Tic, toc

En el sueño estoy corriendo tras una niña con largos rizos castaños y mejillas redondas.

Los colores, tan brillantes, son los que me advierten de la naturaleza onírica de lo que me rodea. De otra manera posiblemente pensaría que he muerto (de nuevo) y que he regresado a mi mundo, perfecto pero falso, en donde tengo a la otra Katniss y a Mazapán.

Siento el césped bajo mis pies descalzos y su cuerpo cálido hace cosquillas en mis dedos cuando la tomo de la cintura y la pego a mi pecho. Ella suelta una carcajada deliciosa y mete su cabeza bajo mi barbilla mientras envuelve mi torso con sus piernas suaves y rosadas.

El momento es perfecto, o casi. Con Katniss aquí el cuadro sería ideal.

El sol cubre su piel, tan parecida a la suya y cuando abre los ojos espero ver la plata líquida de los ojos de Katniss, pero en su lugar me encuentro con mis propios ojos copiados en su pequeño rostro.

De alguna manera se siente correcto que así sea.

Adoraría a una pequeña doble de Katniss, pero esos ojos azules son la muestra inequívoca de que la personita en mis brazos me pertenece a mí también, no a Gale ni a nadie más. Es un pequeño milagro, mío y de Katniss.

La arrojo hacia arriba y ella suelta una carcajada en el aire antes de aterrizar, con suavidad, en mis manos. Repetimos el juego unas cuantas veces más antes de que Katniss salga corriendo de nuestra casa, en la Aldea de los Vencedores para decir que como siga haciendo eso me clavará una flecha en el corazón.

-Pero si ya me has flechado- le digo mientras tomo su mano y beso sus nudillos. Su rostro se sonroja un poco, pero mantiene el ceño fruncido.

-En serio, Peeta, compórtate. Le estás dando un mal ejemplo a nuestra hija.

Mazapán se retuerce en mis brazos, ansiosa por volver al Juego.

-Tú compórtate también- le dice mientras la saca de mis brazos y la acomoda contra su cadera. La niña esconde su rostro en el cabello de Katniss y recorre su cuello con sus deditos. Comienza a arrullarse a sí misma, de esa manera en que lo hacen los bebés.

A juzgar por su tamaño debe tener unos dos o tres años como máximo. Me entristezco cuando pienso que nunca llegaré a conocerla y pienso en lo que ha perdido el mundo al negarle la entrada a una criatura como esta. Puede que un solo bebé no marque la diferencia, pero (¡demonios!) daría todo de mí para poder conocer a esta personita en el mundo real.

-¿Qué pasa?- pregunta Katniss alarmada ante mi expresión.

Agito la cabeza.

-Nada.

-Dímelo- ordena ella sin creerme.

Compongo una sonrisa, algo débil a decir verdad. ¿Cómo decirle que esta vida no es real? ¿Cómo decirle lo mucho que deseo que esto, nosotros, pudiera ser verdadero y no un producto de mi dañado subconsciente?

No puedo.

-No pasa nada, en serio- le digo componiendo una sonrisa que luzca convincente. Es solo que… ¡ha crecido tan de prisa!

Sus pupilas se dilatan ligeramente y noto que quiere decir algo, pero se contiene.

-Es lo que pasa con los bebés. Nunca lo son por demasiado tiempo. Y ambos sabemos que la nuestra no ha gozado precisamente de mucha privacidad.

Me encojo ante la idea. Porque es algo en lo que no he querido pensar mucho, sin embargo ahí está.

Mazapán nunca será un bebé normal, siempre vivirá a la sombra de lo que tuvieron que hacer sus padres para sobrevivir. Aún y con la vida idílica de este otro mundo, el mundo de mis sueños, mi bebé no está segura. Y me duele pensar que no puedo hacer nada para protegerla. La idea de la revolución, antes tan atemorizante se convierte en una necesidad en mí. Si esa es la forma de garantizar un mundo mejor para Mazapán ¿hice bien en intentar apaciguar a las masas?

La niña se debate en los brazos de Katniss y ella la pone en el suelo. Mazapán corre sin dirección aparente hasta que es atraída por una mariposa. Mi esposa la sigue con la mirada por un momento antes de hablar.

-Tengo miedo, Peeta.

Recorro su mejilla con los dedos.

-¿De qué tienes miedo?

Las pupilas de Katnis se dilatan otro milímetro mientras ella sigue, ansiosa, los pasos de nuestra hija.

-Creo que no tendremos suficiente tiempo con ella.

Dudo mucho que logre comprender el efecto que tienen sus palabras en mí. Siento las lágrimas agolparse en mis ojos e intento reprimirlas, pero ella las nota. Entrelaza sus dedos con los míos y como no es suficiente, cubre también mis labios con los suyos.

-El tiempo nunca es suficiente- murmura cuando se aparta para tomar aire- Estamos en una carrera contra reloj, Peeta. Y el tiempo siempre gana.

Me despierto cuando Katniss me sacude el brazo.

-¡Levántense!- ordena su voz y yo estoy de pie antes de terminar de procesar lo que me dice. La última vez que despertó con esta premura fue durante el ataque de la niebla y, seguro como el infierno, no quiero repetir esa experiencia.

