Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojos de Inuyasha Ahaaa v_v… Oh cierto los MacKeltar y todos los highlander son creación de Karen Marie Moning, aclarado esto aquí vamos
Ashita ne Nareba
Mimi Chan
Capitulo 18
Milagros
El tiempo parecía congelado aunque eso no fuera posible, mientras estaba cerca de él, sintiendo la calidez de sus labios sintió que el tiempo literalmente se detenía, sintió lagrimas pesadas en sus ojos y un único pensamiento parecía habitar su mente "he esperado esto por toda mi vida" aunque no tuviera lógica ninguna.
Lentamente el hermoso hombre de ojos dorados la dejó ir pero ella se mantuvo cerca incapaz de alejarse de él, temblaba como si estuviera en medio de un mar helado, tenía tanto frió y miedo y un millón de cosas más que no sabía explicar.
- Di mi nombre – fue lo primero que pudo decir, abrió sus ojos y se vio reflejada en los ojos de Sesshomaru llena de miedo – di mi nombre.
Esperó… esperó… pero los labios de él no se separaron, un bloque del más frió hielo se instaló en su estomago y sintió que nunca se derretiría, se apartó de él a pesar de la resistencia que él puso de por medio, volteó con los ojos llenos de lagrimas y camino sin poder ver.
- Lina – Kagome avanzó hasta donde ella estaba y la sostuvo, parecía que estaba a punto de caer en el piso – Lina, ven vamos adentro.
La chica solo se dejó conducir por la persona que la ayudaba, de momento no podía colocar la voz en ninguna persona pero había colocado su brazo por su cintura y la ayudaba a caminar.
- Espera – la llamó Sesshomaru y avanzó a ella antes de que Inuyasha se pusiera en su camino.
- Déjala ir – dijo parado justo frente a él sin dejarle dar un paso más, dispuesto a proteger a Lina y a Kagome de cualquier tipo de amenaza.
- No te metas en mi camino hanyou – le dijo su medio hermano mirándolo con ira a los ojos.
- ¡Déjala en paz ahora!
Sesshomaru miró a la criatura delante de él que no tenía nada que ver con el Inuyasha que él había conocido, sus ojos color dorado habían resplandecido y brillado desde el interior de sus pupilas, y su voz había sonado como una docena de voces diferentes una sobre la otra pero ninguna le pertenecía a él, una presencia poderosa había tomado control momentáneo de él y había dictado una orden tan firme que ni siquiera él se veía capaz de no obedecerla.
- ¿Quién eres tú? – preguntó desconcertado por el propio impulso de retroceder, irresistible, imposible de rechazar.
- Soy yo Sesshomaru – dijo Inuyasha quien en un segundo había vuelto a ser completamente él, no disfrutaba de usar este encantamiento druida en especifico, pero siendo Sesshomaru "tan" como era, no había visto una medida más eficaz de detenerlo – Inuyasha.
- No lo eres – dijo con seguridad.
- Lo soy – dijo un poco divertido, había sentido sobre sus propios huesos ese hechizo antes, no había sido agradable y mucho menos para Sesshomaru que nunca había retrocedido ante nada – solo que en 400 años he aprendido cosas que te sorprenderían y posiblemente no creerías de cualquier modo – dijo imaginando solo una ligera fracción que su hermano nunca comprendería – siéntate conmigo Sesshomaru, hablemos.
- No quiero sentarme contigo y hablar de nada – dijo el youkai más tranquilo al poder expresar en voz alta esa voluntad – todo lo que quiero es alcanzar a Rin, así que retira lo que sea que hayas puesto sobre mí.
- ¿Por que no dijiste su nombre? – dijo el joven hanyou ignorando toda la perorata de Sesshomaru
- Ella no quiere escucharlo – respondió Sesshomaru.
Inuyasha negó con la cabeza y se sentó bajo el banco que tenía sombra del viejo árbol antiguo. Sesshomaru no se sentó a su lado pero lo siguió, ¿Carga residual de "la voz"? no se detuvo a pensar.
- Déjame preguntarte una cosa Sesshomaru – dijo Inuyasha mirando a su medio hermano de pie delante de él – ¿Cómo crees que los humanos maduran?
- Ellos envejecen muy rápido – respondió – no creo que tengan tiempo de madurar.
- La mayoría de ellos no lo hacen – concordó Inuyasha, aunque sin la nota despreciativa de Sesshomaru, lo cierto era que su vida era tan corta que lograban aprender muy poco – pero adquieren una pequeña carga de conocimientos que depende enteramente de su época. Viven sus vida como la época en la que existen los moldea, según el ambiente, las personas y como se conducen las sociedades – le explicó con calma como lo haría a un niño pequeño, pero el concepto era lo suficientemente difícil para que la explicación tuviera que ser así – Lo que ellos poseen a cambio de sus pequeñas y cortas vidas, es un alma inmortal, ellos morirán y renacerán muchas veces con la misma alma para vivir de una forma diferente cada vez.
- ¿Donde has aprendido eso? – preguntó Sesshomaru picado en su curiosidad, era la primera vez que escuchaba algo así.
