de inmediato escapó hasta la habitación.
Saltó en besos excitados con tal de provocarle deseo, cosa que Souichi no permitiría, puesto que seguía sin sentirse a gusto de dejarse llevar si el pequeño podría despertar de escuchar sus sonoros gemidos en la oscuridad.
— No quiero hacerlo Tetsuhiro…mmmmmnnnn. — Intentó decir separándose de un beso que nuevamente lo capturó.
Intentó separarse del chico de sus anhelos, lo empujó con todas sus fuerzas y gritó:
— ¡Morinaga detente!
Las pupilas dilatadas y la respiración desenfrenada, no parecía calmarse con sus palabras, de manera que respondió totalmente listo para tomarlo:
— Vamos sempai, sé que quieres. Te pusiste duro cuando te toqué. — De inmediato le guiñó un ojo haciéndose el seductor, pues el escuchar su apellido, luego de tantos años y costumbre de ser designado por su nombre, le prendió escuchar su apellido como en aquél entonces.
— ¡Te digo que no! No voy a hacerlo con Johan en la casa, me siento incómodo, así que dormiré en otra habitación.
— ¿Te vas a ir para no tener sexo conmigo?
— No respetas mi opinión. Tengo la impresión que el día de mi cumpleaños usaste algo para que accediera, pero tus trampas no van a funcionar otra vez. Recuerda que por culpa de tus tretas casi nos quitan a Johan, así que compórtate o no volveré a dormir a tu lado.
Agarró una almohada de la cama y ante los ojos atónitos de Morinaga se marchó con mirada furiosa. El chico de cabellera azulada se había sorprendido de la actitud tan negativa de su esposo, sintió una punzada en su corazón pues tenía tanto tiempo que no era rechazado de aquella forma tan tajante. ¿Sería posible que las cosas se volvieran frías entre ellos?
En la soledad de su habitación matrimonial, sintió una pesadez que no le permitió descansar bien aquella noche. Tantos años sin recibir rechazos, incluso antes de la boda fue divertido contenerse, pero ahora las cosas no parecían funcionar bien entre ellos por la timidez de Tatsumi. Tetsuhiro recordó que incluso la trabajadora social les había sugerido hacerlo con el niño durmiendo, y además tenían una habitación que podían cerrar y evitar que los interrumpiera. De todas formas supuso que si el niño se despertaba era lógico poner algún pretexto.
Triste, enojado y sensible por el rechazo intentó dormir, sin embargo al dar algunas vueltas en la cama prendió su celular y le escribió a su mejor amigo en un uso horario distinto. Hiroto que se acababa de despertar por la tarde pues atendía el bar hasta altas horas de la noche, por lo que de inmediato recibió emocionado el mensaje de su amigo Morinaga y respondió:
«Buenas noches amigo ¿por qué estás despierto tan tarde para ti?»
«Tuve una pelea con Souichi.»
«Espero que no tuviera que ver el afrodisíaco que te mandé. Ahí decía que lo usaras con prudencia.»
«¿Me mandaste qué?»
«Debió llegar el día martes para el cumpleaños de tu sempai. Revisé que la entrega fuera completada por internet y aparecía que así fue. A menos que tu sempai la recibiera y te drogara, cosa imposible creo yo. ¿Quién querría a un alocado como tú todavía más caliente?»
Morinaga pensativo no podría creer que su propio sempai hubiera sido capaz de drogarlo para tener sexo, mucho menos por su actitud al verlo excitado. Aunque después se ocupó de él, por lo que a pesar de todo, dudó de su inocencia. Entonces decidió cambiar la conversación con tal de no poner a su amigo a especular pues solía ser muy fantasioso. De igual forma requería contarle sus problemas, entonces continuó:
«Tienes razón amigo, seguro debe andar por ahí el paquete. Pero sabes algo, mi problema es que con el niño en casa, Souichi siente vergüenza de hacerlo, porque es un poco escandaloso, ya sabes… cuando me muevo y todo.»
