Near camina junto Light, ambos en silencio mientras sus pasos resuenan inquietantemente por todo el pasillo. Él no es alguien que crea en fantasmas, pero tampoco significa que desea pasar un sábado por la mañana visitando un lugar que fácilmente podría ser un hospital psiquiátrico abandonado y embrujado desde el siglo XIX. Las paredes agrietadas y opacas, los muchos focos descompuestos junto a la falta de ventanas convierten al sitio en una cápsula donde nunca avanza el tiempo, afuera puede estar el sol en lo más alto pero ahí adentro siempre será de madrugada, específicamente las tres de la mañana, la hora del diablo como muchos la conocen. No sabe si el sitio se mantiene en dichas condiciones por falta de recursos o es adrede debido a lo que hacen ahí dentro.

Un hombre alto y de espalda ancha es quien dirige el camino, su objetivo es la puerta al final del pasillo. A Near no le agrada el lugar, en cada paso siente escalofríos recorrer su espina dorsal, y el hecho de que los tres caminan en silencio tampoco ayuda. Piensa que debió esperar en recepción junto a Stephen, pero sí decidió acompañar a Light es porque quería apoyarlo.

—¿Están listos?

El hombre se detiene frente a la puerta y les extiende un par de bolsas que, según les explicó antes, podían usar para vomitar de ser necesario. Near toma la suya con mano temblorosa y aunque está a tiempo de arrepentirse, Light contesta por los dos antes de que pueda decir algo.

—Sí—. No vacila al responder, quiere y necesita salir de todo esto lo antes posible para poder volver a casa.

La puerta se abre tras un largo chirrido y una brisa fría junto a una hilera de lo que pareciera ser una pared con enormes casilleros de metal los recibe. Ambos avanzan cuando el hombre de robusta espalda se los indica. Near camina hacia el interior de la sala de forma insegura, no cree en fantasmas pero tampoco está interesado en averiguar si son reales; sin embargo, pese a que tiene miedo, intenta controlarse porque nota que el muchacho a su lado ni siquiera ha parpadeado ante la situación, es como si no le afectara en absoluto. Pero lo que Near admira es solo una fachada, por dentro Light también siente el estómago encogido y sus pulmones no pueden llenarse completamente de aire por más que lo intente. Su dificultad para respirar no es solamente debido al angosto y lúgubre sitio, es más bien una reacción natural de su cuerpo, después de todo… ¿quién podría estar tan tranquilo en una habitación rodeado de cadáveres? Y mucho menos cuando te han llamado para que reconozcas a uno de ellos.

—Por aquí.

La habitación no es muy grande, en pocos pasos quedan frente a dos hileras de cámaras mortuorias de seis depósitos cada una. El hombre de espesas cejas que ha dirigido el camino lleva su mano hasta el pasador de uno de los depósitos, pero no lo abre al instante, en cambio vuelve su mirada por sobre uno de sus hombros.

—Como se les advirtió desde un principio, lo que verán puede ser impactante, si necesitan vomitar háganlo dentro de las bolsas que les entregué— indica con la misma voz monótona que han notado en todos los empleados con los que han tenido que hablar ese día, como si ese fuese uno de los requisitos para trabajar en una morgue municipal —. ¿Están listos?

Como acto reflejo, Near menea la cabeza de un lado a otro y da un paso hacia atrás, chocando contra su amigo.

—Light…— murmura. Quiere decirle que no puede hacerlo, que no está listo, que no quiere ver el cuerpo de un hombre muerto, pero las palabras se anudan en su garganta. Sin embargo el castaño no necesita escucharlo para entenderlo, porque él también siente esa inquietud que se refleja en los ojos de Near, él también daría media vuelta de tener la oportunidad.

—Tranquilo, no es necesario que mires— sonríe y con la misma calidez enreda los dedos de su mano entre los cabellos del más bajito, a quien atrae hacia sí hasta que el rostro de su amigo queda oculto en su pecho, de esa forma Near estará de espaldas cuando la puerta se abra.

Tan pronto el castaño lo indica, el hombre retira el pasador y jala el depósito. Para Light el aire del lugar se vuelve mucho más frío cuando la cabeza desfigurada y en proceso de descomposición de un sujeto aparece frente a sus ojos, inconscientemente ejerce más presión sobre la cabeza de Near y se siente tentado a apartar la mirada, pero no puede, porque ese cuerpo que le pidieron que reconociera podría ser el de Liam.

—¿Do-Dónde dice que lo encontraron?— No puede evitar tartamudear, se siente entumecido, sus ojos no han dejado de examinar cada detalle del cuerpo inerte y maltrecho frente a él, porque se supone que eso es lo que debe hacer, buscar alguna pista que indique que efectivamente se trata de Liam, aunque más bien, y sin darse cuenta, realmente lo que busca es un rasgo que le indique lo contrario. Sin embargo, la prueba contundente la encontró hace varios segundos: el tatuaje de un dado con tinta barata sobre el pecho izquierdo.

—En la orilla de un río ubicado en las afueras de la ciudad. La billetera y los documentos aún estaban en la bolsa de su pantalón.

Las afueras de la ciudad, ojalá lo lejano del sitio fuera razón suficiente para descartar de inmediato que ese cuerpo es el de Liam y que posiblemente la billetera fue robada. Pero para quienes viven en las zonas menos afortunada, donde los asesinatos están a la orden del día, no es ninguna sorpresa que los pandilleros desechen los cuerpos de sus víctimas en los sitios menos esperados.

Los antebrazos y el tórax del cadáver sobre la camilla tiene un sinfín de cortaduras, las piernas están hinchadas y oscuras casi en su totalidad; el rostro está deshecho, una de las mejillas cuelga mientras la otra está completamente inflamada a tal punto que el ojo pareciera haber desaparecido. Partes de su cráneo hacen falta o cuelgan como filetes, pero a pesar del rostro deformado y casi irreconocible, hay detalles que no puede pasar por alto: en la oreja menos dañada se aprecia la marca de una vieja perforación, las únicas uñas largas son las de los dedos meñiques de las manos, tal y como Liam las usaba, y quisiera decir que cualquier vago del barrio usa el mismo estilo pero la complexión delgaducha y el vientre abultado junto a los demás detalles parecen coincidir con él; y si aún le quedaba alguna esperanza de que no sea Liam, el tatuaje en el pecho izquierdo y el dedo torcido del pie derecho que, según le contó alguna vez, se lo fracturó en su adolescencia, disipan cualquier duda.

—Es él…— susurra con dificultad mientras se aferra de forma inconsciente a Near, quien desde hace varios minutos también lo abraza.

Cuando recibió la llamada esa mañana, pidió que dejaran de llamar a su casa; «molesten a la verdadera familia de ese idiota» y «nos hace un favor a todos si de verdad está muerto», fueron algunas de las tantas cosas que gritó al teléfono, pero eso no significaba que realmente haya deseado que estuviera muerto. El reconocer que efectivamente ese cuerpo sin vida pertenece a Liam le revuelve mucho más el estómago que el nauseabundo cadáver en sí, por suerte el empleado del lugar cierra el contenedor antes de que devuelva lo poco que tiene en el estómago.

—¿Necesitas un segundo?— Pregunta el hombre al notarlo pálido, Near agrega un «¿estás bien?»

—Estoy bien, gracias—. Responde viendo hacia abajo, dedicándole una sonrisa forzada a su amigo.

—¿No quieres hacer uso de los sanitarios? Hay unos al fondo por si quieres refrescarte o sentarte un momento— continúa el sujeto mientras señala la puerta que está en el extremo opuesto de la que utilizaron para entrar. Lleva años trabajando en el mismo sitio y ha tenido que lidiar con personas que vomitan solo con el peculiar olor que se encierra en la habitación o con quienes se desmayan al ver el cuerpo sin vida de sus seres amados, por eso intenta ser amable aunque su rostro apático sugiera lo contrario.

Sin embargo, pese a que siente la acidez del estómago subiendo por su tráquea y escalofríos recorriendo todo su cuerpo, menea de nuevo la cabeza y hace tan solo una pregunta: «¿Qué le pasó?»

