Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.

Aclaración: Lo que esta en cursiva serán los pensamientos, dialogo de terceros o recuerdos de los personajes.

Lamento tanto la tardanza y solo espero que disfruten de la actualización.

Quiero darle las gracias a mi querida Joss por ayudarme un poquito en el escrito. Sabes que te remega adoro.


Chapter:20

ABRUPTA DECISIÓN

—¡Aléjate de ella! —exigió completamente furioso al dar un fuerte portazo al abrir la puerta y encontrar a quién tanto lo preocupaba.

La respiración de Kagome se pausó abruptamente al reconocer su voz. Giró su rostro y su corazón golpeó fuertemente contra su pecho al ver el enfurecido rostro de Bankotsu observarlos. No logró dimensionar en qué fracción de segundos fue que sintió a Yukito salir abruptamente de la superficie de su interior, haciéndola golpear su trasero de manera brusca contra el frío suelo cerámico al caer; Yukito no había alcanzado a entrar del todo a la cálida intimidad de la asustada azabache.

Bankotsu sintió una enorme ola de calor invadirlo por dentro; estaba furioso. Sentía cierta lástima de ver a Kagome en ese destrozado estado, y mucha rabia al ver a Yukito prácticamente disfrutando de ella al estar sosteniéndola de esa manera entre sus brazos. Lo quitó de en medio de las piernas de Kagome de un fuerte combo en la sien; causando que éste cayera, sin tener una mínima oportunidad de reaccionar.

Yukito cayó de golpe al suelo, quitando abruptamente su erecta virilidad del casi cálido interior de la azabache, soltándola bruscamente. Se sobó adolorido y completamente desentendido al no comprender qué demonios había sucedido, ¿acaso Kagome lo había golpeado? Sus celestes ojos se abrieron de forma desmesurada al ver a Bankotsu irse sobre él.

El moreno se subió sobre Yukito propinándole combo tras combo en todo su rostro, alzándolo del cabello para golpearlo fuertemente, causando así que la cabeza de éste se azotara contra el duro piso… repitiéndolo sucesivamente.

Los ojos de Kagome veían con temor la violenta escena que Bankotsu protagonizaba, cubrió su boca con ambas manos debido a la impresión pues, el moreno golpeaba al hombre que estuvo a pocos centímetros de ultrajarla completamente.

La cara de Bankotsu estaba impregnada en ira desmedida y el rostro de Yukito era bañado en sangre que despedía ya, de su boca, nariz y parte de sus ojos. Los golpes que el furioso ojiazul propinaba eran cada vez más violentos y certeros. Por su parte la nerviosa azabache se apresuró a buscar algo con qué cubrir su semi-desnudez, posó sus ojos en un perchero junto a la puerta y se encaminó rápidamente por la blanca bata colgada junto a la misma. Corrió hacia el moreno que ya estaba demasiado descontrolado.

—Bankotsu, basta —pidió de manera delicada pero segura al tomar su hombro para no alterarlo más de la cuenta.

Él la ignoró por completo al jalarse de manera brusca del débil agarre de Kagome, su atención estaba completamente concentrada en ese maldito canalla quién estuvo a punto de dañar lo que comenzaba a importarle. Siguió golpeando su rostro, presionando fuertemente sus dientes y frunciendo todo su ceño a más no poder. Hasta ese momento solo eran Yukito y él.

—¡Bankotsu, basta! —Pidió nuevamente al volver a tomar su hombro, esta vez, con sus dos manos y con más miedo al ver el casi agónico rostro del rubio en el suelo —¡Lo vas a matar! —rogó por que se detuviera pero éste seguía lanzando golpes a diestra y siniestra —¡Por favor, Bankotsu detente! —suplicó con la voz quebrada al mover con mayor fuerza el hombro del moreno.

El doloroso tono de voz de Kagome llamó la atención de Bankotsu, quién detuvo así los golpes que le profería a Yukito. Giró sus serios y molestos ojos azules en ella… y la vio, se encontraba hincada junto a él, con sus ojos completamente cristalinos. Salió de encima del rubio para ponerse de pie y ayudar a Kagome a incorporarse, ¿Por qué le pedía que lo dejara en paz si él no tuvo pizca de consideración con ella?

—¿Qué demonios pasa contigo? —preguntó molesto al fruncir su ceño, pues no la entendía en lo absoluto. Ella solo trató de regular su llanto.

—Y-yo… —quiso hablar pero el nerviosismo se lo impedía, la mirada del moreno estaba cargada en ella, y eso, de cierta forma la hacía sentirse intimidaba.

—¡Por la mierda, ¿tú qué?! —preguntó realmente fastidiado de su titubeo.

El comportamiento de Kagome le hacía pensar que quizás… ella deseaba que sucediera, que Yukito la tocara, que la hiciera suya, que la hiciera sentir. Invadido por la ira, esta aumentó tras ese morboso pensamiento que se cruzó por su mente. Kagome retrocedió al verlo tan enfurecido, deteniendo sus pasos al chocar contra la muralla.

