CORAZÓN ECLIPSADO

CAPITULO XXI

Kagome luchaba contra su agresor, convulsionándose violentamente, en un infructuoso intento por liberarse, ya que los brazos de Naraku que tal parecían estar hechos de acero.

- Más vale que te tranquilices fierecilla, de lo contrario mi trato no será tan delicado como ambos desearíamos que fuera – advirtió ejerciendo más presión en sus extremidades apretándola con tanta fuerza que la joven gesticuló una mueca de dolor.

Sin embargo el dolor y sus palabras no lograron acobardarla, y continuó moviéndose, le lanzó una patada a la espinilla al mismo tiempo que mordía la mano que cubría su boca. El hombre gimió de dolor lanzando una maldición. Hizo el intento de salir corriendo pero él nuevamente la retuvo de un brazo incrustando los dedos en su piel, halándola bruscamente, no pudo reprimir un grito de dolor.

- ¡Perra! – rugió Naraku furioso zamarreándola, para luego darle una bofetada tan brutal que la hizo tambalear y estrellarse violentamente contra una mesa de arrimo derribando a su paso un jarrón con flores, el cual se quebró en mil fragmentos. No logró recuperar el equilibrio cayendo al suelo, lastimándose una mano con un filoso cristal. El hombre se inclinó para levantarla sin delicadeza alguna.

- ¡No!... ¡Suéltame! ¡¡¡Suéltame maldito!!! – gritó con una mezcla de furia y miedo

- ¡¡Cállate!! – ordenó sacudiéndola, volviendo a golpearla con el dorso de la mano

- ¡Kagome! – exclamó una voz asustada a espaldas del sujeto. Kagome abrió desmesuradamente los ojos aterrorizada.

- ¡Corre! ¡¡¡Huye de aquí!!! – ordenó la joven desesperada. El niño por un instante no pudo reaccionar, pero recuperándose se hecho a correr. Naraku escupió un improperio queriendo ir tras el pequeño – ¡¡No!! ¡¡A él no lo lastimarás!! – gritó Kagome sujetando con todas sus fuerzas al hombre, evitando o al menos retrasándolo para que el niño lograra escapar y ocultarse.

- ¡Suéltame perra! – exigió forcejeando con ella, perdiendo la paciencia ante la tozudez de la chica, volvió a propinarle un tercer golpe, pero esta vez utilizando el puño. Kagome ahogó una exclamación ante el intenso dolor que sintió en el mentón. Por la brutalidad del impacto fue expulsada contra la pared golpeándose duramente en la cabeza, cayendo desmayada al suelo – Al menos con eso dejarás de estorbarme por unos instantes – declaró antes de salir tras el niño.

Shippo, corría a través del bosque lo más rápido que le permitían sus cortas piernas, Inukin iba más adelante despreocupado como si se tratara de otro de los juegos de su pequeño amo. Tropezó con la sobresaliente raíz de un árbol, cayendo pesadamente al suelo, sin embargo se puso de pie reanudando su carrera. Naraku corría tras él, había alcanzando a vislumbrar la dirección que tomó el niño, pero estaba lejos cuando comenzó a seguirlo, por eso le había perdido la pista. Lanzó un sinfín de maldiciones, golpeando frustrado unas ramas. Decidió regresar a la casa, antes que la mujer recobrara el conocimiento "El imbécil de Inuaysha debe estar por regresar, y no me conviene tener que enfrentarlo. Su mujercita es mi única prioridad en este momento. No pienso perder la posibilidad de disfrutar de esa ricura antes que Kikyo acabe con ella, nada más me importa" pensaba sonriendo diabólicamente.

Al entrar la joven se encontraba en la misma posición, la tomó en brazos, saliendo con ella de la casa, depositándola en el asiento del copiloto de su vehículo, saliendo posteriormente de la propiedad rumbo a la carretera.

Inuyasha bajó de su auto, seguido por Miroku y los oficiales de policía Takawa y Nibura, subió las escalinatas de la puerta principal arrugando el seño al notar que la puerta se encontraba entreabierta, supuso que Kagome los vio llegar, aún más extrañado de que no saliera a recibirlos. Entro en la casa notando que estaba desordenada, una mesa caída, los cristales del florero, el agua y las flores regadas por el suelo. Los policías le advirtieron que no tocara nada, ya que les parecía que aquello eran señales de algún ataque.

