Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece. Ninguno.

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Penúltimo capítulo. Hola a todos, ¿cómo están? Realmente espero que bien. Como siempre, quería agradecerles de todo corazón por su amabilidad. Por darle una oportunidad a esta humilde historia escrita por una aficionada. Por sus realmente atentas opiniones y por ser sinceros cuando debieron serlo en sus críticas. Sepan que todo eso, en verdad, me sirvió y planeo seguir usándolo en mis fics futuros. Y, espero también que este capítulo los complazca y este a la altura de sus expectativas. En serio, ¡gracias por todo! Mañana, obviamente, estaré subiendo el final y, por ende, deberán buscar la historia en "complete". Nos vemos y besitos.


Yuxtaposición de soledades

Un nuevo comienzo

XXI

"Hogar"

El humo de las llamas negras aún se arremolinaba en el horizonte y con la salida de un sol carmesí dibujaba curiosas figuras en el cielo, las cuales Sakura había estado observando desde hacía ya varios minutos. Tal y como los días anteriores, permanecía en la misma habitación incolora. Aburrida. Por momentos se sentía sofocada, y las cuatro paredes blancas parecían cerrarse con cada día que pasaba. Muchas veces, el nauseabundo olor a antisépticos le provocaba mareos; pero eso era algo que nunca había dicho ni diría. Había cosas peores en que pensar y cuestiones más relevantes para atender y Sakura no quería distraerse con tonterías. Por empezar, estaba Sasuke que aún permanecía internado y recuperándose; y por otro lado estaba Naruto, quien se había marchado hacía ya tres días y aún no había regresado. No que ella esperara que lo hiciera tan pronto, pero eso tampoco evitaba que pudiera apartar sus pensamientos de ello.

Aún no podía dejar de pensar cuanto habían cambiado las cosas. Seguro, la sucesión de acontecimientos no había sido la más óptima o lógica o esperada. En algún punto, Sakura había creído que Naruto llegaría a ser Hokage algún día, pero no había creído que tal cosa hubiera ido a suceder tan pronto. Gaara había sido una excepción, y se había convertido en Kazekage a una temprana edad por mérito propio, pero también por necesidad. Sunagakure lo había necesitado, había necesitado un líder y Gaara había parecido el más adecuado a los ojos de muchos, aunque otros tantos habían tenido sus reservas. Pero, ahora que lo pensaba, Tsunade también había sido nombrada Hokage –y sido enviada a buscar- por la misma razón: Necesidad. Y previa a ella, el tercero había retomado su puesto –el cual había cedido- por la temprana muerte del cuarto Hokage. Lo que los llevaba a una tradición de necesidad, de la cual Naruto no había sido exento. Aún así, Sakura no consideraba que eso fuera necesariamente malo. Naruto era lo que ellos necesitaban. Ella lo había hecho y aún lo hacía, y quizá no era la única que lo necesitaba. Naruto era como un rayo de sol, una luz, una esperanza; algo que en un mundo oscuro no era fácil de encontrar. Era un hecho que se podía vivir en la oscuridad, y por mucho tiempo eso era lo que todos ellos habían hecho, pero una vez que la luz aparecía era imposible ignorarla. Y Naruto tenía el don –con su cabello dorado brillante, y sus inocentes y determinados ojos azules y sus vestimentas naranjas- de atraer a todos a la luz. De mostrarles como las cosas podrían ser si realmente se lo deseara. Y hacía creer a todos que un futuro mejor era posible. Y qué mejor que eso para confiarle el futuro de la aldea, y del mundo.

Ella lo hacía –aunque le había tomado años hacerlo- y no veía porque los otros no. Una persona como Naruto aparecía una vez en siglos.

