mmm..**ginny suspira**

gracias a Adela, Mishaska, Andripili, Agostina y Sebas(cebichito) ;), por dejarme sus increibles reviews y sus bellas palabras,en serio no saben cuanto les agradezco..ya verán que pasa con Alice :)..no quiero que se alargue mucho su suspenso por el final de este fic..*__*

Los personajes pertenecen a S. Meyer..excepto los personajes de mi invención ^^


La oscuridad sobre ella por fin estaba desapareciendo, cada parte de su cuerpo sentía el inmediato alivio, pero el ritmo de su corazón torpe se aceleró repentinamente causándole más dolor del que haya sentido en algún segundo o momento, en ese mar del dolor que estaba fuera del alcance de su comprensión. De repente… nada… su corazón no emitió un sonido más; lo supo al instante había muerto, pero no lo asimilaba, no lo sentía; aun estaba viva y comprendió que el todo el dolor por el que había pasado era solo por el cambio que había atravesado, su vida humana había llegado a su fin y ahora una de ellos, un vampiro. No supo cuanto tiempo la agobió, ese ardor llameante que le hacía querer morir, lo que si sabía era que ya había acabado su sufrimiento. Aunque aun sentía un ardor, más concretamente situado en su garganta, era quemante pero no insoportable.

Recordaba momentáneamente los sonidos escuchados antes comenzar su travesía a través del fuego del veneno y dentro del mismo; "está a salvo el bebé", "apresúrate, se desangra!"," sé fuerte, mi amor", " el dolor no dura eternamente", "va a estar bien"… las voces se confundían pero a pesar de todo podía reconocer lo celestiales y bellas que eran.

Los olores y sonidos le llenaron por completo, podía escucharlo y percibirlo todo, pero no se atrevía a abrir los ojos. Temía que su visión gris siguiera intacta. Escuchó un suspiro cerca de ella, el roce de la tela con la piel de alguien, un ruido como del viento y un corazón latir, aceleradamente, como si se le fuera a salir del pecho a su propietario.

- vamos, abre los ojos, Bella – esa voz era más que música para oídos, era un deleite – todo ha acabado…- con el mayor de los miedos y ansiedades despegó sus parpados. La explosión de color invadió su vista, su cerebro; era todo lo que siempre había soñado y anhelado. Veía a su alrededor como si estuviera un mundo nuevo, lleno de vida, un mundo sentó sobre la cama, bastante desorientada. Frente a ella, la imagen más perfecta que hubiera podido concebir en su imaginación, aquel rubio con todos sus colores y matices, su ropa tenía tonalidades que ella desconocía, no sabía el nombre de aquellos colores, solo podía reconocer el amarillo dorado inconfundible de sus ojos y cabello. Estaba completamente paralizada, con la boca abierta, no podía mover un solo musculo, su impacto era demasiado. Su monocromía se había acabado.

- ¿Bella? – insistió Carlisle al acercarse con cuidado y ella dio un pequeño salto sobre la cama en la cual estaba y notó a los demás que le acompañaban. Allí estaban Jasper, Gabriel y Edward con su llamativo cabello, admirable. - ¿Cómo te sientes? ¿Qué ves? – despegó sus labios con lentitud

- veo…colores, creo – a Carlisle le iluminó el rostro, ella habló sin pensárselo y se llevó las manos a la boca al escuchar su "nueva" y tintineante voz – "marean" un poco pero yo no podría ser más feliz, ahora ni nunca – sintió un escozor en los ojos como si fuera a llorar pero no derramó una sola lagrima – es increíble!

- me alegro, mi vida. No sabes cuánto – le dijo Carlisle mientras contemplaba con dulzura y amor su nueva imagen; el sueño de aquella chica se había convertido en realidad, el ver al fin los colores. – te los tengo que nombrar todos, te encantarán – se sonrieron un largo rato pero la voz de Rosalie la sacó de su concentración al mirar a Carlisle.