El corazón le dio un vuelco y comenzó a llamar a la chica, recorrió algunas habitaciones ayudado por los demás hombres. Su desesperación iba en aumento, dado que tampoco lograba encontrar a Shippo. Los llamó a viva voz, sin recibir respuesta. Corrió por los jardines de la casa, encaminándose hacia el bosque.

Se sobresaltó al encontrarse con el cachorro que salía intempestivamente por entre unas ramas. Volvió a llamar al niño, escuchando un débil grito y corrió en esa dirección. Suspiró aliviado al ver que Shippo se acercaba lentamente, por lo que pensó Kagome vendría tras él.

- Shippo, ¿qué ha ocurrido, donde está Kagome? – inquirió estirando el cuello para ver si la chica venía cerca.

- Inu… Inu…yasha – musitó el niño débilmente, perdiendo el equilibrio. El joven alcanzó a sujetarlo antes que cayera.

- ¡Shippo!, ¿Qué sucede?... ¡¡¿qué tienes?!! – exclamó alarmado al notar la palidez en lugar la habitual sonrojes de sus regordetas mejillas.

- Me duele… me duele aquí – contestó indicando su hombro izquierdo. Inuyasha verificó si tenía alguna herida, pero no fue el caso – Kagome… un hombre… malo… golpeó… a Kagome – murmuró el niño con voz entrecortada

- ¡¡Qué!! – exclamó sintiendo que se le helaba la sangre. Tomó en brazos al niño, caminando rápidamente de regreso a la casa.

- ¿Qué le pasó Inuyasha? – inquirió Miroku preocupado al verlo llegar con el niño en brazos. El hombre pasó a su lado directo al sofá donde lo recostó con sumo cuidado, arrodillándose junto él

- No lo se – respondió escuetamente – Shippo – lo llamó suavemente. El pequeño abrió débilmente los ojos – ¿Sabes quién era ese hombre? – preguntó, viéndolo negar con la cabeza – ¿Viste su cara?

- Era… feo y…malo… tenia… pelo… largo – musitó apenas. Inuyasha apretó los labios tensando la mandíbula al igual que sus puños – No me… siento bien

- Debemos llevarlo a un médico de inmediato – indicó con voz dura, poniéndose de pie. Justo en ese momento llegaron los agentes, que habían salido a buscar en los alrededores. Uno de ellos se acercó a examinar al pequeño, mientras Inuyasha le explicaba al otro lo sucedido.

- Dígame… ¿él padece alguna enfermedad cardiaca? – inquirió el oficial

- Sí – contestó Inuyasha con voz casi inaudible, sintiendo un escalofrió

- Llevémoslo a un hospital, el niño tiene un principio de infarto – sentenció.

Aprovechando la ausencia de su madre, Kikyo se encontraba buscando los documentos de Naraku que la mujer supuestamente oculta en su cuarto.

- ¡Maldición! ¿En dónde diablos oculta esos malditos papeles? – bufó enojada hinchada mirando bajo la cama.

Muy lejos de interesarse por recuperarlos en beneficio de Naraku, su real objetivo era apoderarse de ellos debido a que podrían ser utilizados para obtener acciones de la antigua empresa de Inuyasha y las de su hermano Sesshomaru.

No tenía intensiones de dedicarse a los negocios, sin embargo esas acciones despertarían la ambición de mucha gente, que pagarían cuantiosas fortunas por tener en sus manos los papeles que cumplieran, de una manera sucia pero efectiva, sus codiciosos deseos de poder.

Esa era una opción, aunque también le permitirían jugar un poco, era obvio que Inuyasha haría lo que fuera por recuperar esos documentos, lo que le daría a ella una excelente oportunidad de manipularlo o por lo menos amenazarlo para conseguir algún beneficio extra y quizás alguna placentera diversión.

A pesar de haber alejado a Kagome, estaba segura que el hombre encontraría la forma de dar con ella.