Ser arrancado tan de golpe de mi sueño hace que me sienta un poco desorientado, pero parpadeo rápidamente para ubicarme en la realidad. El Vasallaje, la Arena. La muerte inclinándose cada vez más cerca de nosotros.

-¡Levántense!- continúa diciendo ella a nuestros aliados- Tenemos que marcharnos.

Finnick y yo asentimos. Beetee sigue inconsciente en el piso y Wiress duerme como un bebé. Johanna se opone patológicamente a todo lo que diga Katniss, pero después de dos segundos de duda parece que considera mejor pecar de precavidos que de idiotas. Nos sigue también.

Entre Finnick y yo levantamos a Beetee y lo ayudamos a ponerse el mono, ya seco. Katniss se inclina junto a Wiress e intenta despertarla con suavidad, pero aun así ella palmotea el aire y grita cuando se despierta:

-¡Tic, tac!

-Sí, tic, tac.- susurra Katniss con suavidad- La arena es un reloj. Es un reloj, Wiress, tenías razón. Tenías razón.

Sus palabras me llaman la atención por incomprensibles, pero para Majara deben tener sentido porque en su rostro se dibuja el más absoluto alivio.

Wiress señala el cielo con un dedo. Cuando sigo la dirección en la que está apuntando veo la lluvia rojiza que cayó sobre Johanna, Beetee y Wiress.

-Una y… una y… una y media- dice en entrecortados susurros.

-Exacto, una y media. Y a las dos ahí empieza una terrible niebla venenosa- le explica Katniss. La miro con la boca abierta. ¿De qué está hablando?- Así que tenemos que irnos a un lugar seguro- Wiress le dedica una brillante sonrisa y se levanta obedientemente- ¿Tienes sed? – le pregunta Katniss con dulzura. Le pasa el cuenco tejido y Wiress bebe con avidez, rellena el cuenco y vuelve a beber hasta saciarse.

Finnick le pasa el último trocito de pan verdoso y Majara lo roe como si fuera un ratón. Parece estar en mejor forma una vez que Katniss ha entendido lo que fuera que ella quería decirnos con su constante tic-tac.

Katniss nos explica rápidamente su teoría del reloj y todos asentimos, aún sin entender bien el funcionamiento del complicado mecanismo. La verdad no tengo idea de cómo logro dilucidarlo Wiress. Para mí sigue sin tener mucho sentido aún y cuando la explicación de Katniss tenga lógica.

-Parece que Majara encontró una amiga loca para hacerse compañía- susurra Johanna mientras se cuelga de una rama baja en el límite de la jungla.

No tengo ni idea de si Katniss la escucha o no, pero en cualquier caso la ignora.

Mi compañera examina sus armas, mete la espita y lo que queda de la medicina dentro de la tela del paracaídas y se ata todo al cinturón. Johanna entrecierra los ojos al ver que Katniss se ha apoderado de nuestra única herramienta para obtener agua. Espero que no arme un problema por ello, sin duda no estoy por la tarea de ponerme a discutir por ello. Me parece bien que Katniss garantice su propia supervivencia con ello.

Beetee permanece en el mundo de los sueños a pesar del jaleo. Necesitamos que despierte, su peso muerto no será de ayuda en ninguna huida. Me inclino sobre él e intento levantarlo, pero la gravedad y su falta de cooperación lo mantienen pegado al suelo. Lo sacudo tratando de despertarlo, pero no tiene caso hasta que mojo su rostro con un poco de agua, es entonces cuando lo escucho protestar:

-¿Dónde?

-Está ahí- le contesto asumiendo que pregunta por su compañera de distrito.- Wiress está bien, también viene con nosotros- trato de tranquilizarlo. Lo tomo del brazo e intento incorporarlo, pero forcejea conmigo y vuelve a tumbarse.

-¿Dónde?

Miro a los demás que me observan con igual cara de confusión.

-¡Ah! Ya sé lo que quiere- responde Johanna con impaciencia. Camina hacia la playa y recupera el abultado cilindro metálico que le quitamos cuando lo bañamos en el mar. Está cubierto por una gran masa de sangre coagulada- Esta cosa inútil- explica mientras se lo pone en el pecho con más fuerza de la necesaria. Beetee no logra cogerlo y el rollo rueda por el piso y aterriza a un metro de distancia- Es una especie de alambre o algo. Por eso lo hirieron, corría hacia la Cornucopia para hacerse con él. No sé qué clase de arma se supone que es, supongo que podríamos cortar un trozo y usarlo para estrangular a alguien, pero, en serio, ¿se imaginan a Beetee estrangulando a alguien?

Las palabras de Johanna me recuerdan los juegos de Beetee y el escalofriante escenario de los cuerpos quemados después de que los electrificara con su trampa.

-Ganó sus juegos con un trozo de alambre- explico mientras Johanna me mira sonriente, como si ya hubiera anticipado mi respuesta. Sus cambios de ánimo resultan desconcertantes- Montó aquella trampa eléctrica. Si lo piensan es la mejor arma que podría tener.

La miro con suspicacia por un segundo antes de que Katniss hable.

-Tendrías que habértelo imaginado- le dice ella con cierto grado de beligerancia- teniendo en cuenta que el apodo de Voltios se lo pusiste tú.

No, no fue Johanna, en teoría existía desde antes, pero no estoy dispuesto a iniciar una pelea con Katniss por esto.

