Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad

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Capítulo No. 20

Hay ciertas pistas en la escena de un crimen que por su naturaleza nadie puede recoger o examinar ¿Cómo se recoge el amor, la ira, el odio, el miedo…? Son cosas que hay que saber buscar

Dr. James T. Reese

Era uno de los lugares que más evitaba en el mundo, lo hacía por el dolor que éste le causaba, pocas veces lo había visitado y necesitó de días para reponerse, lo golpeaba, le destruía las defensas, le hacía polvo el muro que creaba y lo volvía completamente vulnerable, lo convertía en un niño tembloroso que poco podía respirar entre vestidos y las rendijas que no le limitaban la visión al purgatorio de su madre.

—Cullen, eres el fiscal encargado, los peritos esperan por ti, si no estás preparado para dar órdenes, no van a hacer nada y lo sabes, si no cuentas con esto, si no haces el examen pericial, de nada va a servir reabrir el caso —hablaba Jenks de cuclillas frente a Edward quien se encontraba sentado en la grama acobijándose bajo un gran árbol y a la distancia prudente del personal de seguridad, criminalistas, el antropólogo forense, fotógrafo y planimetrísta que habían dispuesto para trabajar en la exhumación del cadáver de Elizabeth Cullen—. Sabes que quiero ayudarte, hacer justicia es mi misión y más si es en favor de alguien a quien conozco.

—Jenks voy a hacerlo, dame tiempo, necesito valor… No es fácil, tal como dice en el informe que te entregué yo vi todo, es revivirlo… Quiero hacerlo, quiero encerrarlos, pero en estos momentos me siento inestable y si me quebranto a la primera se lo dicen al juez y me dejará por fuera y eso no lo voy a permitir, no voy a dejar que mis miedos jodan por lo que he luchado durante tantos años.

—Entiendo, bien puedes cerrar los ojos, los lentes de sol te ayudarán —dijo tendiéndole una botella con agua, ofreciéndole opciones y buscando con esto que el golpe fuese menos brutal.

—Lo difícil no está en verlo, no será la primera vez, ya he estado en situaciones como esta, lo difícil es sentirlo, cerrar los ojos no me bastará, no va a evitar que sienta… Tú me comprendes.

—Edward, te voy a hablar como amigo… No como compañero de trabajo ¿Has hablado esto con alguien? ¿Has ido con alguien a que te ayude a superar esta situación?

—Nadie va a ayudarme Jenks… No me trates como un imbécil que necesita de un psicólogo de mierda, yo solo necesito escuchar la sentencia, sólo eso. —le quitó la tapa a la botella con agua y le dio un gran sorbo, para después ponerse de pie y se encaminó con decisión, observó la lápida con las infaltables flores, pero esa tarde había un ramo de rosas blancas que estaba seguro él no había mandado a poner, ante la sola idea de pensar quien lo había dejado se acercó y las pateó lejos de su madre, no quería nada de ese hombre cerca de su ella, sabía que las miradas estaban sobre él, por lo que trató de disimular su estado.

—Vamos, vamos a trabajar, no me pierdan el tiempo, Nick que no se te pase una sola fotografía, Sánchez me grabas todo, los demás manos a la obra. —Edward desbordaba energía y ante la mirada de Jenks se quitó los lentes de sol, no quería esconderse, demostrando con esto que podía tener el control.

El proceso de excavación dio inicio, y aunque su corazón retumbaba y se le hacía más pequeño, se tragaba las lágrimas que le subían a la garganta, así como las de sus ojos, las mantenía al borde, tensando la mandíbula para no derramarlas y vestido con el traje de desalmado, como el fiscal profesional que era.

Cuando el ataúd fue sacado y destapado sintió debilitarse, se cayó a pedazos, pero nadie, absolutamente nadie lo notó, tampoco notaron como se unió nuevamente y se puso en pie, reforzando su juramento, ahí estaba, como nunca quiso verla, siempre la recordaba hermosa, sonriente mientras le preparaba su comida favorita o con su cara iluminada por la lámpara cuando acampaban en la habitación, creaban tiendas con las sábanas y ella le leía las aventuras de Gulliver, las veces que lo enseñó a prepararse un emparedado y razón por la cual nunca más quiso acercarse a una cocina, sentía que era el lugar donde más la extrañaba.

