¡Hola a todos! ¿Cómo han estado? Espero que bien. Tengo que admitir que me he tardado un poquito bastante en actualizar este fic. Sucedió que no me sentía del todo inspirada y prefería no escribirlo. Necesitaba encontrar la inspiración suficiente para que no quede falso y forzado. Espero que me disculpen.

Quería agradecerles los comentarios a Mara1451, a Mizusu93, a edpol, a Solitario196 y a Annimo.

Sin más que decir, aquí se los dejo.


Estacionaron la camioneta en pequeño descampado, cerca de uno de los tantos parques nacionales que englobaba el territorio de Japón. La humedad del ambiente hacia que las prendas se pegaran al cuerpo, pero la refrescante sensación de las gotas golpeando contra la pie, eran única. Pasaron lo que quedaba del día, cavando en un predio llano que habían logrado dar, hasta que el agujero fue lo suficientemente grande como para enterrar un cuerpo humano.

Luffy tuvo que despedirse de él, pese a que no quería. Todavía recordaba lo que había sido perder un hermano, pero cuando uno veía lo que pasaba delante de sus ojos y tenía que lidiar con el cuerpo, lo hacía más intolerable. Más real. Zoro y Sanji comenzaron a tapar la tumba y fue ese día, la última vez que vio su rostro. Bajó la mirada y aguantó todas las ganas que tenía de gritar, romper y acabar con todas esas asquerosas cosas que había alrededor. La extraña sensación de culpa e injusticia que se acrecentaba con cada segundos, le estaba nublando los ojos. Le estaba engañando los sentidos.

Cuando el piso volvió a ser regular, todos abandonaron el área. Menos él. Sabía que el sol estaba cayendo y sabía que era en esos momentos cuando los sentidos de aquellas bestias se volvían más agudos, pero... él quería quedarse un rato más. Kaya y Vivi habían buscado ramas delgadas, y habían realizado una cruz para clavar en el exacto lugar. Y ahora que lo veía desde una perspectiva más solitaria, sentía mucha más pena.

¿Cuán solo estaba? Los dos hermanos que habían sido su guía toda la vida ya no estaban. ¿De quién iba a seguir los pasos? ¿A quién iba a admirar? Soltó un bufido y se llevó la mano a los cabellos. Estaba empapado, por lo que las pequeñas lágrimas que comenzaron a deslizarse por su rostro, no se notaban. Sintió que alguien caminaba cerca suyo pero no le importaba. ¿Un zombi? ¿Un humano? ¿Alguno de sus amigos? No le importaba demasiado. Cuando notó que una mano se deslizaba por su brazo y lo agarraba con fuerza, sintió ese calor que tanto estaba añorando. Al voltear la divisó de pie, junto a él. La pelinaranja también tenía la mirada gacha y sabía que, pese a conocerse desde hacia muy poco tiempo, también estaba apenada por lo sucedido. De hecho, todos los estaban. Era increíble como en tan poco se habían vuelto tan unidos. Era obvio que las situaciones extremas hacen que las personas se unan más. Y estaba comprobado por ellos mismos. Vieron un gran destello brillar por los cielos, y al poco tiempo le siguió un fuerte gruñido. El cielo estaba igual de enojado que él.

- ¿Quieres ir a dar una vuelta? - Preguntó la pelinaranja.

Él asintió con la cabeza. Sabía que no era lo mejor. Además de alertar a los muertos vivientes, la noche limitaba sus sentidos. Y eso podía ser peligroso. Pero no le importó. Apretó su mano con fuerza y comenzaron a caminar por el extraño predio. Los caminos se abrieron por el bosque y mientras avanzaban, el sol se ocultaba. De todas maneras, sabían que el Sunny no se movería de donde estaba. Habían decidido reposar hasta el día siguiente, viajar de noche era igual de peligro que vagar por un bosque.

