Tanto tiempo!!! jaja. Pido disculpas nuevamente por haber subido capítulos rn blanco debido a la faltabde Internet!! No va a volver a ocurrir... (eso espero xD)... Sin más para decir... Aquí vamos..
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Capítulo 18
—¿Quieres parar de una vez? pareces un gato enjaulado. No extrañaría que me hubieras cavado un surco en la alfombra.
—No seas tan quisquilloso. Solo estoy estirando las piernas —le dijo Shaoran a su hermano mientras volvía sobre sus pasos para sentarse frente a él.
—¿Vas a contarme qué te ocurre o voy a tener que sacártelo a golpes?
—Muy gracioso, hermano.
—Llevas media hora paseándote por la biblioteca como si fueras un alma en pena.
—¿Te aburres tanto que no tienes otra cosa que hacer más que inventar? —le dijo Shaoran entre dientes. Eriol esbozó una sonrisa.
—Si no fuera porque sé que es imposible, pensaría que todo ese mal humor es por una mujer, pero claro, como he dicho, eso es imposible, porque es bien sabido que mi hermético hermano jamás se dejaría embrujar por nadie. No, es él el que las seduce y después se marcha.
—Jamás he seducido a una mujer que no quisiera ser seducida, y siempre antes ha quedado claro qué era lo que ambos deseábamos de ese encuentro. No he engañado a ninguna con falsas promesas.
—Sí, eso es verdad, lo cual no significa que más de una no haya quedado con el corazón roto, ni que parte de las damas disponibles de la sociedad suspiren por ti cada vez que te ven entrar en un salón.
—Eres un cretino, ¿lo sabías?
—Sí, pero por eso me quieres. Es parte de mi encanto.
Shaoran tuvo que sonreír a su pesar. Su hermano estaba prácticamente recuperado. Había ganado algo de peso y las profundas ojeras que lo acompañaron durante su enfermedad eran ahora, tan solo, leves sombras. Dentro de unas semanas podría irse a Londres tranquilo. Había relegado durante demasiado tiempo los problemas que habían surgido en la compañía naviera. Richard le había mandado información sobre su investigación y, aunque en las últimas semanas no había vuelto a producirse ningún otro incidente, los dos estaban deseosos de descubrir quién andaba detrás de esos sabotajes.
—¿Has decidido ya la fecha de la partida a Londres? —le preguntó Shaoran.
—¿Esa es tu forma de decirme que no vas a responder a mi pregunta?
—No, esa es mi forma de decirte que tu pregunta no tiene ningún asidero. Además, si hablamos de mujeres no es a mí a quien deberíamos mirar.
—¿A qué te refieres?
—A la expresión de tu cara cada vez que Tomoyo entra en una habitación.
—No sé de qué estás hablando. Solo me preocupo por ella. No quiero que le hagan daño.
Shaoran sabía que eso era verdad. Su hermano era tremendamente protector con aquellos que estaban bajo su responsabilidad. Una cualidad que compartían y que en él últimamente se había agudizado con respecto a cierta institutriz.
—De eso estoy seguro. Yo tampoco quiero que le hagan daño, sin embargo, no frunzo el ceño cada vez que la veo.
—Yo no frunzo el ceño —le dijo Eriol con cara de enfado.
—Sí que lo haces.
—Sabes como arruinarle la noche a cualquiera.
Shaoran sonrió. Por lo menos durante unos momentos se había olvidado de la escena en el jardín. ¿En qué había estado pensando? Sakura no era como las demás mujeres que había conocido y eso lo había atraído como un imán. No era el tipo de mujer superficial y experimentada con la que él estaba acostumbrado a relacionarse, ni tampoco una muchacha inocente e insegura que sentía miedo con solo mirarlo. Sakura era una mezcla afrodisíaca que embriagaba sus sentidos. Era inocente y a la vez apasionada. Inteligente y cautelosa, tierna e impulsiva. Lo enfurecía como nadie, y lo hacía reír al momento siguiente. Pero no debía pensar más en ella. Era lo mejor para los dos. En su vida no había cabida para una mujer así.
—Y ahora, ¿quién está frunciendo el ceño? —le preguntó alzando una ceja.
