Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
El Legado
Capítulo XX
Adiós
Abrió los ojos cuando la luz del sol se filtró por la ventana. Quiso seguir durmiendo, pero cuando había luz en la habitación era porque ya no era temprano, lo que significaba que había dormido demasiado y no podía darse el lujo de seguir acostado. Hoy era un día importante, hoy era el último día.
Pese al peso de su cuerpo se puso de pie y miró por la ventana para comprobar qué tan tarde era: lamentablemente más de lo que esperaba. Se acercó a su cama y observó la de arriba, donde dormía su hermano de nueve años. Tantos tiempo compartiendo la habitación, durmiendo en la misma litera, y resulta que esta era la última vez que lo hacían. Hoy su hermano y padres se marcharían para jamás volver, porque su hermano lo necesitaba, porque allá fuera podría tener la vida que aquí no. Porque ellos no tenían nada más qué hacer en Vegetasei, porque ya nada los amarraba a este planeta.
Y él se quedaría.
Apoyó la mano en la cabeza de su hermano, tal y como lo hizo tantas veces como muestra de cariño. Jamás lo abrazó ni verbalizó sus sentimientos hacía él porque esa mano en la cabeza del niño era todo lo que bastaba para trasmitirlo. Ya no habría más salidas nocturnas, conversaciones hasta tarde, peleas a muerte que terminaban a los pocos minutos; la sin sentido y constante adoración de Kakarotto hacia él, porque él sentía no merecerla, pero de todos modos disfrutaba y le servía para continuar luchando para ser más fuerte. Tantos años juntos, pero sobretodo este último tiempo que pasó con él sirvieron para darse cuenta lo mucho que significaba. Ahora que no lo vería a diario ni tendría que cuidarlo, entendía la relación que habían formado y comprendía de muchas más formas a su mamá, y su decisión de formar una familia pese a que las tradiciones dictaban lo contrario.
Ya no vería más a su hermano menor y eso lo tenía devastado. Y no podía hacer ni decir nada al respecto, porque quería que su madre se fuera feliz y porque no deseaba que su padre lo viera roto, ya que pese a la distante relación, siempre lo había admirado y aún lo hacía. Estos cuatro días habían sido oscuros, hubiese deseado enterarse de la noticia unos minutos antes que partieran, así no hubiese tenido tanto tiempo para pensar y sentirse de ese modo que no lograba descifrar.
Revolvió un poco su cabello y salió del cuarto al primer piso, directo a la cocina donde debía estar su madre preparando el desayuno. El exquisito aroma a comida delataba su presencia ahí.
—Buenos días, Raditz, pensé que dormirías hasta más tarde. Siéntate y come lo que gustes. Todo lo hice pensando en ti.
El joven obedeció en silencio. En verdad su mamá se había esmerado para hacer el desayuno, no había espacio en la mesa para tanta comida y al parecer aún no había terminado, ya que iba de un lado a otro de la cocina, cortando cosas, pelando otras, abriendo una olla y apagando otra.
Todo lucía verdaderamente delicioso, estaba todo lo que a él le gustaba y acostumbraba a comer, pero no tenía apetito.
—¿Te gusta, hijo?
—Sí, mamá, está muy bueno. —Comió con ganas y sonriendo, justo como cuando ella los sorprendía con algún plato nuevo. Quería a su mamá feliz sus últimas horas en el planeta.
Gine lo observó comer y sonrió. Estaba tan preocupada por él. Hace cuatro días cuando le dieron la noticia del viaje, Kakarotto se puso contento por la oportunidad de conocer nuevos lugares y ya no tener que esconderse más, mientras que Raditz no dijo nada, solamente asintió con la cabeza y se fue a acostar con la excusa que estaba muy cansado. No quería dejarlo solo, pero Kakarotto corría peligro cada día que pasaba en Vegetasei, además Bardock le insistía que Raditz estaría bien sin ellos, pero él no tenía la misma relación con su hijo, y por eso sentía que era la razón por no estar feliz de dejar el planeta. Quería llorar, tenía muchas ganas de abrazarlo y pedirle que se fuera con ellos, pero eso sería egoísta y no podía hacerle eso a su hijo. Debía entender de una vez por todas que su Raditz era un guerrero y que sus caminos eran totalmente diferentes; esto sucedería tarde o temprano y debía dejar a su hijo vivir su vida.
—Más tarde debo ir a cerrar la carnicería. Está demás decir que puedes hacer lo que quieras con ella, venderla o trabajarla, como gustes.
—Sí, mamá.
—La casa también es tuya.
—Sí. —dejó de comer para mirarla, deseando que le pidiera ir con ellos.
En un rincón del cuarto estaban las pocas pertenencias guardadas para partir. Bardock se había conseguido una nave grande para viajar los tres en lugar de las esféricas personales, ya que Gine no sabía pilotearlas y no confiaba en las habilidades de Kakarotto.
Raditz observaba todo en silencio, incapaz aún de creer que todo fuese realidad y que terminara en unas horas.
—¿Estás bien? —preguntó preocupada. Se sentó en una silla junto a su hijo para poder mirarlo bien.
—Sí.
—¿Verdad?
—Estoy pensando en las misiones que puedo tomar. Si tengo tiempo podría conseguir una hoy mismo. —Intentó sonar interesado en el tema, pero ahora no tenía ánimos para nada.
—Eso es muy bueno —dijo sonriendo. Le gustaba que su hijo retomara a su vida y de manera tan rápida, así se mantendría ocupado.
—Sí. Estuve mucho tiempo sin viajar, ya es hora que vuelva.
El joven no dijo nada cuando su madre tomó su mano, pero por primera vez en su vida sintió la necesidad de abrazarla, o por lo menos que ella lo hiciera a la fuerza, justo como cuando era un niño y lo tomaba por sorpresa para estrecharlo en sus brazos, entonces él se molestaba y se separaba de ella, porque los guerreros saiyajin no hacían esas cosas. Con el tiempo, su madre dejó de molestarlo con esas demostraciones de cariño, pero ahora hubiera preferido eso en lugar de tanta comida.
