Capitulo XX

Nunca perder la esperanza.

Hinata estaba agotada, tanto física como mentalmente, los recuerdos del pasado, que por alguna razón a pesar de sus altibajos, ahora parecían una lejana memoria de tiempos más felices que resonaban y reaparecían constantemente en su cabeza.

Estaba acostada en su cama de hospital, en su habitación no tan privada, en un lugar muy lejano a su casa.

La manta cubría su cuerpo en un vano intento por ocultar su anatomía del mundo exterior, de protegerse de todo aquello que podría hacerle daño. Su respiración era pesada, sus ojos estaban cerrados con fuerza, y sus manos se aferraban a la tela como si su vida dependiese de ello.

Estaba intentando en vano el no llorar, el no sucumbir a sus miedos e inseguridades, a sus pesadillas mas profundas, que susurraban horrores a sus oídos.

La fuente de sus más recientes sufrimientos se encontraba a tan solo dos metros de ella, sereno, inmóvil, carente de esa sonrisa que le caracterizaba.

Su madre le había explicado que es lo que pasaría dentro de una semana, aun no podía creerlo, mucho menos aceptarlo. Naruto se había convertido en parte importante de su vida, no podía perderlo ahora, mucho menos en estas condiciones, simplemente no era justo.

Abrió los ojos lentamente, dejando fluir las lágrimas que con tanto afán intentaba contener, inhaló entrecortadamente pequeñas porciones de aire mientras reprimía el llanto.

Naruto estaba muriendo, eso se podía ver por su estado físico en deplora, su cabello perdía lustre, su piel coloración, y los espasmos eran en cada oportunidad mas violentos y frecuentes. Tanto, que su madre le ordenó tanto a ella como a Hanabi el no visitarlo en este estado, no era bueno para su moral o salud.

Hanabi no pudo mas que obedecer, pero Hinata, extrañamente obstinada rechazo las ordenes de su madre, ignoró los regaños y las plegarias,

Todo por estar al lado del rubio que por tantos años ha sido una parte especial en su vida.

Al principio su cariño era el mismo que sentía por cualquier familiar, era un hermano más con el cual podía jugar, pero más importante aun, un amigo con el cual podía contar pasare lo que pasare.

Al crecer aun mas, las cosas fueron cambiando, el ingresar de Sakura y las otras niñas trajo consigo muchas alegrías, pero a su vez, crearon un miedo terrible en su ser. ¿Qué pasaría si Naruto, su primer amigo, la cambiase por alguna otra niña?

Hubo momentos tristes, existieron otros felices, pero a pesar de todo el sentimiento solo se acrecentaba a medida que el grupo incremento, su limite sanguíneo no hizo mas que empeorar sus miedos.

Ver a tantas niñas, adolescentes y mujeres perseguirlo de tal forma, disparo un sentimiento de alarma en ella, una sensación de perdida que no podía soportar por más que intentara ignorarlo. Estaba enamorada de Naruto, y por más que intentare decir que era cariño familiar, no podía negar la realidad, ya no mas.

Sus siguientes experiencias no hicieron mas que confirmarle lo que intentaba negar, que su corazón le pertenecía a su hermano en todo menos sangre.

Se alzó ligeramente en su cama, aun estaba hospitalizada debido a lo que ocurría con sus ojos. Miró en dirección del chico y supo de inmediato lo que debía hacer, por más que su moral le indicara que era inapropiado. Sabía que era tonto, nada más el deseo de una chica enamorada, pero era su decisión, y no retrocedería ahora.

Sacó los pies desde debajo de las sabanas, temblando de nervios, descendió sobre el suelo frío, dejando salir un ligero "EEP," ante lo helado del mismo. Tardó un par de minutos en acostumbrarse y recobrar el valor nuevamente.

Lenta pero decididamente se acerco a la cama del chico, estudiando su rostro detenidamente.

Estaba pálido, demasiado. Hasta el punto de que se sentía enferma con solo verlo, inundada con miedos e inseguridades que no dejaban de atacar con cada centímetro que avanzaba.

No tardó en alcanzar su cama, respirando ligeramente agitada, sus nervios a punto de estallar por la tensión.

Sus manos, que hasta ahora habían estado unidas al frente de su pecho, se separaron lentamente, la derecha descendiendo hacia su rostro, más específicamente su frente.

