—¿Estas emocionada?—Ginny alzo la cabeza un tanto distraída y Luna no pudo evitar mirarla con extrañeza. Era la única chica que no se ponía a saltar de felicidad, al recibir una invitación formal.
—Mucho.—susurro luego de lo que pareció una eternidad, ella fue a sentarse a su lado y la tomo de una mano amigablemente. A pesar que llevaba poco tiempo conociéndola, la señorita Ginny le inspiraba confianza, además de que era capaz de hacer sonreír a Harry. Algo que incluso a ella, le costaba de tanto en tanto.
—¿Qué ocurre?—insto con verdadera preocupación, esa mañana había corrido a su habitación para enseñarle la nota que le habían enviado. Pero para su sorpresa, Ginny no había reaccionado como ella esperaba. Lord Corner, no solía ponerle atención, a las nuevas postulantes razón que tan solo logro acrecentar su entusiasmo. Ginny había logrado con tan solo un baile, conseguir que un excelente partido la invitara a pasear en calesa. Aun así Luna no logro despertar su júbilo, quizás ella estaba interesada en alguien más y eso podía comprenderlo.
—No ocurre nada.—intento ofrecerle una sonrisa, pero ella no se creyó su pobre actuación.
—Has estado rara últimamente y ahora que deberías estar preparándote para tu paseo. Te encuentras sentada observando la ventana…no me digas que no ocurre nada, no soy tan tonta.
—Es solo que…no se muy bien que hacer.—Luna arqueo una ceja, sin entenderla por completo.
—¿A que te refieres específicamente? ¿A Lord Corner? ¿A que atuendo deberías llevar? ¿Qué clase de temas podrían hablar? ¿O a que tanta confianza lo vas a dejar tener?—Ginny se giró para mirarla horrorizada.
—¡No sabía que tenía que pensar en todas esas cosas!—exclamo dejándose caer en la cama con exageración, Luna soltó una pequeña risilla. —¿Qué le digo?
—Pues no estoy segura, hiciste algo en el baile que llamo su atención, continua usando esa técnica.—Le sonrió para mostrarle su apoyo, pero Ginny tan solo soltó un bufido.
—No quiero gustarle.—Confeso repentinamente y ella se arrodillo en la cama para mirarla a los ojos, la otra lentamente se incorporó hasta volver a sentarse.—No quiero gustarle.— repitió, como si la primera vez no hubiese sido suficiente.
—Pero es un excelente partido.—Luna no sabía muy bien que decir en esa situación, si ella hubiese recibido una invitación de ese hombre o de cualquier otro, también se sentiría desdichada. Ella ya había escogido a su futuro esposo y no estaba dispuesta a aceptar nada menos, pero ¿Cuál era la razón de Ginny al rechazo? —¿Acaso estas interesada en alguien más?—Ella se encogió de hombros y paso de responder, pero algo en sus ojos le dijo que había dado en el clavo.—¿Quién?
—Nadie…—balbuceó Ginny con poca credibilidad.
—Oh vamos, puedes confiar en mí. No le diré nada a mi madre, es más puedo darte algunos trucos para hacer que Michael Corner, no se fije nunca más en ti.
—¿Puedes?—Luna sonrió complacida, por la reacción suscitada en su interlocutora.
—Solo si me dices de quien estas enamorada…
Mientras caminaba por los jardines buscando un banco donde diera el sol, Luna dejo pasear la vista por los rosales. Hacía mucho tiempo que no se acercaba a sus flores, pues Lady Weasley creía que cuidar un jardín no era tarea de una dama de su clase. Pero era algo que ella disfrutaba, aun así tenía que escuchar los consejos de su madre. Si se atrevía a contradecirla, tan solo acrecentaría las ansias de casarla con alguien y enviarla lejos. Lo que ella menos quería, era encontrar un esposo. Los viejos y rechonchos duques, condes y marqueses de Londres, jamás lograrían despertar nada en su interior. Primero tendrían que atarla a una carreta y jalarla hasta la iglesia, antes de casarla con alguno de ellos. Luna no era estúpida, sabía que no debía apuntar por debajo de su clase. Pero eso reducía mucho sus expectativas, los hombres con títulos elevados, eran viejos o ya tenían un buen número de matrimonios encima. Y ella no quería eso, no quería a un lord que en tres años ya no pudiera correr, quería a alguien vital, alegre, apuesto. Quería a…
—Sir Rolf. —murmuro al notar quien se inclinaba ligeramente sobre su rosal, él se volvió al oír su voz y le expuso una deslumbrante sonrisa.