—No me hagas enojar, Kagome —amenazó entre dientes, al dar un fuerte combo contra el cristalino espejo de la muralla a la cual ella se encontraba apoyada. Kagome se tensó al oír el ruido del vidrio romperse para luego sentir el fino sonido de los pequeños cristales golpear contra el piso.

—Y-yo solo… —trató de decir con su mirada fija en la, ahora, herida mano de Bankotsu.

—¡Respóndeme! —exigió alterado al pescarla bruscamente de los brazos, no podía soportar su silencio. Kagome reventó en llanto al ser atraída por el dolor que le causaba su rudo agarre.

—¡Porque no quiero que sigas cometiendo más atrocidades! —gritó al dejar caer gruesas lágrimas de sus temerosos ojos chocolates. Bankotsu empuñó una de sus manos al dejar de apretarla "era por eso" se dijo con cierto alivio —No quiero que nada malo te pase. —se sinceró al caer pesadamente contra el suelo, para luego cubrir su rostro con ambas manos.

El moreno respiró hondo al arrastrar su flequillo con fastidio, trató de regularizar su rabia y no descargarla con ella al respirar profundamente. Se agachó frente a la azabache, e inesperadamente, la atrajo en un movimiento hacia él, apegando el fino rostro de la chica completamente a su pecho, y envolviendo su frágil cuerpo en un posesivo abrazo, ¿Qué diablos le pasaba con ella? Tenía una mano sobre su semi ondulada cabellera y la otra sobre su pequeña cintura. Sentía la estúpida necesidad de protegerla sin entender muy bien el por qué. El tiempo que estuvo fuera del país tuvo que luchar contra los enormes deseos de verla, de besarla, y por sobre todo… de tocarla.

La respiración de Kagome se comenzó a calmar y sus sollozos a desaparecer, se sentía bien al estar en los brazos de Bankotsu. Inhaló profundamente al cerrar sus ojos y oler la exquisita fragancia de su perfume masculino, experimentando la enorme necesidad de no olvidarlo.

Los ojos del moreno se posaron sobre el marco de la puerta al sentir una presencia observarlos; era Jakotsu, quién había observado la última escena sorprendido y en completo silencio.

—Sácala de aquí. —ordenó al obligar a Kagome a ponerse de pie.

—¿A dónde irás tú? —preguntó preocupada la azabache al ser tomada de la mano de Jakotsu.

—No iré a ninguna parte. —respondió cortante el moreno al verla de medio lado.

Kagome tragó duro al observar fugazmente el cuerpo de Yukito aún en el suelo, y con una última suplicante mirada hacia el moreno, salió de la habitación dejando a Bankotsu solo con el hombre que estuvo a punto de dejar una grave huella en ella.

Subió a la habitación con Jakotsu; quién la ayudaba a subir las escaleras tomándola cuidadosamente de la cintura y la mano.

Suikotsu y Kikyo quiénes aún seguían apoyados en la larga barra, observaron con lástima el demacrado estado de la joven muchacha pasar por enfrente de ellos pues, su cabello estaba todo revuelto y su cuerpo se notaba que había sido tratado con poca delicadeza, se sintieron en cierta forma responsables.

—Creo que es mejor que nos larguemos. —aconsejó Naraku en voz baja.

—Yo no tengo nada que temer, no tengo nada por qué huir. —aclaró molesta Kikyo al cruzarse de brazos.

—¿Estás segura? —insistió Naraku viéndola fijamente —¿Creen que Bankotsu tendrá alguna consideración con ustedes? —volvió a preguntar para luego posar sus rojizos y calculadores ojos en el adolorido rostro de Hakudoshi.

Kikyo y Suikotsu se miraron fugazmente ¿Irse? ¿Serían capaces de seguir traicionándolo?

—Yo no me iré a ningún lado. —respondió tajante Suikotsu, no volvería a cometer el mismo error.

—Yo tampoco. —Kikyo estuvo de acuerdo.

Naraku refunfuñó con fastidio, las cosas se estaban volviendo más difíciles de lo que jamás imaginó. Meditó con mayor cautela, entonces comprendió que irse contra Bankotsu y hacer uso de su poder como comisario en esos momentos, era su mejor opción. Comenzaría a barajar sus cartas antes de que Bankotsu se le adelantara.

—Yo me largo de aquí… —dijo Naraku al buscar su chaqueta —pueden irse todos a la mismísima mierda. —finalizó al empuñar su prenda y salir rápidamente de la mansión, dando un fuerte portazo tras él.

Con el pasar de los minutos Suikotsu ayudó a Hakudoshi a ponerse en pie y sentarse en una cómoda silla en la sala, su sangre había sido presionada por húmedos paños de agua tibia que Kikyo amablemente había utilizado. No podían hacer nada más hasta que Bankotsu lo dijera.

. .. … .. . .. … .. .

El molesto ojiazul permanecía recargado sobre la acolchada camilla en la habitación donde minutos atrás ubicó a Kagome. Se encontraba observando fijamente y en silencio el aturdido cuerpo de Yukito, sus ojos prestaron mayor atención al verlo retorcerse lentamente en el helado piso cerámico. Se puso de pie al oírlo toser.

