Despejado pero lloviendo
Los elegidos se quedaron observando la habitación con cautela, era iluminada por un haz de luz que se cubría de polvo y la hacía lucir más sucia de lo que estaba, las paredes estaban desgastadas, con un papel mache roto, el piso de madera agrietado y con aserrín por los extremos lineales causados posiblemente por las termitas o simplemente por el tiempo de aquella habitación en desuso, había una pequeña cama en el centro de la habitación, de esas individuales, aún tenía la ropa de cama de no sé podría decir que época de la vida, una almohada con rastros de humedad y un aspecto en general nada higiénico, Draco miro el árbol genealógico, ese que ya estaba desgastado y anticuado, no salía en el… pero su madre si, también su tía Bellatrix y Andromeda, aquella tía que jamás le habían dejado conocer ni tratar por haber traicionado la pureza de su familia, de su sangre, casándose con alguien inferior y trayendo al mundo a un ser como Tonks, a ella si la conocía y aunque consideraba loca y excéntrica, le parecía de lo más simpática, algo que jamás admitiría frente a nadie.
Los comenzó a revisar a todos, paso sus ojos por su abuelo materno, un hombre bastante estricto y cruel con los seres "inferiores" pero que, con sus 3 hijas había sido un blandengue, consentidor y por eso cuando Andromeda decidió lo que decidió le afecto tanto, hasta pensó en emigrar y jamás volver, su abuelo Cygnus, jamás lo había tratado mucho, aunque una vez en una visita familiar, su abuelo le había mirado y le dijo, eres tan bello como tu madre pero algo me dice que serás como tu tía, tal vez eso salve a la familia, ahora recordaba aquello, era un pequeñín y pensó que se refería a su tía Bella pero después de muchas cosas ocurridas, se daba cuenta en este momento que se refería a la expulsada de la familia; su madre en el fondo siempre se había sentido mal por el hecho de haber exiliado a su hermana, una vez, recordó, escucharla hablando con su padre, él era todavía un niño, ni siquiera había entrado a Hogwarts, su madre lloraba y entre hipidos le decía a su padre, ella es mi hermana aún, ¡por Salazar! Hoy es su cumpleaños, Draco quiso entrar y abrazar a su madre, odiaba verla triste y afectada por cualquier cosa pero no lo hizo, se quedo allí, fuera de la habitación, pensando en los motivos por el cual su madre lloraba por una traidora, por una asquerosa traidora, ahora lo entendía, su madre realmente jamás creyó que su hermana hubiera sido una traidora… la pureza en el fondo siempre termina siendo simplemente algo utópico y patético.
Sonrió al recordar aquella anécdota, ¿Qué dirían sus antepasados si lo vieran a él?, el ultimo Malfoy y ultimo Black puro que quedaba, enamorado de una hija de muggles.
Donde debería estar pintado el rostro de su tía había una mancha carbonada, poso sus dedos en la vieja madera y suspiro, que estupidez toda esa basura mental de superioridad sanguínea. Ahora lo entendía. Había otra mancha, otro miembro de aquella familia exiliado, enfoco sus ojos y vio el nombre, era el hombre a quien su tía había asesinado unos años atrás, su propio primo… Sirius Black. Sabía que lo había matado, lo recordaba porque fue luego de aquellos incidentes que su padre había sido enviado a Askaban y él, había sido designado a cumplir una de las tareas más honorables del mundo, matar a Dumbledore. Aún hoy recordaba los entrenamientos que le hizo padecer aquella sádica mujer que hoy por hoy estaba en el sótano de esa misma casa, enviada por él, recordaba ese verano infernal que sufrió a manos de ella, donde no había descanso, no hubo un día de diversión, no hubo treguas, solo fue llenado por amenazas, torturas, sangre, dolor, más sangre y más dolor. Las palabras de Bellatrix aún taladraban su cerebro, Tienes el honor de matar al viejo estorbo de Dumbledore, es un honor para la familia Black que mi Lord te haya encomendado esta importante tarea, debes hacerlo, esto limpiara el apellido Malfoy y pulirá el Black…Ahora el único honor que sentía, era el de poder tener la oportunidad para aniquilar al asesino de sus padres, al impuro que añoraba la pureza, al cruel y despiadado ególatra pendejo.
- Entonces Potter – le dijo por fin el rubio, rompía aquel silencio. Harry le miraba atento, había observado como Draco había posado sus manos en la imagen de su madre, como había endurecido su rostro, la caricia hacía la quemada marca de su tía, la madre de Tonks, el enfoque que había realizado para ver a su padrino, al hombre que le había dado esperanzas en tanta oscuridad, quien le ayudo a sonreír cuando más se sintió solo. Entendía a Draco más de lo que podía entender a cualquier otra persona, eran tan parecidos que tal vez por eso siempre se habían repelido.
- Bueno – comenzó Harry, estaban de frente, Draco le daba la espalda a la pared ya, lo miraba atentamente, instándolo a continuar- quería hablar sobre el traidor y lo que piensas hacer al respecto con él – Draco enarco una ceja, Potter sospechaba de alguien porque no dudo en decir, él – también quiero que hablemos sobre mi entrenamiento y…
- ¿Y? – lo insto con el ceño fruncido el rubio, Harry se había quedado en silencio, un silencio sepulcral – ¿la varita? – Harry negó, ya había aclarado que ayudaría a Nott y a Draco en eliminar aquellos hechizos de sus varitas y además lo cubriría. Draco bufo - ¿Entonces Potter?
- De Hermione – completo el moreno suspirando, sabía que no debía meterse en eso, que si Hermione se enteraba seguro lo mataba por estar metiendo sus narices en asuntos personales, pero ella era su hermana y él quería su bienestar.
- ¿Qué quieres hablar sobre Granger?
- Primero lo del traidor – Harry se enderezo y lo miro serio – sé quién es, lo tengo claro… me sorprende el saber lo lejos que llego y las consecuencias que pudieron haber tenido sus actos, jamás lo creía capaz de aquello, entiendo que su familia estará muy dolida pero… - lo había pensado bien, a pesar de saber quién era, no podía dejar pasar lo sucedido, merecía un castigo, lo merecía por traidor y por haber caído tan bajo, casi encuentran a Hermione muerta y eso jamás lo perdonaría – debe ser castigado Malfoy.
- Eso ya lo sé.
- Pero no lo asesinaras – dijo alzando la voz momentáneamente, Draco carcajeo sardónicamente, Harry odiaba esa risa, parecía la risa de aquellos magos malvados que uno veía en las películas muggles, cuando tienen en mente un plan tenebroso que culminara con el éxito de sus planes y por ende el sufrimiento de los implicados.
- Ni siquiera lo torturare – le dijo con tranquilidad y parsimonia.
- ¿No? – la incredulidad albergaba las palabras de Harry.
- Potter, si llego a tocar a esa sabandija la voy a aniquilar, lo haré sufrir tanto que deseara que ponga fin a su sufrimiento, ¿recuerdas lo que hice hoy en el entrenamiento contigo? – Harry trago grueso y abrió sus ojos al límite – veo que si – torció los labios en una media sonrisa – pues sería mil veces peor con él de lo que fui contigo y te aseguro que ningún crucio sería de baja intensidad, es por eso que, el castigo no lo daré yo.
- ¿Entonces? – Harry había suspirado, de lo que se salvaba la sabandija como había dicho Draco, le quedaba aquel apodo dado por la serpiente.