- Te lo dije hermano no creerías la mitad de las cosas que he aprendido con el tiempo – dijo Inuyasha con una sonrisa – algunas veces incluso a mi me costo trabajo asimilarlo.
- No me importa de cualquier modo – dijo Sesshomaru – ¿Qué tiene eso que ver con Rin?
- Todo, Sesshomaru – dijo Inuyasha más serio – si Rin no hubiera muerto ¿Crees que seguiría siendo la misma? – insistió – si su vida hubiera sido tan larga como la nuestra ¿Crees que hubiera sido siempre la misma muchacha que conocimos hace 400 años?
Sesshomaru no respondió ponderando el alcance de su pregunta que no tenía sentido para él, era una pregunta inútil, eso no había pasado, ¿Para que preguntárselo?
- El alma es maleable Sesshomaru – continuo Inuyasha - pero incorruptible en esencia, la forma en que está cambia dependerá de la vida de cada humano, les fue dada esa alma para que residiera dentro de ellos, como vivan su vida moldeara su alma, cuando mueren la cuenta empieza de nuevo, las memorias quedaran guardadas en algún lugar, pero vivirán su vida desde cero y se formara lo que ellos llaman naturaleza propia, personalidad.
- No entiendo lo que tratas de decirme – dijo con molestia el youkai – así que deja de dar rodeos.
- Lo que intento decirte es simple – dijo con dureza Inuyasha – si no logras amarla como es ahora, es que realmente nunca lograste amarla.
La frase quedó suspendida en el aire como un maleficio, el viento que anunciaba a la primavera a punto de llegar corrió pero ni siquiera él logro llevarse esas palabras de en medio de los dos hermanos.
¡Que no había logrado amarla de verdad! ¡Como podía él saber eso, como se atrevía solo a insinuarlo! ¡Que sabía él de lo que había sentido o dejado de sentir por Rin! Pensó Sesshomaru con ira con los puños crispados y los nudillos blancos.
- Y me niego a creer eso – continuo Inuyasha al ver la evidente molestia de Sesshomaru pero quizás era mejor que su animo estuviera picado, quizás eso llamaría más la atención de él sobre sus palabras – la penaste cuando murió, protegiste su estirpe después de que ella se fuera y valoraste su recuerdo el tiempo suficiente para estar aquí de nuevo por ella. Pero deberás aprender a amarla de nuevo si quieres estar con ella, si no estarás condenado a no poder tenerla nunca.
- ¿Que sabes tu? – le espero Sesshomaru a su medio hermano
- ¿De verdad me lo preguntas? – dijo con cierta ironía – viví con Kagome un suspiro de tiempo, igual que tú; la ame con cada fibra de mi ser y le jure lealtad eterna, igual que tú; la vi morir en mis brazos sin poder hacer nada para detener a la muerte, igual que tú; - dijo con el dolor aun presente de todo aquello – he vivido estos 400 años obsesionado con la sola idea de encontrarla de nuevo, igual que tú; y finalmente al haberla encontrado pensé por un momento que la perdería para siempre, pero estoy con ella por que la amo de verdad.
- Igual que yo – la verdad se escapó de su boca sin poder detenerla, la amaba, no había dignidad alguna de reconocer eso ante su medio hermano, pero estaba más allá de la dignidad en ese momento.
- Tienes una oportunidad y aunque no has pedido mi consejo de todos modos te lo daré – continuo Inuyasha – estar aquí, en este momento los dos es como… un milagro. Mírala, mira más allá de los que los ojos de tu carne pueden ver, y veras sin duda alguna el alma de Rin que yace dentro de ella, dentro de una persona nueva, Rin… Lina es en esencia la misma persona que conociste pero ha cambiado, incluso su nombre ha cambiado, si puedes amarla aun sobre eso, entonces es verdadero y podrás decir su nombre.
Por primera vez los dos hermanos se miraron a los ojos sin ninguna ira, dos personas que habían vivido el mismo tipo de dolor, finalmente algo había sido igual para los dos, algo los identificaba, que ironías del destino.
- Ella me teme ahora – dijo Sesshomaru alejando su mirada de él.
- Puedo arreglar eso – le respondió – lo haré por ti.
- ¿Por que harías eso por mí? – le preguntó con obvio escepticismo.
- Hace mucho tiempo un hombre me dijo algo que me dio esperanza – dijo a su vez Inuyasha – viví por esa esperanza y alcance la felicidad, nunca encontré la forma de darle las gracias, está sería una forma.
Sesshomaru no dijo nada más, dio la vuelta y dio un par de pasos y de pronto se detuvo.
- Inuyasha – dijo con voz sombría – no te has preguntado ¿Por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? Volverá a pasar lo mismo otra vez sabes, ellas envejecen rápido, mueren en apenas un soplo de tiempo, volveremos a perderlas, no podemos seguirlas aunque queramos.
- Supongo – respondió Inuyasha – que es mejor ese soplo de años que nada en absoluto.
- Si – dijo aun dándole la espalda – supongo.
Siguió avanzando dejando a su medio hermano a su espalda.
