Esta vez seguimos a nuestra pareja de escritores favorita a un deposito de chatarra, ambos estaban vestidos ligero, con camisas y shorts ambos para evitar el calor. Al acercarse al dueño, Kaito lo saluda con un abrazo, mientras que Kaede comienza a analizar la razón por la que se encontraban los dos en un sitio así.

–¿Esta es tu forma para deshacerte del estrés?

–Aún no llegamos a eso. Fabio, vengo por un poco de terapia destructiva.

–Si, claro. Vengan por aquí.

Fabio, el sujeto que saludó a Kaito recién lo vio los comenzó a guiar hasta un armario, de adentro tomó dos overalls limpios y se los entregó a ambos. Luego, mientras ellos se vestían con estas prendas, fue a traer un par de mazos pesados, algunas sierras de corte diamante y un maletín con un contenido hasta ese momento desconocido.

–Bien, dama y caballero. Les doy la bienvenida a la terapia de destrucción. Al cruzar la puerta encontrarán un mundo de desperdicios metálicos, de cristal y plástico que no tienen ya ningún valor tal como están. Nuestra labor como empresa chatarrera es reutilizar estos objetos a futuro, pero mientras eso ocurre se está permitido hacer cualquier cosa con él. Encontraran automóviles desvalijados, computadoras sin remedio, televisores destartalados y los que mejor gusto les ha dado a nuestros pacientes destruir en cachitos: Cajas Z con el problema del circulo de la muerte.

–Ustedes dos están locos.

–Velo de esta manera, puedes destruir cualquier cosa que encuentres sin represalias.

–¿Es eso verdad?

–Por supuesto que lo es.

Kaede miraba a Kaito de forma incrédula, y de cierta forma le atraía la idea. Es solo que no se le ocurría el motivo real para caer en esta terapia. El estrés ella lo liberaba con masajes, juegos y poemas que escribía. Tomó de manos de Fabio uno de los mazos (pesado pero si pudo con él) y dirigió sus pasos a la puerta, una puerta a la cual le arrojó el mazo con fuerza suficiente para desprender una de las bisagras y abrir la puerta parcialmente. El ruido de este impacto fue como si un switch de descarga se activara, la mejor sensación que Kaede sintió en demasiado tiempo. Su estrés se estaba drenando poco a poco.

–Tenías razón. Destruir cosas a mazazos es un relajante impresionante –dijo volviendo el rostro a los dos hombres que dejó impactados, pues la puerta no estaba dentro de las cosas a destruir.

–Sabes que te voy a cobrar eso, ¿verdad? –le dijo Fabio a Kaito.

–Anótalo a mi cuenta.

XXI

Tras de la aprehensión de Keisuke, Mamori se metió de lleno al entrenamiento de Kakashi y Yamato. No parecía querer otra cosa diferente a estar encuartelada, entrenando el doble de tiempo y el doble de intenso, acercándose mucho al entrenamiento de Lee en su infancia, solo que ella hacía de todo en pequeñas cantidades; con el objetivo de durar más tiempo. Cada atardecer, mientras Kakashi leía y Yamato observaba a su alumna, Mamori estaba al punto de quiebre, pero se levantaba para volver a hacer lo que debía hacer para salir adelante en su entrenamiento. Según las palabras de Naruto, Mamori pasaría por un estado de entrenamiento masivo voluntario; es decir, que ella podría estar sobre esforzándose con tal de olvidar algo. Esto lo sabía por experiencia.

Cerrando su libro, Kakashi se fue acercando a Mamori, guardando su libro en el bolsillo de cuero que cargaba su equipo.

–Muy bien, es suficiente.

–No, no lo es –dijo Mamori golpeando el makiwara (un enorme mástil de madera forrado con soga que muchos guerreros golpean como entrenamiento para abrir y endurecer los nudillos).

–Mucho de algunas cosas es contraproducente a largo plazo. Me sorprende tu resistencia y el hecho de que no has descansado en este régimen desde hace tres días, pero tenemos que terminarlo o terminaras arruinando tu cuerpo.