Suspiró, su piel era tan cálida como la recordaba, a pesar de que su coloración ya no era la misma. Lentamente movió sus dedos, acariciándole con todo el cariño que pudiera generar. "Naruto." Dijo en voz baja, dejando que las lágrimas fluyeran libres por sus mejillas.

Su mano izquierda tapaba su boca, en un vano intento por detener los llantos que sabía amenazaban con salir.

Apartó su cabello ligeramente, entrelazando sus mechones delanteros entre sus dedos, sobando, acariciando y jugueteando con ellos en un intento por recuperar aquella costumbre de su infancia.

Sonrió tenuemente al verlo suspirar, le hacía inconmensurablemente feliz el ayudarlo con algo tan sencillo.

Limpiaba su mente de problemas, ella se sentía parte de él, se relajó después de unos minutos, recuperando el valor que había perdido hace poco.

Su mano izquierda descendió hasta la manta del chico, alzándola ligeramente mientras ella ingresaba a su lado, lentamente, avergonzada y más roja que un tomate.

Se acomodó en su costado, pasando su brazo a su alrededor y posando su cabeza justo en su pecho, escuchando los latidos de su corazón, convenciéndose de que nunca pararían, de que Naruto no corría ningún peligro y que esto era tan solo el inicio de lo que serían sus vidas futuras.

Sabía que se estaba engañando a si misma, pero eso no le importaba, deseaba tener memorias de estar acostada a su lado, fingir que esto era una rutina de años y que al amanecer, él abriría los ojos y sonreiría nuevamente, garantizándole que este día sería mejor que le anterior.

Sonrió a pesar de que las lágrimas se intensificaron, ese era uno de sus sueños más frecuentes, uno donde los dos ya eran marido y mujer, donde vivían juntos y felices por siempre.

Sabía que era una irrealidad, que la vida no es como la soñamos o desearíamos que fuera. Pero no podía rendirse, era muy joven para concebir niños, pero dentro de tres años entraría en edad de matrimonio. Y más que nadie deseaba tener una vida pacifica, repleta de niños y alegría.

No le importaba quedarse en la casa por un tiempo, el ser madre o una mujer de casa no le incomodaba, no si le garantizaba que estaría con vida por mas tiempo, y que su cariño crearía un hogar en el cual Naruto quisiera regresar después de cada una de sus misiones, un objetivo por el cual supiese que tendría que vivir.

Un ancla para mantenerlo atado a la tierra y no al mas allá.

Tenía sentimientos encontrados por aquellas Kunoichi que luchaban por igualarse a los hombres, una meta formidable y por mucho honorable, pero muchas de ellas lo hacían al costo de su femineidad, de su independencia, y de su esencia como mujer.

Pocas lograban mantenerse fuertes, Kurenai era una de ellas, que a pesar de ser una mujer poderosa, incluso mas fuerte que muchos hombres, conservaba un aire de belleza, de atracción y fragilidad que era cuando mucho, atractivo hacia los chicos.

Sabe que es un sentimiento tonto, pero parte de ella deseaba sentirse protegida, a pesar de que ella misma podía protegerse, una parte muy ínfima suya gustaba de ser ese ser importante para alguien más.

Ese por el cual luchaban, le hacia sentir importante, única y por sobretodo, amada.

De que sirve ser poderosa, imparable, si al final, todos tienen miedo de acercarse a ti. Que ganas con estar en la cima si solo tú estas en ella.

La fama es efímera, las habilidades decrecen con el tiempo; y el corazón añora esa compañía que desechaste por que no te ayudaban en tus metas.

Ella deseaba ser alguien independiente en su carrera más no en su vida, añoraba el poder defenderse pero a su vez gustaba de la idea de que una vez todo se halla acabado, que alguien le rodease con sus brazos y calmase los nervios y la adrenalina de la batalla.

Alguien que dispersara los miedos e inseguridades que todo guerrero tiene de no regresar con vida a su hogar. Una persona que demuestre que eres irremplazable… única.

Alzó su cabeza, acariciando sus labios en su piel, otorgándole besos de mariposa, olfateando su aroma, todo con tal de demostrarle que a su lado estaba alguien que lo daría todo por él.

Sus piernas temblaban, su estómago daba vuelcos y no quería hablar de lo que su intimidad hacía en estos instantes.