—Está bien, dejémoslo en tablas.
Eriol asintió antes de marcharse..
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Sakura abrió los ojos cuando sintió unos golpes en su puerta. Era su día libre y, aunque estaba acostumbrada a levantarse temprano, ese día prefirió quedarse en la cama, meter la cabeza debajo de las mantas y autocompadecerse por ser la mujer más idiota que existía en el mundo entero. Por enésima vez recordó que pronto tendría que marcharse. En dos semanas, todos partirían para Londres. Se lo había dicho Amaya el día anterior, después de que mantuviera aquella discusión con Shaoran.
—Sakura, ¿estás despierta?
Sakura sacó la cabeza de entre las sábanas y miró hacia la puerta. Tomoyo estaba asomada intentando verla.
—Sí, Tomoyo, entra.
—¿Te encuentras bien? Sakura reprimió las ganas de decirle que no. Que sentía que había perdido algo muy valioso y que la sensación de vacío que la inundaba desde entonces la estaba matando.
—Sí, ¿por qué?
—No sé, es que son las diez y, aunque es tu día libre, siempre eres una de las primeras en levantarte.
—Hoy tenía ganas de descansar.
Sakura se dio cuenta de que Tomoyo tenía una expresión peculiar en la cara.
—¿Qué ocurre?
—Es lady Haston.
—¿Quién?
—Una vieja amiga de mi tía. Ella y su hija han llegado esta mañana temprano. Por lo visto van camino a Edimburgo y decidieron hacernos una visita.
—¿Y? —le dijo Sakura, sabiendo que tenía que haber algo más para que Tomoyo estuviera tan deseosa de hablar con ella como para subir a su habitación.
—Es una arpía. No deja títere con cabeza. Y su hija, que quedó viuda tan solo hace unos meses, es exactamente igual. Ridiculiza a todos aquellos que según ella no están a su altura. Le gusta meterse en la vida de los demás y lo hace con un descaro absoluto.
—En resumen, es un dechado de virtudes —le dijo Sakura haciéndose mentalmente una idea de cómo sería la mujer. Para caer mal a Tomoyo, que era un ángel, tenía que ser todo un personaje.
—Sé que no debería hablar así de ella, pero es que tú no la conoces. La última vez que me vio tuve que aguantar sus desagradables indirectas sobre mi estado de soltería y que si seguía así acabaría siendo una vieja ermitaña. Que sin duda tendría que ser menos exigente ya que no podía aspirar a más con mi físico y mi belleza, que según ella era demasiado clásica como para despertar admiración en un hombre. Jamás le conté esto a tía Amaya porque es una vieja amiga suya.
A Sakura ya le caía francamente mal. ¿Pero qué se creía esa bruja? ¿Que Tomoyo no podía despertar atracción en los hombres?, debía de estar ciega. Cualquiera podía ver que era una joven hermosa y noble con suficiente encanto como para poner de rodillas a la mitad de la sociedad londinense. Estaba claro que los comentarios habían sido fruto de una profunda envidia.
—¿Sabes si van a quedarse por mucho tiempo?
—Al parecer tienen pensado quedarse hasta el viernes, es decir tres interminables días.
—Bueno, no te preocupes, antes de que te des cuenta ya se habrán ido.
—Eso espero. Tenías que ver cómo lady Mansfield, la hija, miraba a Shaoran en esta mañana.
—¿Cómo lo miraba? —preguntó Sakura con una ceja levantada.
—Como si fuera un pastel de frambuesa. Shaoran siempre provoca esa reacción entre las mujeres y por lo que se ve, lady Mansfield no va a ser una excepción.
Sakura apretó los puños sobre las blancas sábanas. ¿Qué más le daba a ella que esa mujer se sintiera atraída por Shaoran? Como bien le había dicho Tomoyo, él solía despertar esa reacción entre las féminas. Sin embargo, la posibilidad de que él respondiera a esa atracción era lo que le hacía sentir una furia interior como nunca antes había sentido. ¿Serían celos? No, simplemente era la conclusión lógica de lo que había ocurrido entre ellos. Solo habían pasado unas horas desde que se habían besado apasionadamente y no quería saber que él ya lo había olvidado. Sí, eso era. El que sufría era su amor propio, no su corazón. Suspiró profundamente, ya más relajada. Sin duda los siguientes días no serían los más tranquilos.