Y por esa misma razón temía en aquellos momentos. Fuera de las murallas de la aldea, el mundo aún no era tan seguro como podría ser –y como Naruto desearía que fuera-; seguro, Orochimaru ya no existía y había dejado de hacerlo demasiado tiempo atrás. Y gran parte de la fortaleza de Akatsuki se había perdido también. Pero Madara seguía suelto, acechando. Y Sakura temía que el miembro del clan Uchiha fuera tras el único Jinchuuriki que permanecía en pie. Pues también podría usarlo como una forma para llegar a Sasuke. La sola idea de perderlos a ambos en manos de Madara le aterraba. Y se sentía impotente de no poder hacer nada al respecto. Sabía que ella sola, contra Madara, no tendría posibilidad alguna.

Además, estaba la preocupación de un ataque a la aldea. Siempre que Sasuke permaneciera allí y Naruto no lo hiciera, todos ellos corrían el riesgo de ser atacados. Madara aún tenía un número de aliados, todos ellos de fortalezas descomunales. Y aunque Konoha estaba llena de valiosos shinobi dispuestos a luchar y morir por su hogar y el futuro de la hoja, Sakura no deseaba tener que ver nuevamente a nadie más perder su vida. Porque para ellos, cada vida era valiosa y no un mero peón para un fin. Aunque en la realidad técnica no fueran más que eso. En el espíritu de la aldea eran mucho más.

Cada persona, por pequeña, grande, joven o anciana que fuera, era una vida. Era una persona importante para otro grupo de personas dispuestas a sacrificar sus vidas por ella; era un amigo, un padre, un hijo, un abuelo, un tío, un vecino, un camarada. Era un manojo de miedos y obstáculos que superar, pero también era un sueño. Eran deseos. Cada persona era momentos placenteros y el dolor encarnado. Era silencio y sonido. Un lazo, algo importante para alguien. Una hoja. Una hoja del gran árbol que era Konoha. Y todos ellos eran necesarios para mantenerse en pie. Próximos y no tanto. Por eso, Sakura no podía permitir que dañaran lo que más amaba. La aldea; Sasuke, Naruto, Ino, Kakashi, Tsunade, su familia, y todas las demás personas por las que derramaría lágrimas.

Estaba cansada de derramar lágrimas. Pero más cansada estaba de los derramamientos de sangre.

Exhalando suavemente, se puso de pie y se dirigió al baño, cerrando la puerta tras de sí. Por un instante, si bien uno pequeño, necesitaba poder respirar en soledad. Necesitaba poder reorganizar sus pensamientos y sentimientos. Porque todo en los últimos días parecía demasiado confuso. De repente, sentía que las cosas estaban cambiando demasiado rápido nuevamente. Y cada vez que eso sucedía Sakura temía volver a quedarse atrás. Todos estaban haciendo algo por mejorar y cambiar y caminar hacia adelante, y ella también quería poder hacerlo. Quería poder ser útil, ese siempre había sido su deseo. Y había luchado por él hasta el cansancio. Había soportado el duro entrenamiento de Tsunade por casi tres años. Y había seguido entrenando y mejorando para algún día ser la mejor en lo que podía y sabía hacer.

A su modo, todos ellos eran los mejores en lo que hacían. Naruto, creaba cosas nuevas; Sasuke, destruía cosas existentes; y ella reparaba lo que existía. Pero, lo irónico de todo aquello, era que, a pesar de haber sido los mejores, habían fallado. Naruto había fallado en crear nuevos lazos que pudieran hacerle vivir sin los anteriores; Sasuke había fallado en destruir los únicos lazos que había tenido en su vida; y ella había fallado en repararlos a todos. Habían tratado, pero no habían podido lograrlo.

Ninguno de ellos podía existir sin el otro.

Abrió finalmente el grifo, aguardó que el agua comenzara a correr, y suavemente, colocó ambas palmas de sus manos bajo el chorro y comenzó a salpicarse el rostro. Una y otra vez, hasta recobrar toda conciencia. Desde la noche anterior, las palabras de Sasuke seguían haciendo eco en su cabeza. Estaban grabadas, tatuadas, tanto que durante la noche había soñado caer en un abismo oscuro y eterno. Y allí no había nadie, estaba sola. Y varias veces había despertado alterada y sudando. Podía imaginarse a Sasuke soñando lo mismo, y sintiéndose de esa forma aún estando despierto. La sola idea le causaba angustia.

