Advertencia: Lenguaje vulgar, escena para mayores de 18 años. Leer bajo su propia responsabilidad.
Capítulo 21
Regalo de cumpleaños
Ya no podía seguir aplazándolo, pero con todos los arreglos que debió fiscalizar para el próximo natalicio del heredero, no tuvo tiempo para hablar antes con el Rey. Ahora más que nunca estaba seguro que el príncipe estaba atraído por la científica, porque su atracción se había dado de forma diferente a las demás era un misterio, creía que iba de la mano con el fuerte carácter del saiyajin y porque ella no era saiyajin. El punto era que había que tomar cartas en el asunto, ella podía resultar dañada o peor, unida al heredero y estaba seguro que el Rey no aceptaría aquello. No sabía a ciencia exacta el motivo por el cual el monarca no aceptaría esa unión, pero su intuición le indicaba que sería de ese modo. No podía atribuirlo al mestizaje, porque si ahora pensaba en una posible alianza con el planeta Hadad era porque lo consideraba como opción.
Saludó al soldado de turno en la puerta sin concentrarse en la identidad de éste en sí, entró al salón de trono donde el Rey revisaba unos documentos. El saiyajin de melena flameada levantó la mirada del documento por un segundo y siguió con su estudio.
—Alteza—empezó diciendo mientras se acercaba—debo hablar con usted.
—Que sea rápido Bardock—murmuró el Rey sin mirarlo— ¿Cómo van los preparativos? ¿Los hadianos ya vienen en camino?
—Si… el Emperador Loih confirmó su asistencia. Los preparativos no han tenido imprevistos y todo va como lo planeado—miró al Rey asentir, carraspeó su garganta y se acercó un poco más al trono—debo contarle algo.
—Anda, suéltalo.
—Es sobre el príncipe y Bulma—notó como el semblante del monarca se ensombrecía, tragó en seco y prefirió hablar rápido—mi hijo Kakaroto vio algo.
— ¿Sigues con eso?—preguntó suspirando—Vegeta no siente nada por ella ¿Crees que no conozco a mi propio hijo?
—No se trata de conocerlo o no—dijo frunciendo el ceño—mi hijo menor los vio a solas en un pasillo, el príncipe estaba muy cerca de ella y—el Rey se puso de pie bruscamente y bajó rápido, asombrando al consejero de banda roja.
—Es la última vez que me hablas de esto, Bardock—sentenció apuntándolo con su dedo índice—ya me harté. Si Vegeta se sintiera atraído por Bulma, ya la habría violado y lo sabes. Tus ideas no tienen argumentos.
—Conoces lo orgulloso que es el príncipe—protestó levantando la voz—es posible que nos haya engañado con su actuar ¡Ni tú mismo lo entiendes a veces! ¿Cómo te niegas a la posibilidad de que nos esté engañando?
— ¡Cuidado como me hablas!—exclamó molesto—no toleraré más esto. Largo—el consejero abrió la boca con sorpresa, segundos más tardes se resignó y lo reverenció y se dio la media vuelta.
Vegeta siempre fue terco. Parecía que cuando se trataba de criticar a su hijo, se volvía impasible y ciego. Él siempre le hacía caso a sus sospechas e intuiciones, estaba seguro que el heredero era el mejor actor del reino. Si el Rey no quería verlo, bien, él había cumplido con intentar hacerlo entender y buscar una solución. Sabía que al final, el Rey le pediría ayuda y aunque le fastidiara, tendría que estar ahí para él. Era su rol después de todo. Lo único que podía hacer era estar atento, le pediría al pequeño de su hijo que los observara, no sabía si podía contar con el mayor, Raditz estaba en una etapa de su vida que todo le era más interesante que la familia o las responsabilidades.
(…)
Se rascó la cabeza angustiada, habían pasado unos días desde el encuentro con el príncipe y no dejaba de pensar en ello. Estaba confundida, sentía que estaba pasando por una tormenta violenta que no tenía fin. Primero lo de su proyecto, luego la maldita resolución de unirla a algún saiyajin y tercero, él. Entre cada problema que pensaba, no sabía cuál era peor que el otro y no lograba encontrar la calma con ninguno de sus pensamientos.
En unos meses cumpliría 17 años, y sentía que tenía problemas de una mujer de 30, y eso no la alentaba en lo absoluto. Recordó que él pronto celebraría su cumpleaños… bufó al aire y negó sacudiendo sus mechones, se ahorraría el obsequio esta vez, le era extraño en cierto modo, ya se había acostumbrado a él y tenerlo siempre presente en sus días y de pronto ya no estaba, y ya no había que preparar ningún regalo. Recordaba lo cerca que estuvieron de besarse ¿Qué hubiera pasado sin la interrupción de su amigo? Esa duda la asaltaba por las noches y se le sumaba a sus preocupaciones constantes.
Ingresó al bar sin mirar a nadie. Caminó lento despegando las suelas de sus botas del suelo, estiraba el cuello para poder encontrar a sus amigos. Las leyes en el planeta rojo eran bastante liberales en ese aspecto, es más, casi no había leyes para la población. Los bares como ese, no les prohibían la entrada a menores de edad. Cada uno era libre de hacer y tomar sus propias decisiones siempre y cuando obedeciera a la Realeza saiyajin. Si un adolescente se iba a meter a un antro así, debía asumir las consecuencias, como que quizá no viera la luz del amanecer al siguiente día. Ella no se preocupaba, estaba rodeada de los mejores saiyajin Elite. Vio la manita pequeña del menor del grupo levantarse para que pudiera verlos y apresuró su paso. El grupo estaba ubicado en un rincón, con platos de comidas y cerveza llenando la mesa. Broly le había guardado un espacio a su lado, ella no tardó en sentarse y suspirar, demostrando su humor.
—Anímate—sonrío Raditz—nada pasara ¡Nosotros te defenderemos! Y es suficiente con nosotros—dijo orgulloso.
—Eso ya lo sé—murmuró tomando un vaso y sirviéndose un poco de la bebida alcohólica—pero no deja de molestarme. Es injusto ¡Nadie más que yo debería decidir eso!
—Supongo que es la única solución que encontraron para ti—dijo aburrida la hembra mientras le robaba un trozo de verdura al menor, Kakaroto le frunció el ceño y le balbuceó algo que nadie entendió—si fueras saiyajin podrías defenderte siempre, pero eres débil.
—Deberían respetar lo que uno quiere—gruñó inflando sus cachetes.
—Y deberías estar agradecida que inventaron esto—dijo Raditz sirviéndose su cuarta jarra de cerveza—probablemente te hubieran tomado hace años si el Rey no hubiera tomado cartas en el asunto.
Bulma guardó silencio. Aunque estuviera molesta y no le encontrara ningún aspecto positivo a la sentencia del Rey, algo le decía que las palabras de Raditz eran bastante certeras. Había crecido allí, rodeada de seres fuertes y despiadados, sabía que si ahora estaba ilesa se debía única y exclusivamente a la protección del Rey, que aunque fuera por mero interés, al fin de cuentas la protegieron.
—Como sea… lo que más me aflige ahora es lo de mi Proyecto—soltó con resignación mientras bebía un sorbito pequeño del líquido amarillo, frunció el ceño al sentir el sabor amargo, era lo más suave que servían en ese bar—no sé de donde podré sacar dinero.
—Usa lo que te pagan por las misiones—comentó ingenuo el menor del grupo dándose un descanso de comer. Todos voltearon hacia él, frunció el ceño confundido al ver el semblante de sus compañeros ¿Había dicho algo malo? De pronto sentía que cada vez que abría la boca decía algo malo, lo mismo pasó cuando le contó a su padre que había visto a Bulma y el príncipe en el pasillo a solas y demasiado juntos.
—Un momento—susurró asombrada, miró a sus amigos y como cada uno desvió la mirada con culpa— ¿Les pagan por las misiones?
— ¿A ti no?—preguntó extrañado el niño. Bulma miró a su amigo y luego al resto, ninguno le daba la cara. Frunció el ceño, sintió la sangre hervirle y sin pensarlo demasiado, golpeó fuertemente el vaso en la mesa, vertiendo la mayoría del contenido en la superficie. Los saiyajin no se extrañaron ni se espantaron, ya veían venir su reacción y es más, la entendían.
— ¡No puedo creer que me ocultaran esto!—exclamó rabiosa— ¡Que injusticia!
Raditz suspiró y bebió sin mirarla—no eres saiyajin… por eso no te pagan por tus servicios.
—Cuando les conviene no soy tratada como saiyajin—contestó frunciéndole el ceño—estoy cansada de esta mierda de planeta—se puso de pie sin mirar a nadie. Cauli alzó ambas cejas al oírla y Broly se puso de pie igual que la humana.
—Bulma, no te pongas así—pidió el menor—podemos decirle a papá que hable con el Rey y que—
—No quiero saber nada del Rey—dijo con un aire sombrío—me voy.
—Te acompaño—se apresuró en decir el saiyajin de semblante sereno.
—No—Bulma se alejó de la mesa sin mirarlo—necesito estar sola, adiós.
Mientras la humana salía a paso rápido del bar en que no duró más de cinco minutos junto a sus amigos, el grupo la miraba en silencio. Broly después de pensarlo mucho, prefirió seguirla pero antes de alejarse de la mesa, la mano del saiyajin de melena larga lo detuvo—déjala, quiere estar sola—Cauli miró de soslayo al primogénito del Bardock ¿Por qué de pronto sentía que el saiyajin actuaba más serio? Esa faceta le llamó la atención, no podía negarlo—y tú…. ¡Ten más tino al hablar!—gruñó el saiyajin y le dio un coscorrón a su hermano menor que rápidamente se quejó mientras se acariciaba la cabeza.
(…)
Se sentía tan frustrada. Todo el progreso económico y tecnológico se debía única y exclusivamente a ella ¿Y no recibía ni una mísera paga por ello? ¿Cómo podían ser tan injustos? Ahora lo veía, ahora veía más claro que nunca su situación. Ella era solo una sirvienta más, como se lo dijo antes el príncipe. No tenía mayor relevancia en aquel maldito planeta y no era justo, definitivamente no lo era cuando ella hacía demasiado por ellos ¿Y a cambio de qué? De mantenerla viva y a salvo, pero para ella no bastaba ¿Qué clase de vida llevaba? Trabajaba siempre para ellos y no recibía ni un beneficio, no tenía nada. No era nada. En momentos como esos era imposible no extrañar la tierra ¿Qué sería de su vida si nada de aquello hubiera pasado? Sus padres la protegerían siempre y no tendría que rendirles cuentas a nadie, tendría lo que quisiera y su lugar sería respetado ¿Por qué la vida era tan cruel? Miró la fachada del castillo que se suponía era su hogar, tampoco lo consideraba como tal. Era su cárcel.
