Nunca he entendido la filosofía del "un clavo saca otro clavo". Sinceramente, creo que si intentas olvidar a otra persona utilizando a otra, al final solo acabarás haciéndote daño a ti misma y a esa persona a la que le has dado falsas esperanzas. Sin embargo, si voluntariamente se han puesto en el punto de mira, entonces el problema no es mío, sino de cierto rubio que siempre parece andar en las nubes y estar más que dispuesto a conocerme.
Sonrío mientras mis ojos se pasean hasta la casa de Hufflepuff, donde está sentado Lysander. Viajo a hace un par de noches, cuando me lo encontré en la enfermería.
Estaba llorando en la enfermería. A la señora Pomfrey le había dicho que era por la presión de los exámenes, no quería que pensase que era una niña tonta enamoradiza. Sabía que era justo que llorara un poco, al fin y al cabo, no sólo Scorpius me había traicionadao, sino que mi primo Albus también. La anciana mujer había desaparecido en su despacho. Hipé limpiándome los mocos con la manga de mi túnica.
De repente, una voz sonó asomándose a través de una de las cortinas blancas. Lysander Scamander tenía un aspecto terrible, toda su cara cubierta de grandes ronchas rojas.
—No sé lo que te ha pasado y, viendo como estás, tampoco voy a preguntarte porque no quiero agobiarte. Pero mi abuelo siempre dice que preocuparse es querer sufrir dos veces. Así que, sea lo que sea, no te preocupes.
—Si fuera así de fácil...
—Bueno, mi tía abuela, y quizás esto te afecte más, dice que estar triste provoca arrugas. No pareces del tipo de chica presumida pero...bueno, en verdad no sé muy bien en que piensan las chicas. ¿Pero nadie quiere tener arrugas sin ser viejo, verdad?
Lysander se rió musicalmente. Yo le miré con una ceja elevada. Los gemelos Scamander era extraños, todo el mundo lo sabía en Hogwarts, pero Lysander era el peor de los dos hermanos. Queriendo despejar mi mente de las palabras de Scorpius, decidí entablar conversación con él hasta que llegara Madame Pomfrey.
—¿Por qué estabas en el Bosque Prohibido?
—Uhmmm...—Lysander se desordenó el cabello como si estuviera buscando las palabras correctas—Estaba buscando una Voidschmetterling. Ahora en marzo es cuando salen de sus capullos. Pero claro, con tanta oscuridad, no vi el pozo y me caí. Y aquí estoy, lleno de ronchas.
—¿Te duele mucho?
—Oh...no, que va. Ya estoy más que acostumbrado al dolor.
Lysander se puso muy tieso, como si se sintiera muy orgulloso de sí mismo. Yo sabía que los Scamander eran raros, pero no me hacía una idea de cuanto. Bufé mientras me reía.
—¡Eh, que no es nada fácil ser un Scamander! Tengo mucha presión sobre mis hombros.
No pude evitar pensar en otro rubio que por culpa de su apellido tenía demasiadas cosas de las que preocuparse. Pero en ese momento, no estaba con Scorpius, sino con Lysander. Quizás podía aprovechar para conocerle más.
—¿Siempre te comportas de esta manera?
—¿A qué te refieres?
Lysander me mira con los ojos muy abiertos. Su sonrisa perenne me inquieta demasiado. Creo que nunca había conocido alguien que pareciera estar tan feliz después de haber caído a un pozo lleno de ortigas.
—Pues...así de extraño. ¡Estás medio loco!
Lysander dejó de sonreír por un segundo mirando hacia la pared de enfrente. Sin embargo, su semblante serio duró poco. Volvió a girar su cabeza hacia a mí ladeándola ligeramente hacia la izquierda.
—Puede que sí, pero una vez escuché no me preguntes donde que las mejores lo están. Así que, mientras te parezca que sólo estoy medio loco, todavía tengo medio camino por caminar.
En ese momento, a pesar de lo que había pasado con Scorpius y las ganas que tenía de seguir llorando, reí ante las ocurriencias de Lysander.
—Estás más guapa cuando sonríes, siempre lo he pensado.
No voy a negar que la repentina sinceridad de Lysander me sorprendió. ¿Cómo era posible que él hubiera reparado en mí antes? Yo siempre he sido, como bien sabéis, la chica invisible. Madame Pomfrey se acercó a nosotros con mi medicamento para después despacharnos y mandarnos a nuestras respectivas salas comunes. Ambos nos levantamos y fuimos hacia la puerta callados.
—Rose, lo mejor para cuando estás triste es comer chocolate. ¿Te vienes conmigo a las cocinas a por un poco de tarta?
—Aún no hemos cenado, Lysander.
—¡Que más da! Lo que necesitamos ahora es un poco de tarta, no cenar. Y sobretodo, lo que tú necesitas es reírte un buen rato. Anda ven, sígueme.
Lysander me tomó de la mano con confianza, como si fuéramos amigos de toda la vida. Me guió por los pasillos con pestreza, acostumbrado a realizar ese camino para llegar a la casa de los tejones.
Me sorprendió que no nos cruzáramos con nadie durante el camino, no quería que los rumores volvieran a saltar y que ahora la gente pensara que estaba liada con Lysander. Ya podía escuchar a la gente diciendo "De rubio en rubio y tira porque le toca"
Llegamos a la cocina, donde todos los elfos le saludaron como si fueran grandes amigos. Lysander se dirigió a una de los mostradores tomando una tarta de chocolate.
—Ven, Rosie, siéntate a mi lado. Uy, ¿puedo decirte Rosie? No quiero tomarme demasiadas confianzas.