—Bonjour belle —Luna contuvo un pequeño suspiro y sintió como las mejillas comenzaron a arderle. Eso necesitaba, tan solo dos palabras de él para sentir fuego, en cada partícula de su cuerpo. Desde que tenía siete años, Rolf monopolizaba cualquier recuerdo suyo. El primer día que lo vio supo que se había enamorado, no necesito que él le devolviera la mirada, no necesito oír su voz. Fue amor desde el momento, en que ella supo cómo darle nombre a ese sentimiento. Conforme pasaban los años, Luna intento hacerse de un lugar en su corazón, pero todos sus intentos fueron en vano. Rolf, la veía como a una niña, como a la pequeña hermana de Harry. Y ella comprendió amargamente, que jamás lograría borrar esa idea de su mente. Había tenido que soportar viéndolo ir y venir con su hermano, y todas esas tontas mujeres. Ninguna había significado mucho para él, al menos eso era lo que ella creía, luego de que se fue a Bath le fue difícil seguirle la pista. Tanto Harry como Rolf, disfrutaban con la atención que recibían de las damas y ella pasó toda su adolescencia, tratando de aprender de ellas. ¿Qué hacían para que él las mirara? ¿Qué ropa utilizaban? ¿Cómo sonreían? Copio cada uno de sus gestos, cada una de sus miradas y aun así, seguía siendo invisible para él.
Ahora que lo tenía de regreso en Londres, tenía pensado demostrarle que podía ser una mujer real. Pero siempre que estaba en su presencia, exageraba mucho o hablaba tonterías. Logrando tan solo acrecentar la imagen que él tenía de ella, que aún era una niña. —¿Lu te encuentras bien?—Sacudió la cabeza obligándose a pensar.
—Si.—Rolf no pareció muy convencido, pues la miro con un gesto entre preocupado y cariñoso. ¡Genial! Era la misma mirada que obtenía de Harry. —Yo busco un lugar donde leer.—Alzo el libro que tenía en las manos y él asintió sin quitarle los ojos de encima.
—No te molesto entonces.—Ella lo vio darse la vuelta y sintió ganas de gritarle que la molestara, que no había inconveniente. Pero una vez más las palabras correctas, rehuyeron de su boca.
—Soy una estúpida.
—¿Y eso?—Dio un brinco para encontrarse con su hermano a sus espaldas. —¿Por qué eres una estúpida?—insto Harry con curiosidad.
—Porque tome este libro que ya había leído.— Quiso exponer una sonrisa, pero esta se perdió en medio de su actuación forzada. —Voy a regresarlo.—Al pasar junto a Harry, éste la detuvo por la muñeca.
—Dime que va mal…—Luna se quedó muda, pensando una respuesta que la librase de ese enfrentamiento.
—Nada…solo que extraño a Ginny.—Harry frunció el ceño confundido y ella soltó un suspiro por lo bajo, sabía que mencionar a Ginny lo desviaría del tema.
—¿Por qué la extrañas?
—Hoy Lord Corner la llevo de paseo a Hyde Park y no tengo con quien hablar, eso es todo.
—¿Michael?—Ella asintió notando como la mirada de su hermano, parecía cobrar un brillo particular. Entonces supo lo que veía en él y una sonrisa picarona surco sus labios. Tal vez podía utilizar esto en su favor.
—Le dije a Ginny algunas cosas para espantarlo, si las hace bien, Corner no será un problema.—El rostro de Harry paso de perplejo a meditabundo.
—¿Por qué harías eso?
—¿Por qué no hacerlo? Después de todo quiero que seas feliz.—Harry se cruzo de brazos y se golpeó el labio con el dedo índice.
—¿Ginny te dijo algo?
—Lo necesario.—respondió tratando de mantenerse seria.
—Mm…¿Qué me va a salir?—pregunto atrapando rápidamente la dirección de la conversación, Luna y Harry no necesitaban decirse todo, sus gestos a veces hablaban por ellos.
—Solo necesito información.—Harry arqueo una ceja y aguardo a que ella continuara. —Sobre Rolf.
—¿Qué con él?—Ella rodo los ojos, si había algo que aprendió a hacer desde muy pequeña, era a ocultar sus sentimientos por Rolf. Estaba claro que Harry, ni se imaginaba lo que podría llegar a querer.
—¿Qué clase de mujer le gusta?—Por un segundo su hermano pareció pensar con detenimiento sus palabras, luego súbitamente pareció caer en el juego.
