En Cada Paso

Capítulo 20

Harry despertó en su cama, sin dolor, sin pena, sin... Draco. ¿Cómo era posible que tuviera al rubio debajo de su pie? Pero lo cierto era que, cada vez que tomaba esa poción para poder dormir, sus emociones se multiplicaban por el infinito y lo único que quería hacer era llevar a Draco a su cama y nunca dejarlo ir.

El rubio era bastante eficaz en lo referente a las pociones, pero era excelente besando. Nunca creyó que diría esto, pero podía pasarse la vida entera besando a Draco Malfoy.

Esa mañana, en particular, Harry despertó en su cama, con el sol tratando de colarse por la ventana y el sonido de las aves en el jardín. Habían pasado dos semanas desde la primera vez que tomo la poción, y estaba tan descansado como... Nunca había estado tan descansado y relajado. Ni siquiera en Hogwarts. Voldemort plagaba sus pensamientos y sueños en la escuela, y no de la misma manera que Draco plagaba los suyos últimamente.

Se desperezo y salió de la cama despacio, esperando algún tipo de mareo. Pero nada. Draco sabía lo que hacía. Se miro las piernas, que lo mantenían firme de pie junto a la cama y fue entonces que noto… eh, que su cuerpo le exigía un poco de atención. Hacía dos semanas que Harry despertaba con su miembro erecto y listo para actuar. Todo por culpa del rubio.

Iba a necesitar una ducha bien fría si quería encararlo en la cocina esta mañana.

...

Iba a ser un largo día, pensó Draco. Ayer, Harry le había dicho que comenzaría con su nuevo trabajo. El último tiempo, el morocho había estado yendo y viniendo de la casa, a veces dolorido en todo su cuerpo, a veces extasiado por su ejercicio diario.

Hoy, Harry había dicho, comenzaría en el Scotland Yard, como Auror muggle. Draco sabía que Harry dijo cual era el nombre del puesto, pero era más fácil entenderlo de esta forma. Haciendo comparativas y encontrando puntos en común. Así que, para él, Harry era un auror muggle. Cada vez que decía eso, el morocho sonreía cálidamente pero sus ojos se entristecían un poco. Aun no sabía porque, pero lo averiguaría pronto.

Lo vio llegar a la cocina, con su pantalón negro, camisa gris y chaleco negro. En su mano colgaba una especie de cinturón de cuero, pero extraño, dado que eran varias tiras de cuero. Ya le preguntaría que era.

-buenos días- dijo el morocho, sentándose en la mesa. Draco rápidamente coloco una taza de humeante café negro.

-¿qué tal la noche? ¿Pudiste descansar bien?

-¿vas a preguntar cada mañana? Ya te he dicho que has hecho un excelente trabajo. - Harry sonrió divertido y Draco se ruborizo. - lo único que tengo que decir es que, eres muy astuto de no quedarte cerca luego de que tomo la poción.

-¿por qué?

Pero Harry no tuvo necesidad de responder. Apoyo el codo en la mesa y sostuvo su rostro en su mano. Observaba a Draco detenidamente como si el tiempo no corriera. Sus ojos brillaban divertidos y retadores. Estaba esperando que Draco hiciera algo, dijera algo.

Draco detuvo su mirada en la verde esmeralda de Harry, su rostro estaba ruborizado, pero no le importaba. En su mente se dibujaron esas imágenes de la primera noche, en donde Harry lo había besado con tanta dulzura y al mismo tiempo, tanto sentimiento, que en ese momento se había sentido abrumado por todo. En este instante, los ojos de Harry brillaban tanto o más que aquella noche.

El rubio abrió la boca para decir algo, tal vez, algo de lo que pudiera arrepentirse luego. Pero fue salvado por un extraño sonido.

Rápidamente Harry frunció el ceño y refunfuñó algo mientras buscaba en su bolsillo hasta dar con un pequeño objeto metálico y negro. Harry lo observó por unos momentos y tras suspirar apretó algo con su dedo índice y acto seguido se lo llevó al oído. Draco lo observaba entre extrañado y maravillado, claro que nunca lo iba a aceptar.

–Sí. – dijo Harry al aparato. Draco entendió que eso podía ser algo similar al objeto más grande que está en la sala y que tanto Harry como Hermione llamaban telófeno. –Estoy en camino –miró a Draco entonces, con una mirada de disculpa realmente sentida, antes de volver a hablar –… claro que recuerdo. Nos vemos allá. Adiós.