Extendiendo la mano, aún inclinada sobre el fregadero, tomó la toalla de mano y secó con esta su rostro. Luego se miró en el espejo. Aún a pesar de haberse tomado libre prácticamente todo el día anterior, o al menos gran parte de este, seguía siendo un desastre. Las ojeras permanecían allí y su cabello rosado no lucía tan brillante y sedoso como habitualmente lo hacía. Estaba pálida además, de eso no había duda, y era probable que hubiera bajado unos cuantos kilos más en el largo proceso. Pero no importaba, al menos no a ella; porque estaba dispuesta a todo ello por salvar a su equipo. Después de todo, todos ellos estaban arriesgando algo para lograrlo y su precio era probablemente el menor a pagar. Quienes más habían sufrido habían sido Sasuke y Naruto.

Parándose erguida, se vio una vez más al espejo y se dispuso a salir. Pero cuando lo hizo, todo pasó demasiado rápido. Por un lado, vio el rápido ondular de sábanas blancas y cortinas del mismo color en su dirección. Algo brusco impactando contra ella y el ruido de algo golpeándose violentamente contra la pared detrás suyo. Solo cuando percibió el fuerte dolor en su espalda se percató de que se trataba de ella. Y, por alguna razón, tenía los ojos cerrados y no podía respirar. Algo se cerraba alrededor de su cuello.

Tosiendo, se forzó a abrir los ojos mientras en las comisuras de estos empezaban a estancarse frías lágrimas. Parpadeando, intentó enfocar la imagen de su atacante. Sasuke, su atacante no era otro que Sasuke, quien minutos antes había permanecido inconsciente en la cama del hospital, la cual ahora estaba vacía.

—S-Sasuke-kun —jadeó con dificultad, ya que su traquea parecía aplastarse más y más a cada segundo—. N-No puedo respirar...

Una mirada de furia cruzó sus ojos color carbón y los pálidos dedos alrededor del cuello de la chica se aferraron aún más. Inclinando su rostro hacia delante, susurró –tal y como había hecho en una ocasión con él Itachi- con voz árida —Yo NO te necesito. No los necesito, a ti y a Naruto.

Un hilillo de agua salada se deslizó por su mejilla derecha. Mientras, con sus pies en el aire, intentaba patear las rodillas del Uchiha —P-Por favor... Sasuke-kun...

Los párpados de él descendieron lentamente, aún con sus labios rozando el lóbulo del oído de ella —Deberías haberme matado cuando pudiste, Sa-ku-ra.

La forma en que dijo su nombre, tan lentamente, tan tortuosamente, tan fría y desinteresadamente le robó el poco aliento que tenía. Sintió la yema de los dedos de él apretar con un poco más de fuerza y la desesperación la inundó. Ya no le quedaba aire en los pulmones y no podía inhalar más. Sasuke aún la tenía levantada del cuello y por más que intentara patearlo o buscar una forma de escapar de su agarre no encontraba ninguna. No quería dañarlo, pero no deseaba morir. Si lo hacía, no podría salvarlo. No podría mantener la promesa silenciosa que le había hecho a Naruto. No habría nada más que pudiera hacer. Intentó hablar, gritar, pero solo jadeaba y tosía y Sasuke continuaba mirándola impasible sin mostrar deseo alguno de soltarla. Su vista se empezaba a nublar y la cabeza parecía girarle. La oscuridad empezaba a cernirse a su alrededor y poco a poco la imagen de su atacante fue desapareciendo. Hasta que ya no quedó nada. Solo la voz de él, la voz de él diciendo una única cosa: "Te odio".

