Capítulo 21.
El teléfono de la cabaña estaba sonando. Sakura lo oyó cuando se acercaba corriendo a la puerta. Entró con rapidez y descolgó el auricular.
—¿Diga?—contestó.
—¿Sakura?—preguntó la voz de Daisuke. —¿Donde estabas?—preguntó. —Creía que no ibas a contestar nunca—suspiró.
—He salido a correr—respondió ella.
—¿Puedes venir a nuestra casa?—preguntó el niño.
—¿Qué pasa ahora?—susurró la pelirosa.
—Se trata de Sarada—soltó. —Papá le ha hecho acostarse y él se ha llevado a Tic y a Tac a la cama y ahora no pueden despertarse—inquirió. Aquello no era sorprendente, teniendo en cuenta que Tic y Tac eran peces tropicales.
—Daisuke lo siento pero no creo...—fue interrumpida,
—Por favor—le suplicó el niño. —Hazlo por la pobre Sarada, quiere mucho a Tic y a Tac, y ahora que Katsuyu se ha ido... Por favor, te necesitamos—murmuró. La joven suspiró. No podía negarse a aquellas súplicas y Daisuke lo sabía.
—Esta bien, voy para allá—dijo la ojijade.
—Estupendo—dijo Daisuke.
El niño colgó de inmediato, como temeroso de que cambiara de idea si le daba tiempo. La joven pensó que eso era justamente lo que debía hacer. Y lo que se había jurado hacer después del beso inesperado de Sasuke. Se juró que a partir de aquel momento guardaría las distancias. Era lo más sensato.
Pero, en lo que concernía a los Uchiha de cualquier edad, no podía actuar con sensatez. Empezó a darse cuenta al día siguiente del beso, cuando Daisuke, Sanosuke y Sarada llamaron a su puerta con un almohadón lleno de ropa sucia y le pidieron que se la lavara para que su padre no se enfadara con ellos.
Le explicaron que habían roto la lavadora y la secadora al utilizarlas para limpiar su colección de piedras. Sakura miro un momento sus rostros suplicantes y su resolución la abandono en el acto.
Sasuke, no obstante, no aceptó bien el que sus hijos le encomendaran una tarea tan intima. Y ella cometió entonces otro error. En un intento por quitar importancia al episodio, le dijo con ligereza.
—Tranquilo, Sasuke—suspiró. —Ya he visto tus calzoncillos, ¿recuerdas?—sonrió levemente. —Y créeme, no es para tomárselo así—soltó.
Le bastó ver la expresión de frialdad del rostro él para darse cuenta de que no... había elegido bien sus palabras . La tensión entre ellos no mejoró cuando pasó corriendo cerca de su casa al día siguiente justo en el momento en que Sasuke salía a recibir al técnico de electrodomésticos.
La joven lo saludo con la cabeza, él se volvió de mala gana para devolverle el saludo y en ese momento le cayeron un montón de globos de agua en la cara. Por alguna razón, pareció culparla a ella de su descuido. Fue necesaria una situación de crisis para que establecieran una tregua. Eso ocurrió al día siguiente cuando Sakura recibió una llamada de Sanosuke invitándola a asistir al lanzamiento de su globo de aire caliente.
Corrió hasta la casa para alertar a Sasuke, quien se precipitó escaleras arriba y consiguió rescatar a Sarada, la piloto, segundos antes de que el globo saltara desde la terraza impulsado por Daisuke y Sanosuke.
Una revisión posterior del artefacto les mostró que consistía en una sábana grande atada a una cesta de plástico y propulsado por un ventilador de pila. Sasuke y Sakura miraron a los niños, se miraron el uno al otro y compartieron su primer momento de comprensión.
Eso fue el comienzo de algo. Una relación más civilizada pero que todavía era incomoda cuando Sakura se dirigió a la piscina al día siguiente y oyó unos gritos de mujer. Entró corriendo en la cocina y se encontró a Sasuke tratando de calmar a la señora Anko, que había vuelto al trabajo y había encontrado a Aoda de caza en la despensa. La mujer se tranquilizo al fin, con ayuda de Sakura, pero anunció que se marchaba para siempre.