—Los detalles de su muerte serán brindados por mi compañera— comienza a explicar —, ahora que hemos finalizado con el reconocimiento del cuerpo, pasarán de nuevo a la oficina y deberás firmar los papeles que se les mencionó al principio.

—Él firmará por mí— indica, señalando a Near —. Ya le explicamos a ella que yo aún no he tramitado mi documento de identidad— añade luego de que el hombre frunciera el entrecejo, como si no creyera que el enano al lado suyo fuera mayor que él.

—¿Y tú hace cuanto cumpliste los dieciocho, niño?— Su inquisidora mirada se dirige al pequeño de cabellos blancos, quien infla los mofletes ofendido.

—¡Este año cumplo veinte!

—¡Ja!, ya no los vitaminan como antes— murmura más para sí mismo a la vez que sonríe por primera vez en el día, aunque sea una sonrisa burlesca —. Como sea, síganme.

En esta ocasión Near no se siente asediado por espectros fantasmales, va demasiado ocupado haciendo coraje en su cabeza como para recordar que a su espalda deja un salón lleno de cadáveres; ¡él no es tan pequeño!, es lo que piensa mientras camina lo más erguido que puede, pero al compararse con el sujeto frente a él, se da cuenta que no le llega ni a los hombros. Aunque dicha desilusión le dura poco, que ese tipo sea un gigante, y que casi todo el mundo sea más alto que él, no significa que sus ciento cincuenta y ocho centímetros de altura —ciento sesenta si lleva zapatos— lo vuelvan un enano.

Los guía hasta la misma oficina que visitaron en un principio, monótona y grisácea como el resto del edificio. Les pide que tomen asiento frente a uno de los tantos escritorios y les dice que su compañera volverá en unos minutos, luego se retira.

—Así que… ¿pasaste la noche con Stephen?

Near da un respingo ante la inesperada pregunta, el sujeto no se había alejado lo suficiente y le apena pensar que pudo haber escuchado algo.

—N-No es lo que piensas— responde sonrojado mientras ladea el rostro en dirección a su amigo, lo ve sonriendo y se pregunta si realmente no le afecta lo que acaba de ver hace unos minutos. Ignora sin embargo que más que saber de su cita, lo que Light pretende es evitar el frío silencio que solo podría acompañarlos en un lugar como ese —. Solo vimos películas— añade apenas susurrando.

— ¿Ah, sí? ¿Cuáles? ¿La anaconda enterrada?— Alza una ceja pero el otro no parece captar el doble sentido en sus palabras.

—No, la trilogía de volver al futuro.

Light casi lanza una carcajada pero se abstiene porque la inocencia del más bajito lo enternece demasiado como para hacerlo.

—Saliste ayer un poco después del mediodía— dice, sosteniéndose la barbilla con el dedo pulgar e índice, como si estuviera analizando algo en su cabeza —, fueron a almorzar y luego te llevo a su apartamento, donde dices que vieron películas… ¿la trilogía duró tanto que tuviste que pasar la noche en su casa?— Near se tensa sobre el asiento y sus mejillas se sonrojan por lo que insinúa esa pregunta, porque sí, pasó la noche entera con Stephen pero no ocurrió nada de lo que Light piensa — ¿Cuántas veces lo hicieron?

—N-No… No es lo que pa-parece— apenas balbucea aún acalorado. Aunque cueste creerlo, entre ellos no hubo nada más que un beso en la mejilla o un roce de manos, simplemente se la pasaron tan bien que el tiempo se les fue volando.

—¿Ah, sí?— Se cruza de brazos sin abandonar su sonrisa ladina —¿Entonces qué hicieron toooda la noche?

—Pueeees...— duda un poco, siempre ha tenido la sensación de que todo lo que él disfruta hacer es soso y santurrón para los demás, pero nunca le importó, hasta hace unas semanas cuando comenzó a sentirse incómodo consigo mismo por ser como es. Sin embargo tampoco es bueno mintiendo como para inventarse una historia extraordinaria que llene de orgullo a Light —, pasamos la tarde hablando en la sala de su casa, me mostró su colección de monedas y hablamos de nuestros superhéroes favoritos— su voz es apenas audible y su mirada no busca en ningún momento la del otro —. Me di cuenta que había oscurecido hasta que me preguntó si quería que pidiéramos una pizza y si quería ver con él su trilogía favorita; me la estaba pasando tan bien que no dude en quedarme un poco más— sonríe con timidez y emoción, como si recordarlo le provocará un agradable cosquilleo en los labios —. Pero de nuevo el tiempo se nos fue volando, después de cada película discutimos sobre los posibles significados que tenían algunos detalles o teorías de lo que podría pasar en la siguiente, a pesar de que salieron hace mucho y de que ya sabíamos cómo finalizaban…

Con las manos empuñadas sobre sus rodillas, espera cabizbajo un reproche o una burla que no llega. Near no lo nota pero Light lo observa sin esa sonrisa que decoraba su rostro hasta hace pocos segundos. Se quedó sin preguntas indecorosas e ideas insinuantes, y el silencio que había querido evitar se hace presente, trayendo consigo la inevitable realidad: Liam está muerto.

—Pediré que sea enterrado en una fosa común— dice luego de unos segundos, sin ninguna pizca de humanidad.

Si bien Near ya se había hecho la idea de que toda esta situación le afecta más a él que a Light, tampoco esperaba escucharlo decir algo así tan a la ligera.

—Pe-Pero… ¡no sabrás su ubicación!— Farfulla con los ojos completamente abiertos volteando en dirección a su amigo, quien de brazos cruzados mantiene la vista fija al frente.

—Es una fosa común, ¿no?— Se encoge de hombros, pareciendo que le da lo mismo el hoyo donde Liam vaya a pudrirse —Además, esas cosas suelen ser muy costosas.

—¿Es por el dinero, entonces?— Pregunta con una leve sonrisa, esperanzado de que toda esa frialdad sea sólo fingida y que el verdadero problema es que Light no tiene para pagar el sepelio. De hecho él que es un joven con trabajo estable tampoco tiene para cubrir todos los preparativos previos a la inhumación, pero tiene un poco de dinero ahorrado con el que puede ayudar —. Hay opciones más accesibles, la cremación por ejemplo. Así te ahorras la sala de velación, la caja, el cementerio…

—Near…— interrumpe el castaño mientras dirige su mirada al más bajito, quien con los dedos de su mano derecha enumeraba cada punto que iba mencionando —. Yo no pienso gastar ni un centavo en ese tipo.

La sonrisa desaparece del aniñado rostro a la vez que aparta la mirada. Aunque las palabras y actitud de Light parezcan duras, es su resentimiento el que habla. Light ignora que esa sensación de indiferencia es solo un mecanismo de defensa, el cual, de alguna forma lo mantiene a salvo. No es que no le importe, aunque esté convencido de que así es, más bien sucede que su mente aún no asimila que la persona que hasta hace dos semanas vivía en su casa ahora está muerta.

Las piezas solo comienzan a caer una a una cuando dejan la morgue, luego de todo el papeleo y lejos de esos rostros apáticos encerrados entre aquellas paredes grises. El silencio que reina entre los tres también hace su parte, desatando el infierno.

El auto va avanzando, Near busca alguna canción en la radio para intentar mermar la incomodidad. En algún momento Gevanni hace un comentario acerca del clima mientras espera que el semáforo cambie a verde y el único que contesta, aunque en un tono muy bajo, es el chico de cabellos blancos sentado a su lado. Light por su parte, sentado en el asiento trasero, se mantiene con la vista fija en la ventana y la frente pegada a ella, nada de lo que ocurre a su alrededor lo alcanza; oye sin escuchar, mira sin observar, la ciudad se refleja en sus ojos vidriosos pero ninguna imagen queda registrada en sus retinas, pareciera que una buena parte de él se hubiera quedado atrapada en aquel edificio, o quizá más bien, lo que ocurrió en ese edificio quedó atrapado dentro de él.