Bien, no le prohibían salir pero ¿Y si ella quisiera irse del planeta? ¿Qué le diría el Rey?... frunció el ceño incómoda con la idea. Antes no lo pensó porque tenía amistades y un novio, ahora debía velar por ella. Que tuviera amigos allí no significaba que debía aceptar esas injusticias ni vivir en la mediocridad. Ella quería más. Si se iba, se libraría del estúpido decreto del Rey. Miró la punta de sus zapatos mientras caminaba a paso lento, el viento mecía sus mechones sueltos, de vez en cuando los acomodaba detrás de su oreja. Suspiró cansada e ingresó al castillo, la noche pronto caería en el planeta rojo. La idea quedó dando vueltas en su cabeza, más de una vez lo pensó pero no le dio alas a esos pensamientos, era complicado incluso pensarlo. Pero ahora su situación era diferente, no tenía novio, es más deseaba con todas sus fuerzas no volver a verlo ni menos caer de nuevo en la tentación de besarlo e irse era una buena solución, además podría librarse de esa estupidez de ley. Algo le decía que no era tan sencillo pero valía la pena meditarlo, no tenía nada que la atara a ese planeta y era hora de realizar sus sueños pero ¿Con qué dinero? Bufó desilusionada. Aunque el Rey no quisiera que se fuera, le sería sencillo huir sin que lo notaran, o eso pensaba. Ella era más inteligente y podía idear algún plan para salirse con la suya, pero era más fácil pensarlo que hacerlo.
Imaginar no verlo más también le afectaba. Y mucho. Habían pasado días desde ese encuentro en el pasillo, y todavía por las noches podía sentir sus caricias bruscas y su calor avasallador. Lo extrañaba demasiado… se molestaba consigo misma pero era inevitable, él había sido el centro de su mundo por mucho tiempo ¿Y ahora qué podía hacer? Sabía que la culpa desde el principio era suya, no debió permitir que él se convirtiera en lo más importante, fue tonta e ingenua pero ¿Cuándo iba a pensar que él era un mentiroso infiel? Jamás. Vegeta siempre fue muy directo a su manera, sentía que podía confiar en él y se había equivocado. Pero ya no debía seguir dándole vueltas al asunto. No le hacía bien.
A menudo se preguntaba qué sentía él. Si la extrañaba o seguía deseándola. De un momento a otro dudaba de todo lo que vivió junto a él, era extraño pero al perder la confianza en el príncipe le hacía cavilar y cuestionar lo que fue su relación, y eso le dolía demasiado. Suspiró fastidiada, dando pasos perezosos por el pasillo, evitando a guardias y sirvientes que aun daban vueltas por el palacio asegurándose que todos los preparativos para la celebración próxima estuvieran en óptimas condiciones. Pronto sería el cumpleaños de él… era primer cumpleaños del que no se preocuparía por algún regalo para él. Frunció el ceño molesta ¿Por qué venía a sus pensamientos a cada minuto? ¡Maldito infeliz! Debía sacarlo de sus pensamientos y de su corazón… ¡Qué cliché sonaba! ¿Y se hacía llamar científica? Se sentía estúpida, sonrió sin ganas y negó meciendo sus mechones turquesa.
—Bulma—detuvo su andar al oír la voz del gemelo, volteó a verlo intentando parecer tranquila. Pero era difícil actuar con normalidad con el saiyajin desde que sabía de sus gustos y porque no decirlo, de sus intenciones con ella.
—Turles—murmuró fingiendo una sonrisa—no te veía desde hace unos días…
—Es cierto—concordó acercándose mientras le daba una mirada fugaz a su cuerpo—a pesar de que estoy la mayoría del tiempo en el castillo, no nos vemos seguido ¿No?
—Uhm—asintió desviando la mirada—bien, fue un gusto verte… me voy—ella era excelente actriz. Pero no podía fingir con él. Pensar en un posible rostro para su atacante era algo que evitaba hacer, pero desde que Teeb le dijo toda esa mierda de Turles, era difícil de ignorar.
— ¿Vienes de afuera?—preguntó el saiyajin adulto, acompañándola en el camino. Bulma tragó saliva con disimulo y metió sus manos en sus bolsillos, secó el sudor de sus palmas en la tela y asintió—es tarde para que andes dando vueltas.
—Estaba con los chicos—dijo mirándolo por el rabillo del ojo— ¿vas a alguna parte?—trató de sonar desinteresada y cordial, esperaba haberlo conseguido.
—A un consejo. ¿Cómo estás?—la humana parpadeó confundida y volteó hacia él—por lo de las peticiones.
—Ah—volvió su mirada al camino y se encogió de hombros—los chicos y Cauli se inscribirán para defenderme. Me siento más tranquila… aunque no menos molesta.
—Debes entender que el Rey no lo hizo con mala intención—dijo sonriéndole con falsa amabilidad—hubiera sido muy caótico si no interveníamos de algún modo, de todas formas es bueno que estés tranquila, ya que no tienes de que temer.
—Uhm…
—También me inscribiré, como ya te dije—Bulma sintió sus tripas revolverse, en cualquier momento vomitaría sus vísceras y no sería lindo. Le daba asco, miraba al saiyajin con disimulo e intentaba pensar cómo pudo en algún momento confiar en él. Desde niña le costó aceptar su cordialidad, ¿Por qué eso había cambiado? Porque el saiyajin se demostró simpático y preocupado por ella ¿Por qué era tan estúpida? Lo mismo le había pasado con Vegeta. Aunque no podía comparar a Turles con el príncipe… o tal vez sí.
—Gracias, no creo que haga falta… los chicos son bastante fuertes—dijo sonriéndole sin ánimos.
—Pero mi experiencia aumentará las probabilidades de éxito. Descuida, todo saldrá bien—soltó una risa desganada que más que risa parecía una mueca. Respiró profundamente y miró hacia el frente, iba a matar a sus amigos si perdían contra Turles—por cierto ¿Encontraste inversionista para tu proyecto?
—No…—frunció el ceño recordando el dinero que no tenía y que injustamente debía tener—lo tendría si me pagaran por mi trabajo ¿Por qué debo trabajar gratis?—no pudo evitar cuestionarse y soltarlo con el consejero, su respiración se aceleró por la rabia que sentía al pensarlo.
—… Siempre ha sido así—contestó serio el saiyajin—a ningún extranjero se le ha pagado por sus servicios, ellos trabajan para nosotros a cambio de seguir con vida.
—Es injusto—dijo tercamente—he hecho mucho por este planeta y me tratan como a un sirviente más.
—No es así—negó el saiyajin mirándola con el ceño fruncido—te ha ido mejor que a los demás. Al menos estás ilesa—soltó con reproche. La adolescente rodó los ojos exasperada, ese era el único argumento que siempre le daban, "haz esto, o te mueres" "no hagas eso, o te mueres" "di tal cosa y te mueres" ¿No podían pensar en nada más? Básicos. Los saiyajin eran demasiado básicos y nunca entenderían su potencial intelectual, estaba destinada a perderse en ese planeta rojo.
—Que gran consuelo—susurró desviando la mirada. No tenía caso reprocharle ni a Turles ni nadie. Por ella no cambiarían las leyes ni costumbres que siempre les habían funcionado bien.
—… ya no estés molesta—comentó sonriéndole. La chica no respondió. El gemelo de la armadura oscura le regaló una sonrisa torcida que ella no vio, era el momento indicado. Esperó unos minutos, caminaron en silencio y antes de llegar a la esquina donde él debía doblar siguió hablando—puedo financiar tu proyecto si lo deseas—y el rostro de la adolescente cambió por completo al oírlo.
Bulma volteó rápidamente hacia el consejero, con los ojos abiertos como plato, las cejas alzadas y la boca abierta presa del asombro ¿Había oído bien? De pronto no vio a Turles el pedófilo, vio a Turles su salvador. Miró anonadada al saiyajin, sus ojos destellantes de ilusión, si conseguía el dinero todos sus problemas se solucionarían, ya no pensaría en él al mantenerse ocupada, tendría un lugar en aquel inmundo planeta ¡la reconocerían! Su legado familiar no se extinguiría y volvería a ser asquerosamente rica. Su corazón bombeó fuerte, su sangre recorrió caliente por sus venas y sus mejillas se sonrojaron de pura felicidad— ¿Es en serio?—logró decir llena de ansiedad.
—Claro—dijo con galanura—tengo ahorros, al fin de cuentas no tengo mayores gastos—murmuró pensativo.
— ¡Turles!—exclamó esperanzada— ¡Eso sería tan grandioso!—el saiyajin sonrió alzando un ceja y le dio la espalda, dispuesto a seguir su camino.
—Sí. Sería grandioso—susurró—luego nos arreglaríamos sobre las condiciones—la sonrisa se borró del rostro de la joven, no respondió ni respiró mientras el saiyajin se despedía con su mano y caminaba perdiéndose en el pasaje.
Condiciones. Estaba bien saldar una deuda o fijar algún contrato comercial pero ¿Condiciones? Tragó saliva en seco y toda la ilusión que brotó de la nada se marchitó lentamente mientras miraba la espalda del guerrero a lo lejos. Ya no era una niña ingenua, sabía a qué se refería. Si el saiyajin creía que podía burlarse de ella como lo había hecho alguien más, estaba equivocado. Tendría que ser claro, ella no caería en la letra chica del contrato imaginario y estaba segura que no se equivocaba, que el saiyajin estaba planteándole una solución a sus problemas financieros a cambio de satisfacerlo de algún modo, no era paranoia. Había logrado leer entre líneas y para su asombro, su intuición se lo gritaba.
—Supongo que no aceptarás—abrió los ojos sorprendida, y aun con un dolor en su estómago por la reciente revelación, volteó hacia atrás donde Teeb la miraba con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
— ¿Hace cuánto estás allí?—preguntó frunciéndole el ceño. La relación con el hijo de Nappa era igual o peor que con la del príncipe. Era como si sus amigos hubieran tomado bandos y naturalmente el saiyajin alto había apoyado a su atesorado príncipe.
—Te vengo siguiendo desde hace horas—comentó desinteresado. La joven frunció el ceño aún más, no podía reprochar nada ya que ese era el rol del saiyajin.
—Pues deberías evitar escuchar mis conversaciones, invades mi privacidad—gruñó haciéndole un desprecio y siguió su camino. Oyó pasos detrás y supuso que el guerrero la acompañaría a su nave.
— ¿Sabes que no te dará las unidades monetarias sin que le des algo a cambio, verdad?—Bulma bufó exasperada e ignoró sus palabras, al menos de modo directo. No le respondió ni pensó en dirigirle la palabra, no era algo de lo que quisiera comentar específicamente con Teeb. Lo que sí llamó su atención era el significado de sus palabras, lo quisiera o no, tenía razón. Comprendía que su paranoia no era errada, el saiyajin también había notado el propósito del consejero, y era preocupante claro, pero no le daría en el gusto al guerrero. No le diría ninguna palabra.
Teeb frunció el ceño con su silencio, rodó los ojos y desvió la mirada fastidiado. Desde que la joven había terminado la relación con el heredero al trono que no la soportaba. Odiaba ver al príncipe de mal humor y estresado, y la culpa era de la humana, a menudo discutían y era por eso que prefería mantener la distancia. Pero no pudo evitar hablarle, oír a Turles con su propuesta le heló el cuerpo. No sabía a qué estaba dispuesta la chica con tal de salirse con la suya y muy en el fondo se preocupó más por el bien estar de la molesta científica antes que en lo que pensaría y sentiría el príncipe al enterarse que estuvo con otro—Turles quiere follarte, en lo posible ser el primero ¿Te venderás por unidades monetarias?—preguntó conteniendo la rabia.
