Capítulo 20

El siseo de la lluvia acompañaba cada uno de sus pasos, una lluvia calma, constante, descendiendo con ligereza desde un cielo que la hacía lucir tempestuosa, que la disfrazaba con el manto de tormenta, un manto que se desvanecía cuando las frías gotas tocaban su piel y se manifestaban con esa delicadeza e inofensiva propiedad que portaban.

Y sin embargo, apenas y podía escuchar por sobre el sonido de las gotas golpeando el concreto del suelo y los edificios, resaltando sólo sus pies entrando en los charcos que había por toda la carretera y su respiración agitada por la distancia que ya llevaba recorrida. Su corazón golpeaba fuertemente sus oídos, haciéndolo sentir más nervioso a cada segundo, y cada paso era dificultoso, demasiado para alguien con la resistencia como él.

Avanzó más a prisa, mirando a su alrededor para saber a dónde iba. Sólo miró edificios en ruinas, una ciudad a medias, un tanto oscura, iluminada apenas por los truenos en lo alto que relampagueaban con insistencia. No sabía dónde estaba, ni de dónde venía, tenía la impresión de que ya había pasado por ahí pero todos los escenarios eran iguales a sus ojos, todo parecía repetirse en tortuosos ciclos que lo estaban volviendo loco, que le recalcaban el nerviosismo y el eco de su corazón en su cabeza.

Miró por donde había venido dándose media vuelta, encontrando una vez más la misma imagen, edificios a medias y oscuridad. Apretó los dientes, girando con brusquedad al frente y avanzando más a prisa, haciendo hincapié en cada zancada que efectuaba duramente, decidido a resultar en algún lugar distinto, en encontrar eso que buscaba. Anduvo hasta un callejón, uno del que también tenía la impresión de haber pasado ya. Adentrándose se topó con contenedores de basura y escombros, tubería y algunas cajas en los costados del apenas transitable camino.

Una risa rompió con la normalidad y repetibilidad del asunto, haciéndolo girar bruscamente a sus espaldas, apreciando una sombra correr de un extremo a otro de aquel angosto pasillo. Avanzó, temeroso, en la dirección aquel en la que había visto la sombra, sin embargo, al apenas haber dado un paso hacia allá, otra risa sonó de nuevo a sus espaldas, burlesca, cínica, obligándolo a girar de nuevo por donde iba. Otra sombra corrió lejos, escondiéndose detrás de un contendedor con sigilo.

Se estaban burlando de él, y esa idea lo enfureció, esos dos estaban jugando con su cabeza, escondiéndose uno de cada lado, riéndose, portándose como dos niños que juegan a los escondites. Corrió a uno de los lados, a gran velocidad, asomándose detrás de aquel contenedor donde había visto aquella sombra esconderse, esperando hallar por fin a alguno de esos dos monstruos. Pero al llegar ahí, al mirar, no hubo nada.

Sólo el contendor lleno de moho y agua encharcada en el suelo. Gruñó ante el vacío, girando el rostro a un lado cuando escuchó unos pies alejarse y salir de aquel callejón, andando por los charcos de la carretera contigua. El chico no lo pensó, comenzó a correr en la misma dirección, siguiendo aquella cosa, sabiendo en el fondo que todo era una trampa, que lo estaban guiando a su destino final.

Sujetó su espada con fuerza desde su espalda, listo para desenfundarla y atacar si fuera necesario. Sin embargo, mientras avanzaba, su espada desapareció, y miró con extrañeza que su chaqueta y su demás ropa había cambiado totalmente. No tardó nada en darse cuenta en dónde estaba, en lo que sucedía. Tenía once años otra vez, y estaba andando en aquella ciudad bajo la lluvia, a lo lejos, ya podía observar aquel Gi naranja, contrastante con el gris de aquella sólida escena. Negó, como cada vez, incrédulo, aterrado y devastado.

No, no de nuevo.

No, no otra vez ahí.

Pero para la subconsciente de Trunks eso no había pasado aun, repetía la misma terrorífica sensación y desconocimiento que aquel día, una y otra vez en cada una de las pesadillas que desfilaban continuamente en su cabeza, y en cada ocasión, avanzaba con la duda, con la certeza de que hacía tan sólo unos días había charlado tranquilamente con Gohan, su voz aún se repetía clara y animada en sus oídos. Y la negación, el pánico y el miedo lo llevaban a temblar y sentir ese nudo en la garganta que le quitaba la respiración, que lograba llegar de lágrimas sus ojos.

Avanzó, dando la misma cantidad de pasos, en la misma dirección, con los nervios a máximo y con la mirada fija y asustada en aquella espalda. Esa escena que su corazón y alma la tenían tan bien memorizada que resultaba escalofriante el detalle que existía en cada una de las veces que Trunks la revivía en pesadillas, pesadillas que lo torturaban incluso estando despierto, en cada momento.

Sin embargo, a diferencia de las veces anteriores, de la continuidad normal de aquel sueño que era a su vez un recuerdo, las cosas comenzaron a mirarse diferentes, muy, muy distintas a esa común pesadilla. Androide diecisiete y dieciocho estaban de pie al lado del cadáver de Gohan que yacía en el suelo, ambos de brazos cruzados lo miraban con arrogancia, con burla, con esa maldita expresión de superioridad y confianza aplastante que enfureció a Trunks, que logró hervirle la sangre al saber que ellos reían ante el cadáver su amigo, ante su dolor, ante la desgracia y la muerte de ese mundo ahora en ruina.

Apretó los puños y sintió la ira correr dentro de él, aquel poder, aquella fuerza, iba a destruirlos, tenía que destruirlos, no permitiría que unos monstruos como ellos existieran un segundo más. Los haría polvo, vengaría a Gohan, a su padre, al resto de los guerreros que murieron bajo el pie de aquellas endemoniadas máquinas, los vengaría… salvaría a la humanidad, liberaría a la Tierra, él…

Su vista repentinamente fue atraída a unas figuras que se aparecían detrás de los androides, dos imponentes figuras que permanecían en la sobra, a diferencia de diecisiete y dieciocho que estaban de pie en el claro en el que reposaba el cuerpo de su mentor, como alumbrados por una luz proveniente del cielo que le permitía a Trunks verlos claramente. No distinguió más que dos siluetas, una más alta y fornida que la otra, y sin embargo, las dos le daban la más terrible impresión.

Trunks quiso dar un paso al frente, sin embargo, las sombras se movieron, y por la impresión el muchacho quedó estático, totalmente estupefacto en su lugar, boquiabierto y asustado. Tanto diecisiete como dieciocho tenían una mano que atravesaba su abdomen, dos manos que se habían movido coordinadamente en un movimiento tan veloz que dos individuos como ellos ni siquiera lo habían visto venir.

Las manos se movieron al tiempo de nuevo, liberándose de los ahora cadáveres de los androides, los cuales cayeron de la misma manera en la que Gohan yacía en el suelo, sin vida, sin oportunidad, sin nada más que sus expresiones vacías sobre sus pálidos rostros. Y Trunks, al verlos ahí, inmóviles al fin, fue invadido por el terror mortal más grande de todos al saber que las criaturas que se ocultaban en las sobras lo habían logrado sin ningún esfuerzo.

Toda la irá que había acumulado para con los androides se esfumó por completo, desapareció toda esa valentía, todo el instinto destructivo, toda su fe en poder salvar y vengar. Su cuerpo comenzó a temblar cobardemente, mientras observaba temeroso aquellas sombras avanzar al frente, al claro, pasando sus cuerpos con lentitud por esa división entre la luz y la oscuridad, tomando colores y formas específicas, mostrándose por completo.

Towa salió detrás del cadáver de dieciocho, Miira detrás del de diecisiete.

Los labios de Trunks temblaron en horror al toparse con ellos, al mirarlos ahí, y sólo pudo tensarse y temblar más en un miedo mortal al contemplarlos en una pieza, al encontrarlos de pie a unos metros de él, al saber que ellos ahora eran su pesadilla, el verdadero miedo, la destrucción y el pánico por todo el universo. Quiso decir algo, lo que fuera, pero su mandíbula parecía trabada, todo él estaba en completo trance. Sus ojos bailaban de los Time Breakers a diecisiete y dieciocho, a los agujeros de sus abdómenes, a los charcos de sangre de su alrededor.

A esa particular forma en las que habían muerto…

Parpadeó un par de veces en un mareo, enfocando la mirada en un nuevo panorama que le congeló la sangre, que destrabó su quijada y lo hizo soltar un quejido sorprendido, incrédulo, se había quedado sin aliento. Frente a él, y por todo el piso, personas muertas y mutiladas en tétricas y desagradables formas saltaban a la vista, inundando sus fosas nasales del más despreciable olor a muerte, confirmándole su incapacidad de salvar, del caos, del genocidio masivo que aquellas criaturas significaban.

Ahora tenía bajo los pies la sangre y los cuerpos de todos los que habían perecido en los universos.

Y lo manchaban, lo bañaban en esa sangre de inocente que comenzó a caer también del cielo en forma de lluvia, gotas carmesí que comenzaron a batirlo, a recordarle la masacre que ocurría frente a sus ojos y él era incapaz de detener. Y le teñían las retinas, y todo era sangre, y llanto, y lamentos, la sangre que inundaba sus oídos eran la súplica de todos aquellos que sufrían, eran sus sueños y esperanzas en que alguien los ayudara. En que él los salvara.

Se soltó a llorar envuelto en pánico, escuchando a Miira y a Towa reír escandalosa y burlonamente en su cabeza, resonando en sus oídos con insistencia, acompañados en todo momento de los quejumbrosos lamentos de las almas de los inocentes, haciéndolo cimbrar, haciéndolo temblar y encogerse, haciéndolo gritar desesperado porque todo eso cesara de una vez… llevó sus manos a sus oídos en un intento inútil de detener esas risas que en realidad yacían dentro de sus pensamientos, y cerró los ojos, como si dejar de ver aquella masacre la desapareciera…

Pero no, no lo hacía…

Seguía ahí, seguiría ahí…

Totalmente envuelto en sangre y en profundo pánico, gritó de la forma más desgarradora que hubiese hecho jamás…

Quería gritar hasta dejarse sordo…

Hasta rasgarse la garganta y quedar mudo…

Hasta estar ciego…

Hasta morir…

Abrió los ojos con violencia, inesperadamente, mirando con confusión el techo de su mini habitación en aquella nave en la que vivía por el momento. Tardó apenas unos momentos en entender que estaba despierto, que todo eso había sido sólo un sueño…; la realidad lo fue envolviendo rápidamente, centrándolo en un par de parpadeos más en el entorno. Movió su brazo izquierdo hasta su pecho, tocando su corazón agitado y escandalizado, tembloroso debido a esa terrible pesadilla que se había presentado tan violentamente, tan real, tan jodidamente tangible que realmente hubiese creído que era cierta… quizá porque en parte lo era.

Se giró en la cama donde apenas cabía, pestañeando adormilado, llenándose una vez más de ese pánico e impotencia, sin saber si era peor cerrar los ojos y volver a la pesadilla, o mantenerlos abiertos y mirar la desastrosa y no tan lejana realidad. Trunks cada día vivía más sumergido en aquel terrorífico e irreal mundo de los sueños, y era jodidamente pesado, y lo desgastaba, y lo dañaba en todo sentido. Estaba agotado, estaba harto, nadaba ahora en el mar profundo y gigantesco de la depresión y desesperación. Cada día un poco más hondo, cada día un poco de menos aire en sus pulmones…

Trunks estaba a punto de morir ahogado en las profundidades de ese grisáceo océano.