- El encargado de ese asunto será Blaise – y Harry dudo por un momento, haciendo una mueca de escepticismo que no paso desapercibida por Draco – no Potter… no te equivoques, Blaise es más cruel que yo – la sonrisa mostraba los dientes blancos y relucientes de Draco – pero él será el encargado porque si le digo que no lo mate, no lo matará.
- ¿Cómo será torturado? – pregunto Harry, algo dentro de él sabía que no debía hacerlo, que debía evitar aquel comportamiento pero es que realmente si lo merecía, es decir, cuando apoyas una facción y realmente lo haces, es porque entiendes sus fundamentos mentales, sus ideologías van con las tuyas y además de esto, defienden lo que tu anhelas defender, por decirlo de alguna manera más sencilla, haces en grupo lo que solo te costaría, aún así él prefirió coger su bando, abandonando y traicionando lo que profesaba ser, dejando a su suerte, personas que son integras en palabra y acto, esa clase de personas merecen un castigo, realmente merecen la muerte pero Harry no era verdugo y evitaría que Malfoy lo fuera.
- Eso deberás preguntárselo a Blaise pero debemos hacer que nos diga hasta que punto llego su traición, debemos saber si solo entrego a uno de los nuestro o además de eso paso información mucho más comprometedora – respondió con naturalidad Draco – ¿contestadas tus preguntas?
- Su familia se verá afectada – murmuro Harry lo suficientemente alto para que Draco escuchara.
- Eso debió pensarlo antes, de haber servido lo que hizo, no solo ella iba a morir… también su familia, un traidor no es aceptado a la ligera por Voldemort, fue un ingenuo al pensar que conseguiría aquello que le prometieron.
- ¿Qué habrá sido?
- Eso es lo que Blaise descubrirá – y Harry pudo jurar que un haz luminoso hizo que sus ojos obtuvieran un brillo plateado, un brillo de plata resplandeciente, muy peligroso.
- ¿Cuándo lo dirás?
- Después de que vaya al sótano, habrá una reunión.
- Lo otro – continuo Harry, había zanjado aquel tema, por lo menos lo suficiente para saber que viviría el traidor y que hoy sería revelada la verdad, para el pece de muchos de los presentes. – quiero que me enseñes a realizar magia sin varita – esperaba haber sonado tan firme como mentalmente lo había elaborado pero lo dudo al ver como sonreía burlón aquel hurón - ¡Vamos Malfoy no te rías! – y sin terminar escucho una carcajada del rubio, y era una de verdad - ¡idiota!
- Potter – decía entre risas – ni siquiera has podido contra mí en un entrenamiento relajado y ya quieres exigir más – las risas se calmaban pero el estado de embriaguez divertido quedo en su semblante.
- No solo eso – continuo, tratando de sonar de nuevo firme y decidido – quiero que me enseñes magia oscura – esto si impresiono a Draco, le miro extrañado y posteriormente lo miro con suficiencia y ¿orgullo?
- Quiero que me des un solo motivo para hacerlo. – Harry lo pensó, le miro incrédulo y decidió decirle la verdad, debía confiar en Draco porque al final si mentía, él lo sabría.
- No creo que con hechizos aprendidos en la escuela pueda derrotar a un hombre como Voldemort o como sus seguidores, ni siquiera puedo derrotarte a ti que eras mi compañero, mucho menos a un veterano… sé que el profesor Dumbledore no está de acuerdo y ni siquiera se lo contare, no quiero aprender las maldiciones asesinas pero – tomo aire y le miro con nerviosismo pero esta vez si con decisión – todo lo demás si, porque no puedo permitir que alguien importante para mi muera por el simple hecho de no estar preparado… Hermione fue solo la gota de la copa y no quiero volver a sentirme así, no quiero que se derrame más agua, no importa que sea magia oscura, lo que importa es para que medios se utilice aquella magia, la magia no es oscura o clara, es el mago que la emplea quien decide aquello, ¿cierto? – y cerro su puño en un gesto imperceptible de ahincó, de decisión tomada.
- De acuerdo Potter, debiste haber comenzado por lo ultimo y hubiera aceptado – el rubio miro al castaño burlescamente – de igual modo, aquello estaba en mis planes – Harry le miro sorprendido y de pronto se sintió avergonzado, había dado todo ese discurso recién preparado para algo que ya él mismo Draco tenía planeado.
- Con respecto a Hermione – y estuvo seguro que la tensión podría haberse pesado en ese momento, marcando un sobrepeso nivel mórbido - ¿quiero saber qué esperas de estar con ella?
- ¿Eso es de tu incumbencia Potter? – de nuevo era el Draco del colegio, despectivo, frio, distante y sobretodo malévolo.
- En cierto sentido si lo es Malfoy – Harry lo conocía desde hacía mucho tiempo para no dejarse intimidad por esas palabras y ese comportamiento que había notado solo era una máscara de protección – ella es como mi hermana… realmente quiero que sea feliz, parece serlo junto a ti, realmente así parece… cuando todos aquí hablaban pestes de tus compañeros o de ti mismo, ella o rugía como digna gryffindor o los ignoraba con el mejor estilo slytherin porque al parecer la has contagiado – dijo con una sonrisa triste el elegido – quiero que este bien Malfoy, Hermione no merece sufrir más, ella merece lo mejor.
- ¿Y piensas que yo no soy lo mejor? – pregunto escueto y con la ceja enarcada.
- No lo sé, últimamente parece que y que nadie jamás pueda probar esto pero… realmente pareces el ideal para ella y mira que antes pensaba lo era Ron o cualquier otro ser en el mundo excepto tú pero bueno esto jamás será usado en mi contra porque lo negare – Draco sonrió en sus adentros pero oscureció su mirada, él había tomado una decisión y la cumpliría.
- No te preocupes Potter, ese cuento de hadas se acabo – el rubio pudo notar la confusión en el rostro de Harry y sabía que algo tenía que explicar porque el elegido era un dolor de tripas cuando quería averiguar algo – no sé si se enteraron más mortifagos de mi relación con Granger y espero que no pero… cuando lo sepan ella será un blanco perfecto, será la mejor amiga del elegido y la novia del traidor, será una víctima fija, no me puedo arriesgar a perderla por el simple hecho de amarla – y supo ante todos sus antepasados, ante Salazar, ante Merlín que la había cagado al confesar aquella atrocidad frente a Potter, lo supo cuando vio la sorpresa en su rostro, su boca abriéndose y sus ojos pelándose como si fueran un par de cebollas desconchadas, maldijo a sus adentros y decidió proseguir tratando de enterrar aquellas palabras – no puedo ser egoísta, no puedo arrastrarla a un mundo donde debe estar precavida 24/7 porque puede ser secuestrada, torturada y asesinada, prefiero verla en brazos de otro que enterrarla, es mejor que se enamore de la comadreja, de cualquier otro en vez de en mi, he querido merecer un ángel, cuando solo he sido un demonio en esta vida y posiblemente lo sea en otra.
El silencio que prosiguió a esas palabras, a esa confesión no pudo ser roto, Harry lo miraba impactado, con letras mayúsculas y acentos en cada vocal, estaba atónito con la explicación de Draco, ese hombre jamás había estudiado con él, por Merlín era mil veces más inteligente que Ron, hasta podía intuir que mucho más divertido y eso solo lo dejo aún más impactado.