Si no dijo, ni pidió nada era porque como guerrero que era no podía dejar que sus emociones ganaran. En primer lugar tales sentimientos no debían existir y por eso tenía tantos problemas para destacar como deseaba, por eso ahora más que nunca se controlaba, ya que una vez que se fueran, volvería a las misiones y podría concentrarse en lo que verdaderamente le interesaba. Y si ahora flaqueaba y dejaba salir todo lo que sentía, sería un retroceso muy grande.
—Sigue comiendo, voy por tu hermano para desayunar juntos. Si no lo despierto es capaz de dormir hasta la tarde. —Apretó un poco la mano de su hijo antes de levantarse.
—¿Dónde está papá? —preguntó controlando las emociones desbordantes que lo embargaban este día. Jamás en su vida se había sentido así y no sabía qué hacer para detenerlas, mucho menos sabía qué sucedería en caso que no pudiera controlarlas.
—Hoy era su último día trabajando para la reina. Estará más tarde con nosotros.
—Ya veo. —Continuó comiendo para que su madre dejara de mirarlo y fuera de una vez por todas por Kakarotto.
—Raditz. —Gine detuvo su camino al segundo piso para mirar a su hijo.
El joven también la observó, en silencio, dejando de lado el gran desayuno. Se concentró en ella y puso de pie cuando la vio acercarse a él. No tuvo mucho que hacer más que abrir los brazos para aceptar el abrazo apretado de su madre.
—En cuanto toquemos tierra nos contactaremos contigo —dijo con los ojos llenos de lágrimas. Le dolía el corazón dejar a su hijo mayor, pero no había otra opción.
—Sí, mamá —respondió en un susurro, preocupado más del abrazo que de las palabras. No pudo evitar no sonreír. No recordaba que un abrazo pudiera sentirse tan bien.
—Prometeme que te cuidarás mucho, no quiero que salgas herido en las misiones, siempre me preocupo cuando te vas y ahora no voy a estar para ayudarte con las heridas.
—Estaré bien, te lo prometo. Ahora soy más fuerte, y aprendí a coser bien las heridas.
—Lo sé. También prometeme que no te olvidarás de nosotros, quiero que nos vayas a ver cada vez que puedas. Le diré a tu padre que no vayamos tan lejos para que puedas visitarnos seguido.
—Lo prometo. —No había necesidad de hacer promesa a eso. Los fuertes lazos creados principalmente por Gine eran tan poderosos y duraderos que ni el tiempo ni la distancia serían capaces de destruirlos.
Gine se apegó más al pecho de su hijo. Hubiera deseado ser ella la del abrazo sobreprotector, pero Raditz ya era mucho más alto que ella.
No dijeron más al respecto, ese abrazo era todo lo que necesitaban para comenzar a cerrar una etapa y abrir otra que no sabían hasta dónde los llevaría.
—¿Qué hay para comer?
Se separaron al oír a Kakarotto al final de los escalones. Aún estaba con pijama y con cara de sueño, pero el aroma del desayuno lo despertó antes de tiempo.
Bardock esperó afuera mientras Tarble daba indicaciones a otros soldados. La puerta estaba abierta, por lo que no vio la necesidad de entrar a la habitación, de todos modos se mantuvo todo el tiempo alerta en caso que el príncipe lo necesitase.
Ya quedaba poco para terminar el último día de trabajo y como nunca sintió que el tiempo transcurría de manera lenta, así que decidió concentrarse para no distraerse y seguir pensando, aunque jamás imaginó que la historia en su planeta terminaría de esta forma. Cuando era joven su sueño, como el de la mayoría de los guerreros, era servir al planeta y contribuir en su gloria y expansión, ser el mejor soldado de todos y si fuese posible morir en el campo de batalla con todos los honores posibles, pero ahora, aún en condiciones de seguir batallando por Vegetasei decidía retirarse. Aún no tenía claro qué haría en su nueva vida, eso lo vería una vez establecidos, ya que lo importante era sacar a su hijo para que no termine como tantas historias que ha escuchado a lo largo de los años.
—Eso es todo. Ya pueden retirarse.
Escuchó la voz del príncipe y luego los saiyajin abandonaron la habitación. Los reconoció enseguida; se trataban de los hombres de confianza que acompañaban a Koora a misiones. Ya se había dado cuenta que no era normal su forma de actuar y que mantenían silencio absoluto como si ocultaran un secreto importante, pero él no haría preguntas. No correspondía.
—Bardock, ¿quieres venir, por favor?
El guerrero obedeció y encontró al príncipe en medio de un gran salón. No había ningún mueble, solo las cortinas y una pequeña mesa con un plano sobre ésta. Esperó en silencio que el niño le diera instrucciones.
—Esta va a ser la biblioteca —dijo sonriendo.
Bardock no entendió en un comienzo, pero luego le echó otra mirada al plano y entendió de qué hablaba.
—Mi madre consiguió permiso del rey para construir una biblioteca acá en palacio, y yo estoy a cargo. Supongo que el rey me desprecia menos.
—Me alegro por usted.
—No es necesario que mientas. Sé que lo encuentras aburrido, como el resto del mundo, pero a mi me gusta —respondió sin dejar de sonreír.
Bardock no dijo nada ante eso. Siempre encontró diferente el comportamiento del hijo menor de Koora, pero lo atribuía a la herencia de su madre.
—Bardock, quiero agradecerte por haberme entrenado estos meses, y por ser siempre leal a mi madre.
—Es mi trabajo, príncipe.