Era jalado, era empujado, oprimido totalmente por la situación, llevaba atado sobre uno de sus pies el ancla de la responsabilidad, esa ancla que pesaba y pesaba cada segundo un poco más. El ancla que cargaba con los sueños rotos y la vida de todos los seres vivos, de todos los inocentes, el peso del universo entero tendía de uno de sus pies, atado por un frágil y delgado hilo. Y él no podía hacer nada, él nadaba con todas sus fuerzas para la superficie, para la luz, a la salvación…

Y ésta, parecía cada vez más lejana…

Trunks lucía ahora sólo como un trozo de basura marina, arrastrado por el peso hacía el vacío, aguardando el momento en que esa ancla tocara la arena en el fondo y todo estuviese perdido finalmente, y ya no pudiera hacer nada más. Y miraba aun, esperanzado, hacía la superficie que ahora era casi imperceptible en las alturas; su rostro lo mantenía firme sobre de él, buscando la claridad, y observando al tiempo las burbujas de aire que hipotéticamente escapaban de entre sus labios y subían a prisa hasta perderse de su vista… ellas era cada uno de sus vanos intentos por volver a la superficie, por arreglar todo, por salvar a todas esas personas que se sostenían de él.

Se sostenían de él… y en el proceso, lo arrastraban a su desesperación y miseria.

Al fondo…

A la muerte…

Trunks cerró los ojos, dispuesto a dormir un poco más, mareado ya con todo ese agobio, necesitaba descansar antes de que su nave comenzara su viaje a un nuevo destino; sin embargo, un ruido metálico lo hizo ponerse en guardia salvajemente. Prácticamente saltó en la cama como un felino, girándose velozmente a sus espaldas, quedando inmóvil cuando encontró ahí de pie una imponente y aterradora figura. Quiso gritar, pero su primera reacción fue buscar su espada que dejaba recargada a su lado cuando dormía, llevando su mano izquierda a ese lugar, palpando desesperadamente en su busca, sin quitar los ojos del individuo que tenía delante, quien por supuesto ya etiquetaba como su enemigo.

– ¿Buscabas esto? – Trunks paró el movimiento de su mano cuando miró su espada siendo levantada por aquel sujeto, envuelta en una de las enromes manos recubiertas por aquella armadura.

– ¿Qué…? ¿Quién…? – Trunks se puso nervioso al verse desarmado, comenzando a planear una estrategia para luchar, para recuperar su espada, para llamar a su tripulación, para…

–Tranquilo Trunks, no importa… – El muchacho arrugó el entrecejo, reconociendo finalmente aquella tétrica y profunda voz. –Después de todo, el resultado sería lo mismo con o sin la espada… – la lanzó sin interés a la cama, cayendo justo delante de Trunks, quien la tomó por reflejo, llevando sus ojos azules al sujeto, lleno de duda y conservando aquel miedo.

–Tú… Eres Hunter… ¿verdad? – sonó tonto al preguntar, pero estaba tan agitado y extrañado que en parte pensaba que aún estaba dentro de un extraño e irracional sueño.

–Me alegra que me recuerdes… será más rápido todo este asunto – Hunter se acercó, haciendo sonar su armadura justo como el ruido que había puesto en alerta a Trunks. –Hace dos semanas el señor del tiempo me ordenó asesinar a todos los que irrumpieran el tiempo… – Trunks asintió, dando pie a que Hunter continuara con el relato. –Él te había ordenado abandonar la patrulla y volver a tu tiempo en un plazo de dos días… y tú te quedaste – el saiyajin apretó los labios, dando otro asentimiento al respecto. –Por ende, al desobedecer, el señor del tiempo me ordenó matarlos a todos ustedes también…

– ¿Quieres decir que tú vienes a…? – el joven apretó su espada fuertemente, a la defensiva, como si estuviese dispuesto a defenderse en cualquier momento. Sin embargo, Hunter negó, imaginando lo que Trunks estaba pensando.

–Le pedí éstas dos semanas al señor del tiempo, para poder saber qué haría… para darte tiempo también de irte, o a los demás… y si no era así, sencillamente eliminaría a todos sin piedad… – pausó, balanceando su espada negra y gigantesca que sostenía levemente con su mano derecha. –Los mataría sin miramientos, como al resto, como a todos, sin importarme un bledo nada… – movió la cabeza y Trunks quiso suponer que lo miraba a la cara. –Pero había algo en todo esto que llamó especialmente mi atención… – Hunter levantó su espada, apuntando a Trunks a unos centímetros del rostro. –Ustedes saiyajins, ustedes eran diferentes…

– ¿Nosotros? E-espera… ¿eso significa que tú sabes dónde están el señor Goku y…? – Hunter movió su espada afirmativamente, haciendo callar a Trunks de los nervios por sentir aquel mortal artefacto tan cerca de su cara.

–Sí, lo sé… pero no he venido aquí a decirte dónde están esos individuos. De ellos me encargaré personalmente – Bajó su espada finalmente, dando otro paso hasta estar pegado a la cama de Trunks. –Según las órdenes, debo matarte en éste momento, junto con tu tripulación – movió el rostro, mirando por la puerta, sintiendo la energía del resto de la patrulla del tiempo. –Pero, ésta vez, las cosas se harán como yo diga…

– ¿Estás diciendo que traicionarás al Señor del Tiempo? – Trunks no pudo evitar sonar impresionado, luego de haber conocido a Hunter había investigado y conocido algunas muy pocas cosas sobre él, y era conocido en el universo por serle completamente fiel y servicial a ese conocido como el Señor del Tiempo.

–Tengo mis razones, lo que vine a decirte es… una propuesta de vida – Trunks prestó absoluta atención a eso, concentrándose totalmente en lo que Hunter tenía para decirle. –Vengo a decirte que renuncies a tu misión, que te retires de todo esto y te vayas a casa… o mueras – Trunks no pudo lucir más ofendido, indignado, totalmente ofuscado por lo que acababa de escuchar.

–Gracias por la oferta, Hunter, pero yo ya había tomado mi decisión, lucharé hasta el final, yo no voy a rendirme… y así tenga que enfrentarme a ti, yo no me marcharé, ¡Yo no…! – Las heroicas palabras de Trunks se vieron interrumpidas por una extraña risa que comenzó a soltar Hunter, descolocando al muchacho, quien sólo pareció ofenderse más. –Lamento que no sea lo que querías escuchar, pero…

–Te equivocas… – Hunter interrumpió una vez más, dedicando una sonrisa la cual Trunks nunca conocería. –Era justamente eso lo que quería escuchar – Trunks se encogió en su sitio, sin entender. –Sólo que quería escucharlo de tu propia boca…

–Bien, pero no creas que yo o mi equipo nos iremos sin haber luchado, te costará acabar con nosotros, no somos nada fáciles de matar…

– ¿Y quién dijo que los voy a matar? – Trunks quedó colgado de nuevo en sus palabras, parpadeando extrañado ante aquella declaración.

–Has dicho que si no me retiraba, me matarías – el muchacho se sintió extraño y confundido, incluso se sentía estúpido, como si Hunter sólo estuviese jugando con él.

–Te estaba probando, ya lo dije, necesitaba ver esa determinación de tu propia boca – Hunter buscó en una de las bolsas de su cinturón, sacando un pequeño dispositivo que extendió al muchacho. –No rendirte nunca, Trunks, esa fue la razón por la que veo justo que te mantengas con vida… – el mencionado recibió aquel chip, reconociendo de inmediato que era una coordenada para la nave.

– ¿Qué es esto? – cuestionó, sabiendo que Hunter no le daría el paradero de Bardock y Goku.

–Tu recompensa a todos estos años… – Hunter dio dos pasos de reversa, colgando su pesada espada sobre la parte trasera de su armadura. –Ahí están las coordenadas del planeta donde se encuentran los Time Breakers. Ve ahí, y libérate, Trunks…

El híbrido no podía creerlo, se quedó en shock unos segundos, estático y sorprendido. ¿Era real? ¿De verdad estaba pasando eso? ¿O es que su pesadilla se había vuelto un agradable sueño en donde veía cumplidas sus más bellas fantasías, en donde el final del camino se miraba por fin a unos metros de él, a su alcance? No supo que decir, o qué hacer, ¿por qué no estaba corriendo histéricamente a colocar ese chip en su nave y salir lo antes posible a ese lugar, acabar con todo esto de una buena vez? Quería hacerlo, realmente quería salir volando al mando, y, tontamente, sólo pudo soltar una sonrisa nerviosa y emocionada.

– ¿E-Esto es en serio? – Miró a Hunter, quien tuvo la percepción de estar mirando a un pequeño niño de cinco, embelesado por cualquier buena tontería.

–Lo es Trunks, al fin lo es – Trunks miró aquel chip entre sus manos, cuestionándose como es qué algo tan pequeño podía estar tan lleno de esperanza, cómo podía cargar con los sueños y la vida de millones y millones por todos los universos. –Sin embargo, Trunks, sólo tienes una oportunidad de liberarte, de cumplir tu objetivo y de salvarlos a todos… y deberás usarlo con conciencia, con responsabilidad… esto que te estoy dando, es tu ultima oportunidad de hacer lo que debas hacer.

– ¿Ultima oportunidad? ¿A qué te refieres? ¿Acaso me asesinarás si no puedo matar a Miira y Towa? – Trunks frunció ante aquella duda, sosteniendo el chip con una mano, posesivamente.

–No, Trunks, yo ya no estaré ni siquiera para el final de éste día… – el chico no entendió eso, ladeando la cabeza con extrañeza. –Esa última oportunidad, te la darás tú mismo… – Hunter retrocedió, levantando su muñeca y liberando un teclado holográfico que comenzó a tocar, introduciendo una especie de código rápidamente.

– ¿Tú no estarás al final de éste día? ¿De qué hablas? – Trunks ese arrodilló sobre el colchón, andando sobre el mismo hacía Hunter, quien lo ignoró completamente, entretenido en las coordenadas que introducía en aquel panel. –Además, ¿por qué estás haciendo esto? ¿En qué te ayuda? ¿Por qué lo haces…? Y, ¿qué harás con el señor Goku y el señor Bardock?

–Demasiadas preguntas, niño… – Hunter guardó aquel teclado, prestando atención de nuevo al saiyajin. –A ti no te debe importar nada de eso, ahora debes concentrarte en ganar a los Time Breakers – declaró, colocándose totalmente firme. –Además, no creo que sea difícil luego de que dejé manco a Miira… – rió, sin saber que realmente Miira poseía un brazo ahora. Rió, sin saber demasiadas cosas justo en ese momento. Y Trunks también rió, sin entender que entre sus manos no tenía la fe y los sueños de las personas, sino que en ese chip cargaba con una trampa mortal, con una pesadilla.

Y rieron, sin embargo, al desconocimiento.

Rieron, como quien ríe antes de caer en lo más profundo.

Hunter, sin saberlo, movía las piezas a una trampa, avanzaba en el tablero sin saber que el rey se había fortalecido, que estaba rodeado por una falsa capa de debilidad. Que estaba bien escondido detrás de su ejército de peones.

Hunter mandó a su mejor pieza a la boca de lobo. A la destrucción.

Hunter fue ingenuo al confiar en que los Time Breakers se dedicaron a esconderse como ratas y que no habían hecho absolutamente nada en ese tiempo.