Luego de varios minutos de caminata, lograron dar con una pequeña casa que yacían en medio de la nada. La cabaña de un solo piso, era la típica casa japonesa. Poseía unos pasillos externos de madera que bordeaban toda la construcción y varias puertas corredizas que te transportaban a los pequeños cuartos de alfombra blanca. Se acercaron de manera sigilosa. Los paneles de tela que caracterizaban las puertas, estaban algo desgatados y en algunos casos, ya habían agujeros. Subieron los peldaños de la casa con sumo cuidado, esperando que ninguna de esas cosas se encontraran allí. El morocho abrió la puerta con sumo cuidado y asomó su rostro. Nada. La habitación parecía estar impecable. El suelo estaba blanco y los pocos muebles apenas tenían una capa de polvo. Quien estuviese viviendo allí, había estado hace muy poco.

Ingresaron justo cuando los últimas rayo de sol, se escondían en el oeste y cerraron la puerta para que ninguna de esas cosas supiera que estaban allí. Y luego de notar que en el centro de la habitación había un pequeño agujero para iniciar una fogata, tomar los objetos de madera que yacían en la habitación y encendieron el fuego para poder calentar sus cuerpos. Estaban completamente empapados y el frío de la noche, podría lograr que un resfriado los azotara. Claro que algo tan insignificante no podía matarlos, pero tenían que evitar cualquier tipo de enfermedad. Al menos hasta llegar a Maizuru.

Se quitaron las prendas húmedas, dejándose solamente la ropa más íntima, y se sentaron frente al pequeño fogón que habían logrado hacer. El morocho bajó la mirada y la deposito en el fuego que ardía sobre las secas maderas. Pensar que siempre había visto a su hermano mayor como una llamarada de fuego. Temperamental, capaz de cualquier cosa, difícil de extinguir y noble al mismo tiempo. Pero su llama había sido apagada repentinamente y sin poder evitarlo. Soltó un suspiro y se llevó la mano a su nariz. Todavía dolía pero no era nada comparado al duelo que estaba experimentando.

La noche se había vuelto más cerrada y la tormenta no dejaba de agitar las copas de los árboles. El sonido de las gigantescas gotas de agua, golpeando contra el techo de madera y tejas, hacia un extraño sonido agradable, pero fuera sabía que el viento estaba furioso. La pelinaranja alzó la mirada hacia el techo al oír que un extraño sonido sacudía la pequeña habitación en la que se encontraban. Pero al notar que solo se trataba de una rama golpeando, la bajó lentamente y la depositó sobre su compañero. Y sintió pena por él.

Ella había perdido a su madre, hacía mucho tiempo. Pero nada podía compararse a la extraña y explicita muerte del morocho mayor. Todo había sucedido tan rápido, que hasta parecía salido de una película de terror. Todo había sido muy gráfico. La manera en que había apoyado el cañón sobre su cabeza, había sido tan valiente como para disparar sobre su propio cuerpo. Algo que muy poca gente se animaba a realizar. Y sabía perfectamente que a Luffy le había dolido la decisión que su hermano había tomado. Había preferido sacrificar su vida en pos de él, de ellos.

- Déjame... - Se puso de pie y dio pequeños pasos hasta situarse junto a él.

La pelinaranja contempló su nariz y mordió su labio inferior. El golpe había sido fuerte, pero la sangre había comenzado a coagular y ahora solamente se notaba un manchón bordo. Volteó hacia la ropa y luego de verificar que el extremo inferior de su remera estuviera limpio, lo pasó por le herida.

- Vas a estar bien - Lo que más le dolía era su silencio.

Lo miró a los ojos y emitió una pequeña sonrisa. Quería serle de ayuda, pero sabía que estaba pasando por un duelo complicado, doloroso y difícil de superar. Apoyó su remera cerca del fuego y estiró su mano para poder acariciar su mejilla. Estaba helada. Pero sabía que en su interior, el fuego, la ira y la impotencia, ardían sin cesar.