"Esa maldita, siempre ha sido lo más importante para Inuyasha. Estoy segura que esta vez no se conformará con su partida. Y yo no voy a permitir que estén juntos… eso nunca… ¡jamás serán felices mientras yo viva!" pensaba con una expresión desquiciada, continuando su búsqueda.

- Piensa Kikyo… Piensa – murmuraba, mirando a su alrededor haciendo una mueca con los labios.

"La habitación no tiene tanto mobiliario lo que hace mis alternativas muy limitadas. Tal ves… ¿un cajón secreto?", deducía, explorando la cómoda por si sobresalía algo anormal en la madera. Abrió nuevamente el primer cajón del mueble, pero esta vez no se detuvo a revisar bajo la ropa, comenzó a tanteando y golpeando levemente en el interior superior. Repitió la misma acción hasta llegar al último cajón.

Ahogó una exclamación al toparse con una textura irregular y el sonido ahuecado al golpear. Tiró con fuerza de aquel relieve desprendiendo el fondo, en donde hurgó notando que algo se encontraba firmemente pegado en a la madera interna, al palparlo tuvo la seguridad que se trataba de una carpeta, envuelta en una funda de plástico, la arrancó rasgando el plástico para ver el contenido.

- B i n g o – susurró lentamente, esbozando una gran sonrisa de satisfacción.

Miroku iba conduciendo el auto a una gran velocidad. Uno de los oficiales iba en el asiento del copiloto, mientras el otro iba en la parte de atrás con Inuyasha, quien llevaba en sus brazo el debilitado cuerpecito de pequeño niño. Se encontraba en un estado casi inconsciente, su cuerpo se convulsionaba levemente, y su respiración era sumamente irregular. El joven acariciaba con dulzura la diminuta frente perlada por el sudor.

No podía creer que su inmensa felicidad se había ido al infierno en un abrir y cerrar de ojos. Ni siquiera tenía idea de dónde se encontraba Kagome, por lo poco que había logrado decir Shippo, al mencionar un hombre de cabello largo, la imagen del malnacido de Naraku entró de lleno en su mente. Siempre percibió las intenciones deshonestas que ese hijo de perra tenía hacia Kagome, la lujuria en su mirada era repugnante.

Sin embargo, por más que su corazón le gritara y se desgarrara por la desesperación de ir a buscarla en ese mismo instante… simplemente no podía hacerlo… Porque la vida de aquel niño estaba en peligro y si algo le ocurriera, Kagome jamás se lo perdonaría, ni él tampoco. Sin darse cuenta, Shippo se había convertido en motivo de su adoración. Estaba convencido que no se le podría querer más un hijo, de como él quería a ese pequeño.

- Estamos llegando – anunció Miroku mirando a Inuyasha por el espejo retrovisor. El hombre se veía francamente destrozado "Maldición, espero que el niño no empeore y para colmo dónde rayos podría estar Kagome", pensaba

Inuyasha intentó sonreír pero apenas y bosquejó una intangible mueca. Entraron intempestivamente en las puertas del hospital, una enfermera y un paramédico se acercaron a ellos trayendo consigo una camilla donde el joven depositó a Shippo. Lo trasladaron de inmediato a la sala de emergencias, en donde les advirtieron que debían esperar el informe médico.

Los oficiales le señalaron a Inuyasha que ellos volverían de inmediato a Tokio para iniciar la búsqueda de Kagome. Aduciendo que el principal sospechoso de su desaparición sería investigado y vigilado.

- Yo iré con ustedes – anunció con determinación

- Pero señor Taisho, no creo que sea prudente, además sería mejor que permaneciera al pendiente del estado de salud del niño…

- Él ahora esta bien atendido, ya se encuentra en manos de los médico, y en nada puedo intervenir… Iré a buscar a Kagome, con… o sin ustedes – advirtió serio

- Muy bien, como quiera – aceptó el oficial resignado

- Miroku, quédate por favor, y me mantienes informado de cómo se encuentra Shippo – pidió

- Descuida amigo, te llamaré… Espero que encuentren a Kagome

Quiso abrir los ojos, pero se sintió mareada, sin contar con el terrible dolor que sentía en la cabeza, al querer levantarla. Hizo el mismo intento con el resto de su cuerpo pero nada le respondía, a pesar del malestar abrió levemente los ojos, enfocándolos con dificultad procurando reconocer lo que se hallaba a su alrededor. Notó que sus manos estaban atadas con unas cuerdas, su respiración se agitó al ser golpeada por los recuerdos de lo sucedido recientemente. No logró incorporarse debido a sus ataduras, dándose cuenta que sus tobillos también se mantenían sujetos. Se removió fuertemente en un esfuerzo por soltarse, pero no tuvo éxito.

