~ Capítulo 10: El torneo de Marado
Habían pasado casi dos semanas desde los eventos ocurridos en la Isla de Midoro, y desde los descubrimientos de Rasuka y compañía en la antigua pirámide. El grupo de Link y Mist por fin había logrado bordear a Hyrule por el norte, y favorecidos por el viento, se dirigieron hacia el sur por la provincia de Kobitan y hacia el golfo de Oribes, el cual ya aparece en los mapas de Tellius. Sin embargo, conforme avanzaron en su trayecto, notaron que el viento se volvía más frío, sobrenaturalmente frío, hecho que era entendible tratándose de la provincia de Kobitan, lugar marcado por el gran Pico Nevado en Hyrule. Pero conforme navegaban hacia el sur, a un Daein en verano, comenzaron a preocuparse por la permanencia del gélido viento a su alrededor.
El panorama era un poco más alentador para Rasuka, Ashei, Shad, Harkinian y Koume: el comandante de las fuerzas hyrulianas, se negó a poner mano sobre las infantes gerudo en los campos de batalla, condición que Harkinian, Koume y Aveil aceptaron a cambio de continuar con una mútua cooperación. No obstante, no podían permitir abstenerse de atacar los campamentos enemigos solo porque tuvieran niñas entre sus filas, así que recurrieron a los mensajeros, quienes transmitían a las líderes de los campamentos el ultimátum del rey Harkinian, solicitando la evacuación de las niñas con un día de anticipación. A pesar de que les concedían esa ventaja, la alianza hyruliana y gerudo obtuvo muchas victorias importantes, con Rasuka, Ashei y Aveil comandando sus fuerzas en los campos de batalla. Conquistando muchos puntos clave para un ataque a la ciudad de Aru Ainu, y cortando muchos puntos de suministro de agua a la ciudad, Harkinian y Rasuka estaban mucho más cerca de lograr su objetivo. La llegada de soldados desde la capital, solamente logró subirles los ánimos a los aliados de Zelda y Harkinian.
También estaba el general Viscen, guardián del trono y comandante de las fuerzas armadas de Hyrule, quien estaba en constante contacto con los dos grupos mediante las piedras chismosas. Tras enviar soldados de la capital al desierto, él, a su vez, recibió una pequeña fuerza de soldados de Doncella Azul, enviados, por comando suyo, por el general Derdim, comandante de las fuerzas armadas de esa ciudad. Sin embargo, su intercambio de información con Mist y Auru, quienes le cuentan lo sucedido en la Isla de Midoro, y con Rasuka y Shad, quienes le notifican de sus descubrimientos; hacen a Viscen sospechar sobre las verdaderas intenciones de Derdim. Aún más, con la información de Shad y tras lo sucedido con Link, Viscen deduce de qué es lo que le pasó al joven hyruliano, y decide guardarse esa información sin transmitírsela al grupo de los mercenarios, por lo menos durante un tiempo.
Aunque para Hyrule hay una luz a futuro, cada vez más fuerte, no lo es así en otros lados del mundo. Link aprendió durante su viaje con los mercenarios, acerca de la historia reciente del continente Tellius: la guerra de liberación de Daein, la guerra civil de Crimea, la guerra entre la Alianza Laguz y Begnion, el reciente descubrimiento de Hatari, y cómo todos esos hechos desencadenaron, a la larga, un conflicto entre las diosas Yune y Ashera. Todos los países de Tellius estaban recuperándose de una guerra a nivel continental, y la inestabilidad política no ayudaba a la situación: bien recibida, recién se había coronado la reina Micaiah gracias a la abdicación de Pelleas, a quien se le creía hijo del anterior rey, Ashnard; pero había mucho trabajo que hacer por Daein, Micaiah sabía que no sería una tarea fácil, ni rápida. Los países de las aves laguz buscaban unificarse en un solo reino con Tibarn, rey de Phoenicis, a la cabeza. Por otro lado estaba Goldoa, cuyo rey había sido asesinado en la guerra de Ashera, por lo que su más joven hijo, Kurthnaga, tomó el trono de una nación que, tras milenios de aislarse de todo el mundo, por fin le abrió sus puertas. Caineghis, rey de Gallia, renunció al trono para que lo ocupara su sobrino, Skrimir. En un país laguz, donde los gobernantes se deciden por fuerza y no por título nobiliario o ascendencia, Skrimir fue bien recibido. Luego estaba el imperio de Begnion, el país más poderoso del continente y cede religiosa del mismo. La emperatriz Sanaki, antes bajo el título de apóstol, ha tratado de gobernar a su gente sin la guía de la diosa Ashera, luego de desenterrar las verdades de los dioses, que los milenios habían mantenido ocultas. Además estaba Hatari, el reino de los lobos, cuya reina, Nailah, buscaba reunificar a su gente con el resto del continente.