Fue como un brisa al principio, una pequeña brisa capaz de mecer sus cabellos, pero luego se convirtió en una fuerte ráfaga. No sabía de donde venía, pero estaba dentro de ella y le provocaba una sensación de gran alivio. ¿Por qué? No tenía idea. No estaba segura de donde estaba ni porque. Todo era negro a su alrededor y poco a poco empezaba a tener sensaciones aisladas. Algo suave bajo ella, algo que hería la sensibilidad de sus ojos arriba suyo y un ardor cruel en algún lugar de su garganta. Probó hablar, pero solo salió de su boca un sonido de carraspeo, y luego otro; haciendo que la quemazón se intensificara.

Con lentitud, extendió el brazo y se aferró a lo primero que tuvo a la alcance de los dedos. Era suave y acolchonado, y se hundía si pretendía presionarlo. Volviendo a toser, y arqueándose ligeramente para dejar pasar el aire con más facilidad, se aferró con la otra mano e intentó abrir los ojos. E inmediatamente una luz cegadora y blanca la invadió, forzándola nuevamente a dejar caer sus párpados. Aguardó otra indiscriminada cantidad de tiempo –que podrían haber sido tres segundos, cinco minutos o una hora- para volver a intentarlo.

No fue fácil, pero gracias a su concentración logró enfocar su mirada, solo para ver una lámpara de metal bastante genérica sobre su cabeza. Conocía el objeto en cuestión, así como la pared blanca a la que la lámpara estaba sujeta. El hospital... Pensó, confundida y con un dolor de cabeza terrible. Lo primero que se le vino a la mente fue que alguien había logrado detener a Sasuke y salvarla, porque no había visto en los ojos de él intención alguna de detenerse. Pero luego pensó que eso no tendría sentido, nadie habría podido oírlos y acudir tan rápidamente. Cuando había perdido el conocimiento, había sabido que no le quedaba mucho tiempo. Entonces, ¿cómo había sobrevivido?

Tentativamente, ladeó la cabeza hacia la ventana. Aún era de día, por lo que no podía haber pasado demasiado tiempo desde que se había desmayado. Y, para su sorpresa, Sasuke aún se encontraba allí, inmóvil, sentado en el alféizar de la ventana con una pierna plegada contra su cuerpo y la otra colgando adentro de la habitación, mirándola fijo a ella. Parpadeando, desconcertada, intentó sentarse.

—¿Qué...? —pero él no dijo nada. Simplemente contempló la palma de sus manos volteadas hacia arriba. Por alguna razón que Sakura no podía comprender a simple vista, parecía perturbado. Sus ojos negros permanecían abiertos desmesuradamente y los capilares sanguíneos de sus ojos se veían más notorios a medida que se aproximaban a las comisuras de estos. Y una línea de expresión atravesaba su habitualmente perfecta y lisa frente.

No pudo. Lo había deseado, realmente había deseado cortar con el lazo tal y como había intentado hacerlo con Naruto en contadas ocasiones por no había podido. Había estado dispuesto a matarla pero algo lo había detenido y no había sido capaz de llevar el acto a cabo hasta el final. En algún punto, entre la asfixia de ella y las lágrimas, sus dedos empezaron a flaquear y sin saberlo lentamente la soltó. Por esa razón, la odiaba; porque no podía odiarla tanto como deseaba, porque no podía odiarla lo suficiente para matarla y cortar el lazo. Él no necesitaba de nadie, ni quería hacerlo en ningún tiempo futuro, pero sin saberlo había probado una y otra vez que las relaciones no son algo que uno puede romper con facilidad. Por años, había tratado de alejarse de ambos, de Naruto y de ella, había intentado creer que con ellos no tenía futuro alguno. Que no había nada que ninguno de los dos pudiera ofrecerle. Que por seguir buscándolo con tal desesperación eran patéticos, y lo eran. Pero eran patéticos a los que no podía dejar ir. Y esa era una debilidad. Necesitar de otro era una debilidad y él no era débil. No quería ser débil. Él era un Uchiha, con todo lo que el nombre conllevaba, y no podía distraerse de sus metas por cosas tan triviales.

