Disclaimer: los personajes y el mundo en el que se mueven pertenecen a J.K. Rowling, yo solo los tomo prestados y trastoco un poco sus vidas.

Capítulo 21: Hermione se equivoca.

- Ginny, no me siento bien. –dijo Hermione de repente; se llevó la mano a la boca, dejó el libro sobre la cama y salió corriendo de la habitación hasta el baño más cercano.

Ginny se la quedó mirando sorprendida, recogió el libro y ella también salió de la sala de los menesteres. En cuanto cruzó la puerta, la habitación desapareció. Había sido una suerte que en un arranque hubiera agarrado el libro. No estaba muy segura de lo que habían leído ahí dentro, pero si Hermione creía que era importante…era importante. Caminó lentamente hasta el baño que había dos pasillos más adelante. Intentó ponerse en el lugar de Hermione, que había tenido que revivir muchos recuerdos ocurridos en esa habitación; habría pensado en sus padres, que estaban muertos; había visto sus fotos colgando de las paredes y en el escritorio. Testimonios de una infancia feliz que ya no existía. Era totalmente normal que se hubiera sentido mal. Además, estaba el embarazo que, si bien iba fenomenal, la ponía más sensible y suspicaz.

Pero Hermione no estaba vomitando por ninguna de esas razones. Si, había sido toda una sorpresa ver la réplica exacta de su habitación en casa de sus padres. Si, había removido muchos recuerdos y sentimientos que ella tenía guardados bajo llave; sin embargo, lo que había hecho que se sintiera mal había sido darse cuenta de la identidad del portador. Tendría que hablar con Ron, tendría que contarle todo lo que había averiguado y entre los dos tomarían la decisión correcta. Porque Malfoy no iba tan desencaminado en señalarla a ella como el objetivo a eliminar. Se llevó ambas manos a su vientre mientras se dejaba caer en el suelo del baño y cientos de lágrimas rodaban por sus mejillas.

- Hermione. –la llamó Ginny desde el otro lado de la puerta.- Hermione, ¿qué ocurre? –Ginny miraba la puerta impotente, cambiando el peso de un lado a otro y apretando el libro con fuerza contra su pecho. No le gustaba nada el cariz que había tomado todo aquello.- Hermione…-al seguir sin obtener respuesta, probó añadiendo.- Como no me digas qué ocurre, voy a llamar a Ron.

Pero Hermione siguió sin decir nada y sin moverse del suelo.

Ginny se apartó de la puerta y se encerró en un aula cercana para mandar un patronus a su hermano. Que Hermione no hubiera reaccionado ante la mención de Ron… Se quedó mirando el libro sin todavía comprender qué podría haber interpretado Hermione que ella había pasado por alto. Pero no pudo seguir pensando mucho tiempo, ya que su hermano se materializó a su lado con una rapidez inusitada. Se llevó una mano al pecho sobresaltada y lo miró directamente a los ojos. Ron estaba tenso, podía verlo en la rigidez de su mandíbula, y apretaba con fuerza su varita, como si esperase tener que usarla en cualquier momento. Se acercó aún más a su hermana y le cogió el codo con la mano libre.

- Ginny, ¿qué ha pasado? ¿Hermione está bien? –le preguntó mirando hacia todos lados, buscando a la castaña.

- No, Ron, no está bien. Hemos encontrado el libro que buscaba, uno que habla de una leyenda y de un portador…-se pasó una mano por la frente-…no sé, no he llegado a comprender del todo la historia. El caso es que Hermione parece que si que ha descubierto algo importante y se me dicho que no se encontraba bien y se ha encerrado en el baño. He intentado hablar con ella pero no me responde. Ron…estoy preocupada.

- Gracias por avisarme. –le dio un apretón a la pelirroja en el codo y con cara circunspecta salió de la clase y se encaminó hacia el cuarto de baño.- Sea lo que sea, lo averiguaremos. –le dijo a su hermana. Cuando llegaron hasta la puerta del baño, empujó con todas sus fuerzas, pero era como si estuviera cerrada con magia para que nadie pudiera entrar. Apoyó el oído en la gastada madera y se concentró unos segundos para escuchar lo que ocurría al otro lado. Le pareció escuchar unos sollozos pero no podía estar del todo seguro.- Hermione…abre la puerta, mi amor.