Inuyasha sonreía, no, no era bueno decírselo ahora, si conseguía amar a Lina quizás podría compartir con él lo que había aprendido.
Se levantó del banco y avanzó a la casa, adentro la madre de Kagome subía con una botella de sales así que la siguió suponiendo que estaba arriba con Lina, no se equivoco, Kagome la había puesto en su cama, la otra chica se veía inconciente.
- Gracias mamá – dijo Kagome recibiendo la botella de su madre – estoy segura que solo ha sido el sol, ya sabes lo acelerada de es Lina.
- Si lo se – dijo con tranquilidad la mujer – pero déjala descansar un momento, los veo abajo chicos.
La mujer dándole una palmada a Inuyasha en el hombro los dejo solos en su habitación. Inuyasha se acercó hasta donde estaba la joven tendida y puso una mano sobre su frente.
- Inuyasha… - Kagome lo miró con curiosidad.
- No le haré daño – dijo el joven mirando a la joven inconciente.
Kagome escuchó la voz de Inuyasha en un idioma que nunca había escuchado de sus labios, lírico y profundo, para ella inteligible y una atmósfera pesada se formó en el cuarto, la mano de él adquirió un color negro y rojo donde símbolos se dibujaron y luego de perdieron en su piel, todo fue solo unos segundos luego retiró su mano.
- ¿Qué le hiciste? – preguntó algo inquieta en las largas platicas que había tenido con Inuyasha esos días sabía que había aprendido muchísimas cosas sobre magia druida.
- Le quite sus últimos recuerdos – le respondió el joven hanyou.
- ¿Que? – inquirió de nuevo con incredulidad Kagome.
- Ella estaba asustada – dijo como justificación.
- Pero…
- Te prometo que todo estará bien Kagome.
Ella quiso discutir, quiso saber como es que él había sido capaz de hacer algo como eso y como es que ella iba a estar bien después, pero la joven de la cama empezó a despertar.
- Lina – la llamó Inuyasha.
- Inuyasha…
- ¿Lina estás bien? – le preguntó ansiosa Kagome.
- ¿Donde estoy? – dijo intentando abrir los ojos.
- Hey chica has estado trabajando demasiado ¿verdad? – dijo con naturalidad Inuyasha – supimos que estuviste trabajando un tiempo en Kyoto.
- ¡Por Dios! dime que no me desmaye - dijo apesadumbrada – los Hanami no se desmayan.
- Bien no lo diré – dijo con una sonrisa el joven de ojos dorados – pero eso paso.
- Oh Kag – dijo la chica levantándose de la cama despacio – discúlpame de verdad debí asustarte, la verdad creo que si me he estado pasando un poco y he estado un poco tensa.
- ¿Seguro estás bien? – preguntó insistente su amiga.
- Claro, oh me da tanto gusto que estén aquí – dijo la chica y abrazó a su mejor amiga – Kagome tengo tanto que contarte, han pasado tantas cosas desde que no estuviste aquí.
Solo cuando Inuyasha vio que Kagome estaba más tranquila se relajó y se levantó de la cama apartándose un poco de las dos chicas.
- Kagome debo ir a mi casa – le dijo finalmente, había querido evitar un poco más la separación pero asumía que las dos necesitaban hablar – seguro tengo un montón de llamadas que entender, había empezado un par de inversiones aquí antes de irme y seguro mi contador estará deseando verme.
- Está bien.
- Yo le diré a tu mamá que Lina está bien, platiquen tranquilas, pero volveré mañana ¿Bien?
- Bien.
Inuyasha se inclinó a ella y puso un beso intenso en sus labios, solo posando sus labios sobre los suyos con moderada presión pero como si con eso pudiera llevarse un trozo de ella. Cuando se separó de ella inclinó la cabeza hacia Lina que los miraba asombrada y salio de la habitación.
Kagome sintió un loco impulso por seguirlo y no dejarlo ir, los últimos días habían pasado las 24 horas juntos y su presencia se había vuelto tan natural como respirar, era la primera vez en semanas que se separaban.
- ¡Auch! – dijo Lina con una sonrisa – si yo tengo cosas que contar seguro tú muchísimas más.
Kagome regresó a tierra al escuchar a su amiga y de pronto se preguntó que sería práctico platicarle y que cosas no.
- Tu primero – dijo dándose tiempo para pensarlo.
- Bueno todo empieza y acaba con dos palabras – dijo Lina con un suspiro – Sesshomaru Taisho.
Era muy entrada la noche cuando regreso al templo, era más bien extraño regresar al templo por las escaleras cuando lo había hecho siempre por el pozo, incluso las ocasiones que había regresado en ese tiempo siempre se quedaba vigilando desde la pequeña pagoda del pozo devora huesos, en parte por que sabía que nadie entraba allí y en segunda por que a pesar del tiempo le era familiar. Así que el pensamiento de que llegaría al templo y iría directamente a ella era algo nuevo, evidentemente agradablemente nuevo.