- ¿Esme donde está la ropa del bebé?

- arriba – respondió la interpelada. Bella abrió los ojos con desmesura y un escalofrió le recorrió la espina

- ¿el bebé? – interrogó Isabella - ¿Dónde está?

- abajo – murmuró - Bella, ojalá pudieras conocerla, es demasiado adorable - comentó el doctor

- ¿co…conocerla?¿es niña? – se paró de la cama con un brinco estilizado y grácil, bastante repentino y rápido, alarmando un poco a los presentes.

- sí, lo es. Pero en vez de niña, más bien es un ángel. – le tomó de la mano al acercarse y sintió un remezón en su sistema nervioso, Isabella se estremeció un poco con esa sensación, pero notó que su tacto no era frío, ella debía estar a la misma temperatura que él.

- quiero verla – musitó con un jadeo, en cambio aquellos vampiros se miraron unos a otros con gran interrogación en sus rostros. ¿Quién iba a decirle que no podía ver a su pequeña? Siendo neófita, no se podría controlar, o al menos eso suponían. –yo quiero verla. – chilló con su perfecta voz.

- ¿se podrá? – interrogó Jasper mirando a Carlisle y luego Edward

- no leo su mente, aun. Sus pensamientos siguen ocultos – murmuró Ed clavándole la mirada intensamente a la chica

- debe saciar su sed, primero – replicó Carlisle

- si intenta hacer algo, yo la detengo – complementó Gabriel con seguridad

- ¿sed? – interrogó – ¿debo ir a cazar? – miró a Carlisle y él asintió

- pero no sé si puedas, creo que vas a estar bastante desorientada por los colores – se frotó el cuello pensativo – te traeré un puma tal vez, o ciervo y lo cazas en la pequeña pradera junto a la casa. No quiero que te sientas frustrada al no sentirte …ubicada en el bosque. – ella sonrió al ver como su rubio se preocupaba tanto por ella como para hacer eso – quisiera ir, pero… no te quiero dejar – se rió ciertamente apenado.

- yo voy, sería un gusto – comentó Edward

- muchas gracias – dijeron Carlisle y Bella al unísono para luego reír un poco mientras Edward se iba; Bella alcanzó a ver como se movía a pesar de que sus movimientos se realizaban en fracciones de segundos.

- Arianne, quédate quieta – se le oyó decir a Esme en la planta baja – estoy tratando de vestirte y no me dejas – había cierta diversión en su voz – no, no hagas eso, Arianne.

- ¿Arianne? – preguntó Bella acercándose a la puerta con ganas de bajar a ver a su hija –¿ ese es su nombre? ¡Es hermoso! – sus ojos carmesí brillaron de emoción - ¿Quién lo ha escogido?

- Esme lo ha hecho – respondió el rubio y ella dio un paso más hacia la puerta con el impulso de conocerla pero Carlisle le pasó el brazo por la cintura con demasiada firmeza, ella si apenas lo sentía – no, Bella. No puedes – le dolió negarle ver a su hija y ella le miró suplicante – luego – recargó su rostro en el cuello de Bella y nuevamente hizo que se estremeciera.

- Edward no debe tardar, esperamos afuera – intervino Gabriel yéndose junto con Jasper

- es hermosa, no te imaginas cuanto. – susurró Carlisle contra la piel pálida de la neófita – es inteligente al extremo, crece rápido y lo entiende todo a la perfección. – él levantó el rostro y le acarició las mejillas, ella esbozó una sonrisa a medias.