Silencio. Había pensado en provocarla, pero podía entender que la determinación de la joven era más fuerte que sus intentos. Quizá Bulma pensaba igual, o tal vez no, el punto era que no le respondería ni le daría en el gusto de saberlo, la chica era igual de terca que el saiyajin heredero al trono. No insistió más, en parte porque no era su asunto y porque detestaba que lo ignoraran; la acompañó en silencio durante todo el trayecto, la observó subir a su nave y sin despedirse se encerró en la esfera. El saiyajin suspiró y se apoyó en la pared de la entrada. Sabía que no debía meterse, pero era inevitable no sentirse involucrado, al fin de cuentas él era el único que sabía lo que pasaba entre la pareja de adolescentes. Miró nuevamente la nave, observó la luz que se proyectaba desde la ventana y cerró sus ojos. Muchas veces mantuvo guardia cuando el príncipe la iba a visitar, se sentía de cierto modo extraño desde hace días desde que el heredero no pasaba por allí. Era como si extrañara aquellos días donde la joven pareja mantenía un amorío secreto. Era estúpido, porque lo que hacían los adolescentes no era sano ni tampoco correcto, pero siempre pensó que el propósito era que el príncipe pudiera salirse con la suya. Ahora lo dudaba seriamente… ellos realmente mantuvieron una relación, y ahora que estaban separados lo entendía. Quizás estaba mal lo que haría, pero seguía siendo leal al heredero y el príncipe desestimaría si era o no importante la información que tenía de la científica.
(…)
Miraba a los técnicos buscando en qué entretenerse, o más bien distraerse. Le costaba asimilar que había cedido a ese espectáculo. Pero había dado su palabra y tendría que soportar esos días, él ya tenía la respuesta definitiva, solo debía actuar. Él era experto actuando. Miró por el rabillo del ojo a su padre que tecleaba con agilidad sobre una pantalla digital que cabía en sus manos a la perfección, incluso en esa instancia el viejo trabajaba. Suspiró fastidiado, él prefería estar entrenando y no allí en la zona de despegue esperando por los hadianos. Se supone que el emperador y su hija estarían por llegar, pero no había luces de la nave de ellos. Odiaba que lo hicieran esperar, empezaba a ponerse de mal humor. De por sí estaba más susceptible a la irritación, habían sido días desagradables, como antes. Recordaba involuntariamente esos días en que estaba confundido y pendiente de la humana, se sentía igual. Lleno de ira y dudas, furioso y desesperado. Porque a esos días donde la inseguridad era protagonista al no saber si ella estaba interesada, ahora se sumaba el hecho de que habían estado juntos y eso había acabado. Debía mantener su autocontrol al máximo para no ceder, para no caer ante la tentación de levantarse a media noche e ir a visitarla. Su humor era de los peores y nada podía hacer para cambiarlo. Ni siquiera su fiesta de natalicio lo animaba, no tenía nada que llamara su atención mucho menos esperar a una hembra que no le importaba en lo más mínimo.
El ruido de una nave espacial interrumpió sus pensamientos. Levantó la mirada desinteresado, observó como un cilindro caía con velocidad atravesando la atmosfera del planeta. Después de unos minutos, la nave aterrizó satisfactoriamente en la zona seleccionada. Movió su pie nervioso, quería irse de allí cuanto antes.
—Cálmate—lo reprendió su padre. El adolescente desvió la mirada y contuvo el suspiro de fastidio. La escotilla de la nave rechinó ruidosamente, haciéndolo voltear nuevamente hacia el artefacto de color plomo. En la puerta, un hombre alto como su padre pero más delgado se asomó. Ambos, padre e hijo ocultaron el asombro que sintieron al verlo. El hombre tenía la piel de color cálido, como las prendas que la científica usaba de vez en cuando. El rosado de su piel era pálido pero notorio, su cabello era rojizo oscuro y mientras bajaba pudieron ver sus ojos verdes. El príncipe notó sus orejas puntiagudas sobresalientes, fuera de eso no había más diferencias entre sus especies—bienvenido, Loih.
—Muchas gracias por invitarnos, Rey Vegeta—dijo con una leve inclinación al llegar a su lado—un gusto conocerlo, príncipe Vegeta.
—… Igual—tanto tiempo en misiones y alejado de los protocolos le empezaban a pasar la cuenta. El emperador miró al saiyajin joven y sonrió, el príncipe no supo que expresión demostrar.
—Baja, Amathys—ambos saiyajin miraron nuevamente hacia la nave, se asomó un hombrecillo de piel verduzca que ayudaba a bajar a una joven más baja que el príncipe. Sus hábiles ojos pudieron notar su apariencia incluso a metros de distancia, y se sorprendió al verla. La mujer era unos centímetros más baja que él, quizá más que su Bulma. Era delgada y su rostro fino, su piel era más pálida que la de su padre y su cabello era de un rojo intenso ondulado que le llegaba hasta la cintura que llamó su atención. Sus ojos tenían un verde jade brillante, y sus labios eran delgados. Lo primero que pensó el joven heredero era en lo frágil y delicada que se veía. Al verla caminar, notó la educación que la joven exhibía. Amathys caminaba con elegancia, daba pasitos pequeños donde su vestido largo y ceñido a su cuerpo se movía muy sutilmente. Dio una rápida repasada a su físico, era bella pero no le produjo nada, su curiosidad pronto se apagó al verla de cerca. No era que la joven no fuera de su gusto o llamativa, al contrario. Molesto pensó que si en su cabeza no estuviera cierta loca chica, perfectamente pudo haber aceptado ese compromiso absurdo que su padre le había propuesto con el único fin de probar su sexualidad—les presento a mi primogénita, la princesa Amathys.
—Es un placer que nos hayan invitado—saludó cordial la joven con su voz aterciopelada mientras los reverenciaba. El Rey no se perdió detalle de la reacción e interés de su hijo, sonrió positivo al verlo interesado, porque para él que su hijo estuviera mirándola era un progreso.
—Espero que disfruten de su estadía—indicó el Rey mientras los guiaba hacia el interior del palacio—el natalicio de mi hijo será mañana al anochecer.
—No tenga dudas en que lo haremos—respondió con cortesía el emperador. El príncipe dejó de prestar atención a la plática. Caminó con su semblante de siempre, su capa se ondeaba de lado a lado y no prestó atención a las miradas que la joven le daba.
—Les daré un recorrido personalmente—comentó su padre. Al ingresar al castillo, comenzaron un tour del que participó. Era lo suficientemente educado para saber que no sería buen visto irse, aunque lo quisiera. Siguió al grupo en silencio, aburrido miraba cada salón importante que su padre consideró para mostrarle a los hadianos. Sentía la mirada de la joven en él en todo momento, llegó un punto que le molestó. La miró frunciéndole el ceño, esperando intimidarla pero la joven no apartó sus ojos de los de él, demostrándole que no se sentía ni un poco amenazada por su actitud. Fue en ese momento, que al ver sus ojos verdes pensó seriamente en obligarse a ese compromiso tonto. Si antes se forzó a tener sexo con otras ¿Por qué no podía hacerlo ahora? Ella era atractiva, pero no le producía nada más que curiosidad inicial. Quizá necesitaba tiempo para conocerla. Al fin de cuentas, él debía seguir con su vida.
—Les mostraré el laboratorio principal—al oír aquello, los pelos de su cola se erizaron. Pensó en irse, en inventar alguna excusa boba y huir. Pero fue ese mismo motivo lo que lo obligó a quedarse y acompañarlos. No tenía que andar escapándose en su propio castillo, sintió la sangre caliente de solo pensarlo ¡Maldita mujer que no lo dejaba en paz ni en sueños! ¿Es que siempre estaría sintiéndose de ese modo por su culpa? Como la odiaba… su respiración se volvió pesada y no hizo nada por calmarse tampoco, al menos durante unos segundos lo necesitaba. Se concentró lo suficiente para que nadie notara su mal humor, con su semblante habitual era difícil que alguien lo notara de todos modos.
A pesar de haberse decidido a no huir, no pudo dar un paso dentro del cuarto. Se quedó de pie en la entrada mientras veía a su padre junto a los hadianos ingresar al laboratorio. Intentó demostrar aburrimiento, se cruzó de brazos y se apoyó en el umbral. El desinterés era su mejor máscara, pero su ansiedad y nervios lo obligaron a buscarla con la mirada. No tardó en divisar el único foco turquesa. Tragó con disimulo, como si alguien más supiera que estaba admirando a la humana a la distancia. La joven vestía su uniforme negro, la falda corta y sus medias largas. Sintió su cuerpo tensarse por completo, y tuvo que concentrarse en no mirar demasiado sus curvas para que su excitación se apaciguara. Miró atento como la científica observaba a los recién llegados, la curiosa joven no se cohibió en lo absoluto y no perdió detalle de los intrusos. Era lo mejor, pensó. Así no notaría su presencia. Como era costumbre, el Rey no la presentó, después de todo ella era solo un trabajador más en aquel lugar. Idea que siempre le hería el orgullo ¿Cómo se había fijado en una mujer tan común? Común en el sentido de estatuto social al que pertenecía porque ella no era para nada normal. Y sabía que se debía a eso, a esa contradicción estúpida donde para todos ella no era nadie y para él lo era todo. No dejó de mirarla, sus penetrantes ojos negros captaron cada movimiento de ella, guardándolo en su memoria, en su baúl de recuerdos que solo la tenían a ella como protagonista. Pero su mirada intensa no tardó en delatarlo. Minutos más tarde la joven miró en su dirección, y él, gracias a sus sentidos agudos-nuevamente-pudo percibir su sorpresa inicial que disimuló muy bien.
Pensó en desviar la mirada, pero no. No quiso y no pudo. No demostraría que le afectaba su presencia al punto de evitar mirarla y tampoco quería dejar de hacerlo, siempre era agradable verla. Ocultó el asombro y la dicha que sintió cuando ella tampoco lo hizo. Se miraron unos segundos que para él fueron suficiente para mantenerse cuerdo una noche más, la joven lo miró con aparente serenidad y él con aparente desinterés. Ambos eran igual de buenos actuando. Desviaron la mirada al mismo tiempo en que su padre y los invitados caminaban a la salida, y fue casi cómico cuando se regalaron una última mirada al mismo tiempo antes de salir. Era esa conexión que era difícil de eliminar, esa conexión que les ayudaba a entenderse sin palabras, esa conexión que los hacía desvelarse por las noches y suspirar durante el día.
Siguió a su padre en silencio, ajeno a la plática y a las miradas de la princesa. Debía acostumbrarse, lo sabía. Debía asimilar de una vez por todas que ella estaría ahí siempre y él no podría tenerla porque su orgullo le obligaba a no hacerlo, a no perseguirla ni mucho menos actuar impulsivamente. De lo que no podía hacerse a la idea era de verla con alguien más, y esa idea lo carcomía lentamente como un veneno que consumía las células de su cuerpo dolorosamente. El bip de su rastreador lo sacó de su ensoñación, no tardó en teclear el aparato en su oreja y ver el único lente. Frunció el ceño al leer el remitente, pero no se dio tiempo para pensarlo demasiado y abrió el mensaje. Su cuerpo se tensó por completo al leer, sentía su corazón latir lento y pesado, su sangre caliente y su cola estremecerse. Todo en él se confundió, todo en él se revolvió, lo único que podía pensar era qué hacer ahora con esa información.