Draco estaba devaluando sus necesidades para establecer como prioridad el bienestar de Hermione, ni siquiera él había podido separarse de Ginny cuando lo intento, cuando le explico sus motivos, la pelirroja había sido una necia y le dijo que primero muerta que dejándolo, que ella lo amaba y no le interesaba su futuro pero su presente lo pasaría con él, y ahora estaba Draco, de nuevo esa serpiente mostrando ser más de lo que cualquier otro había podido haber probado ser en tan corto tiempo.
Había entrado a una guerra por salvar a sus padres, había traicionado esos ideales por AMOR porque ahora sabía que era amor lo que ese rubio oxigenado sentía hacia su amiga, había aceptado entrenarlo, unirse a las personas que toda la vida lo habían tachado como cobarde, como mimado, sin talento, sin nada. Ahora esa serpiente mostraba ser todo lo contrario, sentía algo de celos por aquello, pero esos celos que son buenos, esos celos que se convierten en una gran exclamación de sorpresa y de anhelo porque siga así y pueda mejorar, superar más sus expectativas, ahora esa serpiente mostraba lo que era ser un sangre pura, o lo que debía ser de verdad un sangre pura, es decir, un mago completo. Eso era lo que era Draco, un mago completo, con habilidades mágicas asombrosas y un espíritu que le hacía merecedor de aquella magia.
Nunca había visto una metamorfosis así de abrumadora, le estaban echando un balde de agua fría a Harry en ese momento, le estaban demostrando que, son las decisiones que tomas las que te llevan a tu destino y el destino que Draco Malfoy quería era la salvación de Hermione Granger, ni siquiera la de él mismo y eso le hizo temblar, ese hombre que estaba frente a él, sería capaz de sacrificarse por la castaña como nadie más sería capaz de hacerlo, ese hombre era capaz de todo, entendió de pronto que la amenaza dada antes de rescatar a Hermione había sido verdadera, él era capaz de ser peor que Voldemort o cualquier otro mago oscuro que haya existido, sin ella, él sería peor que cualquier maldición egipcia o cualquier maleficio africano, por eso estaba tomando esa decisión, porque sabía que la causa era importante para la castaña y la castaña lo era todo para él.
- Te comió la lengua la serpiente Potter – espeto el rubio después de todo, el silencio se le hacía incomodo, había confesado demasiado.
- Pues casi – pronuncio el castaño con dificultad – entiendo lo que dices Malfoy, espero tu decisión sea la correcta, aunque Hermione no es de fácil convencimiento, pedirá muchas explicaciones.
- No le daré ninguna, simplemente desaparece de su vista.
- Eso la molestara.
- Exactamente y no querrá verme ni en pintura, entonces la comadreja se arrastrara hacia ella, dándole su hombro. – Esta vez fue el turno de Harry para carcajearse. - ¡Que te causa risa!
- Parece que no conocieras a Hermione – dijo el castaño con burla aún, Draco quiso contestarle pero la puerta se abrió, haciendo que cualquier conversación fuese terminada en el acto.
- Hermione despertó – dijo exaltada Ginny - ¡Vamos! – grito eufórica al ver que ninguno de los presentes se movía.
- Voy al sótano – dijo con simpleza Draco, sin dejar que nadie respondiera salió por el umbral de la puerta a toda velocidad, Ginny le miro ceñuda.
- ¿No va a ir a ver a Hermione?
- No lo creo – dijo en un suspiro el castaño y rozo sus labios con la joven bruja que no pudo evitar ruborizarse de la misma tonalidad de su cabello. Harry sabía lo que Draco anhelaba, lo que estaba intentando hacer, él mismo lo había hecho y por ese mismo motivo sabía que no funcionaría, Hermione era aún más testaruda que Ginny, además de mucho más inteligente, no dejaría que Draco se alejase de ella, porque de algo estaba seguro el elegido, Hermione Jane Granger estaba enamorada de Draco Malfoy así como él de ella.
- ¿De qué te ríes cariño?
- De las tonterías que a veces nos planteamos y creemos que somos capaces de cumplir – con una sonrisa en sus labios volvió a besar a la pelirroja, profundizando un poco el beso, logrando hacerla suspirar y temblar bajo él – vamos a ver a nuestra hermana – dijo apartándose de ella, entrelazando su piel canela con la piel blanquecina y pecosa de su amada, apretando aquellos dedos largos y suaves, unidos a una mano suave y tersa, cálida y cómoda, formada para acoplarse a la de él, mas hosca y grande, con dedos gruesos y largos, uñas cortas y siempre con alguna mancha blanca en ellas como sellos.
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- ¿Draco? – escucho decir a sus espaldas el rubio, ¿acaso hoy todos lo iban a interrumpir?
- Dime – pregunto de mala gana volteándose a ver al portador de aquella voz.
- Vengo a darte las conclusiones – comenzó Snape con su habitual ronca e intolerable voz, ignorando por completo el semblante de obstinación que tenía su ahijado – Rodolphus está elementalmente muerto, uno de los encapuchados murió posterior al interrogatorio que realice en él, estaba descompensado por acciones previas que no me interesaron saber, el otro encapuchado está consciente, en una celda alejada a la de tu tía, la señorita Parkinson, murió abruptamente, no imagino que clase de hechizo fue recibido por su cuerpo. – Snape culmino, mirando inquisitoriamente al rubio, sabía que si esa joven había muerto de una manera de lo más extraña, no habría otro responsable que su predilecto alumno. Draco sonrió y bufo.
- Trato de matar a Granger – respondió con simpleza, sin darle mucha importancia - ¿mi tía?
- Te la deje a ti, supuse que era lo que querías – Y vaya que lo anhelaba aquel rubio consumido por las tinieblas, el hecho de que amara profundamente a la castaña, que peleara en el bando correcto porque sabía que era absurda toda la temática maniática de quien-no-debe-ser-nombrado, no quitaba que en el fondo de su alma, le encantaba la magia oscura, los hechizos, la práctica, el sufrimiento que podía producir en los demás y no veía una manera mejor de sentir aquello nuevamente que mostrándole a su adorada tía cuanto había mejorado, cuanto la había superado.
Y es que el rubio sabía que su única frontera era la que le ponía la castaña, él era peor que Lucifer y ella era su stand by, su pausa, su freno de mano. Por ella, era bueno. Por ella frenaba sus ansias de aniquilar todo aquello que se le interpusiese, por su luz, aquella oscuridad que albergaba en él, menguaba.
- Si lo quiero, le sacare toda la información que tiene – y pelo aquellos dientes blancos en una sádica sonrisa – tranquilo, no puedo matarla, pero no será enviada a Askaban – le dijo seriamente – la enviare al calabozo de los Black, donde jamás podrá salir de nuevo, donde morirá de vieja o de soledad – y es que su madre le había confesado hace mucho tiempo, que los Black poseían un calabozo para los grandes traidores, ya ni siquiera era utilizado, por lo temible que era y medieval de su uso. Al ser encerrado allí, jamás podrías salir. Solo un Black podía dar la orden, la celda era protegida por magia impenetrable por cualquier persona que no fuera un Black. Y aunque Bellatrix también lo era, el Black alfa de la familia era Draco Malfoy, era el último hombre Black puro y eso lo hacía el alfa, él daría la orden y esa sería inquebrantable. Lo había decidido, Bellatrix Lestrange moriría en el antiguo calabozo de los Black, protegido por magia ancestral e impenetrable.