Pero cuando llegó al atrio se dio cuenta de que ella no estaría en su habitación, su presencia estaba cerca de allí. Caminó hasta llegar al goshimboku y como imaginó allí estaba ella, vestía un pijama amarillo y estaba sentada allí tranquilamente, alumbrada con una vela, un tímido viento hacia tintinear la llama de la vela, cuando sus miradas se cruzaron la sonrisa de ella se extendió y sin pensarlo un segundo él fue a ella.
- ¿Que haces aquí? – le preguntó sentándose a su lado.
- Desde que era una niña he estado esperándote aquí – dijo con cierta diversión – hace algún tiempo te lo dije, recuerdas. Cuando daba la noche y estaba segura de que todos dormían yo salía con una vela y esperaba a Kingin, miraba con insistencia las escaleras y esperaba verlo subir y que viniera y jugara conmigo, pero nunca volviste.
- Kagome… - dijo con pesar, imaginaba a la pequeña niña saliendo se su habitación en la noche oscura y esperar por horas a una persona que no regresaría.
- Supongo que lo entiendo – dijo ella tratando de aliviarlo al ver su expresión apesadumbrada – iba a ser un poco raro que con el chico que jugaba cuando era niña, de pronto volviera a aparecer cuando era una mujer y además se viera exactamente igual después de los años.
- Habría deseado mucho volver a verte, pero tu lo has dicho habría sido muy extraño – dijo avanzando hasta ella y puso sus labios cerca de los suyos – pero ahora Kagome, no hay poder humano o divino que haga que le aleje de ti.
Kagome de buena gana subió sus brazos y rodeó su cuello para entregarse a un apasionado beso. El tiempo del mundo no parecía suficiente para demostrarse todo su amor, centurias de buscarse en el tiempo para volver a amarse solo podían ser compensadas con el doble de tiempo para amarse todo lo que no habían podido amarse y todo lo que deseaban hacerlo de ahora en adelante.
El pensamiento traidor pasó por la mente de Kagome, ella no tendría tanto tiempo, él seguiría viviendo de nuevo después de ella y no sabía cual era la real posibilidad de volverse a encontrar.
- Kagome… - Inuyasha detectó el repentino cambio de humor de su mujer y se sintió preocupado.
- Lina está muy enamorada de Sesshomaru… otra vez – dijo la chica para no alertarlo más – estuvimos platicando un muy buen rato en la tarde, no recuerda haberlo visto hoy, pero aun así está aterrada por él.
- ¿Aterrada? – preguntó confundido el joven hanyou.
- Vamos Inuyasha – dijo medio divertida la chica – Sesshomaru asusta, no importa si viste de Armani o armadura con estolas.
- Supongo que tienes razón – convino él – pero no imagine que él pudiera intimidarla incluso a ella, no puedo siquiera imaginar como la ha estado tratando.
- Como una princesa – dijo la chica – en realidad solo han salido un par de veces y él ha sido divertido, amable, seductor, y con un humor negro que a ella le fascina, es por eso que está tan asustada, por que siente que se está enamorando como una loca y no tiene dos meses de conocerlo, si él llegara mañana y le propusiera matrimonio estoy casi segura que aceptaría.
- Wow – masculló él con una amplia sonrisa.
- Tú lo has dicho – dijo divertida recargando su cabeza sobre su hombro – ¿Y él…?
- Oh él también está loco por ella – dijo para tranquilizar a su mujer – tendrías que verlo, parece increíble, había sido suficientemente raro que la tuviera como compañera antes, pero todos sabíamos que solo la criaba como a un cachorro, pero ahora, sus intenciones son completamente diferentes.
- Bueno en realidad Sango y yo siempre pensamos que Sesshomaru estaba enamorado de Rin – dijo ella escarbando en las memorias de su primer vida, por raro que aun le resultara – pero era demasiado orgulloso para aceptarlo – dijo la chica – su actitud con Ai después de aquello solo lo confirmo, ¿Lo recuerdas?
- Si.
Para quien era realmente curioso recordarlo era para Kagome, pero allí estaban todos esos recuerdos. Después de que Rin hubiera muerto Sesshomaru estuvo tan cerca, como Shinta le permitió, de Ai, los primeros meses fueron vitales, la niña era tan pequeña que lo que Sesshomaru había hecho era lo que realmente le había salvado la vida, además de leche había procurado siempre que estuviera caliente, le había llevado pieles y conseguido cada remedio que había escuchado para incrementar su fuerza, lo que había hecho a Ai increíblemente fuerte para una niña nacida en sus condiciones después le había hecho muchos regalos, siempre ella como la intermediaria, puesto que Shinta era muy celoso de la pequeña, kimonos, pinturas, papiros para leer y escribir, pero su relación nunca llegó a ser la misma que son Rin, para todos era evidente.
- Y después con los hijos de Ai – agregó Kagome – me pregunto si siguió haciendo lo mismo después.
- Es probable – le respondió Inuyasha – tú lo has dicho es una criatura orgullosa, posiblemente fue de ese modo en que volvió a encontrar a Rin.
- Ellos harían tan linda pareja sabes – dijo con un suspiro corto – tu hermano es justo el tipo de Lina, un hombre educado y seductor y aparte forrado de dinero que más podría desear una chica.