-Sí, qué estúpida soy, ¿no? -responde ella, la mirada que le lanza a Katniss me hace querer meterme entre ambas para proteger a mi compañera- Supongo que estaría distraída intentando mantener con vida a tus amiguitos, mientras tú... ¿Qué era? ¿Conseguías que mataran a Mags?

¡Oh no!

Finnick suelta un ruidito extraño con la garganta que queda ahogado por la exclamación indignada de Katniss y su rápido movimiento para sacar su cuchillo del cinturón.

-Venga, vamos, inténtalo- la reta Johanna- Me da igual que estés preñada: te abriré la garganta.

Finnick y yo tensamos los músculos al mismo tiempo, listos para saltar para detenerlas a ambas llegado el caso.

Katniss mira fijamente a Johanna y bufa, pero no hace nada. La chica del Siete tiene una sonrisa irónica en el rostro.

-Será mejor que todos nos fijemos bien en lo que hacemos —dice Finnick, viendo fijamente a Katniss. Se agacha, toma el carrete y lo deja con suavidad sobre el cuerpo de Beetee- Aquí está tu cable, Voltios. Cuidado al enchufarlo.

-¿Adónde?- pregunto mientras consigo levantar a Beetee que ya no se resiste más. Confío en que llegado el caso Finnick podrá detener a las dos chicas él solo.

-Me gustaría ir a la Cornucopia y observar, sólo para estar seguro de que tenemos razón con lo del reloj- responde Finnick de inmediato. Como método distractor, resulta muy funcional. Katniss y Johanna se concentran en encontrar la forma de probar o refutar la teoría.

Nadie se opone a la idea de ir a la Cornucopia, posiblemente porque a nadie tiene una mejor. Además nuestro grupo ha crecido tanto que ya las armas resultan insuficientes.

Nuestra oportunidad de sobrevivir parece haber aumentado considerablemente. Aún y cuando dejemos a Wiress y Beetee por fuera, somos cuatro tributos fuertes. Sin duda estoy en una mejor posición que el año pasado, cuando tenía que cuidarme mis espaldas de mis supuestos aliados. Cato y Clove nunca me vieron con un compañero real sino como una herramienta para destruir a Katniss y a Glimmer y a Marvel tampoco parecía agradarles especialmente, aunque nunca mostraron su desdén tan abiertamente como los chicos del Dos.

De cualquier manera sé que al final tendré que matar a estas personas si quiero garantizar el triunfo de Katniss, así que evito pensar en ellos en términos afectivos. Sólo hará que las cosas sean más duras.

Evalúo con la mirada a mis compañeros.

Lo más probable es que Beetee y Wiress mueran víctimas de alguna trampa o de los profesionales que andan sueltos, a pesar de que sé que son listos, confío en que sus limitaciones físicas jueguen en su contra y haga que la Arena o sus oponentes puedan con ellos.

Johanna y Finnick son harina de otro costal. Veo a Katniss enfrentándose sin problemas a Johanna, de hecho creo que está deseando poder eliminarla porque no la soporta, pero eso me deja a mí a Finnick.

Es fuerte, pero no tanto como yo, aunque el alcance de su tridente es un factor a tomar en cuenta. Sin duda será un oponente difícil, sin embargo espero que si no logro matarlo antes de que él acabe conmigo, al menos puedo dejarlo lo suficientemente herido como para que Katniss pueda matarlo con facilidad.

No me hace feliz tener que pensar en este tipo de cosas, pero tengo muy claro mi objetivo en este lugar y ese es garantizar la vida de Katniss. A Finnick Odair le debo mi vida y me hace sentir un cretino el estar planeando su muerte, pero no soportaría saber que mis dudas fueron las que causaron que Katniss no pudiera ganar el Vasallaje.

Veo a Katniss mirando fijamente a Finnick y pienso que debe estar determinando, también, la mejor manera de acabar con nuestro aliado, especialmente por el hecho de que una vez que Katniss compartió la información sobre el funcionamiento de la Arena, eliminó, casi por completo, la posibilidad de que el sucumba a alguna de sus trampas.

Los seis nos ponemos en movimiento y caminamos hacia la franja de arena más cercana, acercándonos poco a poco a la Cornucopia. Avanzamos con lentitud porque todos estamos pendientes de que los profesionales no estén escondidos en su interior.

Cuando llegamos hacia la zona la exploramos con cuidado, los cuatro profesionales podrían estar en cualquier parte, pero no encontramos rastro de ellos. En la isla solo queda el gran cuerno dorado y un montón de armas por todas partes.

Dejo a Beetee en una de las pocas zonas con sombra que proyecta la Cornucopia a esta hora. Cuando apoyo su espalda en el metal, él llama a Wiress, que se acuclilla a su lado y escucha sus indicaciones como si fuera un perrito.

-Límpialo ¿quieres?

Ella obedece y trota hacia el borde de agua, donde empieza a sumergir y frotar el carrete en el mar. Comienza a cantar algo sobre un ratón y un reloj.

- ¡Oh, no! ¡No esa canción otra vez!- exclama Johanna mientras se lleva las manos a la cabeza y pone los ojos en blanco- Se pasó horas con eso antes de empezar con el tic,tac.

Todos observamos a Wiress, que de repente se endereza, muy recta, y señala a la jungla.