«Politraumatismos», fue la primera palabra que pronunció aquella mujer de dentadura descuidada mientras Near se encargaba de firmar donde se le indicaba. Sin ninguna pizca de empatía, habló sobre las contusiones cerebrales y el uso de un arma blanca en diferentes partes del cuerpo, según ellos podría tratarse de un machete por la forma de los cortes que tenía en los brazos. Dijo también que el cuerpo presentaba heridas en las muñecas y tobillos, lo que los llevaba a suponer que fue atado y luego llevado al lugar donde fue atacado por quién sabe cuántas personas. «Es lo más común», aseguró ella con el mismo tono apático refiriéndose a que la mayoría de cuerpos que son llevados ahí, fueron asesinados muy lejos de sus hogares, en terrenos baldíos donde nadie los podía escuchar suplicar.

Pero las palabras que más resuenan en su cabeza son las que dijo al final, encogiéndose de hombros como si no fuera importante: «creemos que aún estaba vivo cuando fue lanzado al río». La sola idea le revuelve el estómago. No puede evitar recordar los cortes en los brazos, y al hacerlo, lo imagina intentando protegerse mientras gritaba por ayuda; no puede evitar imaginarlo también en el agua, muerto de miedo pero sin poder moverse porque su cuerpo no responde, suplicando que alguien lo encuentre a tiempo… o quizá dejándose vencer, suplicando que ese infierno terminara pronto. Pero no fue así, sabe que sus últimos minutos fueron lentos, agonizantes y dolorosos.

«No merecía morir… no así», concluye con rabia, aún ajeno a lo que lo rodea.

— ¿Light?— Near enarca una ceja a la vez que se ladea un poco sobre el asiento y dirige la mirada a su amigo, quien no parece haberse percatado de que el auto se detuvo —¡Light!— Esta vez estira uno de sus brazos y le da un par de palmaditas sobre la rodilla, las cuales le sonsacan un respingo—. Llegamos…— finaliza apenado, su intención no era asustarlo.

El castaño se endereza aún desorientado, mira hacia los lados pero no reconoce la zona. Sus labios se abren con intención de decir que no vive ahí, sin embargo los cierra al instante; recuerda a tiempo que les dio una dirección diferente, un lugar menos hundido en la mierda y aún así no muy lejos de su casa.

—¿Hay algo más que podamos hacer por ti?— Pregunta Gevanni, inclinándose hacia el lado del copiloto en un intento de asomar la cabeza por la ventana luego de que Light saliera del auto.

—Solo… no le digan a Lawliet— hace la petición en plural pero su atención se concentra en una sola persona.

—Pero…

—No lo haremos— interrumpe Stephen antes de que Near pueda terminar. Le sonríe a su copiloto y hace un gesto con la cabeza, como pidiéndole que no insista.

—¿Seguro estarás bien?— Pregunta entonces, pero no recibe respuesta, su amigo ni siquiera parece verlos —¡Light!— Alza un poco la voz, tan solo un poco, lo suficiente para recuperar la atención del otro, quien se vuelve a verlo con una expresión que no sabe descifrar, pero sigue luciendo ausente —¿En qué piensas…?

«¡Ya te dije que le preguntes a Ushio!»

—En nada— dice con una sonrisa, pero sabe que Near no lo dejará hasta que no lo vea entrar a la maldita casa —¿Les importaría dejarme solo? Debo pensar en cómo darle la noticia a mi madre.

Near está a punto de protestar, pero Stephen lo interrumpe con un «está bien», esa interrupción le costará su primera discusión y de regreso a casa le explicará a Near que cada quien lidia con el dolor a su manera y que si su amigo le pide espacio debe respetarlo.

Light despide el auto agitando una mano, en un último intento Near le recuerda que la morgue le dio cuarenta y ocho horas para cambiar de opinión y le pide que lo piense, él le promete que lo hará.

Pasan varios minutos antes de que empiece su camino a casa. Pensó que las voces en su cabeza cesarían, pero éstas sólo parecen tomar más fuerza con cada paso, y con ellas viene la impotencia de nunca haber podido proteger a nadie en su vida.

«¡El último día que lo vi Liam regresó con él!»

Sabe quién asesinó a Liam, pero ignora que no es la primera vez que Ushio le arrebata a alguien.

oOo


La rutina de los sábados, después del asesinato de su hermano, ha sido la misma desde el día que pasó a ser el nuevo líder de la zona. No se lo ve por las calles cada sexto día de la semana, se la pasa encerrado en esa refundida y vieja casa que usan como guarida, siempre acompañado por dos de sus subordinados, los de más confianza, mientras los demás realizan trabajos en las afueras.

En esos días desde que se despierta comienza a pudrirse los pulmones con cajetillas enteras de cigarrillos, desde muy temprano empieza su trabajo de contar uno a uno los billetes en sus manos, haciendo al mismo tiempo, y sin equivocarse, operaciones matemáticas en el aire; fue su materia favorita en sus pocos años de escuela, y parece ser que a pesar de la vida que lleva, no ha perdido por completo su habilidad con los números. Los otros dos, sentados uno frente al otro, acomodan la mercancía en la mesa para armar los paquetes.

Ese sábado es igual que los anteriores. Los tres trabajan en silencio, solo el humo de la nicotina sale de sus bocas, volviendo oscuro el aire que los envuelve. Pueden estar sin decir una sola palabra ni quejarse del entumecimiento en las piernas hasta el anochecer, al menos dos de ellos no pueden hacerlo, ser el jefe tiene ciertos privilegios. Lo mismo aplica para los otros, quienes deben terminar el trabajo de manera impecable y siguiendo la regla número uno: No interrumpir a menos que sea realmente importante. El interrumpir por nimiedades les ha costado algunas palizas colectivas a un par.

Han sido muy pocas las ocasiones en las que esa regla no ha sido cumplida, es por eso que cuando la puerta recibe un repentino y brusco golpe, la reacción de la mayoría es sobresaltarse; Ushio apenas alza la mirada y chasquea la lengua porque alguien le hizo perder la cuenta.

Una nueva serie de golpes provocan que el más joven de los presentes comience a asustarse. Yamir es tan solo un nene delgado y moreno de diecinueve años, quien pasó a ser uno de los allegados de confianza de Ushio luego de seguir instrucciones de éste: matar a su propia madre cuando aún tenía diecisiete años. Los recuerdos de aquella noche aún lo persiguen, sus manos temblaban debido a los gritos despavoridos de su progenitora pero debía hacerlo si quería ser parte de ellos; el primer tiro fue en el abdomen, el segundo en el hombro y el tercero fue mortal. La señora de ascendencia India no perdía la oportunidad de alertar a la policía cualquier movimiento sospechoso, y los chismosos no son bienvenidos. Yamir es solo un niño que huyó de sus abusivos padres y encontró refugio y autoestima en una pandilla; sin embargo, aún le falta experiencia y sus encuentros con la ley han sido por causas leves, es por eso que no puede evitar comenzar a hiperventilar cuando los golpes se intensifican.

—Oculten todo— ordena Ushio con voz serena.

Para uno de ellos, la orden no es necesaria, él comenzó a deshacerse de los paquetes desde hace unos minutos, mientras su compañero más joven miraba asustado de un lado a otro, buscando un sitio donde esconderse.

—Niño, respira— pide el hombre con más tatuajes en el cuerpo que años de vida. Tiene veintiocho pero su amarillenta dentadura y garganta dañada le dan la voz y aspecto de alguien mucho mayor, motivo por el cual lo apodan el viejo Ken, aunque en su adolescencia solían decirle Ken a secas, ya que a esa edad era poseedor de un lindo rostro y una sonrisa encantadora que enamoraba a cualquier chica que lo conociera. Ahora ya no le queda ni siquiera el recuerdo del muchacho con futuro prometedor que alguna vez fue.

Ushio lanza al piso lo que queda de su cigarrillo y con fastidio se pone de pie. Duda que sea la policía, de ser así, hace rato esa puerta estaría en el suelo. Aún así saca su arma y se acerca con cautela, sin embargo la regresa al cinturón de su pantalón y chasquea la lengua de nuevo cuando escucha los gritos de una voz conocida pidiendo que lo suelten.

Al abrir la puerta se encuentra con Light siendo rodeado por un enorme brazo mientras la punta de una pistola se hunde en su sien.

—Solo fui a la tienda por una gaseosa, lo juro— se justifica al instante el corpulento hombre que todos apodan el maca, quien se suponía debía vigilar las cercanías del callejón.

