Los personajes de Naruto no me pertenecen, si no a Masashi-Sama. La historia tampoco me pertenece, es una adaptación.
Capítulo 20
Nunca nada resultaba fácil. Tras una larga y tediosa conversación con Hamura y Hagoromo, a Hinata le dolía la cabeza a consecuencia de todas sus respuestas evasivas. Eran hombres amables y gentiles, pero terriblemente testarudos. Aunque ninguno de los dos lo reconociera ante ella, le resultó evidente que, a pesar de saber dónde se encontraba Hanabi, no iban a decírselo hasta después de hablar con ella y obtener su autorización. Hinata apeló a toda su paciencia, y finalmente fue recompensada, accidentalmente, a Hagoromo se le escapo que Hanabi vivía efectivamente en tierras de los Otsutsuki. A Hinata el corazón le dio un salto de puro júbilo, y comenzó a presionar, implacable, aunque sin ningún resultado.
Tan segura se sentía Hinata de que Hanabi vendría en su busca en cuanto se enterara de que su hermana estaba allí, que accedió a esperar hasta que los hombres hablaran con ella. Les rogó que lo hicieran lo antes posible, explicándoles que se le acababa el tiempo y debía regresar a Inglaterra en seguida. No les dijo por qué.
Los hombres se marcharon, dejándola nerviosa y frustrada, y decidió dar un paseo por el sendero de piedras que zigzagueaba entre todas las construcciones que formaban parte de la heredad de Sasuke, para poder estar a solas unos instantes. Al llegar a la cima de la colina encontró un sitio a la sombra de un árbol, y se sentó a descansar. Acomodo sus faldas sobre la hierba, cerró los ojos y dejó la mente en blanco, ofreciendo el rostro a la caricia de la suave brisa. Cuando volvió a abrir los ojos, echó una atenta mirada a su alrededor. La heredad de Sasuke era bellísima.., y llena de paz. A sus pies, los miembros del clan se dedicaban a su rutina cotidiana. Los soldados afilaban sus armas, otros hombres se inclinaban sobre sus herramientas, labrando la tierra y preparándola para la próxima cosecha. Las mujeres charlaban a la puerta de sus casas, mientras molían el grano para amasar el pan y mientras los niños saltaban a su alrededor, jugando a un ruidoso pasatiempo con una piedra y un palo.
Durante un breve instante, ella también se sintió inundada por la paz; contagiada de la tranquilidad de la escena. Pero su mente no le dio tregua. Bullía con todas las preguntas que quería hacerle a Hanabi cuando la volviera a ver. Rezó porque su hermana se acordara de ella, y porque sus recuerdos fueran de afecto. Natsu había mantenido vivo en ella el recuerdo de Hanabi con divertidas historias sobre su niñez compartida. Se las había contado una y otra vez, para que Hinata no olvidara a su hermana. Hanabi no había tenido a nadie que la ayudara a recordar, pero Hinata esperaba que, al ser mayor que ella, no hubiera olvidado.
El súbito grito de una mujer la arrancó de sus cavilaciones, y Hinata se volvió a tiempo de ver a una joven pelirrosada que venía corriendo por el sendero. Arrugas de preocupación le surcaban la frente, y Hinata vio en seguida la razón; pisándole los talones venía un hombre de aspecto bestial, con una fiera determinación brillando en su mirada. Al verlo desde más cerca, pudo comprobar que se trataba más bien de un muchacho, y no de un hombre adulto.
—¡Te he dicho que me dejaras en paz, Deidara, y lo digo en serio! Si no dejas de fastidiarme, yo...
Al ver a Hinata, se interrumpió. Le sonrió y se acercó rápidamente, olvidando por el momento a su indeseable pretendiente. Deidara también se detuvo, y se dispuso a escuchar su conversación.
—Buenos días, milady.
—Buenos días —respondió Hinata.
—Me llamo Sakura —dijo la joven, inclinándose ante ella—. No os pongáis de pie —agregó—. Sois la dama que ha venido de Inglaterra, ¿verdad?
—Así es. Me llamo Hinata.
—Os he estado buscando por todas partes —dijo la joven—. Esperaba que, si no estabais demasiado ocupada, me dedicarais algunos minutos para contestarme algunas preguntas sobre Inglaterra. Siento una gran curiosidad por saber sobre la vida allí.
Hinata se sintió sorprendida y halagada.
—Me complacerá mucho contestar tus preguntas, aunque debo confesarte que eres la primer persona de aquí que muestra algo de interés por mi país. ¿Te gusta Inglaterra?
—No sé si me gusta o no —respondió la muchacha, riendo—. He oído historias terribles sobre los ingleses, pero estoy decidida a descubrir si son verdaderas. Los hombres de estos lugares tienden a exagerar.
—Aun sin haber oído esas historias, puedo asegurarte que son falsas. Los ingleses son buenas personas, y me enorgullece ser una de ellas.
—Es muy noble de parte vuestra defender así a vuestros compatriotas.
—No soy noble, tan sólo honesta. Cuéntame algunas de esas historias, y te convenceré de que son falsas.
—Si esas historias resultan ser exageraciones, probablemente entonces cambie de parecer y quiera conocer algún día Inglaterra, aunque no creo que mi laird me autorice. ¿Vuestro país es tan bello como el mío?
—¡Oh, sí! —replicó Hinata—. Es... diferente, pero es hermoso.