–Eso no ocurri…

Mamori cayó desmayada a falta de energía fluyendo constantemente, cayendo en los brazos de Kakashi. Yamato se acercó rápidamente preocupado por lo que había visto ocurrir. Inconsciente, Mamori comenzaba a quejarse; esto solo podía significar que estaba enfermando por el esfuerzo.

–Bueno, al menos se detuvo.

–Kakashi, hay que llevarla al hospital.

–Está agotada. En el hospital no habrá mucho que puedan hacer. Hay que llevarla a casa, que descanse y se reponga. Vamos, hay que llevarla a casa de Naruto.

Kakashi y Yamato se pusieron en marcha.

A estas horas del día Aoi estaba ya en casa; practicando las artes que había aprendido ese día. Siendo una Kunoichi, el arte y la belleza resultaba también un asunto importante, por lo que había estado practicando en casa con algunas flores plásticas, las mismas que compró con su propia mesada que su padre le mandaba con un emisario de la ciudad imperial y que Tsunade recibía disfrazado como pago de una "misión secreta" (que honestamente podría ser verdad, pero el dinero cae en Aoi). Sakura, arrodillada en el suelo, ayudaba a Aoi con los mismos consejos que usara Ino para instruirla siendo joven.

–Debes elegir una flor que sea la principal. Así las demás resaltan la belleza de esta flor.

–Si, es como colorear.

–Algo así.

–Descuida, superior Sakura. De todas mis compañeras soy la mejor en color. Haré un buen adorno.

–Hay algo más que debes saber. No estamos organizando un coctel de flores, sino un adorno discreto y bello. No coloques demasiadas flores….

Los pasos en el exterior de la casa interrumpieron la sesión educativa. Al estar ella sola en casa con la hija del emperador, Sakura tomó un kunai en caso de ser un ataque, aunque de inmediato lo bajó al escuchar la voz de su maestro y superior.

–Esta chica ha estado pasando por una serie de eventos desafortunados. Casi todos en nombre de su marido –dijo Yamato.

–¡Son El señor Hataque y ese hombre de ojos redondos!

–Se llama Yamato.

Sakura abrió las puertas de la casa de Naruto poco antes de que se acercaran a ella, y ambos entraron con Mamori en los hombros de Kakashi aún dormida.

–¿Qué ha ocurrido aquí? –preguntó Sakura al ver a la huésped de Naruto en el mismo estado que un papel mojado.

–Se excedió en el entrenamiento –dijo Kakashi–. Tres días y apenas ahora cae inconsciente. Me resulta bastante familiar

–Naruto, Tsunade y yo hemos tratado de hacerla entender. Pero aún no nos toma en cuenta. Esta clase de excesos deben parar.

–Dios, miren este lugar –esta era la primera vez que Yamato visitaba la casa de Naruto desde lo ocurrido con Pain–. No puedo creer lo humilde de esta casa. Y eso que tiene de invitada a la señorita Aoi.

–Mi casa estaba igual de vacía, señor Yamato. Solo la habitación de mis papás, el comedor y mi habitación tienen cosas. El resto son largos caminos sin nada que ver. Creo que la cocina también tienen cosas.

–La aldea debería amueblar este lugar, en agradecimiento por lo que él ha hecho…

–Mucho le ruego que no mencione nada a los aldeanos –Naruto entró en la casa portando unas bolsas con despensa–. Recién se están recuperando de la guerra. No quiero que sientan obligados a redituar lo que no hice solo. Además, ya estoy labrando algunos muebles.

–Ya tengo cama –dijo Aoí continuando su labor.

–¿Dónde dormías cuando no la tenías? –preguntó Yamato.

–En la cama de mi sensei. Es fabulosa, como si fuera nueva.