Harry volvió a guardar ese aparato en su bolsillo, tomó su taza de café y dio un último sorbo. Luego se puso de pié y se encaminó hacia el fregadero para dejar la taza y finalmente se volvió a Draco.

–Estaré volviendo alrededor de las seis. Si me necesitas, por alguna razón, solo tienes que levantar el tubo del teléfono en la sala y apretar el botón con la tecla 1. El aparato hará el resto, ¿de acuerdo?

Draco lo seguía con la mirada, aún sin responder. Entonces Harry se detuvo en sus pasos y se acercó a él. Con movimiento decidido, giró la silla de Draco para quedar frente a él, y luego se arrodilló para estar a mejor altura.

– ¿Necesitas que te muestre como funciona? – su tono era tan dulce que a Draco le pareció casi imposible que fuera a él que le hablara.

El rubio negó lentamente con la cabeza.

–No soy tonto, puedo entender las cosas a la primera explicación, Harry. Gracias. – Quiso sonar ácido, pero a Harry le había parecido adorable.

Acarició la mejilla del rubio, con cuidado, como si no quisiera estropear ese momento. Acto seguido, se acercó y besó los labios de Draco casi imperceptiblemente.

–dile a Kreacher que te haga un hechizo desilusionador si quieres salir a la calle. – se puso de pie.

Draco lo vio colocarse ese extraño cinturón, pero no se lo puso en la cintura, no. era una especie de chaleco, muy mal hecho, que Harry se puso debajo de su actual chaleco negro.

–Es una funda. Para cargar el arma. – Draco funció el cejo y Harry siguió hablando. –Es como una varita mágica, pero más… eh, pesada e inservible. Los muggles que tienen permiso de usarla generalmente tienen también una de estas fundas para llevarla.

Finalmente Draco asintió.

–Iré a ver la tienda. – dijo secamente.

–Me parece muy bien. Intenta entretenerte. Es tuyo y quiero que lo hagas a tu gusto… pero recuerda que…

–No tanto verde y plata, si. – Pero Draco no pudo evitar sonreír ante esto.

De todas las cosas que Harry podía impedirle hacer, lo único que le preocupaba era que no hubiera demasiado Slytherin en la tienda.

–Ya vete. O llegaras tarde a tu empleo.

–Sí, cariño. – bromeó Harry y acto seguido se colocó su sobretodo y se encaminó hacia la puerta. – ten cuidado, en serio.

La puerta se cerró detrás de él.

–Tú también. –murmuró Draco. Pero Harry no lo iba a escuchar.

…..

Harry entró al edificio con una caja llena de madalenas. Su instructor y ahora compañero, el detective Benson, le había dicho que era tradición que el nuevo trajera algo de la pastelería frente al precinto. Así que, Harry… o mejor dicho, James, había llegado con sus manos rebosantes de comida. En su nuevo escritorio, lo esperaba William Benson, con dos tazas de café humeantes.

–Te vi entrar desde la ventana y creí que sería bueno esperarte con una taza. – le dijo mientras le entregaba una. –espero que hayas traído suficientes.

– ¿Sabes que la señora de la pastelería me preguntó si eran para el precinto? – Benson rió abiertamente y Harry sonrió de costado. – cuando le dije que sí, cambio la orden de simples a tres cajas de variadas. ¿Sabes por qué?

–No tengo la menor idea. – Dijo, aun riendo.

William Benson, o Ben, como le decían en el lugar, era un hombre de unos treinta, de cabello castaño y ojos negros. Era alto, y estaba bien formado luego de años de entrenamiento. Le gustaban tanto las madalenas como correr en la cinta. Él había sido su instructor en las casi tres semanas que le tomó a Harry conseguir el trabajo de detective. Y durante ese tiempo, el hombre se había empecinado en llamarlo Pup. Una vez finalizado el entrenamiento, Ben fue directamente a la oficina del Teniente a decirle que quería a Evans como su compañero.

Y ahí estaba, sentado en la mesa junto a Ben, comiendo madalenas y tomando café.

–Benson, Evans. A mi oficina. – El Teniente llamó desde la puerta, y volvió a desaparecer dentro.

Los dos muchachos se observaron y tras dejar sus tasas a medio tomar, se encaminaron hacia la oficina del jefe.