Su corazón, que aparentemente insistía en salir a golpes de su pecho, no paraba de latir por más que intentara controlarlo. Al final encontró su objetivo y titubeó tan solo por un par de segundos antes de decidirse nuevamente.

Sus labios estaban secos, la posición era del todo incomoda, y el no parecía reciprocar sus sentimientos debido a su condición.

No obstante, ese pequeño beso representó el momento más importante en su vida, uno donde tomó la decisión de que el adolescente, no, hombre según las leyes de la aldea; Era aquel al cual le entregaba su corazón, por hoy y para siempre.

Solo no debía perder la esperanza…

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Itachi se detuvo intempestivamente, su entrenamiento y sentidos le gritaban a todo dar que alguien estaba peligrosamente cerca.

Su límite sanguíneo se disparó de inmediato, intentando percibir cualquier tipo de ataque que pudiese ocurrir en su contra, Kisame su compañero, parecía estar en un nivel similar de alerta.

"Esto no esta bien, para nada bien, ¿Crees que nos han traicionado?" Dijo en voz baja el hombre escualo, el Uchiha no respondió, no estaba del todo seguro, pero al igual que su camarada tenía sus sospechas. "Probablemente, el que nos estén asechando mientras estamos en el punto de reunión de Akatsuki puede interpretarse como una pésima broma, o que han decidido pasar de nosotros."

El hombre de azul coloración solo asintió, ambos sabían que no eran del todo imprescindibles para el objetivo final.

De entre las sombras, un hombre finalmente apareció, ambos lo identificaron como Deidara, su rostro estaba serio, más de lo que jamás lo hubiesen imaginado. A su espalda se podía ver ligeramente la silueta de Sasori, ambos portaban el mismo aire de finalidad.

"Valla, valla, con que así son las cosas, pensé que este día llegaría mucho después, pero veo que finalmente muestran su verdadero rostro." Comentó Kisame mientras sujetaba a Samehada con fuerza, desprendiéndole de su cinto y arrastrándole hacia el frente, preparado para lo que sería una dura batalla.

Itachi alzó su mano, deteniéndole en el acto, "Algo no esta bien, Deidara no ha dicho ninguna estupidez sobre su arte." Kisame pareció comprender de inmediato, porque sus cejas se alzaron hasta alcanzar su Hitai-ate.

"¿Puedes localizarlo?" Preguntó seriamente, comprendiendo que lo que estaba frente a el no era mas que una probable ilusión, no habían muchas personas en el mundo que pudieran a estas alturas el enfrentarse a dos Shinobi de clase S y vencer, mucho menos intentar duplicar tal hazaña.

Itachi observó de un lado a otro, intentando conseguir la fuente más mínima de chakra, aquella que estaba proyectando la ilusión, pero nada de lo que hiciera revelaba su origen. De hecho, esto no parecía una ilusión en lo absoluto.

Su atención nuevamente se fijó en los dos miembros de Akatsuki que estaban ante el, ambos simplemente estaban parados allí. Inertes, como si no pudieran moverse pasare lo que pasare, los observó atento a cualquier cosa por mas de quince minutos, al menos hasta que su paciencia se agotó por completo. "Sea quien sea es bueno, esos dos no tuvieron oportunidad alguna y por como están las cosas dudo mucho que pueda mantener el Sharingan por mas tiempo, quien sea el que nos acecha lo esta haciendo adrede con tal de que gaste energía y paciencia rastreándolo."

"En realidad, no soy tan bueno, es que ustedes humanos no saben nada sobre cazar." Dijo una voz profunda, casi burlona justo desde atrás de los guerreros.

Ambos saltaron de inmediato, separándose de la entidad, que ahora permanecía inerte en el sitio donde ambos habían estado con anterioridad. Sonriendo fríamente mientras los observaba con… ¿Hambre?

"¿Qué demonios, no pude sentir ni un miserable gramo de Chakra?" Espetó Kisame mientras apuntaba su enorme espada en dirección del ahora identificado enemigo. Su cabello era castaño con las puntas doradas, su Hitai-ate poseía un cuerno delgado y largo, su cuerpo portaba una armadura impresionante, roja como la sangre con algunos detalles plateados entre las uniones.

Itachi, quien finalmente usó sus ojos para ver de quien se trataba, palideció ligeramente, no estaba en condiciones de enfrentarse a un Youkai, no cuando hace poco acababan de acabar con uno de los Jinchuuriki. "Debemos huir," dijo en voz baja, sorprendiendo a su compañero.