- Es inútil – indicó una conocida y desagradable voz. Giró la cabeza enfocando al miserable hombre que se permanecía en el umbral de la puerta, que aparentemente daba al cuarto de baño.

- Maldito infeliz – murmuró con odio – ¿Qué es lo que quieres?

- Qué pregunta más ingenua, pequeña Kagome – se burló, caminando hacia la cama – Creo haber mencionado que mi objetivo era disfrutar el placer de nuestro reencuentro – señaló mirando descaradamente a lo largo del cuerpo de la chica.

- No creas que te saldrás con la tuya… Te aseguro que Inuyasha en este momento está buscándome y cuando te encuentre, borrará tu estúpida sonrisa a golpes – informó sin evidenciar el miedo que recorrió su espina al verse indefensa frente a ese maldito depravado.

- Ese imbécil me tiene sin cuidado – contestó molesto tomándola con fuerza del cuello, casi al punto de estrangularla – Toda mi atención está concentrada en tu exquisito y tentador cuerpo preciosa – murmuró al oído de la chica. Soltándole el cuello para bajar hacia el busto de Kagome. El recorrido lo llevó a uno de sus senos acariciándolo por sobre la delgada blusa que traía puesta.

- ¡No me toques infeliz! – gritó agitándose violentamente tratando de esquivar su asqueroso manoseo.

- Así… lucha fierecilla – ronroneó el hombre sin apartar su mano, bajando cada vez más por su cuerpo, recorriendo ahora sus largas piernas enfundadas en unos ajustados jeans – Eso me excita mucho más – añadió acariciándole la cadera muy cerca de su entrepierna.

- ¡¡No!! – grito desesperada. Sus ojos se inundaron de lágrimas por el terror y la imposibilidad de alejarse de ese despreciable sujeto. Él soltó una risa divertida.

- Descuida mi pequeña fierecilla… Por ahora no te haré nada, debo salir un momento, a ocuparme de asuntos importantes – informó – Pero a mi regreso nada te librará… Serás mía… y voy a poseerte tantas veces que el imbécil de Inuyasha sólo se convertirá en un vago recuerdo sobre tu cuerpo. Mi olor y mi esencia será lo único que cubrirá tu deliciosa piel – sentenció con un repugnante ronroneo. Ahogó un insulto cubriendo la boca de la joven con un pañuelo que sirvió de mordaza y que le ató tras la cabeza.

Las puertas de vidrio se abrieron para dejar salir a la joven que caminaba velozmente hasta el taxi que la esperaba en las afueras del edificio, al subir le dio la dirección al conductor para luego permanecer en silencio, apretando nerviosa la cartera de cuero que se encontraba en su regazo, meditando sobre la inquietante llamada que había recibido. Brincó sobresaltada al escuchar el timbre del teléfono móvil. Hurgó en su bolso hasta dar con él, reconociendo el número de inmediato e inconscientemente mordiéndose el labio inferior ante la culpabilidad que la asaltó. Aún así se armo de valor para contestar.

