Capítulo 21
-Estaré observando cuando encuentres a alguien a quien asimilarás con la felicidad
Las palabras dichas en la cocina de sus padres por la más vieja habían sido completamente ignoradas por Emma, días después de haber conocido a quien iba a contradecir su silencio como respuesta negativa. De hecho, Mary había estado observando a su hija durante meses, la sonrisa boba cuando miraba el móvil al recibir un mensaje en horario de trabajo o durante las cenas en casa de los padres; veía su rostro cambiar cada vez que hacía o recibía una llamada; y testimoniaba de cerca que sus ojos verdes, cuando se mencionaba el nombre que ahora era para Emma sinónimo de felicidad, adquirían más brillo, y estos se dilataron cuando Regina abrió lentamente la puerta del despacho de Emma en la empresa.
-¿Están transfiriendo a los trabajadores del hospital para acá?- preguntó Emma
Belle llevaba horas en su despacho. Su día libre había estado dedicado completamente a Emma quien había insistido para ir a otro sitio, sin embargo, la amiga se negó a ser un impedimento para su trabajo, solo quería pasar un tiempo con ella. Mary se había juntado a ellas hacia poco tiempo, como siempre había pasado a despedirse de la hija cuando ya todos se habían marchado, pero acabó prolongando el tiempo.
-Tu hija, a veces, es una irresponsable, Mary- dijo Regina tras saludar a esta, después de haber saludado también a Belle.
-¿Qué he hecho esta vez?- arqueó las cejas
-¿Recuerdas que tienes una cena en…-miró el reloj en su muñeca y volvió a mirar a la rubia –media hora?
-Por lo que se ve, no- Belle se echó a reír al ver la expresión de susto de Emma que se llevó las manos al rostro
-Me lo dijiste hace una semana y lo olvidé completamente
-Te he mandado unos mensajes pero ni los has visto, ni me has cogido las llamadas.
-Estás en un buen lío, Swan. Yo me voy- Belle se levantó de la silla y se acercó a Emma para darle un beso en la mejilla –Estuvo bien mi día como diseñadora.
-Estuvo bien pasar mi último día de vida contigo- su sonrisa dejaba claro lo nerviosa que estaba, Regina con los brazos cruzados y mirándola seriamente le daba miedo, pero aún así, la encontraba aún más hermosa.
-Buena suerte, hija- Mary alternó la mirada entre su hija y su nuera mientras agarraba la puerta esperando a Belle que se estaba despidiendo de Regina.
Emma miró a la morena que continuaba inmóvil en medio del despacho al quedar a solas.
-Ya me siento culpable, puedes dejar de mirarme así
-Fui a tu apartamento, Swan, pensé en incontables métodos de tortura cuando el portero me dijo que aún no habías llegado.
-Mi apellido suena muy sexy cuando tú lo pronuncias.
La sonrisa maliciosa que los labios de Emma formaron mientras rodeaba la mesa casi hizo ceder a Regina. Casi.
-Odio los atrasos, ya lo sabes. Odio aún más cuando no miras ese maldito móvil- el semblante serio hacía que su cicatriz en el labio superior se acentuara más y la vena de su cabeza saltara.
-Avisa a tu hermana de que nos vamos a retrasar
-Ya avisé
-Entonces, ahora, discúlpame
-Ni un paso más que no sea hasta la puerta, Swan- Regina dio un paso hacia atrás con cada paso que la rubia daba hacia ella, hasta quedar pegada a la puerta.
-Listo, estamos en la puerta.
-Ahora no me apetecen tus monerías. Lo único que haces es atrasándolo todo aún más- intentó empujarla, pero fue en vano. Las manos de Emma agarraron firmemente su cintura, prendiéndola entre su cuerpo y la puerta.
-Unos minutos más no marcan la diferencia- susurró cerca del oído de Regina antes de agarrar el lóbulo de su oreja entre sus dientes, al soltarlo, rozó la punta de su nariz en su cuello, inhalando su perfume preferido, y sonrió al percibir que había provocado que se estremeciera. Regina inclinó la cabeza hacia un lado al sentir los besos de Emma en su cuello.
-Emma…- su voz entrecortada sonó baja. Una de las manos de la rubia descendió rodeando su cintura -¡No, Swan!- juntó todas sus fuerzas y empujó a Emma. Reprimiendo mentalmente todos los deseos que se habían despertado en ese momento, alisó su ropa y abrió la puerta –Te veo en tu apartamento.