-Dos- anuncia mientras apunta con el dedo.

Seguimos la dirección y vemos como la cruel niebla se agolpa en el borde de la playa.

-Sí, miren, Wiress tiene razón: son las dos y ha comenzado la niebla.- Katniss parece encantada, como un dueño orgulloso que presume de los trucos de su mascota.

¡Vaya! Que… exacto.

-Como un reloj- asiento yo- Eres muy lista, Wiress.

La mujer me sonríe y continúa cantando y limpiando el cable de Beetee.

- ¡Oh, es más que lista!- acota Beetee- Es intuitiva.

Los cuatro nos giramos para mirarlo. El color ha vuelto a su piel morena y tiene suficientes fuerzas para sentarse solo.

-Percibe las cosas antes que nadie- continúa él- como un canario en sus minas de carbón.

La vida en las minas de carbón es uno de los estudios obligatorios que tenemos que llevar en el Doce como parte de nuestro sistema educativo, aún y cuando en nuestra vida adulta no nos dediquemos a ello.

Mis hermanos y yo, por ejemplo, trabajaremos el resto de nuestras vidas en la panadería, papá se había encargado de dividir el negocio en tres partes iguales para cuando él muera. No es, ni por asomo, suficiente para que mis hermanos y yo podamos sobrevivir separadamente, especialmente cuando se toma en cuenta que actualmente apenas si da para que nuestra familia se mantenga a flote, no hablemos de la posibilidad de que decidamos tener nuestras propias familias.

Supongo que el hecho de que yo volviera como Vencedor y con ello quedara fuera del negocio familiar por designio del Capitolio con un salario ridículamente alto fue un golpe de suerte inesperado para mis hermanos. Una mitad es mejor que un tercio, eso sin dudarlo.

En cualquier caso la lección sobre canarios y gases tóxicos va justo después de la de "cómo extraer carbón", ya que necesitamos de ellos como un método de supervivencia.

En un mundo ideal las minas deberían contar con sistemas de ventilación que evacuaran los gases tóxicos, pero Panem dista mucho de ser un mundo ideal, al menos para quienes vivimos en los distritos en la periferia. En su lugar tenemos a los canarios, los cuales descienden con los mineros en sus pequeñas jaulas metálicas.

Ahora bien, quienes no viven en un distrito dedicado a esta industria probablemente ignoran el hecho de que los canarios son sumamente sensibles al metano y al monóxido de carbono, de manera que son muy eficientes para detectar las acumulaciones de gas venenoso.

Después del comentario de Beetee, Finnick es el primero en hacer preguntas:

-¿Qué es eso?

-Es un pájaro con el que bajamos a las minas para saber si hay aire malo- responde Katniss con suficiencia.

La respuesta resulta demasiado escueta para Johanna, que hace que su cuello cruja antes de replicar:

-¿Y qué hace para avisar? ¿Se muere?- el tonillo zumbón en su voz me hace pensar que está haciendo una broma.

A Katniss claramente no le hace gracia, pues su respuesta es igual de afilada.

-Primero deja de cantar, y es cuando hay que salir. Pero si el aire es demasiado malo, entonces sí, se muere, igual que lo harías tú.

Detecto un ligero matiz de tristeza en su voz. Pienso en las cosas con las que puede relacionar Katniss a los canarios muertos: su padre, muerto en un accidente en las minas; Rue, con los brazos abiertos en cruz como si se dispusiera a alzar el vuelo; Maysilee, muerta en los Juegos del Hambre… con su canario cantor como legado a la señora Everdeen. Y por supuesto, Gale.

Gale en el fondo de la mina, intentando no morir y dejando su suerte en manos del errático cántico de una pequeña avecilla, con el Presidente Snow cerniéndose sobre él, listo para arrebatarle la vida y hacer que parezca un accidente.

Dejamos a Wiress y Beetee fuera de la Cornucopia, Finnick y yo montamos guardia en la entrada y Katniss y Johanna se internan en busca de nuevas armas. Katniss toma las pocas flechas que quedan en su carcaj y se apresura a aumentar sus existencias.

Johanna parece feliz por primera vez desde que su grupo se unió al nuestro. Rebusca durante unos cuantos minutos entre los cajones y anaqueles con armas hasta que sale portando dos hachas que lucen mortíferas.

Por supuesto, la industria de su distrito es la extracción de madera y ya he visto a Johanna utilizando las hachas en el centro de entrenamiento. Katniss la observa con los ojos entrecerrados mientras Johanna mueve las hachas hacia un lado y hacia otro antes de, finalmente, lanzarlas con fuerza hacia una de las paredes de la Cornucopia. El metal resuena contra el metal generando un profundo gong.

Los ojos de Katniss se abren un poco cuando ve como ambas hachas se clavan, profundamente, en la superficie dorada.

Si lo piensas bien, te das cuenta de que en el Doce estamos en clara desventaja con respecto al resto de distritos, no solo por las limitaciones económicas que tenemos como el distrito más pobre del país, sino también por el hecho de que no podemos tener acceso a la industria que nos distingue ante las demás hasta que cumplimos los dieciocho. El manejo de las herramientas propias de la extracción de carbón nos vendría bien a los tributos en los Juegos, pero hasta eso está en nuestra contra. Pienso lo que haría un chico o chica sabiendo usar un pico o teniendo conocimiento sobre explosivos, por no hablar de la fortaleza física que adquieres en este tipo de trabajo… Eso a su vez significa que podríamos conseguir empleo siendo más jóvenes y, por lo tanto, podríamos dar un aporte a nuestros hogares… Las posibilidades son infinitas. Me pregunto quién fue el idiota que estableció los dieciocho como edad mínima para trabajar en las minas de carbón.

