Ginny miraba rápida pero detalladamente hasta la última piedra que habitaba el río, Theo y Luna la seguían detrás pero le dieron alcance cuando frenó abruptamente dando un gritito de espanto.
- ¡Una cascada!.- dijo asustada.- ¡Draco debe haber caído por ella!
- Mantengamos la calma Ginny.- sugirió Theo.- Ven, debemos seguir buscando.
Siguieron la dirección del río con la misma mirada interrogatoria cuando un nombre los sacó de su ensimismamiento.
"Theo"
Ginny miró al ojiazul con asombro por un segundo, pero inmediatamente miró hacia adelante y guiando a su varita-escoba se dirigió hacia el lugar de donde provenía la voz del platinado. Esquivando los árboles con profesionalismo se adentró en la selva siguiendo el curso del agua , estaba segura que Draco estaba metido ahí… hasta que de repente, lo vio: a un par de metros la cabellera platinada brillada y se movía nerviosamente esperando la respuesta a su llamado. Ginny no pudo contenerse y cargándose hacia adelante avanzó como un rayo hasta él. Cuando estaba lo suficientemente cerca, la pelirroja se bajó de un salto de su escoba y se lanzó sobre Draco, cayendo ambos al suelo.
Draco abrió la boca para hablar, pero la chica lo calló con un beso ansioso. Él la apretó con fuerza a su cuerpo pero en un instante, Ginny se separó de él y en sus ojos se veía la guerra venir.
- ¿¡Dónde estabas!?.- le gritó, incorporándose. Draco se apoyó en sus brazos para sentarse y vio con estupefacción como la cara de su novia se mimetizó en un instante con su pelo. -¿¡Tienes idea de lo preocupada que estaba por ti!?.
Draco se levantó y esbozó una gran sonrisa, lo que indignó más a la pelirroja
-¡¿QUÉ!?, ¡¿TE PARECE DIVERTIDO ACASO!?
Él se acercó y la apretó entre sus brazos. Ginny intentó liberarse, pero el agarre era lo suficientemente fuerte como para que ella estuviese luchando en vano.
- Mírame- le ordenó. Ella cedió y sus ojos se encontraron con los mercurio.- No me parece divertido...me parece lo mejor del mundo verte preocupada por mi.- y la besó apasionadamente.
-¡Draco!- gritaron al unísono Luna y Theo al llegar a encontrarse con su amigo y lanzarse a abrazarlo. - ¡Que bueno que estás...¿estás bien?.- inquirió el chico al ver al platinado todo vendado.
- He estado peor.- le respondió Draco.- pero sigo siendo magestuosamen...
- ¿¡Pero qué está pasando aquí!?.
Los cuatro dirigieron su vista a la mujer que había hecho la pregunta. A Ginny casi se le salieron los ojos de sus órbitas al ver a Hermione con unos años más encima y se dio cuenta de su increíble descubrimiento. Draco los miró con una enorme sonrisa y aclarándose la garganta les dijo.- Se me había olvidado comentarles que yo, el asombroso Draco Malfoy, he encontrado a los padres de Hermione.
La mujer lo miró molesta con el típico ademán que hacía su amiga y se dirigió al resto.
- Su amigo se golpeó fuertemente la cabeza, ha estado hablando incoherencias toda la mañ...
- ¡Y aqui vamos denuevo!.- dijo Draco, hastiado.- ¡Es ella la que no entiende que Hermione se muere por verla!,¡Les dije que me entregaran mi vari...- pero un golpe en la nuca lo interrumpió.
- Cállate idiota.- le susurró Theo y miró a la mujer, con su mejor cara de circunstancias.- Me encantaría decirle que está así producto del golpe en la cabeza, pero normalmente es así de estúpido.- la mujer soltó una risita y el chico avanzó hacia ella.- le pido disculpas por los inconvenientes...¿podría pedirle que nos permita descansar un momento aquí? Hemos estado en vela toda la noche buscándolo, y además - dirigió sus ojos acusadoramente al platinado- Draco claramente necesita un momento...-
- Por supuesto... a ver si tu logras dejarlo quieto.- bromeó la mujer.