Naruto y Sakura eran triviales. O eso quería Sasuke que fueran.

—Sasuke-kun... —tosió, incorporándose lentamente, solo para notar que se encontraba en la cama que él había permanecido tiempo antes. Con cuidado, alzó sus manos a su cuello y se tocó la zona adolorida.

Él desvió la mirada. Se suponía que no debía sentir más nada. A eso había apuntado toda su vida, a erradicar el dolor y cualquier tipo de sensación y sentimiento que pudiera perturbarlo. Había estado dispuesto a convertir en cenizas la aldea, pero no había podido matarla a ella. Y no había podido matarlo a él. Pero ya no podía creer que las cosas podían funcionar como lo habían hecho.

—Vete —su tono era frío pero cargado de ira. E internamente rogaba que, por una vez en su condenada vida, le hiciera caso. Lo triste del asunto era que, al parecer, la terquedad de Naruto se le había contagiado.

—Sasuke-kun...

Le irritaba. Le enfurecía de sobremanera. La forma en que decía su nombre. ¿Acaso era lo único que podía decir? ¿No entendía que él no la quería? —Eres tan entrometida como Naruto.

Ella solo sonrió amargamente —Lo sé. Soy una molestia para ti, ¿verdad?

Si, lo era. Pero no por las razones que ella creía. La odiaba, le molestaba, pero solo porque no podía obligarse a odiarla ni a que le molestara realmente. Solo porque seguía allí, como Naruto, cruzándose en su camino y haciéndole más difíciles las cosas. Él quería alejarse, de todo, de todos, quería perderse por su cuenta. No quería regresar. La aldea era una mentira para él. No un hogar. Por más que lo quisiera no podría verla de la misma forma. Por esa razón, había querido borrar todo rastro de los Uchiha de Konoha. Todo rastro suyo, y de sus padres y tíos y abuelos, pero, sobretodo, de Itachi de la aldea. Ninguno de ellos era merecedor de las memorias de su hermano.

—Itachi murió por esta aldea —susurró finalmente, iracundamente, contemplando las llamas negras arder en el fondo de un escenario familiar—. Como un criminal, Itachi los mató a todos...

Los ojos de Sakura se abarrotaron de lágrimas —Lo siento...

—Yo lo odié tanto... mi vida fue todo una mentira... en lo que creía todo el tiempo fue una mentira...

La pelirrosa negó con la cabeza —Eso no es cierto. Él trató de proteger la aldea... debió haber visto algo bueno que merecía la pena salvar... Como yo lo veo contigo...

Al final... por tu bien, él transfirió sus propios poderes oculares en ti. ¿No lo comprendes? Fue para... protegerte. Proteger... eso había dicho Madara. Frustrado, cerró los ojos y alzó la mano para tocarse el párpado derecho. Itachi, mató a su amigo, a sus superiores, mató a su amante, a su padre y su madre. Pero no pudo matar... a su hermano pequeño. Para él, tu vida... es más importante que la aldea. Hasta el momento de su muerte... No. Incluso en la muerte eras todo para él.

—No. Te equivocas. Yo no necesito de ustedes.

Con cuidado, la pelirrosa se puso de pie, tambaleándose —¿Eres feliz?

Paralizado, clavó sus ojos en los de ella —¿Qué?

Sakura pasó los dedos por su garganta intentando suavizar el ardor y repitió sus palabras —¿Eres feliz Sasuke-kun? ¿La venganza te hizo feliz?

—¡No hables como si me conocieras! Nuestros destinos eran muy diferentes. Y yo elegí la venganza.

Sakura bajó la mirada —Lo se. Ese día... dijiste lo mismo. Pero... ¡Sasuke-kun! Todo lo que dije ese día... aún lo sostengo. Yo...