- ¿Aa alo? – musitó insegura

- ¿Dónde estas? – inquirió la profunda voz varonil. Un temblor la recorrió al escucharlo seguido del intenso rubor de sus mejillas. Se llevó una mano hasta ellas sintiendo el intenso calor que emanaban. Se avergonzó de las reacciones infantiles que aún la atacaban cada vez que lo escuchaba o lo tenía cerca – Te llamé a la oficina, pero me informaron que habías salido por una urgencia ¿Qué ha sucedido? – continuó

- Ss…sí… bb...bueno yo… estoy en un taxi – balbuceó tímidamente – Voy… voy a la mansión Higurashi – informó esperando la reacción con una inquietud que aumentaba debido al silencio sepulcral que se hizo al otro lado de la línea. Se tensó cuando lo escuchó maldecir – Por favor no tienes que preocuparte, sólo voy porque Mioga me llamó, necesita hablar de algo importante conmigo. Veré que se le ofrece y regresaré a la oficina, eso…

- ¡¿Y porqué diablos no le pediste que fuera a tu oficina?! – gruñó molesto – Sabes lo peligroso que es involucrarse más de la cuenta en este asunto Rin, por lo mismo deberías ser más cautelosa y no arriesgarte innecesariamente – la regañó – Regresa ahora mismo, yo me encargaré de hablar con Mioga – anunció

- No es necesario Sesshomaru, además ya casi estoy llegando a la mansión – contradijo con voz firme – Además Mioga dijo que era algo urgente y muy importante. Sé que estás molesto, pero aunque digas que no me involucre, eso es imposible, no puedo simplemente hacerme a un lado. Es la felicidad y el bienestar de mi hermana lo que está en juego, y si hay algo por mínimo que sea, que yo pueda hacer por ella, lo haré – anunció con una determinación causando un nuevo silencio.

- ¡Maldición! – bufó antes de cortar la comunicación. Rin apretó el teléfono con fuerza, apesadumbrada por la reacción del Sesshomaru. Lo que menos deseaba era contrariarlo, no después de todo lo que había hecho por ella.

*********** Flash Back ************

Hacía poco más de cuatro años que el destino quiso que se encontrara con aquel maravilloso hombre. Acababa de salir del orfanato en donde tuvo que pasar prácticamente toda su niñez, debido a la prematura muerte de su madre y al desconocer el paradero de su padre. Se vio siendo arrojada abruptamente al mundo real, fuera de la protección que le ofrecían las paredes de aquel lugar. Nuevamente desamparada y perdida, sin tener clara la forma en que debía sobrevivir. La preparación que le dieron en el hogar fue rigurosa pero muy insuficiente, por lo que se le dificultaba aún más encontrar su lugar en aquel nuevo mundo. Solicitó trabajo en docenas de lugares, y fue rechazada en cada uno de ellos, por no contar con experiencia ni estudios suficientes para el puesto.

Ya no llevaba la cuenta de cuántos lugares le habían negado un trabajo, pero un día, en alguno de tantos rechazos, se encontró con él. Extrañamente el puesto que solicitaba ni siquiera estaba relacionado con alguno de los negocios de Sesshomaru, sino que se trataba de la oficina de uno de sus muchos asociados.

Aquel último fracaso le había afectado duramente, ya que su desesperación crecía, por el hecho de que apenas tenía dinero para comer y pagar el arriendo de un cuarto miserable. Vio sobrepasado el límite de sus fuerzas provocando un descontrolado llanto que se desató en pleno elevador, cuando éste se detuvo en el piso de la recepción salió de prisa con la vista nublada por las lágrimas, lo que la hizo estrellarse bruscamente contra alguien cayendo al suelo sobre su trasero.

- Debería tener más cuidado al salir – la reprendió una voz grave y varonil, ayudándola a ponerse de pie

- Lo lamento – musitó avergonzada sin poder verlo a la cara, agachó la cabeza ocultando su ojos tras el desordenado flequillo de su cabello castaño, y de echó a correr a la salida.

"Soy un caso perdido", se lamentó. Se detuvo en la esquina de la cuadra, a enjugarse las lágrimas que no dejaban de brotar.

- Pero qué tenemos aquí – exclamó un hombre gordo y calvo que se detuvo junto a ella – Una dama tan joven y linda no debería tener motivos para llorar. ¿Qué dices si sales a tomar un trago conmigo para ahogar tus penas? – preguntó acercándose excesivamente a ella

- No, muchas gracias – negó seriamente, conteniendo la mueca por el malestar que le causó el nauseabundo olor a licor de aquel viejo.

- Vamos lindura, te aseguro que lo pasaremos muy bien – insistió sujetándola del brazo.