(…)
— ¿Y a ti que te pasa?—preguntó con sus manos en su cintura a su amiga que la esperaba sentada en la hierba al lado de su nave. Bulma alzó una ceja al ver su semblante serio y ¿Deprimido? Automáticamente se angustió y se sintió la peor persona del mundo por sentir ansias de saber qué le pasaba, porque conocía de ante mano que si la saiyajin estaba así se debía única y exclusivamente al príncipe Vegeta. Su expresión le causó pavor por él y no porque se preocupara realmente por su amiga. Su pecho se comprimió con la idea, estaba volviéndose una persona desagradable.
—Siento no haberte dicho que nos pagaban—murmuró sin mirarla mientras se abrazaba sus rodillas.
—Ni me lo recuerdes—murmuró desviando la mirada. Recordar sus problemas económicos le irritaba, sobre todo porque inevitablemente pensaba en la oferta del gemelo de armadura oscura, que pensaba seriamente en considerar.
—… ¿Podemos hablar un momento?—Bulma parpadeó con sorpresa. Si Cauli quería hablar significaba que estaba bastante afectada. La humana le ofreció su mano para ayudarla a ponerse de pie, la saiyajin no tardó en aceptar su ayuda.
Entraron en silencio a la desordenada nave, Cauli no se sorprendió al ver las prendas de vestir por doquier al igual que papeles y libros. La saiyajin apartó una silla y se sentó en su comedor. Bulma sentía que la ansiedad crecía más y más al mirar su semblante, al igual que el desprecio por sí misma. Rápidamente buscó unas patatas y unas bebidas.
— ¿Qué es lo que pasa?—preguntó entregándole la soda.
—Quería pedirte un consejo—susurró apenada. Bulma no abrió su bebida, miró a su amiga y esperó paciente por sus palabras—se trata del príncipe—sintió sus tripas revolverse, no solo por oírla hablar de él, también por recordar que ambas sentían lo mismo por el heredero.
— ¿Qué pasó con él?—intentó que su voz sonara calmada y que sus ansias no la hicieran balbucear.
—Creo que debería rendirme—dijo derrotada, y la humana casi se golpea por sentirse aliviada al oírla—él nunca se fijará en mí… y mucho menos ahora.
— ¿Por qué dices eso?
—… Se comprometió con una extranjera—gruñó con rabia mientras apretaba la soda en sus manos, la lata cedió a la presión y estalló entre las manos de la guerrera, el gas y el líquido se esparramó para todos lado—rayos… lo siento.
—Descuida—susurró en modo automático mientras se ponía de pie para ir por un paño. Caminó rápido hacia la cocina, se apoyó en un mueble cercano y contuvo el aliento. Era la menos indicada para aconsejar a la saiyajin ¿Qué podía decirle estando en su misma posición? Su pecho dolía, imaginarse a Vegeta con otra era doloroso y saber que era algo tan serio como un compromiso la dañó más de lo que alguna vez pensó. Sabía que tarde o temprano el saiyajin debía tener una pareja formal, pero no creyó que sería tan pronto. Con mayor razón debía irse de allí, no había nada para ella en aquel planeta. Mordió su labio inferior y cerró sus ojos conteniendo las lágrimas. Decirle a Cauli que lo olvidara era cínico, en parte porque quería decirlo para que dejara de estar pendiente de un hombre que ella amaba y porque ella menos que nadie podía dar algún consejo sobre amor. Tocó su pecho tratando de calmar sus latidos, no tenía caso preocuparse al respecto… ambas debían olvidarlo, él no era alguien para ellas. Restregó sus dedos en sus ojos, intentando borrar las lágrimas amenazantes que se desbordaban. No podía dejar de pensar en él con otra… encima ni siquiera una saiyajin ¿Sino que una extranjera? ¿Cómo era eso posible? Muchas veces dudó de su relación con él por ser ella humana y él saiyajin ¿Y ahora se comprometía con una extranjera? Sintió rabia, todo era tan injusto ¿Por qué todo conspiraba en su contra? Ocultó su rostro con sus manos y sollozó silenciosamente, era demasiado… muchas emociones en tan pocos días, se había propuesto no derramar lágrimas por él y ahí estaba, sufriendo por un compromiso que aplastaba cualquier esperanza-que aunque negara, siempre mantuvo-de arreglar lo suyo.
¿Qué clase de mujer estaría a su altura?... tragó con dificultad, no era momento de pensarlo. Secó sus lágrimas y respiró un par de veces. Buscó el paño en modo ausente, sacó la tela roja de un cajón y entonces un recuerdo fugaz de esa tarde la sacudió. Las visitas al laboratorio. Sintió su corazón oprimirse al recordar a la hermosa joven que acompañaba al Rey junto a un hombre con características similares a la chica. Siempre habían visitas a su zona de trabajo, pero no era el Rey quien hacía el tour ni mucho menos el príncipe quien los acompañaba… era ella. La pelirroja de ojos verdes, esa extraña era la prometida de su Vegeta… no. Del príncipe Vegeta. Sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez. No quería más… no más. Su pecho dolía demasiado, no solo compartía su amor por él con Cauli, su única amiga, ahora debía hacerse a la idea que nunca sería de ella, debía recordarse que era mejor así. Debía asimilar que era lo correcto, que él debía seguir su vida pero ¿Cómo podía continuar con la suya? ¿Cómo seguir cuando aún podía sentir su aliento cálido en su piel, sus manos en su cuerpo y sus labios devorando los suyos? Todavía podía verlo durmiendo en su cama, duchándose en su tina o comiendo sus refrigerios. Todo era tan reciente… todo le dolía tanto. Sabía que sería difícil, pero jamás creyó que tanto. Sujetó con fuerza el trapo, secó nuevamente sus lágrimas y suspiró. Debía consolar a su amiga, y aconsejarle lo mejor para ambas:
Olvidarse de él.
(…)
Nuevamente buscaba cualquier distracción, lo que fuera con tal de no ceder a su impulsividad que lo incitaba a actuar estúpidamente. Acomodó su capa escarlata a sus hombreras mientras caminaba por el pasillo personal que transitaba a diario. Si fuera por él no haría nada en especial para conmemorar su natalicio, pero era un protocolo que nadie pasaba por alto. Estaba cansado de esas costumbres, él no era un ser sociable, su naturaleza era arisca y solitaria, le costaba mantenerse cuerdo en esas noches de fiesta. Eran muy pocos los seres vivos que toleraba, la mayoría de ellos lo hacía por obligación. Solo tres individuos estaban en su vida porque los aceptaba y reconocía: su padre, Teeb y… ella-muy para su mala fortuna-el resto podía quemarse en algún sol y a él no le importaría.
Además, estaban esas visitas que ya le molestaban. Llevaban un par de días en el castillo y verlos en las comidas-porque su padre le exigió asistir al comedor principal-era agobiante. Su educación le irritaba, hablaban con suma calma y lentitud que le impacientaban. Demasiados aburridos para él. La princesa buscó conversarle a cada momento, pero él solo respondía con monosílabos, intentando decirle de modo indirecto que no quería hablar con ella pero la estúpida no entendía-su Bulma si lo entendería-y compartir con ella lo dejaba tenso y más intolerante. Él no quería su atención, le frustraba saber que tendría que soportarlo por la estúpida diplomacia a pesar de que la rechazaría al final, pero debía comportarse, y evitar pulverizarlos. Era difícil controlarse. Al principio le pareció curioso, no pudo negar que tener la atención de una mujer atractiva como Amathys le era gratificante, pero era su ego quien se llenaba y este se vaciaba con facilidad. No era la atención de ella la que quería, e inevitablemente comparaba todo con su Bulma. Y era lo que lo ponía de peor humor aun, considerarla como suya cuando nunca la logró tener y encima que lo asaltara en cada pensamiento, recuerdo, sueño, inconsciencia y consciencia… lo empezaba a desquiciar. Estaba al borde del colapso.
Pensar en ella era pensar en su plan estúpido y humillante. Era difícil y casi imposible separar las cosas, la culpa la tenía Teeb. Por mucho que lo respetara y confiara en él, empezaba a pensar que el guerrero estaba tomándose atribuciones que no le correspondían, pero en el fondo sabía que el saiyajin no lo hizo con mala intención y es más, si no le hubiera informado de aquello se hubiera enfadado demasiado. Imaginar que ella aceptara esa horrorosa propuesta le erizaba los pelos de la cola. Rememorar esa información también era un arma de doble filo, cada vez que veía al gemelo de Bardock le invadía una necesidad doliente por asesinarlo. Teeb le había contado todo, desde los gustos del saiyajin, sus sospechas sobre el ataque hace cuatro años y lo peor, la propuesta y lo que podían inferir de ese solidario préstamo. Cuando leyó el mensaje tuvo que contenerse, no podía demostrar ninguna emoción que lo delatara, que lo expusiera delante de su padre y de sus invitados. Nadie podía enterarse que moría de rabia y que quería dejar a su padre sin un consejero.
Pero guardar las apariencias delante del resto le ayudó a calmarse, a mantener la compostura y pensar con claridad. Entonces se le había ocurrido esa brillante idea que lo avergonzaba y a la vez le hacía sentir estúpido, humillado y muy en el fondo, astuto. Como siempre, era un remolino de emociones y pensamientos y todo por la culpa de la maldita loca de su ex novia. Al final, igual había tomado las medidas pertinentes aun en contra de sus pensamientos, el asunto era actuar o no. Y no podía decidirse, era su orgullo el único que lo hacía dudar, tanto de hacerlo o no. Sacudió su cabeza intentando borrar esos pensamientos, dejar descansar todo lo que tuviera que ver con ella. No era el momento, debía concentrarse en el horroroso festejo. Limpió el sudor de su sien con el dorso de su mano enguantada y apresuró su paso.
Al llegar al salón principal, los guardias lo reverenciaron y le abrieron las grandes puertas. Todo el bullicio del salón se redujo al mínimo cuando anunciaron su llegada. Miró fugazmente la enorme habitación, había comida y alcohol por doquier. Cada saiyajin que celebraba en ese cuarto era de clase Elite, solo la servidumbre se paseaba de modo discreto para servir a los invitados. Pasó soberbio hasta llegar al centro superior del salón, donde una mesa privilegiada lo esperaba. Su padre en la cabecera y el puesto vacío a su lado que le correspondía. Frunció el ceño al ver que no estarían solos, ahí estaban los malditos hadianos.
Antes de sentarse, brindaron por él. Por su vida, por su gloria y su futuro reinado. Él guardó silencio, mantuvo su rostro sin expresión como siempre y se sentó en su silla, su padre dio la autorización para que continuaran el festejo y cada saiyajin siguió devorando, bebiendo, peleando e incluso compartiendo de un modo más íntimo, tanto entre saiyajin como con la servidumbre.
—Muchas felicidades, príncipe Vegeta—comentó Amathys con sus mejillas sonrojadas, donde el rosa se volvió fucsia. Asintió como agradecimiento sin despegar su mirada de su rostro, la joven lucía un vestido blanco que resaltaba su figura, lucía bien. Demasiado bien. Había notado que algunos machos saiyajin la miraban y lo entendía y no le producía nada. Su atractivo no le atraía ¿Irónico? Probablemente. Que la vieran otros machos le daba igual, incluso sabiendo que había un chance de que ella se volviera su mujer, le importaba poco que la miraran o que incluso alguien se atreviera a tocarla. Le era indiferente.