Sakura odiaba tener razón. Lady Haston y su hija lady Mansfield eran peor que un dolor de muelas, y a ella estaban a punto de hacerle perder la paciencia. Nada más conocerlas estuvo más que de acuerdo con la descripción que Sarah había hecho de ellas. La mirada que le echó lady Haston de arriba abajo, algo despreciativa, se acentuó cuando la presentaron como la institutriz de los niños. La nariz de las dos mujeres dieron un leve respingo como si hubiesen olido algo en mal estado. Por lo visto, era demasiado poca cosa como para prestarle atención. A ella le daba exactamente igual, pero lo que no toleraba era la falta de cortesía que también destinaban a Tomoyo. Tenían mucho cuidado de no desplegar su mala educación hacia su amiga delante de Amaya, pero en cuanto esta se daba la vuelta las dos se mostraban más que ansiosas por hacer sentir a Tomoyo insignificante. No le costó mucho descubrir la razón. La envidia y la posible competencia para la joven, que al parecer estaba a la caza de un nuevo marido. Sin duda el marqués de Stamford o el conde de Ashford eran presas más que deseables.
El marqués de Stamford no pasaba más allá de la cortesía. Se veía claramente que solo las toleraba. Aduciendo una debilidad que no era ya tal, dejaba verse en contadas ocasiones. El conde de Ashford, sin embargo, no había tomado una posición tan clara. Parecía compartir con su hermano la opinión sobre las invitadas, pero al contrario de el se lo veía muy a menudo en compañía de lady Mansfield, que parecía perseguirlo sin tregua.
Lo que en principio iba a ser una visita de tres días ya se prolongaba a cinco.
—Querida, esos niños deberían estar en sus habitaciones, ¿no crees?
Amaya miró por encima de su taza a la que en otro tiempo había sido una de las mujeres más hermosas de Escocia, pero a quien la codicia y la amargura le habían dejado huellas en su belleza. Con el pelo oscuro aún y extremadamente delgada, la que había sido su amiga de la infancia se había convertido en una mujer fría y altanera que ella soportaba solo por el recuerdo de sus días en Edimburgo y por cortesía.
—Si fuera por ti, ya los habrías encerrado en una mazmorra.
—Por Dios, Amaya, sabes que me gustan los niños, pero siempre que estén bien educados. Parece mentira que tengan institutriz. Por lo visto, esa muchacha no es competente. Hazme caso, deshazte de ella lo más pronto que puedas. Si quieres yo puedo recomendarte a una institutriz de confianza.
Amaya la miró con el ceño fruncido.
—Claramente te estás volviendo vieja, Harriet. Mis sobrinos nietos están muy bien educados, y Sakura es una excelente institutriz.
—Si tú lo dices... —le dijo lady Haston mientras miraba con un brillo malicioso en los ojos hacia la puerta por la que en ese momento entraba Tomoyo. —Vaya, estás muy pálida. Deberías tomarte un té —le dijo a la recién llegada.
—No, gracias, lady Haston. Es usted muy amable, pero solo he venido a decirle a mi tía que Sakura y yo vamos a dar un paseo.
—Creo que es lo más acertado. ¿Por qué no se llevan a los niños?
Amaya reprimió el impulso de tirarle la taza de fina porcelana a Harriet en la cabeza. Era un verdadero incordio.
—No se preocupe, los niños vienen con nosotras.
Cuando su sobrina salió de la habitación, Amaya miró más detenidamente a su amiga.
—No me gustaría que nuestra amistad se viera resentida por tu comportamiento con aquellos a los que quiero, Harriet.
La cara de lady Haston denotaba sorpresa.
—¿De qué estás hablando, Amaya?
—De tu falta de delicadeza con mi sobrina para empezar. Ella es demasiado buena como para decírmelo, pero sé que la incomodas. Deja de hacerlo.
Esa última frase dejó con la boca abierta a Harriet, que calló porque sabía que cuando Amaya se enlaciaba no había quien pudiese detenerla.