—Tranquilo, después del camino que hemos hecho tomados de las manos, creo que puedes decirme Rosi. ¡Además, no es como si no nos conociéramos de antes!
—Bueno, podemos tomar este primer encuentro como inicio de nuestra amistad. Siempre viene bien conocer a gente nueva, aunque sean viejos conocidos.
Lysander sonrió, sus ojos brillaban de la emoción. Mesirvió dos porciones considerables de esa jugosa tarta que sabía que no podría tomar solo un trozo. Estuvimos hablando durante lo que parecieron horas, casi todo el rato de criaturas fantásticas de las que dudaba de su existencia pero no dije nada. Sabía que él estaba intentando distraerme y la verdad, lo estaba consiguiendo.
—Tienes chocolate ahí, ¿no sabes comer o qué?
Lysander tenía casi la mitad del labio superior cubierta de chocolate. Resultaba gracioso verle así, tan natural, como si no tuviera maldad.
—Mmm...¿dónde?
Lysander comenzó a sacar su lengua intentando alcanzar el resto de bizcocho que se había quedado pegado a su labio superior. Comencé a reírme ante la situación.
—¡Eh, que no es divertido! Además, tú también tienes tarta en la cara.
—¿Dónde?
Os aseguro que no lo ví venir. Lysander tomó un gran trozo de tarta con sus dedos pasándolos por mi nariz. Creo que grité asustando a un par de elfos domésticos pero la risa de Lysander, sí a pesar de estar riéndose de mí, era demasiado contagiosa. Sonrío ante el recuerdo de ese momento que sé que pocas personas han compartido con el rubio de ojos verdes.
—En serio, no me puedo creer que sea tan descarado.
Vuelvo al momento presente después de que Vivien, sentada en frente de mí, hable con tanta agresividad.
—Uhm...¿quién?
—Malfoy. ¿Quién sino? ¡Tiene el valor de mirarte!
—Vivien, estamos en el Gran Comedor. Puede mirar a donde le dé la gana.
—Ya...pero...es que...
—Pero es que nada, Vivien. No le des más importancia de la que verdaderamente tiene. Él no se lo merece.
—Pero te ha hecho daño, Rosie. Y eres mi amiga, las amigas hacemos esto.
No pude evitar sonreír. Mientras que yo había dejado las cosas pasar, Vivien había optado por atacar a Scorpius de manera mordaz. Sabía también que Vivien, usando no quiero saber que métodos, había convencido a Theo para que él hablase con Scorpius y aclarar las cosas. Sin embargo, parecía que la idílica pareja no querían escucharme a mí, una de las partes implicadas.
Scorpius había preferido a mi primo Albus, me ha costado entenderlo, claro que sí, pero creo que incluso yo misma hubiera hecho lo mismo si a Vivien le hubiera gustado el maldito rubio. Con esto no quiero tampoco justificarle, ha sido un capullo. El comportamiento que sí me ha hecho verdadero daño ha sido el de Albus. Siempre hemos sido uña y carne, pero parece que ha preferido encarnarse y hacerme daño.
No he vuelto a hablar con él. Lily me ha dicho hace un par de días que ambos estamos muy raros. Día sí y día también me pregunta qué es lo que ha pasado, pero si él no se atreve a hablar, no seré yo quien abra las puertas del armario donde se ha escondido.
Si ninguno de ellos dos se han preocupado por mis sentimientos en todo este lío, no me preocuparé yo por como se estuvieran sintiendo ellos. ¿Se tienen el uno al otro, no?
—Y te lo agradezco, Viv. Pero ya sabes que no hay mejor desprecio que no dar aprecio.
Vivien puso los ojos en blanco mientras jugueteaba con los guisantes de su plato.
—Como odio cuando utilizas esos dichos muggles. ¡Nadie te entiende, Rosie!
—Sé que tú sí.
Le guiño un ojo. Me permito mirar al frente por un momento hacia la mesa de las serpientes. Los ojos grises de Scorpius están fijos en mí. Mantengo mi mirada firme, desafiándole. El resto del Gran Comedor parece dejar de existir para nosotros. Las voces van disminuyendo en intensidad. ¿Por qué tiene que ocurrirme esto únicamente con Scorpius?
Scorpius mueve sus labios como si estuviera diciéndome algo solamente a mí pero no llego a comprenderlo. No debo hacerme esto, por lo que sacudo mi cabeza y desvío la mirada hacia mi plato. Se me ha quitado el apetito repentinamente. Aún no quiero subirme a mi cuarto por lo que apoyo mi cara sobre mi mano, fijándome en el resto de alumnos. Mis ojos vuelven a posarse sobre Lysander, quien esta comiendo tarta de chocolate y tiene la comisura de sus labios manchada.
Parece que ha notado mi mirada sobre él porque de repente sus ojos verdes se posan en mí. Su sonrisa aumenta y no puedo evitar sonreír de vuelta. Con un gesto, le intento indicar la mancha de chocolate. Parece darse cuenta y se limpia sacando su lengua. Rio quedamente pero parece que Vivien me ha escuchado.
—¿Por qué te ríes ahora, Rosie? ¡Por Merlín, Scorpius te ha dejado medio loca!
Me ahogo con mi propia saliva ante las palabras de Vivien.
—Bueno, mientras sea medio loca, todavía me queda medio camino para volverme loca entera.
Vivien me mira con cara de malas pulgas, sé que estoy resultándole insoportable, pero me da igual. Necesitaba reírme así, tendría que darle la razón a Lysander al fin y al cabo.