Otro soldado se había acercado a Deidara, y también se había quedado mirando a Hinata y a Sakura. Al igual que Deidara, era apenas un muchacho, alto y desgarbado, con manchas en el rostro. Hinata pensó que era muy descortés de su parte escuchar su conversación tan ostensiblemente, y de buena gana los hubiera echado, pero como Sakura parecía ignorarlos, decidió hacer lo mismo.
—Mi madre me contó que los maridos ingleses deben pegarles a sus esposas todos los sábados por la noche, para que al llegar a la misa del domingo ellas hayan cumplido con su penitencia —dijo Sakura.
La mentira le causó tanta gracia a Hinata que se echó a reír.
—iNo es verdad! Los maridos ingleses son bondadosos y considerados, y jamás harían daño a sus esposas. Al menos, no lo haría la mayoría de ellos —preciso—. No son diferentes a los hombres que viven aquí. Sostienen los mismos valores, y quieren lo mismo para sus familias.
—Ya sospechaba yo que era una historia inventada —comento Sakura—. Y apuesto a que la historia que me contaron sobre el Papa también es falsa.
—¿Qué te contaron?
—Que el Santo Padre había decretado la interdicción sobre Inglaterra.
Hinata sintió que se le caían los hombros.
—En realidad, eso es verdad. El Papa tiene un desacuerdo con el rey Nagato. Pronto se arreglará.
—Eso no es lo que oi —dijo Sakura.
—¿Y qué has oído?
—Que primero excomulgará a Nagato.
Hinata se hizo la señal de la cruz, tan atroz le resultaba la predicción de Sakura.
—Sinceramente, espero que no —murmuro—. Mi rey ya tiene suficientes problemas entre manos con la rebelión de los barones.
—Vuestro rey se busca sus propios problemas.
—Pero es mi rey —le recordó amablemente a Sakura—. Y mi deber es mostrarle mi lealtad.
Sakura reflexionó un instante sobre el tema, y finalmente asintió.
—Sí, yo también debo serle leal a mi laird, a menos que él corneta actos que traicionen esa lealtad. ¿Puedo sentarme con vos? Acabo de llevar todas mis cosas al castillo, y estoy cansada. Además, tengo cientos de preguntas para haceros, y os prometo que ninguna está relacionada con vuestro rey, ya que me doy cuenta de que el tema os incomoda.
—Sí, por favor, siéntate —dijo Hinata, y pudo ver entonces a Deidara que corría hacia Sakura, con el otro joven siguiéndole los pasos—. Oh, allí vienen los bribones.
Cuando Hinata se puso de pie, Deidara se acercó y tomó a Sakura de la cintura. Ella soltó un chillido y trató de liberarse de su brazo.
—¡Suéltame, Deidara!
—Ya la has oído —ordeno Hinata, decidida a. ayudarla—. ¡Aléjate de ella!
Deidara la miró sonriente.
—Éste es un asunto entre Sakura y yo. Sólo quiero un beso, y luego la soltaré. Tal vez te robe un beso también a ti.. En mi opinión, eres tan bonita como Sakura.
—¿Puedes apartarte de mí? Hueles como un perro mojado —murmuró Sakura.
El otro joven se acercó presuroso.
—Ya has atrapado a una de las mujeres. Yo atraparé a la otra —alardeo—. Y le robaré un beso.
En ese instante, Deidara soltó un aullido de dolor y solto a Sakura, dando un salto hacia atrás. Se miró el brazo, y gritó:
—¡Me has mordido! ¡Tú, pequeña...! —gritó.
Con las manos en las caderas. Sakura se volvió para enfrentar a su agresor.
—¿Pequeña qué? —lo desafio.
—Perra —masculló Deidara.
Estupefacta ante el insulto, Hinata se llevó la mano a la garganta, sofocada, pero Sakura no pareció impresionada.
—Si no fueras un jovenzuelo tan estúpido, te denunciaría de inmediato ante nuestro laird, Deidara. Ahora vete y déjame en paz. Eres un pesado —dijo, sacudiendo la cabeza.
—Y tú eres una mujer fácil.
—¡No soy nada semejante! —replicó ella.
—Oh, sí que lo eres. Te vi llevando tus cosas al castillo. Tu madre te ha echado de su casa, ¿verdad? Y no estás casada, lo que te convierte en una mujer fácil. No soy ningún jovenzuelo —siguió diciendo, con el entrecejo fruncido—. Y voy a demostrártelo. Conseguiré el beso, con tu permiso o sin él.
—Entonces yo también lo conseguiré —se jacto el otro soldado, aunque Hinata advirtió que tragaba con dificultad y miraba permanentemente por encima del hombro, para asegurarse de que nadie lo oyera.
—Ese joven se llama Sasori —dijo Sakura—. Es tan joven e ignorante como Deidara —Acercándose mucho a Hinata, susurro—: ¿Tenéis miedo? Si es así, llamaré pidiendo ayuda.
—No tengo miedo. Sin embargo, estoy muy enfadada. Estos jóvenes necesitan aprender modales.
Sakura le sonrió.
—¿Qué opináis de arrojarlos por la colina?
El plan era muy arriesgado y divertido, y Hinata era lo suficientemente osada como para intentarlo. Siguió los pasos de Sakura y ambas retrocedieron lentamente hasta encontrarse cerca de la pendiente.
Sasori y Deidara, sonriendo como idiotas, fueron acercándose. Sakura los alentó haciéndole señas con el dedo.
—Haz lo mismo que hago yo —le susurro a Hinata, tuteándola, y entonces le ordenó a Deidara darse vuelta y cerrar los ojos, con la promesa de recompensarlo.