—¡Levántate! —exigió al sentir como el calor de la ira volvía a adueñarse de él.

—B-Bank-Bankot…su —logró articular con auditiva dificultad. El moreno lo tomó bruscamente del cabello para alzar su cabeza.

—¿En qué mierda pensabas cuando te atreviste a tocarla? —preguntó al escupir completamente enojado.

Yukito estaba tirado sobre el suelo, con Bankotsu prácticamente encima de él sin tener opción a defenderse. Oía como el moreno le hacía preguntas que ni siquiera él mismo se atrevía a contestar con certeza, ¿Qué le podía decir? Que llevaba meses caliente con ella y por eso no desaprovechó la primera oportunidad que tuvo para cogérsela… no, definitivamente esa sería su sentencia de muerte.

—¡Habla maldito! —exigió al darle un fuerte puñetazo en su enrojecida mejilla; la cual lucía así debido a los golpes anteriores. El rubio joven tosió nuevamente.

—P-porque… —hizo su mayor esfuerzo en articular esas débiles palabras —porque… me gusta.

Bankotsu tras oír lo que consideraba una absurda confesión empuñó ambas manos en el cuello del rubio, presionándolo cada vez con mayor fuerza; los ojos de Yukito lentamente se iban poniendo blancos. El joven de ojos celestes podía sentir cómo su corazón palpitaba cada vez más lento gracias a la falta de oxígeno que escaseaba en sus pulmones. Ni siquiera tenía fuerzas para luchar contra Bankotsu.

—No eres nada. —finalizó el moreno en voz baja al soltar el, ahora, fallecido cuerpo del que alguna vez consideró uno de sus mejores clientes. Respiró hondo, y salió de la habitación, pasando de largo por la sala donde estaban sus demás compañeros.

Las tres personas presentes solo se limitaron a observarlo, seguramente, Bankotsu ya había notado la ausencia de Naraku. No dijeron nada.

… .. . .. …

Jakotsu había guiado a Kagome hasta la habitación de su jefe, trató de ayudarla a quitarse la poca ropa que traía puesta pero ésta se negó rotundamente a hacerlo, aferrándose más aún a la bata que la cubría.

—Necesitas darte un baño —aconsejó Jakotsu al ver el deplorado estado de la azabache.

—No quiero… —respondió en voz baja.

—Kagome… —la nombró al acercarse a ella. La joven había mantenido su mirada fija en la aterciopelada alfombra de la habitación del moreno —¿estás bien?

La azabache lo observó por un breve momento y sus ojos volvieron a cristalizarse al recordar dolorosamente lo ocurrido momentos atrás. Si Bankotsu no hubiese llegado a tiempo ella…

—Y-yo siento que… —deseó hablar, pero calló rápidamente al oír la puerta comenzar a abrirse.

Ambas miradas se posaron en la blanca puerta de la habitación, era Bankotsu; quién ahora entraba con un semblante un poco más tranquilo que el anterior.

—Jakotsu, llama a Koga y dile que venga. —ordenó de pie junto a la puerta.

—Enseguida. —dijo Jakotsu al pasar por su lado, y antes de dejarlos solos, le dio una compasiva mirada a la azabache antes de cerrar la misma.

Kagome se puso nerviosa al verlo acercarse a ella, e inconscientemente, cubrió su cuerpo con mayor insistencia. Bajó la mirada nuevamente y tragó duro al sentir al moreno sentarse a su lado, sus parpados temblaron débilmente al sentir como la fija mirada de Bankotsu la observaba de manera analítica. Se sentía asustada debido a su anterior comportamiento.

Bankotsu tensó su mandíbula al ver directamente a la azabache quién avergonzada le desviaba la mirada, su estado era penoso. Posó con delicadeza sus masculinos dedos en el cuello de la blanca bata, y de la misma manera, la bajo lentamente; descubriendo parte de su menudo cuello. Kagome cerró sus ojos temiendo su reacción.

—Por la mierda… —susurró al ladear su rostro al lado contrario de ella y presionar fuertemente sus dientes al fruncir su ceño, estaba molesto. La piel de Kagome tenía grandes y rojizas marcas en diferente lados de su cuello; marcas dejadas por los labios de Yukito.

La joven bajó la mirada nerviosa, se sentía culpable, no supo por qué pero se sintió de esa tonta manera. Creyó haberlo podido evitar.

Bankotsu se puso de pie para luego pararse frente a ella y desprender la bata bruscamente de todo su pequeño torso. Lucía un ajustado corsé y nada que cubriera su femineidad, eso lo molesto de sobre manera. Sus analíticos ojos se posaron en su cuello, hombros y parte de la superficie de sus bustos, los cuales estaban marcados por los asquerosos labios del rubio. Además de las marcas que había dejado con sus sucias manos, consecuencia de querer forzarla; Kagome había luchado contra él. Acarició con su dedo pulgar las rojas marcas en su tersa piel, trabajando en ignorar la rabia que lo carcomía por dentro, debió llegar antes; pensó. Notó en el torso de su mano las pequeñas gotas de lágrimas que cayeron de los achocolatados ojos de ella. No dudó más y se atrevió a preguntar, necesitaba saberlo por más doloroso que fuese para ella.