—¡Oh no! Ni lo sueñes…
—¡Pero Harry!—protesto, tratando al menos ser escuchada.
—Él no es para ti.—Sentencio con su mejor voz autoritaria, ella lo ignoro.—Ese hombre es mucho más grande que tu…
—¿Y tú no eres mayor para Ginny?—Él le apunto con un dedo a modo de amenaza, pero por un segundo no supo cómo replicar.
—Es…eso… es diferente.
—¿Qué tiene de diferente?—Lo increpo cruzándose de brazos, él la fulmino con la mirada y tras masajearse la sien con los nudillos, pareció calmarse un poco.
—Escúchame bien pequeña, no te vas a acercar a Rolf. —Ella abrió la boca para responder, pero él la silencio con un ademan.—La diferencia es que yo soy tu hermano y tengo la decisión final, si tengo que casarte con un cerdo lo hare antes de verte a su lado. ¿Entendido?—Luna dio un paso atrás ligeramente afectada, por la tajante amenaza de su hermano. Harry nunca la trataba así, nunca le había prohibido nada. Y ahora se estaba poniendo en plan autoritario, justo en el momento en que ella más necesitaba de su apoyo. Sabía que convencer a su madre no sería fácil, pero en verdad esperaba que su hermano favorito la ayudara.
—Eres un maldito egoísta.—musito con las lágrimas oscilando peligrosamente en sus ojos. —Yo quiero tu felicidad ¿Por qué tú no quieres lo mismo para mí?
—Rolf no te hará feliz.—masculló rudamente, logrando que la primera lágrima se desprendiera de sus húmedos orbes. —Luna, eres joven, bonita…puedes tener a cualquier hombre. Por favor, no hagas que me enoje contigo…
—Pero yo lo quiero a él…—susurro sin ánimos de dejarse amedrentar. Había esperado toda una vida, por esa oportunidad. Y por la tozudez de su hermano, ella no la dejaría pasar.
—¿Acaso él…?—Comenzó y ella noto la amenaza en sus ojos.
—¡No, por supuesto que no! Él ni siquiera lo sabe…—Se apresuró a decir, antes de que Harry encontrara una razón para matar a Rolf.
—Luna es mejor que sea así, si en algún momento te le insinúas, juro por Dios que te vas a arrepentir.—Y sin dejarla replicar, se dio la vuelta para darle tiempo, de juntar los pedazos de su corazón hecho trisas.
Se dejó caer junto a su rosal y soltó una lágrima tras otra, como si de esa forma pudiese cambiar su destino. Estaría obligada a ser infeliz, estaría obligada a callar sus sentimientos. Nunca podría sincerarse con Rolf y él nunca sabría, que ella estaba destinada a permanecer a su lado. Una mano le rozo el hombro pero ella no hizo ningún intento de detener su llanto, sintió como la abrazaban y el familiar aroma lleno sus pulmones, sin que pudiera evitarlo. Él la tomo por la barbilla, obligándola a enfrentar su mirada y tras luchar inútilmente, se dejó vencer.
—Yo…—murmuro, pero cada palabra se atoro en su garganta afectada por el llanto.
—Lo se.—respondió acariciando sus mejillas, para limpiar las marcas que el dolor había dejado. —No llores mas…—Ella sacudió la cabeza, notando que oír su voz tan solo despertaba más su sufrimiento.
—No puedo evitarlo…
—No me gusta verte triste.—La acerco a su pecho para que terminara de descargar su angustia, Luna apretó las manos en su casaca, mientras le oía murmurar una nana francesa. Ella reposo la cabeza en su pecho y cerró los ojos, dejándose acunar como una niña pequeña, el tono sosegado de su canción parecía ser como un bálsamo para su alma.
—Quiero…—Él se detuvo para oírla, pero ella no encontró fuerzas para completar la frase.
—¿Qué quieres Lu?
—A ti.—Al instante sintió como se ponía en tensión y el amarre con que la sostenía junto a su cuerpo, perdía intensidad.
—No vuelvas a decir a algo así.—Luna se apartó para mirarlo fijamente, Rolf tenía el mismo gesto sombrío de su hermano.
—¿Por qué no? Es lo que siento, es lo que quiero…—Rolf sacudió la cabeza en una contundente negación.
—No, no es lo que quieres…
—¿Cómo puedes saberlo?—Lo corto ella en un exabrupto.