"De que demonios hablas, ambos podemos acabar con este sujeto."

La respuesta que recibió no le agradó en lo absoluto. "Estamos enfrentando a un Youkai, probablemente uno mucho mas poderoso que los Bijuu si puede tomar forma humana, acabamos de terminar el proceso de extracción de Chakra y nuestros niveles están bajos, por eso ese par de inútiles murieron, se enfrentaron en las peores condiciones posibles a un enemigo que no perdonará una falla… lo inteligente sería que partiésemos de inmediato, su armadura podrá protegerlo, pero quizás lo haga mas lento. Tenemos que informar al líder de este asunto de inmediato." Y sin decir no mas, a pesar de fruncir el ceño, ambos guerreros emplearon el Shunshin para alejarse de allí lo más rápido posible, ignorando que el chico simplemente sonreía al verlos partir.

Se relamió los labios, su plan de distraer al Akatsuki por unos cuantos años apenas acababa de comenzar, sus primeras victimas fueron un par de idiotas que menospreciaron sus habilidades y ahora no eran mas que cadáveres ambulantes que el controlaba a su gusto gracias a que no solo había devorado sus corazones, sino sus almas también.

Se carcajeó libremente, si bien conocía a los humanos, los líderes de estos sujetos se encargaran de "lidiar" con el cuanto antes con tal de eliminar la treta que representaba a sus metas.

Si bien, su cuerpo no era real, y su energía estaba limitada a la que puede transmitir desde el Makai, serviría para entretener a los sujetos, quizás eliminar a unos cuantos. Todo, por cumplir su labor.

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Varias presencias se ubicaron en los límites de la ciudad, finalmente había llegado el momento de llevar a cabo sus objetivos.

Capturar al pecador, aquel que había roto las reglas del espacio tiempo.

El Kyuubi no Kitsune.

Continuara…

Recuperando mi Musa, espero que este capitulo no halla estado cursi, pero en fin, es el inicio de la parte romántica. Ya viene el "y pasaron tantos años." Ósea que esto esta llegando a su fin. Al menos esta parte, Antes de que me digan, si, mate a esos dos, no son personajes tan importantes que digamos.

No, esos serán los únicos que morirán, Kyosuke (el demonio de armadura roja, que esta basado en el personaje Kyosuke Nambu de Super Robot Wars OG, cuya armadura es una copia de su mecha ALTAISEN REISE. No matara a nadie mas, solo los entretendrá, puso un ejemplo con esos dos de que tan peligroso era para sus planes, eso y tenia hambre.)

De nuevo, me cuaje de la risa con el Flame que me otorgaron, primera vez que veo que usar la deducción, de lo que ya es LOGICO, (sin decir repetitivo.) en los mangas Japoneses, es considerado Brujería.

Y sorry en desinflar tu burbuja, pero mis amigos los conozco, todos tienen los testículos o los ovarios bien puestos para decirme en MI CARA, identificados y demás parafernalia. Lo que piensan, así que alguien que me da un review (a pesar de que sea Flame) sin que me de una oportunidad de responder no le considero. "Amigo." Yo no considero en ningún aspecto eso como "Amistad."

Ahora con el manga, Saben me acorde con los últimos capítulos del manga de muchas historias fanfic, NEO YONDAIME HOKAGE fue una de ellas con el tema de "padre que se auto-sello dentro de su hijo." No es para nada como paso en el manga, pero hay similitud en la idea.

Si he leído otros fics donde el papá o "el espíritu" de su padre aparece cuando esta a punto de "morir porque el Kyuubi se le salio." Pero por más que lucho por recordarlo, (He leído muchísimos.) No me vienen los nombres a la cabeza, de hecho los tengo en la punta de la lengua pero nada. Bastante frustrante por cierto.

A pesar de que PORFIN han dado el primer HINT reciproco de NARUHINA, el manga sigue sin volverme a gustar, si me alegra, pero sigo viéndolo nada más para saber como termina.

ODIO, en extremo y con toda mi alma, ODIO, al autor de ONE PIECE y al de FAIRY TAIL, ¿Por qué se preguntaran? Simple…

Porque me hacen llorar como una niña pequeña con sus historias.

Desgraciados…