—Él… —Kagome se atrevió a verlo a los ojos mientras dos líneas delgadas de lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Bankotsu hizo una mueca con su mandíbula —¿te penetró? —preguntó sintiendo la enorme molestia que lo atacaba al imaginar la positiva respuesta.

—Eso ya no importa. —respondió Kagome al intentar cubrir nuevamente parte de su desnudez, pero su mano fue detenida por la gruesa de Bankotsu.

—Claro que importa. —discutió, y sin darse cuenta comenzó a ejercer fuerza contra la delgada muñeca de ella.

—M-me estás lastimando —dijo Kagome al entrecerrar uno de sus ojos. Bankotsu aflojó el agarre rápidamente al notarlo.

—¿Entró en ti o no lo hizo? —insistió nuevamente al pararse correctamente y posar ambas manos en su cabeza. ¡Mierda! Los celos lo estaban sobrepasando y aunque trataba de controlarlos lo mejor que podía, se le estaba haciendo más difícil de lo que jamás imaginó.

—Eso ya no viene al caso. —discutió Kagome al lograr cubrirse con la bata.

—¡Necesito saberlo! —exigió al darle una patada a la pequeña mesa de centro que estaba ubicada frente al amplio ventanal, botando al suelo un elegante florero que la adornaba. Kagome entrecerró los ojos asustada al verlo actuar alterado nuevamente.

—No seguiré aquí si te sigues comportando de esa manera tan agresiva. —habló con poca seguridad al ponerse de pie con intenciones de encaminarse a la salida de la habitación, pero Bankotsu fue más rápido.

—Eso sí que no… —dijo al presionar la puerta para que ella no la abriera —tú no te vas a ninguna parte. No saldrás de aquí.

—Por favor… —pidió con una suplicante mirada —no me obligues a responder.

—¿Lo hizo? ¿Entró en ti? ¿Te hizo suya?—insistió nuevamente frunciendo cada vez más el ceño al posar ambas manos en la puerta, acorralándola. Estaba completamente enceguecido por saber y su instinto posesivo le comenzaba a jugar en contra.

Las lágrimas de Kagome cayeron con impotencia al recordar todo lo que Yukito le hizo, se encontraba totalmente sucia, y ahora Bankotsu insistía por saber los detalles.

—N-no del todo… —logró decir al cubrir su rostro. Bankotsu presionó el labio molesto.

—¡Y así me pedías que lo dejara en paz! —se alteró al golpear con su puño la puerta en repetidas ocasiones. Los celos habían logrado albergarlo por completo.

Los ojos de Kagome se cerraron fuertemente al ver que Bankotsu volvía a ponerse agresivo, se asustó aunque confiaba en que él no la lastimaría, de igual forma, no le gustaba verlo actuar así. El moreno se detuvo al ver el desencajado rostro de la temerosa chica, la causante de su desconocido descontrol.

—Yo nunca pedí que te detuvieras por él —aclaró Kagome cuando él detuvo los golpes en la puerta—. A mí la única persona que me interesa si le pasa algo… es a ti. —el moreno tensó la mandíbula, ella no mentía, Kagome era de verdad.

—Tonta. —dijo el moreno al respirar hondo y jalarla en un obsesivo abrazo, algo muy extraño estaba comenzando a sentir por la frágil chiquilla; algo que lo comenzaba a desesperar, y necesitaba controlarlo con urgencia.

. .. … .. . .. … .. .

Koga llegó rápido a la mansión apenas Jakotsu lo llamó. Esa jornada había pasado todo el día en su departamento al encontrarse saliente de nochero, pues sus turnos en el hospital público solían ser muy consumistas. Durmió durante todo el día. A esa hora de la medianoche se encontraba recostado en el largo y cómodo sofá de su solitario departamento, viendo televisión, noticias precisamente, cuando oyó el sonido de su móvil avisando que su hermano lo necesitaba.

—La herida es superficial. —explicó Koga al terminar de darle un par de puntadas a la piel de Hakudoshi.

—¿Superficial? No imaginas lo mucho que me dolió —comentó completamente indignado el bajo albino.

—Quizás te lo merecías… —interfirió Jakotsu al cruzarse de brazos —al igual que ustedes dos. —Kikyō y Suikotsu solo se limitaron a observarlo de mala manera.

—Bien, con eso estarás de lo mejor. —dijo Koga al comenzar a guardar sus implementos.

—Muchas gracias, Koga —agradeció Hakudoshi al ponerse de pie un poco adolorido. El joven asintió.

—¿Y Bankotsu? —preguntó interesado ya que hace semanas que no sabía nada de su hermano.

—Acaba de salir. —Respondió Jakotsu, ganándose una mirada de todos los presentes. El afeminado chico no quería que interrumpieran la seria conversación que seguramente se estaba llevando a cabo en la habitación de su líder.

—Bueno, avísale que pregunté por él… —mencionó al dirigirse a la puerta de salida de la mansión —y que se haga el tiempo de llamarme.

—Se lo diremos. —dijo Suikotsu al acompañarlo hasta la puerta de salida.