El moreno dejó escapar un largo y tendido suspiro, mientras se ponía de pie y apartaba de la ventana —Naruto y tú siempre han sido un fastidio. El cabeza hueca nunca lo entendió, tu tampoco.

Otra lágrima escapó sus orbes esmeralda —Eso... no es cierto... en este momento... Naruto... Él se marchó a Sunagakure para salvarte.

Las facciones del Uchiha se tensaron —Yo no le pedí que lo hiciera —musitó displicentemente.

Un sollozo ascendió por la garganta dañada de la chica hasta alcanzar sus labios —Nosotros... Éramos el equipo siete...

—Ese no era mi propósito en la vida.

—Entonces... ¿No significamos nada... para ti?

"No". Eso quiso decir, y tuvo la intención de hacerlo sin piedad alguna. Quería que Sakura se marchara, que lo dejara en paz. Quería que dejaran de seguirlo, que dejaran de buscarlo. Quiso romper el cordel invisible que los mantenía unidos, pero no lo hizo. No pudo. Su voz pareció rehusarse a vocalizar lo que él tenía intenciones de comunicar. Era estúpido, que después de todos esos años aún no pudiera asesinarlos a ninguno de los dos. Sin importar cuanto lo deseara, racionalmente. Ni siquiera había sido capaz de desterrarlos de su cabeza.

Estaba molesto, tanto que sin notarlo los irises de sus ojos se habían tornado rojos y empezaban a arderle. Apretando los dientes, se cubrió la vista con ambas manos, pero de entre los dedos empezó a escurrirle sangre. Una gota espesa se desprendió de su nudillo y cayó para morir contra el suelo, y a esa la siguió otra, y otra. Plop... Plop... Era todo lo que podía oír.

Rápidamente, Sakura se apresuró a su lado —¡Sasuke-kun! —pero al percibirla acercarse la apartó bruscamente con el brazo y retrocedió.

Jadeando, contempló entre lágrimas carmesí las palmas de sus manos teñidas completamente —Maldición... —estoy sangrando otra vez...

Pasándose la manga blanca de sus vestimentas se limpió el rostro y forzándose a serenarse desactivó el Mangekyou Sharingan —¿Por qué llegas tan lejos por mí?

La pelirrosa pareció desconcertada por la pregunta, ¿acaso no la había respondido una y otra vez? —Porque... porque lo eres todo para mi, Sasuke-kun. Yo... haría cualquier cosa por ti...

Sus ojos, ahora nuevamente de color azabache, se abrieron desmesuradamente. Itachi, mató a su amigo, a sus superiores, mató a su amante, a su padre y su madre. Pero no pudo matar... a su hermano pequeño. Para él, tu vida... es más importante que la aldea. Hasta el momento de su muerte... No. Incluso en la muerte eras todo para él. Jadeando, recordó que Naruto había respondido a la misma pregunta cuando había intentado evitar que se marchara con Orochimaru. ¿Por qué, Naruto? ¿Por qué llegas tan lejos por mi? ... Porque eres uno de mis primeros vínculos. Por eso, te detendré.

Dando un paso hacia ella, se detuvo —¿En verdad quisiste decir, aquello que dijiste? —Por eso... si debo hacerlo... si debo matar a Sasuke-kun... lo haré...

La pelirrosa alzó la vista a los ojos de él, desconcertada —No entiendo...

El Uchiha cerró los ojos y extendiendo la mano la tomó firmemente por la muñeca, luego, en un rápido movimiento la atrajo hacia él y la inmovilizó contra su pecho —¿Estabas dispuesta a matarme?