Inuyasha no respondió pero en la posición que Kagome estaba pudo sentirla vibración de un gruñido mudo en u garganta así que subió su cabeza para mirarlo, él la miraba con una expresión levemente molesta.
- ¿Un hombre que la hubiera amado durante 400 años? – dijo finalmente el hanyou con cierto filo en su voz
- ¿No me iras a decir que estás celoso? – dijo realmente divertida la chica.
- Porque tendría que hacerlo – dijo él y reclinó su boca en su cuello – eres mía Kagome, mi compañera hasta la muerte.
Ella quiso decir algo más solo para picarlo, pero él presionó sus colmillos en su cuello, en el justo borde de la garganta y el hombro y ella se arqueó de inmediato, había algo demasiado primitivo e instintivo en esa caricia, que despertaba de inmediato el instinto de ella.
- Inuyasha… no aquí – sabía que él conocía perfectamente todos sus puntos sensibles, un par de besos y ella desearía estar a horcajadas sobre él – es un sitio sagrado
- Nunca te importo antes – dijo el sin abandonar, bajo sus labios podía sentir el pulso de Kagome ir más rápido.
- Hace 500 años no había un templo aquí – se defendió y trató de apartarse, pero él presionó sus colmillos en su cuello y ella no se quiso mover.
- Ven conmigo está noche – dijo él soltando su cuello pero puso sus labios sobre su oído y la caricias hizo que la chica se lamiera los labios que se habían secado – nadie lo notara.
- Oh… no creo que sea una buena idea – dijo la chica con su sentido común caminando a mil por hora con una competencia letal contra su instinto – mamá podría ir en cualquier momento a mi habitación, peor aun podría hacerlo papá.
- Yo creo que es una idea excelente – dijo el ignorándola y pasando sus brazos por su cintura – de cualquier modo en poco tiempo estaremos casados, a tu mamá no le importara y a tu papá… bien puedo borrar sus recuerdos.
- Oh no – dijo alterada – ningún tipo de trabajito de "Yoda" con mi padre.
- No Yoda no – dijo insistiendo sobre su oído – en este momento lo único que me aparece es jugar al conde Drácula contigo.
Oh my… si Inuyasha seguía haciendo eso era muy capaz de convencerla de ir con él, sintió un escalofrió largo que la recorrió de arriba abajo cuando él recorrió con sus garras su estomago y devoró sus labios. Por un momento que pareció excesivamente largo el recorrió su boca con un descaro completo apoderándose de su razón sin que ella pudiera mantenerla un solo segundo más de su lado.
- Ven conmigo… - insistió él hablando sobre sus labios, prodigándole suaves caricias sobre ellos con los suyos propios.
- Si – apenas alcanzó a susurrar.
En un movimiento mil veces practicado la subió sobre su espalda y partió con ella de ese lugar.
Verte aquí es contemplar lo que fue lo que será
Mi vida mi vida junto a ti
Solo podía decir que amaba como la miraba, los ojos de Inuyasha se llenaban de una luz imposible de describir, como si hubiera millón de lágrimas allí guardadas, millares de risas y centenares de suspiros. La miraba… como si ella fuera un milagro, no había una mejor manera de describirlo, como si verla fuera lo único para lo que deseara tener ojos y cuando ella cabía en la conciencia de lo mucho que se habían estado esperando uno al otro, sentía que debía mirarlo igual y quizás lo hacia, pero no ella no podía verse a si misma.
Y en esos momentos se llegaba a preguntar si la miraría así siempre, si tendría suficiente corazón para mirarla de la misma forma todo lo largo de su vida, si no habría un momento en que no tuviera más amor que dar por que lo había agotado.
Pero cuando él la rodeaba en sus brazos cuando besaba sus labios como si el mundo no caminara más, probaba y provocaba sus labios como si el mañana no existiera, se daba cuenta de lo tonto que era su razonamiento, tenían centurias de amor que compartir en décadas y con su corazón y su alma haría lo que fuera por que aunque fueran solo 20 años juntos, amarlo tanto que la vida de él, fuera ese momento y lo acompañara para siempre cuando ella no estuviera más con él.
Es claro que no pudo ser de otra forma ya lo ves
Mi vida estaba escrita así
Solo deseaba sentir, olvidar y alejar a su mente del constante pensamiento de que habían pasado tantos años lejos, lo único importante era ese momento, ese preciso instante, en que ella podía besar su piel, recorrer sus manos por su piel calida, por su cabello suave y besar sus labios, lo único importante, lo realmente substancial era ese momento del que estaba formada la vida, nunca, en ningún otro lugar se sintió tan viva como en esa habitación, con la luz de una lámpara iluminando desde un rincón, con sus labios recorriendo por su cuello por su hombro y como cada centímetro de su cuerpo respondía con entusiasmo a lo que iba a venir.
Cuantos años amándolo aun sin saber que era él, que siquiera existía, su vida estaba escrita así, había nacido cada vida solo para poder amarlo, no sabía cuantas veces podía haber renacido, solo podía saber que en cada una de ellas lo había amado tanto como la primera vez. Lo había esperado siempre a él, solo a él, no había podido ser de ninguna otra manera.