Sí, fue ingenuo.

Muy ingenuo.

Pero esa no era la primera vez.

–Debo irme, Trunks, los otros monos pronto estarán allá… – Trunks asintió, con miedo, con ansia, con nervio, todas las emociones se revolvían y jugaban con su estómago, estaba revuelto, era demasiado para un solo momento. Tenía muchas dudas, quería hacer muchas preguntas, quería ir y actuar y hacer y deshacer, y al mismo tiempo tenía miedo de arruinarlo todo… el lío se le notó en la expresión, en el ceño fruncido y los labios apretados en un puchero temeroso –Recuerda tu camino, Trunks… – Hunter habló, y Trunks se extrañó ante aquellas palabras. –No te desvíes…

Murmuró, antes de que comenzara a desaparecer velozmente en una estela de luces púrpuras, Trunks tuvo que frenar todas aquellas preguntas y palabras que le hubiese gustado decir. Y pensó, equivocadamente, que las diría la siguiente vez que se vieran…

Un "siguiente" que no llegaría jamás…

Para ninguno de los dos…

[Año 700, Planeta SuJu]

– ¿Y? ¿Lo hará? – Towa miró con fastidio al médico, quien asintió con algo de duda. –Entonces… ¿por qué no lo ha hecho? – bufó, cruzándose de brazos, azotando su pie con insistencia sobre el suelo de la sala médica de la nave.

–Está en los últimos detalles, le aseguro que no falta demasiado… – el anciano habló con voz pastosa, observando el monitor con los rangos e información que desprendían de la cámara de recuperación.

–De acuerdo – miró con desinterés a su cónyuge, torciendo los labios en un mohín inconforme. – ¿Qué tanto se hizo más fuerte? – cuestionó, sin tener la capacidad de leer el nivel de energía.

–Bastante… según los resultados, por lo menos ha duplicado su fuerza… realmente, ahora es casi invencible – Towa gruñó, levantando su mano derecha hasta tocar la cápsula, haciendo resonar sus largas uñas negras contra el cristal.

–Un casi inmortal no es suficiente… – bajó la mano, comenzando a andar por el lugar, seguida por el sujeto de bata blanca. –Aunque creo que eso servirá por ahora… – murmuró, andando por los pasillos en dirección a la cabina principal.

–Realmente, no sé qué clase de enemigo fue aquel que cortó el brazo del señor Miira, pero justo ahora él podría acabar con un súper saiyajin sin esfuerzos – Towa asintió, presionando el báculo con fuerza en mano derecha, nerviosa, preguntándose también qué clase de enemigo era ese Hunter, si los observaba, si los seguía, si los mataría… se sentía realmente preocupada, sentía el peso de la amenaza latente a cada segundo en el aire.

–Hablando del brazo, ¿pudieron hacer algo? – cuestionó, mirando de soslayo a aquel científico, quien apretó los labios en duda, pero terminó asintiendo suavemente.

–Colocamos una capa de tejido sensitivo sobre el brazo, lo conectamos con nano tecnología al cerebro del señor Miira… sin embargo, hemos mandando estímulos cerebrales al brazo, y apenas se recibe una tenue señal… realmente no sé si funciona… pareciera como si no…

–Funciona. Sabes que Miira no es un ser vivo al cien por ciento, probablemente esa energía se está perdiendo en algún canal y no llega al brazo. Miira tiene dentro de sí unos controladores de corriente, éstos absorben el impacto eléctrico para no dañar el corazón de Miira ni los demás circuitos… es decir, si su cuerpo recibe estímulos eléctricos "no autorizados" por el cerebro, éstos canales los bloquea, por ende no corre la electricidad que simula la orden cerebral. Si recibiste una mínima señal de respuesta, es suficiente, funciona… – explicó, dejando a ese sujeto asombrado, realmente no tenía idea de que Miira tuviese eso en su interior.

–Estupendo… – el científico siguió caminando a la par de la shiniana, tomando un poco de aire mientras continuaba con su explicación, temeroso de despertar la ira de la mujer. –No obstante… ese tejido no ha sido colocado en todo el brazo… – la mujer se detuvo en seco, girándose levemente al individuo, mostrando una cara irritada, frunciendo el ceño sin entender del todo a qué se refería. –Toda la parte robótica que nosotros instalamos en el Planeta de los demonios con la impresora en tercera dimensión fue recubierta exitosamente con el tejido orgánico, sin embargo, la parte del radio en el brazo, donde fue colocado el Time Passport, no fue recubierta… aquel material Tsufuru, así como las condiciones del mismo, lo impidieron absolutamente…

– ¿A qué te refieres con que lo impedían? – Towa arqueó las cejas, inconforme.

–El material no era compatible con el tejido, y aunque pasáramos el tejido por sobre el Time Passport haciendo una conexión desde la muñeca hasta el codo, esa parte quedaría bastante sensible; y sumado a eso, el Time Passport tiene un teclado de control físico… no podíamos recubrirlo o quedaría inaccesible al panel de manejo… – Towa asintió, dando media vuelta sobre sus talones y retomando su camino por el pasillo.

–Eso significa entonces que la única parte que no podrá sentir del brazo es de la muñeca al codo – el científico asintió, alegrándose internamente de que Towa no estuviera molesta.

–En efecto, toda su mano tiene sensibilidad, así como el lapso que radica desde el codo hasta el hombro. Realmente es mucho lo que ha podido recuperar… sentir con la palma de la mano ya ele será de bastante ayuda al señor Miira… – comentó, y Towa asintió de acuerdo. –Y, por cierto mi señora, agregamos un pequeño detalle más, básicamente insignificante – añadió en un susurro que disimulaba su miedo.

– ¿Insignificante? ¿Qué hicieron? – Towa sujetó fuertemente su báculo, pensando ya en usarlo si aquel sujeto había cometido una estupidez sin su autorización.

–No es nada grave, sólo colocamos una cubierta de cristal al Time Passport, es una especie de tapa retráctil translucida que sirve para proteger el panel y la pantalla de aquel instrumento, evitando que se dañe en una pelea o que se filtre algún líquido que lo pueda atrofiar, ese cristal está fabricado de un material resistente a todo tipo de golpes, así como temperaturas extremas… – explicó en resumidas cuentas, recibiendo, sorprendentemente, una sonrisa complacida de Towa.

–Eso me alegra, han hecho bien, esa implementación me gustó bastante… – miró al científico un momento, conservando aun la sonrisa sobre su boca. – Sigan así, lo han hecho bien…

El científico hizo una leve reverencia de agradecimiento, dándose la vuelta y marchándose por el lado contrario del pasillo. Towa giro de nuevo al frente, a la salida, un tanto nerviosa con el tema de Miira, sí, pero había algo más en su pecho que la inquietaba, que la llenaba de miedo…; negando, se sujetó a su arma, andando con paso más fuerte a la salida. Tenía un mal presentimiento, sentía que algo estaba a punto de suceder…, y debía confiar en que Miira despertara… y esperar a que lo hiciera a tiempo.

Towa entonces supo que no podía quedarse de brazos cruzados si quería ganar, así que, siendo tan buena estratega, inmediatamente se le ocurrió algo, andando a toda prisa de regreso por el pasillo, en busca de Virgo.

Acababa de ocurrírsele un increíble plan…

Uno que, de tener suerte, funcionaría…

[Año 730, Planeta Bell]

– ¿Estás… estás hablando en serio? – La Kaio tartamudeó, mirando incrédula al joven peli-lila que introducía aquel chip en el panel de su nave, la cual comenzó el viaje inmediatamente.

–Lo estoy diciendo en serio, realmente tenemos la dirección exacta, realmente podemos hacer algo… al fin – Trunks sonrió, y todos sus compañeros de tripulación notaron un brillo resplandeciendo en el centro de sus ojos, una sensación tan inocente y particular que los hizo animarse y sentirse contagiados por su entusiasmo; mirar los ojos de Trunks bañados por algo que no fuera pesadumbre y oscuridad, realmente los alegraba, los tranquilizaba.

–Trunks, lindo… ¿cómo sabremos qué Hunter dijo la verdad?, ¿por qué él querría ayudarnos? Es decir, es raro… ¿y si nos está llevando a una trampa? – la mujer sugirió, pues encontraba tanta fe y tanta ilusión en el rostro del muchacho que se llenó de un terrible pánico, de que todo fuera mentira, de que de nuevo no pudiesen hacer nada, que quedasen mucho más tiempos estancados en lo mismo. No quería toparse con la decepción en el rostro de Trunks, no de nuevo.

–Lo estoy, él no tenía razones para mentirme… además, a pesar de que parece un sujeto frío y sin expresión… había algo en él, como si entendiera, parecía… humano – explicó a sus aliados, quienes miraban con confusión al chico.

– ¿Humano? ¿A qué te refieres con eso? ¿Parecía terrícola? – cuestionó Ukatz, sin comprender, denotando una vez más ser el más ingenuo de todos.

–No, no me refiero a eso… quiero decir que parecía tener sentimientos… consideraciones – explicó el saiyajin, postrando una sonrisa nerviosa.

– ¿No ese Hunter era un robot? – de nuevo Ukatz saltó con su comentario, mostrando un rostro interrogante.

–No, Hunter en un sujeto, no sabemos que hay dentro, qué especie o quien es exactamente, así que como ser vivo, no me sorprendería que tuviera sentimientos, por más asesino que sea – Taino explicó a Ukatz, quien asintió a la brevedad.

–Ya veo, tienes razón, incluso el monstruo de Vegeta tuvo sentimientos y procreó a Trunks… – Patricia pellizcó a Ukatz por decir semejante cosa, recibiendo una mirada molesta por todo la patrulla.

–Lo que yo supongo es que algo está pasando con ese Hunter que lo hizo cambiar de parecer… – comentó Patricia con su voz imponente, tratando de acomodar lo que su compañero acababa de decir.

–Tranquila, él tiene razón… Hunter puede tener sentimientos… probablemente eso es lo que lo hizo ayudarnos – comentó Trunks, tan entusiasmado con encontrar a los Time Breakers que aquel comentario ni lo inmutó.

–Yo llegué a pensar que Hunter era un mutante, por eso es que parecía no tener sentimientos – comentó Dove, recargada a unos metros de los demás.

–Pero, no todos los mutantes carecen de sentimientos, sólo es que algunos pueden no llegar a entenderlos – replicó Tainos, frunciendo el ceño objetivamente.

–Entonces, ¿eso significa que Hunter podría ser un mutante? – sacó Ukatz de nuevo, atento a la conversación.

–No lo sé, yo realmente lo dudo, a pesar de que un mutante puede tener sentimientos, es absurdo que esté obedeciendo al Señor del Tiempo, ¿por qué le guardaría tanta lealtad? Los mutantes generalmente son sabios ermitaños… – respondió Spot al considerar todo, mirando a sus compañeros con duda.

–Pues parece que no guarda tanta lealtad como se creía – murmuró Dove, desdeñosa.

–Sin embargo, si no es un mutante, ¿cómo explican su poder? – Patricia objetó, recordando la batalla donde dejó a Miira sin brazo y a Trunks fuera de combate.

–Podría ser de una raza guerrera fuerte – opinó Spot, con tranquilidad.

– ¿Sí? ¿Cómo cuál? – Dove soltó con sarcasmo, mirando a su compañero con molestia. –Nosotros fuimos reclutados por ser especímenes fuertes de nuestras razas, si había un planeta lleno de sujetos como Hunter, con ese nivel, habríamos acabado esta guerra hace mucho – agregó con molestia, cruzándose de brazos enfadada.