La inestabilidad era aún peor para Crimea, sin duda. Recuperándose de los desafortunados eventos del año anterior, su gente vio resurgir de una aparente muerte al antiguo príncipe, Renning, tío de la actual reina, Elincia. Durante la guerra del Rey Loco, Ashnard, Renning había sido dado por muerto. Hasta entonces, la existencia de la reina Elincia se había mantenido en secreto, para no causar revuelo sobre la sucesión, si sería Elincia, hija del rey Ramón, o Renning, su hermano, quien portaría la corona. Tras reaparecer, sin embargo, Renning dio un paso atrás, y dio lo mejor de sí para ayudar a su sobrina a guiar al país por el mejor camino. Al enterarse de ello, sin embargo, tanto nobles de la corte como civiles, protestaron: aún había restos de la rebelión, y había quienes aún consideraban a Elincia una gobernante débil e inapropiada. Con la reaparición de Renning, muchos vieron su oportunidad para alzar la voz. Gracias al príncipe Renning, también comandante de los caballeros reales, a Geoffrey, futuro marido de la reina y segundo en comando de los caballeros; al Conde Bastian, duque de Fayre y respetada mente política de la corte; y Lucia, hermana de Geoffrey y guardaespaldas de la reina; todos los intentos de reavivar una guerra civil, fueron silenciados. No obstante, gracias al hechizo de control mental de Kotake sobre la reina Elincia, la joven gobernante fue tomando decisiones no del todo correctas, mismas que reanimaron las esperanzas de los pocos rebeldes restantes. La acción de Elincia contra los rebeldes fue violenta, sin embargo, y solamente causó más revuelo del que logró extinguir. Sus caballeros reales y amigos cercanos obedecían sus órdenes bajo protesta, incapaces de resolver el problema de su reina, a pesar de que el Conde Bastian conocía su solución.
Aunque los deseos de rebelión se fueron extinguiendo poco a poco, la influencia de Kotake en Crimea, y en todo Tellius, fue causando estragos: nevadas continuas en pleno verano, y monstruos atacando sembradíos, establos, casas y a la gente misma, en todos los rincones del continente. Es este continente lleno de incertidumbre, el que Link por fin conocería...
- Empieza a preocuparme - Decía Titania. A su alrededor estaban casi todos los miembros del grupo, salvo Boyd, Oscar y Shinon -. Estamos claramente en Tellius ya, no debería hacer este frío... ¡es pleno verano!
Todos ellos estaban bien envueltos en capas, si bien un poco viejas, pero les ayudaban para mantener el calor. Se encontraban reunidos dentro del mismo camarote donde había despertado Link tras lo sucedido con el espejo, unos metidos en las camas, y otros sentados unos muy cerca de otros. Cremia, quien ya le había agarrado cariño a Titania, estaba sentada junto a ella, y la mujer le abrazaba.
- Supongo que es culpa de Kotake - Dijo Link, quien estaba recargado junto a la puerta de la entrada -. Quién sabe qué clase de poderes posea, fácilmente podría hacer esto con uno de sus hechizos...
Él y Mist se tiraban miradas furtivas de vez en cuando, evitando sonreír o ser muy obvios. A pesar del tiempo que había pasado, no habían dicho nada a nadie sobre lo que sucedía entre ellos dos... a final de cuentas, ambos se sentían inseguros sobre Boyd, quien evidentemente sentía algo por Mist. Cada uno de los miembros de la pareja, por su parte, sabían dentro de sí mismos que, hasta entonces, no eran las únicas personas a quienes amaban, y aunque estaban seguros de que se querían, no tenían idea de qué harían respecto a Boyd, ni a Ilia, cuando regresaran a Hyrule. Si regresaban. Así que Link y Mist solamente se veían en secreto, cuando sabían que no habría nadie en el lugar del encuentro, o que no habría manera de que alguien les viera... como cubierta, por ejemplo, cuando Auru y su vista cansada se encargaban del timón. No obstante, se habían descuidado y Oscar les había visto tomados de la mano, en una ocasión.
"Pero Oscar es muy discreto, no le diría a Boyd a menos que él se lo pidiera", pensaba Mist cada vez que Boyd le tiraba una mirada suspicaz. "Es una buena persona, seguro se lo guarda... espero", se decía Link para alentarse. Sin embargo, sabían que tendrían que decirlo, tarde o temprano. Quizás el barco era un lugar demasiado pequeño, donde toparse con otros era muy fácil. En tierra firme, pues, podrían confesar y alejarse de Boyd si fuera necesario. "Pero Boyd es una parte valiosa del equipo, si le dijera lo que ocurre, seguramente él querría alejarse de nosotros... y, a la larga, perderíamos a Rolf y a Oscar..."
- No hay manera de saberlo, pero es probable - Dijo Auru con los brazos cruzados, sentado en un rincón y muy acurrucado bajo su capa.
- No hay mucho que podamos hacer aquí, en el barco - Se lamentó Link, desanimado -. Dijeron que solo nos detendríamos en Daein por unas horas para reabastecernos, y que luego navegaríamos otro par de semanas hacia Crimea, ¿cierto? - Titania y Auru asintieron.
- Podríamos divertirnos un rato si entrenáramos tú y yo - Le propuso Mia, tan alegre como siempre a pesar de estar metida en la cama por el frío... pero luego sus ánimos se bajaron -... Pero, ¡es que hace tanto frío, no lo aguanto!