Excitados como cachorros ante un hueso con carne, los muchachos se dieron vuelta.
—No miréis —les ordenó Sakura—. Cerrad los ojos con fuerza.
—¿Estáis listos? —preguntó Hinata a Sasori.
El joven asentía vigorosamente cuando recibió un fuerte empujón en la espalda. Al mismo tiempo, Sakura le dio otro empujón a Deidara.
Sasori salió volando, pero Deidara demostró ser mucho más ágil. Lanzando un grito de victoria, dio un paso atrás para evitar caer por la cuesta, y se volvió para ver cómo caía su amigo colina abajo. Sakura y Hinata aprovecharon su distracción. Alzándose las faldas, le dieron sendas patadas en el trasero y lograron que rodara junto a Sasori.
Desgraciadamente durante el proceso Sakura perdió el equilibrio. Antes de poder recuperarlo, rodaba ella también por la ladera de la colina. Sus carcajadas podían oírse resonando por la arboleda. Hinata, ansiosa por ayudarla, fue tras ella, se enredó con sus propias faldas, y terminó cayendo sobre Sakura.
Quedaron cubiertas de hierba, tierra y hojas, pero a ninguna de las dos pareció importarle. Estaban muertas de risa, y armaron un alboroto tal que los soldados que entrenaban en los campos de más abajo, hicieron un alto para mirarlas. Las jóvenes procuraron recobrar el control, pero cuando lo lograron vieron a Deidara que se escapaban corriendo, les hizo tanta gracia que volvieron a estallar en histéricas carcajadas.
—Te dije que eran estúpidos —dijo Sakura, secándose las lágrimas que le corrían por la cara.
—Oh, sí —replicó Hinata, que se puso de pie tambaleando. En ese momento sintió que su blusa se desgarraba y al bajar la vista vio que la manga izquierda caía, rota, sobre su cintura, lo que volvió a provocar- le risas incontrolables.
—¿Tengo un aspecto tan terrible como el que tienes tú? —preguntó Sakura.
—Tienes más hojas que pelos en la cabeza.
—¡Basta! —rogó Sakura—. Ya no puedo reír más. Me ha dado una puntada en el costado.
Hinata le tendió la mano para que Sakura pudiera ponerse de pie. Su nueva amiga era varios centímetros más alta que ella, y para poder mirarla a los ojos tuvo que levantar la cabeza.
—¡Estais cojeando! —advirtió Sakura, mientras descendían juntas por la colina —. ¿Te has hecho daño?
Hinata volvió a reir.
—He perdido mi zapato.
Sakura lo encontró, y se lo dio. Precisamente en el momento en que Hinata se inclinaba para ponérselo, Sakura la tomó del brazo.
—¡Por Dios, no mires! —le susurró.
—¿Qué no mire adónde? —pregunto Hinata, bizqueando al mirar a los soldados contra el resplandor del sol.
—Uno de ios soldados Uzumaki nos está mirando. Oh, cielos, creo que es el comandante. Está en la cima de la colina. No lo mires — murmuró cuando Hinata se dio vuelta—. ¿Crees que ha visto lo que hicimos?
Hinata se apartó de Sakura, y se volvió para mirar.
—Es Shikamaru —dijo—. Ven, te lo presentaré. Es un hombre muy agradable.
Sakura se echó atrás.
—No quiero conocerlo. Es un Uzumaki.
—Sí, en efecto.
—Pues bueno, entonces no puede ser agradable. Ninguno de ellos lo es —agregó, con un gesto afirmativo—. Pero eres inglesa así que no puedes saber...
—¿Saber qué?
—Que son... despiadados.
—¿Oh, sí?
—Te digo la verdad —insistió Sakura—. Todo el mundo sabe que son brutales. ¿Cómo podrían no serlo? Siguen el ejemplo de su líder, y laird Naruto Uzumaki es el hombre más aterrador sobre la faz de la tierra. Sé de lo que te hablo —siguió diciendo—. Podría contarte muchas historias que harían que tu cabello se volviera gris de la noche a la mañana. Vaya, he conocido mujeres que han estallado en llanto sólo porque laird Uzumaki miro en su dirección.
Hinata se eché a reír.
—¡Eso es absurdo!
—Es verdad —volvió a insistir Sakura—. Yo estaba en el salón, hablando con mi laird, y él se encontraba allí.
—¿te hizo llorar?
—No, desde luego que no. No soy blanda, como muchas de las mujeres de por aquí. Pero te digo una cosa: no pude mirarlo a los ojos.
—Te aseguro que no es tan violento.
Sakura le dio unas palmaditas en la mano, y le dirigió una mirada indicando que pensaba que era terriblemente cándida. Después, volvió a levantar los ojos hacia la cima de la colina.
—¡Oh, Dios mío, no se va! Creo que nos está esperando.
Hinata la tomó del brazo y la llevó con ella, olvidando por un momento que todavía sostenía el zapato con la otra mano.
—Te aseguro que Shikamaru te gustará.
Sakura soltó un bufido.
—Lo dudo mucho. Hinata, escúchame. Ya que vas a ser mi amiga, te aconsejo que te mantengas alejada de los Uzumaki, especialmente de su laird. No va a hacerte daño, pero te hará morir de miedo.
—Yo no me asusto con facilidad.
—Yo tampoco —dijo Sakura—. No lo comprendes. Acepta mi consejo, y manténte alejada de él.
—Eso va a ser difícil.
—¿Por qué?
—Estoy prometida a él.