Emma la vio alejarse y entrar en el ascensor. Sonrió sola al ser consciente de que todas las expresiones de la morena, independientemente de si eran buenas o malas, le parecían graciosas. Realmente la había estresado y no había disculpas esta vez, la culpa era enteramente suya. Atrasar un compromiso con Regina Mills era casi el desencadenante de la Tercera Guerra Mundial.
Apagó el ordenador y guardó sus cosas, cogió el bolso y salió del despacho. Apagó todas las luces y activó la alarma del edificio antes de salir.
Minutos después, detuvo su coche detrás del de Regina, que permaneció dentro del suyo. Conociendo a su novia, sabía que escucharía más quejas si insistía en que subiera con ella, así que, subió sola y procuró darse prisa.
-Estaba contando hasta diez para irme sola- dijo en cuanto la rubia cerró la puerta del coche, aún sin mirarla
-No tendrías valor- sonrió genuinamente
-Odio cuando juegas bajo- cambió su semblante e inevitablemente sonrió
-Sabía que no podrías seguir enfadada conmigo- se echó a reír y se acercó a darle un piquito.
-Otra más como estas y te quedas en secano, Swan- apretó sus dedos que estaban sobre su pierna.
-No empieces lo que no puedes terminar
-Me contendré- se recolocó mejor antes de arrancar, una vez más teniendo que reprimir sus deseos. Estaría dispuesta a retrasarse un poco más si no supiera que Zelena odiaba los atrasos tanto como ella, era algo en su ADN.
La cena fue marcada especialmente para que Zelena y Emma finalmente se conocieran. Ambas habían oído hablar de la otra, y cada vez que Regina nombraba a una en alguna conversación, surgía la pregunta de cuándo serían presentadas. Hasta que Zelena acorraló a la hermana para que invitara a Emma a cenar a su casa, ya que la morena no hacía más que procrastinarlo.
En cuanto Regina dobló la esquina de la calle donde vivía su hermana, su corazón quiso salírsele por la boca.
-Maldita Ley de Murphy- dijo en voz alta, disminuyendo la velocidad del coche. Emma frunció el ceño sin entender.
-¿Qué ocurre?
-Es el coche de mi madre- dijo deteniéndose en mitad de la calle, al lado del coche de Cora. Emma miró hacia este y volvió a mirar a Regina, con el ceño aún fruncido- Zelena es la peor hermana del mundo si realmente ha hecho esto.
-¿Crees que es cosa de ella?
-No lo sé, realmente no lo sé- aceleró de nuevo, y aparcó delante de su madre. Se echó hacia atrás en el asiento y miró a Emma que, sin darse cuenta, mantenía una expresión preocupada -¿Y ahora?
-Eso pregunto yo.
-Yo ya estoy acostumbrada a lo malo que pueda resultar. Quiero saber sobre ti.
-La decisión es tuya, mi amor. Sabes que contigo y por ti estoy dispuesta a enfrentar cualquier cosa- su mano cayó sobre la de Regina y la apretó. Las palabras acompañadas del gesto la hicieron sonreír y anularon parte de recelo que la incomodaba.
-No sé si es buena idea, Em
-Si no te sientes bien para eso, sin problemas. Hablaremos con tu hermana, ella entenderá, ¿no?- Regina asintió –Entonces, sigue tu intuición. Ya te he dicho que estoy preparada para cualquier cosa y ya conoces mi opinión sobre tu relación con tu madre.
Aún recostada en el asiento, Regina se calló por unos segundos, soltando después un gran suspiro al girarse y mirar a Emma.
-No quiero huir de mis problemas, mucho menos si estás dispuesta a encararlos conmigo.
-¿De verdad quieres esto? No hay problema alguno si tus recelos ahora te lo impiden. Podemos hacer esto cuando estés lista, todo a su tiempo.
-Estás conmigo, ¿verdad?
-Siempre- respondió sonriendo y recibió una sonrisa de vuelta, una sonrisa que solo demostraba lo nerviosa que estaba.
Complicidad. Un término que tenía como sinónimos solo dos nombres. Existente como base desde el comienzo.
Mientras una de las manos de Regina apretaba el timbre, la otra apretaba la mano de Emma. Era increíble lo mucho que significaba ese sencillo acto de tener sus dedos entrelazados.
