~ Atonement

Idea original: J Inicua

Tavata: Capaz Hermione y leyó ese libro y en cuanto Snape sepa que su propia hija le incendió las túnicas, capaz le da una buena tunda. Minerva con tocarle la pierna herida, lo distrae de pensar en hacer el amor con ella jeje. La camisa, me imagino a Snape llevándola puesta y Draco huyendo de su suegro con una mirada asesina y su varita en mano. El primer partido siempre es el más emocionante jaja.

S-Elizabeth-Hp: Ya verás que muy pronto Draco va a aprender cómo hablar con las niñas y se sentirá liberado. Sí, Minerva le toca la pierna herida para controlarlo y ya verás también que Evangeline será de mucha ayuda y otros amigos también.

A: Me alegro de que te causara risa jaja.

Capítulo 20: Un triste recuerdo. Parte I

La mitad de la escuela no paraba de hablar acerca de la victoria de Gryffindor sobre Slytherin. Todos parecían estar de buen humor, mientras Harry no podía quitarle la vista a Katie Bell quien de vez en cuando, le sonreía en cuanto sus miradas hacían conexión en los vestidores. Hermione y Ron, no tardaron en descender hasta las gradas, junto a Hagrid, para felicitarlo por su excelente desempeño. Lo mismo había hecho Minerva, quien continuaba afirmando que estaba segura de que Harry no los defraudaría. Slytherin parecía más enfadado que nunca y dispuesto a reñir, discutiendo acerca de la edad de Harry, con Rolanda.

Se sentía un poco mareada, mientras bebía a favor de una nueva temporada de Quidditch, en la sala de maestros. Dumbledore chocaba su copa con una sonrisa, mientras Hagrid no dejaba de palmear el hombro de Filius con excesiva fuerza y no paraba de hablar sobre lo orgulloso que estaba de Harry Potter. Flitwick trataba de beber de su copa de vino, pero Hagrid continuaba derramando su bebida al darle tales golpes. Quirrell parecía ser el único que no bebía y se mantenía alejado de la reunión, con una extraña expresión de ligera decepción.

- Felicidades, Minerva. - dijo Albus y Pomona Sprout asintió con las mejillas un tanto sonrojadas.

- Casi me siento mal por Severus. - dijo la mujer y Minerva frunció el ceño. No había pensado en eso. - parecía herido en una pierna y luego, de repente, sus túnicas se prenden llamas. Ese hombre tiene muy mala suerte.

- No es cuestión de suerte... - la voz sombría de Sybill Trelawney, sobresaltó a ambas mujeres. - sobre el profesor Snape, pesa un terrible destino.

- Estoy segura de que sabrá cómo manejarlo, así como el resto de nosotros. - terció Minerva, pero Sybill continuó.

- Veo en tu futuro, Minerva, que muy pronto tendrás que decir la verdad... antes de que sea muy tarde y pierdas a esa persona que tanto amas. Para siempre.

No creía en esas tonterías de adivinación, pero sin embargo las palabras de Sybill, le causaron una desagradable sensación que le quitó los deseos de celebrar. Luego de despedirse de sus colegas, decidió que debía bajar hasta las mazmorras y verificar que Severus estuviera bien. No tenía idea de cómo empezar, pero supuso que con tocar a su puerta debería bastar. Seguramente estaba enfado por haber perdido, pero en algún momento tenía que suceder. Llamó suavemente y pudo escuchar un gruñido en medio del despacho.

- ¿Quién es? - demandó y aclarándose la garganta, Minerva no tardó en responder.

- Soy yo, Severus. A menos que estés muy enfadado como para abrir.

Escuchó sus pasos apresurados, aunque aún podía distinguir que cojeaba y luego, la puerta abriéndose frente a ella y dejándole ver un rostro pálido, cruzado por una gran ira que no sabía si tenía la paciencia para lidiar.

Permaneció sentada sosteniendo uno de los brazos de Snape, firmemente, mientras el mago parecía debatirse si debía quedarse sentado o levantarse y confrontar a Quirrell. Tanto enfado tenía, que la mujer prácticamente había olvidado la apuesta.