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Esa misma noche, Sakura hubiese deseado no tener que bajar a cenar. La verdad era que estaba saturada de las dos mujeres y sus indirectas. Más que nada, tenía miedo de sí misma. Se conocía lo suficientemente bien como para saber que no iba a soportar mucho más tiempo sin responderles tal como se merecían.
Se puso su vestido de muselina verde. Era discreto y elegante. Sus líneas resaltaban su figura, aunque el escote alto no dejaba entrever sus encantos. Cuando bajó estaban todos en la salita.
—Ya estamos todos —dijo el marqués de Stamford con el entrecejo fruncido—. Pasemos al comedor.
Sakura se acercó a Tomoyo, que con su vestido azul marino estaba encantadora. El entrecejo fruncido de lady Haston así lo indicaba. Parecía ser que odiaba que alguien pudiese ensombrecer a su hija. Lady Mansfield, con su vestido amarillo pastel y un gran escote intentaba llamar la atención de todos los presentes, sobre todo de los de sexo masculino. Específicamente la atención de Shaoran, de quien, con un sonrisa absolutamente superficial, entró del brazo en el comedor.
Sakura se dijo por enésima vez que no le importaba en absoluto con quien se relacionara el Conde. Sin duda alguna, no era de su incumbencia, y menos cuando pronto saldría de su vida para no volver a verlo más. Sin embargo, cada vez que la veía junto a Shaoran le daban ganas de armar una escena. Ciertamente era una reacción poco apropiada y nada alentadora para alguien que se decía a sí misma que debía olvidar todo sentimiento hacia él. Se estaba convirtiendo en toda una mentirosa en lo que a sí misma se refería. Tomoyo tampoco estaba muy a gusto con las sonrisas que Lilian le dedicaba a Eriol cada vez que tenía oportunidad.
El marqués de Stamford se sentó en la cabecera de la mesa y Amaya enfrente de él. A su derecha, estaba lady Haston, Tomoyo y ella, y a su izquierda, Shaoran y lady Mansfield.
La cena estuvo repleta de exquisitos platos y conversaciones banales. Lady Haston habló de sus relaciones con la alta aristocracia de Londres, y de la vida de ciertas amistades que parecía tener en común con Amaya. Lilian también conversó animadamente sobre la última moda y la cantidad de eventos a los que había acudido en el último mes. Al parecer, aunque hacía poco que había quedado viuda, su anciano marido le había transmitido antes de morir su deseo de que no le guardara luto durante largo tiempo, ya que era muy joven y era su deber disfrutar de la vida.
—Me comentó Amaya que os iréis dentro de unas semanas a Londres. Es una pena que nosotras ya no estemos, pero debemos volver a casa. Allí tenemos responsabilidades y nos debemos también a la buena sociedad escocesa.
—Sin duda, Harriet, será una verdadera pena —comentó Amaya —. Sin embargo, esperemos que nuestra apretada agenda mitigue esa pérdida.
A Sakura, al igual que al resto de quienes la conocían, no les pasó inadvertido el tono irónico con el que había dicho la frase, lo que hizo que Tomoyo se atragantara con el agua, que Eriol tosiera y que lady Haston frunciera el ceño. Shaoran se limitó a mirar a Amaya con un brillo risueño en los ojos.
—¿Usted también irá con ellos, señorita Greyson? —le preguntó lady Mansfield mientras desplazaba con la mano el plato con pastel de frambuesa que habían servido de postre.
—Sí, claro, puesto que van los niños, yo también iré.
—¿Van los niños? —preguntó lady Haston asombrada.
Eriol levantó la cabeza de su plato para mirarla con detenimiento.
—Sí, ¿le parece raro que quiera que mis hijos me acompañen?
Lady Haston hizo una mueca de desagrado.
—No, pero es inusual. En medio de la temporada..., no sé qué van a hacer los niños en Londres. Sería mejor que se quedaran aquí con la institutriz, ¿no cree?
—No, no lo creo —le contestó el marqués de Stamford con una sonrisa que no presagiaba nada bueno.
—Y usted, lord Li de Clare, ¿tiene pensado disfrutar de lo que queda de la temporada? —le preguntó Lilian, inclinándose de tal manera hacia él que parecía poder caerse de la silla en cualquier momento.
