La historia es una adaptación del libro Taking Connor de B. N. Toler y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Justo a tiempo para la extraña vuelta a casa.
Emmett ha estado mortalmente silencioso. Tanto que el silencio es ensordecedor. Miro por la ventana del copiloto y trato de calmarme. ¿Qué sucede ahora? ¿He vuelto las cosas entre nosotros muy incómodas? Quizás no pensó que podría quererlo. Tal vez lo interpreté todo mal… apesto en eso. Soy como una niña cuando se trata del sexo opuesto. No sé nada, solo chuparme el dedo y cagarme en los pantalones, metafóricamente hablando.
Entra con mi auto en la entrada y me da un vuelco en el estómago. Garrett está sentado en el maletero de su auto, esperando. Cuando entramos, Emmett estaciona a su lado y a juzgar por su rostro está enfadado.
―Me encargo de esto ―le digo, poniendo una mano en su brazo. Está tenso, listo para luchar.
―¿Por qué no me dejas…?
―Déjame ocuparme de esto ―le interrumpo―. Por favor, Emmett.
Mira fijamente hacia adelante y asiente una vez. Ambos salimos del auto e inmediatamente Garrett se acerca.
―Hola ―saluda con una sonrisa―. Hola, Emmett. ―Saluda con la mano.
Emmett me mira, sus ojos dicen quiero matarlo. Nunca mira a Garrett, solo cierra la puerta del conductor y se dirige al garaje.
―Vaya ―exclama Garrett mientras me mira de los pies a la cabeza―. Te ves… fantástica.
―Gracias ―respondo simplemente.
―¿Qué pasó esta noche? Te llamé un millón de veces. Pensé que habíamos quedado esta noche.
―Así era ―solté de sopetón―. Pero los planes cambiaron.
―¿Estás bien? ―preguntó, con un tono verdaderamente preocupado.
Me giro y me reclino en el auto, así puedo enfrentarlo pero me quito los tacones. Los pies me están matando. Tomando un profundo respiro, digo directamente:
―Tu mujer vino a hacerme hoy una visita.
Se le descompone el rostro y pestañea unas cuantas veces como si estuviese procesando mis palabras.
―¿Mi mujer? ―pregunta antes de tragar con fuerza.
―Sí. Una rubia bonita, madre de tu hijo que está por nacer.
Cierra los ojos y da un paso atrás, dejando salir un gruñido.
―Bella…
―Mira ―lo interrumpo levantando la mano―, obviamente tienes asuntos sin resolver en casa con los que necesitas tratar. He disfrutado de nuestro tiempo juntos, pero esto no va a funcionar.
―Bella, no creo que el bebé sea mío.
―Garrett ―resoplo―, no importa. Me mentiste sobre estar casado y me escondiste lo de tener un hijo. Eso… no está bien.
―No lo entiendes. Lo siento. No te lo conté, pero míralo desde mi punto de vista.
Negando me dirijo hacia mi casa, pero se pone frente a mí.
―Eres una preciosa viuda que por alguna razón me eligió para ser el primer tipo con el que queda en mucho tiempo… Estaba asustado de que mi equipaje pudiese asustarte.
―¿Así que mentiste? ―cuestiono con tranquilidad, negándome a enfadarme.
―Más bien… omití.
―No puedes omitir a una mujer y un hijo, Garrett. ―El disgusto en mi tono es obvio y hace que frunza el ceño y niegue. De nuevo, me muevo para pasar a su lado pero toma mi brazo para detenerme.
―Estoy loco por ti ―admite―. Sé que tiene mala pinta, pero juro que no es tan malo como parece.
―Por favor déjame ir ―pido, de nuevo con calma.
―Por favor, no hagas esto Bella ―suplica.
―Suéltale el puto brazo ―chilla Emmett mientras aparece a nuestro lado, con la feroz mirada fija en Garrett, lanzando advertencias.
Garrett me suelta el brazo y me apresuro hacia las escaleras. No me estaba haciendo daño, pero aun así agradezco la intervención de Emmett.
―Esta era la noche, ¿no es así? ―grita.
Me giro y lo veo mirándome sobre el hombro de Emmett mientras Emmett lo obliga más o menos a retirarse. No está tocando a Garrett, solo usa su enorme presencia física para guiarlo lejos.
―Es por eso por lo que estás vestida así, ¿cierto? Me querías. Por favor, no dejes que esto arruine lo que tenemos.
―Sal inmediatamente de aquí ―suelta Emmett y empuja a Garrett, que tropieza hacia atrás pero se las arregla para equilibrarse antes de caer al suelo.
Garrett se endereza y me mira.
―Por favor, Bella.
―No quiero volver a verte ―aseguro―. Por favor vete. Y no vuelvas a ponerte en contacto conmigo.
―Ya la escuchaste ―farfulla Emmett―. Vete.
Garrett lo mira antes de darse la vuelta e irse hacia su camioneta. Un minuto después está saliendo de mi camino de entrada. Me siento en el último escalón, sintiéndome un poco inestable. No estaba preparada para eso cuando llegué a casa. Sabía que en algún momento tendría que enfrentarme a Garrett, pero no pensaba que sería esta noche. Emmett camina hacia mí, frotándose la cabeza con ambas manos como siempre hace.