Sakura tambaleó, y habría caído si Hinata no la hubiera sostenido con fuerza del brazo. Sakura aspiro, haciendo esfuerzos para recobrar el aliento, y a continuación estalló en carcajadas.
—Por un segundo creí que hablabas en serio. ¿Acaso todos los ingleses tienen un sentido del humor tan pícaro como el tuyo?
—Es la verdad —insistió Hinata—. Y te lo voy a demostrar.
—¿Cómo?
—Se lo preguntaré a Shikamaru, el comandante de Naruto. Él te lo confirmará.
—Estás loca.
—¿Quieres enterarte de algo decididamente impresionante?
—Sí, desde luego.
—Amo a Naruto.
Sakura abrió los ojos grandes como platos.
—¡Amas a laird Uzumaki! ¿Estás segura de que no lo confundes con otra persona? Todas las mujeres están enamoradas de Sasuke. Nadie ama a Naruto —explicó con tono de autoridad.
—Yo no amo a Sasuke. Me cae bien —replicó Hinata—. Pero Naruto...
Sakura la interrumpió.
—Tú no sabes en qué...
—¿Me estoy metiendo? —completo Hinata al ver que Sakura no terminaba la frase—. Qué extraño, ésas fueron las mismas palabras del padre Iruka. Sin embargo, sé muy bien lo que estoy haciendo. Si logro llevar a cabo una... misión... en Inglaterra, y puedo volver aquí, me casaré con Naruto.
Sakura siguió riendo. Se negaba a creer que Hinata hablaba en serio, tan extravagante le resultaba la sola idea de que ninguna mujer pudiera comprometerse voluntariamente con semejante hombre.
Discutieron durante toda la subida de la colina. Sakura quería dar un rodeo para evitar a Shikamaru, pero Hinata no se lo permitió. La obligó a ir frente al comandante.
Shikamaru ofrecía un aspecto vagamente aterrador, supuso Hinata, allí de pie con las piernas separadas y los brazos cruzados sobre el pecho. Se erguía frente a ellas, y parecía estar enfadado, pero Hinata sabía que no se trataba más que de una pose.
—Buenos días, Shikamaru —saludó—. Me gustaría que conocieras a mi amiga Sakura. Sakura, este impresionante soldado es Shikamaru, el comandante de todos los soldados Uzumaki.
Sakura se puso pálida e inclinó la cabeza.
—Es un placer conoceros, señor —dijo.
Shikamaru no respondió, pero inclinó ligeramente la cabeza. A Hinata su arrogancia se le antojó deliciosa.
—Lady Hinata, ¿qué os ha pasado?
—¿No vistes a esos hombres?
Sakura le dio un codazo. El gesto ceñudo de Shikamaru se hizo mis Intenso.
—¿Qué hombres?
Hinata se volvió hacia Sakura. Su amiga respondió apresuradamente.
—Esos hombres del campo. Los vimos.
—¿Tu no los viste? —preguntó Hinata.
—¿Si no vi qué, milady?
—A los hombres.., los hombres que están en el campo de entrenamiento —tartamudeo Hinata, tratando de mantener una expresión seria.
—Por supuesto que los vi —replico él, obviamente exasperado—.Ahora también los veo. Os estoy preguntando.
—¡Pero eso es lo que estibamos haciendo! —explicó Sakura.
—Sí, sí —confirmo enfáticamente Hinata. Una hoja seca cayó de su cabello pasando ante su propio rostro, y no pudo evitar una risa—. Estábamos mirando a los soldados.
—¿No vais a decirme qué paso, verdad?
Un hoyuelo apareció entonces en su mejilla, y Shikamaru trató de no reparar en lo atractivo que era. Ella era la mujer de su laird, y él no debía pensar en otra cosa que en protegerla. Pero no dejaba de ser motivo de orgullo el hecho de que Naruto se las hubiera ingeniado para cautivar a una mujer tan hermosa.
—No, no te lo voy a decir.
—Tampoco se lo diréis a Naruto, ¿verdad?
—No, no creo que lo haga.
—Apuesto a que sí.
—A las damas no nos gustan las apuestas —replicó ella, cambiando de tema—. Shikamaru, tengo que pedirte una cosa.
—Haré lo que me pidáis, milady —dijo él, en tono nuevamente formal.
—Le dije a Sakura que estaba prometida a Naruto, pero no me cree. ¿Podrías confirmárselo? ¿Por qué pareces tan sorprendido?
—Así que creéis que estás comprometida con...
—Naruto —completo ella, preocupada por la expresión divertida que Shikamaru trataba en vano de ocultar.
—¡Sabía que te lo habías inventado! —exclamó Sakura, volviendo a darle un codazo— . Tiene un sentido del humor muy pícaro— le dijo a Shikamaru.
—No he inventado nada. Shikamaru, díselo, por favor.
—Por lo que yo sé, vos no estáis comprometida con laird Uzumaki.
—¿No lo estoy? –susurró Hinata.
—No, no lo estáis— confirmó él. A Hinata se le puso el rostro escarlata.
—Pero yo creí... el cura estaba allí.., lo vi bendecir...
Se dio cuenta de que se estaba comportando corno una tonta.
—Entonces estaba equivocada —tartamudeo— . Te agradecería que no se lo mencionaras a Naruto— se apresuré a añadir— . No quiero que piense que soy una... idiota. Fue un malentendido, y te agradezco que me lo hayas aclarado.
—Pero, milady...
Ella levantó la mano.
—Verdaderamente, no quiero seguir hablando de esto.
—Como gusteis.