Katniss y Johanna siguen registrando las armas. Finnick echa un vistazo a su alrededor antes de entrar también a la Cornucopia y colaborar con el escrutinio. Contemplo los dos cuchillos que tengo en mi poder y me doy por satisfecho con ellos. Si tomara otra arma posiblemente sería más estorbo que ayuda, empezando porque a diferencia de Katniss y Johanna no acostumbro andar por ahí con mis armas encima. Esa es una experiencia exclusiva de los Juegos.

Decido emplear mi tiempo en algo útil y saco de mi cinturón una hoja de plátano, larga y ancha, que me he traído de la jungla.

Se siente muy natural el comenzar a dibujar sobre ella utilizando el afilado cuchillo. Es como si dos de las cosas en las que se resume mi vida se hubieran conjugado en una sola actividad. El arte y la muerte. Trato que el pensamiento no me perturbe mientras dejo que la punta del arma baile sobre la brillante superficie de la hoja, trazando primero un círculo para luego partirlo en doce cuñas iguales. Dibujo con cuidado la Cornucopia, en su círculo de arena. Las doce franjas salen del cuerno, cuya punta señala hacia las doce. Un segundo círculo marca la franja de mar y el más grande, el borde de la jungla.

Siento la presencia de Katniss detrás de mí con algo más que mis sentidos. No la escucho, ni la veo aproximarse, pero de alguna manera la siento venir hacia mí. Es un sexto sentido que me nace desde algún lugar muy profundo. No me sorprendo cuando ella mira por encima de mi hombro, agitando mi cabello con su respiración pausada.

-¡Vaya!- dice por lo bajo.

-Mira la posición de la Cornucopia- le digo mientras la señalo con el dedo.

-La punta señala las doce- asiente ella.

-Exacto. Esa es la parte superior del reloj- empiezo a numerar cada área.- De doce a una- le digo mientras escribo- están los rayos. Continúo hacia abajo escribiendo "sangre", "niebla" y "monos".

-De diez a once está la ola- señala Katniss justo antes de que Johanna y Finnick se acerquen también. Ambos están bien provistos de armas: cuchillos, hachas, tridentes…

-¿Notaron algo raro en las demás áreas?- pregunta Katniss girándose a Johanna y a Beetee, quien no se ha acercado al grupo pero está mirando en nuestra dirección.

Ambos niegan con la cabeza y Katniss los mira desolada.

-Supongo que podría haber cualquier cosa- suspira.

-Voy a marcar las secciones en las que sabemos que las armas de los Vigilantes van más allá de la jungla, para mantenernos lejos- le digo mientras empiezo a trazar líneas diagonales en la zona de la ola y de la niebla. Cuando acabo, me siento en el suelo, repentinamente agotado- Bueno, es más de lo que sabíamos en la mañana.

A mí alrededor todos asienten en silencio. Y entonces lo notamos. El silencio es opresivo. Se podría oír un alfiler al caer.

Nuestro canario ha dejado de cantar.

Katniss es la primera en moverse, tarda menos de un segundo en girarse, con una flecha cargada en su arco, hacia el lugar en que Gloss, empapado, deja caer a Wiress, quien tiene una brillante curva roja en el cuello.

La punta de la flecha de Katniss se hunde en su sien derecha del tributo del Uno como si estuviera hecha de queso en lugar de carne y hueso. Su cuerpo ni siquiera ha caído al agua cuando ella vuelve a cargar, pero para entonces Johanna está clavando la hoja de una de sus hachas en el pecho de Cashmere que ha cargado contra Katniss.

Escucho el silbido de la lanza de Brutus cuando atraviesa el aire en mi dirección, pero el tridente de Finnick la desvía hacia el suelo antes de llegar a tocarme. La momentánea distracción permite que Enobaria le clave un cuchillo en el muslo.

Mi mirada se encuentra, solo por un segundo, con la de Brutus. Más que un instinto de supervivencia puedo ver un odio visceral en sus ojos. Sé qué hará todo lo que pueda por matarme, del mismo modo en que yo lo haré con él.

Lanzo uno de mis cuchillos en su dirección, pero el salta y se esconde tras la Cornucopia.

Katniss brinca hacia el muelle con el arco cargado, persiguiéndolos a ambos, intento seguirla, pero el brazo de Finnick me retiene y me tira a un lado. Lo miro sorprendido mientras veo como Johanna sigue de cerca a Katniss. El corazón se me acelera aún más, pero la chica del Siete simplemente se coloca junto a Katniss para pelear a su lado y no contra ella.

En el fragor de la batalla nadie se sobresalta con el triple cañonazo que anuncia la muerte de Wiress, Cashmere y Gloss, lo que nos deja a Brutus, Enobaria y posiblemente Chaff como enemigos dentro de la Arena. Después seguirán los otros miembros de nuestra alianza.