–Cálmate Dove, realmente tampoco creo que Hunter sea perteneciente de alguna raza en particular – intervino Trunks, quien se le miraba pensativo. –Lo más probable es que Hunter sea un Único – dio su opinión, dejando a todos reflexivos de nuevo. –Aunque eso no responde porque le era fiel al Señor del tiempo, ni tampoco explica su fuerza… o su consideración… – Trunks apretó los labios un momento, apartando su vista del panel finalmente, pues lo había estado contemplando atento todo ese tiempo. –Pero realmente no sabremos nada, todo lo que decimos son sólo hipótesis… y además, eso lo podremos saber después, justo ahora hay cosas más importantes – dijo, señalando el panel con la mirada, sonriendo gustoso cuando todos los demás observaron el tiempo en el reloj.

– ¿Llegaremos apenas en unas horas? – inquirió Ukatz, incrédulo. A pesar de que la nave de Trunks era la más rápida en el universo, ese destino resultó estar más próximo de lo que todos esperaban.

–Así es, así que estén preparados para la batalla… tenemos que concentrarnos en eso – todos asintieron, andando a toda prisa al interior de la nave, buscado sus armas, trajes, recuerdos, fuerzas, y todo lo que fuese necesario para su próximo enfrentamiento, para la batalla.–Al fin, ha llegado el día en que lo pagues todo, Miira… – susurró, mirando las estrellas pasar afuera de la nave. –Hoy se decidirá todo… con ésta batalla… – saboreó ya sobre sus labios el néctar adelantado de la venganza, de la justicia. –Ésta batalla dará fin a todo… será nuestra última batalla…

Será el final…

[Año 850, Planeta Han]

–Planeta Han… – murmuró Goku, repitiendo aquel lugar que la voz de la nave acababa de pronunciar, saliendo de su habitación, sintiendo su cabeza dar vueltas conforme avanzaba por el pasillo, mismo donde la luz brillaba tan fuerte a su parecer, que laceraba terriblemente sus retinas. – ¿Dónde se supone que es eso? – se sostuvo la cabeza, mareado, en toda su vida no había pasado tanto tiempo comiendo tan mal y durmiendo demasiado, estaba en los límites para alguien tan estricto en ese aspecto como él.

Avanzó con paso lento, esperando a que Bardock diese la siguiente orden de una vez, lamentando no haberse despertado antes para ir a incentivarlo en cuando el destino resultase no ser el planeta Tierra. Sin embargo, no había podido, estaba agotado de tantas maneras que dormir le resultaba un gran alivio, y le daba al tiempo la sensación de que los minutos iban más rápido, que cerraba los ojos y pasaban un montón de horas juntas, tiempo en el que no pensaba, en el que no se desesperaba e imaginaba furiosamente las peores cosas. Sólo se ahogaba en sus sueños, en viajes sin sentido en su subconsciente, en Broly y sus ojos de súplica, en imposibilidades. Sí, las pesadillas eran furiosas y lo agotaban terriblemente, pero indudablemente las prefería en comparación a la terrible tortura que resultaba ser estar despierto.

Llegó finalmente a la cabina, esperando ver a Bardock recargado en el panel como las veces anteriores, o quizá sumido en el paisaje que pintaba ante él. Sin embargo, estaba vacía, a simple vista en el lugar no había nadie y no se esforzó en indagar aquel espacio, al frente se miraban los ventanales grandes con vista a ese nuevo planeta, uno que pintaba verde y frondoso, reluciente de cielos azules y esponjosas nubles blancas. El lugar, inmediatamente llamó su atención al recordarle a su hermoso planeta Tierra, atrayéndolo como insecto a la luz, totalmente embelesado, casi en trance, olvidó todo, comenzando a caminar en automático al ventanal para mirar de más cerca.

Sin embargo, su andar se cortó abruptamente al dar apenas dos pasos de la puerta a la cabina, sus pies pisaron muchos fragmentos de vidrio que se rompieron en un abrumador sonido. Sus ojos dejaron aquel ventanal y miraron al suelo, encontrando desparramado sobre de éste muchos más residuos de vidrio, botellas partidas por la mitad y líquido regado sobre el piso. Siguió, atento, aquel rastro de vidriería que se extendía por la cabina, encontrando al final de éste, orillado en uno de los rincones pegado a la pared del fondo, a Bardock, con el rostro hundido en residuos de botellas, rodeado por un pequeño charco de sangre y alcohol, donde su cuerpo descansaba inerte, en una escena por demás escalofriante.

Goku corrió de inmediato al verlo recostado sobre su propia sangre, angustiado y sin poder pensar claramente, no estuvo seguro de qué hacer ante semejante situación. Su pecho se apretó en preocupación, logrando ponerse nervioso dentro de aquel permanente mareo por falta de cuidado en su persona, miraba a Bardock, sí, pero se sentía como si durmiera, como si fuera un sueño, su vista nublosa apenas podía enfocar, y su cerebro cansado, apenas podía distinguir. –No… no… no… por favor… no… – repitió asustado, mientras por la tensión abrupta del momento no podía concentrarse adecuadamente en sentir su energía, moviendo con torpeza sus manos en un temblor que denotaba su pánico, jalando con fuerza al fin en uno de los costados hasta que giró el cuerpo de Bardock, dejándolo bocarriba, descubriendo aquel rostro dormido y manchado de carmesí que logró poner a Goku aún más nervioso. –Por favor… papá… – murmuró con angustia, sin fuerza, rebuscando a gran velocidad signos de vida con sus rápidos ojos ónix.

El mayor respiraba, dificultoso, pero estaba vivo. Goku suspiró apenas en alivio al ver el pecho de Bardock inflarse pasivamente, pero no sintió calma total, su mente corría rápido sobre situaciones y posibilidades, ¿qué se suponía que había pasado? ¿Cómo es que Bardock se había hecho eso? ¿Cómo? ¿Por qué lo hizo? Miró su rostro, ensangrentado, palpando con algo de duda aquella zona, con sus temblorosas e inseguras manos, buscando una herida que fuese la causa de aquella hemorragia. No, no podía ser posible, que Bardock se infringiera daño era lo último que le faltaba. ¿Qué diablos se supone que había pasado?

Su rostro estaba bien, y comenzó a palpar en el cuello de Bardock, el cual también estaba bañado en sangre, temeroso de que tuviese alguna herida en un punto tan frágil como ese. La energía del mayor apenas era perceptible, y Goku supo que apenas había comido, y que por las botellas tiradas había estado bebiendo, provocando simplemente más daños a su persona. Se sintió culpable unos segundos, cayendo en la caótica realidad en la que ahora se encontraban los dos, en las condiciones en las que se mantenían, en lo inhumano que resultaba el maltrato que se estaban infringiendo.

Negó, con la respiración entrecortada y los labios temblorosos, bastante tenso con mirar a su padre bañado en sangre, en esa condición. Se movió un poco al frente, arrastrándose en sus rodillas por el suelo, sintiendo el pinchazo de uno de los cristales que sobre éste había. Lo notó, aquel vidrio era mucho más fuerte y resistente que el cristal que había en la tierra, no podía imaginar con qué clase de materiales estaba hecho, aunque era obvio intuir que las botellas que tenía Paragus, así como la de otros planetas, debían ser más fuertes, pues la resistencia debía coincidir con la de sus consumidores. Levantó un pedazo entre sus dedos, y aunque no pudiera cortarlo, sintió lo peligrosamente filoso que era al tacto.

Entendió entonces, al razonar esa idea, que probablemente la herida no fuera intencional, sino accidental, llevando sus ojos nerviosos a las manos de Bardock, encontrando lo que imaginó. Claro, Bardock tenía la mano derecha ensangrentada más que cualquier otro sitio, y tenía a la mitad de la palma (la cual estaba ligeramente cerrada) un trozo de vidrio incrustado en su piel. Intuyó que Bardock había estado en contacto agresivo con ese cristal hasta el punto de hacerse daño, y que, por el charco de sangre, había sido ya un buen rato atrás. Estiró su mano y tomó la muñeca de Bardock, mirando de cerca que la herida parecía soltar más sangre, seguramente tratando de sanar, sin haberlo logrado debido a que aquel material seguía ahí dentro.

Con la punta de sus dedos comenzó a sacar aquel vidrio, sin embargo, el pinchazo despertó a Bardock, quien abrió los ojos y apartó el brazo inmediatamente, mirando a Goku con un rostro entre sorprendido y fastidiado. El menor abrió la boca para decir algo, quizá referente a la herida, quizá referente a la horrible y endeble condición en la que se encontraba, pero en cuanto miró los ojos de Bardock, en cuando éste arrancó el vidrio con brusquedad de un manotazo y se alejó levemente de Goku, toda la tensión volvió de golpe. Toda la indiferencia, todo el dolor, toda la culpa, todo la mierda que los tenía ahogados hasta las narices y sólo lograba hundirlos más y más con cada segundo que transcurría.

Goku se quedó de rodillas, mirando como Bardock trataba de levantarse, y entonces entendió que se había asustado al ver a Bardock casi muerto, sí, pero que probablemente no había sentido empatía, no había sentido nada, sólo un vacío, dentro de él no se había conmovido nada salvo la preocupación natural cuando se ve a alguien más en esa situación. Se decepcionó de él mismo, Bardock era su padre, ¿cómo es que, sencillamente, aquella escena perturbadora no había tenido un efecto sentimental real? ¿Era porque estaba mareado y confundido? ¿O es qué realmente todo ahora se pintaba en escala de grises, en un panorama desértico?

Lo supo, no podía perdonar a Bardock, no aun, y haberlo visto así realmente no hacía que él dejara de estar molesto, o que Bardock limpiara su culpa de un instante a otro. Sí, no había habido un dolor real en ese momento, era casi como… como si no le importase que muriese. Se sintió mal al pensar aquello, pero se sintió mal, por no sentirse mal, por estar consciente de que tal vez no le importaba, que estaba tan harto y decepcionado que Bardock había pasado de ser admirable a ser una completa basura.

Y no tenía idea en ese momento, de la forma tan brusca y radical que cambiaría de opinión en tan solo unos minutos más.

No tenía idea de lo que se arrepentiría de haber pensado eso.

Pero era normal en ese momento sentirse así, después de todo, Goku pensaba que Bardock era un completo monstruo cretino, no tenía idea de todo lo que Bardock sería realmente capaz de hacer. No lo entendería, no aun…

Pero faltaba poco, muy poco

–Descuida… estoy bien, programaré ésta maldita cosa para… – Bardock se tambaleó, todo le dio vueltas vertiginosamente en un segundo, caminando a la pared más cercana en un afortunado movimiento para no caer, sosteniéndose con una mano y reposando unos segundos mientras se sostenía la cabeza con la otra, como si pudiese clavar los dedos en la escena y frenarla, calmar toda esa nebulosa y revoloteada visión.

Goku sólo miró su espalda, sintiéndose vacuo aun, triste al no sentir nada por Bardock, o más bien, por sentir exceso de decepción y miedo, pues era imposible dejar de quererlo de un día a otro, pero la traición que alguien puede generar en el corazón de los seres queridos, puede ser mucho más fuerte que cualquier otra cosa. Retiró los ojos de él, entonces, llevando su vista al suelo y contemplando la sangre y los vidrios, la prueba de que Bardock seguía siendo egoísta y desconsiderado, manteniéndose alcoholizado y ajeno. O eso pensaba Goku, esa impresión daba luego de tantas malas experiencias.