–Hablando de camas… –Kakashi señaló con una sacudida de cabeza a Mamori. Naruto se acercó y la tomó entre sus brazos, llevándola a su habitación. Aún no tenía una cama, pero ella misma se había fabricado una hamaca al poco tiempo de haber llegado a la aldea. Fue difícil recostarla allí (balance sobre todo). Pero cuando por fin lo logró, Mamori despertó parcialmente.

–Naruto…

–Descansa, Mamori. Hace mucho que entrenas sin descanso. Mañana te tomarás el tiempo libre.

–No puedo descansar. He esperado tanto para convertirme en una kunoichi…

–Más de 22 años, según tengo entendido. Tu debut será pronto, pero no podrás debutar si estás atrofiada, o incapacitada o en una placa con tu nombre y fechas de inicio y final. Por favor, Mamori, deja de sobre esforzarte.

–Eso es algo que te decíamos constantemente.

–Hay diferencia, Sakura: yo tuve una formación física, y ella recién comenzó hace poco menos de un mes.

–Cierto.

–No quiero que intervengan en mi entrenamiento…

–Tengo que hacerlo –Naruto se sentó en el suelo tomando un kunai y jugando con él–. Se lo debo a tu padre, a la abuela Tsunade y a mí mismo.

–Yo sola puedo con esto. No necesito que me apoyes o…

–Aun cuando no nos necesites, tienes nuestro apoyo –dijo Sakura acercándose a ella–. Siempre es así. Nos preocupa que te sobre esfuerces, que te pase algo…

–No deberían preocu…

–Pero lo haremos; porque nos importas.

–Nop tienen derecho de..

–Escucha, podemos seguir esta discusión eternamente y no podremos llegar a ningún punto. Tal vez deba llevarte a un lugar, a hablar con alguien. Pero eso será mañana.

En honor a los días que estuvieron hospedados en la ciudad imperial, algunos clones construyeron en la primera semana de haber regresado un balcón con vistas diferentes de la aldea: a la izquierda estaba el monte de los Hokages, a la derecha el muro de piedra de la aldea, y de frente la aldea en su mayoría. Pero la mejor vista estaba hacia arriba, pues este balcón tenía una bóveda en forma semiesférica con un borde curvo, que permitía la mirada hacia las estrellas. Esta sería incluso la envidia de Shikamaru, un observador de nubes innato.

Sakura disfrutaba de la vista de las estrellas, recapacitando lo que había ocurrido en estos últimos dos meses. Desde donde estaba podía ver su casa, que se encontraba a unas tres cuadras al final de la calle. Usando un catalejo pudo ver que sus padres, pese a la diferencia de personalidades, reían juntos en un tiempo a solas para los dos, tal vez mirando una película o un concurso de TV, el caso es que ella estaba respaldada en el hombro de él, mientras que él la presionaba gentilmente contra su cuerpo para transmitirle calor. Sakura podía ver en su madre su propio carácter; un tanto más seria e inestable. Muy por el contrario su padre era bastante vivaracho y bromista. Esa personalidad tenía un cierto matiz a la forma como Naruto se comportaba en otros tiempos.

–Espiar no es de buen gusto, Sakura.

Sakura se asustó al escuchar la voz de Naruto tan cerca de ella. Al virar su atención notó que Naruto tenía también un catalejo, solo que su trayectoria dirigía, según intuyó Sakura, a las oficinas de Lady Tsunade. Allí no debía estar pasando mucho, mucho menos a estas tempranas horas de la noche (noche joven, cerca de media hora tras del atardecer).

–¿Qué observas en la oficina de mi maestra Tsunade?

–Veo veo con este catalejo un Hokage anaranjado que se sentará en la silla de la señora tetona en ese…

¡SAKURA PUNCH!

Naruto sintió como si su cerebro se hubiese cimbrado con ese golpe, mientras Sakura tenía un rostro de molestia, a ojos cerrados mientras a ciegas tomaba a Naruto de la parte de atrás de la chaqueta y lo levantaba con un solo brazo para tenerlo frente a frente.

–¡Eso dolió como no tienes idea! ¡¿Por qué has hecho eso?!