- Vamos a lograrlo, sé que vamos... -

- ¿Cómo se supone que voy a guiar a todo un grupo, si ni siquiera pude proteger a mi hermanos? - Preguntó antes de que siguiera hablando - ¿Cómo voy a protegerlos? -

- Sé que lo harás, eres fuerte, y tu hermano sabía eso, por eso tuvo la tranquilidad de dejar este mundo - Murmuró mientras desviaba la mirada - Él confiaba en ti, más que en nadie - Tomó su rostro con ambas manos y le dio un diminuto beso en los labios - Y sé que nos llevarás a Maizuru, sanos y salvos -

Cuando la mujer estuvo a punto de soltarlo, apoyó su mano sobre las de ella. Y la retuvo en sus mejillas. Por alguna extraña razón, volvió atrás en el tiempo. A ese momento donde todo estaba bien, a ese momento donde el refugio de Osaka había servido como tal, donde habían podido recuperarse y donde se habían permitido soñar. Jamás se había dado cuenta de los sentimientos que podía llegar a desarrollar por una mujer. Nunca había sentido interés... Pero cuando por fin los había descubierto, había querido indagar en sus sentimientos.

No tenía mucha idea de lo que estaba haciendo, pero cuando arrimó sus labios a la boca de la pelinaranja, sintió que era mero instinto el tener que tomarla por los cabellos y apretarla con fuerza. En su interior comenzó a latir su corazón con fuerza, y poco a poco, su piel fue entrando en calor. Y tenía la sensación que no se trataba de la emisión del fuego, sino de otro tipo de calor. Algo que jamás había experimentado en su vida. Algo que lo hacía sentir curioso, que no podía dominar. Algo en lo más profundo de su cuerpo.

Su atención se desvió ha su cuello, era como si se tratara de un hambre ficticia. Algo que quería probar pero no devorar. Cuando notó que su frágil cuerpo se echaba hacia atrás, caminó a su ritmo, ella se dejó caer sobre su espalda y él, la contempló desde su altura. Le quitó los anaranjados cabellos que se habían filtrado sobre su rostro. Y la contempló con una extraña seriedad. Y esta vez, fue él quien acarició su mejilla. Deslizó su mano por el centro de su cuerpo y se acercó lentamente para poder volver a besarla. Se concentró en su hombro derecho.

- Te amo... - La oyó susurrar - Demasiado... -

Y él también lo hacía. Estaba muy seguro de eso. Bajó por su cuerpo y lentamente le quitó sostén lo mejor que pudo, dado a que no tenía la menor idea de como se usaba eso. Y cuando logró deshacerse de la extraña prenda, poseyó su cuerpo con su boca. La escuchó suspirar y, eso aumentó la velocidad de su respiración. No terminaba de entender que era aquel extraño cosquilleo que sentían en su pecho, pero le agradaba.

- Espera, espera, espera - Las suaves manos de la mujer lo quitaron de su trabajo, y no pudo hacer otra cosa más que contemplarla - ¿Alguna vez has...? -

- ¿He qué? - Su expresión era una mezcla entre curiosidad y seriedad. Tal y como si no tuviera la más mínima idea de lo que ella había intentando decir.

Nami desvió la mirada avergonzada. Había olvidado por completo que el morocho apenas había dado su primer beso hacía un día. Y por como actuaba frente a mujeres, no debía tener la más mínima idea de lo que estaba preguntando. Soltó un pequeño suspiro y se incorporó para poder mirarlo a la misma altura. Ni siquiera sabía que decir, o como explicar aquella situación. ¿Cómo iba a describir lo que solía pasar cuando dos adultos estaban en una situación como esa? Era algo que la avergonzaba.

Contempló que pese a la ignorancia del tema por parte del joven, su cuerpo estaba levemente sudado y sus mejillas apenas coloradas. Era como si su cuerpo, si supiera lo que estaba ocurriendo. Pero no su mente. Soltó´una pequeña sonrisa al pensarlo de esa manera. Apoyó una mano en su pecho y lo tiró hacia atrás, dejó que él fuera quien se reposara en el suelo. Tenía que ser sincera con ella misma, tampoco tenía mucha idea de lo que estaban a punto de hacer. Jamás había tenido la oportunidad de experimentarlo, pero... Tenía una vaga idea de como se hacía, al diferencia de Luffy.