—Bueno, creo que yo me iré a acostar. —informó Hakudoshi al dirigirse lentamente hacia las escaleras.

—Concuerdo contigo. —dijo Kikyō al dejar en la barra el vaso de jugo natural que había estado bebiendo.

—Mañana será un largo día —habló Suikotsu al cerrar la puerta tras despedir del incondicional hermano de su jefe.

—Sin mencionar los gritos e insultos que recibirán por parte de Bankotsu —corrigió en un tono burlesco Jakotsu al cruzarse de brazos.

Las tres personas presentes solo lo miraron de manera fulminante, para luego ignorarlo y dirigirse todos a sus habitaciones, dejándolo completamente solo en la planta baja.

—¿Por qué se enojan? —se preguntó en voz baja al rodar los ojos —si no he dicho ninguna mentira.

Apagó las luces de todo el primer piso para luego dirigirse a su habitación, se preguntó que estaría pasando entre Bankotsu y Kagome al observar las escaleras que lo llevaban hasta el piso del moreno. Suspiró agotado y siguió su camino hasta su cuarto.

. .. … .. . .. … .. .

Kagome salió lentamente de la bañera envuelta en una corta y esponjosa toalla blanca, un cierto dolor en su zona baja seguía siendo latente pero débil; lo ignoró por completo. Salió del cuarto de baño y se preocupó de no ver a Bankotsu en la habitación, se vistió rápidamente con la ropa de dormir que él mismo se había molestado en ir a buscar a su cuarto, secó su largo cabello y una vez vestida con su pijama de seda, se asomó por curiosidad al balcón de la habitación… y lo vio. Lo vio pensativo, recargado con ambos codos en la gruesa baranda de mármol de la que una vez ella misma deseó saltar y acabar con todo.

Bankotsu se encontraba pensando qué demonios era lo que realmente estaba pasando con él, por qué le importaba tanto lo que pasara con ella, y por sobre todo, como ella se sintiera. Una extraña obsesión extremadamente posesiva por la imprudente chiquilla se estaba adueñando de él y no se lo podía permitir. Frotó con fastidio las palmas de sus manos contra su rostro y dejó de hacerlo al oír una de las puertas de madera del balcón abrirse, volteó a verla de medio lado.

—Está muy helado para que estés afuera. —informó al mirarla fijamente a su rostro.

—Yo… no sabía dónde estabas —comentó al caminar lenta pero segura hacia a él.

—Dije que no iría a ninguna parte. —su tonó sonó tan sereno y despreocupado que Kagome no pudo contra las ganas de aferrarse fuertemente contra su pecho, lo hizo, tomando a Bankotsu por sorpresa, sencillamente, con él se sentía protegida por más extraño que eso pareciera.

—Gracias. —susurró en voz baja, apoyando su oído en el fuerte pecho del moreno. Deseaba oír los fuertes latidos de su corazón, inexplicablemente eso la tranquilizaba.

—¿Y eso por qué? —preguntó al rodear su pequeño y curvilíneo cuerpo con sus brazos.

—Por cuidar de mí. —respondió al inhalar nuevamente el olor de su exquisito perfume masculino. Bankotsu sonrió de medio al apoyar su mejilla sobre la húmeda cabellera de ella.

El corazón de Kagome comenzó a palpitar fuertemente contra su pecho, ese protector abrazo que la envolvía la hacía sentirse totalmente plena, como si a su alrededor ya nada más faltara, ya lo había confirmado, se había enamorado extrañamente de Bankotsu hace un tiempo atrás, solo que nunca se atrevió a aceptarlo. Vivir seis meses, las veinticuatro horas del día junto a ese arrogante pero guapo sujeto, sencillamente, para ella, fue difícil de evitar ese conocido pero a la vez extraño sentimiento hacia él.

—Te amo. —se permitió susurrar en voz baja, dejándose llevar por el cálido momento.

« Te amo» Los ojos de Bankotsu por primera vez se abrieron de manera desmesurada al oír la confesión de la joven azabache. Era la primera vez que alguien, más bien, una mujer, le decía esas palabras desde la muerte de su madre; nunca había tenido algo como lo que tenía con Kagome. Hizo un movimiento con su cabeza para no prestarle mayor atención, decidió creer que tal vez la anterior experiencia la estaba haciendo hablar incoherencias.

—Entremos… —invitó al deshacer el contacto —se está poniendo más fresco. —habló al mismo tiempo que frotaba sus manos en los delgados hombros de ella, tratando de transmitirle un poco de calor. Kagome lo miró por un momento un poco desconcertada, ¿acaso no la había oído? su pregunta se disipó al ver el rostro de Bankotsu adornado con media sonrisa al tenderle la mano para que se animara a entrar junto a él. La azabache sonrió tímidamente al tomar su mano.

—Puedo ponerme una chaqueta para dormir… si te molesta. —ofreció al notar los ojos del moreno fijos en las marcas en su piel.

—Hmph… no es necesario. —dijo al encogerse de hombros.