El hombre, les tendió un expediente con un caso y comenzó a explicarles de qué se trataba. Mujer y niño muerto en su hogar. El marido fue quien llamó a la policía. El lugar era un desfiladero de sangre.

–Buena suerte. –fue lo último que dijo el hombre antes de sacarlos de su oficina.

–Bueno, Pup. Tu primer caso. ¿Vamos? – Dijo Ben colocándose su sobretodo.

–No creo que tengamos mucha opción.

…..

El lugar era muy bonito, la casa, el vecindario. El único problema era que dentro de esa casa había dos cadáveres. Harry suspiró y entró con cuidado, poniéndose guantes de latex. Lo primero que vio, no fue la sala de la casa, con los muebles volteados y todo salpicado de sangre. No. Lo primero que vio fue el Gran Salón de Hogwarts, repleto de cuerpos inertes. Los cuerpos de Lavander, de Remus y Tonks, de Fred.

La desolación le invadió por completo. La sensación de abandono, de oscuridad, de desasosiego. Todo lo que había vivido, todos esos años de abandono cuando pequeño y luego de pelea y frustración, de pérdidas. Toda su vida habiendo perdido…

Pup, ¿estás bien?

La voz de su compañero lo hizo volver a realidad. Por más que esa escena fuera desastrosa en muchos niveles, no creía que hubiera algo más doloroso y trágico que la escena que intentaba sacar de su cabeza.

–Sí, creo que sí. – Sin darse cuenta, se frotó el pecho con su puño cerrado. Allí había una obstrucción que no podía liberar.

–No te preocupes. Es tu primer caso. Es normal que te sientas mareado… este lugar tiene mucho mal en él.

Los dos se acercaron a los cuerpos y comenzaron a hablar con los de Forense que ya estaban sacando fotografías y revisando el lugar. Desde donde ellos estaban, junto al cuerpo ensangrentado de la dueña de casa, podían ver una puerta abierta, que daba efectivamente a la cocina, y dentro, un hombre que lloraba desconsolado envuelto en una manta térmica y hablando con un doctor.

–Supongo que ese es el marido. – Murmuró Harry. –Iré a hablar con él.

Harry caminó los pocos pasos que lo separaban del ahora viudo.

–Señor Scarlett. Soy el detective James Evans. – el hombre levantó la mirada y asintió como si estuviera un tanto desconcertado de verlo.

–¿Evans?

–Sí señor.

–Yo… mi esposa y yo teníamos una conocida… se llamaba Evans.

–Entiendo. Es un apellido bastante común. – Hizo una pausa y chequeó su teléfono un instante. No había llamadas de la casa. Acto seguido volvió al caso. –Señor Scarlett. ¿Podría decirme qué fue lo que sucedió?

–No… no sé. –El hombre dejó caer unas lágrimas antes de recomponerse un poco. – Esta mañana… yo, yo me fui a trabajar. Temprano… tenía que… tenía que entregar unos papeles…

– ¿Qué hora era cuando se marchó?

–Las siete y media… recuerdo que, que puse el despertador más temprano… tenía que salir una hora antes…

–De acuerdo. Y ¿luego?

–Luego… luego llegué a la oficina, y… ahí me di cuenta que me había olvidado los documentos. ¡Dios Santo! Si no hubiera vuelto… si no… no los habría encontrado nunca… – El hombre volvió a ponerse a llorar y Harry le hizo una seña al médico para que lo ayudara.

– ¿Algo? –preguntó Ben cuando Harry se acercó.

–El hombre salió más temprano para la oficina, tuvo que volver porque había olvidado algo. Él encontró los cuerpos.

–Demonios.

– ¿Qué tienes?

–Habrá que esperar a ver que dice la gente de Forense, pero no es bueno.

–Ningún asesinato es bueno, Ben.

Harry vio como se llevaban el cuerpo de la mujer y del niño en bolsas negras. Sintió un gran alivio cuando ya no tenía necesidad de ver los cuerpos.

–Muy bien, recorramos la casa, a ver qué encontramos.

Harry y Benson regresaron a la jefatura dos horas y media después. Tenían algunas cosas de la familia y era hora de organizar el plan de acción para resolver el caso. Era casi hora del almuerzo cuando habían terminado de organizar todo, y estipular los próximos pasos a seguir.

Harry se encontraba en su escritorio buscando algo en la computadora cuando Ben se acercó a él para invitarlo a almorzar. No sabía que tenía hambre hasta que su compañero le habló de comida. Dejó su computadora y fue por su sobretodo que se encontraba colgado en el perchero junto a la gran cafetera a un par de pasos de su escritorio.

