En busca de ayuda


Alice POV:

Veía con verdadero asombro a Emmett realizar lo que segundos antes había imaginado, pero ya no estaba segura de que fueran sólo imaginaciones mías, pues lo que había visto era una réplica exacta, ahora no tan brumosa, de lo que en el momento estaba ocurriendo: mi hermano, con una fuerza que no era de este mundo levantó una escultura de San Marcos, arrojándola contra la pared, en la misma se formó un gran hoyo por el que pudimos salir de esa prisión de estilo barroco.

Físicamente me sentía "mejor", si es que algo así existía en nuestra nueva condición. Y el verme fuera del castillo fue el incentivo necesario para empezar a valerme por mí misma, ajusté el enorme cubrecama alrededor de mi pecho recogiendo un poco lo que sobraba de largo, que era bastante, mientras trataba de hacerlo de la mejor forma posible, una nueva visión me abordó:

Cuatro hombres del castillo, de apariencia bastante fuerte, uniformados con unas enormes capas del color gris del humo (que les cubrían por completo incluyendo sus cabezas pues tenían capucha y ondulaban al viento), salían por el boquete de la pared tras nosotros, cayendo con igual gracia, sin hacerse el menor daño.

Mientras discutíamos hacia donde seguir nos tomaron por sorpresa y a la fuerza nos llevaron adentro, a un calabozo donde a los tres nos pusieron grilletes en pies y manos, impidiéndonos algún nuevo intento de huída.

No podía ver mayores detalles, sólo una cosa me dio ventaja y nos permitiría escaparnos: Desde donde nos encontrábamos era plenamente visible la torre central del castillo donde había un gran reloj, que señalaba las 06:23. Cuando volví a la realidad, lo primero que hice fue ver el reloj, marcaba las 06:21… sin analizar mucho el sentido de lo que decía, les solté:

—Tardarán dos minutos en alcanzarnos. Lo vi por el reloj de la torre central. Debemos huir, pero no sé por dónde. — Tras un segundo de vacilación Edward sugirió:

—Deberíamos internarnos en el bosque.

—Yo creo… — Intentó añadir Emmett, pero era justo lo que teníamos que evitar, distraernos.

—No hay tiempo para discutirlo, chicos, si no nos vamos ya nos van a atrapar. ¡Vamos al bosque!

Corrimos hasta no poder más, el bosque era denso, oscuro, poco hospitalario, muchas veces debí detenerme para reajustar el edredón, que terminó teniendo apenas la quinta parte de su tamaño original. Edward nos guiaba leyendo las mentes de nuestros perseguidores, con lo que teníamos una ventaja que nos permitía despistarlos y alejarnos cada vez más de Volterra.

Finalmente llegó el momento en que nos dijo que ya no nos seguían, y aunque no había en nosotros nada parecido al agotamiento físico, sentíamos un ardor en nuestra garganta, que se mezclaba con ansias y deseo. Esto nos impedía seguir adelante, nublaba nuestros sentidos volviéndonos anhelantes. Los tres nos veíamos, intentando descifrar el misterio.

Ni siquiera podíamos definir que era en sí lo que experimentábamos. Era tan parecido al hambre y a la vez mucho más intenso.

—Vamos chicos, no creo que no se lo imaginen. — Interpuso con una sincera sonrisa Emmett: —Necesitamos sangre.

—No puedo siquiera escuchar eso, Emmett… es repulsivo. — Les dije yo, mirando el suelo, tenía miedo de los resultados de esta conversación. Tenía miedo de reconocer que tendríamos que asesinar a seres humanos para "poder vivir", no quería ni pensarlo.

—Si no nos alimentamos desfalleceremos, estoy seguro.

—¿Y qué propones? — Repuso ahora Edward, plenamente consciente de lo que yo estaba pensando.

—Ir de cacería — Sonrió nuevamente ante nuestras aterrorizadas expresiones — como cualquier ser viviente que lucha y pelea su lugar en este mundo. No creo que tengamos que alimentarnos exclusivamente de humanos… Quizá una vaca, un cerdo, podemos mantener más o menos nuestra dieta usual… no tenemos que ser unos monstruos.

Y fue así, con la idea de Emmett cómo sobrevivimos los dos días que nos llevó el trayecto hasta Grecia. Donde encontraríamos a papá y mamá.

Esme POV:

Dos semanas a solas con el galán de mi esposo habían sido reconfortantes, relajantes, excitantes y simplemente deliciosas. Hacía tiempo que no pasábamos tanto tiempo a solas. Disfrutamos de cada instante juntos, ya fuera en la villa donde nos alojábamos, en el teatro, en algún museo, en fin, Carlisle y yo no complementábamos perfectamente. No hubiese encontrado a alguien más idóneo para mí que mi esposo.

Pero para ser realmente honesta, debo admitir que he extrañado demasiado a mis pequeños. Los dulces mimos de Edward, las bromas de mi Emmett y las mil travesuras de Alice, esas pequeñas cosas que llenan mis días de dicha y felicidad. Y es que la felicidad es la suma de los pequeños detalles, de los pequeños triunfos, de las pequeñas alegrías.

Lo más seguro era que llegaran hoy por la noche o mañana temprano. Pasaríamos dos días juntos acá y luego partiríamos a Forks. No podía ocultarle a Carlisle que estaba un poco preocupada pues desde hace cinco días los muchachos no se han comunicado con nosotros.

Pero él supo como convencerme de que todo estaba bien. Me sentó en sus piernas y lentamente acariciaba mis pantorrillas, mis muslos, mientras susurraba muy cerca de la sensible piel de mi nuca:

—Oye, están juntos, les hemos enseñado a apoyarse y cuidarse mutuamente. No les pasará nada malo mientras se encuentren juntos.

—Tienes razón, además las malas noticias son siempre las primeras en llegar. ¿Verdad?

Yo no había terminado de decir esta frase, cuando el botones se hizo sentir tras nuestra puerta con un leve toque.

—Yo iré, corazón. — me dijo Carlisle, tan caballeroso como cuando apenas éramos novios.

—No tardes, mi amor.

Carlisle POV:

Por más que tratara de convencerme a mí mismo y a Esme de que todo estaba bien con los muchachos, sentía algo de aprensión, ellos nunca habían dejado de reportarse por tanto tiempo. Sin embargo, quería con todas mis ganas creer que no les había ocurrido nada malo. Abrazaba contra mi regazo a mi amada esposa cuando tocaron a la puerta:

—Yo iré, corazón. — Me ofrecí de inmediato. Y dejando en el sofá a Esme fui a atender el llamado.

—No tardes, mi amor.

Cuando abrí, el botones me dijo rápidamente entre susurros que en la recepción se encontraban tres jóvenes andrajosos que decían ser mis hijos. Me volví a la habitación y le avisé a Esme que iría un momento al Lobby del hotel, sin darle los detalles específicos, no quería preocuparla sin necesidad. De inmediato salí junto al botones con el alma en un hilo.

En efecto, sentados en un rincón apartados de la vista de los huéspedes estaban Alice (medio desnuda) junto a Edward y Emmett, cuyas ropas estaban en un estado deplorable.

—Hijos, qué ha pasado. ¿Están bien? — Se veían algo pálidos y además estaban sucios, pero nada me indicaba que hubiese algo realmente grave que lamentar.

—No te preocupes papá. — Añadió Edward tomando el mando de la situación como un experto. — Te lo contaremos de inmediato. Pero ahora necesitamos ir a las tiendas a comprar algo de ropa decente para no espantar a mamá… una vez estemos listos les contaremos lo ocurrido a ambos.