- ¡He dicho que no! – exclamó intentando soltarse

- No te hagas la difícil mujerzuela – bramó el hombre zamarreándola violentamente.

- ¡Suélteme! ¡Déjeme en paz! – exigió asustada

- ¿Acaso no escuchó a la señorita? – murmuró guturalmente alguien a su espalda, reconoció el timbre de esa voz, de hecho acababa de escucharla hace un par de minutos. La cara de ese desagradable hombre se contrajo de dolor cuando su mano fue sujetada y doblada con por el recién llegado, no tuvo otra opción más que doblegarse ante la superioridad de su fuerza – Lárguese de aquí – ordenó de tal forma que no daba lugar a un negación. El sujetó se echó a correr incluso antes de concluyera la orden – ¿Se encuentra bien? – indagó seriamente

- Sí… Mu…muchas… g…gracias – balbuceó ruborizada levantando la vista para intentar verlo a través de sus lágrimas. Se quedó sin aliento al encontrarse con los ojos más extraordinarios y únicos que jamás hubiera visto… Dorados… Severos, casi fríos pero extrañamente amables, y muy en lo profundo se destacaba un indescifrable brillo misterioso.

Con eso no tuvo más remedio que aceptar que el destino en ocasiones, por demás especiales, tiene voluntad propia. Y arrastra a las personas más insospechadas, incluso yendo en contra de lo que comúnmente harían, imponiéndoles su propia voluntad de una forma definitiva.

Eso fue lo que pensó mucho después… Ya que en ese instante no le quedó opción, más que dejarse llevar, por el desmedido autoritarismo de Sesshomaru, que ni siquiera escuchó sus objeciones y prácticamente la secuestró al arrastrarla hasta su auto, el cual estaba junto a ellos obstaculizando el tránsito, ya que evidentemente tuvo que salir de improviso a defenderla.

A partir de ese momento se convirtió en su protector. Le dio un trabajo, estudios, un techo, y mucho más de lo que podría pensar, él también abrió las puertas de su corazón, brindándole la oportunidad de conocer el amor. Sin embargo, decidió jamás exteriorizar esos sentimientos, por temor a que Sesshomaru la alejara de su vida al saber que ella cambió la simple gratitud por amor. Fue la mejor opción que encontró para permanecer a su lado.

Tiempo después conoció al hermano menor, Inuyasha Taisho, junto con ello escuchó por primera vez el apellido Higurashi en boca de alguien. Un apellido que su madre dejara trazado en una carta… una carta que jamás llegó a enviar. Estaba dirigida a Endo Higurashi, y a través de ella le pedía perdón por haberse marchado sin dar explicaciones, rompiendo así una relación que apenas comenzaba a iniciarse entre ellos. Y especialmente por haberle ocultado la existencia de una hija, a la cual había llamado Rin.

Le manifestaba que esa dolorosa decisión fue tomada por causa de una mujer que le advirtió el daño que provocaría a sus familiares, desprestigiándolos frente al entorno social y de negocios, por relacionarse con una mujer de origen tan humilde. No podría soportar la culpa de arruinar con su existencia la alcurnia del apellido Higurashi, y por ello optó por marcharse. No obstante, su reciente enfermedad la obligaba a recurrir a él por el bienestar de Rin, ya que al morir ella quedaría en un total desamparo. Pero su salud se agravó y en cosa de unos días murió.

Inuyasha al enterarse de su verdadero origen decidió que lo mejor era contar la verdad a Kaede, su abuela paterna. Ambos hermanos discutieron fuertemente el asunto, Sesshomaru no deseaba que ella se viera involucrada con aquella familia, pero fue ella quien decidió volver a Japón junto a Inuyasha, pese a las negativas y severas rabietas de Sesshomaru.