« Eso es fácil de arreglar. En las tiendas de sexo hay unos artefactos para evitar gemidos, una bolitas con agujeros que se amarran en la boca y así no se escucharán sus gemidos aunque al venirse vea al creador. Además te sugiero comprar otro par de esposas como las que te regalé para la luna de miel, pero más grandes. Esas que vienen recubiertas para no lastimarle las manos aunque se dé tirones, así se las pones en las piernas y si todavía lo quieres hacer más salvaje, hay unos trajes de piel con máscara que te darán la fantasía de abusar de él.»
«¡Tú sí que sabes amigo! Por primera vez estoy de acuerdo, él se merece un escarmiento por ser tan testarudo.»
Un Morinaga decidido a reprender a su amado, respiró tranquilo pensando en un plan para ir a comprar sus artefactos y finalmente se durmió.
Muy temprano se levantó sin avisarle a su marido que se marchaba, aunque le dejó el desayuno y las cosas del menor planchadas y listas, sin ayudarle con las suyas. Así se fue y le dio un pequeño beso en la frente a Johan que despertaba justo para despedirse. Caminó a la habitación de huéspedes y tocó de manera grosera.
— ¡Ya me voy a trabajar, no olvides llevar a Johan a la escuela!
Sin esperar por la respuesta, partió a su empleo. Souichi se levantó molesto por la actitud de su pareja y pensando que se le olvidaría pronto, se fue a realizar sus deberes más tarde.
Tetsuhiro salió de su trabajo y en vez de ir directamente a recoger a su pequeño al laboratorio de Souichi, fue a comprar las cosas que le traerían su ansiada noche de placer. Quizá podría ser verdad que su sempai lo había drogado con tal de ponerlo indefenso, ya que conocía los potentes efectos que podían ocasionar las cantidades concentradas de la sustancia; de manera que esto podría ser una dulce y excitante venganza.
Compró los artefactos, afortunadamente venían en bolsas negras que metió a la cajuela al llegar a la universidad, pues ahí tenía aparcado el auto Souichi. Recogió a su niño y lo llevó a comer a casa, posteriormente, tal como había prometido, lo inscribió en un equipo infantil de futbol americano para darle una disciplina con el deporte.
Johan que parecía con energía ilimitada, esa tarde se mostró rendido cuando Tetsuhiro lo hizo caminar de vuelta a casa. Sonrió satisfecho y forzó al niño para tenerlo agotado, de manera que por la noche pudiera poner en práctica su plan. Al llegar a casa no lo dejó dormir, pues lo metió a darse una ducha tibia de la que casi tuvo que sacarlo de la tina cargado. Sin embargo no cesó en su plan, manteniendo despierto a su hijo para que se vistiera y le dio antes de dejarlo llegar a su cama, una leche con chocolate caliente y un par de galletas que no terminó de comerse a razón de que cayó dormido sobre la mesa.
Finalmente cargó a su pequeño hasta la cama, lo arropó y decidió dejar las cosas en la cocina para que cenara su marido. Fue a su auto y sacó sus nuevos juguetes, junto con los vibradores que tenía empolvados en una caja al fondo del armario. Lavó los vibradores y bajo la cama metió la bolsa con todos sus utensilios preparados, se sentó en la sala con un libro y comenzó a leer relajadamente.
Pocos minutos transcurrieron para que Souichi arribara. Saludó y caminó mirando que Tetsuhiro lo ignoró fingiendo leer.
— Y bien ¿qué tal le fue en el entrenamiento? — Preguntó Tatsumi esperando la respuesta amigable de su pareja.
— Bastante bien. Estaba muy cansado pero se duchó y luego cenó. Ahora está durmiendo en su cuarto. — Respondió cortante y sin mirarlo.
La culpabilidad lo corroyó, recordó que para tener los favores de su amante debería ser amable, mucho más en esa parte tan delicada que era el sexo. Entonces insistió justificándose:
— Sobre ayer… tú me obligaste a irme, pero hoy me quedaré si te comportas. Esperaremos al fin de semana y se quedará un día con Tomoe, así podremos relajarnos.
