Los Juegos del Hambre no me pertenecen, solo utilizo sus personajes para mi historia :)


Capítulo 20: Recuerdos

Peeta's POV:

Estoy muy asustado. Aunque lo haya negado cada vez que me preguntaban, realmente tengo miedo. Miedo de no encajar, de no ser lo suficientemente inteligente, de no hacer amigos. Miedo de abandonar la seguridad de mi casa, la seguridad que me brinda la sonrisa de mi padre mientras me enseña a hacer pan. Lo único que me agrada de abandonar la calidez y seguridad de mi casa es que no tendré que escuchar los gritos de mi madre; ella me asusta más que el hecho de ir por primera vez a la escuela.

Cuando veo la multitud de niños esperando junto a sus padres para entrar tomo con fuerza la mano de mi padre. Él me sonríe y con su otra mano remueve mi cabello, y aunque no diga nada lo entiendo: todo estará bien. Suspiro intentando hacer llegar un poco de la tranquilidad que él me brinda, pero de todos modos estoy nervioso.

De repente su mirada se pierde en un punto lejano. Lo miro intrigado, y él vuelve a sonreír, aunque esta vez es con algo de nostalgia. Señala a una familia que está alejada de nosotros y me dice:

- ¿Ves esa niñita? – señala a una pequeña con un vestido rojo a cuadros y el pelo recogido en dos trenzas. Yo asiento. – Quería casarme con su madre, pero ella huyó con un minero.

- ¿Un minero? ¿Por qué quería un minero si te tenía a ti? – murmuro, incapaz de comprender.

- Porque cuando él canta hasta los pájaros se detienen a escuchar. – dice y suspira.

Nos quedamos en silencio, él probablemente meditando sobre algo sucedido en el pasado, y yo intentando entender su última frase. ¿Es posible que los pájaros se detengan a escuchar cuando alguien canta muy bonito? No me parece razonable, aunque nunca presté mucha atención a los pájaros.

A las siete en punto abren las puertas y, como es el primer día, permiten que nuestros padres nos acompañen al salón. Mi padre se pone a charlar con algunos comerciantes y yo me siento junto a sus hijos, quienes parecen bastante agradables. Una pequeña niña rubia, llamada Delly, no deja de llorar aferrándose a los brazos de su madre. Los demás intentamos ser más valientes.

Cuando nuestros padres se retiran las clases comienzan. La maestra de música, una mujer muy amable, pregunta si alguien sabe la canción del valle. Automáticamente la niña de las trenzas y el vestido rojo levanta la mano. Avanza al frente y se sube a un taburete. Luego comienza a cantar.

En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce,

Hay un lecho de hierba, una almohada verde suave;

Recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedo

Y, cuando los abras, el sol estará en el cielo.

Este sol te protege y te da calor,

Las margaritas te cuidan y te dan amor,

Tus sueños son dulces y se harán realidad

Y mi amor por ti aquí perdurará.

En lo más profundo del prado, bien oculta,

Hay una capa de hojas, un rayo de luna.

Olvida tus penas y calma tu alma,

Pues por la mañana todo estará en calma.

Este sol te protege y te da calor,

Las margaritas te cuidan y te dan amor.

Tus sueños son dulces y se harán realidad

Y mi amor por ti aquí perdurará.

Mientras ella canta alterno mi mirada entre su figura y los pájaros posados en el árbol que hay afuera. Parece magia. Es exagerado, pero me atrevo a creer que todo el mundo hizo silencio solo para escuchar a esta niña. Incluso los pájaros, igual que mi papá dijo de su padre. Cuando termina la canción siento que podría escucharla cantar toda la vida, y nunca me cansaría. Supongo que así le sucede a su madre con su padre.


Llego al instituto temprano. Todo está exactamente igual, salvo nosotros. Han pasado once años desde aquel primer día de clases, y muchas cosas parecen haber cambiado, salvo mis sentimientos por la niña de las trenzas. Bueno, ella ha cambiado un poco; ella ya no usa dos trenzas sino una, ya no canta más, y mis sentimientos por ella solo han sabido crecer. Parece casi absurdo que siga enamorado de la misma chica desde hace once años, pero así es. He intentado muchas veces hablarle, pero nunca pude, y también he intentado mirar otras chicas, pero tampoco pude. Simplemente me limito a mirarla de lejos, aunque cuando ella se da cuenta de que es observada desvío la mirada rápidamente, temeroso de su rechazo. Y así pasan los años…

Entro al salón y saco un cuaderno que tengo reservado para mis dibujos. Como no hay nadie, puedo darme el lujo de sentarme junto a la ventana y continuar con el dibujo que llevo días haciendo. Es un poco complicado, porque es algo que recuerdo que pasó hace tiempo.