En lo que le tomó llegar hasta su abrigo revisó su celular, pero no tenía ninguna llamada perdida. Inconscientemente chasqueó su lengua como si estuviera decepcionado que Draco no lo necesitara.

–¿Por qué miras tanto el teléfono, Pup? –Le preguntó Ben cuando llegaron al destino. Comerían una buena hamburguesa casera.

Harry levantó la mirada del aparato que sostenía en su mano y sonrió de costado. ¿Cuántas veces había mirado el teléfono desde que salió de la casa? La primera vez había sido cuando dio tres pasos de la puerta de entrada. Estaba convencido, era un idiota.

–Estoy esperando una llamada… importante.

–Que, ¿el primer día y ya has pedido traslado? – Ben rio divertido y Harry sonrió aún más.

–No es nada, creo… creo que estoy esperando algo no va a suceder jamás. – esta vez la sonrisa fue de derrota.

Draco nunca lo llamaría. Si conocía bien al rubio, y creía hacerlo, él preferiría morir quemado antes de pedir ayuda a Harry… bueno, tal vez esa no era la mejor forma de decirlo, porque sí pidió ayuda cuando iba a ser devorado por el fuego el Hogwarts. Pero Draco tenía su orgullo, eso era seguro

–Ah, el amor no correspondido. –Dijo Ben melodramático. Un brillo extraño apareció en sus ojos negros por un momento.

–Nada de eso… entonces ¿hamburguesas?

…..

Draco tenía las mangas de su sweater dobladas hasta los codos, sabía que su cabello no estaba en perfecto orden ni que su ropa estaba completamente arreglada, no como un Malfoy debería lucir, ciertamente, pero no le importaba. Había pasado todo el día en la tienda, en la biblioteca, su biblioteca. De acuerdo, Harry había dicho librería, pero su mente iba más allá. Podría hechizar el lugar y convertirlo en una gigantesca biblioteca con pisos arriba y abajo… este lugar indudablemente tenía potencial.

Había comenzado por ordenar las mesas del fondo, haciendo largas mesadas con sillas a ambos lados. En un armario encontró viejas lámparas de mesa, las cuales dispuso a exactas medidas unas de las otras. Los estantes de madera ya estaban pulidos y relucían de limpio… mucho gracias a Kreacher, claro.

Incluso había pensado colocar estandartes de las casas de Hogwarts aquí y allí. Pero luego pensó que sería muy evidente para los magos y muy poco desquiciado para los muggles, y claro estaba, este lugar sería visitado por toda clase de personas. Asi que, supuso que su otra idea iría mejor. Pondría pequeñas estatuillas en cada sector, una de cada animal representativo, y cada sector se destacaría por tener volúmenes que estén relacionados con cada animal. Había pensado que tal vez, para Hufflepuff pondría todos los libros de ficción, incluso los estúpidos libros de Rita Skeeter.

Un sonido en la puerta lo hizo voltear y su instinto, llevar su mano hábil a su cintura. Pero fue en vano, no tenía su varita mágica, lo que lo hacía sumamente vulnerable al resto del mundo.

La cabeza de una mujer, seguida de su torso, apareció por la puerta de entrada. Era castaña y tenía los más increíbles ojos color turquesa. Llevaba un sobretodo rojo que le cubría todo el cuerpo y poco después aparecieron las botas negras, gastadas pero que alguna vez fueron elegantes.

–Disculpe, escuché que el viejo Erny había vendido la tienda finalmente y quise venir a ver quién era su nuevo inquilino.

–¿Erny? –Draco estaba sin palabras. No por la osadía de esa mujer, no, muchacha… sino porque no parecía atemorizada en absoluto de verlo. A él, Draco Mafoy.

–Soy Clarisse, Ris para todos. – extendió la mano pero Draco seguía observándola extrañado. –Eres nuevo, imagino.

–¿Por qué lo asumes?

–Veamos, –Bajo su mano, ya que Draco no parecía dispuesto a estrecharla, pero no había perdido su entusiasmo. –compraste la tienda del viejo Erny, nadie había entrado aquí en años pero tu la compraste, además, no te conozco. Calculo que tenemos la misma edad, sino soy un par de años mas grande que tú. Pero no te reconozco del barrio. Finalmente, está el rumor de que hay gente viviendo en la calle Godric, algo que no había sucedido en muchos años.