Esa negra noche, llena de miles de emociones, ambos jóvenes compartieron la cama de un modo muy diferente a las otras ocasiones; sin tener sexo. Bankotsu se acostó solo con su bóxer mientras que ella lo hizo con su pijama de seda de dos piezas. El moreno se acomodó mirando hacia el cielo blanco de la habitación, con Kagome recostada sobre su pecho y aferrada a su torso. Mientras era abrazada de manera protectora por uno de los brazos de él.

. .. … .. . .. … .. .

Temprano en la mañana Miroku preparaba el desayuno para su ambarino amigo y la hermosa castaña; quién había dormido en su casa.

—¿Qué tal estuvo el sofá? —bromeó Sango al salir de la habitación de Miroku.

—Dejémoslo en que dormí de maravilla —respondió al girarse a verla—. Omite mis ojeras —ambos rieron ante el sencillo comentario.

—Necesito ducharme —informó la castaña.

—Ve, hay toallas limpias por si acaso —dijo al mirarla fijamente.

—No te preocupes que traigo la mía —contestó sonriente al enseñarle su toalla color lila.

Miroku amplió su sonrisa al verla entrar al baño, esa chica era sensacional. Suspiró profundamente antes de mirar sigilosamente hacia los costados y asegurarse que nadie lo estuviera espiando. Se dirigió silenciosamente de puntitas hasta su habitación y su piel se erizó al lograr ver parte de la perfecta y desnuda espalda de Sango.

—Sí que lo pervertido aún no se te quita del todo —habló InuYasha con cierta ironía al ver a su amigo espiando a la joven por un pequeño agujero tras un cuadro colgado.

—Y-yo te lo puedo explicar… —dijo Miroku en un balbuceo poco entendible, su rostro estaba completamente enrojecido y rascaba su cabeza con cierta ansiedad debido a la vergüenza que sentía. Le costaba luchar con el mujeriego que llevaba en su interior.

—Si como digas. —bufó el joven de ojos ámbar al salir de la habitación de su amigo. Miroku salió rápidamente tras él.

—Terminaré de servir el desayuno, antes que salga Sango de la ducha. —informó al dirigirse a la cocina.

Una vez que la guapa castaña llegó al comedor Miroku sirvió el desayuno, fueron acompañados por las noticias matutinas del canal nacional y cuando estas terminaron, la conversación que tuvieron la noche anterior salió una vez más.

—¿Piensas hablar con el fiscal a cargo del caso? —cuestionó InuYasha realmente interesado.

—Aun no estoy seguro de hacerlo… —respondió Miroku al darle una mordida a su tostada —no sé con certeza en quién se puede confiar en ese lugar.

—Ten por seguro que en Naraku y Kagura no. —le recordó Sango.

—Volviendo al tema de anoche… —dijo InuYasha —Kagome… entonces, ella no ha sido forzada por nadie —mencionó para que la castaña volviera a corroborar lo que le contó la noche anterior. Su instinto de hombre se tranquilizaba al saber que ella seguía siendo solo suya.

—Hasta el día en el que yo estuve con ella… no. —negó la castaña.

—¿Y crees que desde que te fuiste alguien la haya tocado? —preguntó con un poco de duda en sus palabras. Sango miró a Miroku de manera interrogante y éste disimuladamente le negó, recordando lo que Sango le contó del particular interés que tenía Bankotsu por la novia de su amigo.

—Yo creo que no. —respondió asintiendo.

—Eso me deja un poco más tranquilo —suspiró con cierto alivio el albino.

—Entonces Bankotsu Enao es el verdadero responsable de toda la corrupción que rodea la brigada —meditó Miroku al entrelazar sus dedos a la altura de su nariz.

—Ahora si —dijo Sango—. Pero este trabajo de la explotación sexual viene de hace mucho tiempo atrás —corrigió—. Bankotsu tomó el mando del trabajo hace un tiempo atrás.

—Eso no lo quita de ser responsable —discutió InuYasha.

—Claro que no lo quita pero tampoco es el responsable de todo —también discutió la castaña—. No tienes por qué juzgarlo si no lo conoces. —dijo al cruzarse de brazos.

—¿Por qué lo defiendes tanto? —preguntó el albino al fruncir el ceño —¿acaso tú no pasaste también por todas esas cosas que tanto nos cuentas?

—Si las pasé pero también lo conozco muy bien y estoy segura que no es una mala persona… solo ha cometido sus errores. —respondió con su semblante serio. Ella solo sabía de lo que Bankotsu hacía en la mansión, de lo que hacía en el exterior no tenía ni la menor idea.

—Pero me imagino que debe ser lo bastante inteligente como para poder diferenciar lo que está bien de lo que no —dijo InuYasha, comenzando a alterarse.

—¡Bankotsu era un niño cuando entró a toda la basura en la que ahora está metido! —ella también comenzaba a hacerlo.

—InuYasha… —dijo Miroku al darle una mirada molesta.

—Está bien… —mencionó el peliplata al ponerse de pie con fastidio —solo que sigo sin comprender por qué lo justificas tanto.

—Porque sigo creyendo que él no es una mala persona —respondió molesta Sango, ignorando las anteriores palabras del joven albino—. Sólo se cruzó con la gente equivocada.