"La idea es tentadora", pensó Sakura para sí.
Shaoran miró a lady Mansfield con un brillo irónico en la mirada.
—Sí, esa era mi intención —le dijo devolviéndole la sonrisa.
—Imagino que estará ocupadísimo. Todas las anfitrionas estarán deseosas de que acuda a sus fiestas —continuó lady Mansfield, coqueteando ya descaradamente.
—Puff —soltó Sakura más alto de lo que hubiera deseado.
—¿Ha dicho algo, señorita Greyson? —le preguntó lady Mansfield mirándola como si ella fuera un sapo en mitad de una charca.
Sakura no pensaba responderle, aunque la tentación la estuviera matando por dentro.
—No, para nada. Solo estaba aclarándome la garganta. Lamento haber interrumpido su interesante conversación.
Shaoran contuvo una carcajada.
—No se preocupe, nada podría distraerme de hablar con Shaoran, y menos algo tan insignificante.
"Hasta aquí hemos llegado", se dijo Sakura mientras se preparaba para decirle unas cuantas cosas a esa estirada presumida. El insulto que había detrás de sus palabras estaba bien claro.
—La señorita Greyson es una mujer de altos principios, noble, inteligente y muy hermosa. Le aseguro que es todo menos insignificante —le dijo Shaoran a lady Mansfield en un tono que no admitía discusión.
Eriol se quedó mirando a su hermano, mientras que Tomoyo y Amaya aplaudían en silencio su definición sobre Sakura. Lady Mansfield parecía haberse quedado muda, mientras que su madre miraba a la institutriz como si fuera una arpía.
Sakura simplemente se había quedado aturdida. Miró a Shaoran, quien le devolvió la mirada y la dejó, con ese gesto, sin respiración. La fuerza que veía en sus ojos, algo que ella no podía determinar, la asustaba y a la vez la excitaba. Parecía que quería apropiarse de ella como si le perteneciera, desnudándola hasta llegar a su alma. Sakura aparto la mirada mientras bebía un poco de agua.
—Espero que no me haya malinterpretado. Jamás osaría decir que la señorita Greyson es insignificante —dijo lady Mansfield con fingida consternación—. Señorita Greyson, espero que no se haya ofendido.
—No se preocupe. He entendido perfectamente el sentido de sus palabras —le dijo Sakura sonriendo.
—De todas maneras, lord Li de Clare, tengo que alabar su fervorosa defensa de la señorita Greyson. No es corriente que un hombre de su estatus tenga ese gesto con la institutriz —dijo lady Haston claramente molesta.
Shaoran endureció la mandíbula por unos segundos para después volver a su postura normal. Aparentemente relajado, sin que nada ni nadie pudiera perturbarlo.
—Me he limitado a decir la verdad. Además, la señorita Greyson no necesita de mi defensa. Más bien, es por su propio bienestar que he hablado, lady Haston.
—No lo entiendo, ¿qué quiere decir con eso?
Amaya soltó una risilla mientras que Tomoyo intentaba mantener la compostura.
—Lo que quiere decir mi hermano, es que nosotros tratamos a la señorita Greyson como a una más de la familia. Al fin y al cabo es la que cuida de mis hijos. Y ahora si no les importa, mi hermano y yo nos retiraremos a la biblioteca mientras ustedes pasan al salón.
Sakura se disculpó unos minutos mientras subía a ver a los niños. Cuando se quedó a solas, aún no podía creer que no hubiera abierto la boca mientras se hablaba de ella. Definitivamente ese hombre la estaba volviendo tonta.
Más tarde, cuando ya todos se habían retirado a dormir, Sakura no podía dejar de dar vueltas en su habitación. Inquieta, decidió balar a la biblioteca por un libro. Se puso la bata de color rosado que le tapaba hasta el cuello y salió de su cuarto con el mayor sigilo posible. Era extraño, pero desde que llegó a aquella casa había dormido bien durante todas las noches. Eso se debía en parte a que se sentía segura y en parte al cansancio con el que llegaba a la cama después de trabajar todo el día sin parar. Esos pequeños a los que adoraba tenían mucha más energía de la que ella hubiese podido imaginar.