A Hinata le resultó difícil superar su turbación, pero trató de fingir que no se había sentido completamente humillada frente al comandante. Recordó que tenía la manga rota, colgando sobre el codo. La levantó y la sostuvo contra su hombro, y solto un suspiro.
— Naruto quiere hablar con vos— dijo Shikamaru, recordando finalmente por qué había ido a buscar a Hinata.
Al darse cuenta de que todavía tenía el zapato en la mano, se sostuvo del brazo de Shikamaru para volver a ponérselo.
—¿Adónde está?
—En el patio de armas, con Sasuke.
— Sakura y yo vamos al lago. Realmente, me gustaría ponerme ropas limpias antes de verlo.
—A Naruto no le gusta esperar, y me encantaría que os viera en vuestra actual condición —reconoció Shikamaru con una sonrisa.
—Muy bien —accedió ella.
Sakura permaneció en silencio hasta que Shikamaru, después de saludarla con una inclinación, se hubo marchado.
—Considérate afortunada —dijo luego.
—Me siento como una verdadera tonta. Realmente, pensé que Naruto y yo estábamos prometidos. Él me pidió que me casara con él, de verdad. No, eso no es cierto, Me dijo que me iba a casar con él.
—No es posible que esto te haga sentir mal.
Hinata se encogió de hombros.
—No sé qué pensar, ni qué sentir —dijo—. Ven. No debemos hacer esperar a Naruto. No tiene paciencia.
Sakura atravesó junto a ella el sendero ondulado.
—No sé si debo sentir por ti admiración, o pena.
—¿Por qué?
—Porque pareces desilusionada.
—Estoy avergonzada.
—Oh, ya conozco la sensación. Hoy mismo fui absolutamente humillada. ¿Oíste lo que dijo Deidara? Mi madre me echó de su casa... Yo creía que también era la mía. Pero ella me sacó de ese error. Si Deidara ya lo sabe, entonces lo sabe todo el mundo. ¿Y sabes qué es lo peor de todo?
—¿Qué?
—Lo sabe mi laird. Me ha hecho llevar mis cosas al castillo, con la excusa de que necesitaba ayuda para cuidar a su hermano Itachi, pero ésa no es la verdadera razón. Fue por mi madre. Ella le pidió que hiciera algo conmigo.
—¿Qué hiciera algo?
—Esas fueron las palabreas que me gritó mientras recogía mis cosas. Está enfadada conmigo porque me negué a casarme.
Sakura le explicó los detalles, y cuando terminó de hacerlo, Hinata había olvidado por completo todo lo referente a su propia humillación.
—Tu madre cometió un error al obligarte a dejar tu casa.
—Quiere que yo pase a ser problema de Sasuke —dijo Sakura—.Mi madre está recién casada, y yo soy una hija difícil.
Caminaron a lo largo del sendero, haciendo que las flores que lo bordeaban soltaran todo su aroma con el roce de sus faldas, y compartiendo confidencias en voz baja, tan cómodas una junto a la otra como si fueran viejas amigas. Ninguna de las dos quería darse prisa. Sakura anhelaba abrir su corazón a alguien que no la juzgara con dureza, y Hinata deseaba olvidar por un rato sus propios problemas.
—Así que ya lo ves, no puedo culpar a mi madre. Estoy cansada de hablar de mis problemas. Cuéntame algo de ti. ¿De verdad amas a Naruto?
—Sí, lo amo.
—¿Hace mucho que lo conoces?
—En realidad, no. Lo conozco desde hace muy poco tiempo.
—¡Pues ésta es la explicación! —exclamó Sakura—. Cuando lo conozcas bien, te darás cuenta de que sólo era un capricho.
Hinata negó con la cabeza.
—No elegí enamorarme de él. Simplemente sucedió, pero lo amo con todo mi corazón.
Sakura solto un suspiro.
—Yo también estoy enamorada —confesó.
Hinata la miró atentamente.
—No parece hacerte muy feliz.
—No lo soy. En realidad me siento muy desgraciada. No quiero amarlo.
—¿Por qué?
—Porque él no me ama.
—¿Estás segura?
—Es muy estúpido.
Hinata se echó a reír.
—¡Y sin embargo lo amas!
—Así es.
—¿Quién es él?
—Un Uchiha.
—¿Sabe lo que sientes por él?
—No.
—¿Piensas decirle que lo amas?
—He pensado mucho en el asunto, y también he intentado que... reparara en mí. Esperaba que fuera más perceptivo, pero hasta ahora no se ha dado cuenta.
—Creo que deberías decírselo. ¿Qué puedes perder?
—El respeto por mí misma, mi dignidad, mi orgullo, mi...
—Bueno, no tiene importancia.
—Sé que tienes razón. Debería decírselo. Si sigo esperando, llegaré a ser una anciana antes de que llegue a darse cuenta de que soy lo mejor que pudo haberle pasado. Nadie lo amará como yo lo amo. Conozco todos sus defectos, que son muchos, te aseguro, pero igualmente lo amo.
—¿Cuándo?
—¿Cuándo, qué?
—¿ Cuándo se lo dirás?
—Oh, no lo hare.
—Pero acabas de decir...
—Que debería decírselo. Sin embargo, no lo haré. ¿Y si no me ama? Incluso es posible que ni siquiera le guste. Pensándolo bien, creo que no le gusto. No hace más que decirme lo difícil y terca que soy.
—Entonces se ha fijado en ti, ¿no es así?
—Sí, pero sólo me ve como una molestia. Aquí los hombres cortejan a las mujeres. ¿En Inglaterra es al revés?