―¿Estás bien? ―pregunta tímidamente.
¿Por qué quiero llorar ahora mismo? No puedo determinarlo, pero de repente las lágrimas empiezan a caer. Emmett me recoge, tan ridícula como me siento haciendo que me lleve no puedo negar que se siente bien estar entre sus brazos. Una vez que estamos en la cocina me pone de pie y saca una silla de la cocina para que me siente.
―Creo que necesito otra bebida ―se queja. Claramente aún está un poco irritado. Está enfadado, pero no puedo evitar pensar que parte de ese enfado está dirigido a mí.
Me siento mientras toma la botella de Jack de la nevera y se une a mí a la mesa. No habla, solo desenrosca el tapón y toma un gran trago. Luego desliza la botella hacia mí. Me limpio la nariz con el dorso de la mano antes de tomar un trago. Cuando empiezo a toser por la quemadura vuelve a agarrar la botella.
―Siento que tuvieses que… verte envuelto en eso ―gimoteo.
Emmett toma un profundo suspiro como para calmarse, antes de tomar otro sorbo.
―¿Estás bien? ―pregunto titubeando.
―Soy un imbécil, eso es lo que soy ―responde. Se levanta y toma el trapo de cocina del mostrador, dándomelo antes de volverse a sentar.
―¿Por qué eres un imbécil? ―cuestiono mientras me limpio el rostro.
Se pasa una mano por el rostro.
―Porque quería patearle el culo a ese idiota.
―Me alegro que no lo hicieses ―aseguro―. Aunque en cierto modo lo merece.
―¿De verdad? ―pregunta Emmett.
―¿Si merece que le pateen el trasero?
―No ―responde con seriedad, su tono me dice que habla en serio, que lo que está preguntando es importante para él―. Ustedes no habían…
Me lleva un momento entender a qué se refiere. Sexo. Me está preguntando si Garrett y yo tuvimos sexo.
―Sí ―contesto con voz ronca―. No hicimos nada más que besarnos.
―¿Pero ibas a hacerlo… esta noche?
La vergüenza me hace enrojecer. Así era. Iba a acostarme con Garrett esta noche. Ese era el plan antes de que la rubia apareciese y lo cambiase todo. Pero lo que lo hace peor es que prácticamente le conté a Emmett que lo quería a él esta noche. ¿Qué demonios está mal conmigo? ¿Cómo puedo pasar de planear acostarme con Garrett a fantasear con Emmett? ¿Qué clase de ramera soy?
―Sí ―respondo con honestidad―. Supongo que es bueno que su ex pasase por aquí y me salvase de un gran error. ―Estoy llorando de nuevo, sosteniendo el rostro entre mis manos.
Emmett me levanta de la silla y me sienta en su regazo, sosteniéndome.
―Siento que te hiciese daño, Bella.
Lo miro a los ojos y niego.
―Esa es la cuestión ―sollozo―. No estoy llorando porque me hizo daño o me rompió el corazón, estoy llorando porque casi me acuesto con un hombre al que no amo. Solo iba a hacerlo para… sentir algo ―lloro―. Solo quería sentirme… bien.
Emmett no responde y me pregunto si está tratando de pensar algo mejor para decir.
Ahora que las compuertas de mis emociones están abiertas, no hay forma de pararlas.
Estoy tan cansada de sentirme tan… sola. Quiero ser tocada, quiero ser amada, quiero ansiar a alguien, así puedo sentir ese momento en que se desahogan.
No me importa lo malo o lo zorra que sea. Sé que lo haré mañana. Sé que mañana me arrepentiré de ello. Pero ahora mismo quiero sentirlo. Ahora mismo quiero sentir a Emmett. Me levanto y me enfrento a él, levantando un poco mi vestido, antes de volverme a sentar en su regazo, poniéndome a horcajadas. Se le entrecorta la respiración, descansa tímidamente las manos en mis caderas.
―Bella ―murmura mi nombre.
Pongo mi frente contra la suya y ambos suspiramos con fuerza. Este momento es… intenso. Estoy a horcajadas sobre él. Está tan conmocionado como yo.
―No sé qué está pasando aquí ―admito―. Entre nosotros, pero… te mentí.
―Lo sé ―dice simplemente.
―Estaba allí esa noche. Lo recuerdo todo.
―Lo sé.
―¿Cómo?
―Preguntaste porqué Rosalie no se unía a nosotros para el desayuno la mañana siguiente. Recordabas que alguien se había pasado, así que supe que estabas mintiendo. Ella nunca pasó por aquí.
Pensar sobre Rosalie me recordó que Emmett no es un hombre soltero. Está tomado. Me muevo para levantarme pero sus manos empujan mis caderas hacia abajo.
―¿Qué pasa?
―No podemos… quiero decir, tienes una relación con Rosalie.
―No, no la tengo.