El más joven de los Taisho nunca le confió mayores detalles acerca de la relación que sostuvo con su hermana Kagome, de hecho nunca habló mayormente de ella. Lo que logró saber de su hermana fue a través de su abuela, a quien finalmente conoció, No se presentó la oportunidad de decírselo a Kikyo, ya que la anciana no lo aprobó, señalando que no era el momento, que el carácter de la mujer podría convertir aquella revelación en un momento muy penoso para Rin, que ya habría tiempo para acercarse a ella, y que antes debía conocer a Kagome, con quien estaba segura se llevaría de maravillas, asegurándole que la aceptaría con todo el cariño que se merecía. Pero desgraciadamente su abuela falleció antes de revelar su existencia, e Inuyasha decidió que lo mejor era continuar con el secreto hasta que lograra resolver las cosas con la herencia y con Kagome.

Cuando su hermana volvió, le pidió a Inuyasha la oportunidad de conocerla, pero manteniendo el secreto de su origen. Él se mostró reacio, pero finalmente lo consintió, presentándola como su asistente en la empresa H&T Corp.

Sesshomaru apareció poco después, alertado por la presencia de Naraku en la misma empresa donde trabajaba Rin. Al parecer el papel de protector que adoptara años atrás, se había arraigado profundamente en él, sintiéndose obligado a cuidarla como el más considerado hermano mayor.

Aquello no le desagradaba del todo, ya que al menos la contentaba el saberse importante en la vida del hombre que amaba, claro que eso estaba muy lejos de lo que su corazón en realidad añoraba… No deseaba una estoica protección fraternal, lo que ella deseaba su amor…

*********** Fin Flash Back ************

El taxi se detuvo en la entrada de la mansión, bajó del vehículo dirigiéndose a la puerta principal en donde ya la esperaba el mayordomo Mioga, con una actitud que denotaba nerviosismo.

- Señorita Rin, perdone que la haya hecho venir hasta acá – se disculpó el anciano guiándola hasta la cocina.

- Descuide, para mi no es problema – lo tranquilizó sonriéndole con amabilidad. Tomó asiento en una de las sillas junto a la mesa. Arrugó la frente viéndolo rebuscar al interior del cajón de un mueble donde, en apariencia, se guardaba la vajilla.

- He estado pendiente de algunas conversaciones entre la señora Kagura y su hija. Además me he percatado que la señorita Kikyo ha estado buscando algo en el cuarto de su madre durante varios días – le confió caminando hacia ella – Al parecer encontró lo que buscaba, y a su vez yo me tomé la libertad de encontrarlo en su recámara. No tengo idea dónde se encuentra la niña Kagome, por eso recurrí a usted. Creo que estos son documentos muy importantes para el joven Inuyasha y su hermano – indicó extendiéndole una carpeta. La joven lo miró sorprendida, recibiendo los papeles leyendo algunas páginas, abrió los ojos desmesuradamente al entender el contenido de estas.

- ¡No puede ser! – exclamó hojeando rápidamente varios documentos.

- Preferí enseñárselos acá, ya que si me equivocaba y no tenían mayor importancia, podría devolverlos a su lugar sin que ella se percatara que los había sacado, aprovechándome del hecho que no se encuentra en la mansión – explicó el anciano.

- Al contrario Mioga, no habrá necesidad de devolverlos, estos papeles son demasiado importantes para que estén en manos de Kikyo – indicó la joven poniéndose de pie – Debo entregárselos a Sesshomaru de inmediato.

- Lamento decirte que eso no será posible – dijo una voz en la entrada. Ambos se giraron hacia ella, viendo estupefactos que Kikyo se encontraba de pie en el umbral – Esos papeles se quedan conmigo.

- ¡No!. No te los entregaré – negó Rin abrazando los documentos.

- Temo que no estas comprendiendo la situación – comentó Kikyo burlona, cambiando su expresión drásticamente a una llena de maldad – ¡Devuélveme esos papeles ahora! – ordenó apuntándola con una pistola.

Continuará......


NA.: ¡¡Perdón!! Gomen por la demora en la actualización, pero para ser la primera me perdonarán cierto¿? jeje... he tenido muchas cosas que hacer, sumado a las actividades propias de fin de año que a todos nos quitan aún más tiempo. Pero hacien un esfuerzo le he dejado un nuevo capitulo.. Espero publicar muy pronto el siguiente, aunque ya sera para el proximo año jajajaja... besos a todos y mis mejores deseos para este año nuevo, que sea una magnifico e inmejorable año para todos... existos y bendiciones...