Respiró profundamente e intentó no parecer tan inmadura cuando tomó la ropa interior del joven y la sacó. Desvió la mirada y quiso esconder el rubor bajo la luz rojiza que emitía el fuego. Pero sabía que no podía. Volvió a tomar aire y quitó su propia ropa. Pese a sentir la vergüenza trepando por su espalda, sabía que estaba preparada. Sabía que en una situación como esa, no había nada que perder. Se arrimó al cuerpo del hombre y se dejó llevar por la situación.

(...)

Cuando Nami abrió los ojos, notó que un pequeño hilo de sol, ingresaba por una diminuta abertura en la tela que cubría la puerta. Giró su rostro hacia la izquierda y divisó al morocho quien yacía recostado boca arriba. Soltó una sonrisa al oír un pequeño ronquido. Se enderezó y notó que el fuego se había consumido por sí solo, y por suerte, la ropa ya estaba seca. Se puso de pie y se vistió rápidamente. El sol había salido, la tormenta había desaparecido y estaba segura que su hermana estaría muy preocupada. Se había escabullido en la tarde y no habían aparecido en toda la noche. Era motivo para inquietarse. Y no quería que su hermana sufriera un colapso mental, suficiente había sido con perder al hombre que amaba el día anterior.

Una vez lista, se acercó al morocho y lo agitó con suavidad.

- ¿Mhh? -

- Tenemos que irnos, rápido - Sonrió y le sacudió los cabellos con suavidad - Tenemos que llegar a Maizuru cuanto antes -

Luffy se puso de pie y soltó un gran bostezo. Caminó hasta su ropa mientras se rascaba la nuca. Estaba despierto, pero su mente seguía igual de adormilada. Se vistió rápidamente y cuando volteó, la puerta ya estaba abierta. Posó sus oscuros ojos en la mujer y se arrimó a ella.

La tormenta había dejado un caos. Las hojas de los árboles yacían desparramadas en el suelo. La tierra se había transformado en barro. Incluso había varias ramas tiradas en los suelos. Sin lugar a dudas había sido una tormenta desmesurada, que había dejado un gran desorden. Pero ellos ni siquiera habían notado su crudeza. Soltó una amplia sonrisa y la tomó de la mano. La caminata sería dura, pero ellos iban a superarlo. Tal y como lo habían hecho, una y otra y otra vez.

(...)

Vivi los vio llegar caminando, iban tomados de la mano y pese que habían desaparecido por toda una noche, no parecían estar heridos ni asustados. Se giró sobre su propio eje y luego de asomar su rostro por el agujero que conectaba con la planta baja del Sunny, exclamó:

- ¡Ya regresaron! -

Nojiko fue la primera en abrir la puerta y salir dispara hacia afuera. Corrió por el fango hasta llegar a su pequeña hermana y la abrazó con fuerza.

- ¡¿Dónde demonios estaban?! - Sollozó sin soltarla.

- Fuimos a dar una caminata, lo necesitaba - Desvió la mirada hacia el morocho - Se hizo de noche y preferimos esperar que la tormenta pasara -

- ¡Me alegro que estén súper bien! - Franky bajó del Sunny y soltó una sonrisa.

- Deben tener hambre, hice el desayuno - Sanji se asomó por una de las diminutas ventanillas y sonrió.

Cuando todos se encontraron dentro, Zoro se limitó a cerrar la puerta de un golpe, captando la atención de todo el grupo.

- ¿Cuál es el plan? - Preguntó serio.

- ¿Cómo que cuál es el plan? - Nami, quien se había sentado en uno de los sillones, se puso de pie - ¡Ir a Maizuru! -

- ¿Y quién va a guiarnos? - Insistió sin quitar el ceño fruncido.

- Es muy pronto para pensar en eso, además... - Usopp clavó sus ojos en Luffy.

- Necesitamos tener a alguien que cargue con la responsabilidad - Lo interrumpió el peliverde, contempló a Luffy pero éste seguía con la mirada perdida en el suelo - Así como Ace nos guió hasta aquí, necesitamos llegar a Maizuru con vida. Y no se va a poder si no tenernos un líder -

- ¡Zoro! - Vivi soltó un gran bufido.

