El sol sale al amanecer

Mina se movía de un lado a otro tratando a toda costa de defender la barricada civil que habían formado algunos eficaces oficiales de policía, miembros del cuerpo de bomberos y gente en general que consiguió hacer algo mejor que gritar y correr sin rumbo. Pero no contaban con equipo para repeler un ataque de tal magnitud, por lo que en ese momento habían aceptado casi de manera obligada la interferencia de una de aquellas criaturas solo porque en su espalda se enarbolaba el escudo de armas de la casa real. Uno de los malformados atacantes casi lograba atravesar la muralla formada por un autobús sin neumáticos, Mina corrió hacía él tomando impulso y poniendo su mano al frente consiguiendo atravesarle limpiamente, la sangre corrió por su brazo humedeciendo más ya manchada ropa.

—Estoy igual de loca que él. — murmuró sacando la mano del cuerpo que cayó de espaldas.

Los ojos rojos hacían juego con la melena que se había liberado del peinado desde hacía un largo rato, cayendo sobre su frente desordenadamente. Los oponentes aparecían continuamente sin darle ningún tipo de tregua. El pavimento empezó a vibrar consiguiendo mover todos los escombros más o menos pequeños, el rugido metálico de acorazados evidenció que era momento de emplear alguna técnica más elaborada que disparar a quemarropa y sacar corazones con la mano.

Suspiró con resignación para luego reír ácidamente, tenía ciertas similitudes con Victoria por ser de manera bizarra algo así como hermanas, así que en teoría podía hacer lo mismo que ella.

Un par de alas chiroptera se desplegaron desde su espalda, en un batir consiguió elevarse a una altura considerable. Le gustara o no, la sangre de Alucard la había terminado de transformar hacía años legándole parte de su grandiosa esencia maldita.

Siguiendo su instinto adormecido por mas de un siglo, sus brazos pronto se transformaron en largas extensiones negras que al tocar tierra se abrieron paso entre la armada enemiga, atravesándola.

Y porque al final, así doliera admitirlo, era ella un verdadero vampiro y hacía menos de una hora renunció a la oportunidad de dejar de serlo, encontrando en voz de su mejor amiga la única razón por la que no debía declinar su destino maldito.

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En las ruinas de la mansión Hellsing, finalmente Integra había aceptado atención para su herida. El médico que la revisaba, con la bata de color bermellón y las manos aún temblando, determinó algo de lo que ya estaba enterada, había perdido el ojo izquierdo.

El hombre se frotó los brazos en cuanto terminó de dar el tratamiento pertinente debido a una poderosa ráfaga de viento frío que se había colado entre los restos de piedra. Soltó un "gracias" combinado con gemido de angustia cuando Victoria sonriente le puso sobre los hombros una cortina raída a modo de manta. La chica entendió que era debido a sus colmillos pero de modo afectuoso cerró los ojos y le hizo una señal de victoria con los dedos, enseguida le dejó para dirigirse alegremente con su ama.

Estaban en lo que, según proyección del arquitecto, debía ser el salón de fiestas, mismo que Integra convirtió en auditorio para que los generales instruyeran teóricamente a los oficiales y luego estos pasaran a adiestrar a los soldados, pero tras la primera gran incursión de Millenium, finalmente resultara en paraje de campamento para sobrevivientes. Por la última razón, pedazos de lona verde y negra yacían dispersos junto con varios cacharros que debieron ser de los soldados. Integra, con el ojo que aún le quedaba miraba el sitio desde una silla que fuera de Pip.

—Necesita trabajar en esa manía de quitarle sillas a la gente…— hizo notar el propio capitán al oído de Victoria.

—No es que usted la fuera a ocupar. — masculló la rubia sentándose en la base que elevaba el asiento.

Aquél mueble improvisado con un sofá que, debido a que su tapiz fue arruinado por la ceniza, los Wild Geese "enfundaron" echándole encima una capa de viaje. Estaba elevado del nivel del suelo gracias a dos muebles trincheros de nogal sacados de los escombros del comedor y con permiso de Integra que los había llamado "basura" al notar su recubierta de mármol completamente destrozada.

La chica policía jugueteaba meciendo las piernas y guiada por el líder de los mercenarios dio con una botella de vino sin destapar celosamente guardada y protegida por un chaleco antibalas descontinuado. Integra sonrió de medio lado.