- No se preocupe...que si no es por las buenas es por las malas.-
Draco dormía plácidamente en la camilla mientras Theo recién despertaba de su larga siesta. Divisó a Luna que conversaba distendidamente junto a Ginny y Señora Granger, y haciéndole un sutil movimiento de cabeza la atrajo hasta él. Ella le dio un casto beso en los labios y se sentó cuidadosamente en la hamaca junto a él.
- ¿Lo has confirmado ya?
- Absolutamente.- le contesto segura.- ella es la madre de Hermione sin lugar a dudas.
Luna le ofreció una gran sonrisa que el chico contestó inmediatamente. Estaba tan feliz de por fin haberlos encontrado que podría haber ido a buscar el mismo a Hermione al último lugar del mundo para traerla a su encuentro...pero claro, él tenía magia.
- ¿Y tú cómo te encuentras?.- le preguntó la chica
- Mejor...un poco más descansado, pero después de esto quedaré agotadisimo.
- No es necesario que lo hagas inmediatamente...tenemos tiempo.- le sugirió la chica.
- No...ya ha pasado mucho tiempo y no quiero seguir dilatando esto. Acompáñame, por favor.
Se levantaron en silencio y se adentraron en la selva, hasta que la densa vegetación los rodeaba por completo y solo unos pequeños haces de luz se colaban desde el cielo. Theo sacó su varita y se apuntó la marca tenebrosa.
- "Verbi et fuoco".- invocó y de la punta de su varita se encendió. - He encontrado a los padres de Hermione, sigue mi rastro y aparece. Estoy seguro.- dijo en voz alta y pegó su varita a su antebrazo. Las letras se formaron con fuego en el y luego fueron absorbidos como tinta hasta desaparecer en su cuerpo. Theo cayó exhausto al piso y Luna lo abrazó con fuerza, recostándolo sobre la hierba y acomodando su cabeza sobre sus muslos. Acarició lentamente el cabello revuelto azabache y comenzó a cantar una tierna canción de cuna.
- Luna.- la llamó.- ahora nos iremos a casa.
- ¿Quieres irte Theodore?
- Quiero irme...arreglar la casa que será nuestra...y estar contigo por siempre.- Se incorporó con dificultad y besó sus labios. Luna cerró los ojos y lo atrapó entre sus brazos; el chico la tomó por la cintura y la dejó debajo de él, para besarla con intensidad. La deseaba, y muchísimo… cada vez que estaban juntos ella hacia un borrón y cuenta nueva en su vida y le permitía vivir con tranquilidad, como siempre soñó en las oscuras habitaciones de Slytherin o de su mansión. La sed que sentía de ella lo hacía sentir como un depredador exclusivo, no existía otra presa, solo Luna… interrumpió culpable el curso de sus pensamientos y se apoyó en sus antebrazos para separarse levemente de ella y poder mirarla a sus ojos.
- Theo…- habló ella- No tengas miedo.
El azabache le sonrió, diciendo.- El único miedo que tengo es despertar un dia y que tu no estés.
Luna lo miró con intensidad y se sonrojó. tragó saliva con dificultad y cerró los ojos. Contó hasta tres, y con valentía renovada abrió los ojos, lo enfocó y soltó.- Quiero más… quiero...quiero todo contigo Theo… tu le has dado un nuevo sentido a la palabra necesidad y yo… te necesito.
Theo la miró fijamente y la besó con delicadeza, para luego mirarla nuevamente a los ojos.
- Luna… tu te mereces lo mejor. Y te prometo que eso es lo único que obtendrás... ¿Quieres Luna...quieres irte conmigo?.
Luna lo miró y encerró la cara de él entre sus pequeñas manitos. - Si Theo...quiero irme contigo, y estar contigo hoy, y mañana, y por siempre.-
Severus hizo las maletas con magia y con otro hechizo las convirtió en dos pequeños cuadraditos. Hermione lo miraba exactamente desde el lugar en el que había estado a punto de besarlo hace unos minutos, pero un sentimiento completamente distinto rondaba su cabeza: incredulidad. No podía creer que por fin hubiese encontrado a sus padres, estaba en shock pero a la misma vez extasiada con la idea...¿podría ser verdad?
- Hermione.- Severus se colocó frente a ella para llamar su atención.- afirmese de mi, nos apareceremos en la isla.-
Él la abrazó con fuerza y la castaña casi por inercia atrapó con sus manos la capa del profesor. Al segundo después, el vértigo la invadió y sintió cómo abandonaba Francia.