—No, es igual que aquí.
—Entonces él debería cortejarme, ¿verdad? No, no le diré lo que siento. ¿Cuándo te dijo Naruto que te amaba?
En ese momento tres soldados se acercaron por el sendero, y Hinata aguardó hasta que estuvieran lo suficientemente lejos como para no oírla.
—Todavía no me ha dicho que me ama —respondió—, y para ser completamente sincera, no estoy segura de que me ame. Sí sé que siente algo por mí, no obstante.
—¿Y a pesar de eso tú le dijiste que lo amabas?
—Así es.
Sakura estaba profundamente impresionada.
—Eres mucho más valiente que yo. Sólo pensar en que me pueda rechazar me resulta doloroso, pero tú tuviste el coraje de decirle a Naruto lo que sentías, aunque él no hubiera hecho lo mismo.
—En realidad, fue él quien me dijo que yo lo amaba.
Sakura se echó a reir.
—Típico de los hombres. Todos son muy arrogantes, como sabrás.
—Sí, la mayoría —coincidió Hinata—. Pero Naruto acertó, y cuando me presiono para que admitiera que lo amaba, lo hice. No pude mentirle.
—Y te dijo que iba a casarse contigo. Es terriblemente romántico, pero también es un poco... impresionante.
—Por qué?
—Porque es un Uzumaki. ¿Puedo hacerte una pregunta personal...realmente muy personal? No tienes por qué responderme si no lo deseas —se apresuro a añadir.
Hinata advirtió la vacilación en la voz de Sakura.
—¿Qué quieres saber?
—¿Naruto te ha besado?
—Sí, lo ha hecho.
—¿Y cómo fue?
Hinata sintió que le ardía el rostro.
—Fue muy placentero —susurro. Mirando a Sakura, sonrió y le dijo—: Ese hombre logra estremecerme con sólo mirarme.
Sakura dejo escapar un anhelante suspiro.
—Yo he besado solamente una vez en mi vida, y no me estremecí. Me pregunto qué sentiría si me besara el hombre que amo.
—Se te aflojarán las rodillas, el corazón se pondrá a latir locamente y te quedarás sin aliento. ¿Y sabes qué más?
—¿Qué?
—No querrás que el beso se termine nunca.
Ambas suspiraron al unísono, y luego se rieron de su propia conducta. Sakura retomó el tema.
—Jamás he podido entender cómo es posible que Sasuke y Naruto sean tan amigos. No se parecen en nada.
—Oh, yo creo que tienen mucho en común.
—No, no es así. Sasuke es generoso hasta el exceso, y amable y considerado...
—También Naruto —insistió Hinata—. Sólo muestra su lado gruñón, pero también es generoso, amable y considerado. ¡Ah, allí viene el hombre de mis sueños! —agregó riendo.
Naruto y Sasuke cruzaban el patio de armas cuando vieron a Hinata y a Sakura que iban hacia ellos. Los guerreros se detuvieron bruscamente.
—No es posible que tengamos tan mal aspecto —señalo Hinata mientras se arreglaba el cabello sobre los hombros.
—Oh, sí que lo tenemos —replicó Sakura. Se volvió a Hinata, y trató de ayudarla a sostenerse la manga rasgada sobre el hombro, pero la tela volvió a caerse inmediatamente sobre el codo.
—¿Qué diablos os ha sucedido a vosotras dos? —preguntó Naruto, bramando como un león.
Ante el sonido de su voz, Sakura hizo una mueca.
— Sakura, explícate —exigió Sasuke.
Hinata se volvio hacia su amiga, y le propuso en voz baja.
—¿Qué opinas de arrojarlos también a ellos colina abajo?
Sakura se mordió el labio inferior para contener la risa, mientras seguía a Hinata por el patio de armas.
—Te hice una pregunta. ¿Qué te ha pasado, Hinata? —repitió Naruto.
Hinata se detuvo a cierta distancia de los hombres, abandonando el intento de recobrar la compostura, y junto las manos. Sakura se puso a su lado.
—¿Qué os hace pensar que nos ocurrió algo? —pregunto con aire de inocencia.
Observando el aspecto que ofrecían, Sasuke consideró que la pregunta era ridícula.
A Naruto, no obstante, no le hizo ninguna gracia. Dio un paso hacia Hinata.
—Tienes el vestido desgarrado —dijo—, el rostro manchado de tierra, y tu cabello está lleno de hierba y hojas. —La mancha que ostentaba Hinata en el costado de la nariz estaba distrayéndolo. Le tomo la barbilla, y con el pulgar se la limpio. El brillo en los ojos de Hinata hizo que quedara prendado de su mirada, y no pudo soltarla. En un tono mucho más suave, volvió a pedirle que le contara lo ocurrido—. Shikamaru me dijo que habías mencionado algo con respecto a unos hombres que estaban en la colina. ¿Quiénes eran y qué hicieron?
—No había ningún hombre con Sakura ni conmigo.
— Hinata...
—Con nosotras no había ningún hombre.
Antes de que pudiera seguir preguntándole, ella le apoyó las manos sobre el pecho, se puso en puntas de pie, y le susurró al oído.
—Estaba divirtiéndome un rato, y eso es todo. Sin embargo, te he echado de menos .¿Tú me extrañaste?
—Soy un hombre ocupado —replicó él con voz ronca, tratando de ignorar su maravillosa fragancia.