Bardock, por su parte, sintiendo una espuma gástrica revolotear en la boca del estómago y la cabeza girar descontrolada, supo lo que seguía. Había estado borracho de esa manera o incluso más un par de veces en el pasado, así que sabía reconocer esa nauseabunda sensación, estaba a punto de volver, de sacar todo desagradablemente por la boca. Sintió la primera contracción en el abdomen, vomitaría en cualquier momento. Negó, recordaba en veces anteriores que al volver todo, y haber consumido esas cantidades de alcohol, de su garganta salía más que alcohol, salía sangre, generalmente, era la sangre la que cubría la mayoría de aquel desagradable líquido que escupiría.

No, definitivamente no iba a vomitarse ahí, de ningún modo podía permitir que Kakarotto mirara esa escena, mucho menos soportaba saber que, de dejar ir todo ahí, terminaría por limpiar, puesto que no soportaría dejar esa suciedad ahí por mucho tiempo. La segunda contracción llegó, y estaba decidido. Golpeó la puerta de la nave y la abrió en un movimiento veloz, aventándose prácticamente desde la altura de salida hasta el suelo, en donde cayó de rodillas contra el verde y frondoso pasto, en una escena tan linda que arruinó enseguida al regurgitar, y como esperaba, bañó de carmesí aquel sitio, arqueándose repetidamente mientras odiaba la irritante picazón en la garganta que generaba el alcohol al pasar por ahí de esa manera, quemando, llenándole las fosas nasales de aquel agrio líquido hasta hacerlo lagrimear.

Escupió con asco, sintiendo su boca pastosa y con ese sabor realmente desagradable. Su estómago se apretó, comenzando a doler, y por su mente cruzaba aquella común frase que nunca cumplía "No vuelvo a tomar" se repitió un par de veces, mientras limpiaba con su mano las lágrimas que le habían salido debido a las arcadas, quedándose de rodillas un momento antes de que se sintiera completamente listo. Regurgitar le disminuyó el mareo y el malestar, pero no se encontraba nada bien, sin embargo, era lo suficiente para poder largarse de una vez de ahí.

Con lentitud, se puso de pie, volando con suavidad hasta estar delante de la puerta de la cabina, encontrando a Kakarotto de pie en ésta, mirándolo, tratando de parecer tranquilo y fingiendo no haber visto, sonriendo levemente, sí, sonriendo, con esa maldita sonrisa falsa, con la máscara del inocente idiota del terrícola Goku. Bardock se molestó ligeramente al ver a aquel patético intento de fingir que todo estaba bien, de su forma tan despreciable de preferir el modo "diplomático" en lugar de gritarle en la cara. El mayor evitó ver el rostro de Kakarotto, asqueado de toparse con esa pútrida sonrisa.

Levantó la mano, dispuesto a hacerlo a un lado para entrar y marcharse de ahí, sin embargo, lo que no esperaban, lo que les faltaba, sucedió. Cómo si se tratase de un trueno, una energía poderosa atravesó sus mentes, llamando su atención de inmediato y logrando que sus rostros girasen en la misma dirección, en donde en algún punto no muy lejano se encontraba el dueño de aquella energía.

Tanto Bardock como Goku se tensaron, y ambos reconocieron aquella energía. Ese poder había brillado antes, en aquel planeta Namek a punto de explotar, en donde gracias a que apareció ese Ki en su nave del tiempo Goku había podido hacer la teletransportación y salvarlos de aquella inminente muerte. Sin embargo, no sabían quién era, ni porque parecía que los estaba siguiendo. La cola de Bardock se erizó, asustada, y su pecho vibró con dolencia cuando aquella energía comenzó a avanzar a una velocidad estrepitosa en su dirección, tenía un muy mal presentimiento al respecto de eso.

Se miraron, unos segundos, cómplices, leyéndose, compartiendo su intuición e imaginación en esos segundos que se cruzaron sus vistas, encontrando en los ojos del otro el mismo pensamiento: fuera quien fuera, era malditamente fuerte, y estaban seguros de que se aproximaba una muy dura batalla…

Y que la perderían…

[Año 700, Planeta SuJu]

Finalmente aquella nube purpura se desvaneció, y frente a ellos se apareció el hermoso planeta SuJu, con su brillante y amarillo sol en la cima del cielo, bañando con cada cálido rallo todos los rincones de aquel lugar. Trunks bajó de un saltó de la nave del tiempo, incorporándose de inmediato y mirando al frente con fiera frialdad, clavando sus ojos en Towa, quien ya lo esperaba de brazos cruzados y rostro calmo, sosteniendo su báculo en su mano derecha, balanceándolo ligeramente, con normalidad, como si aquel encuentro fuese cualquier casual acontecimiento, algo demasiado común.

–Trunks – saludó Towa, frenando el suave balanceo de su báculo y clavando la punta en la tierra, mostrando sobre su rostro una sonrisa, como si fuesen viejos amigos, destilando una muy bien fingida simpatía. Por supuesto que al muchacho le irritó aquel hecho, pero no iba a perder la noción por algo tan bobo, no caería en inútiles provocaciones.

–Towa… – dijo también, dando un asentimiento con la cabeza a modo de saludo que la shiniana respondió de la misma manera. –Ha llegado el día, Towa – habló, con esa normalidad y confianza que solo dos viejos conocidos se tienen, incluso, más de uno podría haber jurado que el joven saiyajin había pronunciado esas palabras con pesar, confundiendo el alivio gigantesco que en realidad era lo que Trunks soltaba en cada palabra.

–Bueno, supongo que si – respondió ella, con la misma calma y con el semblante de alguien que se ha resignado a un destino. –Ya era hora, ¿no lo crees? – cuestionó, dejando ir una risa seca, sin gracia, más bien, melancólica.

–Sí, lo es, realmente… ya no podemos seguir así… – Trunks frunció el ceño, sin poder mantener más la indiferencia, rompiendo ligeramente la diplomacia al mostrar su mandíbula apretada, sacando su espada de su espalda y empuñándola al frente. –Voy a acabar esto ahora.

–Bien, sólo una cosa antes, ¿puedes? – Trunks no dijo que si, pero tampoco se negó, mantuvo silencio absoluto, esperando a que la mujer prosiguiera. –Mis sirvientes están allá… Virgo y los demás que me han seguido hasta ahora…– señaló a unos frondosos árboles no muy lejos de ahí. –…tu patrulla está aquí – Miró al frente a los muchachos, los cuales la miraron de mala manera. –Y supongo que no nos contendremos, entonces… ¿por qué no nos vamos de aquí? Hay un claro no tan lejos… bueno, si no te importa… – soltó ella, apuntando con su báculo en esa dirección. Trunks angostó los ojos, dudoso, mirando rápidamente a Virgo, aquella chica de cabello rosa con rostro asustado que ya conocía de vista, junto a otro grupo de sujetos de nulo nivel de energía, esos esclavos que seguramente tenía a fuerza.

–De acuerdo – soltó luego de meditarlo unos momentos, extrañado con que Towa tuviese compasión por sus acompañantes, pero quiso imaginar que de algún modo, incluso alguien como ella, podía llegar a valorar y proteger a sus fieles seguidores.

Sí, pobre e inocente Trunks, que aún creía en la posibilidad de la bondad en un monstruo como lo era ella.

Pobre, que vivía pensando en que la gente podía tener redención.

Que iluso estaba siendo.

Que grave error estaba cometiendo.

Y ese error le costaría más de lo que hubiera llegado a imaginar.

–Ahora dime, Towa, ¿dónde está Miira? – preguntó, y miró a la shiniana bajar los brazos, decaída. – ¿Acaso está esperando en el claro ahora? – cuestionó, viajando sus ojos un momento a aquella dirección, sin lograr sentir el Ki tenebroso e inestable de Miira.

–Miira ya no está más, Trunks – respondió, y pudo notar que la voz de la mujer había temblado, que había sonado tocada, ofendida. –Miira está muerto… – agregó en un murmuro bajo, entristecido.

–No, no puedo creerte, a mí me han informado que él está aquí, vivo – Towa soltó una risa seca, cargada de ironía, negando mientras bajaba sus dorados ojos al piso un par de segundos.

–No se equivocaban, Miira estaba aquí, y estaba vivo… – pausó, tomando aire y mirando de nuevo a los ojos a Trunks, frunciendo el ceño en una clara expresión de irritación. –Traté de salvarlo, de reparar las cajas de energía, de… de…

–No puede ser, ustedes tienen máquinas de regeneración, esa herida no era nada con una de ellas – alegó el muchacho, mirando a Towa mirar con molestia una vez más.

–La máquina regenera el daño de un ser vivo… Miira es una máquina – chasqueó, viajando su mirada a un lado, de nuevo. – Además, no fue sólo un brazo… ese sujeto de armadura volvió… – Trunks creyó vilmente eso, pensando en que Hunter debió haberle dado esa clase de ventaja, recordando las palabras que habían intercambiado, seguro que había tratado de ponerla fácil, y por descuido había terminado por dañar algo muy relevante para el sistema operativo de Miira.

–Será una desgracia no poder matarlo – soltó Trunks, indiferente a las palabras de la mujer. –Pero contigo será suficiente, después de todo, has sido tú quien creó a ese monstruo, ¿no? – sonrió, como si hubiera sonreído al doctor Gero, a punto de acabar con todo ese embrollo de una vez.

–Supongo que sí… entonces, no esperemos más – Dijo ella, elevándose ligeramente de la tierra.

–Ustedes quédense aquí – indicó a su equipo, mirándolos de reojo, desde enfrente.

– ¡¿Estás loco, Trunks?! No vas a pelear tú solo – protestó la Kaio del tiempo, mirando a Towa con desconfianza.

–No te preocupes, conmigo será suficiente, puedo con esto yo solo – sonrió de lado para ella, tratando de inspirarle confianza. –Además, he estado luchando por esto todo este tiempo, será rápido – retiró sus ojos de la Kaio, volviendo al frente, donde Towa sonreía suavemente.

–No pienses que seré fácil, Trunks, aún tengo posibilidades de ganar – comentó Towa en su habitual tono seductor y malicioso, mirando al muchacho desde su posición en el aire.

–Descuida, Towa, será rápido – dictaminó, riendo ante lo que ella dijo, algo que a sus oídos no podía ser más que una simple broma.

Ambos salieron disparados en el aire, andando Trunks ligeramente atrás de Towa para seguir el camino. En el suelo, la Kaio del tiempo no se quedó conforme, el pecho le dolía demasiado, no confiaba en esa mujer, ni en todo lo que decía, había algo demasiado sospechoso en todo ello, Quizá Trunks, debido a su bondad, pensaba que Towa era sincera, sin embargo, la Kaio no pensaba lo mismo. Había algo muy turbio, eso sólo podía ser una trampa.

–No se muevan de aquí, iré a asegurarme de que todo esté bien, ¿de acuerdo? – indicó al resto del equipo, que no tuvo más opción que aceptar.

La Kaio alzó el vuelo unos momentos después, mucho más lento de lo que lo hicieron los guerreros, manteniendo la precaución para no ser descubierta. Llegaría unos minutos después, sin embargo, esos minutos podrían hacer una gran diferencia.