- ¿Morirá de hambre? – pregunto confuso el profesor.
- No, en ese lugar, vivirás tranquilamente por el día, lo difícil serán las noches de tortura continua y las pesadillas interminables, la soledad quelante y la estancia permanente – la sonrisa no desaparecía, aquel lugar proporcionaba una estadía completa de día, proporcionaba comida, buenas comidas, baños reconfortantes, luminosidad embelesadora y tranquilidad pero por las noches todo era una gran pesadilla, de esas que son interminables y hacen parecer un segundo como una vida entera llena de sufrimiento y agonía incesante.
- Veo que lo disfrutaras bastante – Snape sabía la sed de venganza de Draco, sabía cuánto odiaba a su tía y con todo el derecho del mundo, lo había torturado más que cualquier enemigo de guerra, esa gran bruja desquiciada había roto en pedazos a Draco sin esperar que ese vasto muchacho tuviese la capacidad de regenerarse y perfeccionarse, lo quiso quebrar, pero se encontró con una nueva fundición metálica indestructible.
- No tienes una idea – se dio media vuelto y continuo su camino – acompáñame.
- ¿Seguro?
- Si – respondió escuetamente – no quiero que nadie me interrumpa – el rubio tenía en mente darle un pequeño ejemplo de verano perfecto a su tía.
- Para lo que he quedado – bromeo ácidamente el antiguo profesor, Snape se había dado el lujo de ser más abierto y podría decirse más cálido con ese ególatra rubio, tuvo que hacerlo el día en que se dio cuenta lo mucho que le importaba el bienestar de aquel ahijado suyo que superaba en creces a cualquier mago que hubiese conocido antes. – pensé verías a la señorita Granger primero. – Pudo observar el leve tensamiento en el cuerpo de Draco, como apretó ligeramente su puño pero siguió caminando.
- No la veré, eso se acabo – respondió más frio de lo que era normalmente, más sombrío, podría pensarse que era desprecio lo que emanaban sus palabras pero Snape no era cualquiera y entendió perfectamente lo que intentaba ese rubio y también lo que escondían aquellas palabras… dolor y miedo.
- He escuchado eso antes – repuso altivamente Snape.
- Lo sé pero esta vez es diferente – por primera vez Draco le dio la cara a su antiguo profesor de posiciones y para sorpresa de él mismo, este sonreía - ¿Por qué sonríes?
- Esta vez es diferente porque tú si serás feliz con la mujer que amas. – Draco bufo sonoramente y negó con su cabeza, él quería ese final, vaya que lo ansiaba y no era más que ese motivo por el que hacía esto, necesitaba dejarla para verla viva, verla feliz así no fuera con él, porque si ella moría, jamás se lo perdonaría, no podía cargar esa cruz, podía cargar cualquier cruz, cualquier muerte, cualquier condena pero la muerte de Hermione Granger no.
- No lo entiendes Severus, mi tía seguro conto a los demás con quien mezcle mi sangre, ya será un blanco seguro, mantenerla junto a mi sería egoísta incluso para mi… es verdad, la amo, contigo puedo admitirlo, te diste cuenta de eso antes que yo mismo pero debo pensar más allá de lo que sienta, estar juntos ocasionara la muerte de todo el mundo mágico o la mía y prefiero que solo haya una baja.
- ¿Estás afirmando que morirás? – Snape no supo cómo pudo emanar aquella interrogante, estaba parapléjico después de aquellas palabras dichas por su ahijado, ¿en qué momento se había vuelto un hombre? Había dejado de ser un chiquillo mimado y egoísta para convertirse en un hombre lógico y responsable ¡que porquería! Él no quería ver al único que ser que amaba y vivía aún morir también, no podía permitirlo.
- He plasmado unas cuantas estrategias donde podríamos salir victoriosos a pesar de ser el bando más deficiente, en cada una de ellas muero, haga lo que haga Snape, en cada una de ellas muero y sé lo que me dirás – Draco le sonrió, vaya que lo había pensado, llevaba días trazando diferentes métodos para poder ganar esa guerra, él sabía contra quien se enfrentaban y sabía el costo que tendría de ambas partes, una de esas bajas sería él, porque así debía ser – dirás que no lo permitirás, que no tendré tu destino pero déjame está vez elegir mi destino a mí mismo, estoy cansado que todos se crean con el derecho de plasmar mi destino en profecías vacías, herencias aristocráticas, pureza de sangre y toda la sarta de porquerías que tú y yo sabemos no significan nada.
"Esta vez quiero elegir yo mi destino y lo que quiero es que Hermione viva, quiero que gane esta maldita guerra que tanto significa para ella, quiero que esa sabandija de Voldemort desaparezca de la faz de la tierra pero sabemos, que si él es una sabandija yo también lo soy, tú más que nadie sabes todo lo que he tenido que hacer para poder seguir vivo, lo que tuve que hacer para no ser descubierto, lo que he hecho sin contemplación ni arrepentimiento, sabes igual que yo, que Voldemort puede que sea hoy en día el señor oscuro pero que yo podría ser mil veces peor que él, porque yo si soy inteligente. No puedo condenar a Hermione a una vida junto a una persona así, soy demasiada oscuridad para ella". – Draco culmino sus palabras, volteo su mirada dando por concluida la chachara y siguió su camino hacia el sótano. Él sabía que le costaría una eternidad poder mantener su palabra pero había tomado una decisión, iba a alejar a Hermione de él, la iba a alejar porque se había enamorado como un pendejo de una sangre sucia, se había enamorado de la amiga del elegido, había caído perdido en las garras de la mujer más inteligente e intrépida del mundo mágico y muggle a la vez.
Snape no dijo palabra alguna, había visto el poder en aquellas palabras, sabía que sus palabras eran verdad, pero la edad te da algo que nada más lo puede hacer y es la experiencia, él sabía quién era Draco pero también sabía quién era Hermione, era la joven que podía iluminar tanto a ese chico que ahuyentaba sus sombras y esclarecía su resplandor.
Draco de verdad iba a intentar alejarse de la castaña pero ella no lo dejaría y la terquedad era algo fundamental en la esencia viva de la leona.
- Hola pequeño traidor – espeto una bruja con ojos negros como la noche, así lucían aunque fuese imposible tener un iris negro, su tonalidad era la más oscura que pudiese existir, unos labios rotos con manchas de un antiguo labial color rojo carmesí, una cabellera larga y rizada que ahora lucía como un afro mal arreglado, enredado y lleno de mugre, vestía un largo vestido negro ceñido a un escultural cuerpo pero que ahora estaba lleno de zonas más opacas, posiblemente manchas de sangre y de polvillo.
- crucio- conjuro Draco sin dejar de mirar los ojos de su tía, aquella arpía que lo había torturado de todas las formas imaginables e inimaginables en el mundo, desde que él había tocado el piso con sus pies, nunca en su memoria existiría un recuerdo tierno sobre ella, jamás. Todo siempre había sido dolor, dolor y más dolor. Los ojos de la bruja se desorbitaban pero no dejaban de enfocar el rostro hermoso de aquel joven que era la descendencia de su propia sangre, el dolor que sentía era terrible, muy pocos sabían conjurar una maldición cruciatus con éxito, él lo hacía a la perfección, podía competir con el de ella misma y estaba dudando si el de ella tendría tanto efecto como el de él.