Esos meses fuera del planeta, en cuanto llegaron a tierra firme, Koora le dio indicaciones de llevarse a su hijo a otro lugar para protegerlo y entrenarlo mientras ella y sus otros hombres hacían todo el trabajo. Y ya que la relación con la reina no era como antes, él optó por no preguntar nada, ni siquiera cuando la mujer le habló al niño sobre los atentados que sufrió con el veneno y aquella vez que el herido de muerte fue el otro príncipe, pero solo por un error de calculo. Le llamó la atención la expresión sin sentimiento del príncipe, como si ya no fuera sorpresa tan tremenda noticia. Koora no titubeó en decirle que debía desconfiar del rey y sus hombres si quería sobrevivir y para eso debía hacerse más fuerte, crear carácter y fingir para que nadie más lo pasara a llevar. Él niño jamás dijo una palabra, salvo afirmar con la cabeza. Después de eso se marcharon para entrenar y reunieron cuando ya estaba conquistado aquel planeta tan difícil y la noticia de la gran participación de Tarble ya circulaban por todos lados.
Bardock no tenía idea que estaba planeando Koora, pero como ya lo había decidido, no preguntaría ni opinaría. Él se marcharía del planeta y solo esperaba que la que fue su compañera inseparable de misiones, no tuviera un mal final.
—Simplemente quiero demostrar que no solo se puede destruir, también podemos crear, aunque sea una simple biblioteca —dijo más para sí que para su guardaespaldas.
Bardock sonrió ante ese comentario. Era como estar con la Koora actual y con eso comprendía más cosas, pero ya era muy tarde y era hora de decir adiós.
—Príncipe Tarble. —Se arrodilló en forma de respeto—. Ha sido un honor servir a su madre y usted. Espero que tenga una larga y prospera vida.
—Te estás despidiendo —exclamó pensativo. Si bien era aún un niño, su cerebro funcionaba de manera muy rápida, especialmente este último tiempo—. Espero que no te vayas de aquí sin hablar con mi madre. Ella te aprecia mucho, pese al evidente distanciamiento entre ustedes.
—Por supuesto que hablaré con ella. —Se puso de pie, y no pudo evitar poner una mano en su hombro—. Cuídese, príncipe.
—Tú también, Bardock.
El soldado abandonó la habitación en busca de Koora. Debía hablar con ella por última vez, después de todo, lo más seguro es que no volverían a verse.
—¿En serio te vas a llevar las muelas de Turles? —Raditz estaba sentado junto la mesa de la cocina, y rió cuando vio a su hermano menor empacandolas en su bolso. Seguramente si aún conservara una cabeza de Saibaiman, también la llevaría consigo.
—Mamá me dijo que guardara todo lo importante.
—¿Y eso lo es? —Miró de reojo su scouter que había ido a buscar a su habitación y que ahora estaba sobre la mesa . Efectivamente tenía varios mensajes y aún no se animaba a escucharlos.
—¡Mucho! No me voy a olvidar el golpe que le diste cuando se las quitaste. Yo quiero hacer eso algún día. —Imitó los movimientos de su hermano esa vez que luchó contra Turles y ganó.
Raditz lo observó con una sonrisa. Su hermano menor no era capaz de comprender lo que significaba este viaje, pero era mejor, no quería verlo triste como él se sentía en este momento, pero estaba seguro que de ser mayor podrían hablar sobre esta situación. Sin embargo, le gustaba tener este último recuerdo de él, tan contento y activo como siempre.
—Tienes que hacerte más fuerte, Kakarotto, para cuidar a mamá.
—Lo haré. Y tienes que ir a visitarnos para entrenar.
—Nadie se ha dado cuenta del gran poder que tienes dentro, ni siquiera papá, y tampoco tú. Tienes que hacerlo explotar, pero lamentablemente no pude averiguar cómo hacerlo.
El niño se acercó a su hermano, interesado en el tema.
—¿Eso es verdad? ¿Tan fuerte soy?
—Claro, no te mentiría sobre eso. ¿Acaso no recuerdas cuando golpeaste al príncipe Vegeta? Por su cara, creo que no se esperaba eso.
—Es que es un pesado, y te estaba pegando, me hizo enojar mucho.
—Por eso nunca dejes de entrenar, tienes que ser el más poderoso para trabajar juntos cuando seas mayor.
—¡Sí! —respondió feliz y entusiasmado por la idea.
Otra vez miró el scouter sin tocarlo. Una parte de él moría en deseos de escuchar los mensajes para saber si existía una posibilidad de tomar misión, especialmente luego de la conversación con Turles y los otros jóvenes. Era un hecho que todo el mundo continuaba hablando de la gran victoria de la reina junto a sus hombres y el nombre de su padre se repetía en muchas conversaciones. Tal vez debería ir de una vez por todas al lugar de embarque y aprovechar la oportunidad.
—Deberías ir a buscar misión. Como lo dijo Turles la otra noche. —El niño adivinó lo que pasaba por la cabeza de su hermano, bastaba ver lo obsesionado que continuaba mirando el scouter.
—No, lo haré mañana.
—¿Y los mensajes que tienes?
Raditz respondió poniendo el scouter en su oreja para poder escuchar. Pasó varios sin dejarlos terminar, ya que eran misiones que ya habían sido realizadas, pero el último lo escuchó completo, ya que le ofrecían algo bastante interesante y arriesgado, seguramente por el simple hecho de ser el hijo de Bardock. Cuando terminó el mensaje, comprobó la hora en su mismo aparato, pero era algo tarde.
—¿Hay algo? —Kakarotto dejó de empacar sus cosas para ponerle atención a Raditz.
—Sí, y es bueno, pero ya debería estar ahí para apartar un puesto.
—¡Anda! ¿¡Qué esperas!?
—No puedo, no puedo dejarte solo en casa y falta para que vuelva mamá.
—¡No importa! Yo ya soy grande, puedo quedarse solo un rato, no me meteré en problemas.
—No sé… —dijo pensativo. Desde el robo de su cola, jamás lo habían dejado solo en casa.