[…]

–Bien, es aquí… – dijo Towa, mirando alrededor con desinterés. Trunks también miró, era un lugar casi desértico, con algunas montañas a los alrededores, y miró, no muy lejos de ahí, una montaña con una enorme cueva algo escondida entre pocos matorrales. Volvió su vista a ella, con dureza, sosteniendo de nuevo su espada en el aire, con su mano izquierda.

– ¿Estás lista? – cuestionó, y Towa asintió, colocándose en posición de pelea. –Sólo una última cosa, Towa, te mataré sin rodeos, yo no soy como el señor Goku o como mi padre, acabaré contigo sin miramientos… así que esto será rápido…

Apenas había acabado de decir, desapareció en el aire, golpeando fuertemente el báculo de Towa, quien lo había alcanzado a interponer frente a su rostro apenas a tiempo. Trunks no dudo, no estaba jugando, ni probando, ni midiendo y mucho menos divirtiéndose. Él, como ya lo había mencionado, no era como los demás saiyajins, él estaba enfurecido, enfurecido de verdad, frustrado y cansado, dolido a la médula. Estaba harto, y usaba toda esa frustración como motivación, como el combustible, el motor que movía su cuerpo y lo hacía dar mil vueltas.

Se transformó en súper saiyajin, y su cuerpo entró en una sensación cargada de electricidad, una que corría vertiginosamente por sus venas y azotaba dentro de éstas, golpeando desde dentro de su piel. No se había sentido así hacía mucho, con esas ansias, esos nervios, esa adrenalina, el más genuino deseo de acabar con todo eso, de fulminar, de asesinar, de vengarse. Era un súper saiyajin tan puro y en bruto como la primera vez que lo alcanzó, que esa radiante sensación y poder atravesó su espina dorsal por primera vez.

Cada golpe que soltaba, cada espadazo que rozaba el cuerpo de aquella mujer o chocaba provocando chispas en el báculo de ésta, era grotesco, rudo, brutal, era la energía pura que vibraba iracundo, que lo hacía gritar de gusto. Towa retrocedía con cada golpe, y con cada uno también resultaba más difícil defenderse, prácticamente imposible contraatacar. ¡Y Towa no estaba jugando realmente en ese momento! Ella también estaba peleando con todo, llena de miedo, de dudas, de inseguridad, de certeza en que perdería si su plan no resultaba, si las cosas no pasaban a tiempo. Se estaba jugando la vida…, y estaba perdiendo.

Trunks se transformó en fase dos sin notarlo, danzando tan fluidamente con su espada y con su espíritu envuelto en llamas que parecía ya no controlar su cuerpo, que parecía estar tan bien conectado todo que cada toque parecía estar diseñada por los dioses. Era perfecto, era rápido, era planeado y guiado por su cabeza e instinto en perfecta sincronía. Ganaba, a cada segundo, ventaja, terreno, control sobre de Towa quien avanzaba un paso en reversa y dedicaba su tiempo a esquivar o tratar de bloquear.

Pensó en aquella vez en la Tierra, en el pasado, aquel relato que le contaban y que desgraciadamente no había podido ver. Gohan matando a Cell, Gohan totalmente fuera de sí, fuera de todo, peleando con lo que tenía, con lo que sentía, con todo lo que lo había llevado a eso. Y se sintió conectado con su mentor, con el alma de su mentor, con esa esencia de Gohan tan incambiable. Y quiso, con todo su corazón, vencerla más que nunca, enorgullecer a su amigo, a su memoria, a todos esos días en los que se esforzó entrenándolo. En su sacrificio. Quería que su muerte no fuera en vano, que trascendiera hasta poder decir que él había logrado salvar el universo, que había logrado, con determinación, matar a esa demonio luchando mano a mano limpiamente.

Sí, era verdad que Towa podía enfrentar con menos dificultad a un súper saiyajin, incluso podría haber luchado menos vergonzosamente contra un nivel dos. Entonces, ¿qué sucedía? Se cuestionó, mientras seguía avanzando de reversa y mirando las chispas de la espada rebotar en su rostro, quemando sus pestañas. Pasó saliva y movió rápido en báculo frente a ella, esquivando a duras penas una vez más. Difícilmente lo contuvo, y el impacto la mando dos nuevos pasos en reversa, haciéndola apretar los dientes al sentir sus pies deslizarse sobre la arena suelta de aquel lugar.

Entendió, al sentir sus piernas temblar un instante que estuvo quieta, que los nervios la estaban consumiendo, el miedo real a morir. Y a matar a su hijo en el proceso. No, no podía, no debía morir, no quería. Sin embargo, en lugar de que ese miedo la volviese fuerte y la motivara a pelear, la llenaba de miedo, la hacía temblar, se volvía un punto débil. Y estaba aterrada, perdería, y lo haría sin haberlo dado todo. Sabía que, de todos modos, de haber estado peleando en óptimas condiciones, con todo, habría perdido, pero por lo menos, habría sido de una manera menos patética.

Otro espadazo, otro paso, un ataque certero, otro paso. Y, ridículamente, arrastrada en reversa por su atacante, cayó al suelo luego de tropezar con una piedra. ¡Sí! ¡Tropezó! ¿Cómo eso podía ser jodidamente posible? Lo sabía, intentar volar, huir, correr, era imposible, miró la espada de Trunks acercarse fuertemente desde arriba, amenazante, decidida. Apretó los ojos y movió una vez más su báculo, logrando bloquear el ataque, sin embargo, éste salió volando con ligereza por la fuerza del impacto con la espada de Trunks, la cual resultó intacta, sólo meneándose ligeramente hacia atrás por la inercia del golpe.

Towa entonces quedó desprotegida, sin modo de defenderse, sin tiempo a realizar un golpe o un ataque de corto alcance, Trunks no estaba ahí dándole oportunidades o perdiendo el tiempo. Ella lo miró, imponente, alto, decidido, poderoso envuelto en su aura dorada. El sol pintaba en lo alto, justo sobre sus cabezas, y fue bloqueado a la vista de ella cuando el muchacho alzó ambas manos, sosteniendo su espada para dar impulso, para dar el golpe de gracia. Towa cerró los ojos cuando vio el filo de la espada brillar y reflejarle en el rostro, como anunciándole que había llegado ya el momento de su muerte. Levantó las manos y cubrió su rostro, como si con eso pudiese evitar lo inevitable.

El saiyajin tomó impulso, alzó los brazos y, cuando estaba a punto de descender a toda velocidad, un grito tronó en el aire, clamando su nombre. Y no, no fue aquel grito femenino el que detuvo su ataque, no fue aquel grito aterrado que soltó la Kaio del tiempo en la lejanía, como advertencia, el que lo detuvo de matar a Towa.

Fue un brazo que atravesaba su cuerpo.

Fue el agónico dolor punzante que sintió en su abdomen.

Fue la sangre brotando por su boca y lo nublado de su visión.

Fue la transformación, la energía y la fuerza que se le escapó en un segundo por aquel orificio en su persona.

Fue Miira, que riendo detrás de él, había aprovechado aquel momento para atacarlo. Por la espalda, como el maldito cobarde que era.

–Wow, sí que han hecho un buen trabajo – comentó Miira, meneando los dedos que alcanzaban a salir del otro lado del cuerpo de Trunks. –Esto se siente a la perfección – dijo, refiriéndose a su brazo ahora de nuevo sensible.

Trunks, durante los segundos que le quedaron de conciencia, ya no fue capaz de escuchar aquella burla de Miira, repasó en su mente aquel sueño perturbador de Miira y Towa atravesando a A-18 y A-17 por el abdomen, de la irónica forma en que era ahora él quien estaba con un brazo en medio de su cuerpo. Que era él quien recibía aquella trágica muerte.

Sus ojos se volvieron blancos, y sus brazos soltaron la espada, cayendo a los lados sin la más mínima fuerza. Miira deslizó su brazo fuera, dejando caer el cuerpo de Trunks contra el suelo, totalmente suelto y ligero.

Vacío.

Inerte.

[Año 850, Planeta Han]

Goku y Bardock se pusieron serios, con una expresión idéntica de ceño fruncido y labios apretados, presionando los puños y tensando los músculos, preparándose para lo que esperaban, sería una furiosa batalla. Hunter estaba detenido ya frente a ellos, mirándolos, examinándolos, pero por supuesto que ellos no lo sabían, no podían hacer más que ponerse aún más nerviosos encarando solamente un sujeto envuelto en metal, sin voz, sin expresión, no podían tener referencia de absolutamente nada.

– ¿Quién eres tú? – cuestionó Goku, engruesando la voz para que no se notasen los nervios que en ella había.

Hunter no respondió, miró a Bardock, y soltó una suave risa mecánica que fue audible a los dos saiyajins. Bardock apretó los puños, sentía que se estaba burlando de ellos, de él, y sentirse tan malditamente intimidado, sumado a eso, era como una patada directo en los huevos. Hunter desenvainó su enorme y feroz espada, haciendo sonar su hoja contra el aire, aumentando la tensión, logrando que los dos saiyajins retrocedieran inconscientemente la misma distancia, una vez más, sincronizados.

– ¿Qu-Quién eres? – Goku tartamudeó, presionado, lleno de duda y temor, sentía su frente sudar en frío, y sus manos temblar, dudosas. – ¿Qué es lo que quieres?

–Bueno, pensé que el hecho de pararme frente a ustedes y mostrar mi aura de pelea, sería muy claro. He venido a matarlos – Hunter habló mecánica y asexualmente, jugando ligeramente con su espada en su mano derecha, dejando a Goku y a Bardock atónitos, temblorosos, presos de un terror que les acalambraba la espalda por la adrenalina feroz que les cubría – Pero veo que no son más que unos monos tontos…

– ¿Por qué demonios quieres matarnos? ¿Acaso nos conoces, pedazo de hojalata? – bramó Bardock, quien ya sentía la sangre arder.

–Oh, ya lo esperaba de ti, Bardock – rió suavemente ante aquel insultó por parte del mencionado, frenando su espada y quedándose quieto, fijo en los dos. – Y efectivamente, los conozco, bastante bien… ¿acaso han olvidado que los salvé ya en una ocasión? – Avanzó en el aire, y de nuevo presionó a sus adversarios, haciéndolos retroceder.

–No, recordamos eso… tu energía… – respondió Goku, inclinándose un poco al frente, como si estuviera a punto de atacar. –Pero, ¿quién eres? ¿Por qué primero nos salvas y ahora dices que nos vas a matar? No lo entiendo… – Goku se sinceró, movido por el pánico, por lo malditamente aplastante que resultaba estar frente a un individuo con ese poder de energía.

–No tendría caso malgastar mi tiempo en decírselos, después de todo, estarán muertos en tan sólo unos minutos – Hunter ladeo la cabeza, como pensativo, reiterando el jugueteo de su espada, balanceándola como péndulo desde los dedos de su mano derecha. –Sin embargo, lo haré… ya que, después de esto, realmente ustedes no tendrán oportunidad de escuchar nada más… – sonrió dentro del casco, gesto que sólo el mismo Hunter podía saber. –Por cierto, si tienen algo que decir, es ahora, después ya nadie podrá escucharlos… jamás…

–Sí, sí, luego me besas los pies – interrumpió Bardock, molesto ya, dejando ver en su rostro más desagrado y enfado que la de su hijo. –Habla de una vez estúpida máquina, ¿quién mierda eres? – bramó, dejando ver sus dientes apretados en una fiera expresión.