—Si claro. Pobre de él, ¿no? —habló InuYasha con ironía al rodar los ojos para dirigirse al baño.

Miroku observó el rostro molesto de ambos, ¿qué haría ahora? no podía confiar en su superior y eso lo preocupaba, la única certeza que tenía, era que muy pronto todo acabaría.

. .. … .. . .. … .. .

Muy temprano en la mañana Bankotsu citó en su despacho a Kikyō, Suikotsu y a Hakudoshi, las mismas tres personas que acataron las órdenes de Naraku mandando al diablo las que él acostumbrara a dejar. Estaba sentado sobre su cómoda silla forrada de cuero, con ambas piernas cruzadas sobre la fina superficie de su escritorio.

—Él dijo que tú ya no volverías. —dijo Kikyō con su serio semblante.

—¿Y ustedes compran toda la basura que les venden? —preguntó Bankotsu al analizar a las tres personas frente a él.

—Por supuesto que no. —respondió Suikotsu.

—Entonces… —habló el moreno esperando que alguien le diera una respuesta satisfactoria.

—Naraku creyó que debíamos de salvar nuestro propio trasero —se atrevió a hablar Hakudoshi—. Que el de anoche sería el último trabajo. Que recaudaríamos dinero y cada quién vería que hacer con su vida. Empezaríamos todos de cero. —contó mientras trataba de acomodarse adolorido en su asiento, pues había olvidado tomarse los analgésicos que le dejó Koga la noche anterior.

—Una tentadora propuesta —asintió el moreno al fruncir los labios—. Dejaremos esta conversación hasta aquí… por hoy. Recuerden que dar segundas oportunidades no es lo mío. —les recordó al ponerse de pie y salir de la habitación. Se sentía sin ánimos de discutir, últimamente todo comenzaba a darle igual y ellos… no eran la excepción.

. .. … .. . .. … .. .

Se encontraba sentado viendo fugazmente los rostros de todas las personas que trabajaban en la brigada. ¿En quién se podía confiar? Sus desconfiados ojos azules se posaron sobre la mujer de ojos carmín que entraba por la puerta de la reducida oficina.

—¿Qué le pasa, oficial? —preguntó sonriente su joven compañero de trabajo al entregarle una pequeña taza de café.

—Gracias, Houyō —dijo Miroku al recibir la pequeña taza.

—¿Se siente mal? —volvió a insistir al verle el pensativo rostro.

—No —respondió cortante, quizás se estaba equivocando al desconfiar de todos pero no quería cometer ni un solo error—. Ahora… deja que termine mi trabajo.

Al entender la indirecta Houyō se puso de pie un tanto incómodo y se dirigió a su lugar.

—Cualquier persona que te viera diría que estás de mal humor —habló Kagura en un tono burlesco.

—Eso no es asunto tuyo. —dijo con su semblante completamente serio.

Ese día tendrían una seria reunión con el fiscal a cargo del caso, para ver los avances en la investigación pues, ahora tenían a la prensa insistiendo constantemente por saber.

—No es nuestra culpa que la gente que está metida en ese rubro sea tan sigilosa. —justificó Kagura el lento actuar de la brigada.

—Quizás no están poniendo lo mejor de ustedes —comentó el fiscal Miōga.

—O tal vez tenemos a más de algún corrupto de ellos entre nosotros —se atrevió a acusar Miroku. Estaba harto. Todos los presentes que trabajaban en el caso lo miraron con desconcierto.

—¿A qué te refieres con eso? —preguntó Miōga al no entender su "acusación". Miroku era un buen oficial, apasionado por su trabajo pero a veces se bloqueaba al querer encontrar respuestas.

—Porque creo que aquí tenemos a más de un corrupto, fiscal —respondió con respeto al observar fijamente a la mujer de fríos ojos carmines—. No opina lo mismo que yo oficial K…

—¡Lo tengo! —interrumpió su superior al abrir abruptamente la puerta donde estaban sus colegas reunidos.

—Comisario… —dijo Miōga —no cree que llega un poco tarde a la reunión —mencionó al ver la hora en el reloj colgado en la pared.

—Sí —respondió Naraku—. Pero lo que traigo en esto —le enseñó la delgada carpeta que llevaba entre sus manos —justificará todas mis faltas.

—¿Y qué es eso? —preguntó curioso Miōga.

—Esto acredita toda culpabilidad al sospechoso Bankotsu Enao. —informó con una torcida sonrisa. Miroku cambió de un molesto a un confuso semblante. Y Kagura abrió sus ojos con mucha sorpresa, no podía creer lo que Naraku decía.

Miroku se paró rápidamente de su asiento y se acercó hacia donde estaba su fiscal junto a su superior, quiénes sacaban los documentos que permanecían en la misteriosa carpeta. Algo realmente turbio estaba tramando Naraku, de eso estaba más que seguro.

—¿De dónde sacaste estas cosas? —preguntó Miōga al ver unas comprometedoras fotografías.

—Anoche recibí la llamada de una persona anónima —mintió descaradamente frente a Kagura; quién lo observaba molesta—. Me dio un punto de encuentro y rápidamente concurrí a este.

