Adrien y Luka se encontraban en la mansión perteneciente al rubio. Normalmente se juntaban en casa del mayor, pero al no estar Gabriel en casa, Adrien aprovechó de invitar a su amigo.

No era que Adrien se sintiera avergonzado por su padre, al contrario, lo amaba y estimaba muchísimo. Pero recordando todo lo que sucedió con Nino, prefiere tener sus cuidados ahora.

—Esto definitivamente no es una habitación, es simplemente... ¡asombroso! Tienes de todo.

Luka parecía estar asombrado. Aquello hizo que Adrien se sintiera feliz. Le gustaba la forma de ser de Luka.

—¿Tocas el piano seguido? —Luka se sentó frente al piano y acarició suavemente las teclas del instrumento.

Adrien se sentó a su lado.

—Mi padre me obligó a aprender.

—Ya veo. ¿Es un tema delicado?

—¿Qué? Por supuesto que no, me encanta tocar el piano. Creo que es de las únicas cosas que amo hacer de las que fui obligado.

Luka sonrió ante la sinceridad de su amigo.

—¿Tocarías para mí? —preguntó Luka.

Adrien se sonrojo un poco y asintió tímidamente. Después de un rato comenzó a tocar aquella melodía que siempre ptacticaba, la melodía de su madre, la melodía que tanto anhelaba volver a tocar junto a su familia.

Una vez que terminó, Luka aplaudió.

—Es una hermosa melodía, me encanta. Aunque tengo la sensación de haberla escuchado antes.

—Es de una película en la que actuó mi mamá. Es la melodía que más me gusta tocar, me hace sentirla cerca.

Luka había tenido una idea ante las palabras de Adrien. Preguntó si podía ir a la cocina a buscar comida, Adrien le dio permiso y Luka se alejó.

—¿No le dirás nada por el mensaje de ayer? —se apareció Plagg repentinamente.

—Estoy siendo cuidadoso con el tema, si él no me dice algo, yo tampoco lo haré.

Pasaron unos veinte minutos y Luka aún no aparecía. Adrien sintió algo extraño en el pecho, como si Luka estuviera haciendo algo malo, como una travesura.

Adrien salió de su habitación, y caminó rumbo a la cocina. Pero cuando vio la puerta de la oficina de su padre abierta, no pudo evitar entrar ahí.

—¡Luka! ¡éste lugar está prohibido! ¿cómo entraste? —Adrien estaba nervioso, al borde de un ataque de nervios.

—Rubio, debes calmarte. Entré con mucho sigilo, y al ver que la puerta no estaba cerrada con llave, solo entré. Déjame, la curiosidad mató al gato.

—A mí padre no le gusta que entren a su oficina.

—¿Y él está aquí?

—No. Pero...

—Exacto, no.

Ambos se quedaron observando el cuadro de Emilie Agreste. La imagen era hermosa, tanto dorado le quedaba bien, era algo... sublime.

—Es hermosa...

Luka se inclinó tanto que tocó el rostro de Emilie. Solo que al hacerlo... algo sucedió, en el cuadro de Emilie sobresalieron algunos botones repentinamente.

Fue tanta la impresión que ambos adolescentes gritaron debido a eso.

Cada uno le tapó la boca al contrario.

—¿Dónde quedó el sigilo? —preguntó Adrien con burla.

—¡A la mierda con el sigilo! ¡mejor salgamos de aquí, eso fue muy raro!

Y antes de tener tiempo a responder algo, Luka tomó a Adrien de la mano y juntos corrieron a toda velocidad para salir de aquella oficina.