Te encontré y te perdí tantos no, hoy dicen si
Cuando estuvieron los dos juntos en el futon sobre el piso, sintió la presencia de miles de veces de haber sido suya y la expectación como si fuera la primera vez, él enredó sus manos en su cabello sintió el filo de sus garras por su cabello y besó su boca con la misma ansia que lo había hecho cada vez, como si cada una de ellas fuera única e irrepetible.
Y ella sentía que había perdido tanto tiempo, si lo hubiera logrado reconocer desde la primera vez que lo había visto, hubiera ido a él lo hubiera abrazado contra su pecho y no se hubiera movido de allí en horas, en días, solo con la entera felicidad de encontrar lo que por tan largo tiempo había perdido. Se sentía avergonzada y culpable por todos los "no" que había dicho antes, todo el dolor que le había causado que de ahora en adelante solo deseaba decir "si" mil veces si, para siempre si.
Nuestro ensayo término, nuestro tiempo al fin llego, mi vida lo dice el corazón,
Y no espacio ni lugar que nos pudiera separar.
Y ahora mirando sus ojos dorados solo deseaba que el instante no terminara, deseaba decirle de nuevo que su tiempo había llegado, que el mañana finalmente los había alcanzado y que jamás tendrían que volver a estar separados, su corazón le decía que él quería y necesitaba escucharlo mil veces más. Lo abrazó recorriendo la calidez de su espalda y lo atrajo más cerca, besó sus labios con lagrimas en los ojos maravillada del milagro que representaba estar de nuevo con él, de poder hacerlo suyo en cuerpo y alma de nuevo, de la ternura infinita, de la exclusiva devoción de su amado Inuyasha para con ella.
Cuanto espere volverte a ver, siento que es la primera ver amor
Me trajo aquí tu voz a tu lado
- Kagome…
La joven sintió que el corazón le iba a explotar en ese momento, cuando decía su nombre había una nota de desesperación que la hacia sentir como si fuera mucho más que una simple mujer, como si fuera para él, ante sus ojos algo mucho más grande y maravilloso, como si no pudiera creer que pudiera tocarla, besarla, amarla, como si esperara que ella desapareciera en el aire en cualquier momento, tomó su rostro entre sus manos y lo besó con todo el amor en su corazón, queriendo convencerlo de que no era así, de que estaba allí y que mientras tuviera vida no volvería a ir a ningún lugar.
- Aquí estoy – dijo ella sobre sus labios – soy yo Inuyasha.
Como soñé volverte a ver
Entre tus brazos yo me siento bien encuentro la razón de mi vida
Inuyasha necesitaba mucho más que tocarla para poder creer lo que ella le había dicho, necesitaba oler su aroma, probar sus labios y escuchar su voz, horas y horas seguidas una detrás de la otra para estar seguro de que era real, que no soñaba como lo había hecho un millar de veces, la había visto en sus sueños tantas veces y siempre al despertar ella nunca estaba allí, tenía miedo todo el tiempo que de nuevo fuera así.
Pero eran sus labios, era su piel, era su aroma, no era su imaginación, podía sentir sus manos pequeñas recorriendo su piel como lo había hecho miles de veces, sus labios suaves besando su piel y el suave jadeo de su voz mientras la tocaba, por todos lados, sin poder concentrarse en un solo lugar, queriéndolo todo y al mismo tiempo, recorrer la curva de su cintura con sus manos, besar la cima de sus senos, lamer, morder la curva donde su cuello y su espalda se hacían uno, recorrer sus manos por entre sus piernas hasta sentirla arquear su espalda y brillar el sudor sobre su piel.
Quería darle todo, quería despertar cada uno de sus sentidos, hacerla sentir tanto que no pudiera pensar en nada más que él y sus manos, y su boca recorriéndola, no solo para ella, si no también para él, allí, en sus brazos era el único lugar donde él se había sentido feliz, al único lugar donde pertenecía, cuando ella lo aferraba con sus brazos, cuando sentía en todo el cuerpo su calor, se sentía tan bien, tan amado.
Ella era la razón de su vida, sin ella hubiera estado condenado a vivir como un fantasma sin pertenecer a ningún lugar, sin poder estar con nadie y extrañándola siempre como un desgraciado, no sabía por que le habían dado está segunda oportunidad, pero se sentía tan agradecido de poder tenerla.
Tu recuerdo alimento la esperanza que al final mis días tendrían tu calor.
Saber que estabas por allí fue lo que me hizo seguir
Había valido la pena, eso es lo único que podía pensar en realidad, había valido la pena la espera, la esperanza que pudo haberlo destruido había tenido frutos al final. Los años en Escocia cada crepúsculo mirando las brillantes noches de las highlands deseando que ella estuviera allí, las horas interminables de estudio buscando las armas para alcanzarla, cada mes, cada año, cada década esperando que el tiempo pasara a prisa para volver a verla, con la mínima esperanza de que un día podría volver a estar así, un cuerpo contra el otro desnudos llenos de calor.