Teníamos once años. Por esa época la familia Everdeen estaba pasando por la peor época posible. El padre de Katniss, aquel que siempre cantaba junto a ella cuando caminaban por la ciudad, había muerto en un accidente. Su madre, según me había contado mi padre, había entrado en una profunda depresión, y estaba dejando a sus dos hijas solas y abandonadas. Katniss había dejado de cantar, e incluso de sonreír. Prim parecía demasiado triste, abandonada por su padre y por su madre.

Yo observaba todo desde lejos, incapaz de hacer nada. Si antes no había tenido el valor suficiente de hablarle a Katniss, de intentar ser su amigo, ahora menos. No soportaba verla triste, pero tampoco podía hacer nada para remediarlo. O al menos eso creía.

Una tarde lluviosa, la pequeña Prim entró a la panadería a comprar algunas cosas. Katniss la esperaba afuera. El aspecto de la niña era deplorable: estaba toda mojada, tiritaba de frío, pero eso no era lo más grave, tenía grandes ojeras, y en su mirada se veía una tristeza infinita. Con una voz casi inaudible pidió unos panes y pagó con el dinero justo. Yo sabía que tampoco estaban muy bien económicamente.

Ya se estaba por ir, cuando hice algo inesperado y totalmente impulsivo.

- ¡Prim! – le grité. Crucé el mostrador y puse una bolsa de galletas en su mano. Ella me miró sorprendida; seguramente ni esperaba que supiera su nombre. – Llévalas, son para ti y tu hermana.

Sonrió y me dio las gracias, antes de salir y correr con su hermana. Observé como Katniss miraba las galletas sorprendida, y luego esbozaba una sonrisa. Era mucho más de lo que podía esperar. Al día siguiente nos enteramos que su madre las había dejado, y que ahora tenían un tutor. Con el paso del tiempo el aspecto de las hermanas Everdeen comenzó a mejorar, aunque Katniss nunca volvió a cantar, al menos que yo supiera.

Frunzo el ceño, concentrado en mi dibujo. Hace días que intento dibujar a las Everdeen el día en que le regalé galletas a Prim. Intento recrear con toda la exactitud de la que soy capaz la sonrisa de Katniss, ocasionada por mí porque, aunque ella no lo sepa, fui yo quien le dio las galletas a Prim. Ese fue el único contacto que tuvimos en todos estos años.

Me tengo que golpear en la cabeza cuando continúo recordando, sobre todo cuando recuerdo por qué no seguí intentando hablarle. Fue por Gale, aquel muchacho que apareció poco después de la muerte de su padre, cuando Katniss apenas empezaba a recuperarse de estar sin padre y sin madre. Desde entonces son mejores amigos, aunque es obvio que él pretende algo más que la amistad de Katniss. Sin embargo son inseparables.

Cuando el dibujo está terminado me coloco al lado de la ventana, mirando hacia abajo, para ver si ya están llegando los demás alumnos. No me gustaría que nadie viera mi dibujo; ya bastante malo es escuchar los comentarios que hacen mis amigos sobre Katniss. A algunos les parece linda, cosa que me molesta, pero no puedo negarlo, así que no puedo decir nada. No obstante otros creen que es alguien de clase baja, alguien que no es digno de merecer nuestra atención. Como si nosotros fuéramos del Capitolio… Si me vieran ahora solo le causaría problemas a ella…

Lo que sucede después pasa muy rápido, tanto que no soy capaz de procesarlo completamente. Primero escucho un ruido, cierro el cuaderno rápidamente, aunque al hacerlo golpeo con el codo el vidrio, que sorprendentemente explota. Por dos segundos puedo ver hacia la puerta, y es ella. Se ve hermosa, igual que siempre. Luego siento como caigo, aunque no es lentamente, sino rápido. Y luego oscuridad.


Holaa! Acá está el anteúltimo capítulo, si señores, el siguiente capítulo va a ser el último T_T aunque quizás haya epílogo *mirada misteriosa*

Bueno como siempre últimamente, seguramente me van a querer matar, porque en vez de contar que pasó con Katniss y Peeta, hice un capítulo aparte con los recuerdos que el tenía de ella. Son pocos, como él dice ellos no hablaron nunca, pero él siempre estuvo ahí, observándola y amándola *-* A modo de aclaración, la parte en cursiva sería como un recuerdo dentro del recuerdo (?¿) la puse en cursiva para que se diferenciaba de cuando él estaba en el salón y ocurrió el accidente.

También para quienes me preguntaban como había sido el accidente, forcé mi mente a imaginármelo con más detalle, y salió esto. Seguramente esperaban algo más emocionante, pero no se me ocurrió nada :(

Me queda nomás agradecer por los reviews. ¡Llegamos a los 200! Muchísimas gracias también a los reviews anónimos, que aunque siempre me olvide de responderlos por acá, sepan que los leo y les agradezco mucho el tiempo que dedican a leer mi historia. Igual no digo más cosas porque ya en el final o en el epílogo me voy a poner cursi :)

Voy a subir el último capítulo el lunes (sufro cada vez que escribo último capítulo o final T_T). Nos leemos ese día!

Saludos!