- No es una mala idea - Dijo Link con una sonrisa -. Podría hacer eso... iré afuera un rato, incluso podría entrar en calor...
No escuchó que Mist intentaba detenerlo, pues cerró la puerta antes de que la muchacha pudiera siquiera hablar. Había una puerta más que llevaba al exterior, y junto a ella había un par de barriles, con varios juegos de armas depositados dentro de cada uno. Link sacó su espada del primer barril, junto al cual estaba recargado su escudo; luego se ató ambas cosas a la espalda, giró la manija de la puerta, y salió.
Estaba nevando en el mar, muy cerca de la playa por lo que se podía ver: Link pudo vislumbar la costa y las montañas de Daein en la lejanía, a su izquierda, pero las ventiscas y la nieve (aunque no muy tupida), obstruían la visión en ocasiones. Aunque el viento no les favorecía mucho, Oscar, al timón, iba acercándolos a la costa poco a poco. El clima no era nada cómodo, sin embargo, y menos lo era lo que vio Link después: no solo el viento y la nieve le dejaron frío, ver a Boyd balanceando su hacha de lado a lado, en plena cubierta, hizo gran parte del trabajo. Más allá, cerca del extremo frontal de barco, estaba Shinon haciendo las veces de vigía, pero era fácil ignorarlo teniendo a Boyd enfrente. Boyd... debió haberlo previsto, pues no se encontraba con el resto del grupo en el camarote. ¿Debía entrenar sólo, o sugerirle que entrenaran juntos, para distraerlo? Puso su mano izquierda en la empuñadura de la espada, y apenas la había empezado a deslizar por la vaina, cuando Boyd dio un giro y quedó de cara a él.
- Ah... Link - Adoptó una posición más relajada al verlo, pero su rostro lucía serio. Justo cuando el hyliano empezó a pensar "Que no sepa nada, que no sepa nada", Boyd le sonrió y le dijo: -. Hola.
- Hola, Boyd - Respondió el otro, con el pecho colmado de alivio -. ¿Entrenando?
- Un poco, no quiero oxidarme - Declaró Boyd, rascándose la nuca y aún sonriente, pero volvió a enseriarse a los pocos segundos -. Eso me recuerda... tú y yo tenemos algo pendiente.
- ¿Qué... qué dices? - A Link volvieron a ponérsele los nervios de punta.
- ¿No recuerdas? Aquella vez, en la cantina de esa señora... Telma. Íbamos a tener un duelo, pero no pudimos - Volviendo a sonreír, Boyd le refrescó a Link la memoria, y volvió a bajarle la tensión.
- ¡Ah, cierto, eso! - Dijo Link con una risa nerviosa, rascándose también la nuca, pero volvió a enervarse al límite cuando el otro preguntó:
- ¿O tú qué pensabas?
- ¡No, nada! - Volvió a reír Link con nerviosismo, desenvainando al fin -. Mejor comencemos con esto, hay que entrar en calor...
- Lo mismo digo, ¡prepárate a perder! - Declaró Boyd confiado, alzando su hacha.
Se miraron fijamente a los ojos, tratando de intimidarse, de analizarse, de advertirse que el uno era mejor que el otro. Se mantuvieron inmóviles varios segundos, solamente balanceados por el danzar del barco sobre las olas. Link apuntó su espada al frente, Boyd se echó su hacha al hombro, y justo cuando iban a lanzarse al ataque...
- ¡Mierda! - Gritó Shinon a todo pulmón, y tirándose al piso dijo: - ¡Todos abajo!
Link y Boyd corrían el uno hacia el otro, pero el barco dio una sacudida tan violenta que se siguieron de largo, yendo a dar de bruces en la helada madera. Oscar había ido a parar a la barandilla trasera del castillo, así como Shinon se había deslizado por el piso hasta ir a dar de espaldas contra el mástil.
- ¿Están todos bien? - Dijo la voz de Mist, quien salía a cubierta.
- ¿Qué demonios ocurrió? - Dijo Gatrie, quien le siguió.
- ¿Estás bien? - Tras ponerse de pie, prácticamente ileso, Link se dirigió a Mist discretamente, en medio d todo el barullo.
- Todo bien, gracias - Mist le dedicó una breve pero dulce sonrisa, antes de pretender que no pasaba nada entre ellos.
- Ah - Oscar se puso de pie tambaleándose -... no lo vi venir.
- ¿Qué pasó, Oscar? - Inquirió Titania.
- Hielo, al parecer - Bufó Shinon tras levantarse.
- ¿Hielo? - Preguntó Mist sin poder creerlo -. ¿En el mar?
- Me escuchaste bien, niña. Supongo - Reafirmó Shinon su respuesta sin voltear a ver a la comandante -. Pero no son pedazos de hielo ni nada por el estilo. El mar está congelado, en pleno golfo de Oribes.
Casi al mismo tiempo, toda la tripulación se lanzó sobre la barandilla de babor, asomándose al mar. Ninguno pudo creerlo cuando vieron a las olas mismas, totalmente congeladas, como pequeñas dunas o montañas azules vistas desde el aire.