—Te prometo que no saldré. Puedo quedarme solo. —El niño estaba más entusiasmado que Raditz con esta posible misión. Le gustaba ver a su hermano convertido en todo un soldado guerrero.
—La misión parte en unos días más, pero la inscripción es hoy, parece que tiene mucha demanda. No sé si me esperen.
—Entonces ve volando y te vienes rápido.
—¿Me prometes que no saldrás de la casa?
—¡Sí!
Raditz le creyó. Hace mucho que no intentaba escaparse y su comportamiento había mejorado muchísimo. Realmente podía decir que estaba más disciplinado.
—Entonces no tardaré. Quedate aquí y termina de guardar tus cosas. —Se puso de pie y tomó su scouter. Quería obtener esa misión, así sus padres estarían orgullosos de él antes de marcharse, y él tendría la mente ocupada con algo importante por algunos meses. Antes de abrir la puerta, volvió a mirar a su hermano para repetirle las instrucciones, pero el niño no lo dejó hablar.
—¡Ya anda! —gritó lanzando un vaso a gran velocidad.
Raditz alcanzó agacharse para que no le diera a él, pero el vidrio golpeo la puerta y terminó roto en cientos de pedazos.
—No te metas en problemas y limpia eso. —Salió de casa y se preocupó de cerrar la puerta. Levantó vuelo y se marchó a toda velocidad.
Kakarotto lo miró por la ventana hasta que se perdió de vista, luego corrió la cortina para que no se viera hacia dentro y continuó empacando sus cosas. Incluso una piedra que consideraba muy importante guardó en su bolso.
No fue difícil encontrar a Koora. Últimamente si no estaba entrenando o con alguno de sus hijos, se encontraba con uno de sus soldados de confianza, y así fue. En uno de los patios interiores de palacio, ella y el soldado conversaban de pie, seguramente le daba instrucciones, ya que él no abría la boca para nada y solo asentía ante lo que ella decía. Bardock esperó pacientemente a que terminara para poder acercarse a ella, aunque notó que Koora se había dado cuenta de su presencia, pero no por eso interrumpió lo que hacía; antes lo hubiera hecho sin pensarlo.
Casi media hora más debió esperar hasta que quedara sola. Debió ir tras ella porque la mujer fijó rumbo en dirección contraria.
—Su majestad.
—Ahora no soldado, estoy ocupada.
—Lo siento, pero no puede esperar.
—Ya te dije soldado que estoy ocupada. Vuelve otro día. —Apuró el paso, pero se detuvo cuando lo escuchó decir su nombre.
—Koora, por favor, necesito decirte algo. Es importante.
—Está bien, vamos a un lugar privado. —Volvió a caminar, con él un par de pasos más atrás.
Después de guardar sus cosas y comer la comida que sobró del desayuno, Kakarotto ya no sabía qué más hacer. Desde que perdió su rabo nunca había quedado solo en casa y estaba acostumbrado a que Raditz hiciera algo para entretenerlo, pero ahora no había nadie y debía encargarse él mismo de hacer que el tiempo pasara hasta que su mamá o hermano estuvieran de regreso. Hizo cientos de flexiones, tantas abdominales que en un momento dejó de contar porque ya no sabía el número que seguía, e incluso peleó con enemigos imaginarios, pero debió detenerse o terminaría rompiendo algo. Ya comenzaba a quedarse dormido cuando algo llamó la atención de su olfato.
Corrió hacia la ventana cuando sintió el aroma de la carne cruda que seguramente su madre traía cada vez que sobraba algo de la carnicería. Había desarrollado tan bien la habilidad de detectarlo que incluso lo olía antes de poder verla. Hoy era el último día de trabajo en la carnicería, lo que significaba que no dejaría nada de carne y todo lo que sobrara lo traería a casa. Su madre le había prometido cocinar la mejor de las comidas para despedirse como correspondía y él ya moría de ganas de verla aparecer para comprobar si venía con mucha carne. Si tuviese rabo, lo estaría moviendo de un lado a otro, ansioso que llegara ya.
Gine caminaba a paso tranquilo hacia su hogar, traía varios kilos de carne sobrantes y ya que suponía que Raditz no iría a buscarla, decidió llevarla a casa para que tuviera que comer. Debió usar ambas manos para llevarla junto con su cuchillo preferido, el cual se llevaría fuera del planeta para tener un recuerdo de su negocio.
Observó las calles, las casas, negocios y gente que iba y venía preocupada de sus asuntos. La gran mayoría sin poder de pelea como ella que debían ganarse de la vida de otras formas. Siempre agradeció que Bardock accediera vivir en esta parte del planeta en lugar de la zona de guerreros, así pudo continuar en un territorio que la hacía sentir a gusto y sobretodo poder vivir con sus hijos de la forma que ella quería. En el otro sector no hubiera podido ni siquiera salir a la calle sin ser vista y tratada como un ser inferior, no podría haber compartido y criado a sus niños y mucho menos continuar con su negocio. En realidad le debía mucho a Bardock, que siempre la antepuso sobre todo y todos, y si bien no era bueno para expresar sus sentimientos por medio de palabras, sus actos eran claros. Y una vez más la escogía ella y su familia, abandonando el planeta que todos pensaron vivirían para siempre.
Sonrió cuando pudo ver su casa y en una de las ventanas a su hijo menor. Ya quería verlo en otro planeta, corriendo al aire libre sin tener que esconderse, entrenando con su padre y viviendo una nueva vida. Aún guardaba la esperanza que su cola creciera tarde o temprano, pero no podía quedarse esperando; su hijo no había nacido para vivir encerrado y en otro lugar podría estar tranquilo, sin correr peligro.