- No... - Sanji se secó las manos con un trapo y luego de apoyarlo en la encimera, soltó un pequeño suspiro - Odio admitirlo, pero tiene razón -

- Si no tenemos un orden, jamás lo haremos - Su voz se fue elevando a medida que hablaba - Y si no estás listo para esto, más vale que lo digas ahora - Era claro que le hablaba al morocho - Este es el momento para hablar - Apretó los puños con fuerza - Porque todos confiamos en ti -

La dura mirada del morocho se alzó y se posó en la del peliverde. Su respiración era lenta y a simple vista, se notaba que era profunda. Tal y como si intentara retener algo en su interior. Su hermano le había confiado el grupo a él. Nami le había dicho que confiaba en él. Sus compañeros estaban diciendo que confiaban en él. Y él era el único que no confiaba en sí mismo. Paseó la mirada por todos los presentes. Y podía leer en sus ojos que ellos lo elegían como próximo líder, pero... ¿Acaso estaba preparado? Se detuvo en la mirada de la pelinaranja y supo que quería luchar por ella. Por todos ellos.

- Puedo hacerlo -

- Bien, con eso me basta - Zoro pegó media vuelta y se dejó caer en uno de los asientos del copiloto. Y cerró sus ojos.

La tensión se desajustó pero el silencio siguió presente.

- Creo que deberíamos partir ahora - Murmuró Robin y cerró el libro que había estado leyendo desde que había abierto los ojos.

- Si, vamos - Nami se aproximó junto con Franky al frente del Sunny.

Y cuando el motor se encendió, todos notaron aquella extraña sensación. Maizuru estaba a pocos kilómetros de allí. Y no tardarían tanto en llegar. Era un sentimiento extraño, una mezcla entre emoción, duda y expectativa. Maizuru podía ser el refugio esperado, una base militar repleta de fuerzas humanas, materiales y alimento. O también podía ser Osaka. Una viva réplica de lo que habían encontrado al llegar a uno de los refugios más importantes durante los primeros meses de enfermedad. Habían perdido mucho en llegar hasta allí y sabían que sería decepcionante el no encontrar nada más que un edificio abandonado, pero... ¿Qué otro camino había? Maizuru era lo único que mantenía sus frágiles esperanzas, y por esa misma razón, iban a dar todo por llegar.

(...)

Maizuru era una ciudad pequeña. No podía comprarse a Osaka o a Tokio. Pero aún así, la basura tirada sobre las calles y el caos que había dejado la avalancha de refugiados que habían llegado para ingresar en la base militar. En la calle había autos, cuerpos, objetos tirados de todo tipo. Pero más allá de los edificios y las casas abandonadas, los semáforos oxidados y los vehículos abandonados, siguiendo por el camino recto de aquella calle de Maizuru, se alzaba impotente una gran estructura sólida.

Los ojos de todos los presentes se situaron sobre esa estructura que se alzaba sobre los árboles, la viviendas y los edificios. Y por el tono de las sombras, supieron que no se encontraban tan lejos como creían. Ese era el refugio de Maizuru. Y era completamente diferente al de Osaka. Esta vez, la estructura recordaba al antiguo Japón. Sus altos paredones sostenían una casa feudal japonesa del tamaño de un gran castillo oriental. Quedaron completamente boquiabiertos. Jamás habían oído que Maizuru tuviera semejante infraestructura, por lo que posiblemente la habían construido a modo de refugio.

Nami soltó un suspiro sordo. Había logrado alcanzar la meta. Estaban a pocos minutos de arribas, solo tenía que... Bajó la mirada sobre el pavimento y distinguió que sobre éste había una gran abertura que dividía el norte y el sur de la ciudad. La calle había cedido y el suelo se había partido a la mitad, dejando una gran grieta. Al notar que el Sunny no se detenía, volteó hacia el conductor.

- ¡Fraky! ¡Adelante! ¡Detente! -

Pero fue demasiado tarde. Cuando el peliceleste logró reaccionar, lo único que pudo hacer fue doblar a la derecha. Pero nada bastó que el impulso que el Sunny había tomado con las horas, continuara hacia delante. Las ruedas del margen derecho no pudieron mantenerse sobre el cemento, y el vehículo cayó de costado sobre la raja.