- ¿Cómo...? - Musitó Titania, casi en un suspiro.
- Si nevadas en alta mar y en verano, no eran suficientes - Gruñó Shinon.
- ¿Cómo salimos de aquí ahora? - Soltó Boyd la interrogante -. La costa no queda lejos, pero estamos completamente quietos.
- Podríamos usar el cañón - Sugirió Cremia tímidamente -. Romper el hielo...
- Eso sería tardado y desgastante, pequeña - Repuso Auru, cubierto de pies a cabeza en tela -. Si el hielo es lo suficientemente sólido, podríamos bajar del barco y cruzar a pie.
- Pues el hielo vino de repente y detuvo al barco completamente... está bastante sólido, diría yo - Señaló Mist, prácticamente tomando la decisión.
Los minutos siguientes fueron dedicados a recolectar todas las pertenencias y provisiones posibles, incluyendo comida, rupias y oro. Boyd, Gatrie y Titania se encargaron de montar el puente (el cual quedó bastante inclinado, dado que conectaba a cubierta con el "piso", y no con un muelle), mientras Link, Mist, Oscar y Cremia se enfocaron en sacar a los caballos de Doncella Azul, de segunda cubierta. Lamentablemente, se encontraron con que dos se habían muerto de frío, dejando solamente a seis caballos a disposición de una tripulación de once. Así que con sumo cuidado, hicieron descender a los equinos restantes, repartiendo a los jinetes de la siguiente manera: Link y Cremia en un caballo, Titania y Shinon en el segundo. Oscar y Rolf en el tercero, Mist y Boyd en el cuarto (con miradas recelosas por parte de Link, mas tuvo que contenerse para no delatarse), Gatrie y Mia en el quinto, y Auru en el sexto. Antes de empezar a cabalgar sobre el difícil terreno, pues la forma de las olas congeladas constituían un trayecto turbulento; Titania y Auru se separaron del grupo para conversar, mientras el resto reunía todas las provisiones posibles para cargarlas en los caballos.
- ¿Nada aún? - Inquirió Titania en voz baja, pero a la vez lo suficientemente alta para hacerse oír sobre la ventisca.
- No ha venido a mi, así que asumo que no se ha dado cuenta - Respondió el viejo bajo la capucha -. Pero me tiene preocupado, tengo una teoría de lo que pasó, pero está basada en meras leyendas y conjeturas.
- Un poder de tal magnitud, y no sabemos en dónde está... ni en manos de quién - Señaló Titania con la mirada baja -. ¿La Trifuerza del Poder, dices?
- Algo ocurrió con ese espejo, y lo que haya sido, es la causa de la pérdida - Dijo Auru -. La Trifuerza es un poder intangible, una bendición... no es algo que se pueda perder o algo de lo que uno pueda deshacerse voluntariamente, como un objeto.
- Y sin embargo, lo noto más tranquilo que antes - Añadió la pelirroja, pensativa.
- Bueno, no sé si eso se deba a la pérdida de la Trifuerza o no - Dijo Auru en tono más alegre -, apostaría más a que se trata de lo que tiene con nuestra joven comandante, ambos lucen muy contentos.
- No es por menospreciar al chico, pero no me gusta para Mist - Dijo Titania, tratando de ocultar su reprobación por esa situación.
- Vamos, que eso lo dices solamente porque esperabas que se juntara con el otro muchacho - Auru la palmeó en la espalda.
- Pues verás... Mist ya es una muchacha grande, una mujer, ya toma sus propias decisiones, y siempre estaré orgullosa de ella - Repuso la subcomandante -. Pero en el fondo, supongo que siempre esperé que ella se juntara con Boyd... él la quiere tanto.
- No te desanimes. Son jóvenes, aún es muy temprano para que resignarse - Dijo Auru antes de dirigirse a los caballos, y luego añadió: -. Solamente no hagamos comentarios, no queremos causar desorden en nuestro pequeño grupo.
- Completamente de acuerdo.
El avance fue lento, pues si cabalgar en nieve no era nada fácil, hacerlo en una superficie resbalosa e irregular, lo era muchísimo menos. El caballo de Link y Cremia se quedó a un pelo de resbalar en un par de ocasiones, pero ninguno de los caballos, ni de los jinetes, salió lastimado. Llegaron a la costa en menos de una hora, pero toparse conque estaba igual de fría, no fue nada alentador...
Tras alcanzar la costa y hablar con los pueblerinos del poblado más cercano, los mercenarios y los hyrulianos se enteraron de que la helada había causado desvastación, por lo menos, a nivel nacional. Sembradíos y pastizales enteros habían quedado inutilizables, por lo que era prácticamente imposible sembrar o criar la propia comida. Esa pequeña aldea todavía tenía una pequeña reserva de comida (misma que habían planeado para el invierno de verdad), y unas cuantas cabezas de ganado, pero no sabían por cuanto tiempo podrían continuar así.
- ¿Quién podría querer semejante destrucción? - Se lamentó una anciana granjera -. ¿Será este un castigo de los cielos, por haber pasado tantos años en guerra?