Sentía el calor de sus manos sobre el pecho, y entonces se dio cuenta de lo mucho que le gustaba su informal y abierta demostración de afecto. Desde muy joven había aprendido a ocultar sus sentimientos, hasta el punto que la introversión se había convertido en su segunda naturaleza.
Hinata era exactamente lo contrario. Todo lo que tenía que hacer era mirarla a la cara para saber sin lugar a dudas lo que pensaba y lo que sentía. En ella no había suspicacia ni simulación. Era refrescantemente sincera, voluntariosa, y, aparentemente, no sentía miedo. También era irresistible. Él ni siquiera había tenido tiempo de protegerse, en un abrir y cerrar de ojos, Hinata había conquistado su corazón.
Ella trató de retroceder, pero Naruto le cubrió las manos con las suyas.
—¿Te parece que podrás dedicarme un momento a solas? —preguntó ella.
—¿Para qué?
La voz de Hinata volvió a convertirse en un susurro, y su dulce aliento le cosquilleo en el oído.
—Me gustaría arrojarme desvergonzadamente en tus brazos y besarte con toda pasión hasta que te diera vueltas la cabeza.
Lo besó en la mejilla, y se aparto de él, aparentemente muy satisfecha de sí misma.
—¿Crees que podrás hacer todo lo que me acabas de decir?
—Sí.
—¿Hacer qué? —preguntó Sasuke.
Naruto sonrió.
—Cree que puede...
—¡Naruto! —exclamó Hinata con voz sofocada.
— ¿Si?
—¡Lo que te dije era algo privado!
Sasuke abandonó el tema.
— Hinata, todos los Uchiha se reunirán aquí al atardecer.
A ella le costó concentrarse. La forma en que Naruto estaba mirándola hacía que el estómago le diera saltos. El efecto que provocaba en ella era, ciertamente, pecaminoso.
—Lo siento. ¿Qué me decías?
—Todos se reunirán aquí al atardecer —repitió Sasuke pacientemente.
—¿Hombres y mujeres?
—Sí.
—Bien.
—Tal vez entonces puedas ver a tu hermana —dijo Sakura.
—Así es —confirmé Sasuke, sonriendo ante el entusiasmo de la joven. Volviéndose hacia Hinata, le preguntó—: ¿Hagoromo y Hamura te dijeron que estaba aquí?
—No exactamente —reconoció ella—. A uno de ellos se le escapó que sabía de quién se trataba, sin embargo, y cuando lo presioné, dijo que si la muchacha era, efectivamente, Hanabi, entonces vive en tierras de los Otsutsuki. No sé cuán lejos quedan de aquí.
—No muy lejos —dijo Sasuke.
—Si me disculpáis, me gustaría ir al lago con Sakura, y lavarnos. Debo hacer algo con mi aspecto antes del atardecer.
—Todavía no —dijo Naruto, mientras tomaba a Hinata de la mano, prácticamente la arrastraba, y se dirigía hacia el castillo. Ella se vio obligada a correr para mantenerse a su altura.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó.
Él no le respondió. Abriendo la puerta de par en par, de un tirón la obligó a entrar. Cuando la puerta se cerró tras ellos, entraron en el vestíbulo, que estaba oscuro y olía a cerrado. Hinata apenas podía verlo cuando él la apoyo contra la puerta, puso las manos sobre su cabeza, y se apretó contra ella. Hinata pudo sentir el calor y la fuerza que emanaban de él, aunque cuando la tocó se mostró increíblemente delicado.
—Aquí tienes tu minuto, Hinata. ¿Vas a desperdiciarlo, o vas a demostrarme que no alardeabas?
Súbitamente insegura, Hinata luchó contra su timidez, y lentamente le rodeó el cuello con sus brazos, hundiendo los dedos en el cabello de Naruto para atraerlo hacia sí. Su boca rozó la de él. Con los dientes apreso su labio inferior, y tiró suavemente. Oyó su respiración, y supo que su osadía le había complacido. Abrazándolo con fuerza, echó la cabeza hacia atrás, abrió la boca y lo besó con atrevido entusiasmo.
A Naruto se le aflojaron las rodillas.
Acostumbrado a ser el que tomaba la iniciativa, no podía permitir que Hinata le ganara de mano. Con un ronco gruñido la levanto en vilo, mientras la besaba una y otra vez, su lengua enredada con la de Hinata, a punto de perder por completo el control cuando la escuchó emitir un gemido de placer. Le acarició la espalda, y la levantó un poco más hasta que estuvo apoyada contra su ingle.
Ambos jadeaban en busca de aire cuando Hinata terminó de besarlo. Siguió aferrada a él, con el rostro hundido en su cuello, llenando de besos el hueco de su garganta.
—No te apartes de mí —susurro, sabiendo que si lo hacía, ella moriria.
El beso le había dejado sin fuerzas, y sin embargo en lo único que podía pensar era en volver a besarlo. Se sentía absolutamente desenfrenada, y no le importaba en absoluto.
—Jamás —respondió él—. Jamás te dejaré ir.
Lentamente, la bajó hasta que sus pies volvieron a tocar el suelo, pero no dejó de abrazarla, mientras le besaba el cuello. El suspiro que dejó escapar Hinata estaba lleno de deseo. Reacia a separarse de él, apoyó la cabeza sobre el hombro de Naruto y cerró los ojos. Su mano descansaba sobre el corazón de Naruto, y pudo sentir sus vertiginosos latidos.
—No te he provocado palpitaciones, ¿verdad?
—Sí —reconoció él—. Eres una seductora, Hinata. No puedes besarme así, y pretender que puedes marcharte tan tranquila.