Un escalofrío descendió por su espina dorsal cuando el frío aliento de él chocó contra su cuello y la voz resonó fantasmagórica en su oído. Sasuke estaba cerca, muy cerca de ella, peligrosamente, como para pensar claramente. Pero no podía flaquear ahora, no podía dejarse vencer por él ni por su propia debilidad —Si —dijo sin vacilar. Su semblante adquiriendo la misma seriedad que esa vez en la guarida Uchiha, cuando había dicho las palabras por primera vez, para sorpresa del él. ¡Sakura-chan, ¿por qué? Tú amas a Sasuke, amas tanto a Sasuke... Sakura-chan... tú amas a Sasuke... ¿Por qué? —Y si esa es la única forma de salvarte aún estoy dispuesta a hacerlo —Porque lo amo... por eso, Sasuke-kun causó mucho daño... es por eso.

Sasuke se inclinó hacia adelante, quedando a tan solo escasos centímetros del rostro de ella. Su semblante prudente y sus ojos cautelosos —¿Por qué no lo hiciste entonces? ¿Por qué no me matas ahora? Es tu oportunidad.

Ella negó con la cabeza tercamente, sin querer apartar sus ojos jade de los negros de él ni por un segundo. Había algo en ellos. Ya no eran dos hoyos negros vacíos, ya no eran un abismo. Ya no parecían sosos y huecos, había algo en ellos. Algo más. Quizá, solo quizá, había allí vida —Naruto... —fue la simple respuesta—. Si él cree que aún hay qué salvar, entonces yo también quiero creerlo.

Los labios de Sasuke se acercaron aún más a los de ella solo para detenerse a un suspiro de distancia. Entonces volvió a hablar —¿Crees que todo tu esfuerzo vale la pena?

Sakura cerró fuertemente los ojos. El aroma de él, la proximidad y la respiración chocando contra sus labios estaba mareándola. Intoxicándola. Pero a pesar de todo esto, se sorprendió de percibir la carencia de cinismo en la pregunta de Sasuke. No era como si se estuviera burlando de ella por intentar un imposible, no parecía ser una pregunta retórica, era como si realmente quisiera que le dijera que aún había esperanza para él. Esperaba una respuesta. Aunque, siempre, con un semblante ligeramente distante e impasible.

—Yo... lo creo... —admitió, aguardando que él retrajera su rostro del de ella pero tal cosa no sucedió.

—Dilo —le comandó. Sakura abrió los ojos. Sasuke la miraba intensamente, a la espera—. Di-lo.

—Yo quiero salvarte...

Y sin aguardar a que continuara la besó. Acortó la distancia restante con cierta brusquedad y presionó sus labios agrietados y helados contra los cálidos y suaves de ella, aún sosteniéndola firmemente por la muñeca. Por su parte, Sakura no se resistió. En su mente, aún no podía registrar lo que estaba sucediendo y era incapaz de moverse. Todo su cuerpo estaba paralizado, y por más que intentara reorganizar sus pensamientos encontraba la tarea imposible. Sabía que no era seguro bajar la guardia de esa forma pero no podía evitarlo. En el momento en que él la había presionado contra él y la había besado de esa forma todo sentido común se había evaporado de su cuerpo. Toda voluntad. Era como si, de repente, hubiera vuelto a ser la misma niña que tanto había sacrificado por él. La misma que había roto su amistad con Ino por él, la misma que le había ofrecido todo y le había rogado que la dejara marcharse con él con tal de no perderlo. Y a la vez era distinta. Era la persona fuerte y decidida en la que se había convertido, era la que se rehusaba a ser dejada atrás por su equipo. La que se rehusaba a quedarse cruzada de brazos mientras los demás arreglaban las cosas por ella. Esta era su forma de salvarlo. La única que conocía y siempre había conocido. Porque lo amaba. Lo había hecho desde el principio, y eso era algo que nunca había cambiado por más que Sakura lo hubiera deseado, y lo había hecho, Dios sabía que había intentado olvidarlo. Rehusar de su existencia. Pero él siempre había estado allí, en sus memorias, en su cabeza; como una presencia.

Y ahora finalmente estaba allí con ella. Sin importar nada más. La estaba besando. La estaba aceptando, de alguna forma. Y eso la hacía feliz. Ya no podía negarlo.