Sumido en sus recuerdos, sus vagos recuerdos, esos que apenas le dejaron, el tiempo pasaba y solo escuchaba los flashes de las cámaras, el sonido de los instrumentos, las bolsas de papel abrirse, eran en estas que resguardaban los restos ya que las plásticas retenían humedad y podían perjudicar los huesos, el antropólogo forense nombraba cada hueso de su madre y el estado en que se encontraba, mientras el asistente lo anotaba en la libreta.

—Los tratan con cuidado no quiero ningún daño post mortem, por ninguna circunstancia quiero que me alteren las evidencias —pidió Edward en su papel de fiscal, al personal que trabajaba bajo su mando.

—Señor me pasa uno de los tubos de rollos fotográficos vacíos… Creo que esto va a interesar y mucho —acotó uno de los médicos forense al encontrar un proyectil.

Jenks desvió la mirada a Cullen el cual se encontraba impasible, era un profesional en todo el sentido de la palabra, exigía con el ahínco que se necesitaba sin importar que a quien le desmembraban la estructura ósea fuese a su madre.

El proceso se llevó un poco más de tiempo ante las exigencias del fiscal número 320 del distrito de Manhattan, quien también los acompañó hasta donde harían todas la pruebas de rigor.

Diez horas habían pasado y Edward estaba sentado en el pasillo, ante la espera del informe preliminar del caso, miró su reloj y eran las nueve y doce minutos de la noche.

—Listo aquí lo tengo. —le hizo saber Jenks irrumpiendo en el solitario corredor—.Vamos a reconstruirla totalmente, no se nos va a escapar nada.

—Sin embargo mandé a llamar a Richardson, el especialista de Las Vegas, trabajaremos conjuntamente con él. —Edward estaba decidido a dar con el más mínimo detalle, que nada, absolutamente nada pasara por alto.

—Eso será un respiro… ¿Te vas a hacer la prueba de ADN? —preguntó y Edward le tendió el brazo mostrándole donde le habían pinchado.

—Con un cabello hubiese sido suficiente. —haciéndole saber que había sido radical al optar por sangre.

—Quiero que estén 100% seguros.

—Bueno ya no hay nada que hacer aquí, ve a descansar un poco, nos mandaron a venir en 48 horas, yo me voy a casa tengo dos hijos que me deben extrañar —dijo Jenks palmeándole un hombro, instándolo a caminar.

—Te llevaré —acotó Edward encaminándose y se llevaba las manos a los bolsillos del pantalón.

—No es necesario, ya mi esposa me está esperando afuera, la llamé hace un rato, tú ve a descansar, tienes que estar hecho mierda.

—Estoy bien… —musitó con la mirada al frente.

El director de la policía científica subió al auto de su esposa y Edward a la Lincoln MKX, no tenía ganas de ir al apartamento, sólo se puso a dar vueltas por el distrito, a conducir sin ningún rumbo, tratando con esto de liberar sus pensamientos y sus sentimientos, pero fue imposible cuando después de rodar por un par de horas un semáforo en rojo lo hizo percatarse de que se encontraba frente al imponente edificio que le daba vida a la agencia publicitaria más importante de la ciudad y la segunda más importante de país.

Elitte, juraba que si en ese momento Vulturi salía por esa puerta le pasaría la camioneta por encima, pero la hora no le favorecía, seguramente se encontraba placenteramente dormido y él tratando de sobreponerse al dolor, se había colocado con tanto empeño la máscara del fiscal impasible, imperturbable que ahora que se encontraba solo no podía sacarse la angustia del pecho, no encontraba la manera de que ese vacío no se lo tragara.

Prosiguió con su recorrido nocturno, dejando al tiempo pasar, encontrando la manera de agotarse y al menos conciliar el sueño, sin pensarlo, tal vez por necesidad o por debilidad se dirigió a ese lugar, entró y todo estaba en penumbras, caminó hasta la habitación y pudo visualizarla dormida gracias a los tristes rayos de la luna que se colaban por las rendijas de las cortinas, caminó con cuidado y se sentó al borde de la cama, se quitó los zapatos y se acostó abrazándola.

Bella sintió que alguien había entrado en su cama y por estar dormida no pensó en que podría ser Edward, no le llegó a la mente el pensar ¿qué hacía él ahí sin avisar? Aunque fuese su costumbre, no lo esperaba tan tarde por lo que en un acto reflejo se alejó golpeándolo y soltando un grito.