—¿Y qué querrías que hiciera?
¡Señor, vaya si era inocente!
—Ya te lo explicaré esta noche —le prometió.
Naruto le apartó gentilmente los brazos, y le recordó que tenía que ir al lago con Sakura.
Ya se había vuelto hacia la puerta cuando Naruto la detuvo.
— Shikamaru me contó que le había parecido que algunos de los soldados Uchiha estaban molestándote.
—Con nosotras dos no había ningún hombre —volvió a decir ella—. Pero si los hubiera habido, y me hubieran molestado, yo me hubiera encargado de ellos sola.
—No, no lo hubieras hecho —insistió él—. Tú me dirías quiénes eran, y yo me encargaría de ellos.
—¿Y qué les harías?
Naruto no tuvo que pensar mucho su respuesta.
—Si algún hombre se atreviera a tocarte, lo mataría.
Las chispas de furia que vio en sus ojos y el gesto decidido de su mandíbula apretada, la convencieron de que hablaba en serio. De pronto le pareció muy peligroso.
—No puedes matar...
Él no la dejó terminar.
—Es el estilo Uzumaki —dijo con vehemencia—. Tú me perteneces, y no permitiré que ningún otro hombre te ponga las manos encima. Y ya basta de esto. Hay algo que quiero decirte, y éste es tan buen momento como cualquiera.
Hinata aguardo un instante a que él siguiera adelante, antes de insistir.
—¿ Y bien?
—Por aquí nosotros hacemos las cosas de forma diferente.
—¿Nosotros?
—Los Uzumaki —especificó—. Cuando queremos algo, lo tomamos.
—Eso no parece correcto.
—No tiene importancia que parezca o no correcto. Así es como lo hacemos.
—Pero sí que importa. Puedes meterte en problemas con la Iglesia si tomas algo que no te pertenece.
—La Iglesia no me preocupa.
—Debería hacerlo.
Apretando los dientes, Naruto le advirtió.
—No discutas conmigo.
—No estoy discutiendo. Simplemente, señalo un hecho. No es necesario que te pongas de mal humor.
El la tomó de los hombros y la acercó hasta él.
—Voy a empezar dc nuevo. Voy a explicártelo, y quiero que sigas atentamente lo que digo.
—¿Me estás insultando?
—No, mi querida. Sólo escúchame.
Hinata quedó tan sorprendida por la muestra de afecto que se le nublaron los ojos.
—Muy bien —susurró—. Voy a prestar atención. ¿Qué quieres explicarme?
—Tú me dijiste que me amabas. Lo admitiste, ¿no es así? No puedes retirar tus palabras.
En ese momento expuso su vulnerabilidad, y Hinata trató inmediatamente de tranquilizarlo.
—No quiero retirar mis palabras. Te amo.
Naruto aflojó su abrazo.
—Esta noche... Yo... o sea, nosotros... ay, demonios.
— Naruto, por todos los cielos, ¿qué te pasa?
—Tú —murmuró él—. Tú eres lo que me pasa.
Ella le apartó las manos.
—Tu humor cambia según el viento. Ahora, si me disculpas, tengo que hacer cosas más importantes que estar aquí plantada, escuchándote gruñirme. —Dio media vuelta, abrió la puerta con las dos manos y salió de la habitación.
Él se dio por vencido. Sabía que había hecho una chapuza, pero confiaba en que esa noche todo terminara por salir bien. Hinata era una mujer astuta. Seguramente, cuando él hubiera terminado de quitarle las ropas y la hubiera llevado hasta su Iecho, ya se habría dado cuenta de todo. Si no era así, tendría que explicárselo.
En ese momento entró Sasuke, vio a Naruto y enseguida adivinó lo que había pasado.
—Todavía no se lo has dicho, ¿verdad?
—No, pero Dios sabe que lo intenté.
—Es bastante simple, Naruto.
—No, no lo es.
—¿Y qué te parece: " Hinata, estás casada"? ¿Te parece muy complicado?
—Te digo que lo intenté, maldito sea. Si crees que es fácil, díselo tú.
Sasuke se echó a reír.
—Por Dios, tienes miedo de decírselo ,¿verdad?
—Por supuesto que no.
—Sí, tienes miedo. ¿Qué crees que puede hacer?
Naruto renuncio a seguir con sus bravatas.
—Sí, tengo miedo. Se echará a correr. Le entrará pánico, y luego tratará de huir. Maldición, yo la engañé, y no debería haberlo hecho.
—También engañaste a un sacerdote.
—Sí, bueno... Me preocupa mas Hinata. No debería haberla engañado. Estuvo mal.
—Pero lo harías otra vez, ¿no es así?
Encogiéndose de hombros, Naruto reconoció que, efectivamente, volvería a hacerlo.
—Sí. No logro imaginar la vida sin ella, y si te ríes de mí por admitir semejante debilidad, te juro que te romperé la cara de un puñetazo.
Sasuke le dio una palmada en el hombro.
—Ten coraje —dijo.
—¿Y qué diablos quieres decirme con eso?
— Hinata puede sentir pánico cuando se entere de que está casada contigo. Demonios, cualquier mujer sentiría lo mismo.
— Sasuke, no me estás ayudando.
—Pero no se escapará, Naruto.
—Se lo diré en la cena. Sí —agregó asintiendo con firmeza—. Se lo diré entonces.
Al abrir la puerta de par en par para irse, Naruto estuvo a punto de arrancarla de sus goznes.
Continuará...