Katniss, Finnick, Johanna y yo rodeamos el cuerno dorado, persiguiendo a Brutus y Enobaria que corren por la franja de arena hacia la jungla. Veo a Katniss apuntar antes de disparar su flecha cuando el suelo comienza a temblar bajo mis pies.

No hay ninguna otra advertencia. Recuerdo los tres círculos que he trazado en la hoja e imagino a alguno de los Vigilantes moviendo los discos para hacerlos girar.

Empezamos a dar vuelta y vueltas, como un carrusel fuera de control, hasta que la fuerza centrífuga nos empuja hacia abajo con su poder aplastante. Clavo manos y pies en el suelo. Intento por un instante buscar a Katniss, pero la arena entra en mis ojos y me obliga a cerrarlos.

Resulta angustiante el luchar contra la fuerza producida por los giros del suelo. Siento como si intentara partirme en dos, empujándome hacia abajo y jalándome hacia afuera, hacia el agua, todo al mismo tiempo.

Las náuseas se apoderan de mi estómago y debo reprimir las ganas de vomitar. Cuando creo que estoy a punto de perder la cabeza, paramos de golpe.

Trato de enderezarme, tosiendo con fuerza e intentando no arrojar mi desayuno a base de mariscos. Katniss, Johanna y Finnick han conseguido aferrarse también al suelo, pero los cadáveres flotan en el agua.

No pueden haber pasado más de dos o tres minutos desde el momento en que notamos que Wiress había sido silenciada. Resulta aterrador el ver lo pronto que se puede apagar una vida en este lugar.

Los cuatro nos sentamos en el suelo, jadeando y limpiándonos la arena de los ojos y la boca.

-¿Y Voltios?- pregunta Johanna de repente.

Nos ponemos de pie y corremos, haciendo zig-zag a causa del mareo, hacia la Cornucopia. Recorremos el perímetro antes de aceptar que no está aquí.

-¡Lo encontré! – grita Finnick en alguna parte al otro lado del cuerno.

Cuando rodeo la figura dorada veo a Finnick ayudando a Beetee, del mismo modo en que me ayudó a mí para entrar al baño de sangre.

Katniss busca algo a nuestro alrededor y finalmente fija su mirada en el cuerpo sin vida de Wiress. Me pregunto si estará pensando en rescatar su cuerpo para hacerle algún tipo de homenaje como le hizo a Rue en su momento. Espero que no.

Una mueca de asco se apodera del rostro de Katniss y entonces veo que el cuerpo inerte de Majara aún se aferra al carrete de Beetee.

-Cúbranme- ordena Katniss mientras tira sus armas al suelo y corre por la arena antes de lanzarse al mar. No aminora el paso cuando lo hace, y su esbelta figura describe un elegante arco cuando se lanza al agua y empieza a nadar hacia ella.

-¿En dónde rayos aprendió a nadar? Que yo recuerde el doce no tiene ríos y dudo mucho que sus nuevas casas vengan equipadas con piscinas- señala Johanna.

Me encojo de hombros mientras recorro ansioso nuestros alrededores, preocupado porque alguno de nuestros enemigos decida volver.

Se me detiene el corazón cuando veo aproximarse el aerodeslizador que se llevará los cadáveres, la pinza empieza a descender lentamente. Katniss acelera su ritmo, al punto que su cabeza golpea el cuerpo de Wiress antes de que mi compañera saque la cabeza del agua.

La veo jadear y evitar a toda costa tragar el agua rojiza que rodea el cuerpo de nuestra aliada. Me estremezco al pensar en la imagen que debe presentar su herida abierta en el cuello desde cerca. La veo luchar contra el cuerpo de Wiress para liberar el alambre de Beetee. La rigidez propia de la muerte debe haber convertido su mano en una garra con la que Katniss debe disputarse la preciada herramienta.

Finalmente Katniss se queda con el carrete en la mano. La veo tocar el rostro de Majara, posiblemente para cerrarle los ojos. Y luego se aleja nadando. Mientras Katniss se aproxima, la pinza toma el cuerpo que chorrea agua y sangre y lo introduce en las entrañas del aerodeslizador.

No es hasta que Katniss toca con sus manos el muelle que vuelvo a respirar tranquilo. La ayudo a salir del agua y cuando me giro, Finnick y Johanna están asistiendo a Beetee, que ha tenido la presencia de ánimo de aferrarse a sus gafas en el agua y gracias a eso no las ha perdido.

Katniss deposita el rollo de alambre en su regazo, reluciente y sin rastro de sangre. Me pregunto si Beetee se sentirá culpable por la muerte de Wiress. Si es así, no deja que lo veamos, al menos no por el momento. Él desenrolla un pedazo de alambre y se lo pasa entre los dedos mientras susurra fórmulas en voz baja.

Es la primera vez que lo veo y no logro establecer una comparación en mi cabeza con ningún otro tipo de cable. Es de un tono dorado pálido, fino como un cabello. Me pregunto con vaguedad cuantos kilómetros medirá para poder llenar un carrete de ese tamaño siendo tan diminuto.

Finalmente Beetee deja caer la cabeza hacia abajo y me doy cuenta de que su cerebro, tan lógico, finalmente ha registrado la muerte de Wiress y como eso lo afecta a nivel emocional.

Estoy concentrado en no verlo a la cara cuando, sorpresivamente, Katniss se acerca a mí y me envuelve en un apretado abrazo.