–Todos puntos obvios.

Ella sonrió y por algún motivo, Draco se relajó.

–Soy… Drake. Y sí, soy el nuevo dueño de la tienda.

–Bienvenido al pueblo. – dijo ella con diversión en su voz. –Habrás notado ya que hay cosas extrañas ¿verdad?

–¿Las hay?

–Oh si, las hay, las hay. Pero no voy a arruinarte la diversión. Este pueblo tiene sus secretos, y es más divertido descubrirlos a que te los cuenten todos.

–Ya veo. – Draco asumió que se trataba de los seres mágicos viviendo este pueblo. Él era parte de ese secreto entonces. El ministerio no estaba haciendo nada bien si había muggles por ahí desvelando los secretos del pueblo.

–Supongo que te veré por aquí, Drake. Y bienvenido nuevamente.

–Gracias.

Cuando la puerta se hubo cerrado, tras la extraña visita, Draco se dio cuenta que estaba anocheciendo, lo que significaba, que debían ser las seis o tal vez más tarde. Maldijo por lo bajo, quería llegar antes que Harry. Para qué, aún no estaba seguro.

Se puso su abrigo y su bufanda, aseguró la puerta de la tienda y comenzó su regreso a casa a paso rápido. La nieve estaba ya derritiéndose y el frío invernal estaba convirtiéndose ya en primavera. Primavera, eso quería decir que pronto las clases acabarían y los amigos de Harry estarían en la casa, las veinticuatro horas del día. Eso sería una tortura.

Draco pasó rápidamente por la puerta del a iglesia del pueblo, junto a ella y detrás, se podían ver las lápidas del pequeño cementerio del lugar. Se detuvo unos momentos en la entrada de rejas negras y sin candado. Las lápidas podían verse, algunas más que otras. Dio un largo suspiro e ingresó. Sus pies los llevaban a donde él no sabía, pero presentía saber.

Leía los nombres en las lápidas, una tras otra, sin darle mucha importancia. Pasó por una tumba sumamente antigua y erosionada que apenas se podía leer el nombre, sin embargo Draco logró leer Ignotus, mientras pasaba los dedos sobre un extraño símbolo.

Pasó otras varias tumbas, muchas de ellas pertenecían a magos y brujas que él había escuchado nombrar o que su institutriz había nombrado durante su temprana educación. Draco siguió buscando, aunque cada vez se alejaba más de la iglesia y de la calle que lo llevaría directo a su hogar. De pronto, encontró lo que buscaba. Allí, justo delante de él se alzaba una lápida de mármol blanco, las inscripciones relucían y brillaban casi por si solas. Sin saber porqué, Draco sintió que su pecho se le encogía y tuvo que respirar profundo un par de veces, para sentirse bien nuevamente.

James Potter, 27 de marzo de 1960 – 31 de octubre de 1981

Lily Potter, 30 de enero de 1960 – 31 de octubre de 1981

El último enemigo que será derrotado es la muerte

Bueno, vaya legado. Pensó Draco. Aún así, el escalofrío le recorría la espalda. Aquí yacían los padres del salvador del mundo entero. Los padres del niño que vivió y vivió otra vez. ¿Qué dirían de él sus padres? Seguramente estarían orgullosos. Los Potter eran unos revolucionarios, luchaban por la libertad y la igualdad.

Sus padres, bueno. Hacían lo que podían para mantenerse a flote y estar siempre en la elite. Merlín, qué diferentes eran. A veces se preguntaba si, su padre hubiera sido distinto, si hubiera sido más cariñoso o atento. Si sus padres se hubieran querido, algo… ¿habría sido distinto para él? Tal vez si ellos no hubieran aceptado lo que sus propios padres les imponían, entonces tal vez ni siquiera él existiría, o no como tal.

Tratando de alejar esos pensamientos de su mente, Draco pasó con suavidad la mano por la lápida blanca y fría. Elevó una silenciosa plegaria por ellos y volvió sobre sus pasos, hacia el camino y finalmente hasta la casa.

…..

Cuando Harry estuvo a punto de colocar la llave en la rendija de la puerta escuchó pasos detrás de él. Su primer instinto fue sacar su varita, la cual estaba en su mesa de noche, dentro de la casa. Su segundo instinto fue sacar su arma y apuntar a quien estuviera caminando por el jardín de su casa. Lamentablemente, no fue lo suficientemente rápido, y cuando volteó se encontró cara a cara con un muchacho alto, de cabello castaño y ojos café.