Ushio no sabe si le molesta más el haber sido interrumpido, que maca no haya tenido los huevos de jalar el gatillo desde hace rato, o que Light tenga las agallas de pelear aún cuando un arma le apunta la cabeza.

—Suéltalo y retírate— ordena con notable fastidio. El otro traga grueso antes de obedecer, sabe que su ineptitud le traerá consecuencias.

Tan pronto como Light se sabe libre, se lanza contra su verdadero objetivo. Sin embargo es detenido sin mucho esfuerzo.

—¿¡Por qué lo hiciste!?— Que Ushio lo haya sujetado con facilidad de las muñecas no le impide patalear, en ese momento lo único que quiere es matarlo con sus propias manos.

Como acto reflejo, Ken saca su arma y apunta con ella. Sabe que Light no representa ninguna amenaza y que para su jefe no es más que un juguetito con el cual divertirse, pero disparará si así se lo ordenan.

Ushio sonríe cuando a las pataletas de Light se añade un nuevo reclamo «¡No tenías derecho a matarlo!»

—¿Así que los inútiles esos encontraron el cuerpo?— Dice con sorna a la vez que menea levemente la cabeza de un lado a otro, el movimiento puede parecer burlesco pero realmente es una orden para que su subordinado baje el arma —¿Qué les parece, muchachos? La policía si trabaja.

Hay risas socarronas, el estado de alerta pasó a ser un momento de diversión para ellos, siendo Light la atracción principal.

—¿¡Por qué lo hiciste!? ¿¡Por qué!?— Su mente va demasiado rápido como para prestar atención a los comentarios burlescos que lo rodean. No se detuvo a pensar en nada cuando decidió, en un impulso, ir hasta ese lugar, tampoco se detiene a pensarlo ahora que ya se encuentra en la boca del lobo.

Para Ushio es como si un chihuahua quisiera morder a un pitbull, le parece divertido, pero no significa que los ladridos de una pequeña rata no sean molestos.

—Ya cállate— ruge muy cerca del rostro de Light luego de que en un rápido movimiento lo jalara hacia sí, dejándolo quieto al rodearlo con un solo brazo mientras le cubría la boca con la otra mano —Te daré cinco minutos de mi tiempo, luego te irás si quieres seguir con vida.

Sin que nadie intervenga, lleva al castaño hasta una de las habitaciones y cierra la puerta detrás de ellos antes de soltarlo. Da media vuelta y comienza a alejarse mientras busca algún cigarro en los bolsillos de su pantalón. A Light le toma unos segundos recuperarse, y cuando lo hace un «¿Por qué?» se escapa de entre sus dientes. Su capacidad de razonar está opacada por su dolor, lo que no le permite ver que realmente esa pregunta va dirigida hacia la vida misma, hacia el Dios benévolo por el que solía ponerse de rodillas y juntar sus manitas todas las noches antes de dormir cuando era un niño, o tal vez se dirigía hacía todas las personas que más daño le han hecho cuando decían quererlo, pero no hacia Ushio, porque ese desgraciado hijo de puta es el único que no aparenta ser algo que no es, él actúa como lo esperarías que lo haga alguien que nació sin corazón.

—Él iba a pagarte— asegura luego de unos segundos, sin moverse de su sitio. Si lo que su madre decía era cierto, significa que Liam no huyó como pensó en un principio, y la risa de Ushio se lo confirma.

—¿Tú crees que a mí me interesaba el dinero?— Gira en dirección a Light y con una sonrisa en los labios camina hacia él mientras le da otra calada al cigarrillo.

El castaño siente como cada músculo de su cuerpo comienza a temblar de rabia cuando, al tenerlo cerca, nota cierto brillo de satisfacción en sus ojos. La desaparición de Liam fue algo que le importó poco o nada, pero ahora que sabe que no huyó, los cabos sueltos comienzan a atarse solos. Tiene claro que Liam sí iba a pagarle, y tiene una idea de por qué fueron hasta su casa, pero necesita escucharlo de él.

—¿Le pediste más dinero?

—Le dije que si realmente quería quedarse, debía pagarme mucho más de lo que ya me debía— se encoge de hombros a la vez que expulsa el humo por su boca, luego continúa —. Siempre fue un pobre diablo, si me hubiera dicho que no tenía más, le hubiera creído, pero también era muy pendejo, estaba tan contento de que yo iba a perdonarlo que aceptó, no sin antes suplicarme que le triplicara el trabajo para poder pagarte— disfruta ver cómo esos ojos miel se humedecen. Él sabe verdades que el otro ignora, y si esa es su reacción por alguien tan insignificante como lo fue Liam, se pregunta cómo sería si le quitara el velo más grueso que tiene sobre la cara —. ¿Sabes que el muy idiota decía que algún día se casaría con la puta de tu madre?— Suelta una carcajada llena de malicia y sorna. Light sin embargo siente un nudo formarse en su garganta luego de esas palabras.

—Tú no tenías derecho…— murmura empuñando las manos cuando dos gruesas lágrimas descienden por sus mejillas sin poderlas detener, y con ellas sale también todo el coraje que ha retenido —¡No tenías derecho a hacerlo!— Vocifera a la vez que le lanza un golpe, fallando por la falta de firmeza del mismo —¡Eres un maldito asesino!

Tomando en cuenta que su salud no es la mejor y que su experiencia en peleas es casi nula en comparación a su oponente, de nuevo es sostenido fácilmente sin haber asestado tan solo un golpe.

—¿Querías saber si había huido con tu dinero, verdad? Pues ya tienes la respuesta. Ahora vete, se acabaron tus cinco minutos—. Sin intenciones de seguir soportando las rabietas de un niño, abre la puerta, sin embargo ese segundo de distracción le cuesta un rodillazo cerca de la cadera.

En un abrir y cerrar de ojos, Light termina siendo aventado a la cama, donde es inmovilizado casi por completo por el aplastante peso del otro.

—¡Quítate!— Brama con dificultad mientras se revuelve para quitarse de encima a Ushio, fallando en el intento.

—¿Quieres que te diga una cosa?— Se coloca a horcajadas sobre el torso del castaño, sujetándole las muñecas para detener los manotazos, aunque eso no impide que el muchacho debajo de él se siga revolviendo mientras le grita que lo suelte. Podría simplemente inmovilizarle los brazos con el peso de sus piernas, pero prefiere verlo luchar, darle la esperanza de que podrá lograrlo si se esfuerza lo suficiente — El verdadero asesino eres tú…— dice con lentitud para poder disfrutar su reacción, y tan pronto como esas palabras salen, Light se queda quieto por pocos segundos en los que sus ojos se abren por completo, intentado comprender lo que acaba de escuchar —. Es tu culpa de que haya muerto—. Añade, esta vez con una sonrisa maliciosa.

—No, no, no, no….— menea la cabeza de un lado al otro de manera frenética y apretando los ojos, no quiere que esa idea se quede atrapada en su mente —¡Tú lo mataste! ¡Tú…

—No, Light— interrumpe —. Debiste dejarlo huir como el cobarde que era. Tú fuiste el que le dio el dinero, ¿no es así?— Habla despacio y muy cerca del rostro del otro, sabiendo que lo tortura con cada palabra —Tú lo mandaste a su muerte. Él podría estar vivo sino fuera por ti, lejos de aquí, viviendo debajo de un puente quizá, pero vivo. ¡Tú lo mataste!

—¡Eso no es cierto! ¡Quítate!— Grita desesperado pese al dolor de su garganta dañada.

—¿Qué no es cierto? Ese imbécil se atrevió a retarme, los dos sabían que debía irse si apreciaba su vida, pero tú se lo impediste, ¿cómo le llamas a eso?

—Yo no…— es incapaz de terminar la frase, siente como todo el cúmulo de emociones que ha tenido que retener durante todo el día se concentra detrás de sus párpados, pero no quiere llorar, no frente a ese tipo.

Las palabras de Ushio logran su cometido: hacerlo sentir culpable. Está demasiado alterado como para pensar con claridad, si bien él no sabía que las cosas terminarían así, se da cuenta que pecó de idiota, se trata de Ushio, ¿qué otro resultado esperaba?

—Quiero irme…— murmura frunciendo el entrecejo en un intento de mantener su orgullo, aunque hasta para él sonó patético.