El movimiento que los sacudió los dejó a todos sin aliento. Algunos cayeron sobre la cocina, otros lograron sostenerse de algún mueble fijo, pero la gran mayoría sufrió algún que otro golpe. Nami abrió sus ojos luego de que un profundo dolor se expandiera por su mejilla. Y el corazón se le detuvo. El vidrio había amortiguado su caída y frente a sus ojos se alzaba la nada misma. El agujero negro que amenazaba con tragarlos parecía no tener fin. Se alejó del cristal lentamente, rogando porque la estructura no cediera.

- ¿Están todos bien? - Se oyó la voz de Sanji. El rubio había caído sobre el mueble principal de la diminuta cocina, pero casi no se había golpeado.

Las diferentes voces comenzaron a sonar. Algunas se quejaban de dolor, otras pedían ayuda y otras simplemente decían que se encontraban bien. Pero ella no pudo reconocer las voces. Estaba demasiado concentrada en el extraño movimiento que estaba haciendo el Sunny. Al parecer habían quedado trabados. La abertura no había sido lo suficiente grande como para tragar el vehículo entero, pero... La chapa comenzaba a abollarse, y el escaso cemento que servía de sostén, se desmoronaba poco a poco.

- ¡No se muevan! - Exclamó y sintió como el corazón escalaba por su garganta - Tenemos que salir de aquí, ahora -

El movimientos comenzó a hacerse más notorio, y el pánico comenzó a cundir entre los presentes. Si caían a esa fosa. ¿Cómo demonios iban a salir? Si sobrevivían al impacto, estarían heridos, sin provisiones suficiente, sin agua suficiente y sin ninguna manera de emerger. Ni siquiera tendrían sol suficiente. Luffy alzó la mirada. Y notó la pequeña ventana que daba al cielo. Pudo ver la punta de los pequeños edificios y las copas de los árboles. No había otra manera. Tenían que salir por el lado izquierdo.

- Por aquí, rápido -

Utilizó toda la fuerza de sus brazos para escalar por la mesada y abrir el delgado cristal. Apenas podían pasar medio torso. Frustrado por no poder deslizar el vidrio aun más, les pidió a todos los presentes que se hiciera aun lado. Si no podía hacerlo de manera pacifica lo rompería. Tomó su arma y golpeó el cristal cuantas veces hizo falta para que éste se hiciera cientos de pedazos. Y cuando comenzó a caer sobre el lado derecho, que ahora actuaba como suelo, sonrió. Con el extremo de su arma, removió los bordes filosos de la ventanilla y se dignó a salir. Nami tenía razón, la orilla que los sostenía desistirían en cualquier momento y el Sunny dejaría el mundo de la luz para siempre. Si no salían antes, estaban perdidos.

- ¡Vamos! - Exclamó.

Salieron uno a uno. Y él ayudó en todo lo posible. Él era el líder que habían elegido, él era la persona en la que su hermano había confiado para guiar al grupo. Y mantendría a todos a salvo, ni importaba que. Las damas fueron las primeras en abandonar el Sunny, por orden del cocinero. Y a medida que los cuerpos humanos abandonaban su jaula, se desplazaban con sumo cuidado a tierra firme. La primera fue Kaya, seguido de Robin. Más tarde Vivi logró escapar. Siguió Nami y luego su hermana, Nojiko. A los segundos, los hombres ya estaban evacuando el coche. Usopp, Franky y Zoro fueron los primeros, y Sanji quedó para el final. Cuando el morocho tiró del brazo del rubio, sintió un extraño desplazamiento.

- ¡Rápido! - Oyó a sus espaldas - ¡Va a caer! -

Maldición. Utilizó sus dos manos y jaló del brazo del hombre, se puso de pie mientras tiraba y de esa manera lograron sacarlo de allí. Contempló a Sanji con el ceño fruncido y comenzaron a correr hacia el área segura, pero cuando todo comenzó a desmoronarse, tuvieron que saltar. Ambos cayeron con el torso sobre el cemento, sin embargo, podían sentir sus piernas flotando en el abismo.