–Fue lo más ordinario que Kreacher tuvo en mente cuando me puso el hechizo. – dijo con la inequívoca voz de Draco.

–Creí que eras alguien mas.

–Lamento desilusionarte.

Harry empujó la puerta y dejó pasar a Draco primero, luego entró él. Tras cerrar la puerta movió su mano frente a la espalda de un Draco que se perdía en la cocina, como si se tratase de tantear un vidrio para cerciorarse de que estuviera allí.

–Así me gustas más. – dijo Harry entrando en la cocina detrás de Draco.

El muchacho volvía a tener su característico color de cabello y ojos. Harry ya no llevaba su sobretodo ni su funda para el arma. Tenía el rostro cansado, pero no perdía pisada de Draco.

–¿Cómo estuvo tu día?

–Estuvo bien. – respondió luego de obtener dos tazas de té bien calientes, y depositarlas sobre la mesa. – quisiera hablar contigo sobre ampliar el lugar…

Harry rió ampliamente.

–¿Sabes? Por alguna razón, sabía que ibas a decir algo por el estilo. Averigüé con la alcaldía. Solo se pueden hacer edificios de hasta dos pisos de alto, pero creo que podemos trabajar en hacer un par hacia abajo también.

–¿Una biblioteca?

–Creo que sería algo muy bueno, la idea ya está solicitada. Tengo entendido que la biblioteca del pueblo fue destruida en un incendio y que solo los archivos civiles y algunos cientos de libros fueron salvados y se encuentran almacenados. – Harry sorbió un poco del té y no pudo evitar gemir ante lo bien que sabía. –han querido reconstruirla varias veces ya, pero por alguna razón, el edificio se niega a ser levantado.

–¿se niega?

Harry simplemente levantó los hombros en forma de ignorancia y acto seguido se echó hacia atrás, en el respaldo de la silla.

–Uno de los tantos secretos del pueblo.

– ¿Disculpa? – Harry abrió los ojos para observar a Draco con ambas manos rodeando su taza, con el fin de reconfortar sus frías manos, y el ceño fruncido. Signo inalterable de que algo no le cerraba.

–Algo que dijo alguien hoy.

–Wow, no vayas a ser tan exacto. – ironizó Harry, pero se enderezó para escucharlo mejor. Tenía toda su atención. –Dime

–Esta tarde, antes de salir de la tienda, vino una chica… un par de año mayor que nosotros, no más. Quiso comprobar quién le había comprado la tienda a ¿Erny? En fin… me dijo que el pueblo tenía muchos secretos, y que eran mejor ser descubiertos a que alguien te los cuente.

–¿Recuerdas como era?

–¿La muchacha? – Harry asintió. –Cabello castaño, ojos turquesa. Eran tremendamente turquesa.

–Lentes de contacto tal vez.

–¿Qué cosa?

–Los lentes de contacto son como los lentes que uso yo, pero más pequeños y flexibles, y se colocan justo sobre el ojo, de ese modo, nadie puede detectar que los llevas puestos. Algunos muggles los usan de extravagantes colores o diseños. Pero es solo una moda, realmente tienen el mismo fin que los lentes comunes.

–crees que tenía puestos esos lente… que tu dices.

–Es probable. ¿Qué sensación te dio?

–La de una loca escondida.

Harry volvió a reír por la frase de Draco.

–No te rías, tú preguntaste.

–Sí, si… lo sé. – Harry se levantó y tomó las dos tazas ya vacías para colocarlas sobre el fregadero. – ¿Te dijo algo más?

–Sí… –La parición de Kreacher en la cocina los sobresaltó a los dos. Tras un rápido pero cortés saludo de Harry, ambos se alejaron de la cocina para dejar trabajar al elfo en la cena. – Me dijo que había adivinado que me había mudado a la calle Godric.

–Hm, tendré que tener cuidado con esa muchacha… ¿te dijo su nombre?

–Clarisse, pero todo el mundo le decía Ris.

Harry chasqueó la lengua y miró su reloj de pulsera, el cual ya no decía la hora, pero que cargaba de todos modos a modo de cariño. Levantó la mirada hacia el gran reloj de pie que anunciaba las siete.

–Ya casi es hora de cenar. Será mejor que nos preparemos.