Comió sin muchos ánimos, a pesar de que la comida era deliciosa y se habían esmerado por servir una amplia variedad de alimentos. Fruncía el ceño de vez en cuando por el ruido, la música que resonaba en el cuarto empezaba a fastidiarle, probablemente ella estaba igual de irritada, sonrió al recordar sus reproches en esos natalicios que pasó con ella. Donde la humana no paraba de quejarse que metían demasiado ruido y no la dejaban dormir, y él se burlaba que estaba molesta porque no la invitaban. Su sonrisa duró solo unos segundos, segundos suficientes para llamar la atención de la princesa hadiana que no perdía detalles de su futuro prometido.
La joven no dejaba de admirarlo. Era tan diferente a ella, en su silencio, su desinterés, su apariencia y su personalidad. Quería descubrirlo, gustarle. El heredero de la corona saiyajin había llamado su atención desde que lo vio cuando bajaba de su nave, estaba bastante ansiosa de que ese compromiso se concretara, sabía que todo dependía del príncipe. Su padre se lo había dejado claro, el Rey los había invitado para que se conocieran, la última palabra la tenía el príncipe. Por un momento sintió envidia de esa autonomía del saiyajin, a ella la habían obligado a acceder a un posible compromiso y no era la primera vez que la ofrecían a algún planeta buscando alguna alianza, y ella solo debía acatar las órdenes de su padre al igual que el resto de sus hermanas. Por eso se sentía un poco celosa del guerrero, pero en el fondo sabía que no podía ser de otra forma, el saiyajin desprendía autonomía y masculinidad, era imposible poder pasar por encima de él. Pero estaba conforme con él, quería ser de su agrado y que el saiyajin aceptara su compromiso. De vez en cuando miraba al resto de invitados que no se mostraban desinhibidos por ellos y actuaban apasionadamente sin importarle lo que pudieran pensar de su especie. La princesa pensaba que era una especie impresionante, admirable y poderosa. Le gustaba lo que desprendían, esa autonomía y libertad a la hora de gozar de la vida. Le llamaba la atención que solo el príncipe fuera tan ajeno a todo eso, ella no tendría problemas con que el saiyajin la sacara a bailar o incluso la tocara como los otros guerreros lo hacían con sus mujeres de turno.
— ¿Puedo preguntarle algo?—se atrevió a decir mientras sus padres reían junto a los consejeros del Rey Vegeta. El príncipe volteó hacia ella mientras levantaba su copa, que por cierto notó era como la quinta en la hora que llevaban allí sentados.
—Ya preguntaste—respondió mirándola por el rabillo del ojo. La joven abrió los ojos confundida, y él frunció el ceño molesto por su poca ocurrencia. Movió su mano en señal de que prosiguiera y bebió un sorbo de cerveza negra.
—Hace un momento… parecía divertirse por algo ¿Qué era?—la princesa parpadeó confundida cuando vio sus ojos negros virar rápidamente a su cara. Quedó estática sin mover un músculo de su rostro, el negro de sus ojos la paralizó, no había visto antes tanta expresión en solo una mirada y lo peor era que lo que el príncipe desprendía no era otra cosa que desprecio.
—No es de tu incumbencia—gruñó el príncipe desviando la mirada. Ya no soportaba sus constantes miradas, se sentía acosado.
Pasó horas comiendo y bebiendo, ignorando a todos a su alrededor. La joven no le volvió a hablar, cosa que agradecía enormemente. La noche estaba encendida para los saiyajin, gritaban, reían, bebían, algunos se iban a fornicar y luego volvían, bromeaban, habían matado a unos cuantos criados y esclavas. Los hadianos no se vieron perturbados por nada de eso. Él en cambio, estaba encerrado mentalmente, entre su duda y su coraje. Había bebido demasiado, el alcohol ya se le había subido a la cabeza, la sentía caliente al igual que la boca de su estómago, sabía que si dejaba de beber, en unos treinta minutos o quizá quince, el efecto se iría. Los saiyajin eran resistentes a químicos. Él no acostumbraba a beber más que un par de copas de vino para sus cenas, pero la situación lo ameritaba. Mientras más se sumía en sus pensamientos, la sed de ahogarse en alcohol crecía.
Fue como un escape de su realidad, escape que necesitaba con urgencia. Estaba más confundido que nunca, irritado y fastidiado. Se molestaba consigo mismo ¿Hasta qué punto había llegado? Sabía que no solo podía odiarla a ella por provocarle tanto, él también tenía la culpa por caer en su red. En parte debía dar la vuelta y olvidarse de ella, también podía ceder a sus instintos y quitársela de su sistema de una maldita vez. Tenía infinitas posibilidades y a pesar de calcular qué paso seguir, había un horrible malestar que superaba todos esos pensamientos: la extrañaba. Más que nunca, entre sorbo y sorbo, pensaba en ella, en lo molesta que debía estar por el bullicio o lo esparramada que estaría en su cama roncando y no enterándose de nada. Cualquier opción lo hacía ansiarla. Su pecho dolía, ardía y se comprimía. Ya estaba harto de eso, no quería seguir sintiendo aquello, era injusto. Ella lo volvía loco y ni siquiera se molestaba en considerarlo, en pensar cómo se sentía. Sabía que era estúpido, porque ella no era consciente de lo que a él le pasaba, pero a esas alturas cualquier excusa era válida para salir libre de su sufrimiento sin culpas. Tomó otro sorbo y entonces lo sintió, entre todos esos hedores desagradables, uno leve pero suave y sugerente. Ella. La buscó rápidamente con la mirada, atentó a cualquier destello turquesa entre tanto negro. Pero no estaba allí. Era imposible ahora que lo pensaba, pero su presencia lo perseguía atormentándolo constantemente. Todo le recordaba a ella, y al ver a lo lejos a su escuadrón, pudo suponer el origen de su aroma.
Ellos tenían libre acceso a su compañía, ellos, saiyajines comunes y corrientes. Él, un príncipe, no podía ni se atrevía a acercársele. ¿Qué tenía de malo desearla? Era un hombre, ella una mujer. Atrás quedaron los reproches racistas, clasistas e ideológicos. Él la quería. Se perdió en el vacío, mirando y no viendo nada en particular, mientras pensaba que debía salir de allí, que debía actuar. Que no podía seguir dudando y que estaba siendo un cobarde. Él debía tomar lo que quería, él tenía el derecho y la autoridad para hacerlo, y antes que nada, era lo que más anhelaba desde hace años. Actuaría, pondría en marcha su plan y luego asumiría las consecuencias, después analizaría los pro y contra de su decisión, más tarde lidiaría con su error.
El alcohol lo llenó de valor, la bebida le dio el ánimo necesario para decidirse en ese instante aunque en media hora más el efecto de la bebida se fuera. Mientras sus invitados platicaban, sus súbditos disfrutaban de su natalicio, él se perdió entre la multitud. Pasó desapercibido, nadie notó como el príncipe huía sigilosamente de su propia fiesta. El heredero tenía solo un pensamiento en mente, un propósito que cumpliría y esperaba que fuera la última vez que pensara en ella, la última vez que lo atormentara.
El capricho se iría esa noche.
(…)
Aun en su inconsciencia podía oír los zumbidos de la música y los gritos, pero ya era costumbre. Lo que la sacó de su incómodo sueño fueron los golpes reiterados en la puerta de su nave. Se sobresaltó sintiendo el corazón en su mano. Sus latidos se aceleraron y lo primero que pensó la joven era que seguía en un sueño. Frunció el ceño intentando salir de su somnolencia, miró la hora en el reloj digital de la pared que iluminaba las 3:25 am. Una mueca en sus labios se formó presa de la confusión ¿Quién podía molestar a esa hora? Esperó unos segundos cuando los golpes se detuvieron, pero al minuto siguiente continuaron y con más intensidad. Gruñó desesperada y de pésimo humor, no había nada que la molestara tanto como que interrumpieran su descanso y encima con esa violencia. Tiró las cobijas con sus pies de forma torpe y brusca, se puso de pie sin molestarse en arreglar su cabello desordenado o en bajar la falda de su pijama holgado.
La tela fue descendiendo por su piel a medida que daba pisadas sonoras al salir de su habitación, quien fuera que estaba molestando a esa hora la tendría que oír. Los golpes parecieron detenerse cuando ella llegó al salón de estar, resopló fastidiada y con una muñeca en su cadera y su mano libre presionando el botón para abrir la puerta, esperó a su visitante nocturno con la mejor cara de molestia que pudo hacer. Pero no estaba preparada para verlo allí de pie en la rampa de su nave, su expresión de molestia mutó a asombro en cosa de segundos. El príncipe la esperaba con el ceño fruncido y su nula sonrisa. Tragó en seco antes de poder formular algún insulto.
— ¿Qué haces…?—no alcanzó a terminar de hablar cuando el heredero entró a su nave sin siquiera saludar, la empujó con su cuerpo y ella se tambaleó hacia atrás abriéndole paso al saiyajin— ¡Hey!—se quejó al ser pasada a llevar, pero el saiyajin la ignoró y en cambio, le entregó de mala gana una carpeta que la joven torpemente alcanzó a sostener antes que se cayera al suelo— ¿Qué es esto?... —susurró mirando la carpeta azul entre sus manos. El frío aire de madrugada la hizo temblar, miró hacia afuera unos segundos y volteó hacia el príncipe quien se había apoyado en el borde de la mesa y la miraba fijamente, con sus fuertes brazos cruzados y su postura altiva y orgullosa— ¡Lárgate de mí nave!—exclamó indignada al caer en cuenta de su actitud.
Bulma frunció el ceño al ver su indiferencia ¿Cómo podía actuar como si nada después de todo lo que había pasado y encima, estando su prometida en el mismo palacio? La sangre le hervía. El príncipe en cambio, sentía su corazón latir fuerte, la adrenalina hacía estragos en su cuerpo y a pesar de estar molesto mientas la observaba por tener que ceder a sus instintos, no perdió oportunidad para estudiar su cuerpo e inhalar su aroma. La había visto antes con ese holgado pijama rosa, su cabello desordenado y su ceño fruncido demostrándole lo molesta que estaba, pero ahora le parecía más hermosa que nunca. Ahí, solos en la nave de la joven, entendió lo mucho que la necesitó en esos días que estuvieron lejos el uno del otro. Se resignó, entendió y reconoció que ella era un enigma que lo tenía cautivado por completo.
—Vete a festejar tu cumpleaños, que por algo no he podido descansar con esa ruidosa fiesta—soltó mordaz. Frunció el ceño ante su silencio—lárgate—exigió nuevamente, pero el saiyajin no se movió de su lugar. Suspiró resignada y apretó sus manos en puños, entonces sintió el plástico de la carpeta, miró el forro de los documentos y frunció el ceño, ese estúpido príncipe la haría arrugarse prematuramente de tanta rabia que le provocaba.