—¿Irte? ¿Por qué? ¿No te sientes como en casa?— Sonríe mordaz al ver que Light ya no intenta escapar —¿No te da nostalgia esta cama? Aquí la puta de tu madre disfrutaba con todos nosotros y tú solo observabas desde allá— señala una esquina vacía a los pies de la cama. Light dirige su mirada hacia ahí de forma inconsciente, pese a que recordar esa época es lo último que quiere.

—Ushio, ya déjalo— interrumpe Ken luego de haberlos observado por varios minutos sin atreverse a decir nada.

—¡Oh!, ¿te acuerdas también de él?

—Jefe, tenemos mucho trabajo, en serio.

Ese recordatorio hace que la sonrisa socarrona desaparezca del rostro de Ushio, pese a todo es alguien bastante responsable cuando se trata de trabajo, y aunque Yagami fue una buena distracción, ya perdió mucho tiempo.

—Escucha, Light…— volviendo su atención hacia el muchacho debajo de él, lleva sus manos hasta el cuello de éste y presiona un poco, logrando al fin de que el otro reaccione en lugar de estar ahí como si fuese un cuerpo sin alma —. La próxima vez que se te ocurra meterte conmigo, piénsalo dos veces porque ya me estás hartando— un agónico jadeo escapa de los labios de su víctima, quien sujetándolo de las muñecas intenta apartarlo —. Quizá el hecho de que casi fui tu padrastro por un tiempo hace que te mantenga con vida— dice con burla, aunque luego vuelve a su semblante amenazante —, pero ya deberías saber cual es tu lugar y empezar a respetarlo si quieres que los órganos de tu mami sigan dentro de ella.

Light intenta tomar bocanadas de aire sin éxito mientras dos lágrimas escapan por el rabillo de sus ojos, rodando por sus sienes y extinguiéndose en su cabello. Ushio sonríe satisfecho y decide soltarlo.

—Sácalo de aquí— ordena a la vez que sale de la cama y regresa a la sala sin voltear.

El castaño no termina de recuperarse cuando sin ninguna delicadeza es tomado del brazo y obligado a ponerse de pie.

—No m-me toque…— dice entre jadeos al mismo tiempo que se aleja de ese sujeto lleno de tatuajes. Sin embargo su petición es ignorada.

—No es momento para que te pongas exigente, princesa— vuelve a tomarlo del brazo y lo arrastra fuera de la habitación pese a los intentos del otro por soltarse.

—Eres bienvenido cuando sea— dice Ushio desde su sofá mientras enciende otro cigarro —, sabes que aquí está tu cama.

Sin darle tiempo a responder, el hombre de dentadura amarillenta lo empuja fuera de la casa y le cierra la puerta en la cara.

Le toma unos segundos ponerse de pie, ni siquiera se sacude la ropa al hacerlo, podría haberse quedado en el suelo pero el casi inexistente trozo de dignidad que aún le queda se lo impide. Sale del callejón con pasos flojos pero erguido, su labio inferior tiembla y su visión está nublada, pero no va a llorar.

Sus piernas se mueven por voluntad propia por varios minutos, sin embargo no lo llevan camino a casa.

—¿Nate?— Hace su mejor esfuerzo para que su voz no lo delate mientras se acurruca al lado de un poste, luego de haber regresado al lugar donde su amigo lo dejó. En el trayecto se dio cuenta de que ir a confrontar a Ushio fue una estupidez, así como lo han sido muchas de las decisiones que ha tomado, pero ya no quiere sentirse solo cada vez que algo malo pasa —¿Podrías pasar por mí?

oOo


—¿Más vino?

Un hombre de silueta esbelta y traje elegante interrumpe la amena plática de dos jóvenes, quienes a pesar de que hablaron toda la noche, aún tienen mucho para contarse.

—Sí, por favor— contestan ambos al unísono, dedicándose después una sonrisa de complicidad.

—¿Recuerdas que también solíamos terminar la frase del otro?— Dice Alex alzando su copa una vez que el camarero se marcha—. Un brindis para que eso nunca cambie.

Elle alza también su copa y el suave choque de los cristales se mezcla con las discretas pláticas de los demás comensales y la armoniosa melodía de fondo.

—Me parece increíble cómo a pesar de los años todavía podemos sentarnos y hablar como si nunca nos hubiéramos alejado— comenta Lawliet mientras corta un trozo de carne—. Aunque no me importaría si tus visitas fueran más seguidas y no cada año bisiesto—. Añade con una sonrisa.

—¡Ah, claro! ¡Me lo dice alguien que luego de terminar la universidad no volvió ni una sola vez a Italia!— Finge un puchero y se cruza de brazos, lo que provoca que el otro suelte una suave risa.

No importa el tiempo que pase, las escasas visitas o las pocas llamadas a la semana, siempre se siente cómodo alrededor de Alex.

—Tienes razón, lo siento. Iré a visitarte, lo prometo—. Levanta la mano derecha en son de juramento, pese a que ha prometido lo mismo cada cumpleaños y fin de año.

—Tranquilo— menea la cabeza de un lado a otro, restándole importancia —. Me gusta viajar de todas formas.

A diferencia de Elle, Alex nunca aceptó hacerse cargo de ninguna de las compañías de sus tutores. Pasar los días en una oficina usando saco y corbata nunca encajó en sus ideales, desde joven vio al mundo como un lienzo en blanco el cual quería decorar con lo que se esconde en su alma, y decidió vivir del arte que le brinda la vida. Por suerte Roger y Watari siempre lo apoyaron pese que ellos tenían planes diferentes para él.

—De igual forma quiero ir— comenta Elle unos segundos después, luego de limpiarse la comisura de los labios con una pequeña servilleta blanca —. No he vuelto a probar una verdadera pizza italiana, aquí el sabor no es igual por más que digan que es un restaurante cien por ciento italiano.

Alex sonríe, sin embargo guarda silencio por un momento, lo observa y se pregunta si Elle sabe que suele rascarse la punta de la nariz cada vez que está nervioso o se siente culpable.

—¿Te contaron Watari y Roger que pienso trabajar con ellos?— Comenta luego de unos segundos. Supone que Elle debe estar muy estresado como para haberse tomado en serio su pequeña broma, lo que menos quiere es que su presencia le genere cargos de conciencia.

—¿Trabajar con ellos? Pensé que estarías muy ocupado.

—¿Lo dices por la exposición de arte en Francia?— Elle asiente con semblante serio y luego da otro sorbo a su copa — ¿Ves como no me prestas atención cuando te llamo?— Su reclamo carece de enojo y va acompañado de una sonrisa—. Te dije que está programada para Agosto, aún faltan algunos meses.

—Si te presto atención— asegura —. Me llamaste emocionado a mitad de la noche, ¿cómo podría olvidarlo?, gritaste «Lo logré, Elle. Lo logré» muchas veces, como si acabaras de conquistar al mundo— sonríe al notar que Alex se ruboriza. Es su exnovio pero sigue siendo su mejor amigo, siempre estarán allí el uno para el otro —. Tu sueño es convertirte en un pintor famoso, ¿verdad?, ya eres reconocido en Italia y ahora tienes la oportunidad de exponer tu arte en Francia. Por eso creo que deberías concentrarte en tener todo listo para ese día, si Watari y Roger necesitan a alguien me lo pueden pedir a mí.

Alex asiente con una sonrisa poco convincente, ese último "consejo" lo incomoda. Fue hace menos de un mes que recibió la invitación que Elle menciona, es para exponer en una pequeña galería de artes reconocida sobre todo en la ciudad que visitará: Bordeaux. Y aunque hubiera sido un lugar conocido sólo por tres personas, su reacción hubiera sido la misma: gritar contra la almohada y luego llamarlo sin importar la hora. Sin embargo esas últimas palabras le dejan la amarga sensación de que Elle no ha cambiado mucho en estos años, siempre antepone la felicidad de los demás antes que la suya.

—Probablemente utilice mal la palabra «trabajar»— continúa luego de pensarlo un poco, esta vez con una sonrisa sincera. Se convence de que solo está malinterpretando la propuesta que de buena fe Elle le hizo —. Solo les ayudaré, ni siquiera me lo pidieron, yo me ofrecí. ¿Has hablado con ellos?