— Como digas… — respondió Morinaga continuando con la mirada en el libro.
Un suspiro pesado se escuchó, pues Souichi supuso que sería una de esas noches largas con su amante molesto y sin esa animada forma de ser suya. Caminó a la cocina y al ver la comida preparada, le pareció que las cosas no estaban tan mal, después de todo cuando estaba realmente molesto no le dejaba la cena hecha.
— Cuando termines no olvides lavar los trastos que uses y guardar todo en el refrigerador. — Se escuchó la voz mandona de Morinaga desde la sala.
— Si … — Respondió con fastidio.
Tetsuhiro aguardaba pacientemente porque su amante finalizara de comer para subir a cambiarse por el par de pantalones ajustados que simulaban ser piel, con unas extrañas tiras que se ponían sobre el torso mismo material y sin olvidar un antifaz con una gorra del tipo policial en negro.
Lo miró subir escuchando el agua correr, ya que seguramente estaba tomando una ducha. Entró a su habitación pensando en qué momento podría poner en marcha su plan y al verlo entrar a la habitación le reclamó:
— Dejaste la cocina sucia, yo preparé la cena y dejé todo limpio, ¿no crees que deberías por lo menos lavar lo que ensuciaste?
Souichi se encontraba un poco apenado por su actitud de la noche pasada, razón por la cual decidió no discutir y partió a asear los trastos que había dejado sucios.
Al escuchar los trastos en el fregadero se cambió con velocidad y revisó una vez más a su niño que estuviera durmiendo. Cerró la puerta del menor con llave por si se despertaba, puesto que supuso era mejor subir a abrirle a que los descubriera en esos juegos que tenía pensado hacer. Se colocó el traje con el antifaz, del que sobresalían sus ojos verdes tras el. Se llevó en una mano la bolsa con las otras cosas, y las esposas junto con la mordaza en su otra mano, listas para usar. Lo observó lavar los trastos y con sigilo dejó la bolsa en la mesa entrado a la cocina de improviso.
Souichi parecía descuidado y confiado, así que lo empujó contra el fregadero sujetando sus manos contra su espalda y atándolas juntas con las esposas. Como estaba algo cansado por el trabajo y sobretodo con la sorpresa, no pudo oponerse ante la fuerza de su marido, pero una vez que se sintió atado gritó con enfado:
— ¡Malnacido qué demonios haces!
Sin esperar por sus amenazas, lo amordazó con la bolita plástica con agujeros y le ató las piernas con las otras esposas dificultosamente, pues Souichi parecía querer patearlo en la entrepierna por abusar de su confianza. Los ojos aterrados de Tatsumi al observar de pronto el traje de su esposo, lo hicieron enfadarse más y pensar en todas las cosas que le haría una vez que lo liberara.
Lo cargó con dificultad pues se retorcía molesto sin poder hacer nada. Sin decir una palabra lo colocó en el sillón, le bajó los pantalones y sacó sus aditamentos poniendo lubricante para dilatarlo.
Souichi no quería excitarse, estaba sumamente furioso por el ataque pero no pudo evitar gemir por la intrusión de aquellos dedos expertos que lo tocaron como todas las veces:
— nnngggh.
Resopló resistiéndose con enfado a través de la mordaza y el calor que le infundían las caricias lo prendieron como fuego, porque las manos diestras de su amante tocaron cada zona sensible de su cuerpo, se deslizaron bajo su camisa y acariciaron sus pezones sosteniéndolo pues con las manos atadas no podía recargarse por sí mismo y estaba indefenso a su merced.
— ¿Te gusta Souichi?
A lo cual negó agitando la cabeza e intentó reclamar gimiendo con la mordaza:
— nnnggg.
Los ojos de Tatsumi hicieron la mirada más amenazante que pudo sin conseguir un poco de temor en Morinaga.
— Si no te gusta voy a hacer que te guste. Sólo relájate porque Johan está encerrado en su habitación y duerme.