-Juro por todo lo más sagrado que hay en la tierra que no la invité- Zelena susurró al abrir la puerta y antes incluso de saludarlas.
-¿Qué hace ella aquí?- Regina usó el mismo tono de voz
-Dejé escapar la información, pero no fue una invitación.
-Me las pagas, Zelena
-Perdóname, hermanita. Pero puede ser una buena oportunidad- se encogió de hombros –Disculpa el trastorno, Emma- Zelena desvió su mirada hacia la rubia que hasta el momento observaba callada –Es un placer conocerte finalmente
-El placer es todo mío- Emma sonrió y fue atraída a un abrazo que la tomó por sorpresa, acto que hizo que Regina sonriera de oreja a oreja.
Al entrar, los ojos de la rubia se encontraron con los de la otra mujer que solo había visto en fotos que Regina le había enseñado. Su cuerpo se congeló al ser analizada sin discreción. No es que necesitara la aprobación de Dios o del mundo para estar con Regina, pero aún así, no era cómodo estar en el mismo sitio que alguien que ciertamente la culpaba por haber convertido a su hija en una mujer diferente a lo que ella quería que fuera. Prefirió dejar de lado toda su incomodidad para alentar a Regina a que tuviera un momento con su madre, de la que se había apartado durante meses, después de la desavenencia en que ella estaba, de cierto modo, implicada. Habían establecido que la una estaría con la otra independientemente de las circunstancias o consecuencias. Era eso lo que hacía que una fuera el puerto seguro de la otra.
-Hola, querida- Cora se puso en pie y caminó a paso lento, tan lento que a ojos de las otras parecía a cámara lenta –Y señorita Swan, ¿cierto?- Emma asintió –Es un placer conocerla –le extendió la mano
-El placer es mío- Emma respondió al saludo, y ese apretón de mano sería su pase para que todo saliera mejor, pensó.
-¿Cómo estás, Regina?
-Estoy muy bien. Gracias por preocuparte al menos una vez.
-Supongo que no es adecuado una pelea con tu…- alternó su mirada entre su hija y Emma –novia presente, así que, no voy a responder a tu rudeza
-Es mejor así
-No incendien mi casa. Hoy no, por favor. Imaginad lo que cuesta esta ropa para que se queme…- Zelena señaló el abrigo de Emma, que aún lo tenía abrochado y le llegaba hasta por encima de las rodillas.
-No vale tanto- Emma sonrió a Zelena y agradeció mentalmente que fuera tal y como Regina le había dicho, la pelirroja tenía el don de dejar una situación más relajada cuando quería.
-Modesta ella, ¿no?- Zelena sonrió
-¿Acaso aún tienes marido, Zelena?- preguntó Regina
-Está a punto de llegar, pero no vamos a esperarlo, la cena ya está sobre la mesa.
Al acercarse a la mesa que estaba a metros de distancia del amplio comedor, Regina se sentó al lado de Emma y le lanzó una mirada de pesar por el hecho de que su madre había escogido sentarse exactamente frente a ella. Cora escogía cada detalle en que pudiera mostrar control, le gustaba ver que su hija, aunque le demostrara su total independencia, aún se sentía castigada con sus actos.
La cena no transcurrió en silencio porque Zelena se empeñaba en hacer que Emma hablara más de lo que disfrutaba de la cena. Regina estaba a punto de pedirle a la hermana que le diera tregua para que al menos Emma pudiera comer un poco y dejara de responder al interrogatorio.
-¿Por qué no me contáis cómo os conocisteis?- Cora quebró el silencio que finalmente se había hecho en la mesa. Regina y Emma parecían haber ensayado los idénticos movimientos de miradas al fijar sus ojos primero en Cora y después en ellas mismas, como si se preguntaran qué hace, qué decir -¿Es demasiado saber de la vida de mi hija, Regina?- su tono de voz era relativamente normal. Lo normal que podía ser en Cora.
-Emma fue mi paciente…- Regina comenzó después de que Zelena la mirara implorándole que hablase. Su madre parecía estar desarmada, no le costaría nada hablar –Acabamos pasando mucho tiempo juntas en el hospital, más de lo que deberíamos, y continuamos adelante con esa cercanía
-¿Y cuándo fue eso?