Cuando el heredero vio a la humana abrir los documentos, sintió una ola de nervios revolver el contenido de su estómago, pero se mantuvo serio y firme en su lugar. No renunciaría a su propósito, no cedería ante su orgullo doblegado ni a su ego. Cedería solo a su instinto y capricho, solo así podría dejar ir todas esas molestas sensaciones que ella le provocaba. La vio leer la primera plana y respiró profundamente y se preparó para hablar—Es una cuenta financiera—explicó mirándola fijamente. Bulma levantó la mirada y el príncipe tuvo que contener el suspiro al ver su expresión adorable que dibujaba la confusión e ilusión. La joven volvió a la lectura mientras pasaba de una hoja a otra ansiosa y curiosa—está a tu nombre—la joven abrió los ojos sorprendida y volvió a mirarlo, completamente confundida y expectante—si doy la autorización, la suma de 10 billones de unidades monetarias serán depositadas a tu cuenta—tragó saliva con disimulo. Ya estaba, ya lo había dicho y nada malo había ocurrido. Él estaba sano y salvo y su orgullo no estaba en el suelo por eso ¿No? Él era un hombre ahora, inteligente antes que nada y como hombre inteligente, buscaba siempre conseguir lo que quería. Y la quería a ella, y esa era la solución que había encontrado, hacer la misma propuesta que Turles.
Sintió una corriente de aire frío sacudir su cabello y la falda de pijama, la brisa heló sus piernas pero no se movió de la entrada de su nave. Observaba perpleja a su ex novio, intentando descifrar sus motivos para hacer algo así por ella. 10 billones de unidades monetarias le alcanzaban para construir tres Capsule Corporation. De pronto, ya no era una sirvienta más del castillo, era una científica con mucho dinero. Miró el papel con su nombre, sintió su pulso acelerarse y su respiración se volvió pesada, volvió a mirar al príncipe y carraspeó la garganta— ¿Estás arrepentido de boicotear mi proyecto… por eso estás haciendo esto?—murmuró expectante. Sus labios se tensaron al verlo sonreír, no era una sonrisa gentil que muchas veces le regaló, no. Era la sonrisa burlesca que la hacía sentir inferior.
—Supe que estabas recibiendo apoyo en tu proyecto a cambio de ciertos favores—y la ansiedad, la expectación y la breve ilusión, se esfumaron lentamente. Bulma sintió sus mejillas ruborizarse, entendía, entendía muy bien sus palabras. Vegeta sabía lo de Turles y su propuesta-estaba segura que se debía al chismoso de Teeb-y estaba completamente avergonzada. De todas las personas que pudieron enterarse, el príncipe nunca debió estar en esa lista. Se sentía pequeña de repente, no solo porque era una situación humillante, también porque él estaba ofreciéndole lo mismo que el consejero. Y no podía negar que era más tentador que aceptar la "ayuda" de Turles.
Tragó saliva incómoda con sus propios pensamientos. No quería aceptar de él ese dinero, pero sabía que era una oportunidad única y difícilmente podría tener otra igual o mejor. 10 billones… era mucho y ella no tenía nada. Capsule Corporation se veía cada vez más real y todo dependía de ella. No había otro cuestionamiento en su cabeza más que el de si aceptar o no, para ella no había algo más importante en ese momento. No quiso darle vueltas al asunto de que al final, él lo único que quería de ella era sexo, porque él siempre fue directo y se lo pidió reiteradas veces en su relación. Pero ¿Podían hacer eso ahora, cuando lo de ellos estaba muerto? O bien, jugaban a que había terminado, porque el verlo allí esperando una respuesta le dejaba claro que él aún la deseaba y ella sabía-era más consciente que nunca-que su amor por él no había disminuido ni un poco a pesar de su engaño, había reproches y enojo sí, pero nada más que eso.
— ¿Estás… seguro?—susurró mirando los documentos. El príncipe intentó no demostrar la dicha que sintió al oírla, esa pregunta para él fue un sí y ya podía desnudarla con la mirada de solo pensarlo—tu prometida puede cancelar el compromiso si se entera de algo así—sonrió con superioridad la joven al levantar sus felinos ojos hacia él. La saliva que se acumuló en su boca le alertó de lo peligroso que era seguir prolongando lo inevitable, él la deseaba ahora y no podía seguir conteniendo sus instintos. Cuatro años de represión… ya era tiempo de dejar todo salir.
—No sé qué rumor anda circulando—murmuró con voz ronca—yo no he aceptado nada—Bulma contuvo el aliento y agachó la mirada ¿Él no estaba con esa mujer? ¿Seguía siendo de ella? cerró los ojos intentando desechar esos pensamientos, él no era suyo, nunca lo fue ni sería. Relamió sus labios, sumamente nerviosa, la decisión estaba tomada y ahora los nervios se habían apoderado de cada célula de su cuerpo. Quizá saber que él no estaba con la pelirroja la animó a aceptar, quizá se estaba engañando a sí misma y ella lo quería igual que él, quizá pensó con la mente fría y consideró que era mejor elegir al príncipe antes que a Turles, lo conocía y el heredero le estaba ofreciendo demasiado dinero, quizá solo era una excusa para sentirlo otra vez… cualquiera fuera el motivo que la incitó a aceptar, fue primero antes que el surgimiento de Capsule Corporation, cuando este era el origen de aquellas propuestas. Su legado quedó en segundo lugar… apretó con fuerza la carpeta, volteó hacia la puerta de su nave, dio una profunda inhalada de aire y presionó el botón al costado del umbral, y la puerta se cerró lentamente, solo el ronroneo del engranaje rompía con el silencio, pero ambos lo ignoraban. Cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos y sentires.
Los ojos negros no perdieron segundo de sus movimientos. La observó caminar cabizbaja hacia él, tragó en seco. Su cola se desenredó de su cintura, tomando vida propia y se meneó lentamente de un lado a otro, movimientos lentos y ondeantes. La joven pasó por al lado de él, y dejó la carpeta sobre la mesa. Ella había aceptado.
La ola de adrenalina que sacudió su cuerpo estremeciéndolo fue insoportable. Respiró profundamente su aroma y se dejó sentir y liberar todo, absolutamente todo lo que ella le provocaba. Se permitió deleitarse con su fragancia, no había espacio para el control, era el momento en que por fin se liberaba de todo. La joven volteó hacia él pero el saiyajin la tomó del brazo y la volvió a girar de modo brusco. La oyó quejarse, pero no le prestó mayor atención. Se quitó sus guantes ansioso, completamente excitado por sentir su piel. Sus manos buscaron el borde de su falda y se apoderó de sus rodillas para comenzar a subir la tela con movimientos torpes y desesperados.
Bulma se tensó al sentir sus manos, no fue solo su prisa lo que la asustó también sus movimientos. Los reconocía, el príncipe muchas veces se perdió en el calor de sus juegos y se volvía más brusco y fogoso, y eran en esos momentos en que el saiyajin le insistía que lo hicieran. Era costumbre, pero ahora tenía un tinte diferente, no había control absoluto en sus movimientos, el joven estaba decidido a culminar el encuentro en ese mismo minuto. Ella esperó caricias suaves y besos apasionados, como cuando eran novios. No estaba lista ni quería aquello que el saiyajin intentaba hacer.
— ¡Tómatelo con calma!—exigió molesta—no hay prisa…. hey—pidió mientras detenía en vano sus manos con las suyas, pero las del guerrero subían de todos modos su falda— ¡Vegeta!
—Cállate—gruñó en su oído, la joven detuvo sus protestas y volteó hacia él boquiabierta al oírlo—no te pagaré para escucharte—siguió con su intento de alejar su ropa mientras murmuró—y es príncipe Vegeta para ti.
—Detente—exigió frunciéndole el ceño—si es de este modo, entonces no. Vete, príncipe Vegeta—soltó mordaz al final. El saiyajin detuvo sus movimientos y la miró fijamente a los ojos. El azul de sus ojos resplandecía con su determinación, pero el fuego interno que lo controlaba lo hizo obviarlo e ignorarlo. No permitiría que aquello quedara así, era su momento y no estaba dispuesto a ceder ante ella ni nadie.
—Esta noche te follaré, lo quieras o no—sentenció rechinando sus dientes—si eres una mujer inteligente, acepta el acuerdo. Tendrás algún provecho que sacarle a esto, tú decides. Lo haces gratis o aceptas esta oportunidad—Sintió la energía de su cuerpo extinguirse, fue como si su alma se hubiera salido de su cuerpo en su suspiro silencioso. La joven miró sus ojos negros y vio a alguien que no conocía, no… a alguien que conocía y detestaba muchas veces: al príncipe heredero del reino saiyajin. No era Vegeta su novio, o su ex novio… en ese momento supo que podía ir olvidándose de la relación que tuvieron y de cualquier costumbre entre ellos que nació de su tiempo juntos, porque quién la follaría sería el príncipe no el hombre que amaba. Era confuso si lo pensaba, pero eran actitudes que el saiyajin tenía a momentos, esos desplantes tercos, la forma en que despreciaba al resto y su nula empatía con su entorno, las que odiaba de Vegeta. Ella lo amaba, demasiado, pero no por eso era ciega y fingía que el saiyajin era perfecto. Su corazón latió fuerte en su pecho, sintió las manos ásperas del príncipe apoderarse de su cadera y sin tacto bajar su pantaletas. Cerró sus ojos y respiró profundamente, debía calmarse y afrontar lo que ella misma había provocado. Miró hacia el frente, rindiéndose a lo que pasaría y el saiyajin entendió su respuesta silenciosa.
Bajó su pantalón torpemente, dejando libre su erección caliente. Con su mano derecha forzó la espalda de ella para bajarla a la mesa, la joven no tardó en entender su petición. Acomodó sus caderas para él y supo, al ver su cuerpo bien formado para él, que aquella sería la primera vez para ambos. Estaba completamente nervioso, como si nunca hubiera estado con una hembra antes, todos esos episodios desagradables de sexo con otras se quemaron en su inconsciente y solo era él y la científica. Movió su trasero buscando el ángulo perfecto para poder penetrarla, el maldito mueble era demasiado bajo para el momento. Observó su espalda apoyada en la mesa que tantas veces les sirvió para comer juntos, miró las manos de la joven afirmarse del borde de la tabla preparándose para su embestida. Tragó saliva en seco, le parecía irreal. Bulma no emitía sonido alguno aceptando lo que pasaría y él no sabía qué pensar al respecto pero el aroma de mujer lo nubló y le obligó a dejar de pensar y actuar de una vez.
Sus manos bordearon su cadera y la levantó para él, dejándola de puntitas para poder alcanzar la altura de su pelvis masculina, se ayudó con una mano y guío su miembro a su cavidad. Fue cosa de segundos, cuando su piel caliente rozó los pétalos de carne rosácea perdió la razón y su cuerpo actuó por cuenta propia. Hundió su falo en su interior sin reparo, ella apretó el borde de la mesa con fuerza y mordió su labio inferior para no gritar por la invasión. Mientras el saiyajin se deleitaba con la sensación de su calor recién profanado, ella cerró sus ojos con fuerza intentando no llorar. Fue más doloroso de lo que pensó y cualquier miedo o nervio se redujo a nada en el momento, estaba rendida a él y al pacto silencioso que habían acordado, pero no se había preparado físicamente para eso.