–Eso, Bardock, fue exactamente una de las razones por las que me decidí a matarte… reaccionas siempre como una estúpida bestia a cualquier cosa – las palabras hirieron fuertemente al mayor de los saiyans, pues luego de tanto lío emocional, sabía que lo que ese tipo decía era jodidamente cierto. –Mi nombre es Hunter, y soy el mercenario del Consejo Interplanetario, es decir, el asesino personal del Señor del Tiempo, el que busca la tranquilidad y libre continuidad del tiempo y el espacio en todos los universos – levantó su pesada espada, apuntando a los dos hombres a la cara. –Y ustedes, monos estúpidos, están violando y ultrajando la libre continuidad multi-universal.

Tanto Bardock como Goku pasaron saliva discretamente, recordando cada una de las veces en que terminaron por meter las cuatro patas en todos los asuntos, afectando seguramente las líneas de un modo muy probablemente abismal. Hunter bajó su espada, moviendo el rostro de uno a otro, encontrando en ellos, en sus ojos, el dejo de culpa que cargaban, la noción que reflejaban en sus orbes de saber que habían jodido todo allá afuera. Sin embargo, pudo notar la clara tristeza en el rostro de Goku, y el únicamente fastidio en la de Bardock.

–Bien, eso explica porque vas a matarnos, pero, ¿por qué diablos nos salvaste antes? ¿Cuál era al punto de dejarnos vivos? ¿Acaso quieres divertirte matándonos? Si ese es el caso, hubiese preferido morir en aquella explosión – Hunter gruñó con molestia ante aquello, por un asunto personal que cruzó en su cabeza ante el cinismo de aquel individuo, ante la falta de humildad sobre cualquier asunto.

–No tenía caso dejarlos morir allá, aun no decidía en aquel entonces qué hacer con ustedes – respondió con fastidio que gracias a los filtros de voz en su casco no se notó en lo absoluto.

– ¿Aún no decidías? Creo que no estoy entendiendo, ¿no se supone que eres un mercenario? Porque, en ese caso, tú sólo te dedicas a obedecer, no a elegir – Hunter apretó su espada con fuerza ante esas palabras, ¡Bardock estaba más demente y era más desgraciado de lo que imaginaba!

–En efecto, sin embargo, en ésta última encomienda, he sido yo quien decida algunas cosas – Bardock levantó una ceja, entre burlón y retador, un tanto incrédulo al respecto de semejante chorrada.

–Déjame entender, entonces, ¿me estás diciendo que te mandaron a acabar con aquellos que interrumpen la continuidad y no sé qué más de los universos, pero, en lugar de irte en contra de la perra de Towa y el "testículos de fierro" de Miira, has venido a matarnos a nosotros? ¡Menuda cagada! – exclamó con falsa gracia, extendiendo los brazos a los lados unos momentos. – Siendo más fácil que lleven de regreso a Kakarotto a su tiempo y ya está, vienen a matarnos porque sí, ¡Y creí que vivir por años en la jaula de los Time Breakers era lo más estúpido e irracional que había pasado en mi vida! – se quejó, enfurecido, sintiendo tanta frustración por ese hecho que el miedo se lo había pasado entre las piernas, y ahora que tenía ganas de pelear.

–Los Time Breakers ya han sido fichados, sin embargo, no son mi asunto. Trunks ha sido enviado a ellos, en éste momento, él debe estar acabando con esa organización de una vez – respondió, tontamente, seguro de ello.

– ¡Genial! ¡Increíble! ¡Bendito sea Trunks! – de nuevo Bardock extendió sus brazos a los lados, como si le hablara al cielo, envuelto en la impotencia y celos que últimamente rodeaban el tema de Trunks. – Dime una cosa, Hunter, el "gran" Señor del Tiempo, ¿es ciego, o sólo es estúpido? – su voz sonó sarcástica, estaba iracundo, colérico, no podía creer que semejante tontería, que tremenda injusticia, estuviese ocurriendo, ¡Era una ridiculez! ¡Eso que decía Hunter no tenía sentido! – ¿Es que acaso no se da cuenta que Kakarotto y yo no estamos viajando porque nos guste andar como imbéciles de un lugar a otro? ¡Destruye la maldita nave! ¡No me interesa! Sólo lleva a este mocoso a su tiempo y te libras de nosotros… te libras de mí…

– Vaya, Bardock, hasta casi me han entrado ganas de no matarte… sin embargo, ¿qué se puede hacer? – cuestionó, amenazante, tratando de imponer autoridad de forma hostil. Para su sorpresa, Bardock sonrió con burla.

–Pues puedes chuparme los huevos, si te place – se burló, colocándose en posición de pelea. – Porque ten por seguro que no nos matarás…

– Jajaja, ¿y qué vas a hacer al respecto? ¿Pelear? – Hunter, a pesar de su tétrica voz, hizo sonar su risa bastante expresiva.

–Pues no creo que se resuelva esto tejiendo chambritas – Goku se mantuvo atento a esa conversación, y unos segundos se sintió al principio de toda esta historia, en la irónica y sarcástica forma de hablar de su padre, y de todas esas veces en que le respondía molesto y grosero, como justo ahora lo hacía con Hunter. Sonrió lo que duró un parpadeo, mirando a Bardock, sabiendo que apenas hace unos momentos vomitaba duramente sangre y reflejaba en sus ojos el vacío.

Algo dentro de la cabeza de Goku hizo un "Clic", entonces.

Supo que no era el único que estaba sufriendo.

Que se estaba perdiendo.

Mirando ahí, en una enfebrecida lucha verbal a su padre, entendió que Bardock también moría un poco cada día.

Que se secaba.

Que sufría.

Que se hundía en el mismo hoyo fangoso y oscuro en el que él se había dedicado a vivir últimamente.

Negó, y la claridad del asunto se vio ennegrecida una vez más por el pútrido lodo que le cubría los ojos y le impedía ver más allá de su egoísta dolor. De la supuesta traición que Bardock había tenido para con él.

–Bien, Bardock, ya que estás tan entusiasta, te mataré a ti primero – Hunter sostuvo su espada con ambas manos, elevando su ki, preparándose para luchar.

–Eres un completo imbécil si crees que me dejaré matar por una estúpida marioneta como tú – Bardock elevó su energía de igual manera, transformándose en súper saiyajin desde ese momento, pues era clara la superioridad del adversario, no podía darse el lujo de jugar, todo eso estaba yendo malditamente enserio.

Goku, en shock emocional, en el hoyo, en contradicciones, en la nostalgia de los recuerdos y la utopía de la imaginación, no se percató del momento en que quedó fuera de todo ese embrollo que se había armado en cuestión de segundos y algunas palabras cargadas de provocaciones. ¡¿Qué se supone que estaba pasando?! Eso no era una jodida broma, y ese sujeto no era cualquier enemigo. Se tensó, listo para atacar, sin embargo, no lo hizo, su código de guerrero se lo impedía, ¡Lo detenía! ¿Cómo era posible que algo tan ridículamente absurdo y sin importancia lo frenara tan duramente?

¡Debían pelear! ¡Los dos! Y aun así sabía que no ganarían, ¿en qué diablos estaban pensando? ¿Por qué estaba permitiendo que Bardock luchase solo contra esa maldita cosa? Morirían, y si lo hacían, así de lejos, así de perdidos, así como estaban, no habría ninguna posibilidad de volver jamás. Sin embargo, tras ver un rápido vistazo los ojos de Bardock, quien ya estaba en un intercambio de golpes contra Hunter, supo que no debía intervenir. En los ojos de su padre leyó la determinación, las ganas, el sacrificio…

Y de nuevo, aquella sensación en su pecho, el sentirse con el Bardock de siempre y no el monstruo destructivo que había creado su mente, lo invadió.

¿Qué era esa cálida sensación? ¿Por qué su mente entraba en una discordia emocional? En un sentimiento de luz en medio de una nebulosa… ¿es qué… acaso se había equivocado en juzgarlo por lo que pasó con Broly? ¿Y era que justo ahora que notaba al verdadero Bardock se daba cuenta de su error?

No pudo responder sus propias cuestiones, la mierda, la depresión, los problemas y la tensión del momento, no lo dejaban pensar claramente, no podía ordenar sus sentimientos y su razón. Agitó la cabeza para concentrarse en lo que sucedía, en esa pelea que aún no se convertía en la feroz batalla que esperaba, una en donde parecía que estaban probándose apenas, o… que Hunter estaba jugando.

–Jaja, ¿dónde dejaste tus palabras ahora, saiyajin? – se burló Hunter, mirando el cuerpo de Bardock temblar de dolor tras recibir un golpe justo en el abdomen.

–Las olvidé… en casa de tu madre – respondió Bardock con trabajo, cargado de dolor, mostrando una sonrisa cretina tras la insinuación de haber estado sexualmente con la madre de Hunter.

–Serás idiota… – susurró el mercenario, golpeando a Bardock en el rostro y enviándolo al suelo sin ningún problema.

Sí, Goku no se equivocaba, Hunter estaba jugando, podía haber acabado con ellos sin problemas de unos cuantos golpes, pero estaba divirtiéndose, no más. Y, sumado a la cretina manera de Hunter al jugar con Bardock, Goku desconocía que su padre actuaba también, y no, no estaba fingiendo ser más débil, estaba aparentando estar bien. Realmente Bardock no tenía idea de cómo es que no había perdido su transformación, o de como siquiera es que seguía respirando. Pero no podía rendirse, no tan fácil, no así, por eso apretaba los dientes y se aguantaba el dolor, para que Goku pensara que estaba bien, que estaba calentando y que no estaba muriendo ya.

Se odió por haberse descuidado de esa manera, en ese estado, ¿cómo se supone que protegería a Kakarotto? ¿Cómo se supone que confiaría de nueva cuenta en él?

No tuvo tiempo de pensar, tuvo que meter las manos para no recibir de lleno un golpe que iba directo a su rostro, apretando los ojos duramente en un acto de reflejo. Un crujido, por demás escandaloso, resonó fuertemente, acompañado de un grito grueso, pero notablemente dolorido. Bardock abrió los ojos, notando su brazo izquierdo roto, colgando a un lado en una posición grotesca. Maldijo en todos los idiomas que conocía, sujetándose el brazo izquierdo con su mano derecha con la intención de que no se moviese y provocara más dolor, apretando aún más la mandíbula para no gritar, reprimiendo algunas lágrimas que insistieron en sus parpados. Se puso de pie como pudo y saltó hacia atrás, mirando a Hunter con el odio más intenso que el mercenario hubiese visto nunca.

– ¿Qué sucede, Bardock? ¿Te duele? – fue esta vez el turno de Hunter para reír, contemplando el rostro del saiyajin deformado en un mohín doloroso.

–Esto no es nada… – aseguró Bardock, sintiendo, en realidad, como su vista se nublaba peligrosamente. –Esto sólo es la prueba de que podre derrotarte con una sola mano – rió de medio lado, como si estuviera seguro de ello, soltando su brazo izquierdo y empuñando su mano derecha en el aire, furiosamente.

–Venga, no me hagas reír – Hunter guardó su espada tras su espalda, cruzándose de brazos y contemplando la deprimente escena. –Has hecho muchas cosas estúpidas toda tu vida, una tras otra, ¿no te cansas?, ¿No estás harto de luchar, Bardock? ¿Por qué no sólo te entregas a la muerte? Así… descansarás…

–No hasta que cumpla mi misión… – murmuró, furioso, elevando su Ki en contra de todo pronóstico.