La sensación era terrible, un millar de agujas ardientes clavándose en cada parte de tu cuerpo, entumecimiento general de las extremidades, fatiga, ardor, dolor y todos los sinónimos de malestar fisiológico y mental que alguien pudiera desarrollar en la vida. Le dolía, casi al extremo de querer llorar pero ella jamás lloraría frente a nadie, eso sería después de muerta. Esa escoria que tenía como sobrino podría torturarla pero jamás doblegarla.
- No duele – dijo entre gemidos y altivez, una altivez que no iba con su semblante y postura. Estaba tirada en un piso de piedra conteniendo su cuerpo lo más posible de continuas convulsiones neuromusculares mientras luchaba con no dejar cerrar sus ojos a causas del ardor que sentían sus parpados. Trato de enfocarlo pero cuando lo hizo sintió como su nariz chasco, la había pateado, en pleno rostro. - ¿Qué? – trato de gritar, mientras aún con el dolor latente del cruciatus tomaba su rostro con las manos y estas se empapaban de rojo sangre.
- Decías que no te dolía – respondió con tranquilidad Draco mientras se colocaba en cuclillas frente a ella – crucio – dijo de nuevo, Bellatrix no pudo evitar soltar un alarido de dolor de sus labios, le ardía, le quemaba el cuerpo y ahora también le palpitaba una quebrada nariz, no podía defenderse y lo peor es que ni siquiera tenía fuerzas.
- Lo disfrutas – susurro con dificultad, casi imperceptible a cualquier oído humano pero Draco la había escuchado y sonrió, de la manera en que los magos tenebrosos lo hacen y Bella lo miro por primera vez en su vida aterrorizada, ¿Quién era ese hombre? ¿Qué habían hecho con su sobrino? ¿Este ser era tan cruel como su lord?
- Ese es el secreto tía – le respondió Draco, susurrando también igual que ella. Snape se mantenía al margen, lo miraba desde lejos con su semblante sombrío y rostro inexpresivo, no era la primera vez que veía a Draco torturar a alguien, realmente lo había visto hacer cosas peores. – disfrutar cuando torturas a un ser para así poder hacerlo con todo el poder que tiene la magia, ¿no es así? – la interrogante fue sibilante, alertaba peligro.
Bellatrix le miraba ansiosa, esa tortura no solo se iba a basar en cruciatus, sería peor. Sabía que Draco le demostraría en carne propia lo que significaba ser un mortifago, lo que era poner en alto el sobrenombre que obtuvo de los labios de los demás colegas suyos: el mago negro. Así lo llamaban, porque él era quien castigaba a los mortifagos blandengues, a los muggles condenados a muerte y todo aquel que fuera un peligro o una basura para el-que-no-debe-ser-nombrado.
- Diffindo – la piel de Bellatrix se fue abriendo lentamente, el rayo de luz que emitía la varita de Draco apuntaba a sus piernas, el vestido fue desgarrándose al mismo tiempo que su piel se separaba, mostrando un líquido espeso y rojo – ¿te gusta? – pregunto sonriéndole, Bellatrix lo miraba con irá contenida, el dolor era tortuoso, veía como su piel se separaba para dejar verter su sangre, su sangre pura. – imagino que si, esto era lo que me hacías siempre, ¿Qué me falta? – pregunto infantilmente, estaba drenando años de tortura por parte de ella, recordó en ese momento todos los veranos donde era golpeado, insultado y torturado por ella, por su fallecido tío. Ella aseguraba que así se forjaba el carácter de un buen hechicero. Su madre muchas veces tuvo que pasar horas sanando las heridas, duro meses teniendo pesadillas, gritando en la soledad de su cuarto, hasta que entendió que no lograba nada con eso, que la pesadilla real era cuando estaba despierto… luego de eso comenzó a insonorizar el cuarto, a tratar sus propias heridas, a esconder el miedo en su máscara gélida de indiferencia, así fue aprendiendo a ser un Malfoy, el mejor de todos.
- Puedes hacer lo que quieras conmigo Draquito pero ya todos saben cómo podrán derrotarte – dijo entre muecas de dolor, no podía hablar bien pues la fuerza que le quedaba estaba enfatizada en seguir respirando, le dolía todo, hasta la punta de su cabello. Draco la miro con una sonrisa pero en su interior estaba la interrogante, la duda de lo que decía esa enferma bruja – saben cuál es tu punto débil, me encargue de hacerlo saber – dijo entre risas mientras un buche de sangre salía de sus labios, la sangre de su partida nariz seguía pasando por detrás de sus fosas nasales y por momentos se atragantaba con ella.
- ¿Y cuál es? – quería matarla, quería destrozarla, sabía lo que le diría y lo peor es que era verdad, por eso había tomado una decisión, por eso se alejaba… por eso tenía que acabar con esa maldita guerra lo más rápido posible porque si las cosas no terminaban de la manera correcta, él la acabaría de la peor.
- La sangre sucia amiga de Potter – escupió como una vil serpiente mudando la piel, en los momentos donde más sensibles se ponen, así lo dijo, mostro sus dientes manchados de sangre en una fúnebre sonrisa y escupió cerca de los pies de Draco. El rubio la tomo por el cabello con furia y clavo su cabeza contra la pared, Snape pudo jurar escuchar el crack de su cabeza rompiéndose después del impacto contra la fría piedra del lugar, había perdido el conocimiento en el acto.
- ¿Draco? – pregunto el profesor, no se movió de su lugar pero podía ver lo alterado que se encontraba su ahijado, así que debía intervenir.
- No me digas nada – estaba furioso, dejo caer de sus manos el cabello de su tía sin cuidado, escuchando el golpe seco del impacto cuando está cayó al piso, ¡maldita sea! Era lo único que pensaba el rubio, todos lo sabía, intentar disuadir a la castaña para que no luchara no serviría de nada, lo ideal era mantenerla alejada, lo ideal sería que ella no se inmiscuyera pero sabía más que nadie que eso no pasaría, debía hacer algo, debía ganar esa porquería de guerra – maldita sea Snape – dijo con furia, bajo su vista para ver el cuerpo inmóvil de su tía y por primera vez en su vida sintió odio, odio real, la odiaba como nadie puede odiar a otro, ese ser era completamente inhumano, era un monstruo. – Rennervate – conjuro rápidamente, la pelinegra abrió los ojos con lentitud mientras se colocaba la mano en su cabeza con cuidado, le dolía a mares, sentía una palpitación constante y un zumbido en sus oídos que no se iba, sentía la cálida emanación de su sangre salir de su cabeza también, enfoco sus ojos y miro con recelo a Draco - ¿Quién lo sabe? – pregunto de mala gana el platinado.
- Mi lord – y Draco pudo jurar que su corazón se detuvo un segundo, que sus piernas se habían asfaltado con el piso de las mazmorras y su cerebro se había desconectado de la realidad, maldita sea, no dejaba de repetirse una y otra vez en su mente, si Voldemort ya sabía que él estaba con ella, el blanco principal de la guerra sería destruirla, amiga del elegido y amante del traidor, un blanco perfecto… debía alejarla de él, debía destruir cualquier esperanza que se escondía en su interior, debía hacerlo si quería que Hermione viviera. – la va a matar – emitió antes de sonreír sádicamente y escupir más sangre.