Volvió a gemir con negativas agitándose con los amarres, hasta que Morinaga sujetándolo por lo hombros lo alzó dejándolo hincado sobre el sillón y empezó a repartir besos y lamidas detrás de su oreja, al tiempo que agitó con ahínco la erección de su marido que continuó intentando apartarse a pesar de sonrojarse y lanzar quejidos ahogados de goce. Lo devolvió al sillón recargando su pecho en el descansabrazo y así su cabeza no apoyaba el peso de su cuerpo, por lo que tenía su trasero disponible para seguir incitando la pasión.
De inmediato, a pesar de que intentó apretar sus glúteos con tal de no permitirle tocarlo, había tanto lubricante en sus dedos que fue bastante simple el meterlos y friccionar la próstata entre la sensación de placer que se hizo alocada en la cabeza de Souichi. Por una parte tenía ganas de matarlo por forzarlo sin su consentimiento y por otro, su cuerpo pedía agritos la liberación que se sentía cada vez más próxima.
La mano que agitaba el miembro de Souichi sintió un poco de líquido derramarse entre sus dedos y apretó la punta con tal de evitarle el orgasmo. No contento con la tortura a la que lo sometía, continuó frotando la próstata con cada vez más rudeza, de esa forma su esposo no se resistía y se quedó muy quieto gimiendo al ritmo de aquellos movimientos y resoplando sacando el aire de sus pulmones de forma muy sonora. Tomó entre sus manos el vibrador que tenía cerca y lo introdujo sin dificultad, ocasionando con las vibraciones que la espalda de su marido se moviera con ansiedad por el suplicio placentero.
La mano que apretaba la punta del pene de Souichi evitando su culminación, no se movió ni un poco; así la otra fue a acariciar sus tetillas nuevamente con el lubricante que tenían sus dedos. Los pensamientos del tirano suplicaron una y otra vez sin poder articularse:
«Déjame terminar. Quiero correrme ahora. ¡Necesito que me sueltes ya!»
Sin ser escuchado, continuó retorciéndose cada que las cosas lo hacían incluso babear a través de la mordaza con agujeros.
Morinaga comenzó a sentirse más que ansioso, quería penetrarlo, no obstante pensó que todo eso era demasiado agresivo y no soportaría sentir que usaba el cuerpo de su amado como un objeto sin darle amor.
La erección de Souichi escurría sin parar mojando sus manos, de inmediato notó que temblaba y sus manos sujetas en su espalda incluso pellizcaron su propia piel. Los gemidos ahogados se hicieron suplicantes, parecían pedir a gritos que parara las cosas. A pesar de su temor por la penalización, detuvo todo, retiró el vibrador de su interior y lo desató esperando por su castigo, primero las esposas de las piernas y luego las de las manos. Finalmente la mordaza y Souichi cayó al sillón respirando agitado.
Una cosa muy distinta a los pensamientos de Tetsuhiro era lo que le ocurría a Tatsumi, no pedía que le retirara los amarres sino que le permitiera correrse. Al ser liberado, las fuerzas de su cuerpo que parecían perderse en medio de la culminación que le era impedida, lo hicieron caer olvidando que estaba libre, sólo tenía un pensamiento.
Tetsuhiro apenado antes de recibir su regaño, suplicó con angustia mientras su sempai recuperaba el aliento pues no podía ver su rostro:
— Souichi, sempai lo siento mucho. No quería lastimarte, ni hacerte enojar, sólo quería que nos divirtiéramos. Creo que me iré a dormir aparte, no merezco quedarme contigo.
Se levantó en ese instante del sofá retirando su antifaz y el desesperado hombre de cabellera larga lo detuvo con un grito:
— ¡Maldición! ¡Qué haces! ¡Dónde rayos vas!
Con un poco de fuerza se sentó en el sillón, todavía con los pantalones abajo y desde ahí Tetsuhiro fue testigo de la expresión afiebrada en su amado. Sus ojos con un par de lágrimas producidas por el placer forzado, el rostro totalmente rojo, sus pupilas dilatadas y el miembro que apuntaba arriba demasiado tenso pues al sentarse parecía totalmente incómodo.