– ¿Tú misión? ¿De qué…? – Hunter no pudo acabar su frase, una patada de Bardock, rápida, fuerte e inesperada, golpeo su rostro, haciéndolo retroceder ligeramente y sentir mareo por el impacto.

Se defendió lanzando un golpe que Bardock esquivó, comenzando una nueva oleada de ataques y defensas, que por supuesto, estaban en un nivel bajo considerando el poder máximo de ambos. Inclusive, podría decirse que era una batalla deplorable para los guerreros que eran. Goku, observando eso, fue consiente de la realidad. Ellos no se estaban probando, Bardock no estaba midiendo las habilidades y fuerza de Hunter, estaba dando todo de sí y estaba perdiendo. Y con el brazo roto, con ese nivel de energía que descendía a cada segundo, era imposible que siquiera pudiera acercarse a una victoria. Estaba frito. Era la derrota absoluta para ellos.

Miró a Hunter, preguntándose si realmente estaba jugando con Bardock, o qué demonios era lo que pretendía. Se notaba serio, pero daba demasiada oportunidad, demasiados espacios, defensa baja, y no estaba usando ni la mitad de su fuerza, a Goku le dio la impresión de que Hunter estaba ganando tiempo, de que no quería matarlo de verdad, ¿estaba jugando? ¿O es qué buscaba algo más? ¿Qué pretendía? No, no había tiempo para darle vueltas a sus cuestionamientos, si Hunter estaba jugando o buscando algo daba lo mismo, en ambos casos era cuestión de tiempo para que se hartase y matara a Bardock, y eventualmente, a él. Y supo también, que ese "cuestión de tiempo" serían apenas unos minutos más, y debía hacer algo si no quería terminar siendo polvo espacial.

Decidido, dejando de un lado el código de pelea y viendo más allá, sintiendo el pesar de su supervivencia, se transformó en súper saiyajin, lanzándose en el aire ferozmente, en dirección a Hunter. Sabía que no ganarían, pero debía intentarlo, debía intervenir, debía luchar a la par para poder tener al menos una esperanza de salir, debía…

– ¡No te entrometas! – la voz de Hunter tronó, y al tiempo, una electricidad brillante similar a una esfera destelló en la mano derecha del cazador, la cual apuntó a Goku, quien ya no estaba lejos. De ésta esfera brillante, un arco eléctrico emergió a una velocidad incalculable alcanzando a Goku, quien gritó cargado de dolor, perdiendo su transformación y cayendo al suelo en cuanto el rayo cesó apenas unos segundos después, sintiendo la piel arder y la ropa humeando, apretando los ojos, siendo incapaz de mover el cuerpo por la cantidad de energía que había recorrido su cuerpo.

– ¡Maldito! ¡Tu pelea es conmigo! – Bardock miró a Goku tirando en el suelo, desprendiendo humo y ligeramente chamuscado por aquel eléctrico ataque, llenándose de furia ante aquella dolosa escena. – ¡¿Cómo te atreves?!

Hunter frenó apenas un golpe de Bardock, y luego otro, y luego no pudo frenar todos los ataques que fueron destinados a su persona. Por la furia, el saiyajin había tenido un incremento inesperado en su fuerza y rapidez, dejándose llevar por aquella irracionalidad e ímpetu que saltaba en momentos críticos como ese. Bardock desconocía que esa habilidad la había heredado a su nieto Gohan, inclusive, Bardock no era muy consciente de su propia habilidad, sólo se dejaba llevar, como ahora.

Para su desgracia, al igual que aquella habilidad se desató cuando enfrentó a Freezer, fue totalmente inútil. Hunter iba más allá de una reacción colérica de furia. El cazador, sintiéndose atascado de golpes, decidió frenar aquello de una vez, sosteniendo a Bardock por uno de sus pies y frenándolo en seco en el aire, procediendo a azotarlo brutalmente contra el suelo, haciendo que Bardock perdiese el frenesí de su habilidad, sumado a su transformación y la mayoría de sus fuerzas. Hunter, no satisfecho, volvió a levantar el cuerpo de Bardock por la pierna, tomando vuelo y azotándolo de nuevo contra el piso, dejando la marca de aquel hombre en el suelo, haciéndolo lucir como si fuese un simple juguete de trapo, sin ninguna clase de resistencia.

Goku, a una leve distancia de ellos, se colocó de rodillas a tiempo para contemplar aquella brutalidad, odiándose al no poder hacer algo, al sentir su cuerpo temblar y sus músculos engarrotados e inutilizados, a esa sensación vomitiva y una ligera certeza de que alguno de sus órganos había estallado por el ataque eléctrico. Quiso por lo menos decir algo, pero no había palabras, todo se desmoronaba frente a sus ojos, estaba desesperado, todo se acababa de una forma tan burda, tan estúpida, tan rápida, ni siquiera había tenido la oportunidad de pelear y había perdido.

–Bardock… perdiste – Dijo Hunter, sacando su espada y mirando el cuerpo resquebrajado del mencionado tendido en el suelo.

–N-No… yo… aún sigo vivo – jadeó Bardock en respuesta, increíblemente para todos, incluido él mismo.

– ¿Cómo puedes decirlo cuando estás así? ¿Acaso no lo ves? – cuestionó, mirando el trabajoso intento del saiyajin por levantarse. –Vamos, ¿por qué no lloras y ruegas por tu vida? – Bardock, pese al dolor, pese a los huesos rotos y las costillas torcidas que picaban sus pulmones, rió, conteniéndose ligeramente debido al dolor.

–No digas… estupideces… yo nunca lo haría… – Bardock se colocó en una rodilla, mirando a Hunter desde abajo con el único ojo que le quedaba bueno, dejándole ver la sonrisa en sus labios. –Aquel que ruega por su vida, no la merece…

Hunter presionó duramente su espada, contrayendo los puños ante esa frase, quedándose unos segundos en silencio, mirando al saiyajin, quien insistía inútilmente en ponerse de pie.

–Bardock, te tengo una propuesta – mencionó, llamando por completo la atención de ambos saiyajins. – Te daré la oportunidad de hacer algo bueno por tu hijo por primera vez – habló, y Bardock miró a Goku ligeramente ante la mención. –Yo, tomaré tu vida a cambio de la de Goku, ¿qué te parece? Si ahora mismo te entregas por las buenas, dejaré a Goku vivir – Hunter guardó silencio luego de eso, esperado la respuesta, mirando a Bardock contemplarla, o más bien, eso pensó cuando lo miró bajar la cabeza. Para su sorpresa, Bardock comenzó a reír suavemente, para luego hacerlo mucho más alto, negando y levantando el rostro para encarar a Hunter una vez más, desde su posición de rodillas en el suelo.

–No.

– ¿Qué has dicho? – Hunter parpadeó dentro de su casco, totalmente atónito ante eso.

– He dicho que no – reiteró Bardock tajantemente, colocándose totalmente serio, retador. – ¿Acaso te volviste sordo? – Hunter escuchó aquello incrédulo, definitivamente no esperaba esa respuesta.

–Entonces, ¿Prefieres que los mate a los dos? ¿Quieres que Goku muera? – levantó la voz al decir aquello, con una furia que los saiyajins no entendieron, y probablemente, no entenderían nunca. Hunter tenía una muy personal razón para ese enojo.

– ¿Y quién dijo que quiero que muera? – Bardock, usando toda su fuerza para mantenerse despierto, giró su cuello, mirando de nueva cuenta a Kakarotto, quien contemplaba atento y sorprendido, enfocado en su dirección. – ¿Es que acaso no entendiste lo que dije al principio? Kakarotto no morirá… pero yo tampoco…

Goku, desde su lugar, puso los ojos como platos ante aquello, sintiendo de nuevo su pecho apretarse y llenarse de calidez, de esa sensación, de ese amor, de la realidad, del lazo que compartía con su padre. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Bardock estaba diciendo eso? ¿Por qué encontraba en sus ojos un brillo y una determinación inexplicable?

– ¿A qué te refieres con eso? – Hunter hizo el cuestionamiento que Goku hubiese querido decir, sonando mucho más tranquilo que hacía unos segundos.

–Me refiero a que no puedo morir, no ahora… no voy a dejarlo solo… no de nuevo – Goku, a pesar de que estaba a unos pocos metros de ellos, pudo observar las genuinas lágrimas que asaltaron a su padre, y pudo sentir y percibir, como si fueran cálidas calcomanías golpeando su rostro y su corazón, la veracidad y honestidad de sus palabras. –Yo no puedo morir hasta verlo regresar a salvo a su tiempo… porque, incluso si yo muero por él ahora, no podría dejarlo con alguien más, no confío en nadie más para llevarlo a casa a excepción de mí… ¡Por eso no puedo morir!

Goku entonces abrió los ojos, se despidió del lodo que lo cubría, de ese aislamiento, de la separación absurda que habían tenido. De la supuesta traición. Y miró finalmente sin la tela del dolor egoísta, y supo que sufría, y supo que lo quería, y supo que estaba luchando y lo estaba dando todo por él, supo que Bardock no merecía su desconfianza, ni su enojo, ni su desprecio, ¡Mucho menos su indiferencia! Goku lo perdonó al poder entender toda la situación claramente, y se sintió un idiota por haberse puesto en contra de Bardock de ese modo en primer lugar. Y se arrepintió…

Desgraciadamente, tarde…

Tarde para decirlo…

Tarde para darse cuenta…

¡Tarde de nuevo, Goku!

Como cada vez...

–Si eso es lo que piensas… – Escuchó a Hunter decir, y lo miró sujetar la cola de Bardock con su mano izquierda, levantando en su mano derecha aquella enorme y pesada espada negra.

Goku, con los ojos cargados de lágrimas y el corazón un remolino de sentimientos, de la noción de saberse amado, de la necesidad de ser reciproco a ese sentimiento, gritó con fuerza, impotente, destrozado, desesperado, con la intención de poder frenar todo eso… para poder decirle a Bardock que lo sentía, que lo entendía…

Es tarde para decirlo… ¿no crees?

Aquellas crudas y duras palabras que le había dicho a su padre cuando éste se disculpó hacía unos días regresaron a él como dagas, directo en la yugular… repitiéndose en su cabeza en un tenebroso eco autodestructivo.

Tarde… como cada vez…

Hunter, sujetando a Bardock por su peluda extremidad fuertemente, dejó caer su espada con rapidez…

Y rebanó…


NF: Hola queridos míos, tardé porque ya saben cómo soy dxdx, con el capítulo, ah, ¿qué decir? ¿Sonó en algún punto confuso? Descuiden, hay cosas que se aclararán…

Con Trunks y Bardock, ¿ya les dije que soy fan de Isayama? Dxdxdx jajajaja xD ok no.

Bueno, como notarán, éste capítulo (o el que sigue) es el parte aguas de la historia. Las cosas cambiarán de temática luego de esto (se nota? Xd) así que xD a ver qué onda ggg

Tal vez tarde más de lo usual por un proyecto que traigo del trabajo, pero :v espero que no sea demasiado, ;v descuiden.

Muchas gracias a nashitahime (hermoso linda, muchas gracias), Lyla (millones de gracias por seguir) y Diosa de la muerte (sabes que casi lloré con tus comentarios :´v siempre son tan buenos, te he dicho lo que amo que sientas todo tal cual, miles de infinitas gracias)

En fin, nos vemos pronto! Besos enormes! Saludos, con amor Inu!