Se detuvo para no chocar con un hombre. Estuvo a punto de golpear su rostro con el pecho del saiyajin por estar distraída, pero alcanzó a frenarse y hacerse a un lado, lo miró de reojo e hizo un gesto de disculpa para continuar su camino, pero nuevamente tuvo que parar para no chocar con el mismo tipo que esta vez se puso en forma intencionada en su camino. Gine levantó la cabeza para mirarlo. Se trataban de dos hombres, uno de la estatura de su hijo Raditz y el otro mucho más alto, de contextura musculosa, que por el color y el material de sus armaduras se notaba trabajaban para los reyes. No era usual verlos por los alrededores, salvo en las tabernas y prostíbulos, y no había ninguna de las dos cosas cerca.
La mujer guardó silencio, un poco asustada ante la mirada de los dos que no abrían la boca para nada y solo la observaban.
—Déjenme pasar, por favor —finalmente se decidió a decir.
Como respuesta recibió un golpe en sus manos que la hizo tirar la carne y cuchillo al suelo. En ese momento quienes caminaban y estaban fuera de sus casas, se marcharon y ocultaron. Cuando había algún saiyajin poderoso causando problemas lo mejor era desaparecer y no entrometerse, de lo contrario todo podría terminar mucho peor.
Kakarotto observó lo sucedido y corrió hacia la puerta para ir en ayuda de su mamá, pero se detuvo en el último segundo. Le habían repetido tantas veces que no podía salir solo y durante el día que no supo qué hacer. No quería meterse en problemas ni que lo descubrieran, pero habían agredido a su mamá y no podía quedar así. Volvió a la ventana para continuar mirando.
—Te vas… —repitió en voz baja. Intentó con todas sus fuerzas sonar fría y sin sentimientos, pero la noticia era devastadora. Pese a todo lo que habían vivido, el alejamiento y la traición que sintió él cometió, Bardock aún era algo importante para ella, y por esa misma razón había decidido alejarse de él, pero esto era demasiado.
—Sí. Por motivos personales.
—Entonces no me vas a decir… —Le dolió el pecho como hace tiempo no sucedía. Una parte de ella deseaba que la relación volviese a ser como era antes, pero con esta noticia desaparecía cualquier posibilidad—. ¿Volverás?
—No.
—Pueden suceder muchas cosas en poco tiempo. No, es una respuesta muy cerrada.
—Ya no tengo nada más que hacer acá.
—Ya veo… —Cada vez se le hacía más difícil hablar. Esto solo servía para darse cuenta que no fue capaz de olvidarse de él tal y como lo hizo con el rey. Ahora entendía mejor sus sentimientos y lo fuerte que eran, pero el hombre evidentemente no sentía lo mismo que ella, o tal vez sí, pero lamentablemente hacia otra mujer—. ¿Por qué no me dijiste antes? ¿Pensabas que intentaría detenerte?
—No pensé nada, simplemente…
—¿Hace cuanto nos conocemos? ¿Veinte años? No me mientas el último día que nos veremos. —Se alejó de él para sentarse.
—Si no dije nada es porque no he tenido tiempo, y hemos querido hacer todo de manera reservada, además casi no te he visto desde que volvimos de misión hace cuatro días. Siento dejarte en este momento, pero no puedo seguir aquí.
—¿Tienes miedo que trate de matar al rey, me descubran y te arresten por ser mi hombre de confianza?
—No, Koora. Es algo personal.
—Lo que significa que no puedo hacer nada para que te quedes… —dijo para sí misma, pero claramente él escuchó.
—Me preocupas. —Se le acercó, pero no se sentó a su lado.
—Yo estoy bien —respondió mirando al suelo, melancólica y haciendo lo imposible por no llorar. El único hombre que había amado y aún lo hacía, se alejaba de ella para siempre. Sentía que no podría con eso—. Tengo mucho por hacer antes de dejarme derrotar.
—En la última misión, cuando me hiciste ir a otro planeta con tu hijo, ¿qué fue lo que pasó? ¿Qué hiciste? —Tenía muy claro que no debía meterse en los asuntos privados de la reina, pero su preocupación por ella era real, y tal vez podría ayudarle con algunas palabras antes de marcharse.
—No voy a cargarte con más problemas de los que debes tener, porque me imagino que te vas por algo así.
—¿Has vuelto a ver a Alina?
—No voy a hablar contigo de eso, Bardock. Hace mucho tiempo quedó claro que entre nosotros no puede haber cierto tipo de conversaciones.
—Quiero que estés bien.
—Y lo estaré. Una vez que cumpla mi venganza, lo estaré.
—Eso no hará más que matarte.
—¿Desde cuando los saiyajin le tememos a la muerte?
Bardock no respondió. Tenía razón, pero eso no significaba que le preocupara el futuro de su antigua compañera.
—Te hablaré. —No tenía pensado decir eso, de hecho su idea era no volver a saber del planeta durante mucho tiempo.
—No es necesario. —Limpió la única lágrima que logró asomarse antes de ponerse de pie para poder mirarlo a la cara—. Lo nuestro no tiene futuro, ni siquiera como amistad, trabajo y mucho menos como yo lo he deseado por tantos años. Nunca hiciste nada para que pensara que podría tener una oportunidad contigo, así que es mejor que si te vas, no te comuniques conmigo.
—Koora, yo… —Le costó mantenerle la mirada. Se sentía demasiado incomodo por sus palabras.
—No digas nada, Bardock. Sé que te cuesta hablar de estas cosas, y a mi también, de lo contrario te hubiera dicho algo o al menos hubiera actuado para tenerte a mi lado de la forma que yo deseaba, pero al menos no me voy a quedar con nada guardado.
—Lo siento.
—No te disculpes. Nunca hiciste nada para que me enamorara de ti, o tal vez todo lo que hacías influyó para que nunca me pudiera olvidar de ti pese a estar tontamente deslumbrada con Vegeta. Siempre pienso en el pasado y me pregunto como hubiese sido todo de haber seguido contigo en lugar de Vegeta. Tal vez ahora no estaría metida en todo lo que yo misma he creado, pero tengo a mis hijos y mis objetivos claros, y eso me hace no sentir tan miserable por mis decisiones pasadas… Muchas veces he envidiado a Gine por lo que tiene contigo.