—Ajá.

—No crees que vaya a funcionar, ¿verdad?— Pregunta soltando un suspiro al notar el poco interés del otro.

Elle no responde al instante, evita el contacto visual y lleva más comida a su boca, así al menos tiene unos cuantos segundos para ordenar sus ideas. Hace alrededor de seis meses, Watari y Roger le comentaron sobre un proyecto que tenían en mente: ayudar a que jóvenes de escasos recursos culminen sus estudios universitarios. No le pareció una mala idea, pero ellos ya no son los hombres jóvenes que eran como cuando fundaron la primera casa Wammy, aunque eso último no se los mencionó. No les dijo que desistieran de la idea porque al final ambos ya están bastante mayores para decidir, pero si les aconsejó que lo mejor era apoyar a fundaciones ya establecidas antes de crear la suya propia, y aunque en un principio aceptaron, no les tomó ni un mes cambiar de opinión, y está seguro que quien los convenció de lo contrario fue Alex.

—No es eso…— murmura luego de unos segundos —. Mira, yo pienso que ellos quieren invertir en un negocio que no les dejará ninguna ganancia.

—Eso es porque ayudar a otros no tiene que ser un negocio— le riñe a la vez que atraviesa con su tenedor un inofensivo tomate cherry.

—Está bien, quita la palabra negocio y sustitúyela por una que te agrade, el resultado es el mismo— no está molesto, siempre ha amado que Alex sea un soñador sin remedio, pero a veces también hay que darse cuenta que la vida no es un sueño —. Si me dijeran que en unos años, a todos estos jóvenes se les cobrará una pequeña cuota para recuperar poco a poco una parte de lo invertido y así seguir becando a más personas, tal vez así lo vería como un neg… proyecto sustentable— hace una pequeña pausa, solo para aclarar su garganta —. Pero Watari y Roger dicen que esa no es la idea.

—Por suerte soy inmune a tu pesimismo— comenta justo luego de que Elle comenzara a masticar otro trozo de carne, sabe que nunca hablaría con la boca llena, así al menos evita escuchar el fastidioso comentario «soy realista, no pesimista» que ya conoce —. Y yo no sé mucho de finanzas, pero ellos sí.

—Sé que tienen dinero y el apoyo de muchas organizaciones y socios— reconoce Elle — pero no sé… ¿qué ganarán con todo esto?

—Me parece increíble que preguntes eso cuando ellos nos enseñaron que en la vida hay que aspirar a ganar mucho más que solo dinero, o quizá esos trajes diseñados a la medida ya te están afectando— recrimina frunciendo el entrecejo a la vez que hace a un lado su plato.

Elle se queda boquiabierto por un instante, incrédulo de lo que Alex acaba de insinuar. Él no es como esos tipos frívolos cuya vida gira alrededor del dinero como los que salían en un programa de televisión —y de los cuales solían burlarse— que veían juntos cuando aún estaban en la universidad. Sin embargo reconoce que su actitud pudo hacerlo parecer como si lo fuera. Aún piensa que hay otras formas de ayudar, pero su intención no es reprocharle nada a Alex ni criticar las decisiones de Roger y Watari.

—Tienes razón— concede cabizbajo como quien pide perdón por sus faltas. Alex se enoja tan pocas veces que tan solo un gesto que denote fastidio, por mínimo que sea, puede afectarlo, pero siempre son sus palabras las que realmente logran calarlo —. Ahora me siento como un tonto— se rasca la mejilla sintiéndose apenado —¿Por qué no me cuentas lo que tienen planeado hasta ahora?

—Yo no sé más de lo que tú ya sabes— responde encogiéndose de hombros.

—Yo se que sííí— su voz se vuelve chillona en ese último «sí», Alex siempre se reía cuando él intentaba imitar la voz de pito que tenía una profesora, pero esta vez lo que obtiene es una mirada que le dice «si imitas esa voz de nuevo me voy de la mesa» —. Anda, no seas así. Cuéntame, quiero saber— insiste mientras se apoya sobre la mesa utilizando los antebrazos, inclinándose luego hacia delante.

Alex aprieta los labios, reteniendo una carcajada; esos ojitos de cachorro regañado sólo funcionaban cuando eran novios, aún le parecen tiernos pero ya no cae ante ellos, ahora le resultan hasta graciosos.

—Estás perdiendo el toque, Elle Lawliet— dice con una sonrisa ladina luego de dar el último sorbo a su copa de vino.

El pelinegro suelta un suspiro aliviado y también sonríe.

—¿Entonces me contarás?— El otro tiene razón al decir que no sabe más de lo que ya le han contado, pero se siente tan idiota que realmente necesita escucharlo por parte de Alex, que sea él quien pinte cada palabra como solo él sabe hacerlo.

—¿Crees que puedes conseguir mi perdón tan fácilmente?— Se lleva una mano hasta el pecho y abre por completo los ojos, fingiendo que se siente indignado —. Pídeme la botella entera de vino y tal vez hablamos.

El otro asiente sin pensarlo dos veces. Hay un mesero justo en la mesa de al lado, tomando la orden de los comensales, tan pronto se desocupe le dirá que su mejor amigo está de visita y para celebrarlo quiere lo mejor que tengan. Sin embargo no llega ni siquiera a alzar la mano para llamar la atención del camarero cuando el teléfono en su bolsillo comienza a sonar.

Oh-oh— canturrea Alex como un niño que se acaba de meter en problemas. Sonríe divertido al notar a Elle más pálido, si acaso es posible —. ¿No piensas contestar?

—No debe ser importante— su respuesta no coincide con su actitud, se remueve nervioso en el asiento y da un sorbo a su copa que ya estaba vacía —. Quizá deberíamos pedir whisky en vez de vino.

—O quizááá deberías llamarlos— le parece divertido que el presidente de una compañía aún le tenga miedo a los regaños —. Sabes que van a estar más molestos si no los llamas pronto.

—Les dije que los llamaría en la noche— suelta un bufido y frunce el entrecejo, como si le molestara que el ameno momento haya sido interrumpido por una inoportuna llamada, aunque sí debe ser sincero, está nervioso por la "conversación" que le espera con Watari.

Para su suerte, el teléfono deja de sonar y un poco de la tensión que se había acumulado en sus hombros, se suelta. Sin embargo el gusto no le dura ni dos segundos…

— ¿¡A que son ellos? ¿¡Cuánto apostamos!?— Prorrumpe Alex con una enorme sonrisa, luego de que el teléfono en su bolsillo comenzara a vibrar —¿Debería contestar?

— ¡Dame eso!— Fastidiado, o más bien, alarmado, estira un brazo para intentar arrebatarle el aparato, pero el otro lo quita de su alcance — ¡Alex, es en serio!

—Ya, ya— agita la mano que tiene libre, como pidiéndole que se calme, luego le muestra la pantalla —. Era solo un mensaje, ¿ves?— El pelinegro parpadea confundido mientras el otro se carcajea —. Debiste ver tu cara…

—¿Y qué dice…?— Pregunta apenas audible, porque no sabe si realmente quiere saberlo.

«¡Dile a Elle Lawliet que nos llame!»— Lee, intentando imitar el tono molesto que Roger emplearía si estuviera ahí con ellos.

Elle siente que su estómago se retuerce luego de esas palabras. Aunque no lo parezca, no tiene miedo de enfrentar las consecuencias de lo sucedido en el evento de hace dos noches, pero si lo carcome la culpa. Sabe que Watari y Roger le harán preguntas sobre lo ocurrido, probablemente lo aconsejen para próximas presentaciones, pero también sabe que, aunque no se lo digan, están decepcionados; confiaron en él y a la primera oportunidad manchó el récord que por años ellos intentaron mantener intachable.

—Supongo que ese es el equivalente al "tenemos que hablar" que hace tambalear a cualquier relación— comenta Alex con tono divertido mientras continúa con el teléfono en la mano, revisando un correo que recibió de un amigo cuando de nuevo recibe un mensaje de parte de Watari—. Acaban de mandar un enlace— dice como si tal cosa, pero estalla en una carcajada al abrir el hipervínculo, haciendo que la curiosidad de Elle se active —¡Lee el encabezado!