Severus sujetó con fuerza a la castaña que poco a poco sintió integrarse en el lugar. Miró donde se encontraba y no supo dónde ir, era exactamente igual de verde en todas las direcciones. Severus agudizó los sentidos y tomándola del brazo, le dijo:
- Venga, pero necesito que estés tranquila...
Hermione asintió y siguió al profesor entre la densa vegetación por unos minutos que parecieron una eternidad.
- Severus…- le dijo, deteniéndose.
El profesor se volteó y vio el profundo miedo en los ojos de la chica. Se acercó lentamente hacia ella y sostuvo su cara entre sus manos, levantándola en dirección de sus ojos.
- Todo va a salir bien.- le dijo con voz firme, pero tranquila.- confias en mi?
Hermione odiaba esa pregunta. Tenía tanto miedo de que sus padres nunca la reconocieran que estaba paralizada, pero aun así si él le decía que no iba a ser así le creía. Si el profesor le decía que la tierra era cuadrada, ella le creía. ¿Era eso confianza plena?, ¿Era eso amarlo tan profundamente que le entregaría su vida en bandeja?
- Si Severus...confio ciegamente en ti-
Un regocijo llenó el alma de Severus y son una sincera sonrisa le besó la frente.- Entonces sigamos avanzando… ya queda poco.
Caminaron unos minutos más hasta que finalmente, divisó una cabellera familiar. Los ojos se le llenaron de lágrimas al ver a sus padres de espalda frente a ella, pero indudablemente eran ellos. Los podría reconocer a kilómetros en el desierto, o bajo el más cruel de los aguaceros.
Ahí estaban.
La desesperación cegó a Hermione por un segundo en el que se lanzó a correr hacia ellos, pero el firme agarre de su profesor la detuvo.
- Aún confías en mi?...- le preguntó, con un recelo en la voz que no pasó inadvertido por la chica. La expresión de Severus la asustó por un segundo, ya que si no supiese que estaba hablando con Severus Snape, hubiese dicho que él sentía tanta inseguridad y miedo como ella. Asintió lentamente con la cabeza y el profesor tomó su mano, guiándola.
El ruido de unos pasos a sus espaldas hicieron que los señores Wilkins se voltearan viendo a la particular pareja avanzando hacia ellos. Un hombre alto y pálido, con unos ojos que consumían todo a su alrededor arrastraba una gran capa negra, que parecía completamente fuera de lugar. Sostenía de su mano izquierda a una chica que le llegaba al hombro, castaña y que los miraba nerviosa y atemorizada. Wendell se detuvo en sus ojos y recordó la primera vez que había visto a su esposa: el color miel y la bondad grabada en ellos lo habían hecho enamorarse de ella casi de inmediato; pero no pudo seguir indagando.
Severus extendió su mano a la de él a modo de saludo y se presentó.
- Severus Snape.-
Wendell pestañeó y se aclaró la garganta. La situación era, a lo menos, extraña y solo atinó, por cortesía a estrechar su mano, dudoso.
- Wendell Wilkins.- se presentó, sintiendo la sudada mano del hombre entre la suya- Puedo saber que...
- ¡Señor Wilkins!.-Luna llamó su atención y lo miró con sus enormes ojos azules.- tiene algo aquí.- le dijo, colocando su mano en el medio de su frente. Él la miró ceñudo y se llevó la mano derecha donde luna le había indicado pero un enorme mareo lo hizo tambalearse mientras miles de imágenes volaban frente a sus ojos: el hospital, el parto, el primer cumpleaños, la caída en el parque, las vacaciones...todo con su hija Hermione.
La mujer agarró a su esposo y asustada gritaba su nombre mientras él solo podía cerrar los ojos y recordar cada momento especial junto a ellas hasta el último momento olvidado. Tomó una bocanada de aire y abrió los ojos abruptamente, mirando inmediatamentes Hermione. Colocó bien los pies en la tierra esperando la confirmación de la chica, que miraba a Luna, Severus y a él sin entender lo que estaba pasando.
- Hermione...- dijo en apenas un susurro audible, pero fue suficiente para que los miedos de la castaña se disiparan y se lanzara a los brazos de su padre.