- crucio – Draco ni siquiera estaba viéndola, sus ojos estaban nublados por la sombre del odio, quería matarla, su mano se lo exigía, podía sentir como su varita vibraba en su mano exigiendo que conjurara la maldición roba alma, la peor de las 3, sentía como su propia alma le sonreía ansiosa porque lo hiciera, él le gustaba hacerlo, no sentía remordimiento, sentía poder, el más vil y primitivo poder al quitarle la vida a una persona y cuando veía quien era su tía se daba cuenta que ni siquiera calificaba como tal así que no le haría daño al mundo, le haría un bien.
Snape pudo ver las intenciones de Draco, ver como su mirada se oscurecía y sus rasgos se tensaban al verla, sabía lo que estaba pensando y también sabía que disuadirlo no sería conveniente pero debía hacerlo.
- Haciendo lo que ya tenías planeado sufrirá más – dijo Snape lentamente, acercándose a Draco.
- Si – afirmo con simpleza el rubio, era verdad, matarla era muy sencillo y poco placentero, él quería que ella sufriera, que agonizara, que pagara por todas las veces que lo había lastimado, por todas las veces que lastimo a otra persona considerando que era divertido, quería ahogarla en sufrimiento, que el final de su vida se definiera en una sola palabra, dolor. – voy a matar a tu lord, y su cabeza te la daré de regalo – Draco la miro con odio, sus ojos grises se veían negros, su pupila dilata al máximo nivel la estaban mirando con odio y desprecio.
La bruja no pudo evitar temblar, veía certeza en sus palabras, hacía años que no sentía sus piernas temblar y sus labios vibrar de miedo, ese hombre que estaba frente a él era el demonio mismo, era la oscuridad hecha hombre, veía más maldad en su sobrino pequeño que en su lord y eso, eso no la hacía sentir para nada feliz.
- Mátame – le exigió ella, quería sonar retadora pero sus palabras se escucharon como imploración, pudo observar como Draco le sonreía, como su rostro se desfiguraba en una mueca de terror – sino lo haces, me liberaran y te matare yo – quería asustarlo, necesitaba usar algún medio para que él hiciera algo y dejar de sentir el pánico que sentía en ese momento, estaba temblando, Bellatrix Lestrange estaba temblando, su sobrino la había roto.
- He allí donde te equivocas querida tía – le dijo poniéndose de pie y mirándola con ¿ternura? – no te voy a matar… no me mires así… tampoco te dejare viva y libre – amplio su sonrisa – estarás eternamente aquí, en tu casa – y Draco observo como el rostro de incredulidad se adueñaba de la expresión descompuesta de la pelinegra – eternamente – y la estupefacción y pánico se adueñaron de ella cuando entendió a lo que se refería su sobrino, iba a encarcelarla allí, con el hechizo que ya nadie de los Black utilizaba, ella ni siquiera lo recordaba y él lo haría, le haría algo que ya estaba prohibido, ese hechizo era tan horrible que ningún Black lo había usado en siglos, en el se experimentaban las peores torturas mágicas y no mágicas que un ser podía soportar y entendió que estaba perdida, que iba a sufrir más que cualquier otro ser, que la muerte hubiera sido un bálsamo para su vida porque lo que viviría hasta su muerte sería dolor, miseria y soledad. Se vio perdida cuando una lagrima rodo por su mejilla, la había roto, Draco Malfoy había podido con ella, lo miro con furia y resignación.
- Maldito – le confesó con desdén, ni siquiera sabía que Draco tenía el conocimiento de ese hechizo, ni siquiera sabía cómo se había enterado.
- Como todo este maldito mundo tía – admitió él, Draco se sentía muerto, se sentía perdido. Había pasado por tanto que ya ni siquiera se sentía humano, cuando estuvo con Voldemort íntimamente se sintió como una máquina, ahora lo sentía de nuevo. La única que lo hacía sentir humano y con esperanzas era la castaña y ahora que sabía que no tenía esperanzas de estar con ella, porque eso implicaba el poder perderla, la oscuridad de nuevo se apoderaba de él y no se opondría. – crucio – conjuro de nuevo y vio como el cuerpo de la mujer se retorcía de dolor, como su quijada se endurecía y aferraba para no gritar, como su cuello se echaba hacia atrás en un intento de tranquilizar los impulsos nerviosos que su cerebro mandaba al resto de su cuerpo, sus manos aferradas al frio piso, como había perdido varias uñas y sus dedos sangraban en carne viva, como sus piernas rotas aún por el diffindo estaban cada vez más profundas y rojas – diffindo – estaba vez apuntaba su pecho y gruesas líneas se formaron, separando su piel y mostrando el liquido correr una vez más por el pecho de su tía, el grito no pudo ser callado esta vez.
Bellatrix ya no tenía control de su cuerpo, sentía el lacerante dolor del cruciatus llenar cada poro de su cuerpo y ahora la incandescente sensación de su piel separándose, ardor, dolor, tensión, todo al mismo tiempo.
Quería gritarle, quería luchar contra él pero no tenía fuerzas, estaba tirada en el piso con el vestido roto, sus piernas rajadas y ahora su pecho también lo estaba, su cabeza rota y palpitándole y una nariz rota que ya había dejado de sangrar pero que no dejaba de dolerle.
- Desmaius- la pelinegra quedo allí tirada en el piso, inconsciente. – Convoca una reunión ahora Snape, por favor – había tomado una decisión, había decido los siguientes 3 pasos para acabar con esa maldita serpiente.
- ¿La vas a matar? – Pregunto dudando aún de las intenciones del rubio, Draco se limito a simplemente a negar con su cabeza - ¿quieres que todos estén presentes? – de nuevo solo asintió.
Snape salió del lugar, volteo a mirar a Draco antes de hacerlo y noto como el chico que él había casi criado se transformaba en lo que decía la profecía, un dragón. Draco tenía la oportunidad de matarla, de destruirla pero lo que quería era desaparecerla de la faz de la tierra, quería evitar que siguiera existiendo para seguir lastimando. Habían muchas clases de mortifagos y Bellatrix era uno de los peores.
- custodia aeternam – dijo el rubio apuntando con su varita a su tía, un rayo de luz blanco la impacto y como si fuera un holograma se desvaneció del lugar. Cuando despertara iba a ser todo muy diferente. Lo haría en un lugar lleno de luz por el día y de maldad y sufrimiento por las noches.
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- No creo que debas bajar Hermione – dijo Harry, habían recibido la notificación de Snape para reunirse por ordenes de Draco en el salón principal y a pesar de las quejas de todos y cada uno de los chicos, la castaña aseguraba estar bien y que con la ayuda de ellos podría bajar, que necesitaba hacerlo, todos pensaban que era por el plan que sería dado o por la palabras de Draco pero un pelinegro con rayo en la frente y un moreno con mirada picara sabían que era porque la castaña estaba impaciente por ver a Draco y entender porque no la había ido a ver si ya llevaba horas consciente.
- Vamos Harry que no me puedo quedar aquí como una inútil, ya estoy bien – se defendía nuevamente la castaña.
La castaña siempre ganaba, bajo apoyada de Goyle, la sentaron en un cómodo sofá en el salón y vieron como todos estaban ya presentes, los manticora, Harry, todos los Weasley, Remus, Tonks, Alastor, Dumbledore y Snape.