- Agárrenlos -

El morocho sintió las grandes manos de Fanky junto con las delgadas manos de Kaya. Y con la ayuda de ambos, logró mantenerse firme y escalar hasta la seguridad de la vía. Con el corazón latiendo a toda velocidad y sus pulmones engullendo aire desesperadamente, volteó hacia su compañero. Sanji también había logrado escalar con ayuda de Zoro y Robin. Y todos estaban a salvo. Tenía que relajarse, la adrenalina que había trepado por su pecho se había transformado en un factor de desventaja. Estaba alterado, confundido y apenas podía pensar con claridad.

- Maldición - Murmuró Vivi - ¡Quedamos del otro lado! -

Luffy giró hacia la gran base de Maizuru. Habían escapado hacia el lado contrario y ahora, tendrían que desviarse para poder llegar. Soltó un bufido. Las cosas no iban a ser tan fáciles como esperaba. Siempre había tenido la impresión de que, una vez en Maizuru, nada sucedería. Al parecer Dios no les iba a dejar jugar una buena llegada.

- Ese no es el mayor problema... -

La voz de Usopp los alertó. Todos voltearon hacia sus espaldas, algo que había dejado al descubierto. Los zombis caminaban a gran velocidad, siguiendo sus voces, su olor, su carne. La estampida que caminaba hacia ellos no parecía detenerse con nada. Y si se mantenían estáticos en ese mismo lugar, serían presa fácil.

- ¡Separense! - Ordenó mientras salía corriendo - ¡El objetivo es Maizuru, los veo allí! - Interceptó a la pelinaranja en medio y la tomó de la mano - Vamos -

(...)

Zoro desvió la mirada hacia la derecha, luego hacia la izquierda. Habían logrado correr lo suficiente como para escapar de aquellas criaturas, pero ahora... No tenía la más mínima idea de donde estaban. ¿Cómo demonios iba a llegar al refugio si ni siquiera era un camino recto? Soltó un bufido y volteó hacia la derecha.

- ¿Estás bien? - Franky se acercó dando pequeños pasos.

- La verdadera pregunta es si ella esta bien - Frunció el ceño y con la mirada señaló a Nojiko.

- Fue un corte pero si no detenía el sangrado, podía desmayarse -

La mujer se encontraba sentada contra una pared llena de moho. El tajo en su frente se había hecho cuando el Sunny había estado a punto de caer. Ella había salido volando y su cabeza se había golpeado contra la mesada de la cocina. Había decidido ignorar el raspón dado a la situación, pero la sangre no había dejado de emanar desde entonces.

- ¿Cómo demonios vamos a llegar? - Preguntó el peliverde.

- No estoy seguro - El peliceleste alzó la mirada.

- Tenemos que seguir por aquí, unas cuadras más y podremos tomar la diagonal hacia el refugio - Susurró Nojiko mientras se ponía de pie - Voy a estar bien, sigamos -

(...)

Usopp cerró la puerta a sus espaldas y comenzó a respirar con fuerza. Pero rápidamente corrió hacia el mueble más cercano y lo deslizó hasta que se encontrara justo delante de la puerta. Más relajado, volteó y posó los ojos en Robin. La morocha contempló las delgadas escaleras que llevaban hacia las habitaciones de la casa.

- ¿Qué es lo que vamos a hacer? - Preguntó el hombre.

- Vamos, tenemos que subir y salir por alguna ventana - Añadió mientras se encaminaba escaleras arriba.

(...)

Sanji decidió aminorar su velocidad para poder correr detrás de Vivi y Kaya. No iba a dejar que esas cosas las alcanzaran a ellas primero, dejar a dos mujeres para que sean devoradas no estaba dentro de su ética. Alzó su mirada y contempló una escalera de metal que conectaba los diferentes pisos del pequeño edificio, desde afuera.