—¿"Un lanzamiento regurgitante"?— Lee frunciendo el entrecejo luego de haberle arrebatado el celular.

—Debes admitir que al menos son creativos.

—No es gracioso.

Es tajante pese a que no es la actitud de Alex lo que lo incomoda, es la primera foto que está justo debajo del título; es una imagen donde el rostro de Light no se aprecia, pero se le puede ver en el suelo, hecho un ovillo mientras él intenta cubrirlo con su saco.

—Está bien, está bien— agita ambas manos mientras intenta recuperar el aliento, luego se retira con los dedos índices la humedad que se acumuló en sus pestañas a causa de la risa —. No creas que me burlo de ti ni de ese pobre muchacho, solo quiero aliviarte un poco el momento—. Dice a la vez que se arrastra con todo y silla hasta quedar al lado de Elle.

—Sí, lo sé— no es necesario que se lo diga, lo conoce de toda la vida.

Suelta un suspiro mientras su dedo pulgar sigue deslizándose sobre la pantalla, leyendo entre líneas: «Compañía R/W-Fiction demuestran porque siguen siendo los reyes en videojuegos», «una innovadora forma de traer la fantasía a la realidad», «distinguidos invitados asisten a uno de los eventos más esperados en la industria de los videojuegos», «maravillosa presentación opacada por un penoso momento», son algunas de las frases que sus pupilas logran retener a medida que bajan por la pantalla hasta que llega a un punto en el que aparta la vista, cuando el artículo comienza a desviarse hacia lo ocurrido al final del evento.

—No solo con Watari y Roger tengo una platica pendiente— resopla cansado, captando la atención de su acompañante. Hay medicamentos cuyos efectos de bienestar duran tan solo unas cuantas horas, eso fue Alex para él, tenían tanto que contarse que desde ayer ha ignorado todo lo que le rodea, pero es momento de volver a la realidad —. También tengo una plática pendiente con Light.

—¿¡Light!?— Dice con una sonrisa, casi saltando fuera de su asiento, emocionado con la tan sola mención del chico de quien Elle tanto ha hablado los últimos meses, pero cuyo rostro aún desconoce — ¿¡Me lo vas a presentar al fin!?

—No lo creo…— resopla de nuevo a la vez que apoya la mejilla sobre la palma de una de sus manos, manipulando el celular con la otra, sin prestar atención realmente —. Las cosas con Light son complicadas…

—¿Alguna fotografía al menos?— Hace una mueca de fastidio al mismo tiempo que pone los ojos en blanco. Para satisfacción de Alex, Elle asiente al recordar un artículo que leyó en otra página, donde publicaron la foto que les tomaron sobre el puente y la cual podría mostrarle —. Hace dos semanas le pedí a Matt que le tomara una y me dijo que la cámara de su celular estaba quebrada y luego Beyond…

—¿Hablaste con los muchachos?— Interrumpe arqueando una ceja, deteniendo los dedos sobre la pantalla. No le parece extraño, al final todos son amigos, pero le incomoda, o mejor dicho, le preocupa lo que le pudieron haber contado —. No confío en lo que Mello o Beyond te hayan dicho

—Sabes que no me dejo llevar por la opinión de los demás— se encoge de hombros, Elle retoma su búsqueda —. Aunque si me da curiosidad conocerlo— admite con una sonrisa.

La emoción de Alex es sincera, ha notado como a Elle le cambia la voz con solo traerlo a la conversación, hasta ha llegado a imaginarlo mordiéndose el labio inferior cuando hablan por teléfono. Aunque admite también que su curiosidad se alimenta de lo que los demás dicen; mientras que Matt no sé mostró ni a favor ni en contra cuando hablaron, Beyond y Mello no bajaron de puta aprovechada a Light, siendo el algodón con patas de Near el único que salió en su defensa, argumentando que es una buena persona; todos tienen opiniones tan distintas que realmente quiere tener el placer de conocer a ese muchacho misterioso y descubrirlo por su propia cuenta.

—Aquí está— le extiende el teléfono mientras sonríe como un niño que está a punto de compartir su mayor secreto, sin embargo no recibe la emoción que esperaba.

—¿Ese es Light?— Pregunta con una mueca extraña. En cuestión segundos la noche anterior viene a su mente, cuando abrió la puerta y ese chico pareció sorprenderse con su presencia y hasta lo notó retroceder, en ese momento no le prestó atención porque le creyó cuando dijo que se equivocó de casa, pero ahora entiende el porqué de su reacción —Elle… de verdad es muy lindo— debe esforzarse para sonreír pero al menos nota que su amigo suelta el aire, como si lo hubiera retenido mientras esperaba su aprobación.

—¿Verdad que sí?— Vuelve la vista a la pantalla con una sonrisa que Alex no quisiera tener que borrar.

No pretende ocultarle que reconoce a ese muchacho, pero no piensa decírselo aún, o al menos no ahí.

oOo


—Aquí es.

Gevanni detiene el auto frente a lo que parece ser la entrada a un amplio sendero, las columnas hechas de baldosas en color crema indican el inicio del recorrido y el portón de barrotes ornamentales abierto de par en par deja entrever el sin fin de árboles que guarda el lugar. Light aferra sus fríos dedos a la pequeña caja que descansa sobre su regazo, sin apartar la mirada del sitio frente al cual se encuentran. Le pidió a Stephen que lo llevara al parque más bonito que conociera, y resultó ser uno ubicado en las zonas altas de la ciudad.

—¿Estás seguro que quieres ir solo?— Pregunta Near, ladeándose sobre el asiento del copiloto en dirección a su amigo.

Light asiente y se esfuerza por sonreír sin que sus labios tiemblen. No es capaz de sostenerle la mirada por tanto tiempo, notarlo tan preocupado le incomoda, porque quisiera no tener que poner al apachurrable enano en una situación como esta, pero no tenía a nadie más a quien llamar, así de triste y sola es su vida, la única persona a quien pudo buscar fue alguien que conoció hace unos pocos días.

—No tardaré mucho— su voz suena y se siente áspera, por lo que se ve obligado a carraspear la garganta, pero la sensación solo empeora.

Quisiera pedirles que no lo esperen, pero ya fue bastante difícil que Near aceptara dejarlo ir solo, además, no tiene idea de cómo volver a casa por su propia cuenta. Cierra la puerta del auto detrás de él y abraza la pequeña caja contra su pecho. El primer paso es el más difícil, se siente observado, como si las pocas personas en su campo de visión supieran que lleva los restos de alguien entre las manos.

Stephen enciende de nuevo el auto hasta que lo ve atravesar el umbral y adentrarse en el sendero, no puede quedarse obstaculizando la entrada, y con casi doscientas hectáreas de terreno, tiene espacio suficiente para aparcar en los alrededores. Sin embargo la incomodidad de su acompañante es demasiado palpable como para no notarla.

—¿Aún quieres llamar a Elle?

—Light no debería estar solo— murmura cruzándose de brazos.

Stephen suelta el aire por la boca y jala el freno de mano una vez que encuentra un espacio vacío. Es la misma conversación que han tenido todo el día, él si llamar o no a Elle, y sabe que aunque Nate no se lo diga, está molesto porque él insiste en que no hacerlo es lo mejor.

—Él te pidió que no lo hicieras— le recuerda —. Ni siquiera te dijo que no se lo dijeras a nadie, específicamente te pidió que no se lo dijeras a Elle.

—Sí, pero…

—Light no está solo— interrumpe —, te tiene a ti, confía en ti. Si lo traicionas, entonces probablemente sí estará solo.

Near no dice nada, tan sólo aparta la mirada aún con el entrecejo fruncido. Por primera vez él no es el más sensato como usualmente pasa con el grupo de inmaduros que tiene por amigos, y aunque reconoce que Stephen es quien tiene la razón y no él, aceptarlo le cuesta.

—Sé que te preocupa tu amigo— Gevanni emplea una voz más suave al mismo tiempo que lo sujeta del mentón y lo hace volver el rostro —, por eso vamos a esperar por él, y como te prometí, iremos a buscarlo de ser necesario, yo no tengo ningún problema, ¿y sabes por qué…?— Hace una pausa, luego se ladea sobre el asiento y se inclina hacia él. No ha puesto ni un tan solo «pero» en todo el día, ha ido y venido sin protestar, y quizá se deba a que se está ilusionando muy pronto con alguien que recién conoce, pero Nate tiene ese algo que deslumbra a las personas como él —, porque tú y tu bondad me tienen cautivado.