Con preocupación, casi impactado de tal visión sensual preguntó:
— ¿No estás enojado Souichi?
— ¡Claro que lo estoy! ¿Pero ahora podrías hacer que me corra?
— ¿Si lo hago me vas a perdonar?
— ¡Ni de broma! Tu castigo será un poco más tranquilo.
De inmediato Tetsuhiro comprendió que tenía las riendas del asunto, así que se acercó hasta el hombre sentado en el sillón y metió de golpe la erección de su compañero en su boca, devolviéndole las sensaciones impetuosas que nuevamente mermaron su cordura y se entregó al placer de sentir una y otra vez la garganta de Morinaga apretando, así fue como nuevamente sintió la culminación casi arribando nublando sus sentidos. No obstante su amante tenía otros planes, así que la sacó de su boca e insistió:
— De verdad seguirás enojado aunque te haga venirte. Sabes que podrías vengarte y atarme también, te dejaré hacerlo. Sólo no te enojes conmigo, me detuve porque me gusta hacerte el amor y no tomarte por la fuerza.
— Pon tus manos en la espalda.
— No lo decía en serio ¿Me vas a golpear?
— Obedece y ponte en el sillón.
De inmediato se colocó de espaldas en el sillón y Souichi lo esposó justo como él estaba, se retiró los pantalones y totalmente mojado como tenía su pene le dijo mientras descubrió su trasero.
— Ahora relájate que de todas formas te va a doler.
Morinaga sintió la presión en su entrada pero no se quejó, respiró agitado y se centró en permitirle entrar. Le dolió un poco pero tal era su excitación que a prisa ya ansiaba obtener las embestidas de su sempai. Sin embargo muy distinto era todo con Souichi, que le agradaba la sensación de sumergirse en su amado aunque más deseaba tenerlo dentro de él.
La calidez del cuerpo de Tetsuhiro y la succión que ejercía en Souichi lo hicieron detenerse antes de hacer un mal papel y correrse. A pesar de todo, el límite estaba tan próximo que ya no podía ni quería volver a detenerse, por lo que con un movimiento de la cadera de Morinaga hacia su pelvis, comenzó alocadamente a arremeter en un par de embestidas que lo hicieron liberar su semilla casi instantáneamente.
Respiró molesto por no obtener el orgasmo espectacular que buscaba, de manera que jaló a Morinaga dejándolo sentado todavía con las manos atadas a su espalda y completamente duro. Fue así que decidió subirse a horcajadas sobre él y se penetró a sí mismo, consiguiendo un gesto en su amante de cabello azul lleno de placer y amor pues podía mirarlo a los ojos mientras lo tenía completamente unido a él.
Agitó sus caderas devolviéndose la erección pues consiguió frotar esa parte especial dentro de sí mismo.
Morinaga sentía la presión devorarlo una y otra vez y conteniéndose suplicó por un poco de amor:
— Un beso…
Souichi no era tan insensible, pues al escuchar la petición no pensó dos veces en cumplirla y unió sus labios gimiendo en la boca de su amado abrasado por el placer. Una de sus manos sujetó su pene y lo agitó vigorosamente subiendo y bajando sus caderas con firmeza.
— Sou… Sou… detente que me corro. — Instó Tetsuhiro antes de tener su orgasmo. Aquellos movimientos hábiles no se detuvieron pues la culminación de Tatsumi apresó a Morinaga apretando sus manos atadas una contra la otra en medio del placer orgásmico.
La agitación no le permitió hablar al chico vestido en piel sintética, sin embargo en cuanto pudo pronunciar una palabra, le pidió en un tono sumiso:
— ¿Podrías soltarme? Necesito abrazarte, mi corazón se rompe si es sólo sexo, porque yo te amo Souichi.
Un complacido tirano antes de liberar a su amante abusivo lo amenazó:
— No te atrevas a volver a hacer esto sin mi consentimiento o no voy a perdonarte.