- ¡Allí! - Les dijo mientras se desviaba - ¡Rápido! ¡Suban! -

Vivi comenzó a trepar, luego fue el turno de Kaya. Él esperó que ambas estuvieran lo suficiente arriba como para no generar el suficiente peso que lograra que cediera la escalera. Y cuando vio que las mujeres se hacían cada vez más pequeñas, comenzó a subir. Utilizó las fuerza de sus brazos para trepar, pero cuando estuvo a punto de pisar el primer barrote de hierro, algo agarró su pierna, con fuerza.

- ¡Maldición! - Exclamó al mirar hacia abajo y divisar la mano deformada de un zombi.

- ¡Sanji! - Gritaron las mujeres al unísono.

El rubio sacudió su pie varias veces mientras intentaba desligarse de esa cosa. Se sostuvo lo mejor que pudo y utilizó su pie libre para golpear el rostro del muerto. Cuando éste cayó, pudo continuar subiendo. Sin embargo, su corazón no dejó de latir hasta que arribó al techo del edificio.

(...)

Luffy y Nami habían optado por una delgada calle que se abría a su derecha. Al parecer, y por lo extraño que parecía, apenas había muertos vivientes vagando por esa cuadra. No sabían hacia donde se estaban dirigiendo el resto de sus amigos, solamente tenían la único esperanza de la confianza. Confiar en ellos y fiarse de que iban a llegar sanos y salvos al refugio.

- Tenemos que seguir por esta calle y... - La pelinaranja soltó un grito cuando cayó al suelo.

El morocho detuvo su marcha y volteó sorprendido. El pie de la mujer había sido agarrado por una de esas cosas que yacía casi aplastado en el pavimento. Ni siquiera podía reconocer cuando terminaba el cemento y cuando comenzaban las tripas del zombi.

- ¡Cuidado! - Al voltear supo que había caído en una vieja trampa.

No creía que los muertos vivos pudieran pensar demasiado por sí solos, y mucho menos creía que podían formar comunidades, planes y estrategias. Si fuese así, estaba seguro que nadie sobreviviría. Pero aquella era algo completamente increíble. La primera vez que había tomado esa calle, parecía tan vacía como el agujero donde había caído el Sunny, pero ahora... Había aparecido decenas de muertos, y ni siquiera sabía de donde salían. Sacó un delgado cuchillo que cargaba en su cintura y lo clavó en los sesos de aquel bicho.

Otro grito de la pelinaranja lo dejó sin habla. Se giró sobre su propio eje y notó que un zombi tullido, estaba a punto de morder su cuello. Salió disparado justo cuando la cosa, abría su boca. Y sabía perfectamente que pese a la fuerza que realizaba la joven, jamás podía detenerlo. Fue entonces cuando tomó una decisiones más radicales. Estiró su brazo lo más que pudo y dejó que aquellos oscuros dientes, mordieran su carne. Esta vez fue él quien emitió un grito, pero no de pavor, sino de dolor. Utilizó la fuerza de ese brazo para alejar al muerto del cuerpo de la pelinaranja y luego de clavar el cuchillo en su rostro, corrió hasta la cosas que apresaba a la mujer y la liberó.

- ¡Rápido! ¡Vamos! -

Una vez más, la tomó de la mano y la ayudó a ponerse de pie. Y salieron disparados, corrieron entre la amenaza hasta poder refugiarse dentro de una pequeña casa. Luffy cerró la puerta a sus espaldas y apoyó su cuerpo para evitar que aquellas cosas ingresaran. Nami se acercó a él y colocó las trabas que habían colocado los dueños de la casa hacia tiempo atrás. Fue en ese momento cuando pudieron engullir grandes cantidades de aire. La mujer alzó la mirada y con los ojos bien abiertos, examinó la herida del hombre.

¡Había sido mordido, había sido mordido gracias a ella! Los ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, al mismo tiempo que sentía que su corazón se partía en mil pedazos. Él había sido mordido y quien sabía en cuanto tiempo se transformaría.


Esto ha sido todo por el momento, espero que les haya gustado. Estaré ansiosa por leer sus comentarios, criticas, opiniones acerca del capitulo. Intentaré actualizar lo más pronto posible, pero ayer he comenzado con el tercer año de universidad y quizás me robe bastante tiempo. Aun así intentaré hacerlo lo antes posible.

¡Nos leemos!