—Yo nunca quise…
—Ya te dije que no es necesario. Simplemente necesitaba decirte todo esto. No podía quedarme con tanto guardado… Perdona si te hice sentir incomodo.
—Está bien.
Koora sonrió al verlo en esta posición. Ciertamente su postura y rostro lo delataban, pero no por eso no continuaría. Era la última vez, maldita sea, al menos quería sentirlo.
—Te extrañaré. —Y sin más lo abrazó con fuerza. Cerró los ojos y esperó que le devolviera el abrazo. Afortunadamente lo hizo y con más emoción de lo que esperaba de él.
—Cuidate.
—Tú también.
Koora prolongó el abrazo el tiempo que pudo, le encantaría poder obligarlo a quedarse y sintiera por ella lo mismo, pero incluso en su posición de poder, no había nada que pudiese hacer al respecto. Se separó un poco para mirarlo y sin pensarlo se le acercó para besarlo en la boca, después de todo, no tenía nada que perder, pero se detuvo en cuanto lo vio tensarse y tomarla de la muñeca con intensiones de rechazarla. Ella fue más rápida y desvió el beso hacia su mejilla izquierda para no arruinar la despedida.
Gine miró de reojo hacia la ventana de su casa, aún estaba su hijo observando y su angustia creció al imaginarlo salir ante estos dos soldados. No sabía por qué Raditz no salía a ayudarla, y Bardock ya debía haber llegado a esta hora.
—¿Qué pasa? ¿No vas a recoger tus cosas? —El hombre más alto, de cabello corto y barba, quien la agredió, se le acercó para continuar intimidandola. El otro solo estaba en silencio y mirando, esperando instrucciones, se notaba que era subordinado de él.
—¿Qué es lo qué quieren? ¡Déjenme ir! —Estaba muy asustada, pero levantó la voz.
—Hemos escuchado rumores de tu bastardo y decidimos venir a ver.
—No sé de que están hablando.
—¿No? ¿Acaso no tienes a tu hijo escondido? Escuché que le quitaron el rabo para venderlo, y eso no se hace, mujer. —Se le acercó más, obligandola a retroceder nuevamente—. Ustedes las lacras débiles, si se esforzaran un poco podrían luchar e ir a misiones, podrían sobrevivir como nosotros y aportar a este glorioso planeta y su reino, pero son tan perezosos y patéticos que pese a tener la sangre más pura y poderosa corriendo por sus venas, se dedican a vivir de nosotros, dejarnos en vergüenza y humillarnos ante otras razas—terminó levantando la voz, evidentemente molesto y alterado.
—¡Jamás le haría eso a mi hijo por dinero! Yo no lo necesito. Mi pareja es Bardock, y cuando se entere de lo que estás haciendo se va a encargar de ti. ¡Es mejor que me dejes pasar!
—¡¿Acaso crees que le tengo miedo a Bardock?! —Rió con fuerza—. Conozco a ese estúpido y si solo forma parte de los hombres de la reina es porque se la coge. El rey está demasiado ocupado para atenderla y alguien tiene que tenerle las piernas calientes. Ojalá estuviera aquí para que viera lo que te voy hacer a ti y a tu hijo.
Ya que Raditz no aparecía y no quería que Kakarotto saliera, caminó con paso decidido y rápido hacia su casa, pero al pasar junto al saiyajin, éste le puso la palma en el rostro y empujó al suelo. No usó mucha fuerza, pero Gine no era poderosa y terminó acostada en la tierra con un fuerte dolor en la cabeza debido al impacto.
No alcanzaron a hacer nada, ni siquiera hablarle. El grito desde el interior de una casa los distrajo y de haber estado con sus scouters, se hubieran asombrado al leer tan poderoso ki.
Fue como si algo se apagara dentro de la cabeza del niño cuando vio a su madre en el suelo. Entonces ya no pudo pensar ni continuar mirando, todo lo que pasó por su cabeza y cuerpo fue una ira descomunal que expulsó en forma de ki y con un grito desesperado que escucharon los malditos que se atrevieron a tocar a su madre y todos los que observaban la situación escondidos en sus hogares. Kakarotto salió volando de la casa, derribando la puerta en su vuelo, directo al guerrero más alto que no tuvo tiempo para nada, ni siquiera ver al pequeño que le rompió la nariz de un solo golpe de su mano pequeña y lo arrojó a toda velocidad hacia otra casa que detuvo su vuelo, pero terminó con uno de los muros destrozado.
El guerrero se levantó mareado y sangrando. Ya le habían roto la nariz en combate, pero el dolor que sentía ahora superaba las veces anteriores y eso lo molestó más, sobretodo cuando vio quien había sido el atacante.
—Kakarotto, vete de aquí, escondete —susurró Gine sin poder ponerse de pie, pero el niño no la escuchó, permaneció a su lado en posición de ataque para que no se atrevieran a tocarla.
—¡Señor! ¡El niño no tiene cola! —habló por primera vez el otro saiyajin.
—¡No! —Pese a no poder moverse bien por el golpe en la cabeza, la mujer se arrojó sobre su hijo para abrazarlo y protegerlo con su cuerpo. Tenía tanto miedo y no podía dejar de tiritar, pero estaba dispuesta a dar su vida con tal que no tocaran a su niño. Esperaba que en cualquier momento aparecieran Raditz o Bardock para que los ayudaran.
El guerrero a cargo se acercó a Gine, la tomó y levantó del cabello para que se hiciera a un lado. Ya estaba de muy mal humor y no perdería más tiempo para hacer cumplir las leyes.