- Simplemente no logro comprenderlo. - dijo en voz baja y tratando de no perturbar al mago a su lado. Aún podía percibir el olor a tela chamuscada, proveniente de la falda de su túnica. Un par de quemaduras leves, nada serio que lamentar. - primero tu herida en la pierna y ahora esto. El destino debe odiarte mucho o alguien en el castillo precisamente.

- ¿Destino? Escuchó que el hombre preguntó con un tono de burla característico. - y ya supongo que tengo que ir corriendo para que Trelawney me lea mi suerte y me augure una muerte segura.

La mujer se cruzó de brazos y se ruborizó ofendida, mientras Severus se separaba con un movimiento seco, comenzando su intranquilo caminar alrededor del dormitorio. Estaba segura que si volvía a escuchar esa tonta teoría acerca de Quirrell y su afán de sabotear la escuela, se marcharía sin mediar palabra alguna.

- Debiste decirme que Potter era el nuevo buscador. ¡Es información clave que no debiste ocultarme! - le reclamó de inmediato y la mujer frunció el ceño, en tanto que no podía creerlo.

- ¿Y según tu... por qué debía decirlo? Quería que fuese una sorpresa, sólo quería que apostarámos amistosamente. Además no iba a tirar mi única oportunidad de vencerte.

Se acercó a la mujer con una expresión amenazante en el rostro, sosteniéndola por ambas manos y ejerciendo más presión de la necesaria. Durante aquellos incontables minutos, no pudo despegarle la vista.

- Estoy hablando enserio, Minerva. Potter pudo haberse caído de la escoba y haberse muerto. No estoy jugando cuando digo que Quirrell está detrás de todo. Nunca quitó la vista de su escoba.

- Ninguno de nosotros lo hizo. - susurró la mujer, incapaz de alzar más la voz. Severus parecía enloquecido y no quería echarle más leña al fuego. - por qué querría matar a Harry Potter, ¿no creerás que Quirrell es el mismísimo señor tenebroso disfrazado?

Pero no lo sabía con exactitud. Soltó sus manos y por un momento, sus ojos prácticamente se clavaron en las marcas rojas que había dejado en las muñecas de la subdirectora y su expresión mientras acariciaba la piel lastimada. Se sentó a su lado y trató de volver a tocar sus muñecas, pero la mujer se apartó un par de centímetros.

- Quiero decir que creo en lo que dices, pero a veces es tan difícil. - tuvo que admitir, poniéndose en pie. - creo que volveré a mi despacho, necesito descansar ya que ha sido una tarde larga. Y te recomiendo que hagas lo mismo o tal vez que veas a Poppy para que sane tus heridas.

Sintió el impulso de querer detenerla y la mujer pareció quedarse en el marco del retrato como si esperara la misma cosa, pero no se movió y fue ella quien caminó en su dirección y se inclinó para besar su frente y susurrarle las buenas noches.

Una vez que se marchó, Severus golpeó el colchón con una de sus manos.

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La mañana siguiente, por fin era su momento nuevamente en horario de consulta a los estudiantes. Mayor fue su sorpresa al notar que Hermione corría en su dirección y sostenía una manzana. El regalo típico de un estudiante para un maestro, pero le hacía muy feliz y no podía negarlo.

- El profesor Snape y la profesora Hooch, dijeron que no se sentía muy bien. - dijo Hermione mientras colocaba la manzana junto a los ensayos que corregía. - decidí traer algo y espero que al menos pueda animarla.

- Muy agradable de su parte, señorita Granger. Pues sí, no puedo mentir y no me he sentido muy bien. Pero ya veo que el profesor Snape y la profesora Hooch, han hecho un buen trabajo.

Hermione no tardó en caminar hasta su asiento, sentándose junto a Neville. Tenía su libro de transformaciones abierto y se rascaba la cabeza, practicando con su copa que seguía rompiéndose sin importar cuántos intentos hiciera.

- ¡Hermione, ayúdame por favor! - imploró y Hermione no tardó en tomar su varita, bajo la mirada atenta de Minerva.

Cruzaba los pasillos con la intención de asegurarse de que Minerva estuviera bien. Luego de aquella discusión, el día anterior, sentía que le debía una disculpa. No sabía cómo empezar, pero lo resolvería sobre la marcha.