El sonrojo que se apodera del redondito rostro luce aún más adorable al estar tan cerca. Pese a tener veintisiete años, Stephen se siente como un adolescente cuando en un acto de valentía acorta la distancia y se atreve a darle un beso en la mejilla; tal vez sea alguien anticuado pero piensa que un beso en los labios no es algo que se deba dar a la ligera, le gusta ir despacio, y especialmente con Near quiere tomarse su tiempo para enamorarlo.


Cuando Stephen le dijo que uno de los senderos es llamado «camino al cielo», no imaginó que se trataría de una escalinata tan larga. Luego de cincuenta escalones, ni seguir subiendo o bajar parecen ser buenas ideas. Se supone que en lo más alto se encuentra un puñado de maquilishuat, pero situado en medio de todos ellos uno sobresale, el más antiguo del país, el cual desde hace décadas es considerado como el guardián de la ciudad porque desde su ubicación se puede apreciar gran parte de ella. Los maquilishuat pierden sus hojas en la época seca para dar paso a sus hermosas flores color rosa, fenómeno que desde hace años creó en los citadinos la tradición de visitar el lugar y pedirle un deseo al antiguo árbol.

Quizá por eso Light continúa a pesar del cansancio, porque él también tiene un deseo…

—Camino al cielo…— murmura entre jadeos y frunciendo el entrecejo —, ¡claro!, dejas el alma en estas gradas que para cuando llegas ya estás muerto.

Hace una pausa, la octava desde que inició su suplicio. Intenta recuperar el aliento pero su pecho apenas y se expande. «Condición física de mierda», se reprocha mentalmente mientras se retira el sudor de la frente con el dorso de la mano, manteniendo la pequeña caja muy pegada a su pecho con el otro brazo.

—Estoy haciendo por usted todo el ejercicio que no hago en todo el año— retoma su camino, las piernas le tiemblan, pero su consuelo es que al menos ya logra ver el último escalón —, así que más le vale no regresar del más allá a jalarme los pies en la noche— sonríe un poco y con dificultad para respirar continúa, su vista sigue fija al frente pero sus palabras van dirigidas a las cenizas de Liam que lleva consigo —. Me pregunto si usted hubiera aguantado al menos las primeras gradas… con esa gran panza lo dudo— suelta una risa que se mezcla con el canto de las aves para al fin perderse entre los árboles que lo rodean.

Toma aire y sube los últimos diez escalones de un tirón, añadiendo palabras altisonantes en cada paso, como si ellas lo liberaran un poco del cansancio y le dieran fuerza para llegar hasta el final, donde el panorama lo deja sin aliento.

El sitio está vacío, sólo es él, los árboles y el suave viento que en su piel sudada se vuelve frío. Los maquilishuat han perdido las flores casi en su totalidad, quizá es el motivo por el cual no se ve ni un alma en los alrededores, no es tiempo de deseos para aquellos que ya tienen la vida hecha. Pero los pétalos de rosa suave tapizando el suelo junto al dorado atardecer de fondo lo hacen comprender las palabras de Gevanni cuando se refirió al lugar como un pedazo de cielo en la tierra.

El primer paso viene junto a una suave ventisca que hace revolotear los pétalos a centímetros del suelo. No sabe si son sus piernas débiles o la paz que se respira pero lo invade la sensación de que camina entre nubes. Sin haber despegado la caja de su pecho, toma asiento debajo del viejo árbol, el que se yergue imponente en medio de todos los demás, y el cual pareciera acogerlo entre sus raíces externas. Desde ahí se deja abrazar por las nubes pintadas de púrpura y de oro mientras observa a las aves volar en V como si se dirigieran al enorme sol naranja que lentamente comienza a ocultarse en el horizonte, dejando detrás un pintoresco lienzo que hace mucho no se detenía a apreciar. Luego observa la ciudad, preguntándose en qué rincón de ella puede haber alguien como él… alguien como ellos, olvidados hasta por sí mismos.

—¿Así es como termina?— Sitúa la caja frente a su rostro, siendo ahora éste objeto lo único que recibe su atención. La caja es simple, casi de cartón, no le alcanzó para algo más bonito, así que ha tenido cuidado de no estropearla en todo el camino —¿Le pare-ce éste u-un buen lu-gar…?— Su voz sale forzada, las emociones que ha reprimido ahora luchan por salir.

Permite que al fin un par de lágrimas rueden cuesta abajo por sus mejillas, porque lo necesita, de otra forma no podrá mermar el dolor que le oprime el pecho.

—¡Lo siento!— Sin poder controlarse, de nuevo aferra la caja contra pecho, esta vez entre lágrimas y espasmos—. Lo siento, lo siento…

Lo carcome la culpa, en su cabeza comienzan a resonar las palabras de Ushio junto a reproches propios pese a que intenta silenciarlos. Es cierto que Liam no fue santo de su devoción todo el tiempo, conoció en un par de ocasiones la peor versión de él, esa que salía cuando bebía o consumía esas cosas raras que él no entiende. Pero también llegó a conocer a alguien que deseaba salir de la mierda en la que se había hundido, alguien que parecía preocuparse por él, y más importante aún, preocuparse por su madre.

—Yo no quería…— la voz se le corta pero no hace el esfuerzo por terminar la frase, en cambio se cubre la boca con una mano para aplacar sus gimoteos, porque no es propio de él echarse a llorar y lamentarse tanto.

Necesita calmarse.

Una nueva corriente de aire hace bailar unos cuantos pétalos frente a él mientras el cielo sigue apacible, coloreándose de tonalidades frías para darle la bienvenida a la noche.

—Al menos aquí estará lejos…— murmura, viendo las luces de la ciudad que empiezan a encenderse mientras el sol continúa ocultándose —… lejos de todo lo feo que conoció…— continúa, aún con las mejillas húmedas y la voz débil.

Abre la caja y toma un poco de las cenizas, permitiendo que una suave brisa se las lleve para hacerlas volar alto, lejos del pedazo triste de mundo que conoció en vida.

En algún momento, mientras siente como un nuevo puñado de cenizas se escapa de entre sus dedos para danzar al ritmo del viento junto a las flores, se pregunta si los restos que ahora vuelan con libertad son los de un padre, un esposo, un hermano o un hijo; nunca supo nada de la vida de Liam, solo que era un pobre diablo sin hogar. Pero ¿qué pasó antes?, ¿qué pasó en su juventud para terminar viviendo en la calle?, ¿alguna vez se enamoró?, ¿alguna vez alguien se preocupó por él?, ¿acaso nadie resintió su ausencia?, ¿o es que tal vez las personas como ellos están condenados a morir solos?, ¿a morir incluso en la memoria de todos?

—Yo no lo odiaba…— dice, esperando que de alguna forma sus palabras lleguen hasta él, porque no puede soportar la angustia de saber lo solo que debe haberse sentido mientras la vida lo abandonaba, sin nadie a su lado, sin nadie buscándolo, sin nadie siquiera preguntándose dónde estaba.

La caja poco a poco va quedando vacía hasta que toma con sus dedos el último puñado, sin embargo en lugar de permitir que el viento se lo lleve como antes, en esta ocasión guarda las cenizas en su puño y las acerca a su pecho una última vez antes de ponerse de pie.

De nuevo el peso de la realidad lo aplasta, puede o no que la muerte de Liam sea su culpa pero en su mano se encuentran los últimos restos de alguien que ya estaba muerto desde hace mucho, desde que fue olvidado por su propia familia.

—Deseo que tenga un buen viaje— dice, palpando el viejo tronco con una mano, ese es el único deseo que quiere pedirle.

Pero también tiene una petición para Liam, así que colocando su puño a centímetros de su cara, susurra unas palabras antes de abrir la mano, permitiendo que las últimas cenizas vuelen y esperando que éstas lleven su deseo hasta lo más alto.

«Si es verdad que existe alguien allá arriba, pídale que se acuerde de mí…»