Draco entro con cautela, calmado y sin voltear a verla. Sentía un puñal clavándose en su pecho cuando ni siquiera sintió su mirada de reproche, porque eso es lo que ella esperaba, que el rubio se molestara por su actitud, por su irresponsabilidad pero no había pasado aquello, no había y no pasaba nada.
- Buenas noches señor Draco, estábamos esperando para que se reuniera con nosotros y nos contara alguna cosa importante, imagino tendrá varias – la palabra la tenía Dumbledore, Draco pareció ignorarlo, ni siquiera le prestó atención, su mirada estaba fija en cierto pelirrojo con cara de enclenque y mirada nerviosa que intentaba por todos los medios no mirarlo directamente.
- Son tres anuncios – dijo Draco colocando su mano derecha delante de él para comenzar a enumerar – el primero es que Bellatrix Lestrange ha recibido su merecido y su paradero será un completo secreto personal así que no intenten preguntar que ha sido de ella porque no obtendrán respuesta, los implicados en el acto de ayer han sido enviados a Askaban por Snape, los cuerpos fueron entregados al ministerio, eran Rodolphus Lestrange, Cho Chang y Pansy Parkinson. Ese es el primer punto a tocar, Rodolphus y Parkinson fueron asesinados por accidente por mi tía, la muerte de Cho sigue siendo un misterio para nosotros, cuando llegamos ya estaba muerta – Harry no pudo evitar agachar su cabeza, se sentía triste al escuchar esa noticia, él había sentido muchas cosas por ella, había sido su primer beso, aunque ahora estaba con Ginny nunca dejo de importarle de algún modo aquella hermosa joven de ravenclaw. Todos asintieron a las palabras del rubio, con tristeza habían unido sus manos.
"El segundo anuncio es que Blaise Zabini se encarga personalmente de encontrar todas las respuestas del porque Percy Weasly opto por traicionarnos y permitir que Granger y Lovegood fueran a su casa en el Londres muggle para ser embaucada por unos mortifagos y ser torturada y casi asesinada por mi tía… silencio – pronuncio luego de que el alboroto se formara en el salón, expectación, sorpresa e indignación de todos los presentes no se hizo esperar, Harry miraba con atención a Ron que no dejaba de apretar su puño y abrir su boca para poder respirar – no sé te ocurra huir porque me harás intervenir – le amenazo al ver como el recién mencionado se había echado hacía atrás en un intento de huida, estaba pálido observando cómo su familia lo veía con decepción y tristeza".
- ¿Percy? – pregunto Molly con lagrimas en sus ojos, estaba triste, acongojada. Ella amaba muchísimo a Hermione y saber que su propio hijo había planeado aquello le parecía horrible - ¿Por qué? – se pregunto más a si misma que a Percy.
- Lo siento – dijo mirando a Hermione, la castaña no había podido evitar derramar las lagrimas, se sentía completamente traicionada, ni siquiera cuando vio a los mortifagos en su casa pensó que Percy la hubiese traicionado, simplemente pensó que había sido mala suerte.
- ¿Estás seguro? – pregunto en un susurro Ron que fue casi imperceptible pero que todos lograron escuchar.
- Por supuesto pero preguntale a tu hermano directamente Weasley – respondió Draco con seriedad. Quería torturar allí mismo a esa sabandija pero no podía, debía mantener una calma que no sentía.
- ¿Percy, es verdad? – pregunto Ron con temor y rabia mezclada. Para el horror de todos los presentes el tercero de los hermanos Weasley asintió.
- Luego hablan, luego de que seas interrogado y castigado. Yo no aceptare traidores, no sé qué tanta información les distes ni me interesa saber que te ofrecieron a cambio pero es posible que hayas dado información fundamental para nosotros y Blaise es el indicado para hacerte hablar – escucho como Remus iba a protestar, pero allí el jefe era él y todos se iban a enterar de que ahora si se tomaba el papel con total y absoluta seriedad – no te metas hombre-lobo, es mi decisión y aquí todos aceptaron eso, si les parece que estoy siendo injusto, lo envió directamente a Askaban para que reciba el beso de un dementor o si eso les parece aún más inhumano, le lanzo un avada y nos olvidamos del resto – vio como Remus le frunció el ceño y resoplo con indignación. – lamento mucho señora Weasley que tenga que afrontar esto pero la traición de su hijo casi ocasiona la muerte de un miembro de la resistencia y posiblemente la muerte de todos nosotros – Draco no pudo evitar observar la desolación que impregnaba el rostro de Molly, ella no decía nada, solo estaba aferrándose en un abrazo a su esposo, no dejaba de llorar y sentía en su interior el dolor que la mujer experimentaba en ese instante.
- Estoy de acuerdo contigo Draco – logro decir la pelirroja mujer, y todos callaron. Si ella que era su madre estaba de acuerdo con aquella decisión, absolutamente nadie tenía derecho para refutarla.
- ¿Cuál es la tercera decisión? – pregunto curioso el director.
- Mañana a primera hora saldré de viaje – dijo el rubio y esta vez no pudo evitar mirar de soslayo a Hermione que aún no dejaba de llorar en silencio y como esta lo miraba con una marcada interrogante en su rostro, Draco volvió a mirar a la nada y apretó su puño. Quería abrazarla y decirle que lo sentía pero lo que hacía era lo mejor y ya lo había decidido – tengo en mente una estrategia y para ser honestos es la única manera de ganar esta guerra, Potter me acompañara – concluyo para mirar a Harry que lo miraba con temor.
- ¿Para qué vas a llevarte a Harry? – pregunto de nuevo Remus.
- Porque seguirá entrenando conmigo – respondió con simpleza el rubio - ¿o no quieres Potter? – Harry lo miro con una sonrisa triste y de resignación, sabía porque le preguntaba aquello.
- Empacare esta misma noche todo lo que necesite Malfoy – respondió con firmeza.
- No te preocupes Dumbledore, no dejare que maten a Potter – dijo de nuevo Draco mirando directamente al anciano.
- Lo sé Draco – dijo con una sonrisa, no quería que ninguno saliera, pero la decisión ya estaba tomada y saber que Draco estaba tomándose las cosas tan serias no hacía más que darle esperanzas.
- ¿Irán solo ustedes? – Ron no pudo evitar sonar algo quejón.
- El lobo vendrá con nosotros, al igual que Crabbe y Goyle – dijo Draco – solo iremos nosotros 5, no sé cuánto tiempo nos tome este viaje, pero vendremos periódicamente para dar los resultados y seguir trazando estrategias que sirvan de algo.
- ¿Por qué solo iré yo? – pregunto Remus con duda, no lograba confiar completamente en Draco y es que en él veía tanta oscuridad.
- Mira Lupin no tengo por qué estar dándote tantas explicaciones, si no quieres venir, no vengas – dijo con franqueza – lo dije porque no confías en mí y porque después de los entrenamientos seguro Potter necesitara de alguien que lo ayude a reponerse y yo no tendré ni el tiempo ni la intención de hacerlo… si no quieres venir perfecto, será un estorbo menos pero no me interesa tener tu confianza, ¿entiendes? – Draco podía ser todo un déspota cuando hablaba pero la realidad es que él no necesitaba probarle nada a nadie, a la única persona que le había probado todo había sido a la castaña, le demostró que era un humano, que había cambiado y también que estaba en esa guerra por y con ella… los demás podían irse al diablo.