—Porque no es correcto ¿Si? Olvídalo…—Pero Luna no estaba dispuesta a olvidarlo ¿Por qué nadie tomaba enserio sus palabras? Estaba cansada de que todo el mundo pensara que era una niña inmadura, ella tenía claro lo que quería y se lo iba a demostrar.
—No me importa que sea correcto o no.—espeto seriamente y tras soltar un amplio suspiro. Lo tomo por la pechera y lo atrajo sin reparos hasta sus labios, Rolf intento retroceder pero ella no le permitió apartarse, hasta que notara que había crecido y que podía ser una mujer completa para él. El contacto boca con boca pareció quedarse suspendido en el aire, Luna busco profundizar el beso pero no encontró respuesta del otro lado. Entonces lo comprendió y lentamente fue liberando su mano, había sido una estúpida al pensar que podría obtener algo de esa forma. Rolf había recibido miles de besos y el de ella, una estúpida inexperta, no seria nada especial. Finalmente se termino apartando y al ver la expresión en sus ojos, no pudo más que levantarse y echarse a correr.
—¡Luna espera!—grito él pero ella no hizo caso y siguió, hasta que su pie golpeo con fuerza la esquina de la fuente. El dolor pareció elevarse desde ese punto a cada parte de su cuerpo, pero extrañamente lo que más dolía era el continuo palpitar de su corazón. Rolf la tomo del brazo, para ayudarla a incorporarse y ella se sacudió con vehemencia. Ya había tenido demasiadas humillaciones por un día ¿Qué otra cosa podía pasar?—¿Estas bien?—Solo necesito ofrecerle una mirada, para darle a entender que su pregunta estaba fuera de lugar.
—Solo déjame.—musito tratando de mantener algo de su orgullo, que tras el beso fallido y la caída, había quedado tan perdido como su decencia. Rolf poso ambas manos a cada lado de su rostro y ella no encontró más opción que mirarlo. Antes de que pudiera decirle que olvidara todo, él se inclinó en su dirección muy lentamente. Luna contuvo el aliento y pudo notar como la respiración de él, parecía haberse acelerado considerablemente. —Rolf…—murmuro y en esa ocasión, el roce fue ligero, suave e inquisitivo. Él no había sido agresivo como ella, no la había forzado a mantenerse en contacto con su boca y aun así Luna, no pensaba en ningún otro mejor lugar en donde estar. Una de sus manos viajo hasta su nuca, instándola a alzar la cabeza y ella lo hizo sin proponérselo. Los labios de Rolf empujaron contra los suyos, buscando la entrada a su boca. Luna dejo ir un suspiro en ese momento, al sentir como su lengua tocaba la suya, con movimientos perezosos y tiernos. Como la suave caricia de un pétalo. Un leve gruñido reverbero en la garganta del Sir, mientras posaba una mano en su cintura para atraerla más contra su cuerpo. Luna presiono las palmas en su pecho, disfrutando la sensación que despertaba el roce de sus músculos en sus inexpertas manos. Él parecía estar reconociendo, cada húmedo rincón de su boca y ella tan solo podía obligarse a mantenerse despierta. De no estar sostenida por su cuerpo, muy probablemente sus piernas no la habrían soportado. Había soñado con ese momento por muchos años y en su corazón, sabía que la realidad superaría cualquier deseo infantil. Aunque nunca llego a imaginar, que los labios de Rolf tuvieran la capacidad de hacerla olvidar del mundo. Él se aparto finalmente y se apoyo ligeramente sobre su frente.
—No es correcto.—murmuro y ella sonrió divertida por la teatralidad de su aseveración.
—¿Y que?—Rolf la observo por un instante con seriedad, pero la sonrisa termino ganando la partida.
—Tus hermanos van a matarme.—Luna alzo una mano y le aparto el cabello que cubría sus dulces ojos dorados.
—Yo voy a defenderte.—Rolf soltó una carcajada y la rodeo con los brazos, para dejarla una vez mas pegada a su pechera.
—Ah petit, vas a creer que estoy loco pero…voy a confiar en ti.—Ella no lo creía una locura, difícil si, imposible nunca.
—Voy a cuidar de ti, lo prometo.—Él bajo la cabeza para mirarla con seriedad.
—Tu no tienes que cuidar de mi…una mujer…—Alzo la mano y la poso en su boca, antes de escucharlo decir que la obligación de cuidar de otro, era simplemente para los hombres.
—No soy una mujer convencional y ciertamente, tu no eres el hombre mas común…Necesitas que cuiden de ti… —Rolf le beso la palma causándole cosquillas.