- ¿me indicarías los colores? – preguntó cambiando de tema – si, cual color es cual. El azul, verde, naranja, rojo…

Comenzó a mostrárselos con ayuda de los objetos presentes en el cuarto, mientras ella repetía cada color y grababa en su memoria las tonalidades sin mucho esfuerzo; se maravillaba con los más vibrantes como el rojo o el violeta, atesoraba poder observar la maravilla que representaba aquella simpleza que pocos admiraban como ella ahora lo hacía. Escucharon un ruido sordo a las afueras de la casa; Bella se aventuró a mirar por la ventana no sin quedarse atónita por un rato al ver la naturaleza, cuando divisó a Edward cerca de un alce medio atontado tirado en la grama de la pequeña pradera. Él sonrió y le incitó a saltar por la ventana, se espantó, pero recordó que no podría hacerse daño y saltó sin premeditación, aterrizando con suavidad sobre la grama mirando sus pies descalzos; ni siquiera había notado la ropa que llevaba, unos jeans con una blusa simple.

-vamos, Bella. Agárralo – le dijo Edward señalando al alce – es todo tuyo. Sigue la sed y el instinto. Tu cuerpo actuará solo.

Carlisle la miraba con atención mientras Jasper y Gabriel miraban con diversión como la neófita se despachaba su primera presa, ella era obviamente ágil pero en cierto modo torpe por su falta de experiencia, pronto aprendería. Al dejar el cuerpo del alce sin vida a un lado, le exigió mas a Edward, el cual no tardo más de cinco minutos en traer un venado; aquel animalillo también fue "devorado" por la vampira. El ardor de su garganta ya no estaba, o se sentía muy débilmente, estaba satisfecha y emocionada también porque luego de eso, había la posibilidad de ver a Arianne.

Su corazón helado se enardecía cuando pensaba en aquella hija que no conocía, la estaba consumiendo ese deseo y el instinto maternal casi mágico que la conectaba con el fruto de su vientre.

- por favor, Carlisle. Por favor, quiero verla, por favor. – le rogó cuando tomó conciencia de que había terminado su sed. Ella lo miró desde abajo en la pradera y él saltó por la ventana y se le acercó con cautela. Se quedó mirándola un segundo y sonrió.

- bien, quítate el pasto del cabello y la ropa, y límpiate la cara, no querrás que tu hija te vea como si hubieras peleado con un león. – ella soltó un risilla nerviosa. Se acercó a la casa para mirar su perfecto reflejo en la ventana, se miró con detalle en el cristal al quitarse la hierba y el polvo. Se volteó con un rápido movimiento y se encaminó a hacia la puerta principal con Edward y Carlisle siguiéndole detrás.

- ¿está en la sala? – preguntó Isabella al pararse frente a la enorme puerta de madera y Edward le confirmó con un simple sonido. Giró la perilla con rapidez y abrió la puerta. Cortó su innecesaria respiración cuando vio a Esme con una hermosa criatura en sus brazos. Su cabello claro, dorado… dos tonos más oscuro que el de su padre, caía en hermosos rizos cerca del cabello de Esme, ella estaba escondiendo su carita el hombro de la enfermera. La neófita se congeló en su lugar y luego notó la presencia de Gabriel y Jasper a sus flancos, suspiró y sintió el aroma y la sangre de Arianne, pero no le provocaron el más mínimo deseo de beber.

- Arianne, mira, tu madre ha despertado – susurró Esme a la niña, ésta se giró y cruzó su mirada con la castaña. Mejillas rosadas y pulidas facciones como de querubín; se veía demasiado grande para tener 3 días de nacida. La niña estiró sus brazos hacia Bella, quien hizo lo mismo casi como por reflejo. Se acercó con sigilo, mientras el resto de vampiros se mantenían alrededor como si fueran su séquito; nunca le vieron intención a la chica de atacar o descontrolarse; ella era diferente del resto.

Finalmente recibió a su pedacito de corazón en su abrazo maternal y cálido a pesar de todo; la niñita se abrazó con fuerza implacable a su madre, estaban conectadas emocionalmente de una forma sobrenatural. Bella sollozaba puesto que ya no podía llorar, estaba demasiado conmovida, pero en su rostro se vislumbraba una hermosa sonrisa.