Cuando su madre gritó de dolor, el niño volvió a reaccionar con furia, lanzando otro golpe que esta vez fue esquivado.
—Eso fue suerte, bastardo, no volverá a ocurrir. —Con él si usó más fuerza que con Gine y golpeó tan fuerte en la cabeza que dejó su cara enterrada en el suelo, pero Kakarotto se puso de pie para que soltara a su madre.
Gine terminó en el suelo, viendo como esos dos hombres golpeaban a su hijo brutalmente para que dejara de atacarlos. El niño fue capaz de acertar potentes golpes, pero ellos estaban con armadura, tenían mucha más experiencia y fuerza, cosa que el pequeño no. Lograron controlarlo al tomarlo de los brazos, por atrás de su espalda, momento que aprovechó el saiyajin para vengarse por su nariz rota y también quebrarsela de un solo golpe, por supuesto no fue suficiente y continuó golpeándolo en el abdomen hasta que lo hizo escupir sangre en abundancia.
Desesperada, la mujer pidió ayuda, pero ya no había nadie en la calle, tampoco la familia del muro destruido se asomó para ayudar. Todos observaban a escondidas, temerosos de que ocurriera lo mismo con ellos. Nadie saldría a ayudar y mucho menos a un niño castrado y su madre. Ellos eran los débiles y debían mantenerse en silencio y ciegos ante la situación.
Pese a haber terminado los golpes, el soldado no lo soltó, el pobre niño ya estaba casi inconsciente y su jefe, ya aburrido, revisó con sus propios ojos que no tuviera cola.
—Efectivamente, no tiene rabo —dijo en voz alta, para escucharan desde todas las casas—. Nos vamos de paseo a la zona negra, donde pertenece.
—¡Déjenlo! —Gine reunió fuerzas de la nada para ponerse de pie e ir contra los hombres, tomó su cuchillo del suelo para atacarlos y soltaran a Kakarotto.
—Sigues con eso, mujer. Ya vete a tu casa o terminarás igual que él.
Por supuesto, Gine no escuchó y arremetió contra el soldado que tenía a su hijo, este retrocedió y esquivó con facilidad, pero no atacó, a no ser que su jefe le diera la orden de hacerlo.
El otro trató de arrebatarle el cuchillo, pero Gine se movió más rápido y le hizo un profundo corte en el brazo.
—¡Maldita perra! —No era posible que un niño débil y castrado le rompiera la nariz y ahora una mujer con cero nivel de pelea pudiera cortarle, a él, que trabajaba directamente con el rey y dirigía su ejercito. Eso no quedaría así.
La golpeó en el rosto con el puño cerrado, y quitó el cuchillo antes que terminara en el suelo. No esperó ni continuó insultándola, se le lanzó encima para matarla de una vez por todas con su propia arma, pero terminó en el suelo con Kakarotto que reaccionó a tiempo para liberarse del otro saiyajin y empujarlo, sin embargo no fue capaz de intentar pelear con el hombre, ya que los golpes recibidos lo dejaron muy mal, al punto de no poder moverse ni defenderse.
Gine trató de levantarse para auxiliar a su hijo, pero un fuerte dolor en el abdomen se lo impidió, aunque no se comparaba con lo que sentía al verlo con su rostro bañando en sangre. No pudo hacer nada cuando el maldito lo tomó de una pierna y levantó a la altura de su rostro.
—Sí que tiene coraje este bastardo. Le servirá muy bien ahora que viva en la zona negra.
—¿Que hago con la mujer, señor?
—Déjala, no la quiero esta vez, está demasiado herida y no voy perder dinero, no me sirve así. Y tú preocupate de afirmar bien al bastardo o te las verás conmigo por incompetente. —Le arrojó el niño sin cuidado alguno y limpió la sangre de su nariz.
—Pero si la deja le hablará a Bardock, señor.
—¡¿Y tú crees que le tengo miedo?! Yo le sirvo al rey, ese simplemente se coge a la reina —dijo molesto.
—Lo siento, señor, no fue mi intención.
—Ahora vamos, ya tengo un comprador interesado.
—No, no, Kakarotto… ¡NOO! —En un último intento se puso de pie, inconsciente del corte en su abdomen y la perdida de sangre, eso, y el golpe en la cabeza fueron los causantes de su debilitamiento, pero todo lo que pasaba por la cabeza de Gine era salvar a su hijo que la miraba, incapaz de moverse por la golpiza recibida.
Dio un par de pasos torpes y se dejó caer sobre el soldado que llevaba a su hijo. Le suplicó que lo liberara, pero todo lo que recibió fue otro golpe del saiyajin jefe, ahora en el abdomen que la dejó sin aire y en el suelo, abrazándose a sí misma.
—Te lo advertí. Bardock debió enseñarte que a los hombres se les obedece. ¡Y el mismo mensaje va para todos ustedes! —habló hacia las casas de los saiyajin—. Serán saiyajin porque tuvieron la suerte de nacer en el mismo planeta y tienen rabo como yo. ¡Pero no son como yo! Todos ustedes deberían ser castrados y enviados a la zona negra o puestos a la venta en otros planetas, no son más que una vergüenza para la raza y nadie es capaz de venir a hacerme frente, porque son cobardes… ¡¿Alguno?! —Avanzó y extendió los brazos, a la espera de algún guerrero que quisiera callarle la boca con un buen golpe que le sacara algunos dientes—. ¡¿Nadie?!… Me lo imaginaba, nadie se atreve a venir y callarme porque me tienen miedo, pero eso está bien, saben su lugar, y es así como deben seguir comportando si quieren seguir viviendo acá. —Escupió sangre en señal de repudio—. Vamos. —Ordenó, y levantó vuelo con el otro para ir de una vez por todas a la zona negra.