— ¿Por qué brindaremos, Seras?

La más joven levantó la vista para encontrar la mirada de su ama, iba a proponer algo cuando el ruido de las puertas desvalijadas y un abrupto aumento en la intensidad de la luz las obligó a dirigir su atención a la persona que entraba.

Los zapatos resonaron entre las casi desaparecidas duelas de madera denotando la cojera de quien en su andar acortaba la distancia que los separaba. La notable estatura, el pelo cano y el uniforme militar manchado delataba al Duque Quatermain.

Integra se puso de pie mirándolo desde lo alto de su asiento, examinando a detalle el resultado de la batalla, fuera de lo obvio que parecía ser que Harry había sido vencido. Los ojos bordeados de arrugas complementaban una mirada verde, suave y benevolente que, sin embargo, se hallaba perdida, apagada y afilada.

—Su real majestad, soberana del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte se encuentra a salvo, podrá regresar a su palacio a dirigir la reconstrucción de nuestra patria en breve tiempo, sus deseos son reestructurar la Convención de los doce y la Organización de Caballeros Protestantes Reales…

La voz casi automática hizo que la rubia hiciera un leve gesto de asco.

—Mi deber recae en informarle que al ducado Quatermain le corresponde tomar comando de las Fuerzas Armadas de su Majestad que sobrevivieron y permanecieron leales a la corona.

Integra bajó de su sitio y se encaminó a la puerta destrozada a la que le faltaba un buen pedazo de cielo raso.

El amanecer siempre resultaba ser tema para la creación artística: los reflejos de luz atravesaban con fiereza guerrera, las sombras de una noche fatal, las cenizas de una desgracia y las nubes de tragedia. Estaba de regreso en casa solo para presenciar un espectáculo tan antiguo como el mundo mismo, cotidiano y único cada vez que se presencia.

Pese a la creencia popular, a ella le gustaban más los amaneceres que los atardeceres, porque para ella que vivía en el manto de la noche, la luz del alba no era más que el indicio de que la calma regresaba, de que los monstruos volvían a sus madrigueras y solo entonces podía respirar tranquila sabiendo que un día más cumplió con su misión.

En el transcurso de los minutos la luz aumentaba y, con ella, el jardín se mostraba en todo su esplendor. Las varas calcinadas de los rosales y abetos, las armas y municiones dispersas, las cenizas sobrevolando el alto pasto lleno de hierbas a medio morir.

La luz traía el color. Parecía que los colores jugaban cínicamente tras haber permitido que el rojo y el negro gobernaran por tantas horas. Sí, los colores jugaban entre la inmensa y devastada ciudad inglesa.

¿Había fallado su misión de Dios?

No.

Un gato saltaba los restos de un muro para acercarse a la casa, seguramente esperando encontrar algo de comer.

Su atención se giró con el Duque en cuanto este pareció haber terminado su discurso, mismo que posiblemente con algunas modificaciones se daría al puñado de gente que había alcanzado sobrevivir y que no representaban ni una décima parte de los que originalmente transitaban las calles inglesas.

—Sir Integra…

La voz del hombre pareció lejana, distante y hueca, su contacto a través de los guantes apenas fue perceptible para la rubia, pero el apretón a su mano fue lo que hizo real aquél gesto. El único ojo de la mujer se posó en su mano empuñada a voluntad del otro y supo lo que se aprisionaba en su palma, asintiendo ante el gesto de la liberación de un matrimonio nunca consumado.

—Por favor… ya no puedo más…

Nuevamente la otra asintió y girándose le dio la espalda para llamar a Victoria y salir de la casa.

La chica policía con un infantil andar alcanzó a su señora despidiéndose del hombre.

—Dígale a Madame Mina, que yo no quiero conservarlo ¿Si?

Y el hombre las vio caminar con el viento londinense ondeando la chaqueta y el pelo de Integra, desapareciendo en un rojo amanecer.

—No creo que le dé tu mensaje Seras, deberás decírselo tú. — dijo la líder escuchando un disparo detrás de ella.


Comentarios y aclaraciones:

Y pues… terminó…

Bueno, falta un epílogo (algo así como el Romanza del manga)

¿Qué tan mal quedó este cap? Sé que hay cabos sueltos pero algunas cosas las dejaré a su imaginación, otras si las revelaré en el siguiente y de momento solo me resta decirles:

¡Gracias por leer!