- ¿Ron? –murmuró la castaña entre sollozos e hipidos. No se había dado cuenta de que había cerrado la puerta con magia, y tampoco sabía el tiempo que llevaba allí. Desde que había leído lo de la marca de los 500 años, era como si su vida se hubiera detenido. Saber que Ron estaba al otro lado hizo que su corazón diera un vuelco. Movió la varita que había dejado caer en el suelo y la puerta se abrió con un click.- Ron…-dijo cuando lo vio.

- ¿Qué ha pasado, Herm? –el pelirrojo entró rápidamente al baño y se arrodilló a su lado, acogiendo el cuerpo menudo de Hermione entre sus brazos. Ginny creyó que sería más prudente entrar ella también en la diminuta estancia que dejar la puerta abierta y que cualquier alumno de Hogwarts fuera testigo de ese momento de crisis de lo que quedaba del trío de oro. Ron acarició el cabello castaño mientras que Hermione se agarraba a su jersey como si le fuera la vida.- Hermione, cuéntame qué ocurre.

- Es él, Ron. Es nuestro hijo, él es el portador. –sollozó Hermione una vez más.

Ginny se llevó una mano a la boca mientras ahogaba un gemido de horror y sorpresa.

- ¿Portador, qué portador? ¿De qué estás hablando? –Ron miró con extrañeza a las dos mujeres y se impacientó cuando no obtuvo una respuesta inmediata. Hermione seguía sollozando entre sus brazos y sus hipidos eran cada vez más sentidos. Y Ginny se había quedado blanca de repente y había tenido que apoyarse en el lavamanos.- ¿Alguna de las dos me puede decir de lo que estamos hablando?

- Te lo he dicho. Encontramos un libro, con una leyenda. –le informó su hermana.- Al parecer, cada 500 años nace una persona con los poderes de las tres moiras, que puede decidir entre la vida y la muerte, y Hermione piensa que esa persona es vuestro hijo.

- Pero eso es ridículo. –soltó Ron sin pensar en el efecto que tendrían sus palabras.

- ¿Ahora piensas que soy ridícula, Ronald? –le preguntó Hermione apartándose de él.

- Yo no he dicho eso, Herm.

- Nuestro hijo corre un grave peligro y tú no te lo tomas enserio.

- Creo que esto se está saliendo un poco de contexto. –opinó Ron.- ¿Por qué no volvemos a casa y con tranquilidad, después de que os toméis una tila o un té, me contáis todo eso de la leyenda del portador?

Ginny, que había estado en silencio durante todo el intercambio de palabras entre su hermano y Hermione, estimó oportuno adelantarse a esta última. Había visto su rostro ante la propuesta de Ron y estaba segura de que los empujaría a una nueva discusión en la que el tema principal dejaría de ser el tema principal. Como había ocurrido siempre en las discusiones entre esos dos. Pero esta vez el tema era importante y no se podían desviar ni un milímetro de él. y tenía que ser sincera, su hermano tenía gran parte de razón. Primero que no le habían explicado propiamente lo que habían averiguado, y segundo que a Hermione ciertamente le haría bien un té o unas de las hierbas que su madre tenía en la cocina.

- Creo que lo mejor será es seguir el consejo de Ron. –se puso en cuclillas y miró el rostro sofocado de Hermione.- Aquí no tenemos nada más que hacer. Y tienes que aceptar que no se lo hemos contado del todo bien. Incluso yo que lo he leído aún estoy un poco…flipando.

Hermione no dijo nada, pero se dejó conducir por el pelirrojo fuera del cuarto de baño. Su salida coincidió con el cambio de clase de los alumnos llenaron los pasillos con su alegre despreocupación. Ron acercó el cuerpo de Hermione al suyo propio y la abrazó con fuerza sintiendo, por primera vez, que la barriga de ella comenzaba a ser un problema para estar frente a frente. Ginny murmuró algo de ir a despedirse de Neville antes de regresar a casa y se perdió entre los uniformes del colegio. Varios alumnos se quedaron mirando a la castaña y al pelirrojo, pero tenían miedo de acercárseles. Mejor, pensó Ron, porque en ese momento no estaba para fiestas.