Ver sus ojos marrones llenos de lagrimas dulces lo llenaban de la mayor humildad del mundo, besó sus lagrimas las bebió con la mayor dulzura posible, eran parte de ella también prueba fehaciente de que era ella, la que estaba bajo su cuerpo, sus piernas entrelazadas, su cabello entre sus manos.
Dios se sentía tan agradecido por haber conservado siempre la esperanza, por no rendirse nunca. Saber que ella estaría allí después de 400 años era lo único que lo había hecho seguir, el deseo de alcanzarla de nuevo, de volverla a amar y estar allí, sentir sus besos y su amor eran mucho más de lo que se había atrevido siquiera a soñar.
Cuanto espere volverte a ver, siento que es la primera vez amor
Me trajo aquí tu voz a tu lado
Kagome aferró sus brazos con toda su fuerza, arqueó su espalda cuando sintió como entraba en su cuerpo, jadeó profundamente, él se quedo quieto después de estar dentro de ella, había mucho más que la mera sensación de tenerlo adentro, era la conciencia de ser una con él que la golpeaba casi como un rayo, no quería que estuviera quieto, habían llegado al punto donde los pensamientos no tenían cabida dentro de las sensaciones, se vio empujando su propia cadera hacia él para sentirlo más profundamente y el gruñó con esfuerzo, se estaba conteniendo para no lastimarla y ella se sintió enternecida por su consideración, pero estaba mucho más allá del dolor, la primera vez había sido dolorosa, pero tan mágica que no había podido sentirlo, ahora, solo quería su placer y el de ella misma mezclados.
- Inuyasha… lo atrajo a su pecho y se meció suavemente contra él – por favor.
Como soné volverte a ver
Entre tus brazos yo me siento bien, encuentro la razón de mi vida
Inuyasha se vio imposibilitado para decir no, para negarle lo que le pedía, lo que el mismo deseaba con una ferocidad que lo lastimaba, miró sus ojos de nuevo buscando lo que deseaba en ellos y la necesidad estaba tan abierta para él dentro de sus mares de chocolate tempestuosos sin esconder nada, lo quería todo y eso era lo que él deseaba darle, la veía allí recostada entre las sabanas de seda negra de su futon, temblorosa de deseo, controlando a duras penas el temblor de su cuerpo, no la haría esperar más.
Hubiese deseado ser más delicado, pero estaba mucho más allá de aquello, levantó su cadera para ir más profundamente dentro de ella, buscó con su boca en su cuello y cuando encontró el lugar sus colmillos se volvieron a enterrar en el mismo lugar donde ya la había marcado, la levantó del futon para sentarla en su regazo sin separarse de ella mientras ella emitía un largo y profundo gemido que encendió aun más su deseo.
Se entregó a ella con una intensidad dolorosa, retirándose solo para volver a sumergirse en ella controlando el movimiento de sus caderas con sus manos mientras ella gritaba y él gruñía en su hombro dejando que el placer los envolviera y arrebatara juntos, él hundiendo su miembro dentro de su calor, ella aferrada a su cuello y su cabello medio gritando, medio gimiendo, exigiendo, rogando.
Su mundo entero, cada respiración y cada latido, estaban enfocadas en la mujer en sus brazos, su mujer, para siempre en sus brazos.
Nunca hubo un adiós fue una pausa entre tú y yo, en
Se empujó dentro de ella, dura, rápida y profundamente, hasta que se sintió casi aloquecido por una necesidad salvaje, casi sentía que no podría sobrevivirá este momento pero no le importo, si moría en este momento lo haría feliz fundido dentro de ella, parte integral de ella misma para siempre, empujó y devastó hasta llegar al limite de su deseo y como una cuerda tensada por demasiado tiempo se rompió y cayó sobre ella entre las sabanas empujando tan duro que debía estarla lastimando pero no podía evitarlo, aferró sus cuello y gruñó sobre su piel de una forma tan salvaje que parecía casi despertar su presencia demoníaca.
La historia de los dos
Kagome grito, una mezcla de dolor y placer la encerró, cuando las paredes de su interior envolvieron a Inuyasha, sintió justo el momento que su control se rompió junto al suyo en un grito de éxtasis total, como si la hubieran arrastrado fuera del mundo, era una con él, se entregó a su cuerpo sobre el de ella mientras la olas continuas de un orgasmo que parecía interminable la arrastraban a él, lo aferró con todo lo que podía, con uñas y dientes, dejo que el placer, la ahogara, la elevara, le quitara el aire por completo, él la abrazaba tan fuerte que casi no podía respirar, pero no necesitaba al aire más de lo que lo necesitaba a él, se aferró a él, mientras las olas de aquel orgasmo la aplastaron y la hundieron y se dejo ir, a un lugar de luz y oscuridad, sin sonido solo sensaciones.
Cuanto espere volverte a ver, siento que es la primera vez amor, me trajo aquí tu voz a tu lado
El éxtasis poco a poco empezó a retroceder, se sintió vaciado y al mismo tiempo tan pleno como nunca en su vida, tan vivo como si un nuevo cuerpo hubiera sido formado para envolver su alma y aquel cuerpo tenía piezas pequeñas de su Kagome por todo él.