- Yo sé quién querría algo así - Dijo Link para sí mientras cabalgaban -. Quisiera saber porqué...
Después de eso, y sin cambio alguno en el clima, viajaron hacia el este por dos días seguidos, hacia Marado, el poblado importante más cercano en el mapa. Apenas deteniéndose para dormir, llegaron a Marado muy temprano por la mañana.
- Marado no es exactamente un poblado perteneciente a Daein - Le explicaba Oscar a Link y a Auru -. Es un poblado independiente, pero a la vez mantiene una estrecha relación, o alianza por así decirlo, con el resto de Daein. Es prácticamente una provincia del país, no entiendo porqué no se afilian a Daein y ya...
- Algo así como Ordon, mi hogar - Repuso Link -. Vivíamos de una forma similar a Marado, y hasta hace como seis meses que somos parte de Hyrule, oficialmente.
- Tan... hambriento - Pasando a un lado de Link y Cremia, iba Boyd recargado sobre el lomo de Mist, casi dormido.
- Deja de quejarte, Boyd, nos reabasteceremos dentro de poco - Dijo Mist, quien llevaba las riendas, con seriedad.
Al pie de unas nevadas montañas (Link no supo si así eran siempre, o si solo era dado al clima), Marado era una ciudad agradable: no había mucha yerba en el suelo, y no era debido a la nieve, pero sí había bastantes pinos, pozos, lagunas (congeladas), cazas de piedra y madera iluminadas y, a pesar del azotador clima, calles y mercados vivaces y abarrotados. A explicación de Oscar, nuevamente, Link supo que los inviernos en Daein eran especialmente duros, por lo que no era algo tan pesado para sus habitantes... la agricultura y la ganadería, eran lo verdaderamente preocupante.
A petición de Mist y Titania, el grupo se detuvo a la entrada de una calle donde se montaba un mercado ambulante. Las dos, acompañadas por Oscar y Cremia, se adentraron a la muchedumbre para comprar comida y demás víveres, mientras el resto del grupo descansaba a las afueras del mercado, en una pacífica plaza con una fuente al centro... también congelada. Pacífica durante aproximadamente media hora, hasta que la gente que anteriormente se paseaba con tranquilidad, empezó a correr hacia una de las calles que daban a la plaza (la que estaba exactamente opuesta a la calle del mercado), haciendo muchísima bulla.
- ¡Ya está aquí!
- ¡Ya llegó! - Decían.
- ¿De quién estarán hablando? - Preguntó Link con curiosidad, sentado relajadamente en una banca de madera.
- Ni idea... algún noble, me imagino - Dijo Boyd tras deglutir casi media manzana en dos mordidas.
Justo cuando Mist y compañía reaparecieron de entre la masa de gente en el mercado, con víveres en las manos, la gente de la calle opuesta se separó para abrir paso a una cuadrilla de jinetes con armaduras negras, que escoltaban una carroza sencilla, pero vistosa por su color blanco. Al ver quiénes iban de pie en la carroza, y quienes encabezaban a la escolta, Mist y Titania casi soltaron lo que llevaban en las manos, y Boyd casi se atragantaba con su manzana.
- ¿Qué está haciendo aquí? - Musitó Mist entre asombrada y confundida -. Nevassa está a kilómetros de aquí...
- La reina... la reina Micaiah - Balbuceó Boyd.
Los ocupantes de la carroza se alzaban lo suficiente sobre la gente, como para que Link pudiera verlos mientras pasaban. El primero era un hombre no muy alto, de larga cabellera ondulada de color azul, vistiendo túnica a juego con su cabello, y una capa blanca con bordes dorados. El segundo, más alto y menos arropado, era otro joven hombre de lacia cabellera verde, vivos y penetrantes ojos de color ámbar, y piel blanca, cubierto de cuello a tobillos en una gabardina verde, y con una extraña espada curva, colgando de su cintura. Y finalmente, bajita y delgada, pero de hipnotizante belleza, estaba quien seguramente era la reina: lacio cabello plateado adornado por una tiara dorada, y un bello rostro blanco con tierna mirada ambarina... su delicado perfil cubierto por una capa color guinda. Saludaba con la mano y brindaba una sonrisa a prácticamente todas las personas que le daban la bienvenida con tanta efusividad. Hechizado por su belleza, y aún admirado por la juventud de la reina, Link casi no vio pasar a los tres jinetes que encabezaban a la escolta. La primera era una joven mujer, quizás apenas mayor de veinte años, quien iba en medio de los otros dos: de belleza extraña, pero notoria por la misma causa, su piel era morena, su cabello era color guinda e iba amarrado en una trenza; sus ojos eran violetas, y todos sus rasgos resaltaban aún más por la armadura azul que vestía. A su izquierda iba un corpulento hombre vestido en pesada armadura blanca, como Gatrie, pero con espeso bigote y cabellera gris, entrecana. Y a la derecha de la muchacha, iba un muchacho mucho más pintoresco: pelirrojo y con ojos a juego, pecoso, vistiendo túnica verde y capa anaranjada, sin mencionar los pantalones cortos (cosa increíble, dado el clima). Todos se dirigieron al edificio más grande de la plaza, de apariencia importante, quizás de tipo gubernamental, donde se amontonó toda la gente. Link creyó que el espectáculo había terminado, pero muchos dentro de la masa de gente huyeron despavoridos, al ver a quienes cerraban la marcha, los primeros laguz que el hyruliano vio en su vida: un tigre verde con dos enormes colmillos y un lobo de frondoso pelaje negro, ambos tan grandes como los caballos que les precedieron. Por el aire también vino un cuervo igual de grande, su plumaje negro como la noche, más negro que el pelaje del lobo. Al ver que la gente empezaba a cuchichear y a alejarse, Link recordó lo que los mercenarios le habían contado la noche en que los había conocido, sobre la discriminación a los laguz.