El príncipe cerró sus ojos, captando en su piel la huella de la mujer que tenía en sus brazos. Su interior se sentía tan bien, demasiado bien. Era la cura para el dolor de su erección, la espera valió cada maldito segundo. Respiró dichoso su olor, y entendió que su aroma era mucho más agradable ahora, su perfume natural era corriente e inferior comparado a su esencia de mujer. Y se alivió al saberlo, al entender que su fragancia lo llevaba al límite en ese momento y no fue antes, no hubiera podido soportar cuatro años con ella oliendo así de bien. En resumen, ella lo volvía loco en cualquier circunstancia.
Movió sus caderas perdido en la satisfacción que la cavidad húmeda y caliente le brindaba, se afirmó fuerte a sus caderas como si ella pudiera escaparse en algún momento. La embistió rudamente, sin tino ni cuidado, su cola se tensaba y relajaba cada vez que se hundía en ella como si fuera su erección. Cada parte de su cuerpo estaba gozando del momento. El encuentro no duró demasiado, solo unos breves minutos que lo obligaron a liberar su semilla precozmente. El control no existía en ese momento, lo que el príncipe hizo fue solo descargar los años de frustración sexual que la joven le provocaba, actuando como un novato desesperado y excitado. Llenó su interior con su semen, y no creyó que podía sentirse así de bien una eyaculación. Ahora entendía por qué los hombres cedían a sus instintos carnales, porque el sexo los idiotizaba. Respiró agitado, subiendo y bajando su pecho, todo su cuerpo ardía y sentía su traje azul real pegado a su piel debido al sudor por el esfuerzo. Jadeó ajeno al sentir de la joven, que suplicaba mentalmente que se alejara de una vez.
Bulma sentía un calor lleno de culpa recorrerla, se sentía sucia. Había permitido que él la tomara así de frío, se había entregado por dinero… su intimidad ardía y su orgullo estaba masacrado. Suspiró aliviada cuando el saiyajin salió de su interior, se sentía extraña. Captaba cada nueva sensación en su cuerpo y memorizaba curiosa las reacciones, su intimidad llenada por él era lo que atraía su atención, volteó lentamente hacia él al mismo tiempo que intentaba reincorporarse, sentía sus caderas adormecidas y su núcleo arder, pero quería verlo. Quería memorizar su primera vez con él a pesar de lo desagradable que había sido el proceso, porque al final, él había sido quien la había tomado y eso hacía que valiera la pena de recordar. Frunció el ceño al verlo con un semblante preocupado mirando hacia abajo.
El príncipe observaba serio su miembro aun erecto que conservaba rastros de su esencia y sangre. Frunció el ceño mirando las delgadas gotas rojas descender por su hombría, miró el cuerpo de ella y aunque se excitó al ver su interior con su semilla, fueron los rastros de sangre lo que llamó su atención. Ahora descansado de su enojo y excitación, entraba en cuenta de su actuar. Miró preocupado el rostro de la joven, quien lo miraba confundida. No tardó en tomarla de sus brazos y voltearla hacia él para poder asegurarse de su estado; Bulma jadeó débilmente al sentirlo, su cuerpo se movió en contra de su voluntad y solo pudo mirar al príncipe, muda y expectante. Los ojos negros miraron sus facciones y su cuerpo, Bulma frunció el ceño curiosa ¿Qué era lo que él buscaba? Sentía su cuerpo pesado y sudado a pesar de no haber hecho otra cosa que recibir sus embistes. Cuando el saiyajin la liberó, ella se dejó caer al suelo sin fuerza en sus piernas. Tenía todo el cuerpo resentido por la pose que él la hizo mantener en esos minutos que no fueron muchos pero para ella eternos. Respiró profundamente, frunció el ceño al sentir los líquidos calientes salir de su interior, sus mejillas se sonrojaron y cerró sus ojos. Tendría que usar la caja rosa que su madre le había preparado para esos momentos… la vergüenza no dejaba su cuerpo, como si nunca antes hubiera tenido algún encuentro sexual, era irónico porque al final había sido el único hombre que la había tocado el que la había follado y aun así se apenaba.
Al verla ilesa, pudo volver a asimilar lo que su cuerpo demandaba. Más de ella. No quiso pensar que el capricho debería haberse ido después de cogerla, prefirió pensar que era muy pronto para quitarse las ganas de la humana. Sin esfuerzo alguno la tomó de un brazo y la jaló para ponerla de pie. La científica exclamó molesta por su trato y se quejó cuando la volteó nuevamente.
— ¡Espera un momento!—pidió volteando el rostro para poder verlo—déjame ir al sanitario—Vegeta la contempló unos segundos, buscando algo que delatara las verdaderas intenciones de la joven o cómo se sentía en ese momento después de haberla hecho suya al fin. No encontró nada. Se alejó de ella a regañadientes, dejándola huir hacia su habitación. Respiró su aroma que rondaba en el aire, relamió sus labios y sin pensarlo mucho se deshizo de su capa dejándola caer en ese mismo lugar, caminó hacia el cuarto de la chica y se quitó la armadura en el camino y siguió con su camiseta azul. Supuso que ella estaba bien, su Bulma era fuerte después de todo.
Entró al cuarto y se sentó en la cama desordenada de la joven, oyó la regadera y se recostó en la colcha. Intentaba no sonreír, pero no podía evitarlo. Era como si todo el enojo de años se hubiera ido en ese orgasmo que ella le permitió sentir. Se sentía relajado, pero con ganas de más. Cuando la puerta se abrió, se reincorporó y la observó. La joven miraba el suelo, su cabello estaba tomado en un moño alto. Aún tenía el pijama pero podía notar como la tela se adhería a su piel que supuso estaba mojada. Se puso de pie rápidamente y caminó hacia el baño, también necesitaba asearse.
Bulma lo miró pasar por su lado y suspiró. Se sentó con cuidado sobre la cama y se abrazó las piernas. Aun le dolía su cuerpo y sabía que él no había quedado satisfecho. Cuando jugaban entre las sábanas no quedaba conforme rápidamente ¿Cómo sería ahora? No era tonta y podía suponer que él no había dado como finalizado el pago de la deuda. Pasaron unos minutos, donde se dedicó a revivir una y otra vez el momento en que dejó de ser virgen. El término ahora le resultaba anticuado, pero no sabía cómo referirse de otra forma. Habían planeado antes su primera vez juntos y estaba segura que habría sido completamente diferente a lo que ahora habían hecho, tan frío y mecánico. Tragó en seco y se abrazó más fuerte. La puerta se abrió bruscamente y miró al saiyajin salir del baño completamente desnudo. Por un momento iba a desviar la mirada pero ¿Qué sentido tenía? Se conocían demasiado-y en muchos sentidos-para volverse pudorosa de repente.
El príncipe se acercó a la cama con su miembro ya erecto, la joven deshizo su abrazo y lo miró hacia arriba por la altura. No tuvo necesidad de decirle que se corriera para darle espacio, la humana se deslizó hacia atrás permitiéndole subirse a la colcha para seguirla. Respiró su olor sin miramientos, era liberador actuar sin temor a perder el control.
—Voltéate—exigió en un susurro. La joven frunció el ceño y lo miró unos segundos algo confundida, pero pronto el enojo habló por ella.
— ¿Podrías ser más cortés?—preguntó indignada—me haces sentir como una puta—el príncipe levantó una ceja y antes de pensar, su orgullo y despecho-que seguía latente por haberlo terminado unas semanas atrás- habló por él.
— ¿Y qué crees que eres?—contuvo el aliento al ver su expresión dolida. La culpa fue inmediata y casi escupe un "lo siento" que quedó atorado en su garganta cuando la vio desviar la mirada. Sintió su pecho doler, como si compartiera lo que la chica sentía en ese momento, no eran necesarias las palabras entre ellos y con solo ver sus ojos tristes supo que había sido un completo idiota.
— ¿Cómo me pongo entonces?—preguntó conteniendo la rabia. No pensó en las consecuencias, y que él perdiera el respeto escaso que le tenía era más que evidente. Sujetó su pijama rosa y lo deslizó por su cuerpo, arrojó la tela al suelo, se quitó el prendedor del cabello y lo lanzó a algún lugar olvidado del cuarto y evitó mirarlo a la cara. Así, desnuda y expuesta para él, esperó algún movimiento del saiyajin. Sin embargo, nuevamente él la sorprendió. Esperó algún empujón o que la volteara con violencia, pero no su perfil acercándose tímidamente a su boca. Abrió los ojos sorprendida al verlo encima de ella buscando sus labios, y aunque estuvo tentada a responder, volteó rápidamente evitando el contacto.
Vegeta frunció el ceño, tomó sus muñecas y la empujó a la colchoneta donde ella rebotó quejándose por su movimiento. No tardó en subirse sobre el cuerpo femenino, sus pieles ardían ante el contacto y anhelaban la caricia del otro, sus cuerpos se extrañaban y no se avergonzaban de hacérselos saber, las sensaciones los invadían de modo automático, las ansias y el deseo se desbordaba por los poros de ambos cuerpos; Bulma frunció el ceño e iba a hablar, insultarlo o gritarle pero los labios del saiyajin se lo impidieron. Intentó alejarse de sus labios, pelear hasta el último momento por un beso que no quería. Estúpido, pensaba, después de haber sido follada ¿Le negaba un beso? Pero en el fondo sabía la diferencia, era un acto tan íntimo y lleno de amor que solo ellos mantenían, coger era algo común, besarse no. Y no estaba dispuesta a dejarlo salirse con la suya, podía tener su cuerpo pero no sus labios. Pero era más sencillo decirlo que hacerlo, el príncipe tenía más fuerza y dominio, él siempre tenía lo que quería y su boca no fue la excepción. Resignada aceptó el beso apasionado y violento del guerrero, cerró sus ojos con fuerza y poco a poco fue cediendo al amor que tenía para él.
Los besos no tardaron en sincronizarse, en devorarse y demostrarse lo que ambos sentían. Amor. El saiyajin no tenía idea de aquello, él solo expresaba lo que sentía y ella le provocaba eso y más. En su cultura el término no existía, el joven era preso de un sentimiento que desconocía y de la profunda atracción inevitable que había despertado cuando solo eran unos críos. La besó con pasión, deseo y lujuria, intentando que sus labios dijeran lo que él no podía. Cuanto la deseaba y la había extrañado. Dejó sus labios para bajar a su cuello, lamió y besó ansioso mientras su erección amenazaba el vientre de la joven. La oía suspirar, reaccionar a sus atenciones y comprendió que lo que había pasado en la sala de estar de la chica era la punta del iceberg, lo bueno llegaba ahora.
Tocó sus senos con ambas manos, la chica se retorcía debajo de él como tantas veces hizo antes. Succionó el botón rosa hambriento, mientras que al otro le daba atención con su mano restante. Se acomodó entre sus piernas cuando ella le abrió paso, se alegró internamente por su disposición. En ese momento ella olvidó el pacto por los 10 billones y él, el capricho que lo atormentaba. Hizo un camino de besos por su piel, su cuello, sus montes, su vientre y cintura, acarició cada rincón de su cuerpo. Cuando llegó a su pelvis dio movimientos circulares y firmes sobre sus muslos y la levantó para él que sentado sobre la colcha irguió su intimidad para poder probarla. La joven inclinada con su pelvis en el aire, sus piernas apoyadas en los fuertes hombros del príncipe, sus manos sujetando las sábanas con delirio, se entregó totalmente rendida a su amor.