—Bien, pero solo si me concedes el mismo honor.—Ella asintió alegremente y le rodeo el cuello con los brazos, para así poder alcanzar sus labios. En esa ocasión, Rolf no opuso ninguna resistencia y dejo que lo besara, como ella lo había soñado desde el primer día. Así y solo así, serian sus besos de ahora en adelante. Perfectos…soñados.
—Esto comienza a darme nauseas.—Hermione río por lo bajo y tomo a su esposo del brazo, para alejarlo del jardín. Aun no sabía cómo lo había detenido a su lado, frente a la escena que tuvieron que presenciar. —Debería ir a buscar mi espada…—Ella rodo los ojos.
—No, nada de espadas.
—Pero…—Apunto con una mano en dirección de Rolf y Luna, la frustración prácticamente se podía palpar en su voz.—Mira eso, tan solo tiene dieciocho años.
—¿Y qué? Pensabas que presentándola en la temporada, no tendría momentos robados con algún pretendiente.—Tuvo que ahogar una carcajada, frente el asqueado gesto de Ron.
—Al menos yo no tendría que presenciar, dichos momentos.—masculló prácticamente jalándola por el camino de piedras.
—Oh cariño, te preocupas mucho.—Él se volvió en su dirección, para mirarla con los ojos en finas líneas. Sí había algo que fastidiaba a Ron, era que lo acusaran de interesarse por su familia.
—¿Tuviste algo que ver con esto?
—¿Yo?—insto sorprendida por el súbito cambio.
—Sí tú, Luna nunca había mostrado interés por Rolf…y ahora repentinamente…
—¡Momento!—Lo corto en medio de su absurdo divague.—Que tú nunca lo hayas notado, no significa que no existiera. Y no querido, no tuve nada que ver.—Él no pareció creerle por completo, pero dejo ir el tema finalmente.
—¿Qué hay de Harry?—Hermione sonrió con picardía.
—¿Has visto su expresión cuando Luna le dijo lo de Corner?
—Porque sospecho, que en eso si tuviste que ver.—Se encogió de hombros con inocencia.—Hermione ¿Qué hiciste?
—Nada…—Pero la mirada de Ron la obligo a decir la verdad. —Bien, quizás dije muy cerca de Corner, que Ginny era una gran heredera Rusa…—Su esposo de cruzo de brazos y arqueo una ceja con suspicacia.—¿Qué? No es mi culpa que él este a la caza de chismes.
—Y luego me dices tramposo a mí.—murmuro jalándola de la cintura para seguir su camino, Hermione cerró los ojos apoyando la cabeza en su hombro y mentalmente se anoto un punto a su favor.
Al ver que se aproximaban a la mansión, Ginny soltó un amplio suspiro. A pesar de haber actuado, tal y como Luna se lo había indicado, tan solo parecía avivar el interés del lord. Ella estaba fatalmente confundida ¿Qué diablos quería ese tipo? Había hasta incluso maldecido en un momento y él le había respondido; que le agradaban las mujeres con carácter. ¡Y una mierda! Pensó Ginny en ese instante, no se daba una idea de porque se comportaba de esa forma. Si no sonara demasiado loco, ella pensaría que estaba bajo un hechizo o algo similar. En cuanto la calesa se detuvo, ella estuvo a medio segundo de brincar y aguantar lo que sea que le deparara en el suelo. Desafortunadamente Corner, se movía rápido y al segundo estuvo abajo, extendiéndole una mano para ayudarla a descender.
—Gracias.—musito apartando su mano, lo más rápido que pudo y saco su abanico del ridículo, a modo de mantenerse ocupada con sus movimientos. —Lo he pasado…
—Yo también me he divertido mucho.—Eso no era específicamente lo que ella iba a decir, pero toda la tarde había sido igual. Él tipo parecía creer que ella era tan estúpida, como para no ser capaz de completar sus propias frases.
—Bien hasta luego.—Él volvió a tomarla de la mano para darle un beso y Ginny no supo que como se contuvo, pues el contacto le pareció eterno y el guante, no lo suficientemente resistente.
—¿Puedo visitarla en dos días?—Ginny arqueo una ceja, dos días no serían suficiente para recuperarse de su compañía. Sin duda necesitaría un mes, un año o un siglo. Hizo una mueca, para demostrarle que no estaba muy a favor de ese plan, pero fingió pensarlo un segundo. —Tomare eso como un si.—Eso fue la gota que rebalsó el vaso, esa frase pertenecía a Harry y ella no la soportaría de un idiota como Corner.