—Soy yo… Bella tranquila soy yo… —le dijo reteniéndola entre sus brazos hasta que ella supero el aturdimiento.

—Ed… ¿Qué hora es? ¿Qué haces aquí? —preguntó y le dio un beso en los labios.

—Bella… Necesito que me abraces por favor. —pidió en un hilo de voz—.Y que me digas que todo va a estar bien.

— ¿Qué pasa Edward? —preguntó sorprendida ante la petición de él.

Sin embargo lo abrazó y él también lo hizo, se aferró a ella y entonces el momento que había evitado todo el día, ese en el que se hacía nada lo golpeaba con fuerza y aunque intentó retenerlo no pudo, la avalancha de sentimientos lo arrastró y los sollozos salieron unos detrás de otros, mostrándose por primera vez roto delante de alguien.

Bella quería comprender qué pasaba, por qué Edward lloraba de esa manera como si fuese un niño, como si algo muy malo le hubiese pasado, como si sintiera la pérdida de alguien a quien amaba realmente. Con su estado sólo la angustiaba y la llenaba de dolor, un dolor que nunca antes había sentido, por nada, ni por nadie.

— ¿Edward qué pasa? Me estás asustando. —le hizo saber frotándole la espalda mientras él se sacudía entre sus brazos y le enterraba la cara en el cuello—. ¿Pasó algo? Es tu tío ¿le pasó algo a tu tío? —preguntaba tratando de encontrar la respuesta a la actitud del chico.

—No es mi tío… Soy yo… Soy yo Bella —dijo en medio del llanto.

— ¿Qué te pasó? ¿Estás bien? —alejándose un poco y revisándolo, pero él no se dejaba mirar la cara, evidenciando que esa muestra de debilidad no quería expresarla.

Ella luchó con él y le llevó ambas manos a las mejillas obligándolo a que la mirara a la cara y el corazón de Bella empequeñeció al verlo como si fuese un niño asustado, nunca imaginó verlo de esa manera, Edward Cullen era un hombre, fuerte, imponente, sarcástico, apasionado, era hasta grosero, pero no lo imaginó hecho nada, no lo imaginó quebrado, no podría decir, por qué pensaba, que llorar para él no sería posible, que no tendría nada porque sentirse de esa manera, no lo imaginó como un pájaro herido entre sus manos, un pájaro que había caído del nido.

Se acercó y le besó la punta de la nariz.

—No sé qué pasó, ni por qué estás así, solo quiero que sepas que todo va a estar bien… Edward todo va a estar bien, cuenta conmigo, yo estoy para ayudarte en lo que sea, si quieres hablar hazlo, si solo quieres llorar y desahogarte te escucharé en silencio, te acompañaré en la soledad que necesites.

Como él no dijo nada, ella comprendía que no quería hablar, solo llorar, por lo que le dio un beso en los labios tratando con esto de rescatarlo del estado, en el cual, se encontraba. Con sus dedos le limpiaba las lágrimas, los minutos pasaban y él seguía llorando, si los sollozos menguaban las lágrimas no lo hacían, rodaban por su hermoso rostro; ella lo abrazó nuevamente y le dejó caer infinidades de besos tiernos en la clavícula mientras le acariciaba la espalda, el tiempo pasaba y ella no se cansaba de reconfortarlo, de ser en ese momento más maternal que amante.

A través de las aberturas que las cortinas dejaban, pudo ver como en el horizonte, el día se asomaba y se percató de que Edward se había quedado dormido, le acarició los cabellos con cuidado, para no despertarlo y su rostro evidenciaba las horas de llanto a las que se había sometido.

Extendió la mano y agarró de la mesa de noche el iPhone le envió un mensaje a Esme para que abriese la boutique, sabía que Edward la necesitaba, que ese día debía pasarlo con él.

Lo admiraba dormir y lo acariciaba tratando de sanar su alma, mientras la gran interrogante de qué le había pasado seguía girando en su cabeza. Tantas cosas en su mente y pecho terminaron agotándola, y el sueño se apoderó de su ser, aún dormida su subconsciente se aferraba a Edward, lo abrazaba para que supiera que estaba ahí con él.