- ¡Papá!.- le dijo riendo. El abrazo del hombre casi la estaba asfixiando pero eso no importaba: lo único que quería era estar con él. Wendell la tomó por los hombros para mirarla a los ojos. Tuvo que dejar caer un par de lágrimas que le dificultaban la vista y con profunda emoción logró articular las palabras.
- Mi pequeña brujita…-
Mónica miraba la escena sin entender nada, y tomó a su esposo del brazo intentando alejarlo de la chica.
- Wendell…¿Qué estás hacien…-
La mano de Severus en su hombro la interrumpió. la giró lentamente y cuando sus ojos se toparon con los de él, un escalofrío recorrió su espalda.
- Señora Wilkins…- le dijo, con su sedoso tono mientras le pasaba un pequeño frasco de vidrio con una poción transparente en el- si quiere entender qué está pasando hágame el favor de colocar un poco de esto en su frente.
Ella lo miró ceñuda y se negó, devolviéndole la poción.
- Jean.- la llamó su esposo, que sostenía a hermione en un abrazo- Hazlo, por favor
Monika no podía creerlo… ¿¡Acaso ella era la única que mantenía la cordura!?, ¿¡Su marido ni siquiera recordaba su nombre!? Miró a la joven a los ojos y algo extraño sucedió. Era muy guapa, sin duda.. su pelo en finos bucles castaños y sus ojos color miel combinaban perfectamente con su tono de piel. Se vio reflejada en ella, hace unos veinte años atrás, claro...cuando recién conoció a su marido. Recordó que en ese entonces soñaban con pasar juntos el resto de sus vidas, casarse y tener hijos… ojalá dos: un chico, que me llamaría Bill, como su padre y una niña… que se llamaría..Hermione.
Hermione.
Colocó una mano en su boca no pudiendo contener la confusión y miró al extraño hombre de capa, que parecía una estatua, sosteniendo el frasco aún en sus manos. Por alguna razón… el miedo que sentía por su apariencia se esfumó y lo miró a los ojos. Eran impenetrables, sin embargo ella era lo suficientemente perspicaz para saber que estaba siendo honesto.
Los muggles no tienen Veritaserum.
Agarró el frasco y tras abrirlo con delicadeza, colocó un poco en la punta de sus dedos y se los llevó a la frente.
El mismo mareo, los mismos momentos, los mismos recuerdos, y el mismo amor profundo la envolvieron y al igual que su esposo, tras unos segundos abrió los ojos y se lanzó corriendo a los dos que la esperaban.
- Hermione… mi hermione- logró decir mientras la emoción la embargaba.- has vuelto a llenar mi vida, mi pequeñita.
Todos miraban la escena felices… el trio oscuro, como los llamaban ahora, había podido pagar su deuda con la chica que se había colado en los corazones de los Slytherin y ahora solo quedaba empezar su camino a una nueva vida, tranquilamente junto a las chicas que amaban: Draco abrazaba a Ginny que aún no había olvidado el susto que la había hecho pasar; Theo acariciaba la espalda de Luna esperando arreglar luego la mansión y darle una gran sorpresa a Luna, y Severus miraba a Hermione, que estaba radiante y feliz, tal y como él la había conocido. Esbozó una sonrisa y soltó un largo suspiro.
Ya no habría ningún impedimento a su felicidad.
El ruido de los tacos al pasar se podían escuchar en todo el lugar. Reinaba el silencio y la suciedad en Hogwarts a diferencia de todas las veces en las que había estado allí, con la sala común llena de chicos intentado flirtear con las chicas de la elite mágica. Subió los escalones y encontró rápidamente la habitación que Draco compartía exclusivamente con Nott, condición que puso al rechazar la habitación de prefectos. Entró sin ningún sigilo hasta la cama del chico y con sumo cuidado, levantó el verde cubrecamas. Observó con detenimiento la almohada durante unos segundos hasta que lo encontró. Sacó el segundo y último pañuelo de su cartera y lo dejó ahí, cuidando de doblarlo de tal forma que fuera imposible perder el fino cabello platinado que llevaría a su dueño de vuelta a sus brazos. Guardó el pañuelo junto al otro y se tiró en la cama de Draco. Inhaló profundo capturando su perfume y se rió estruendosamente.
- Ya veremos quién gana, pobretona Weasley.-