Había bajado las escaleras cuando vio luz procedente de la biblioteca. Al acercarse más para saber quién la ocupaba escuchó varias voces. Una era la de Shaoran y la otra la de una mujer. Si no estaba equivocada, era la de lady Mansfield. Se dio la vuelta para retirarse a su dormitorio. Lo que hicieran los dos a esas horas en la biblioteca no era de su incumbencia. Sin embargo, al posar el pie en el primer escalón una punzada de celos le oprimió el estómago. Eso era demasiado. Siempre, en su fuero interno, había criticado a las mujeres celosas para terminar siendo una de ellas. No tenía ningún derecho sobre Shaoran, ni había ningún tipo de promesa entre ambos. Es más, había sido ella misma la que había cortado cualquier posibilidad de un mayor acercamiento, así que ahora ¿qué esperaba?, ¿que él no mirara a ninguna otra mujer? Era una ilusa. Shaoran era un hombre muy atractivo, y según los rumores toda una leyenda con las mujeres. Su condición de mujeriego no era ningún secreto, al igual que el rastro de corazones destrozados que dejaba tras de sí. Muchachas, mujeres e incluso madres, suspiraban por él.
Subió otro escalón antes de que la curiosidad se impusiera a su buen juicio. Sin saber cómo, en menos de un segundo estaba de nuevo junto a la puerta mirando por la abertura que dejaba entrever el interior del cuarto.
—Le repito que lamento mucho esta interrupción. Francamente no esperaba que hubiese nadie levantado a esta hora, pero, como verá, no podía dormir. Me siento algo inquieta. Desde la muerte de mi marido siento que estoy completamente sola, sobre todo por las noches, si sabe a lo que me refiero, lord Li de Clare.
Sakura no pudo ver la expresión de Shaoran, que en ese momento se levantaba detrás del escritorio para acercarse a lady Mansfield.
—Puede que un libro la ayude a conciliar el sueño. No hay nada mejor que leer un rato cuando uno está desvelado. ¿Es ese el motivo por el que ha bajado, no?
—Sí, claro. Aunque ahora que estoy aquí y descubro que no soy la única que no puede dormir, pienso que quizá podamos hacer algo entre los dos.
Sakura pudo ver como la mujer se acercaba a Shaoran, acortaba la distancia que los separaba y apoyaba una mano sobre el pecho de él. Vio como se ponía de puntillas para rozar sus labios con los de él. Cuando ya levantaba los brazos para rodearle el cuello, Shaoran la tomó de la muñeca, sin demasiada fuerza, pero con determinación.
—Es usted muy amable, pero siento decirle que declino su oferta. Suelo ser yo el que elige a sus compañeras de cama. Lo que usted desea no es una noche, sino un nuevo marido, y a mí no me gusta que intenten manipularme.
—¿Sabe? —le dijo lady Mansfield mientras se soltaba de él—. Estoy segura de que no hubiese despreciado mi ofrecimiento si no fuera porque está pensando en esa castaña cualquiera que tiene por institutriz.
Shaoran se apoyó en la mesa mientras cruzaba los brazos a la altura del pecho.
—Le aconsejaría que no siguiera por ese camino. Tengo muy poca paciencia y menos cuando la gente intenta decirme qué es lo que pienso.
—¿Cree que no he visto cómo la mira? Es indignante que prefiera a una simple empleada antes que a mí.
Shaoran se incorporó, hasta quedar a escasos centímetros de la mujer.
—Sakura Greyson es una dama y toda una mujer. No puedo decir lo mismo de usted. Y ahora salga de esta habitación.
La expresión de Shaoran hizo que lady Mansfield saliera a toda prisa de la biblioteca. Sakura se acurrucó en el hueco de la escalera en el mismo momento en que ella se iba casi sin posar los pies en el suelo. Cuando sintió que podía volver a su habitación sin miedo a ser descubierta, subió despacio las escaleras. Al cerrar la puerta de su dormitorio vio por el espejo que tenía una sonrisa en los labios. Quizá ese hombre jamás la amara, pero ahora sabía con certeza que le importaba.
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Que lindo como la defendió a nuestra castaña :)... Espero les haya gustado!!! Y cm dije, maratón de Un disfraz para una dama!! Nos leemos en el sgte capítulo m.m