Lo olvido todo, el dolor, la pérdida, la impotencia, el cansancio y el miedo. Nada importa cuando la tengo entre mis brazos, cálida y tan a salvo como puede estar en este lugar marcado por la muerte.

Finnick y Johanna nos miran con idéntico desconcierto, arqueando las cejas. No me detengo a cuestionar sus motivos. Fuera de Brutus y Enobaria somos los únicos que aún cuentan con su compañero de distrito.

No creo que nos quede mucho tiempo juntos. Unas cuantas horas, posiblemente, un día como máximo. Esta podría ser la última vez que la tenga entre mis brazos. Katniss huele a agua de mar y a sudor, y por raro que parezca, en este momento no puedo imaginar una mejor esencia, porque es la suya. Porque está viva. Porque necesito saber que, aún y cuando yo muera, ella seguirá en este mundo para darle su luz.

-Vámonos de esta isla apestosa- dice Johanna al fin.

Katniss se aparta y evita mi mirada. Ella y Johanna se dedican a juntar nuestras armas.

-No le des muchas vueltas, colega- murmura Finnick mientras me palmotea el hombro cuando pasa a mi lado- Las chicas son complicadas.

Katniss se cerciora de que el paracaídas siga atado a su cinturón. A pesar del ajetreo el tallo no se ha reventado, de manera que aún tiene la espita y el tubo de medicamento en su poder.

Finnick se quita la camiseta interior para atarla en torno a la herida que le ha hecho Enobaria, quedando desnudo de cintura para arriba.

-No es profunda – dice examinando su pierna antes de anudar la prenda-. Parece que Enobaria está perdiendo sus habilidades.

Supongo que debe tener razón, porque ni siquiera cojea al caminar. La herida que Cato le propinó a mi pierna si fue terrible, la espada atravesó limpiamente mi pierna de lado a lado. El dolor fue atroz.

-¿Necesitas ayuda?- le pregunto a Beetee acuclillándome a su lado. Él se levanta apoyándose en la pared de la Cornucopia y niega con la cabeza. De todas maneras lo tomo del brazo y lo ayudo a terminar de enderezarse.

Decidimos ir hacia la playa de las doce en punto, lo cual debería darnos un rato de calma, pero cuando empiezo a caminar noto que Johanna y Finnick han tomado direcciones diferentes a la mía.

-Doce en punto ¿no?- pregunto yo- El extremo del cuerno apunta hacia las doce- digo mientras lo señalo con mi cuchillo.

-Eso era antes de girar- responde Finnick muy serio- Yo me guiaba por el sol.

-El sol solo te dice que ya casi son las cuatro- acota Katniss.

Finnick y Johanna la miran con confusión.

-Creo que lo que Katniss quiere decir-explica Beetee- es que saber la hora no significa necesariamente saber dónde son las cuatro en este reloj. Podemos tener una idea aproximada de la dirección. A no ser que tengamos en cuenta que el anillo exterior de la jungla también podría haberse movido. – concluye Beetee.

Los cuatro, incluida Katniss, lo vemos como si hubiese hablado en otro idioma, pero Katniss asiente de todas maneras.

-Sí, así que cualquiera de estos caminos podría llevar a las doce- señala ella.

Rodeamos la Cornucopia intentando encontrar algún rasgo diferenciador entre las secciones de jungla. No encontramos ninguna, cada sección parece idéntica a la anterior. Inclusive el árbol del rayo parece estar copiado en cada área, aunque todos sabemos que solo uno de ellos es el verdadero. Resulta frustrante.

-Deberíamos seguir los pasos de Enobaria y Brutus- dice Johanna mientras se cruza de brazos. Haríamos mejor en aniquilarlos antes de quedarnos aquí dando vueltas.

Parece lógico, pero nos damos de bruces con otro problema: el viento o el agua ha borrado sus huellas.

-No tendría que haber hablado del reloj. Ahora también nos han quitado esa ventaja- se lamenta Katniss.

-Sólo temporalmente- responde Beetee de inmediato- A las diez veremos la ola de nuevo y nos pondremos al día.

-No pueden volver a diseñar la Arena- le digo mientras le froto la espalda en un intento desesperado de consolarla.

-Da igual- dice Johanna con su afilada lengua- Tenías que decirno, si no, nunca habríamos cambiado el sitio del campamento, descerebrada.

Curiosamente esas son las palabras que parecen tranquilizar a Katniss al menos por un instante, luego capta el insulto y frunce el ceño.

-Vamos, necesito agua. ¿Alguien tiene una corazonada?

Como da igual el lugar que elijamos, tomamos un camino al azar y lo seguimos sin tener idea de hacia dónde estamos caminando. Todos vemos con desconfianza la jungla, intentando dilucidar los peligros que alberga en sus entrañas.

Después de silencio señalo lo obvio:

-Bueno, debe de ser la hora de los monos, y aquí no veo ninguno. Voy a intentar ponerle la espita a un árbol.

-No, me toca a mí- responde Finnick con rapidez.

Lo miro enarcando una ceja.

-Entonces te cubriré las espaldas.

-Eso puede hacerlo Katniss- interviene entonces Johanna.- Necesitamos que dibujes otro mapa. El otro lo hemos perdido- dicho esto tira de una gran hoja de árbol y me la pasa.