—Lo siento milord, pero preferiría que no. —Él no se inmuto por su negación, sino que sonrió para terminar de confundirla.
—Me agradan los retos.—Por supuesto ¿Qué otra cosa se esperaba? Sí ella lo golpeaba en ese momento, el diría algo como: Me agradan las mujeres agresivas.
—En realidad…
—Pienso que esta reunión ya se ha extendido.—Una voz detrás de ella salió en su rescate, Ginny estaba apunto de soltarle una retahíla de insultos bien adornados. Dios todo poderoso, le había enviado a su ángel a callarla. Corner miro al recién llegado, con una mezcla de alegría fingida y odio mal enmascarado.
—Lord Godric.—Saludo de la manera más fría posible.
—Lord Corner.—Harry le correspondió con la misma sínica actuación. —La señorita debe ingresar ahora.
—Lo comprendo.—masculló Corner sin quitarle los ojos de encima a Harry. Ella no sabía que había un límite para las citas horrorosas, pero estaba mas que complacida de dar por finalizada esa. —Señorita Ginny.— Corner le obsequio una reverencia y tras saludar a Harry, se retiro. En ese momento ella sintió que volvía a recuperar el ritmo de su respiración, no repetiría algo así ni en mil años. No importaba como la castigaran, no pensaba salir con otro de esos hombres.
—Vamos.—Harry la jalo del brazo, pero no la guiaba al interior de la casa, sino al laberinto. Ella se dejo llevar, aunque algo en su impersonal amarre la hizo fruncir el ceño. Cuando se detuvo para mirarla, los ojos negros del marques parecían estar a punto de echar chispas.
—¿Qué?
—¿Qué demonios hacías con ese?—Ginny puso los ojos en blanco, no pensaba que la recibiría de esa forma, pero en verdad que verlo cabreado tenia su encanto.
—Pues…me invito, acepte…ya sabes lo usual.—Hizo un gesto con la mano, a modo de enfatizar lo tonto que le parecía el asunto. Después de todo, ese paseo no podía considerarse una cita. El idiota de Corner, no la había dejado hablar, no la había dejado pensar, no la había dejado hacer nada. Eso sin duda era más una salida individual, que de a dos.
—¿Lo usual?—Al parecer Harry no lo veía de la misma forma. —Corner es un idiota ¿Por qué aceptaste su invitación? Ahora piensa que puede cortejarte…
—Yo le deje claro que no quería verlo otra vez.
—Eso no es lo que cree.—Harry alzo la voz en ese momento.—Estabas coqueteando con él…
—¡Claro que no!—Si lo único que le había faltado, era patearle la entrepierna para desanimarlo.
—¡Claro que si!—Ginny frunció el ceño y Harry le arrebato el abanico de la mano, sacudiéndolo delante de sus ojos.
—¿Qué?—insto perdida.
—Agitar el abanico mientras un hombre te habla, es coquetear.—Y tras decir aquello tiro el abanico a un lado, Ginny abrió los ojos como platos. ¿Cómo rayos esperaban que ella supiera eso? Hasta el momento, creía que servía para espantar moscas.
—¡Yo no lo sabía!—Harry bufo, obviamente sin creerle. —Te lo juro, no lo sabía. —Él sacudió la cabeza y su seño se relajo un poco, pero esa expresión la asusto incluso más que la otra.
—Hay muchas cosas Abi…
—¿Qué?
—Muchas cosas que no sabes, muchas cosas que no se de ti…—Ella sintió que el corazón se le congelaba en el pecho, Harry tenía un gesto de pesar en la mirada que le indicaba una sola cosa. Quería dejar de estar entre sombras, quería la verdad.—Ginny.—Harry la tomó por los brazos obligándola a enfrentarlo. —Dime…confía en mi, por favor solo dime lo que quieres que haga.
—Yo no se.—balbuceó con la voz en un suave susurro.
—He sido honesto contigo, cuando me pediste honestidad te la di. Espero que tengas la misma consideración conmigo…—Harry rozo con sus labios su frente y luego la libero.—No se cuánto tiempo más, voy a poder esperar.—Él se volteó para regresar a la casa, pero Ginny lo detuvo de la casaca en ese instante. Cuando sus ojos se volvieron a encontrar, ella sintió el palpitar de su corazón en la garganta. Pero ya no había vuelta atrás, Harry tenía razón. Ella no estaba siendo justa con él, merecía la verdad a pesar de lo que esto pudiese significar.
—La verdad es que…vengo del futuro…