Como soñé volverte a ver, entre tus brazos yo me siento bien, encuentro la razón de mi vida
Kagome regresó a la vida y a la luz de nuevo sintiendo el peso de Inuyasha sobre su cuerpo, sintió las lagrimas de él sobre su cuello y guardó silencio solo acariciando su cabello, ella sentía sus propias lagrimas en sus ojos agolpadas peleando por poderse derramar. Pronto acabarían esas lágrimas, Inuyasha cada día se convencería poco a poco que ella realmente estaba allí y no se iría.
Sentía los ojos tan pesados, los cerró y antes de poder notarlo se sumió en un profundo sueño.
Verte aquí es contemplar lo que fue lo que será
Mi vida mi vida junto a ti.
Casi amanecía cuando ambos saltaron por la ventana de la habitación, Kagome echó una mirada primero para ver que nadie la hubiera visto salir y la estuvieran esperando, al parecer la casa estaba en silencio y tranquila.
Abrió la ventana con cuidado y entró en la habitación, Inuyasha se sentó en el filo de la ventana con una sonrisa satisfecha.
- Quita esa sonrisa de tu cara Inuyasha – dijo la chica con voz baja. Una hora antes había despertado sin saber cuanto tiempo había pasado dormida, no podían ser más de unos minutos pero pudieron haber sido horas – si nos hubieran descubierto…
- En unas semanas serás mía Kagome – dijo son borrar esa sonrisa de sus labios – así que deja de temerlo.
- Bueno – dijo ella a la defensiva – si se dan cuenta que nos escapamos por las noches seguro que nos quitan su consentimiento.
El respondió con hechos, su mirada se había vuelto un poco dura, había avanzado con velocidad a ella y la había encerrado en sus brazos, ella había querido retractarse, decirle que no lo había dicho seriamente, si sus padres hacia unas horas le hubieran dicho no, ella solo hubiera recogido sus cosas y se hubiera ido con él, nada lo separaría de él.
- Te robaría – dijo él sin soltarla – te metería en una bolsa y te llevaría tan lejos donde nadie pudiera encontrarnos.
La besó de nuevo y Kagome sintió un escalofrió por todo lo largo de la columna, sus besos eran… solo indescriptibles se vio a si misma inclinándose hacia delante para recibir más de ese beso, pero fue él quien se hizo hacia atrás para romperlo.
- Malo – dijo ella con un mohín.
- No soy malo Kagome – dijo el besando sus mejillas y su barbilla apenas tocándolo – pero si seguimos, terminaremos haciendo el amor en tu cama y no creo que tus papas aprobaran eso.
"Buen punto" atinó la chica a pensar, la verdad es que él tenía razón… aun así era una verdadera lastima.
- En unas semanas Kagome – dijo él finalmente soltándola – te juro que nada nos detendrá, solo ten paciencia de acuerdo
- De acuerdo.
Puso un beso más sobre sus labios y con un ágil salto, brincó de la ventana al piso de abajo y con pasos lentos se perdió en las ultimas sombras de la noche, solo faltaban unos minutos para que la luz del sol empezara a llenar el cielo de colores multifacéticos.
- Solo unas semanas más Inuyasha.
La chica cerró su ventana y se dejó caer sobre su cama para dormir lo poco que le quedaba de aquel día antes que subieran a despertarla.
Fin capitulo 18
16 de abril de 2010
12:22 p.m.
Nota de autora: ahora bien, yo me pregunto, ¿Aun quedaran personas leyendo está historia? Lo se, mis actualizaciones últimamente han sido una mala broma, se que debí comentárselos, pero soy católica lo que significa que en semana santa corto a la mitad todos mis hábitos, lo que quiere decir que podía leer pero no escribir lo que significaron 10 días de inactividad, pero aquí estoy de nuevo.
Que mejor manera de regresar a la historia de Inuyasha y Kagome que con una demostración, de amor, la verdad es que no sé de donde salio el lemon, no estaba planeado, solo que en un momento estaba escuchando está canción de de "volverte a ver" en una película mexicana que me encanta y dije "wow está canción está perfecta para ashita y aquí está.
Estamos en la recta final y aun faltan cosas por descubrir, ¿Qué será de la relación de Lina y Sesshomaru? ¿Cómo será la tan esperada boda escocesa? ¿Por qué Inuyasha reía ante la perspectiva de perder a Kagome después de algunos años?
Bueno deben quedarse para descubrirlo.
Como siempre solo me queda agradecerles a todos por seguir está historia. En especial a: fabramo, yuiren3, sakurapauan, kuchiki rukia ichi, lerinne, virginia 260, knd.03, athena_s, peachilein, ahome hinata, sele the best, Iloveldess, Zorion, Trish black, minako k, sobre todo a Kagome nekko por los 10 eviews juntos de verdad me alegraron el dia.
Sin más me despido, si me buscan ya sabes donde pueden encontrarme:
Shian shen
Mimi chan