Él besó suavemente sus labios rosa, luego su clítoris con aun más ternura. La oyó gemir y sonrió entre las caricias que le brindaba. Su lengua no tardó en unirse al juego, la sentía jadear y alzar su pelvis para él, invadida por el goce que él le estaba dando. Así le gustaba, así lo prefería. El descontrol inicial se había ido, ahora podía degustar con calma lo que ella era y tenía para ofrecerle, lo que ansiaba tanto y soñaba noche tras noche. Ella era real, ella estaba ahí con él y era suya, solo suya.
Gimió alto cuando la lengua de él la hizo tocar el cielo. Sentía los calambres en todo su cuerpo, su piel irradiaba calor como si el saiyajin hubiera encendido fuego con sus labios. Respiró agitada, su pecho subía y bajaba sin recuperarse de su orgasmo. El príncipe la dejó caer sin soltar su cadera, la depositó en la cama y volvió a sus labios, le dio de probar su néctar y ella lo recibió adormecida.
—No duermas—susurró en su oído mientras separaba sus piernas y las abría para él. La joven abrió los ojos lentamente y él volvió a besarla, no quiso negarse a pesar de que temía por el dolor previo, prefirió continuar con el encuentro que debió ser desde el principio de ese modo. Se besaron llenos de deseos por el otro, abrazó su cuello y lo apegó a su pecho. Sus pectorales duros aplastaron sus montes blandos y se sintió en el paraíso. Había extrañado tanto sentirlo así, se despertó cada noche sintiendo su presencia acompañándola y ahora estaba allí, con ella nuevamente.
Se introdujo en ella de una vez, la oyó quejarse y la besó a modo de disculpa. Se tomaron de las manos, sus dedos se entrelazaron y se apretaron cuando comenzó a embestirla. Bulma cerró sus ojos con fuerza, no era igual de doloroso que la primera vez pero sí incomodo, su interior se abría paso a su invasión y no podía evitar quejarse ante cada empuje. Rodeó su cintura con sus piernas, apretó sus manos cada vez que entraba y arqueaba su espalda intentando amainar el ardor. Él besó su cuello, su mentón y luego su boca, movía solo su pelvis que hacía encajar a la perfección en la de ella, gruñía a minutos y jadeaba en su boca.
El ritmo que el saiyajin lideraba fue subiendo de velocidad de forma paulatina, la joven guardó en su memoria cada reacción del príncipe. Se concentró en su rostro que expresaba libremente cuanto disfrutaba de ella. Su pecho se llenó de calor, amaba a ese hombre más que a nadie, era imposible no admirarlo, le gustaba aprender y reconocer cada nueva faceta y esta vez no era la excepción. Besó sus labios haciendo suyo sus gemidos, a pesar de ser guiada por él en ese momento, y que naturalmente el saiyajin dominaba, no podía evitar sentirse poderosa. Era ella quien lo estaba haciendo sentir bien, su cuerpo estaba siendo del goce del príncipe y era tanto el amor que sentía por él, que no podía evitar sentirse bien con eso.
Él volvió a correrse, y ella contuvo su sorpresa al sentir su semilla en su interior, esta vez la joven sintió una satisfacción extraña al recibir su líquido caliente. El príncipe respiró con dificultad sobre su rostro, ella inhaló su aire tibio y le devolvió su suave halito. Vegeta relamió sus labios y sin separarse de su cuerpo volvió a besarla, atrás quedaron las dudas, inseguridades y su orgullo. Solo quería tenerla.
—Quiero amanecerme contigo—soltó entre jadeos, sin recuperar el aliento por completo. La científica observó su rostro descansado, sin el semblante frío e indiferente, todo lo contrario, el saiyajin se veía más receptivo, sereno e interesado que nunca—y no durmiendo precisamente…
Bulma contuvo el aliento y el "te amo". Por alguna razón desconocida, la joven prefirió actuar con cautela a pesar de la magia del momento. Era como si su inconsciente le alertara que tuviera cuidado, que no se confundiera, lo que estaba pasando entre esas cuatro paredes metálicas era solo sexo. Debía dejar a un lado sus sentimientos humanos, porque con el príncipe saiyajin no funcionaban y no había lugar para ellos. Tragó saliva nerviosa-sin motivo aparente, no reconocería que él aun la ponía nerviosa incluso en esa situación-miró sus ojos negros que la observaban llenos de deseo, y se removió bajo su cuerpo, estrechó sus ojos al sentir el movimiento de su erección aun en su intimidad que resentida aceptaba sin más opción su intromisión. Ya podía dar por hecho que no valdría ni un veinte al día siguiente, que su cuerpo estaría completamente agotado por la libido del saiyajin pero era el momento, era ahora o nunca. No sabía qué podía ocurrir mañana, si él le había o no dicho la verdad sobre el compromiso de esa chica o si pudiera haber otro en algún futuro. Ellos no podían estar juntos, ese era el momento, la instancia en que debía atesorar lo que ocurriera, hacer que ese recuerdo estuviera siempre en su memoria y poder recurrir a él con una sonrisa y no con rabia o tristeza. Besó sus labios con más ánimo, quizá su cuerpo no quería aceptar lo que diría pero sus sentimientos eran los que mandaban esa noche, y ella quería estar con él una y otra vez, que esa noche fuera solo de ellos dos.
—Está bien—susurró contra sus labios—feliz cumpleaños—el príncipe sonrió mentalmente, no podía permitir que ella viera la felicidad que sentía en ese momento, lo que ella le hacía sentir. Pensó que su natalicio sería aburrido y uno de los peores en sus 18 años, y allí estaba, entre sus piernas sintiendo el mayor goce de su vida ¿Qué victoria podía compararse a tenerla? Ninguna. Era como si hubiera estado muerto antes de estar con ella, y ahora podía ver todo con claridad. Bulma había sido su obsesión en mucho tiempo, ya sea de forma positiva o negativa. Ella estuvo más presente de lo que pensó en su vida y ahora dudaba si sería capaz de dejarla ir. Ahora… ahora dudaba del capricho-como siempre se obligó a creer-dudaba que esa noche fuera suficiente, dudaba y se refugiaba en sus labios y su interior.
Ella era una droga que lo consumía en muchos sentidos. Pero por el momento, solo podía entregarse al éxtasis que ella le brindaba y ya más tarde analizaría sus pensamientos, sentires y deseos. No era el momento, ahora debía apoderarse de su cuerpo otra vez, dejar su semilla una y otra vez en su interior, hacerle entender que él sería el único en su vida, el dueño absoluto de su persona y que nadie podría cambiar aquello. Por esa noche, dejó libre todas sus trancas mentales, por esa noche se permitió amarla en su totalidad sin siquiera saber que lo hacía.
(…)
Entre sueños oyó el "bip", pero su cuerpo y mente estaban demasiado agotados para despertar. Entre las sábanas manchadas de sudor y jugos corporales, la joven dormía profundamente. Los rayos del sol habían tocado esa parte del planeta hace unas horas, pero ella no se daba por enterada, el cansancio físico le superaba.
El "bip" se convirtió en una melodía de fondo, su respiración subía y bajaba en su posición enroscada en medio de la cama. Cuando el calor se hizo más intenso y cambió la temperatura del cuarto la joven abrió los ojos. Frunció el ceño molesta y se destapó perezosamente, sintió cada centímetro de su cuerpo protestar por su movimiento pero no le prestó demasiada atención. El sueño era más fuerte. Sin embargo, no pudo continuar descansando. Pronto su piel se perló de sudor, abrió los ojos fastidiada y miró todo a su alrededor. Sentía como si hubiera sido aplastada por un gigante, todo su cuerpo estaba resentido, en especial su cadera. Frunció el ceño, derrotada, era lo que conseguía por dejarse follar toda la noche. Suspiró molesta consigo misma, en el tercer encuentro ya no pudo seguirle el ritmo pero permitió que él se saciara hasta decir basta ¿Por qué? Porque era una estúpida enamorada. Miró el suelo, perdida en sus pensamientos, y la sonrisa se fue formando lentamente en sus labios carmesí. A pesar del dolor no se arrepentía de nada, la noche de principio a fin se convertía en un recuerdo más de ellos. Se movió lentamente para quedar de espaldas a la colchoneta, miró el techo artificial y se preguntó a qué hora él se había ido, ni siquiera lo sintió marcharse. El "bip" estaba tan inmerso en el cuarto que la joven tardó en reconocer la notificación del comunicador, después de media hora donde había hecho un esfuerzo sobrehumano por ir al sanitario lo notó cuando volvía a la cama. Con sus manos aun húmedas tomó su comunicador de la superficie del tocador, rogaba a todos los cielos que no fuera otra misión ¡Con suerte caminaba y era un suplicio! No podría soportar salir del planeta en su condición, pero cuando leyó el mensaje, hubiera preferido que lo fuera.
La transferencia de los 10 billones se había realizado con éxito a su cuenta y podía retirarlos cuando quisiera. Él había cumplido.
Bulma cubrió sus ojos con su mano libre, evitando derramar lágrimas ¿En qué momento olvidó que él había pagado por esa noche? Pero cuando una idea venenosa cruzó por su mente se quebró y no pudo contener el sollozo. Había sido una puta más para él. Vegeta había ido en su búsqueda porque estaba caliente con ella, la deseaba desde hace mucho al punto que se había sometido a su juego de novios y ahora él había conseguido lo que desde un principio buscó. Ahora era un nombre más en su lista y él, él era su primer y único amor.
Era una estúpida sin remedio.
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N/A: 20 capítulos para que ocurriera el anhelado Lemon. Quizá 15 ya que los primeros 5 cap ellos eran niños. No quise poner Lemon como advertencia al principio, para sorprenderlas. Espero haberlo conseguido.
No sé que decir al respecto... xD la primera vez de ambos se me ocurrió hace como 3 capítulos anteriores, intenté de algún modo que ninguno se sintiera doblegado en su personalidad, no quise demostrar una Bulma víctima ni a un Vegeta violento o tirano, intenté dejar claro que lo que pasa entre ellos es más allá de los hechos, situaciones que aceptan dentro de sus contextos y sobre todo porque se conocen. Espero que se vea reflejado en el cap...
*La palabra "correrse" no sé si la habían oído antes, en mi país se usa para referirse a cuando un hombre eyacula... igual que cuando dicen que alguien está "caliente" con la otra persona, se refiere a cuando está excitado o enojado, en el contexto del fic lo usé para referirse a lo primero xD Espero que no se confundan y perdón por ser poco neutral con el léxico.
*El nombre "Amathys" lo usé inspirado en Amatista, de Steven Universe : serie que amo con mi vida! xDD
Espero que les haya gustado el cap, déjenme saber sus opiniones con sus rw :) quiero saber todos los puntos de vista. Me interesa profundamente saber la opinión de este cap que dentro de todo, esperábamos con ansias que sucediera (lemon) xDDD
Bueno, espero que no hayan muchos errores ortográficos, palabras a medio terminar y letras combinadas ¡Lo siento!
Gracias por leer y comentar, dar fallow y fav :)
Nos leemos! y que tengan un lindo día :)