–1.- no permito que le faltes al respeto a mi maestra a sus espaldas. Si ella soporta que le pongas apodos frente a ella, no es mi problema, pero mientras no esté presente la respetas mejor que a tu madre, ¿me entiendes? Y 2.- Deberías tener vergüenza: hablas de los pechos de otra mujer en frente de tu novia que tanto te quiere. Tú nunca has chuleado mi cuerpo.

–Eso no es del todo verdad, hace tiempo que te dije que me gustaba tu frente, hacía que quisiera besarla.

–¿En serio? –Sakura parecía recordar esa clase de piropo, pero "por algún motivo" no recordaba haberlo escuchado de Naruto–. No lo recuerdo. El único que ha dicho eso fue…

–Uhg, (Mierda, no debí encaminarla).

Sakura recordaba bien el día que un chico había embellecido con palabras su frente que tanto le disgustaba de niña. Ese día fue el mismo día que se formó el legendario equipo 7. Aún no habían conocido a su maestro.

–No, quien dijo eso fue Sasuke. Honestamente es lo único lindo que me dijo en toda su vid… –Sakura entendió en ese momento, aquello que durante varios años mantuvo a Sasuke pintado en el corazón de Sakura eran esas palabras de deseo que Sasuke le dijera ese mismo día. Ahora comprendía que ese no era Sasuke, sino Naruto. Cerrando el puño y sus ojos con fuerza; apretando el ceño y los dientes con cierta ira; y descargando un exceso de Chacra que más bien se parecía a otra fuente de energía casi demoniaca, Sakura amenazó alzando el puño hacia el rubio, que tomando un poco de su valor confesó todo tratando de apaciguar un poco la ira de su potencial futura ex.

–¡Está bien, de acuerdo! –Naruto extendió los brazos a los lados con algo de calma, pese a la tormenta que descargaría con esas palabras–. ¡No era Sasuke quien te quiso besar la frente! ¡Fui yo! ¡De verdad estaba tratando de sentir un poco de esa chispa que sentías por él, pero entiéndeme! ¡En aquel entonces solo recibía odio, indiferencia y más odio como postre! La verdad sentía celos del tan aclamado Sasuke Uchiha, el mismo que se quedaba con todo aquello que yo quería: atención, halagos, frases de ánimo, entre otras muchas cosas que solo podía ver con este catalejo sin molestar en una décima parte a todo aldeano que me rodeaba.

–Aunque no lo creas, me alegra que me lo confieses –Aunque estas palabras sonaron dulces en los labios de Sakura, las que vinieron fueron algo más fuertes–. ¡ERES UN IDIOTA, NARUTO! ¡¿Sabes que muy posiblemente me hubiera enamorado antes de ti si no hubiese escuchado las palabras de Sasuke queriéndome besar?! ¡Bien dicen que uno se busca sus propios males, y ahora lo confirmo! ¡Si no hubiese sido por ti, yo no hubiese seguido a Sasuke creyendo que alguna vez lo tuve cerca de mí, a punto de besarme, tan cerca! ¡Me hiciste creer que había arruinado el momento de alguna forma y por eso seguí a Sasuke para tratar de recomponer mi error, pero la verdad es que eras tú quien estaba tras la cara de uno de esos Sasukes! ¡Incluso me sorprendió que me preguntara por mi opinión acerca de ti! ¡Y mientras yo enterraba tu dignidad y concepto que tenía de ti Sasuke se molestó por mencionar que eras un chico solo que no sabía comportarse la ausencia de figuras paternas, ignorando que Sasuke pasó por algo peor a ello! ¡Dime si mereces o no ser apaleado y masacrado en este momento, porque mis deseos de besarte y golpearte son tan intensos que no puedo mantenerlos dentro de mi cabeza!

Naruto como que intentaba retener la mayor cantidad de información posible acerca de las palabras de su amada, llegando a una respuesta para la duda existencial actual de la pelirosada.