Se aproximó hasta él y liberó sus manos mientras un avergonzado Tetsuhiro respondió:
— Discúlpame, de verdad no volverá a ocurrir, sólo que no seas cruel y no me rechaces. Yo te necesito tanto, sólo me marchitas con tus desdenes. Me haces recordar cuando te asqueaba mi presencia, y yo …siento que no me quieres.
— ¿Otra vez te harás el mártir? No llores, ya sabes que jamás soporté que tú te alejaras porque yo te amaba aunque no lo supiera. ¿Recuerdas que cuando lo comprendí fui tras de ti? Además te he entregado mi vida desde entonces, ¿no es suficiente para que me creas? ¿Toda la vida me recriminaras eso?
De inmediato enjugó una lágrima que rodaba desde el par de ojos verdes y le devolvió esa sonrisa que tanto adoraba observar. De inmediato recibió la respuesta de Morinaga:
— Gracias por amarme.
— ¡Por dios! ¡Esas cosas no se agradecen! No se trata que yo decidiera amarte, simplemente ocurrió y luego no quise que terminara.
— Tienes razón, yo tampoco decidí amarte, me enamoré de ti a primera vista.
— ¡Ya basta de tanta cursilería! Voy a ducharme otra vez que me dejaste totalmente sucio.
— Tú también lo hiciste y además fuiste muy rudo. ¿Podríamos tomar un baño juntos?
— Sólo porque ya pareces tranquilo.
Entraron juntos a la tina y Tetsuhiro no pudo más que volver a excitarse de inmediato al tenerlo desnudo y mojado. Terminó aquella noche dando un orgasmo extra a su adorado esposo y él se llevó uno también.
Salieron con las batas de baño a quitar el seguro de la puerta del menor, observado su figura durmiente y finalmente se recostaron completamente exhaustos a descansar. Un par de hombres enamorados con un hijo del que esperaban sueños e ilusiones y que completaba aquellas partes faltantes que sentían en sus corazones.
Por la mañana, revisando su celular en el trabajo, Morinaga recordó el problema con el afrodisíaco que había bebido, pues luego de la noche de pasión con su marido no sintió que él tuviera algo que ver y haciendo memoria, recordó algo particular, su pequeño le estuvo dando vasos con refresco toda la tarde, cosa que no hizo con nadie más en la fiesta. La pregunta era ¿Por qué Johan querría drogarlo?
Una vez llegando del entrenamiento del niño, lo dejó en la ducha mientras bajó a la cocina a buscar la prueba del delito, fue así que al abrir una gaveta de la parte de abajo, encontró un frasco extraño y decidió confrontar al menor. Sintió un pesar en su corazón por aquella acción tan extraña, pues no pudo más que suponer que su nuevo hijo no le tenía aprecio. Lo miró salir del baño y lo ayudó a cambiarse, una vez tenía su pijama lo llevó al comedor y se sentó frente a él dudoso. Colocó la botella frente a Johan y lo miró con la duda en sus pequeños ojos:
— ¿Tu sabes lo que es esto? — Preguntó intentado tranquilizar sus sentimientos heridos, pues la profunda decepción le procuraba muchas ganas de llorar.
— Sí. — Respondió el niño mirando a la mesa, sin observar nuevamente la decepción en los ojos de su padre.
— ¿Y bien qué es y por qué me lo diste?
— El cumpleaños de papá llegó y tenía una carta que decía que abusarías de papá con esa sustancia.
— ¿Entonces por qué querías que tu papá abusara de mí? Yo entiendo que todo esto es nuevo y sé que soy una persona muy … — Tragó saliva conteniendo las lágrimas y continuó: — soy muy molesto para los demás y los asfixio. Entiendo que no me quieras como a Souichi pero no debiste hacer algo así. ¿Qué tal si algo me ocurría? Seguro no sabes lo que venía en ese frasco y es mejor que no sepas todavía, porque son cosas de adultos que los niños no deben tomar a la ligera.
— Papá Mori, yo no quiero que te pase nada.