Finalmente, jadeando, se apartó y, aún con los ojos cerrados, apoyó su cabeza en el hombro de ella. Rudamente, la aferró con fuerza por la espalda. Amoldándola aún más a su propia forma.

—¿Aún crees lo mismo? —la cuestionó. Terriblemente serio.

La pelirrosa tragó saliva e intentó recobrar el aliento antes de ser capaz de responder correctamente —Si.

Él suspiró, enderezándose y apartándose ligeramente de ella aunque aún sosteniéndola con uno de sus brazos por la cintura y contra su él —Esto no debería estar pasando.

Sakura lo abrazó fuertemente por la cintura —Por favor... Sasuke-kun... no te vayas... no otra vez... no podría...

Lo sintió tensarse e inmediatamente las manos de él aferraron las de ella para hacer que lo soltara —No me quedaré.

—¿Qué...?

El moreno negó con la cabeza —No soy como ustedes. No pertenezco aquí...

Sakura dio un paso nuevamente hacia él y enterró su rostro en el pecho del chico, aferrándose con ambas manos a las vestimentas de él. Sasuke permaneció inmóvil —Entonces... ¿Para que fue todo? —pequeñas gotas frías empezaban a caer sobre la tela blanca que cubría su cuerpo—. ¿Para qué te marchaste? ¿Para que fue la venganza? ¿Para que sacrificó todo él? ¿Qué sentido tuvo? Si ahora no tienes un lugar al que regresar... Naruto y yo... Nosotros... te buscamos por tanto tiempo. Naruto casi muere...

—Sa-ku-ra —la interrumpió, diciendo su nombre pausadamente—. Estoy en el libro bingo. Se que sabes qué significa eso.

La pelirrosa se rehusó a permitirle utilizar ese argumento. Después de todo, Naruto se había marchado para arreglar eso. Y lo haría. Tenía que hacerlo, ¿verdad? Después de todo, se trataba de Naruto. El sexto Hokage —Naruto... Naruto se marchó para arreglar eso... Por favor, espera unos días... hasta que regrese.

El Uchiha suspiró y bajó la cabeza hasta apoyar los labios suyos en la coronilla de Sakura. Ambas manos sujetándola por los hombros —¿Y cuando Naruto fracase? ¿Qué sucederá?

Sakura cerró los ojos —Él no fallará. No... —Naruto no fallará.

—No creo que seas tan inocente.

No. Ella lo sabía, la posibilidad estaba y era alta. Sasuke había cometido muchos crímenes en su vida. Había sido parte de Akatsuki temporalmente, había asesinado a ambos ancianos del consejo de la aldea y había matado a Danzou. Seguro, probablemente nadie –o casi nadie- se lamentaría sus muertes pero era algo que ninguno podía ignorar.

—Entonces, podrás irte —aseguró—. Solo... espera a que Naruto regrese.

Él asintió y la besó una vez más. Solo que esta vez el beso fue más lento y pausado. Sabía que no era lo mejor permanecer en la aldea por más tiempo. No era seguro. Ni para él ni para el resto. Si alguien sabía que él estaba en Konoha lo más probable era que declararan una guerra contra ellos. Y a pesar de que odiaba todas las mentiras sobre las que la aldea había sido erigida. Y a pesar de que la decepción de vivir toda su vida en una mentira era demasiada, no podía obligarse a desear destruirla. Simplemente no podía. Su hermano había sacrificado toda su vida y las personas que más amaban ambos por ese lugar, por todas esas personas. Había traicionado a su propio clan por mantener la paz en la aldea y en el mundo, y ahora, tal vez, podía empezar a ver porque lo había hecho. Por instantes como esos.

Toda su vida la había pasado huyendo y sumido en la más siniestra oscuridad, y por primera vez en mucho tiempo se encontraba deseando realmente volver a casa. A ese lugar que todos llamaban hogar, si es que tal lugar existía para él.

—No puedo prometerte nada.