- Escucha, quiero que sepas que sea lo que sea lo vamos a afrontar juntos, ¿vale? -le dijo a Hermione atrayendo su rostro al suyo y dándole un beso rápido en los labios.- Tú y nuestro hijo sois lo más importante para mi. Siento si antes ha parecido que no me lo tomaba enserio.

- Llévame a casa, Ron. -contestó Hermione cerrando los ojos para contener las nuevas lágrimas que peleaban por salir. Se abrazó con fuerza al cuerpo del pelirrojo y enseguida notó como todo daba vueltas a su alrededor.

Ron no quiso esperar a encontrar la chimenea disponible para trasladarse mediante los polvos flu. Sujetó el cuerpo de Hermione pegado al suyo y en pocos segundos estaban en el salón de La Madriguera. La señora Weasley salió de la cocina y los miró con extrañeza. No esperaba que volvieran tan pronto y menos los dos juntos. ¿Dónde estaba Ginny? Y lo más importante, ¿qué demonios había pasado para que Hermione estuviera llorando? Por Merlín que la castaña era una de las mujeres más fuertes que conocía, junto con su hija. Se limpió las manos en el delantal y se acercó a ellos con todas esas preguntas pintadas en sus ojos marrones.

- ¿Qué ha pasado, Ron? ¿Qué significa esto? -le preguntó mientras veía como su hijo ayudaba a sentarse a Hermione en el sillón que normalmente ocupaba el señor Weasley. Ron se arrodilló delante de ella y le limpió las lágrimas con los pulgares.

- Mamá, ¿puedes prepararle un tónico para calmar los nervios a Hermione? -le pidió el pelirrojo con mucho cariño.

- Enseguida, hijo. -la señora Weasley le dio una última mirada preocupada y resignada y corrió a la cocina.

- Hermione... ¿qué significa eso de que nuestro hijo es el portador? ¿El portador de qué?

- Lo siento, Ron. Todo es culpa mía. -dijo Hermione tapándose la cara con las manos.- Si yo no estuviera emparentada con los Malfoy nuestro hijo no tendría parte de su sangre y no nacería con esa maldición a sus espaldas. Porque Ron yo estoy segura de que es una maldición. Nada bueno puede salir con tener el poder de la vida y la muerte en tus manos.

- Para, para. Te estás acelerando de nuevo. -le quitó las manos de la cara y se sentó en el brazo del sillón. Hermione apoyó la cabeza en su pierna y dejó que él le acariciase el cabello.- Rebobina y cuéntame todo lo que habéis averiguado.

- Ginny y yo hemos pasado la mañana en la biblioteca consultando libros sin parar, pero no encontramos nada que llamara nuestra atención. Hemos salido al lago a tomar un poco el aire y despejar nuestras mentes. Y a la vuelta...he pensado que quizás, como ya ocurrió en otras ocasiones, hubiera un lugar en Hogwarts que podría proveernos de lo que necesitábamos. En este caso, un libro. Y he pensado en la...

- La sala de los menesteres. -terminó él por ella.

- Exacto. Y entonces ha aparecido la puerta y dentro estaba mi habitación, la que tenía en la casa de mis padres y...y allí estaba el libro. -Hermione hablaba muy rápido como siempre que se concentraba en explicar algo que le importaba mucho.- Y hablaba de la leyenda del portador. Y decía que cada 500 años nacía una persona con el poder de las 3 moiras y...y tú y yo sabemos que Malfoy piensa que él o yo tenemos ese poder. Pero cuando nosotros nacimos, no se habían cumplido los 500 años del nacimiento de Elizabeth y...el año que viene se cumplen los 500 años y...nuestro hijo nacerá en febrero del año que viene y...

