EPÍLOGO.
El whisky de fuego sobre la mesa con un sonido sordo y resignado, su mano levantada indicándole al camarero que su corazón necesitaba otra copa antes de enfrentarse al mundo y un extraño vacío en el pecho aumentando con cada segundo que pasaba.
Había perdido la cuenta de cuántos días llevaba fuera de casa entregándose al alcohol, tampoco es que le importara mucho. Desde el mismo momento en el que descubrió que Hermione mantenía una relación con su hermano… Todo había dejado de tener mucho sentido. Ronald se pasó la palma de la mano por el pelirrojo cabello y suspiró por enésima vez aquella noche, tratando de expulsar su dolor.
Aquel era el día en el que se preguntaba por qué sentía más sorpresa ante su reacción que ante la infidelidad de Hermione que por el hecho en sí. No es que se lo esperara, ni mucho menos, pero recordaba haberse tranquilizado después de haber golpeado a Bill… Como si sólo lo hubiera hecho por orgullo, no por dolor. Recordaba el odio cegador hacia ellos, sus miradas recelosas y sus ganas de pegarle puñetazos a las paredes para más tarde no haber nada más… Nada.
Había creído amar a Hermione desde, tal vez, el cuarto año en Hogwarts. Quizás antes, poco importaba. En realidad sólo demostró tales sentimientos en el último año, antes de la guerra. En aquel momento Ron se preguntaba si había sido sólo desesperación por el qué vendría después, por si sobrevivirían a la inminente lucha que se llevaba a cabo. En otro tiempo Ron hubiera dicho que no, que sus sentimientos eran fruto de un amor que nacía en su pecho años atrás, pero aquellos días que llevaba fuera de casa se sorprendía a sí mismo despierto mirando al techo sin saber muy bien qué pensar al respecto.
Normalmente, cuando la persona que amas te ha sido infiel, sufres. Sufres como si el expreso de Hogwarts estuviera aplastándote constantemente, como si te faltara el aire y el dolor te cegara… Ron no había sufrido tal reacción. Odio y enfado, sí. Pero sólo por unas horas, luego el dolor se había mitigado. Se había pasado noches en vela pero no precisamente por el pesar que le producía haber descubierto su relación secreta con Bill, sino por preguntarse por qué no sufría.
En aquel momento Ron estaba convencido de lo que siempre creyó que fue amor no había sido más que un profundo sentimiento de cariño y admiración hacia Hermione.
¿Tal vez ame a otra persona? Se preguntaba mientras giraba en su mano el vaso de whisky de fuego. Había oído mil veces hablar del amor, incluso cuando enviaron a Hermione directa a San Mungo y Bill y Molly aparecieron en la Madriguera junto a los demás, escuchó las palabras de su hermano mayor dirigidas al resto de familiares en las que explicaba su amor por Hermione y sus nunca intenciones de hacer daño a nadie. Ron escuchaba las palabras con envidia, pero no con celos. Envidia porque sus ojos jamás habían mostrado tal amor, su corazón jamás había guardado tal intensidad de sentimientos como los que Bill expresaba con su solo rostro.
Quería a Hermione, por supuesto. Pero no la amaba como lo hacía Bill, estaba seguro. Más bien era un amor parecido al que sentía por Ginny, un amor fraternal el que Ron dedicaba a Hermione… Y eso le hacía preguntarse muchas cosas, demasiadas.
Una mano se posó cálidamente sobre su hombro, haciéndolo voltear. De pronto sus ojos claros se toparon con unos verdes fijos en él y una sonrisa torcida capaz de detener el tiempo. Seamus Finnigan tomó asiento a su lado, pidiendo sin palabras al camarero otro whisky de fuego para él.
Hacía años que no se veían y parecía que el destino los hubiera empujado a aquel lugar lleno de desolación y recuerdos pesarosos. Se observaron y pronto comenzaron a parlotear sin cesar, contándose sus vidas, tratando de expresar sus penas, el alcohol bañando sus venas y un profundo sentimiento de confort naciendo en sus pechos.
A partir de ese instante, Ron jamás volvió a sentir ese vacío insistente en su interior.
Cicatrices. Heridas no sólo físicas manchando su antes perfecto vientre y tiñendo su futuro de incertidumbre y recuerdos del pasado. Hermione observaba su reflejo en el espejo mientras mantenía la camiseta levantada, contemplando las heridas y viajando atrás en el tiempo, concretamente un par de años atrás, en su casa muggle, Draco Malfoy y un nubloso cúmulo de recuerdos discontinuos.