No sabe cuanto tiempo se mantuvo en posición fetal, pero lo sintió una eternidad. Cada segundo que pasaba, su hijo se alejaba más de ella, y debía ir por él, de lo contrario podría perderlo para siempre. Esto no debería estar sucediendo así, ella debería estar preparando la última comida que tendrían como familia antes de marcharse para jamás volver. Esto no se trataba más que de una horrible pesadilla de la que despertaría.
Sintió unas manos sobre ella y luego una suave voz femenina hablándole, pero no era capaz de abrir los ojos. Le dolía todo el cuerpo y aún no podía respirar bien.
—Gine, levantate, niña… —La saiyajin anciana la movió hasta que abrió los ojos—. Tienes que ver ese corte, está sangrando mucho.
—… Mi hijo… —susurró, aceptando la ayuda para ponerse de pie. No prestó atención a quien le hablaba. Estaba en shock y lo único que importaba en ese momento era su hijo.
—Tu hijo ya está perdido, no vayas a la zona, o terminarás igual o peor que él. Al menos él puede pelear y defenderse, pero tú no sobrevivirías ni un día allá. Hace muchos años viví lo mismo que tú, y el tiempo ayuda a olvidar.
No la escuchó. Se agachó para tomar su cuchillo, el mismo que la tenía sangrando del abdomen y ella no notaba, ni siquiera el dolor estaba presente y ya podía respirar bien para ir en busca de su hijo. Se soltó de la mujer y caminó unos pasos temblorosos y tambaleantes antes de levantar vuelo en dirección a la zona negra. No iba tan rápido como aquellos guerreros, pero los alcanzaría y traería a Kakarotto de regreso.
La mujer mayor le habló nuevamente para convencerla del error que estaba cometiendo, pero fue inútil. Gine estaba haciendo lo que ella no se atrevió a hacer cuando le quitaron a su hijo y hasta el día de hoy se arrepentía. Observó el charco de sangre en el suelo, toda de Gine y se lamentó que no esperara ayuda o llamara a su pareja, el guerrero poderoso. Si continuaba perdiendo tanta sangre esto podría tener un peor final del que se avecinaba.
Pasarían varias horas antes que los saiyajin volvieran a salir de sus casas, al menos en ese sector.
Continuará…
Bueno, no tengo mucho que decir respecto a este capítulo, se me ha hecho un poco difícil escribirlo, ya que pese a agradarme el genero trágico, me cuesta hacer sufrir a los personajes que terminaron ganándose mi cariño, especialmente en esta historia, y la familia de Bardock particularmente, pero así es la vida, sobretodo tratándose de Vegetasei, donde todo es mucho más fuerte y complicado si no eres un guerrero destacado.
No sé si quedó claro, pero el hombre que se llevó a Kakarotto es uno de los que Koora observa durante la cena de celebración, en el capítulo anterior. Y ya que me quedó la duda, prefiero aclararlo aquí.
Creo que Raditz (me baso en el Raditz de mi historia en este universo alterno, ya que Toriyama no nos dio mucha información) hubiera ido con su familia si le hubieran dicho, pero ellos pensaron que su destino estaba en ser soldado y guerrero destacado, tal y como lo soñaba desde que era un niño, y Raditz sentía que ese debía ser su camino porque es lo que todos esperan de los guerreros jóvenes y es exactamente como él pensaba debía ser, pero la relación y lazos que creó Gine fueron tan fuertes y resistentes como la herencia guerrera de los saiyajin. Y todo eso hizo que finalmente nadie dijera lo que realmente pensaba, y en lugar de eso terminaron suponiendo por el otro. Ese es un error muy típico de las personas y quise plasmarlo en este capítulo.
Koora terminó con el corazón destrozado con la despedida de Bardock. Ella que se había hecho a la idea de que jamás estarían juntos, pero el tenerlo a su lado y a diario servía para mantener una pequeña ilusión, por lo menos escondida en lo más profundo de su corazón que servía en cierto modo para distraerse de todo lo que llevaba adentro: su vida doble, las misiones de liberación que debía hacer pasar por masacres, su relación con sus hijos y el odio absoluto que sentía hacia el rey y cómo debía disfrazarlo, especialmente que insistía en tener otro heredero. En esa despedida, Bardock se llevó lo poco de calma que la ayudaba a seguir.
Y respecto a Gine y Kakarotto. La ira al ver a su madre siendo golpeada, despertó el poder del niño e impulsó a salir para protegerla sin pensar en las consecuencias. Y creo que es lo mismo en el caso de Gine. Estaba tan shockeada y golpeada, que no pensó en nada salvo ir tras su hijo.
Les comentó que escribí este capítulo escuchando el tema We are not what we say we are del grupo Versa, y también lo tengo puesto para el siguiente que ya estoy escribiendo. Se los recomiendo, es bueno y me inspiró mucho para escribir esto y lo que se viene.
Y de no tener que decir mucho sobre el capítulo, terminé haciendo una larga nota de autor.
Muchas gracias a: Sophy Brief (aún no sé muy bien el papel de Broly en esta historia, ya que en la original que escribí hace muuuuchos años, no lo tenía includio, pero en esta versión sí pienso agregarlo), mi querida Tour, Prl16, Jlgonzalez (jajajaj te aseguro que habrá venganza y sangre, pero no te diré en qué momento XD) Miaminita (Concuerdo contigo en lo varonil de Vegeta, pero Koora pensó en esa posibilidad al no ver interés en su hijo cuando tenía mujeres hermosas a su lado, pero tampoco lo había cuando tenía hombres carca. Su hijo está preocupado en pelear, matar y hacerse más fuerte antes de los placeres de la carne) IsabelCordy01 (No eres la primera en decirme eso de que crees saber a qué planeta se va Bardock con su familia. ¿A cuál sería? ¿La Tierra?) LyzetGalvan (Ya te mandé el spoiler por PM así que ya cumplí XD reitero mi risa eterna a ese otro mensaje que dejaste jajajaja)
Cariños,
Dev.
17/05/2016.