-Septiembre- Regina dudó en hablar. Conocía muy bien a su progenitora para saber a dónde quería llegar con eso
-Interesante. El mismo mes en que te inventaste en que querías el divorcio.
-Mamá…- Cora levantó la mano y la interrumpió
-¿Sabe, señorita Swan? Regina siempre detestó mis reglas y todo lo que yo le imponía, pero seguía todo a rajatabla. O al menos casi todo. La crié con todo lo mejor y veo que eso tuvo un buen resultado. Soy plenamente consciente de que las dos creen que quiero participar demasiado en sus vidas, pero cuando se es madre, aquel tópico de instinto materno de verdad existe, y todo lo que quiero es que ambas estén bien- las tres asistían al monólogo controlando incluso la respiración para que absolutamente nada la interrumpiera, y con todas inertes y concentradas en lo que la más vieja decía, Cora miraba directamente a los únicos ojos verdes que allí había –Cuando Robin me buscó diciéndome que Regina llegaba tarde del trabajo, que ella lo evitaba, imaginé que estaba teniendo una aventura con otra persona, eso me causó tanta ira que la consideré irreversible. Esa decisión de ella era como si estuviera despreciando todo lo que le había dado, todo lo que le había enseñado en más de treinta años. Me sentí como si la fase rebelde de la adolescencia le estuviera dando ahora, solo que peor, y todo empeoró cuando supe lo de usted.
-Mamá, ¿no estás llevando esto demasiado lejos?- Zelena murmuró a su lado
-Fue un impacto, señorita Swan- continuó sin importarle el comentario de su hija mayor –Nunca en mi vida imaginé que mi hija, mi Regina, pudiera tener relaciones con una mujer. Me cegué de odio al ver que estaba rompiendo una regla más que yo había creado. Todas mis reglas tenían que ver con lo que nadie podría juzgar, pues yo quería dos hijas que fueran bien vistas de cara para afuera. La noche en que discutimos porque descubrí esta relación, ella me dijo palabras que dolieron y me hicieron perder la compostura. Si un día usted llega a ser madre, lo último que querría escuchar es que está desempeñando mal su papel.
Zelena se levantó de la mesa al ver entrar a August en la casa. El clima no era de los mejores y no era momento para cargarlo más.
-Otra cosa que jamás imaginé fue que una de mis hijas me enseñara algo, o mejor dicho, me diera una lección de moral, y cuando Regina salió de mi casa, fue eso exactamente lo que Zelena hizo. Espero que Regina siempre le esté agradecida a su hermana, porque a partir de aquel momento en que Zelena me obligó a sentarme y escuchar, pude darme cuenta que estaba perdiendo uno de los bienes más preciados que tengo, y me dolería tremendamente tener que vivir sin mi hija. Entendí que ya no podía controlar todas sus acciones. Imagino que usted también la considera una mujer increíble de la que se enorgullece- por primera vez, Emma desvió sus ojos de Cora y miró a Regina que agarraba su mano sobre su pierna. Los ojos de la morena estaban húmedos y un esbozo de sonrisa se formaba en el canto de sus labios –Ahora solo quiero que Regina sea ella misma y no lo que yo quiero que ella sea. Pude educarla, tuve el privilegio de haberla criado y debería haberme dado cuenta de que hace mucho tiempo que dejé de ser quien tomaba las decisiones que le hacían bien- respiró hondo antes de continuar –Si usted la hace feliz, nunca será un problema para mí. Ahora usted forma parte de lo que mi hija es, y yo la amo independientemente de lo mucho que me he equivocado con ella. Sé que me he merecido este alejamiento que ha habido y lo necesité, no fue fácil entender todo esto, sin embargo he querido ir contra mis propias reglas por ella, solo para poder ver de cerca su felicidad-respiró hondo una vez más –Me sentiré honrada en tenerla a usted definitivamente en mi familia, señorita Swan.
-Y yo me sentiré honrada en formar parte de su familia, señora Mills- Emma respondió aún medio atónita. Cada palabra que había escuchado parecía repetirse en su cabeza.
-Sin el señora- Cora finalmente mostró que era capaz de sonreír
-Sin el señorita- sonrió de vuelta
-¡Mi casa no se va a incendiar!- comentó Zelena eufórica al lado de August, a quien Zelena le había impedido acercarse a las tres.
