Momento de un nuevo capítulo, así que vamos a ello. Ni Lucky Star ni Heavy Rain me pertenecen, pero eso ya lo saben todos ustedes.
Ya el auto estaba en posición, y Kagami estaba pendiente de su reloj, esperando los pocos minutos que faltaban para que fueran las ocho de la mañana. También tenía la mirada puesta en la calle, alerta ante el paso de cualquier vehículo sospechoso por la zona, si bien la lluvia era tan intensa que no permitía ver muy lejos.
Pero estaba convencida de que en cualquier momento podría identificar al objetivo, y sus manos permanecen firmemente sujetas al volante, esperando en silencio e ignorando todo lo demás.
De vez en cuando terminaba por pensar en Tsukasa y en todo el tiempo que Kagami había perdido a su lado por estar inmersa en su tristeza y depresión. No había tomado en cuenta el daño que causaba a las personas que la rodeaban al no intentar levantarse del dolor que había resultado. Realmente se arrepentía por su actitud. En parte se sentía culpable por lo que le había pasado a Tsukasa, independientemente de quién demonios sea el asesino fotográfico.
─ Debo ser una pésima onee-chan... Juré que te protegería, pero eso fue en realidad lo que menos hice en todo este tiempo...
En ese momento aparece un furgón que se veía bastante sospechoso. Los datos que habían llegado hasta Kagami señalaban que ese vehículo era el que le podría conducir hasta su objetivo, por lo que deja que se alejara un poco para así empezar a seguirlo de manera sigilosa, procurando no llamar la atención, pues de lo contrario la misión se arruinaría, y para colmo podrían identificarla e intentar asesinarla, cosa que podría no ser muy difícil, puesto que este tipo de mafias cuenta con efectivos contactos y se informan de formas que ella misma no podía imaginar. Debía ir en el más absoluto silencio, convertirse en una mera sombra en medio de aquel lugar tan oscuro y lúgubre para así no ser detectada.
La vida de Tsukasa dependía de ello...
El conductor del furgón no parecía tener ninguna prisa por llegar a su destino, y eso era algo que irritaba bastante a Kagami. Para ella los minutos transcurrían cual si fuesen días. Pero tenía que mantener la compostura si quería evitar que la descubrieran. Lentamente va recorriendo las calles, esperando llegar pronto hasta el escondite de la mafia que le había señalado la voz del GPS. Son varios los minutos que tiene que conducir, esperando que la lluvia no empeore más para no cortar la poca vista que le permitía el parabrisas.
Y pasó casi una hora de silenciosa persecusión antes de que el furgón finalmente llegara al escondite indicado. Kagami se preguntaba si el asesino fotográfico habría estado tan cerca como ella de perder los estribos al seguir aquel vehículo, pero al menos ya sabía dónde tenía que actuar, por lo que lleva el auto a un sitio seguro para aparcarlo. No quería arriesgarse a destruirlo tan pronto, puesto que luego debería afrontar algunas otras pruebas de parte del asesino fotográfico.
Kagami se dirige rápidamente a una entrada abierta que se encontraba al lado y la atraviesa, esperando estar preparada para lo que sea. Pero el lugar tenía unas sorpresas para ella: El almacén en que se encontraba era un auténtico complejo de tráfico de armas y animales exóticos traídos de cualquier latitud. Kagami se sorprende mucho al ver lo que allí se encontraba, además que había al menos una veintena de personas obrando en aquel negocio clandestino. La prueba de pronto parecía ser imposible.
─ ¿Cómo le hago para cumplir la misión y salir de aquí? ─ dice Kagami para sí misma.
Esta vez había dejado el teléfono en la habitación del hotel, por lo que llamar a la policía y denunciar estaba fuera de toda posibilidad, y tampoco tenía idea de cuánto tiempo tendría antes de que las persona que estaban allí lo escondieran todo. Tenía que jugársela allí mismo, en ese mismo momento, por lo que se adentra en el lugar, buscando al jefe de aquella mafia para matarlo. Era la instrucción que había recibido, y por el bien de Tsukasa debía cumplir.
Era algo bastante afortunado que aquellas personas estuvieran tan ocupadas, pues así podría avanzar sin ser descubierta, si bien tenía que ir con bastante sigilo, procurando no llamar la atención, o de otro modo no podría salir viva.
Tenía la pistola consigo. Al menos tendría la capacidad para responder y hacer algunos segundos bastante valiosos si algo salía mal, pero era un riesgo que prefería no correr. Al llegar al fondo de ese almacén ve una escalera que llevaba hasta una oficina que, a juzgar con las ostentaciones visibles en la ventana, debía corresponder al jefe de ese grupo mafioso. Era exactamente lo que Kagami estaba buscando, así que marcha silenciosamente en esa dirección, y así hasta que alcanza la puerta.
─ Muy bien. A partir de aquí debo ser más rápido. Ánimo, Kagami ─ dice Kagami entre susurros.
Lentamente abre la puerta con su mano derecha, y con la izquierda ya tenía la pistola preparada. Ahí estaba el jefe de la banda, y en ese momento estaba solo. Ahora Kagami veía una oportunidad de oro, así que finalmente entra y cierra la puerta, y ante que el hombre volteara Kagami le dispara en la cabeza, matándolo en el acto. Fue rápido y certero, pero Kagami había estado haciendo un esfuerzo con el pulso que nunca antes había tenido que hacer. Le temblaban las manos. Tenía miedo y sentía repugnancia. Nunca antes había matado a alguien, y de golpe entra y lo hace. Mató a un criminal a uno de los peores que pudiese imaginar, pero la horrible sensación resultante no amainaba, y durante unos segundos estuvo luchando contra las ganas de vomitar hasta que finalmente se pudo calmar un poco.
Kagami aprieta con fuerza los dientes y se acerca al cadáver, cerciorándose que había logrado esa parte de la tarea para que así no hiciera nada que obligara a Kagami a cambiar de táctica, y en cuanto lo hace saca nuevamente el GPS y lo activa, esperando saber qué más sigue.
─ Ahora roba el vehículo que tiene el material de contrabando y llévalo a la avenida principal más cercana. Hazlo, y entonces habrás completado la misión.
Ahora Kagami ya tenía más clara la última parte. Iba a ser una labor desagradable y en extremo difícil, pero ya estaba lista para afrontar esa dificultad. Kagami no iba a detenerse. Con tal de rescatar a Tsukasa, estaba dispuesta a atravesar el mismísimo infierno con ese camión que se veía al fondo.
Pero había un problema mucho mayor, y que tenía que pasar por todas aquellas personas para así llegar hasta el camión, y todavía sus problemas no acababan allí. Se escuchan pasos, eran de varias personas, y Kagami se sobresalta al saber lo que eso significaba.
─ Vienen para acá...
CONTINUARÁ...
¿Qué les pareció este capítulo? La siguiente parte no será nada fácil, eso es algo bastante obvio, pero no les voy a adelantar nada al respecto. Mejor esperen al siguiente capítulo y nos vemos.
Hasta otra