- mi niña, mi Arianne – dijo con la voz exaltada, la bebé se separó del cuerpo de su madre y se quedó mirándola algunos segundos y luego miró a su padre, y se volvió a abrazar a la vampira. – ¿de qué color son sus ojos exactamente? Veo… azul y…

- son azules con pequeñas vetas marrones. Una combinación de tus ojos con los míos…humanos, eran azules según recuerdo – comentó Carlisle esbozando una pequeña sonrisa que se transmitió a Bella.

- disculpen, tengo que irme…que salir. Vuelvo luego, debo …debo…- Jasper atropelló las palabras y le dio un vistazo a Edward – Adiós. –desapareció rápidamente y luego se oyó su auto arrancar.

- ¿qué ha pasado? – preguntó Esme frunciendo el ceño hacia Edward

- ya volverá, no es nada grave – sonrió con cierta malicia y miró a Carlisle quien asintió. ¿Sabría él algo de eso? ¿que planeaban?

- yo quiero jugar con esta pequeñita y no soltarla nunca. Es tan tierna, es una dulzura – le acarició el cabello – tiene el encanto de su padre –le guiñó el ojo a Carlisle y se sentó con la niña en sus brazos en el enorme sofá. La alegría llenaba cada centímetro de su ser y su alma; nunca había esperado que su vida fuese tan diferente a como la había planeado, pero todo esos imprevistos que cambiaron su rumbo, resultaron ser mejores de lo que pensaba. Estaba completa, se sentía completa. Tenía una hija, una casa, un novio envidiable y veía lo que más había anhelado desde pequeña, los colores.

La risa de la pequeñuela era música para los oídos de quien la oyera; Bella estaba bajo la especie de hechizo que la niña ejercía con cualquiera, así que por horas estuvo disfrutando con la chiquilla de risas y juegos mientras Carlisle las observaba con amor, diversión y gozo, también siendo parte del entorno cálido y familiar que tomaba en aquella casa habitada por vampiros.

Afuera de la casa, las llantas de un auto rechinaron suavemente al frenar, se podía sentir el palpitar de un corazón ansioso, uno aparte del de Arianne. Los pasos rozando la hierba y la respiración poco acompasada de alguien. Bella miró confundida hacia la puerta luego de notar las amplias sonrisas de Carlisle y Edward, no entendía que pasaba. Rosalie cambió de posición levemente al igual que Gabriel quien estaba algo alarmado por como pudiera actuar Bella, cuando el humano entrase.

- ¡estoy tan emocionada! – casi gritó una voz demasiado conocida para Bella; la neófita meneó la cabeza sin poder creérselo, cuando se abrió la puerta dejando ver a Jasper acompañado de Alice. Bella dejó escapar un jadeo y contuvo la respiración por precaución – ¡Bella!

- ¿cómo es posible? – murmuró con demasiada velocidad Rosalie - ¿sabe ella que somos?

- si lo sabe. Le permití a Jasper que se lo dijera – respondió Carlisle cuando Alice apenas movía los pies para adentrarse en la casa – no representa un peligro

- definitivamente estás loco – bufó por lo bajo la rubia para luego retirarse

- necesito que me expliques – comentó Bella

- Jasper se lo ha contado, le dolía tener que dejarla, tan sola sin tu compañía ni la suya, así que se lo ha contado, no se ha alarmado y le ha explicado que te ha pasado, y que te has convertido. No se ha asustado en lo más mínimo – sus palabras solo fueron audibles para un vampiro, Bella abrió la boca pero luego se resolvió a saludar a su amiga. Le entregó el bebé a Esme, se apresuró demasiado para abrazar a Alice. La rodeó con sus brazos precavidamente y evitando el respirar.