Bill la observaba en el umbral de la puerta antes de revelarle su presencia, sonreía tristemente mientras la contemplaba observar sus heridas en un proceso de curación avanzado, pero que continuaban allí, bajo la piel. Se acercó a ella en silencio y la rodeó por detrás, sobresaltándola.
—Verlas sólo te hará daño — murmuró en su oído, con su cabello castaño haciéndole cosquillas en la nariz.
Hermione volteó y besó con dulzura sus labios. Juntos, por fin. Sin venganzas, sin odio, sin recriminaciones, sin dolor, sin confusión, sin mentiras ni secretos. Juntos frente a todos en una familia donde los aceptaban y querían, donde los apoyaban y comprendían. No más sesiones de terapia, no más operaciones, no más San Mungo.
—No puedo dejar de pensar en ella… — susurró con los ojos llorosos acariciándose el vientre.
Bill rodeó su mano con la suya y acarició de igual forma sus cicatrices. Recordaba la incertidumbre, la preocupación, las palabras de los médicos y el dolor. El aborto, la confusión, la ansiedad y cómo finalmente, pese a lo que los médicos hubieran dicho, el milagro apareció sobre sus cabezas, dándoles la oportunidad de formar una familia.
El llanto de un bebé los distrajo y ambos caminaron de la mano hasta la cuna improvisada que habían creado para su pequeña. Allí, con las manitas apuntando al cielo, la diminuta Rosebud Weasley Granger lloraba mientras pedía ser recogida de su jaula personal. Bill sonrió y cogió a su hija en brazos, acunándola.
—Ahora tenemos otra en la que pensar — respondió Bill besando el cabello enredado de Hermione.
Ella sonrió, de acuerdo con sus palabras. Sí, era cierto que las cicatrices habían sido producto del aborto sufrido, el dolor por la pérdida y la desesperación por las palabras de los médicos, pero finalmente Hermione había conseguido volver a quedarse embarazada, y la sensación que le producía ver a su marido sosteniendo entre sus brazos a su hija era mucho más placentera de lo que jamás creyó.
Con parsimonia bajaron las escaleras de la Madriguera para encontrase con el pequeño caos que había en la cocina. Teddy corriendo de aquí para allá observando a sus pequeños primitos, los menores de la casa, tanto James Sirius como Rose llorando, Molly a punto de caer en un ataque de ansiedad y Harry riendo a carcajadas mientras sostenía entre sus brazos a su hijo, que lloraba mientras George le hacía muecas para tratar de divertirlo.
Una conversación tratando de ser civilizada entre Charlie y Percy y el cotorreo incesante de las madres parloteando sin cesar. Bill y Hermione tomaron asiento en las dos sillas libres de la mesa, Ron, al lado de Hermione, no tardó en acariciar la pequeña cabecita de su sobrina mientras sonreía sin cesar. Seamus, al otro lado de Ron, observaba a la niña con timidez, casi con miedo.
—¿Quieres cogerla? — inquirió Bill pasándosela.
Ron observó al ex Gryffindor y sonrío dándole una pequeña palmada en los hombros, tratando de infundirle ánimo. Seamus comenzó a tornarse colorado.
—No sé si…
—Oh, vamos, eres su tío, Seamus — murmuró Hermione sonriente.
Seamus asintió tragando saliva, extendiendo los brazos. Tan pronto como la pequeña Rose se posó en ellos, su llanto cesó y Ron y Seamus se contemplaron con una sonrisa mientras jugaban con Rose entre sus brazos, sonriendo, bromeando, acariciándose tímidamente el uno al otro.
Bill y Hermione contemplaron la estampa familiar que se abría paso a su alrededor y se miraron sonrientes al tiempo que Bill rodeó con su brazo los hombros de Hermione, provocando que ésta quedada abrazada a su pecho.
La vida les había otorgado un sinnúmero de problemas y obstáculos. Pero, finalmente, el destino lo había conducido hacia un final feliz.
Una vez más, espero que se haya entendido lo que pretendo contar y que os haya gustado. No puedo dar por finalizada esta historia sin antes daros las gracias por todo el apoyo recibido, por darle una oportunidad no sólo a esta pareja, sino a esta historia. Gracias por los reviews, por la gente que se ha leído el fanfic y me lo ha hecho saber de otra forma, por los favoritos, las alerts... Todo. Gracias a esta historia he conocido gente maravillosa, he aprendido a ver que Hermione Granger es el personaje más shippeable del mundo y que Bill merece mucho más que un par de párrafos en un libro. Me he dado cuenta de que este pairing podría ser perfectamente canon porque es que están hechos el uno para el otro... Espero haberos convencido con este fanfic :D
Otra vez, gracias. De verdad.