La mayoría de los jinetes se mantuvieron en la entrada mientras que, por otro lado, ingresaban al edificio los ocupantes de la carroza, los líderes de la escolta, y los laguz, quienes adoptaron formas humanoides tras verse envueltos por luces verdes.
- ¿Esa es la reina de Daein? - Inquirió Link fascinado, cuando Mist se paró a un lado de él -. ¡Es muy joven!
- Y muy bonita - Añadió Gatrie, casi babeando.
- Mist, tengo una idea - Dijo Titania de repente, colocando las compras sobre una banca -. ¿No deberíamos ir a verla?
- Sí, deberíamos ir a saludar - Repuso Mist alegremente.
- No solamente para saludar, Mist - Señaló Oscar -. Creo que la reina podría ayudarnos con nuestro problema de transportación... no creo que haya forma de sacar al barco de ese hielo tan grueso, pero estaba pensando en polvo de aparición...
- ¿No es eso un poco drástico? - Cuestionó la comandante -. El polvo de aparición no es exactamente algo que vendan en un mercado...
- ¿Pero es una noble, no? - Apoyó Boyd la idea -. Debe tener mayor acceso a esas cosas caras...
- ¿Qué es el polvo de aparición? - Preguntó Link, sin idea.
- Son polvos mágicos, Link - Explicó Titania -. Al usarlos, puedes viajar al lugar que quieras en un abrir y cerrar de ojos, no importa qué tan lejos esté.
- Será mucho más rápido que un barco, me imagino - Dijo el hyruliano sarcásticamente.
El grupo acordó que intentaría ver a la reina Micaiah para solicitarle la ayuda, además de que ninguno pudo ocultar su curiosidad sobre su presencia en un territorio independiente, y tan alejado de la capital. Se colaron entre la multitud que ya se disipaba, aproximándose a los soldados que cuidaban la entrada. Sin embargo, el acceso les fue negado, a pesar de que Mist alegó que conocía a la reina, una y otra vez.
- ¿Podrían, por lo menos, decirle que los Mercenarios Greil están aquí? - Demandó Boyd molesto, al arrogante soldado de Daein que los había recibido.
A regañadientes, el soldado envió a uno de sus compañeros más cercanos a la puerta, a dar el recado. Diez minutos después de haber ingresado al edificio, el soldado volvió a salir para decirles que la reina solicitaba que la esperaran unos minutos, y que ella les haría llamar en breve. Incapaces de hacer otra cosa que el inventario mientras esperaban, se resignaron a hacerlo durante media hora... cuarenta y cinco minutos... una hora... Hasta que el mismo soldado de antes se acercó a Mist, quien se entretenía haciendo algo que no había hecho en mucho, mucho tiempo: recoger flores, si bien eran pocas las que había alrededor de la fuente, limitadas por el clima.
- La reina Micaiah está lista para recibirlos - Declaró el hombre con formalidad.
- De acuerdo - Dijo Mist. Titania y Auru, que estaban cerca, se les unieron, y luego la muchacha solicitó la compañía de ambos Link y Boyd, lo que desconcertó al primero, pero se mantuvo callado.
Pasando entre los caballos y los guardias, los cinco subieron la escalinata rápidamente, cansados de esperar. Los dos guardias junto a las puertas, les abrieron el paso, y entraron a un moderadamente vistoso pero amplio vestíbulo: lustrosa duela con elegantes tapetes azules, la piedra que constituía los muros estaba bien pulida, y de ahí colgaban candelabros y algunas pinturas. Sobre sus cabezas había discretos candiles. La estancia se veía más grande de lo que era, debido a que ocupaba los dos pisos: las habitaciones restantes le rodeaban tanto en el primer como el segundo piso.
Justo a mitad del vestíbulo, estaban todas las personas que habían llamado la atención, momentos atrás: la reina y los otros dos ocupantes de la carroza, el muchacho pelirrojo, la chica morena y el fornido guerrero de blanco. También estaban los tres laguz, y Link pudo ver sus formas humanoides con más detenimiento, cada uno delatado por las partes "animales" de sus cuerpos, que saltaban a la vista: el tigre debía ser el más alto, y tan musculoso que se veía más grande que el guerrero de blanco, con todo y armadura. Llevaba la lacia cabellera verde amarrada en una cola, dejando ver sus orejas felinas, que ocupaban el lugar de las redondas orejas usuales de los beorc. En cada lado del rostro se asomaban dos afiladas líneas de pelo verde, como si se tratase de la espalda de un tigre, así que entre tanto verde, sus ojos rojizos resaltaban más. El hombre vestía una larga túnica de color azul, como una especie de abrigo, y la cola verde se le asomaba por un orificio en los finos pantalones de gris oscuro. Unos lustrosos zapatos cafés completaban una imagen muy inusual para aquellos que ya lo conocían, pues jamás lo hubieran imaginado con ropajes de un noble.