De inmediato el pequeño se sujetó de él en un abrazo y comenzó a llorar en su regazo mientras Morinaga sintió aquellos sentimientos apoderarse de él y las lágrimas salieron al tener a su niño angustiado por él.
— ¿Papá abusó de ti verdad? ¿Te pegó muy feo? No quería que te lastimaran, sólo me enojé que la carta dijera eso. Pero yo te quiero mucho y te voy a ayudar a vengarte. Podemos poner gusanos en su comida.
El momento oscuro que los cubrió de pronto fue detenido con aquél comentario extraño. Tetsuhiro que tenía unas lágrimas comenzó a reír a todo pulmón conel menor intrigado que se separó de él y lo miró a los ojos. Una vez logró contener la risa respondió:
— Tu papá Souichi no me pegó, y la sustancia sólo me enfermó del estómago recuerdas. No debes dañar a los demás aunque creas que es correcto. Lo mejor es hablar sobre los problemas, porque así es como las personas arreglan sus diferencias.
— Pero los niños que me pegaban nunca me escucharon cuando les dije que no lo hicieran. Y los adultos jamás escuchan tampoco.
— Justo por eso nos tienes a nosotros para ayudarte, y siempre vamos a escuchar todo lo que tengas que decir, así que si alguien necesita un escarmiento aquí eres tú y acordaremos tu penitencia. Vas a mantener limpia tu habitación sin que yo tenga que levantar un juguete, porque si los veo en el suelo me los llevaré.
— No seas malo papá.
— Es eso o dejamos que Souichi decida tu castigo.
— De acuerdo.
— Pero promete que te vas a portar bien o si algo te molesta lo hablarás con cualquiera de nosotros.
— ¡Prometido!
— Muy bien, entonces tienes que cenar y luego a dormir. — Expresó mirando los ojitos cansados de su adorado y tierno pequeñín.
Las cosas a partir de ahí no salieron totalmente bien pues a pesar de los consejos de la tía, meses después el niño sufrió una fractura en un brazo por caer de un árbol aunque Souichi le había prohibido subir. Una cortada enorme en la pierna cuando corrió tras un balón de futbol americano dentro de la casa, pues cayó sobre un vaso de vidrio que se rompió al ser tirado con el rebote del balón. Tampoco podían faltar los machucones en la puerta del carro que les hizo a sus dos padres y una nariz rota en un pleito escolar. Pero las cosas en esa pequeña familia no podían ser más felices. Los padres siempre atentos de la educación de Johan, sus dudas, sus travesuras y además tantas veces que tuvieron que ir a ser regañados por sus pleitos.
El tiempo transcurrió veloz como cuando la vida te hace dichoso, Souichi y Tetsuhiro cuidaron afanosamente de los detalles sin olvidarse de su activa vida sexual que aprendieron a seguir disfrutando aún con un menor dormido en casa. Los besos fueron dados con ternura entre ellos, sin importarles lo que alguna que otra persona pudiera cuchichear. Pero las cosas no pueden ser sencillas con un hijo hiperactivo creciendo, fue de esa manera que una tarde luego de la escuela, recibieron una llamada urgente de una madre molesta...
Johan acababa de cumplir los doce, Morinaga tenía treinta y cuatro y Souichi treinta y seis, cuando le recibieron en su hogar a una mujer que se escuchaba furiosa en el teléfono. Era jueves y la tarde se oscurecía trayendo la noche en el momento que entró aquella mujer a su hogar jalando a una niña que solía ser buena amiga de su pequeño Johan. Las sentaron en la sala y con un poco de preocupación los tres se sentaron frente a ellas sin decir nada. La señora carraspeó y comenzó a espetar enfadada:
— Señores, he venido a decirles que su hijo ha embarazado a mi pequeña…
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Gracias a Gaby por la ilustración que me ha dejado impactada por tanta sensualidad, está para derrame nasal ¡Vaya Gaby! ¡Eres genial!
Espero por sus comentarios y que tal ¿les parece emocionante?