–Golpéame –la firmeza de Naruto impactó a Sakura; pues sabía que, aunque no siempre era algo que pensara antes de actuar, pero escucharlo decir que prefería ser golpeado a besado…

–Naruto, no eres un genio y eso lo sé muy bien. Pero que tu me pidas que te golpee…

–Golpéame lo más fuerte que puedas.

–¿Esto no es algo así como para probar tu machismo ni nada por el estilo, ¿o si?

–Hazlo.

Sakura preparó el puño tratando de acumular tanta fuerza como podía; y en un instante estaba por estrellar su puño contra el rostro de Naruto, pero a unos centímetros, se retuvo, y en lugar de golpearlo, lo tomó por la nuca y lo atrajo hacia ella, besándolo con la misma fuerza impulsora que produjo su puñetazo más poderoso jamás conectado. Naruto le abrazó y acarició su espalda. Sabía que esto podría pasar, que si ella le amaba de verdad no volvería a lastimarlo conscientemente aunque él se lo dijera. Y entre caricias y beso, Sakura comenzó a desvestir a Naruto. Deseaba sentirlo, acariciar lo que jamás pensó acariciar: el torso desnudo del rubio. Este, tratando de complacerse a sí mismo, tocó un instante la retaguardia de Sakura, que un poco molesta se desquitó dando un ligero mordisco fundido en el beso, aunque tras un instante lo dejó actuar. Este solo era un beso, por lo que tras saciar un poco el deseo, Sakura se separó de él, dejándolo a ojos cerrados suspirando de amor.

–Si estos son los nuevos golpes, comenzaré a molestarte más seguido para que me "golpees" siempre así.

–Idiota.

Sakura volvió a unirse a Naruto en un beso ligero, el último de la noche. Tras de esto se subió al balcón para retirarse, volver a casa con una enorme sonrisa en su cara. Por primera vez era feliz en demasiado tiempo. Esto que aconteció dejó descansar a su corazón, pues recién se daba cuenta que Sasuke jamás le amó y que desde un principio Naruto fue quien le hacía sentir bien con ella misma. Hoy amaba demasiado la frente que el rubio adoraba.

–Ahora lo sé: puedo ser feliz con él sin importar lo que ocurra y cuanto ocurra entre nosotros.

El día siguiente, Naruto llevó a Mamori a la prisión, esperando que ella descargara toda la ira que pudiera tener en contra de su marido, aquel que pronto dejaría de serlo por orden de la Hokage (no entraremos en detalles de código civil). Keisuke enfrentaba un proceso de demanda, en custodia hasta recibir sentencia. Llegar a él no fue complicado, aunque ver la condición en la que se encontraba era algo fuerte considerando su vitalidad antes de ser capturado. En la espalda poseía una placa con un sello que consumía chacra a la misma velocidad con la que se regeneraba, dejando al custodio en un estado de reserva vital y nada más. Así fue que era imposible para él volver a controlar a nadie más. Sobre sus manos unas pesadas esposas de plomo que lo obligaban a bajar las manos, hechas especialmente para evitar el uso de sellos. La celda incluso poseía piedras encantadas que evitaban que algún jutsu del exterior destruyera el sitio. De este lugar no saldría sin escolta.

Mamori fue la única a la que le permitieron entrar a verlo, considerando que él ya no era una amenaza para nadie. Al tenerlo frente a frente, el gesto inicial de él pareció el de un prisionero con varios años encerrado en un calabozo. Se puso en pie y trató de arremeter, sin embargo una cadena lo impidió quedando a unos pasos de arremeter con las pesadas esposas.

–Después de todo lo que vivimos juntos, ¿así es como prefieres terminar? Esposado, penando dios sabe cuántos años por una venganza.

–Todo vengador termina carcomido por su propia intención. Yo solo esperaba poder completar la mía antes de terminar así.

–No lo entiendo. ¿Tú controlabas a ese Hiroto?

–Seis años fue así.