El cuervo, o la cuervo, era una atractiva dama blanca, con una apariencia que rompía el cuadro de nobles elegantemente arreglados: desordenada cabellera lacia, negra como su plumaje, y dormilones ojos como intensos zafiros, muy hermosos, que resaltaban aún más gracias a la gargantilla roja en su cuello. Su delicada figura apenas iba cubierta por una ajustada blusa de oscuro rojo, sin tirantes, pantalones azules que le llegaban hasta las rodillas, y sandalias cafés. Sus negras alas se movían ligeramente detrás de ella, como si se hubiera estado haciendo aire a sí misma.
El tercer laguz era un desconocido para todos los recién llegados, pues los mercenarios no lo habían visto jamás. Cabía decir que su apariencia y su edad, desencajaban tanto como lo hacía la chica con alas: lacia cabellera negra enmarcando su juguetón rostro, de grandes ojos negros, por ambos lados, y dos puntiagudas orejas de lobo asomándose por encima. Su larguirucho cuerpo iba envuelto en aflojadas ropas, algo grandes para él: camisa anaranjada, chaleco verde, y pantalones cafés detrás de los cuales aparecía la abultada y peluda cola de lobo. Link se preguntó si podía pisar la nieve con tan solo sandalias en los pies.
Link vio a los laguz rápidamente, mientras él y su grupo se aproximaban caminando a sus anfitriones, cuya cabeza les recibió casi con brazos abiertos. No pudo evitar sentir, sin embargo, las miradas curiosas de los daeinianos hacia su persona y hacia Auru... se sintió especialmente incómodo con el lobo, quien le escudriñaba más indiscretamente.
- Bienvenidos, amigos - Los recibió Micaiah con una sonrisa tan radiante como el amanecer. Link pudo ver porqué la gente del pueblo la quería tanto, pues la amabilidad se respiraba instantáneamente a su alrededor, no así con su escolta de pelo verde y mirada ambarina.
- Reina Micaiah, nos da gusto verla - Mist se arrodilló ante ella, siendo imitada por todos sus acompañantes.
- Por favor, no hagan eso - Dijo la reina con timidez, sonrojándose. Justo como Zelda, parecía ser una persona bastante sencilla -. No necesitan arrodillarse ante mi, de verdad... Ustedes en especial... yo debería arrodillarme ante ustedes, por toda su ayuda.
- No salgan con esas formalidades, ¡estamos todos en confianza! - Dijo el joven pelirrojo en tono bonachón.
- Gracias, reina Micaiah - Dijo Mist al ponerse de pie, sonriéndole entonces al muchacho pelirrojo.
- ¿Qué los trae hasta Daein, joven Mist? - Inquirió el hombre de armadura blanca, su voz profunda resonando en todo el vestíbulo.
- En un momento les explicaré todo, general Tauroneo - Le respondió Mist al hombre -, pero primero déjeme presentar a mis acompañantes - Se hizo a un lado para que los anfitriones pudieran verles claramente -: La mayoría ya conocen a Titania, subcomandante de los mercenarios. Él es Boyd, uno de mis más confiables compañeros - El susodicho sonrió con esas palabras -. Y los invitados especiales, Link y Auru, del lejano reino de Hyrule.
- Así que los rumores eran ciertos... - Musitó la muchacha morena.
- Espera, Mist, antes de que sigas - Interrumpió el pelirrojo -... ¿dónde está Ike?
Mist había esperado no tener que entrar en detalles al respecto, pero no le quedaba de otra: todos los presentes, después de todo, habían sido amigos y compañeros de su hermano durante las recientes guerras, en mayor o menor medida. Así que la nueva comandante tuvo que explicar, tan brevemente como le fue posible, cómo Ike, y Soren, habían desaparecido un día, después de una misión, sin dejar muchas explicaciones.
- Ya... veo - Dijo el hombre tigre, su voz casi tan profunda como la de Tauroneo -. Disculpa al Pequeño por haberse entrometido.
- No es nada, Muarim - Lo tranquilizó Mist -. Todo mundo se enteraría tarde o temprano...
- Ahora déjenme presentarles a mis acompañantes - Pidió Micaiah, dando un paso adelante -. Él es el general Tauroneo, comandante en jefe del ejército de Daein - El hombre de armadura blanca inclinó la cabeza en salutación -. Ella es la dama Fiona, gobernante de Marado y general de sus fuerzas armadas - La chica morena hizo una formal reverencia -. Él es mi consejero, Pelleas - Con timidez, el joven hombre de pelo azul se inclinó -. De Begnion, ellos son los oficiales Tormod y Muarim, representantes de los laguz en la corte imperial - El pelirrojo, Tormod, saludó con efusividad, mientras el gran tigre inclinaba la cabeza, con las manos puestas atrás en formalidad -. Sus acompañantes, Vika y Zul - Saludaron la cuervo y el lobo, respectivamente -. Y él es Sothe... mi prometido.