La mente de Ron comenzó a trabajar tan rápido y tan concienzudamente como nunca lo había hecho. Analizaba todas las palabras que Hermione había pronunciado, buscando un sentido que no terminaba de encontrar. Entendía que la castaña estuviera la mar de confundida, que la tensión de las últimas semanas le habían pasado factura y que el baile de emociones del embarazo, habían influido en que se viniera abajo. Pero, por primera vez, él tenía que ser la voz de la racionalidad. Y después de haberlo soltado todo, poniendo en palabras todo lo que había pasado por su mente, Hermione tenía que reconocer que nada de aquello tenía sentido. Pero aún así...ella estaba convencida de que su hijo estaba en peligro, de que Draco Malfoy iba tras ella porque...

- Pero... ¿tienes alguna prueba de que Elizabeth Malfoy fue la anterior portadora? -Ron se movió en su improvisado asiento e hizo que Hermione levantara la cabeza para mirarlo en el mismo instante en que Ginny bajaba por las escaleras después de aparecerse en la habitación de Harry.

- No. -tuvo que admitir la castaña.- Pero Malfoy...él... ¿por qué iba a tener tanto interés en matarme sino?

- Hermione, Malfoy ya tenía interés en ti antes de que te quedaras embarazada, ¿recuerdas? De hecho, si no recuerdo mal, fue precisamente esa primera noche en la que registró tu despacho en busca del colgante de Láquesis la que te quedaste embarazada. -dijo Ron haciendo que ella se sonrojara.- Escucha...estamos todos bajo mucha presión y queremos encontrar respuestas cuanto antes, pero... ¿no crees que os habéis precipitado?

Hermione tardó unos segundos en contestar. Ron tenía razón, se había precipitado en su dictamen. Se había dejado llevar por sus ansias de respuesta y...y no estaba acostumbrada a que fuera Ron el que tuviera la razón.

- Visto así...-admitió finalmente.- Pero Ron...

- Ron tiene razón, Hermione. -dijo Ginny acercándose a ellos.- Yo tampoco creo que vuestro hijo sea el portador de la leyenda. Además, piensa, ¿y si solo es una leyenda? No tiene por qué ser real. La gente que vivió en los siglos XIV y XV temían todo aquello a lo que no podían buscarle una explicación racional. Y fue entonces cuando nuestro mundo se vio obligado a adoptar medidas de invisibilidad. ¿Qué tal que uno de esos individuos viera algo inexplicable y comenzara a urdir una historia? Todo el mundo sabe lo que pasa con las historias; van pasando de boca en boca y al final termina más adornada que un árbol de navidad muggle.

- Entonces... ¿nuestro hijo no corre ningún peligro? -preguntó Hermione temblorosa.

- Peligro si que corre, mi amor, no te voy a engañar. Piensa que si tú corres peligro él también. -Ron se acarició la mejilla izquierda con una mano.- Pero estoy bastante seguro de que no es el portador.

- Pero alguien tiene que serlo. Sigo pensando que alguien tiene que serlo. -declaró Hermione mirando a los dos hermanos Weasley de uno a otro.

- Lo siento. Me he comportado como una estúpida hoy. -dijo Hermione al ver entrar a Ron en su habitación. Ella estaba tumbada en la cama ya con el pijama puesto. Hacia una noche especialmente fría y por eso las ventanas estaban cerradas y el pelirrojo había lanzado un hechizo de calor que flotaba por todos lados.

- No digas tonterías. -se sentó a su lado en la cama y la miró con ternura.- Te has portado como una madre.

- Mira quién dice tonterías ahora. -replicó ella ahogando una sonrisa y bajando la cabeza.- De verdad que no sé lo que me ha pasado. Supongo que las ganas que tengo de resolver todo este asunto…me han nublado el juicio.

- Creo que deberíamos olvidarnos de todo durante, al menos, las próximas veinticuatro horas.

- Siento haberte asustado y que tuvieras que salir del ministerio a la carrera.-continuó diciendo Hermione. Realmente estaba muy avergonzada.

- De todas formas, hoy me he dado cuenta de algo. -Ron se tumbó de lado y apoyó la cabeza en una mano para poder mirarla.- No dejamos de referirnos al bebé como él y... ¿y si fuera una chica?