Mis alarmas se disparan. No me gusta la idea de que me separen de Katniss de una manera tan evidente. Mi mirada se encuentra con sus ojos plateados, que lucen igual de sorprendidos. A ninguno de los dos nos hace gracia saber que Finnick y Johanna no nos hacen partícipes de sus planes, pero no podemos expresar abiertamente nuestras dudas.

"Está bien", articulo y ella asiente.

Respiro profundamente antes de seguir a Johanna y tomo el cuchillo en mi mano, listo para usarlo ante la menor señal. Katniss sigue a Finnick hacia los árboles, se introducen a unos diez o doce metros y eligen un árbol con las características que necesitamos.

No logro sacarme de la cabeza que algo se está cociendo a expensas de nosotros. Katniss y yo ignoramos alguna motivación o plan secreto entre nuestros aliados, pero no logro encontrar el hilo del cual tengo que tirar para desenmarañar toda la madeja.

Finnick me ha salvado la vida dos veces, Mags se sacrificó por nosotros, la adicta se interpuso entre el muto y yo, Finnick me retuvo en la Cornucopia para que no siguiera a los profesionales… Y ahora Johanna me mantiene ocupado trazando el mapa mientras Finnick y Katniss se internan en la jungla.

No tiene sentido que intenten protegerme si eso significa sacrificarse a sí mismos. Solo uno de nosotros saldrá con vida de este lugar y necesito que esa sea Katniss. Si ellos me protegen a mí, significa que han decidido morir y eso no va con Finnick ni con Johanna.

El pensamiento me da dolor de cabeza.

Dibujo el mapa mientras aguzo el oído, tratando de encontrar a Katniss y Finnick en medio del hervidero de vida que es la jungla.

Estoy en ello cuando escucho el primer grito, tan agudo y terrible que no puede ser más que de dolor.

Se me cae el cuchillo que he estado usando, el más corto de los dos.

No podría importarme menos.

Escucho un segundo grito, uno que hace que el corazón se me detenga en el pecho y se me hiele la sangre en las venas.

-¡PRIM!

Es Katniss. Katniss que corre para salvar a su hermana pequeña.


¡Hola a todos! ¿Pensaron que me había muerto? ¿Qué iba a dejar esta historia botada? ¡Se equivocaron! Aquí estoy para seguir dando lata. :P

Aquí tienen el capítulo de hoy, decidí pararlo antes de la escena de los charlajos porque quiero que esa escena quede psicológicamente cargada, así que mejor entro con ímpetu con ello en el siguiente capítulo. ¿Saben que viene en el próximo? ¡La playa!

Varios anuncios administrativos:

1. Como saben estoy con un segundo fanfic, es un SYOT ambientado en los Quincuagésimo Cuartos Juegos del Hambre. Esta historia es, en parte, la explicación de que llevara tantas semanas sin actualizar, necesitaba sacar las cosechas de los 24 chicos y chicas para estar tranquila en que ya había "cumplido" con todos los autores, así que fueron cuatro capítulos introductorios de cada tributo que resultaron ser muy demandantes, pero ya he acabado y a partir de ahora intercalaré ambas historias, un capítulo de una, otro de la otra y así.

2. Cuando acabe con Jugando con Fuego (lo que pasará muy pronto) le seguirá el One Shot que se ganó BellamyBell por haber titulado Sinsajo desde el POV de Peeta.

3. Una vez publicado este One Shot, seguimos con Sinsajo, con este se hará la misma dinámica que con Jugando con Fuego y Daños Colaterales (el SYOT), capítulos intercalados para complacer a todos.

4. Estoy muy, muy contenta por el hecho de que mucha gente se ha suscrito a "seguir" este fanfic en los últimos días, pero ¿saben que me haría aún más feliz? Que se tomaran un minuto para dejarme unas líneas y me dijeran que les pareció, que les gusta y que odian, porque solo así puedo mejorar como escritora. En alguna parte leí que escribir un capítulo toma horas mientras que comentarlo solo unos minutos, así que les agradecería que se tomaran ese minuto y me dijeran, aunque sea brevemente, que opinan de mis locuras.

Dicho esto, les cuento que mi ritmo de actualización dependerá de cuanto amor me manden en sus reviews. ¿Sabían que los reviews son el combustible de los escritores de fanfiction? ¡True fact!

Aunado a lo anterior les diré que me encanta que se tomen el tiempo para mandarme mensajes privados para ver si fue que me pasó algo para que mi ritmo de publicación se haya vuelto más lento, pero si algo no tolero es que me reclamen por no actualizar, cosa que me pasó un par de veces con el último capítulo. Creo que cada quien tiene su vida fuera de fanfiction y hacemos lo que podemos para escaparnos a este lugar para pasar nuestro tiempo libre, ya sea como escritores o como lectores, pero me parece muy feo que me tiren reclamos como si yo solo estuviera en esto. Amo escribir y amo compartir mis historias con ustedes, pero alcemos el estandarte del respeto y seamos felices. ¡Que esto es para disfrutar y no para pelear!

Sin más que decir, quedo a la espera de ver sus apreciaciones. Espero que a pesar del pequeño hiatus sigan acompañándome.

Un abrazo grande grande, Elenear28.

P.D ¿amaron Catching Fire como yo la amé?