Se detuvo en el marco de la puerta del aula en el tercer piso y no pudo evitar sonreír al verla. Tenía sus ojos puestos sobre Hermione y prácticamente parecía a miles de kilómetros de distancia, perdida entre sus pensamientos y su amor devoto por su hija. Hermione estaba ocupada explicándole a Neville cómo debía mover su varita y un par de puestos después, Draco parecía no poder despegarle la vista de encima. Tenía que ser alguna tontería sin importancia, así que decidió caminar en dirección de la mujer en el escritorio y al instante en el que cruzó el aula, algunos de los estudiantes guardaron silencio y otros susurraron.

Potter y Weasley formaban parte de esos estudiantes que susurraban, pero en ese momento no tenía tiempo para impartir castigos. Se detuvo junto al escritorio de la profesora de transformaciones y gentilmente colocó una mano sobre su hombro. Nadie que lo viera, en verdad cuestionaría sus acciones. Minerva parpadeó un par de veces y distrajo su atención de Hermione quien parecía sorprendida sin saber por qué exactamente. O al menos hasta que ladeó la cabeza para mirar al hombre tras de ella.

- ¿Podemos hablar, a solas? - dijo y a continuación agregó. - Dumbledore quiere que te de un recado.

La mujer asintió, un poco perdida aún y poniéndose en pie. Luego de dictar un par de órdenes y dejar a un prefecto, a cargo del salón, siguió al profesor de pociones y cerró la puerta tras de sí. Suspiró audiblemente y Severus sonrió suavemente.

- Lo siento, creo que estaba un poco distraída. - acomodó sus gafas que habían resbalado una vez más hasta su nariz y alzó la vista, enfocándose en el hombre frente a ella. - qué dijo Albus que necesitas decirme a mí...

- Nada en verdad. Parecías totalmente perdida ahí dentro, pensé que no te recuperaría jamás. - dijo y Minerva no tardó en sonrojarse. - sonreías casi sin darte cuenta.

- Me trajo una manzana y me deseó una pronta recuperación. Ella pensó que me animaría y la verdad... - luchó contra un par de lágrimas, mientras el hombre sostenía su rostro y secaba dichas lágrimas con sus pulgares. - yo...

- Ella te ama, te lo dije. Y te amará aún más cuando sepa la verdad. Lo siento. - dijo acariciando sus mejillas con delicadeza. - no quise lastimarte ni quise hacer nada de lo que hice durante la noche, después del partido. Y si aún te interesa, cargo 20 galeones en mis bolsillos. Aunque creo que 10 sería más justo.

Se echó a reír y colocó sus manos sobre su rostro como él lo estaba haciendo, presionando sus labios contra los del hombre en un beso que terminó haciendo más ruido del que quería.

- Quédate con ellos. No sería capaz de quitarte esa cantidad de dinero.

- Un hombre debe cumplír con su palabra. Y casualmente soy un hombre de palabra...

Minerva sonrió realmente feliz, mientras Severus apartaba un pequeño mechón de su cabello negro, que se había escapado de su peinado y colocándolo tras una de sus orejas.

- Usa ese dinero para comprarle un regalo de navidad a Hermione. - dijo y Snape parpadeó sorprendido por un momento. - las festividades se acercan y tengo pensado, regalarle algo. Creo que se lo debemos, ya que nos hemos perdido tantos cumpleaños y celebraciones.

La besó por última vez y cruzó el pasillo contrario, mientras Minerva recuperaba el aliento y regresaba al aula. Evangeline parecía haber aprovechado que Hermione intentaba ayudar a Neville, para acercarse a Draco Malfoy y a su grupo.

- Hola. - dijo con una sonrisa, que Draco no correspondió. Crabble y Goyle se miraron, al igual que Draco los miraba a ellos sin entender. Por qué esa niña cuatro ojos, le hablaba. Qué no comprendía que ella pertenecía a una casa distinta. - tú eres el niñito que está detrás de mí mejor amiga, Hermione, ¿cierto?

- Yo no estoy detrás de nadie. - se apresuró a decir Draco, pero Evangeline negó con la cabeza y acomodando sus gafas de montura redonda.

- Eres tú, pero parece que no se llevan muy bien. ¿Quisieras que te diera un consejo? Yo creo que a ella, podrías gustarle mucho.

Si estaba enamorada de Potter, ni los consejos de su tía podrían servirle para alguna cosa.