- ¡Bella, Bella. Dios mío! Pareces una diosa griega! – comentó Alice mientras desbordaba lagrimas al abrazar a su mejor amiga – solo que tus ojos me asustan un poco – se rió junto con Bella que no podía responder si quiera - ya decía yo que los Cullen eran demasiado hermosos para ser normales – se separó de ella y miró hacia Esme - ¿esa es tu niña? si debe serlo, se ve preciosa– la emoción que invadía a Alice, era desbordante y contagiosa. Para ella todo parecía medio irreal – ahora nunca, nada, nos separará- sonrió ampliamente mientras daba pequeños saltitos - ¿me oyó señorita vampira Swan? – Isabella se sintió incomoda le dio una sonrisa nerviosa.

- Alice, me asustas un poco, creo que estás demasiado cómoda con la idea andar rodeada de seres sobrenaturales – movió su cabeza de un lado al otro con reprobación.

- déjate de tonterías – le sacó la lengua – tú y yo tenemos que hablar y mucho – le sonrió y la tomó de la mano sin molestarse por toque frio. – ya eres tan despampanante que tengo envidia. – Bella rodó los ojos al tomar a Arianne en sus brazos para presentársela a Alice.

[…]

La noche llegó rápidamente y con ella se asomó la luna radiante, brillante y enorme. Bella se acercó al balconcillo de su habitación a observar lo majestuoso de aquella maravilla natural en el cielo y todo el bosque relumbrante que yacía bajo el firmamento. Aspiró fuertemente para deleitarse con todos los nuevos aromas que percibía en el aire; los arboles, la tierra mojada, las hojas y el prado. Sonrió al sentirlos y volvió a mirar a la luna.

Sintió a sus espaldas el aroma delicioso que pertenecía a su amado, no sé movió al escuchar sus pasos, solo esperó a que él fuera su encuentro. Dos brazos le agarraron por la cintura al tiempo que el rubio posaba su mentó en el hombro de la chica; ambos sonrieron.

- Arianne sigue durmiendo luego de que le has cantado esa canción de cuna – le susurró él al oído.

-esa era la que funcionaba conmigo. Mamá me la cantaba siempre – su rostro de felicidad se descompuso al pensar en su familia y Carlisle lo notó.

- algún día los verás, te lo aseguro – la besó en la mejilla haciéndole sentir cosquillas en su espalda. Ella se giró en el abrazo de Carlisle y se quedó mirándolo a los ojos sin respirar. Temía que si parpadeaba, todo el bello sueño que vivía desapareciera en una oscuridad súbita o peor aún, de nuevo en la monocromía.

- gracias – musitó sorpresivamente Bella al repasar las facciones de Carlisle con sus dedos

- ¿gracias? ¿Por qué? – preguntó él apretándola más contra su cuerpo

- Por todo. Gracias por todo – se empinó con destreza hacia él, anhelando besarlo, sentir sus labios y su calor, su contacto. Sería el primer beso de su vida vampira, había querido reservar ese especial momento para cuando estuvieran a solas, y ahora ciertamente los estaban. Movió sus labios con ansiedad y casi necesidad, cuando todas sus células sintieron el gozo de besar a su adorado rubio. Enredó sus dedos en el cabello dorado del hombre y él la levantó en sus brazos con facilidad.

- no me tienes que agradecer – dijo contra los labios de la chica –agradécele a la vida. – volvió a juntar sus labios con los de Bella, sabiendo que ese gesto sería algo que tendrían por siempre y para siempre.

...


no puedo creer que se haya acabado.. O.O.. y ahora en que gastaré mi exceso de tiempo libre?? en fin...mis agradecimientos principales en este fic van para Mayra.. mi ti, creo que no este fic no estaria completo.. mil gracias Mayra. me diste tu apoyo, tu tiempo y motivación.. te mando un abrazo tipo Emmet. y tambien a todos las chicas y chico de Swansea.. jeje.. y todos quienes se aventuraron a leer este experimento- delirio que me costó bastantee.. ya lo considero mi mejor fic.. :P

No siendo.. mas..

saludos ^^