Jasper salió del baño con una toalla negra alrededor de las caderas y se encaminó a su cama para agarrar su teléfono móvil que se encontraba encima de las sábanas revueltas, remarcó la última llamada y esperó que le contestaran.

— ¿Aún estás durmiendo? Vamos deja esa pereza Alice. —le dijo entre cariñoso y divertido.

—Ya estoy despierta… Estoy despierta —dijo con urgencia rodando rápidamente de su cama lo que la hizo caerse.

— ¿Qué pasó? ¿Alice estás bien? —preguntó el rubio al escuchar el golpe.

—Sí, estoy bien. —despejando del rostro los cabellos revueltos al tiempo que se levantaba y salía corriendo al baño—. En unos minutos estoy allá.

—Bien entonces nos vemos en unos minutos.

—Jasper… —iba a decir algo más pero prefirió ahorrárselo.

— ¿Dime?

—Te quiero, te quiero, te quiero…

—Sí te digo yo también, es muy trillado y es que no soy bueno con las palabras, Alice… Me enredo, pero puedo demostrarte con mis besos y caricias que estoy a la altura de tus sentimientos —dijo con toda la sinceridad que poseía.

Alice al escuchar eso, no pudo más que darse de topes, contra el espejo de cuerpo completo que tenía en frente, su dios del trueno era perfecto, nada más hermoso que las palabras que acababa de decirle.

—Tus besos y caricias son más de lo que espero —dijo en un hilo de voz y con los ojos cerrados.

—Y no sólo es, eso, lo que te mereces, sé que necesitas palabras que reafirmen mis acciones, solo necesito un poco de tiempo para ser más comunicativo.

—Tómate todo el tiempo que quieras, no estoy apurada. —le hizo saber con una sonrisa que expresaba su emoción—. Ahora si corro a bañarme. —sostuvo el teléfono entre el hombro y la oreja y empezó a quitarse el culotte que llevaba puesto.

—Bien no te quito más tiempo, besos.

—Para ti todos los que quieras. —le hizo saber y colgó.

Jasper se encaminó al vestidor y se colocó ropa deportiva, al bajar le extrañó no escuchar la música de prácticas de capoeira de Edward, inmediatamente pensó que se había quedado con Bella, después de la reconciliación no querían dejar pasar las horas. Antes de irse al Central Park se preparó su infaltable café, ya que era lo único que sabía hacer.

Bella se removía en la cama despertando poco a poco, parpadeó varias veces para acostumbrar a la vista, tomando consciencia de lo que había vivido antes de quedarse dormida, pero al encontrarse sola pensó que tal vez lo había soñado.

— ¡Edward! —sin embargo lo llamó porque todo había sido muy real—. ¡Edward! —se levantó y agarró un albornoz de satén negro para vestir su desnudez.

Se encaminaba al baño, mientras se hacía un moño de tomate con su larga cabellera cuando su mirada fue atrapada por la gran nota que se encontraba en el caballete, ese donde ella creaba sus diseños, se dirigió, ese donde ella creaba sus diseños se dirigió a éste y no fue necesario tomarla entre sus manos ya que era lo suficientemente grande.

Bella.

Gracias por tus palabras y abrazos, no sabes la magnitud de la fortaleza que me has brindado, siento hacerlo mediante esta nota y haberte dejado dormida, pero sé que necesitas respuestas que no podré darte, para hacerlo necesito un valor que no tengo.

Edward.

Bella fue en busca de su móvil, debía comunicarse con él y decirle que no pensaba hacerle preguntas, no, si él no, estaba preparado, no se creía con el derecho de hacerlo.

Se fue al registro de llamadas y remarcó la última que le había hecho a Edward, pero se fue directo al buzón, intentó un par de veces más y fue el mismo resultado.

Supuso que estaría en el departamento, por lo que llamó al teléfono local y le atendió la señora del servicio, la cual le informó que no se encontraba, normalmente a esta hora el señor Cullen estaba trabajando.

—Tal vez necesite un poco de espacio, no voy a molestarlo por ahora… Me preocupa su actitud, pero siempre me ha dicho que le gusta que le den su espacio… Mierda que complicado eres Edward, intentaré más tarde, no puedo quedarme tranquila sin saber cómo estás. —perdiendo la mirada en la pantalla de su móvil.


Espero que les haya gustado el capitulo.

¿Qué les pareció?

¿Qué ocurrió con la mamá de Edward?

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