–¿Por qué? ¿Qué te hizo mi padre para producirte tanto daño, provocar tu ira y descomponer tu espíritu tanto.

–¿Qué te hace pensar que te lo contaré?

–No creo que tengas nada mejor que hacer.

Keisuke se regresó al único asiento que había en ese sitio. Sabía que ella tenía razón, que no tenía mucho más que hacer antes de recibir su sentencia, la cual aún no sabía si tendría acaso un final. La miró como único gesto de amabilidad y comenzó a relatar su historia.

–Traté de desbancar a tu padre, provocar su caída tal como él provocó la caída de nuestra familia.

Tras la muerte de mi bisabuelo hace algunos años, mi familia comenzó a caer en depresión económica, pero no podría hacerlo así nada más. Como ya debes saber, yo soy un descendiente desertor del clan Yamanaka, una parte del clan que negaron su origen Shinobi. Pronto nos volvimos campesinos de los exteriores de la ciudad imperial. Mi bisabuelo era quien mantenía unida a la familia, con una sonrisa cálida y un temple como el que jamás se volverá a ver. Mi padre se estableció en la casona que mi bisabuelo poseía, y allí fue donde la familia completa trataba de sobrevivir como campesinos. No todos estaban de acuerdo, pues el apellido nos presentaba como un clan acaudalado, pero nuestro pasado siempre estuvo por encima del título de clan.

Hubo un tiempo de malas cosechas, en el que un incendio nos arrebató todo cuanto podíamos ofrecer a la ciudad. En esos tiempos oscuros llegó a los oídos de la familia una noticia increíble: recién se iniciaba un torneo llamado "la torre de madera, aquella que en tiempos del Tanabata le concedía un deseo al ganador. Mi familia necesitaba algo de ayuda para replantar y subsistir esos tiempos, y mi bisabuelo estaba dispuesto a enfrentarse a los guerreros del primer torneo de la torre de madera. Sin embargo, tu padre ganó, y mi bisabuelo murió en ese mismo sitio. Sin él… la familia se separó, y cada uno de nosotros buscamos una redención que nunca llegó. Mis abuelos murieron, mis tíos abuelos desheredaron a mi madre, y mi madre tuvo que sobrevivir en un orfanato, siendo la única que fue abandonada a la edad de cinco años en ese sitio, con suficiente consciencia para sentir dolor, odio, frustración… humillación. Y con la pena carcomiéndola fue atacada, engendrando un hijo producto de un acto impuro. Con el embarazo a corta edad, mi madre fue expulsada del orfanato y dejada a su suerte por creer que estaba seduciendo a alguno de los niños, aunque nunca se supo quién era el padre. Durante toda mi existencia he buscado la forma de aliviar el jugo que mi madre tuvo que pasar, por lo que tu padre hiciera a mi familia. Él asesinó a mi bisabuelo, le rompió el cuello buscando un taller, cuando todo lo que deseaba mi bisabuelo era salir adelante en la época de cosechas.

Mamori cerró los ojos tratando de sopesar las palabras de su marido, quien solo podía mirarla con ojos de odio y desprecio como si ella fuese la culpable de sus penas vividas. Ella se respaldó en uno de los muros cruzada de brazos. Ella había escuchado de adelante hacia atrás la historia de la primera torre de madera, no solo de palabras de su abuelo, sino de varios de los ancianos de la "calle de los marginados".

–Estas equivocado, Keisuke. Mi abuelo no mató a nadie ese día. Desertó de su propio clan por el mismo motivo que es demasiado pacifico para cumplir una misión que conlleve el asesinato.

–Es mentira. Mi bisabuelo murió ese día, peleando contra el campeón en la cima de esa torre…

–Es verdad. Mi abuelo enfrentó a alguien, pero no lo mató. Esta fue la forma como ganó mi padre.