―Pero ella… ―Me detengo. Estoy a punto de admitir que sé que ella va muchas veces a su apartamento.
―¿Ella? ―cuestiona.
―Pasa la noche contigo. Te estás acostando con ella, ¿no?
―No, no lo hago. Somos amigos.
―¿Con beneficios?
―Solo somos amigos, Bella ―declara firmemente―. No me he acostado con nadie desde el día que salí y la única razón por la que hice eso… ―Se detiene y sacude la cabeza―. No importa.
―Dime ―demando. Sé que está hablando sobre la pelirroja que nos atendió en el restaurante donde comimos el día que lo recogí.
Mirándome a los ojos, asegura:
―No había forma de que pudiese conducir todo el camino de vuelta a Colorado a tu lado sin… follar ―farfulla―. Esto suena tan imbécil
―Dilo.
Traga con fuerza.
―No sé cómo explicar cómo fue salir de esa maldita prisión y verte de pie allí. Se sentía casi como una broma cruel, ¿sabes? Pasé de estar rodeado de tipos malolientes a encontrar a un maldito bombón esperándome para llevarme a casa. Y no importa lo que pensase de ti o cómo te quería, no era una opción. Eras la mujer de Edward. E incluso repitiéndome todo esto, te quería. Acababa de conocerte, pero te quería muchísimo. Y no era porque estuve encerrado ocho años y fueses la primera mujer que tuve cerca en mucho tiempo. Eras tú, Bella. Te… sientes como en casa. Lo supe en el momento en que te vi. Eres un pilar, una roca. Y eso es todo lo que siempre quise. Así que follé con la camarera porque necesitaba relajarme, tratar de aclarar esos pensamientos de mi mente. ―Deja salir algo entre un resoplido y una risa―. Pero no funcionó.
Agarro su rostro entre mis mano y presiono mi boca contra la suya. Lo que empieza como algo suave, cambia a un duro beso apasionado, arañándonos el uno al otro. Sacudo mis caderas, frotándome contra su erección. Levanta las manos, deslizando mi vestido, antes de encontrar mis nalgas y apretarlas. Bajo las manos y tiro del dobladillo de mi vestido, tratando de quitármelo, pero me detiene.
―¿Qué está mal? ―pregunto sin respiración.
―Necesito… que esto suceda cuando ambos estemos sobrios. Necesito saber que esto es lo que realmente quieres.
Lo miro, aún frotándome contra él, incapaz de detenerme.
―Te quiero. No estoy borracha, no muy borracha. Lo juro.
Tomando mi mano, le da un suave beso.
―Entonces tomémonos nuestro tiempo con esto. Ocho años en prisión me enseñaron una cosa o dos sobre la paciencia. A veces, cuando esperas por algo, lo hace mucho más dulce cuando lo consigues. Algo me dice que voy a querer verte y sentir cada minuto de ti, Bella. Y va a ser jodidamente dulce.
Y mi corazón palpita.
Me tira hacia abajo y me besa suavemente.
―¿Puedo dormir contigo esta noche? Sin sexo, solo quiero sentirte a mi lado.
―Me gustaría ―susurro.
Me bajo de su regazo y subimos las escaleras tomados de la mano. Me lleva hacia el dormitorio principal y quiero decir que no. No quiero dormir en esa habitación con él, pero de manera extraña, un sentimiento de calma me atraviesa. No puedo explicarlo, pero de algún modo se siente correcto. Quizás es enfermizo, pero algo dentro de mí me dice que Edward estaría bien con esto, que querría esto para nosotros. Emmett se queda en calzoncillos mientras me pongo un camisón en el baño. Ya está en la cama cuando salgo, así que me pongo a su lado y me giro. Estamos haciendo la cucharilla y con él medio desnudo en mi cama es una de las peores formas de tortura, tengo que castigarlo un poco también. Estamos haciendo la cucharilla y mientras acomodo mi cuerpo al suyo, meneo mi culo contra él.
―Bella ―gruñe, bajo y ronco, su erección presionando contra mí.
―Solo me estaba poniendo cómoda ―miento, con diversión en mi voz.
Toma un profundo suspiro y murmura algo sobre que voy a ser su muerte.
Me río, disfrutando pensando que incluso si ambos estamos llenos de anhelo por el otro, ardiendo en deseo que no calmaremos esta noche, al menos estamos en esto juntos.
―Buenas noches, Emmett ―susurro.
―Buenas noches, nena ―murmura contra mi hombro antes de darme un casto beso.
Y entonces, por primera vez desde que Edward murió, encuentro una inmensa paz y duermo mejor que en años.
En brazos de Emmett Cullen.
Y finalmente tenemos un aceramiento real entre nuestros personajes, espero que disfruten el capitulo.
En cuanto a la votación de la proxima historia quedo en primer puesto JasperxBella, seguida por EmmettxBella. Por lo que adaptare las historias en ese orden. Ahora bien tengo dos historias en mente y dejaré las sinopsis en mi perfil, amaría que me dijeran cual les atrae más.
Gracias a todos por involucrarse en estas historias.
Nos leemos