Hermione se movió en la cama para quedar en la misma postura que él, aunque requirió de algo más de trabajo. Ahora los dos se estaban mirando fijamente y en sus ojos había aparecido un brillo especial, como siempre que hablaban de su bebé.

- Umm, estoy bastante segura de que será un chico. -dijo Hermione con convicción.

- ¿Por qué dices eso? -Ron llevó su mano hasta el vientre de ella y sonrió cuando sintió a su hijo patalear. Ahora ocurría siempre que la tocaba. No sabía si se debería al calor que desprendía su mano o a que su hijo ya tenía la inteligencia de Hermione y sabía que se trataba de su padre.

- Porque los Weasley solo hacéis niños.

- Ginny es una chica.

- Si, la primera chica después de siete generaciones y después de seis hermanos varones. Mucha confianza no me da tu comentario.

- Pues espero que te equivoques. –la miró con sus ojos azules llenos de amor.

- ¿Tú quieres una niña? –le preguntó Hermione arqueando ambas cejas. Era cierto que con todo el caso de Malfoy y de las moiras, casi no habían tenido tiempo de hablar del bebé, ni de lo que les deparaba el futuro a ellos como pareja y padres.

- No, en realidad me da igual. Pero con tal de llevarte la contraria y de que te equivoques...-dijo el pelirrojo para molestarla.

- ¡Ron! –Hermione le dio un manotazo en el hombro y ambos rieron.

- Ya sé que lo importante es que esté bien, no te preocupes. Pero me gustaría no tener que esperar a que nazca para saber si es un chico o una chica.

- Bueno, hay una manera de saberlo. Los muggles tienen unas cosas que se llaman ecografías.

- ¿Eso es una enfermedad o algo parecido?

- No tonto; es una prueba que le hacen a las embarazadas donde puede verse al bebé en una pantalla y saber si es un niño o una niña.

- Mola. ¿A ti te gustaría hacer una economía de esas?

- Ecografía, Ron. – Hermione se encogió de hombros.- No lo sé. También hay algo mágico en no saber qué es y llevarnos la sorpresa el día que nazca. Pero por otro lado…sería bonito saberlo, buscarle un nombre…

- Ah, es verdad. Necesitamos un nombre. –dijo Ron llevándose una mano a la nariz.- ¿Qué te parece…Gertrude?

Hermione pardeó varias veces y se incorporó, todo lo rápido que pudo, hasta quedar sentada.

- ¿Enserio quieres que nuestra hija se llame Gertrude?

- Es un nombre con fuerza. –afirmó el pelirrojo sin moverse del sitio.- ¿Ethel? ¿Fionnoula?

- ¿Por qué odias a nuestra hija?

- ¿Ves? Tú también piensas que vamos a tener una niña.

- Yo no…yo no he dicho eso. Y seguro que no vamos a tener una hija que se llame Gertrude o Ethel o cualquier otro nombre horrible que se te ocurra, Ronald Weasley. –dijo Hermione apartándose un mechón de cabello castaño de la cara. Vio como el pelirrojo comenzaba a reírse y eso la indignó aún más.- ¿Se puede saber de qué te ríes?

- De ti. –la agarró para tumbarla de nuevo a su lado, pese a las protestas de ella.- Te pones muy guapa cuando te enfadas. ¿De verdad crees que me gustaría ponerle Gertrude a nuestra hija?

- No lo sé. A veces puedes llegar a ser muy raro.

- Eyyy, eso ha dolido. –se hizo el falso ofendido mientras se tumbaba encima de ella con cuidado de no aplastarla.- No, definitivamente nuestra hija tendrá un nombre bonito, como el de su madre.

- Ni se te ocurra pensar en ponerle mi nombre. –dijo enseguida Hermione.

- Pues estamos como al principio. Menos mal que aún nos quedan cuatro meses para verla. –le dio un beso en los labios y volvió a retomar su posición en la cama, abrazándola, pegando su espalda a su pecho y tapándolos con la manta.

- O para verlo. –murmuró Hermione dibujando una sonrisa en el rostro de Ron.