* * * Recuerdo * * *

Ya en camino a la cima, Souji (plumas de paloma) ascendía siendo perseguido por el resto de peleadores. Muchos usaban puños, otros usaban patadas, pero ninguno de ellos tenían permitido usar armas. Y mientras el ascenso se hacía cada vez más difícil, los cuerpos que se quedaban en el camino resquebrajaban los cimientos, al grado de tambalear la torre de manera peligrosa. Sin embargo, el entonces pergamino del deseo en la cima de esta seguía siendo la recompensa de un evento que costó tanto trabajo conseguir que muchos en el camino perdieron su salud integra. En la cima se encontró con un guerrero, que sabía de ninjitsu (el arte marcial en general, no las técnicas que requieren chacra por activación) por la forma como peleaba usando parte de la estructura, el equilibrio sobre los postes frágiles y, sobre todo, el empleo de algunas agujas senbon como arma oculta. Tratando de usar su habilidad en taijutsu y no en uso de chacra, Souji logró golpear tantas veces a su rival, que este terminó a cuatro puntos en la cima. Usándolo como peldaño subió sobre él y trató de alcanzar el pergamino. Sin embargo, uno de los participantes, tratando de evitar la victoria de Souji comenzó a romper los cimientos, provocando que la torre tambaleara aún más, derrumbándose sobre sus cimientos y causando la caída de todos, menos de Souji que había decidido sujetarse de la cuerda de la que colgaba el pergamino, logrando la primer victoria al quedar pendido sobre las ruinas de la torre de madera. Se hizo con el pergamino y lo alzó en el aire, declarándose entonces como el primer campeón de la torre de madera.

Poco después, al atender a los demás que quedaron sepultados parcialmente entre los escombros, se encontró a un hombre, aquel que se considerase el segundo lugar con varias agujas senbons ensartadas en el cuerpo, de las cuales solo una le quitara la vida: una aguja clavada en el corazón.

* * * Fin del recuerdo * * *

–Tu bisabuelo, si era ese hombre, falleció con sus propias armas, cayendo con la torre y clavándose una aguja en el corazón.

–¡ESO ES MENTIRA!

–Todos los ancianos de la calle lo cuentan de esta forma. Mi padre le pidió al emperador su taller, un humilde taller para poder trabajar la madera. Y de ese hombre… al ser un hombre accidentado en el evento del emperador, fue enterrado con honor.

–¡NO ES VERDAD!

Keisuke caía en cuenta de la vida vacía por la que había pasado al intentar hacer pagar a un hombre todo su malestar, siendo que este jamás llegó a hacerle daño a su familia. Más sin embargo, ahora caía en cuenta de quienes debían pasar por su ira.

–Mi padre no es el enemigo que hizo pasar todo esto a ti y a tu madre. La ira la concentraste en un hombre que deseaba superarse y darle una mejor vida a su mujer, fracasando al perder la confianza, el amor y la vida de la mujer que amaba no mucho después de haber logrado su meta de superación.

–Me basé en esa historia para tratar de controlarlo. Pero a diferencia del resto, ni siquiera pude acercarme a él. No lo entiendo. Con esa depresión pude haber sido poderoso, controlando a un hombre con ese control. ¿Pero por qué no me fue posible? Cuando intenté controlarlo, él me hecho de la casa.

–Jamás podrías controlar a mi padre basado únicamente en la debilidad que da un pecado, o un sentimiento negativo.

–¿Y por qué no he de hacerlo?

–Porque mi padre es la personificación de la esperanza.

Una figura tambaleante acompañada por una pareja adulta se hace ver en las cercanías de la aldea escondida entre las hojas. Los tres al ver este sitio se miraron unos a otros, sabiendo que al llegar el chico de en medio a ese destino obtendría redención sobre la deserción a su clan.

–Han pasado varias décadas desde que vi por última vez mi aldea. Ni siquiera la puedo reconocer.

–No se preocupe, señor. Ya verá que será recibido como un amigo más de la aldea.

–eso espero. Lo peor que puede pasar es que me arrojen piedras –dijo el anciano plumas de paloma adelantando a su paso el bastón camino a la aldea–. Ya estoy viejo para defenderme de eso.