Mist se llevó las manos a la boca, sorprendida pero muy alegre, así como los otros dos mercenarios se mostraron encantados.
- ¡Sothe! - Dijo la comandante con una gran sonrisa -. ¡Te casas!
- Sí, así parece - Respondió el joven de pelo verde con una tímida sonrisa y cerrando los ojos, pero enseriándose casi al instante -. No nos casaremos próximamente, aún hay mucho por hacer... pero ya estamos comprometidos.
- Muchas felicidades, a los dos - Dijo Titania discretamente, con una sonrisa.
- Eh... siento interrumpir el bonito momento, pero... - Volvió a interrumpir Tormod con una sonrisota -, ¿no tienen Link y el señor Auru, algo que decir?
- Siempre tan imprudente, jefe - Sentenció Vika de brazos cruzados.
Pero tenía razón, o eso acordaron todos. Aunque fue Mist la que empezó el relato, en realidad, cuando explicó acerca del extraño comportamiento de la reina Elincia, y cómo les había encargado la misión de ir a Hyrule, sin explicación alguna. Saltándose la mayoría de los detalles sobre la inicial rivalidad entre Link y los Mercenarios Greil, el joven rubio expuso la aparición de Kotake, el secuestro de la reina Zelda, y el motivo de su viaje a Crimea, haciendo mención del grupo que se encontraba en el desierto de Hyrule.
- Lamentamos ser inoportunos, Alteza - Se disculpó Auru al comenzar a hablar -, pero el poder de la bruja Kotake dejó a nuestra nave inmovilizada a mitad del mar. Es por ello que solicitamos su asistencia.
- ¿De casualidad tendrá en su poder... polvos de aparición? - Preguntó Link imprudentemente, deshaciendo los esfuerzos de Auru por mantener la formalidad. Ante los ojos de navaja que puso el viejo hacia el muchacho, Micaiah no pudo hacer más que soltar una risita.
- Lamentablemente, me temo que no tengo esos utensilios en mi poder - Dijo Micaiah, poniéndose seria otra vez -. Siento no poder ayudarlos a una transportación rápida. Pero dado que los eventos en Hyrule nos conciernen a todos, brindaré toda la ayuda a mi alcance. ¿Caballos, carros y provisiones para todo el viaje, cubrirán sus necesidades?
- De hecho, dama Micaiah, se me acaba de ocurrir una idea - Intervino Fiona, dando un paso adelante.
- Dos ideas - Dijo Pelleas con moderado entusiasmo.
- Tú primero, Pelleas - Pidió la reina con amabilidad.
- Hyrule se halla al este de Daein y Hatari, más allá de las profundidades del Desierto de la Muerte... ¿es correcto, señor Link? - Inquirió Pelleas educadamente.
- Es verdaderamente correcto - Respondió Link intentando verse formal, pero ver de reojo a Auru negando con la cabeza, fue señal de que lo había hecho mal.
- Entonces, ¿por qué no pedir la asistencia de la reina Nailah y los lobos de Hatari? - Sugirió el consejero -. Si Hyrule verdaderamente está hacia allá, los lobos podrían llegar allá con más seguridad, y más rápido.
- Apuesto a que la reina accederá a esa propuesta, ¡sin duda! - Señaló Zul con un entusiasmo más estridente que el de Tormod -. Quiero decir... no sé de cuántos guerreros pueda disponer, pero ayudará con gusto.
- No puedo garantizar que acceda - Señaló Micaiah a los hyrulianos, quienes sonreían agradecidos -, pero haré lo posible por hacerle llegar el mensaje cuanto antes.
- Me encargaré de ello, Alteza - Se ofreció Vika con una tímida sonrisa.
- Gracias, Vika - Micaiah devolvió la sonrisa, y luego se dirigió a la gobernante de Marado -. ¿Cuál era tu idea, Fiona?
- Gracias, dama Micaiah - Tomó la palabra Fiona, educadamente -. Pensaba que conseguir polvo de aparición podría no ser tan difícil como pensamos. El sujeto en cuestión podría tener algo en su poder...
- ¡Vaya, es cierto! - Saltó Tormod con más entusiasmo aún.
- Explícate, Tormod - Dijo Boyd, y percatándose de su rudeza, añadió: -... por favor.
- Para atraer a comerciantes, Marado está organizando un torneo para guerreros de todo el continente - Explicó Fiona tranquilamente -. Hay una persona ahora mismo, en estas tierras, que seguramente será vista en el torneo.
- Si participan en el torneo, es probable que puedan conseguir algo de ese polvo - Señaló Sothe.
- Sin mencionar el premio - Añadió Tormod con una sonrisota.
- ¿Un torneo? - Inquirió Mist dudosa.
- ¿Peleas? ¿Duelos? ¿Golpes? - Preguntó Boyd entusiasmado -. ¡Suena divertido!