- Profesor – intervino Harry por primera vez – Malfoy tiene mi entera confianza, espero acepte venir – y es que así lo esperaba porque sabía lo cruel que era el rubio en sus entrenamientos e iba a necesitar a alguna persona que lo apoyara.
- De acuerdo Harry – acepto el profesor con una sonrisa y una mirada de desconfianza.
- ¿Por qué no voy yo? – pregunto Ronald de nuevo.
- Porque no tengo tiempo para cuidar de ti, solamente de Potter, mis itinerarios son muy costosos y solo me pagan por este, debes conseguirte a otra niñera.
- No necesito tu cuidado Malfoy – respondió Ron acalorado y ruborizado, Draco carcajeo sonoramente mostrando su duda al respecto.
- Si vences a Theo en un torneo mañana antes de salir, te vas con nosotros, si no puedes ya sabes mi respuesta. – Draco hablaba en serio.
- Te van a moler – comento Blaise sin poder evitarlo. Ronald se ruborizo aún más pero de la ira creciente que sentía en su interior.
- Acepto – respondió con simpleza el pelirrojo, demostraría que podría con ello, que él no necesitaba de la ayuda de nadie y menos de Malfoy.
- ¿A dónde irás? – pregunto la castaña y Draco tuvo que respirar profundamente para hacer lo que iba a hacer.
- Blaise ya sabes que hacer, eso es todo – dijo Draco y sin esperar respuesta o palabra alguna de alguien se dio media vuelta y desapareció de allí, había ignorado a la castaña, se había ido y se iba a ir por completo.
Hermione sintió más ganas de llorar y está vez no era por la traición de Percy, sino por el alejamiento inevitable de Draco.
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- ¿Draco? – pregunto Hermione al entrar con cuidado a la habitación que había compartido noches antes con el rubio.
- No tengo tiempo Granger - ¿Por qué le decía su apellido? Hermione trago grueso, sabía que la había cagado pero ahora necesitaba de él, se sentía adolorida físicamente pero el dolor en su interior era aun peor, había perdido a su padre y necesitaba el calor fresco y regenerador de Draco en ella.
- ¿Por qué me tratas así? – pregunto con temor, se sentía mal, necesitaba de él y aunque sabía que él estaba molesto no sentía merecer aquel trato.
- No te trato de ninguna forma en especial, simplemente estoy ocupado – le respondió el, estaba arreglando un pequeño morral negro, metiendo algunas cosas que identificaba como dagas, frascos posiblemente llenos de pociones y algunas camisas de vestir negra.
- Draco discúlpame – confeso ella dándose por vencida, lo necesitaba más de lo que creía y esta vez no le molestaba apaciguar su orgullo.
- No tienes porque hacerlo Granger – de nuevo estaba su apellido, no le decía su nombre de pila. ¡Le dolía el pecho!
- ¡Maldición Draco! – le grito sin contenerse, estaba triste y necesitaba de él, su padre había sido asesinado frente a ella, su cuerpo apenas se recuperaba de todo lo que le habían hecho y aún recordaba todas y cada una de las cosas que le hicieron, sabía que se había equivocado, que debió pedirle ayuda, que no pensó racionalmente pero no se merecía ese trato - ¿Qué te pasa?
- No me pasa nada – le dijo él, mirándola por fin a los ojos y mostrando toda la indiferencia que podía fingir en ese instante – estoy ocupado y me estorbas, eso es todo.
- Draco no te pases.
- Entonces vete.
- ¿De verdad quieres que me vaya? – pregunto con temor, no quería escuchar una respuesta que le rompiera aún más el corazón.
- Granger, lo que más deseo es que te vayas y no verte más pero como eso no es posible me conformare con que te vayas ahora y me dejes solo.
- Sé que debes estar molesto pero no tienes derecho a tratarme así – estaba molesta, el dolor se mezclaba con la rabia de verlo tratarla así.
- Ni estoy molesto ni me interesa si tengo o no el derecho de tratarse así, deja de molestar – quería que se fuera, le estaba costando un océano entero no acercarse a ella y tomarla entre sus brazos.
- Draco, te necesito – de nuevo había apaciguado al león que quería salir de ella, era verdad, lo necesitaba y le estaba partiendo el alma escucharlo tratarla así.
- Granger lo diré de la manera más sutil posible, se acabo – y las lagrimas que se aglomeraron en sus ojos fueron retenidas por su fuerza de voluntad, le estaba diciendo que se terminaba su relación, quería llorar pero algo se despertaba en ella y le decía que ni se le ocurriera.
- ¿Por qué? – Pregunto en un susurro, sonaba patética - ¿Por qué me salvaste entonces? – le pregunto en un grito.
- Realmente no fui por ti, Theo me convenció para que salváramos a Luna y así lo hice, la lealtad va más allá de cualquier cosa.
- ¿A qué juegas? – no se creía esas palabras, no se creía esa mentira… ¿entonces que había sido todo aquello que habían vivido?
- A nada maldita sea, deja de molestar – se le acerco peligrosamente y afino sus ojos antes de completar con su sentencia al infierno – ya no quiero jugar contigo, ya me canse, ya estoy en este bando, cumpliré mi parte y me iré libre y feliz, deja de molestar y has tu vida como te dé la gana, fue divertido mientras duro – y el cinismo se hizo dueño de sus palabras finales, había sido cruel, lo sabía por la turbia mirada que se presento en los ojos fogosos de la castaña, en como su labio inferior tembló y su respiración se descompenso, sabía lo que estaba haciendo pero ya no podía soportar verla allí, frente a él tan frágil y no hacer algo.
- Bien – le dijo ella en un susurro lleno de furia, lo miraba de la misma forma que en tercer año cuando le dijo cucaracha y le zampo un puñetazo en el rostro, Hermione se tomo el pecho con su mano izquierda y con una mueca de dolor salió de allí, si eso quería él, ella lo complacería.
- ¡Maldita sea! – exclamo el rubio con furia contenida mientras lanzaba un hechizo silenciador al cuarto y lo destrozaba para drenar todo lo que sentía, estaba alejando de su vida lo que le importaba. Lo único que le había dado la luz que difuminaba la oscuridad que siempre luchaba por apoderarse de él, la alejaba y sabía que cuando lo consiguiera no iba a poder recuperarla.
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BUENAS NOCHES, SALUDOS.
Me da hasta pena pero es que ni siquiera sabía como comunicarme, iba a subir un comunicado para que entendieran el por que de mi ausencia pero prefería hacerlo con el capítulo de una vez.
Explicación: Mi teclado y ratón se había muerto, literalmente no servían así que dure más de 4 semanas sin poder usar la pc, además de que el trabajo me tenía inmersa, no tenía absolutamente tiempo para nada pero ahora aquí está el capítulo. Espero sea de su agrado, me disculpen la demora y bueno para compensar está misma semana subo el otro.
Veamos que es lo que pasa con estos jóvenes, la guerra los quiere separar... que pereza JAJA.
Imagino ya muchos se imaginaban que Percy era el traidor pero es que debo admitir que literalmente NO LO SOPORTO, me parece patético.
Quise hacer este capítulo más dramático pero me pareció suficiente así, lo que pasa es que tenía la historia hecha pero decidí cambiar unos capítulos y me dije bueno vamos a editarla por completo así que ando en eso, reedición de capítulos.
Un beso grande a todos, espero disculpen mi demora.
Gracias por los comentarios y las alertas, esa es una motivación tremenda para mi.