-No es que tengamos que tocar ese tema, pero Emma no fue el motivo de mi separación. Habría sucedido tarde o temprano, con o sin Emma en mi vida. ¿Entendido, Cora?
-¡Muy bien! Un motivo más para que esta relación me agrade.
Regina tardó unos minutos en digerir todo lo que la madre había dicho. Su madre había cedido. Cora realmente había hecho lo que Zelena le había dicho. Quería cambiar, quería entender, y verdaderamente lo ha hecho. Todo el peso que llevaba en sus hombros fue retirado. Parecía que todo, absolutamente todo a su alrededor, tenía mucha más armonía. Por primera vez en mucho tiempo se sintió amada por quien debería sentir por ella amor incondicional.
Aparentemente había conseguido la familia bien estructurada que deseaba.
En los minutos que sucedieron, Emma fue presentada a August, el cuarto integrante de la familia en la que había sido integrada. Su satisfacción por estar ahí era notoria debido a las sonrisas que daba y a la que daban los demás; a las palabras y sencillos gestos que demostraban afecto hacia Regina y su manera más leve y relajada de interactuar, que era totalmente diferente a como estaba antes de que Cora hiciera su discurso.
Discurso que había sido esencial.
Los meses que Regina estuvo lejos de su madre produjeron la misma sensación que siempre que discutían cuando se encontraban: dolor, sin embargo su orgullo lo maquillaba muy bien. En cambio con Emma era enteramente transparente, por más que negara que no echaba de menos la presencia materna, la rubia sabía que no era eso lo que pasaba en su interior. Escuchar todas aquellas palabras significó arrancarse un peso de encima al igual que para Regina, no con la misma intensidad por ser por cuestiones diferentes, sin embargo podía ver lo bien que estaba la morena con ello, y su estado de espíritu se reflejaba en el de la otra.
Complicidad y empatía.
-¿Las dejaste a las dos solas?- preguntó Regina a Zelena que entró en la cocina llevando lo que había quedado en la mesa.
-Se llevan bien- Zelena sonrió
-Esto es tan…extraño
-Es extraño, pero es genial. Sé que estás feliz con ello
-Mucho, y te lo debo a ti- sonrió
-Sí, me lo debes- su sonrisa presuntuosa hizo que Regina deshiciera la suya-Podría haber pasado antes si no fueras tan orgullosa, a veces.
-Ha sido en el momento oportuno.
Volvieron a la sala, donde Emma y Cora estaban sentadas lado a lado conversando. Regina no pudo evitar sonreír al ver cómo la rubia hablaba y sonreía al mismo tiempo, y su madre la miraba con total atención.
-Tu madre investigó sobre mí, sabe cosas de mi vida que ni yo recordaba- dijo Emma al entrar en el coche –Y lo mejor fue la manera natural en como habló.
-¿Por qué será que no me sorprende?
-Juré que hoy sería mi muerte, primero por ti y después por tu madre. Estoy satisfecha por estar viva y con todos mis miembros intactos.
-Y yo estoy satisfecha en ver que congeniasteis.
-Es divertida
-Creo que empiezo a pensar lo mismo-sonrió
-La Ley de Murphy, esta vez, no tenía razón
-Me adelanté al decirlo
-Es bonito ver esa felicidad presente en tu rostro- dijo con una sonrisa mientras sus dedos acariciaban el rostro de Regina.
-¿Sabes quién es la culpable por la mayor parte de ella, verdad?
Sin responder, Emma se inclinó al mismo tiempo que su mano en la nuca de Regina la atrajo más hacia ella. Había cosas que no necesitaban ser dichas, que eran suplidas de otras maneras, como con besos que siempre parecían ser los primeros que se daban y sustituían muy bien a las palabras. Aunque ya estaban muy acostumbradas la una con la otra, las placenteras sensaciones nunca terminaban.
-Arranca este coche, hay asuntos inacabados que tiene que ser resueltos- Emma volvió a colocarse bien en el asiento, mantenía sus ojos cerrados e intentaba controlar su respiración que casi se había consumido debido a la intensidad del beso.
Edward Murphy se equivocaba en parte al decir que si algo puede salir mal, saldría.
-Quiero que salga bien, Em, ahora es tarde para poder dar marcha atrás
-Haremos que salga bien.
Había dos pruebas vivientes de que si algo puede salir bien, saldría.