Eran fotografías que enseñaban a Bankotsu entrando a la juguetería como una persona incógnita, pues sus ropas eran un tanto misteriosas. Otras entrando a la mansión. Y unas pocas bajando de una oscura camioneta van con varias jovencitas.

Naraku se había asegurado de respaldarse en un caso extremo como el que estaba pasando ahora, y esta vez, la ocasión la ameritaba. Estuvo toda la maldita noche en vela… pensando. La única decisión que golpeó contra su cabeza era esa carpeta con las comprometedoras fotografías que creía, inculparían directamente a Bankotsu. Esa misteriosa carpeta había permanecido resguardada en la parte más oscura de su departamento hace más de cinco años. Consideraba que esa era información suficiente para retener a Bankotsu tras las rejas mientras la investigación se profundizaba. Tal vez, cegado por el temor y la cobardía estaba errando al no pensar de manera cautelosa y detallada.

—Estas fotografías no son actuales. —dijo Miroku al notar los cambios físicos del protagonista.

—¿Qué es lo que haremos , fiscal? —preguntó Naraku, con el tono más sumiso posible. Ignorando por completo al joven oficial.

—Allanaremos. —informó el viejo fiscal al tomar rápidamente su móvil. Necesitaba urgente la orden de un juez. Debía arriesgarse a allanar ya que sus superiores lo estaban presionando.

Miroku observó a Naraku con cierta desconfianza. Algo se tramaba ese turbio sujeto, de eso estaba más que seguro.

Una vez conseguida la orden, Miōga junto al comisario a cargo del caso dieron detallada y cuidadosamente los pasos del peligroso procedimiento al que esa noche cumplirían.

. .. … .. . .. … .. .

Bankotsu se encontraba sentado en un alto taburete recargado con ambos brazos sobre la larga mesa estilo americana que dividía la cocina. Observaba a Kagome terminar de cocinar y al mismo tiempo conversaban amenamente.

—¿O sea que tenías pésimas calificaciones? —preguntó en un tono burlesco al alzar una de sus cejas.

—No es que tuviera malas calificaciones… es solo que siempre he sido un poco distraída —corrigió al apagar la llama de la olla que tenía prendida.

—¿Y a qué edad conociste a… InuYasha? —preguntó con suma curiosidad.

—¿Por qué quieres saber eso? —preguntó la azabache sin molestarse en mirarlo.

—Sencillamente quiero saberlo. —respondió despreocupado al encogerse de hombros.

—Bueno… —dijo Kagome al dar un profundo suspiro —con InuYasha nos conocemos desde niños. Nuestras madres son muy amigas y trabajan juntas hace años.

—O sea que estaba… ¿pre-destinado? —mencionó al alzar nuevamente una de sus cejas.

—No sé si sea así —respondió la azabache—, pero desde que era una niña InuYasha siempre se preocupó mucho por mí. —dijo de modo inconsciente.

Bankotsu frunció el ceño al oírla hablar con tanta nostalgia de ese personaje, ya empezaba a hartarse de sentir cierta molestia cuando ella se expresaba de él como una excelente persona, todo lo contrario a lo que era él. El móvil del moreno comenzó a vibrar sobre el mesón llamando la atención de ambos. Lo pescó con cansancio al reconocer el número en la pantalla. Observó a Kagome de manera fugaz antes de salir por el ventanal que daba hacia el patio trasero de la lujosa mansión antes de contestar.

—Bueno… —habló en un tono serio.

—Bankotsu —lo nombró casi en un susurro.

—¿Qué sucede Kagura… —preguntó al alejarse un poco más de la entrada de la cocina —no te oigo bien?

—Escúchame… y por favor escúchame bien —pidió muy preocupada.

—¿Qué está pasando? —preguntó más serio aún.

—Hoy allanaran la mansión. Naraku te ha traicionado. —informó un poco más tranquila al alertarlo.

—¿Naraku? —preguntó con sorpresa. Si bien se imaginaba que en cualquier momento lo podrían traicionar, no le caía en la cabeza que haya sido precisamente él, el que hubiese tenido ese descaro.

—Sí —respondió Kagura—. La orden del juez ya está dada, por favor rompe el chip de tu móvil, yo haré lo mismo con el que te estoy llamando —pidió afligida —. Si en algún momento llegasen a rastrear las llamadas no quiero que se enteren que fui yo la que te alerté.

—No te preocupes, que nadie lo sabrá. —habló para tranquilizarla. Si bien con Kagura no tenían la mejor relación del mundo, sabía que podía creer lo que ella decía.

—Por favor, Bankotsu —dijo en una entonación suplicante —cuídate mucho, y se muy cauteloso.

—Siempre lo soy. —dijo antes de finalizar la llamada. Sacó la parte trasera de la carcasa de su móvil y sacó el pequeño chip para luego romperlo entre sus dedos.

Naraku se había atrevido a traicionarlo, pero olvidó por completo el pequeño detalle que una vez él mismo le dijo: « Si caigo yo… caen todos ustedes » fue un completo estúpido al actuar sin pensar. Si creía que con inculparlo frente a sus patéticos compañeros luchadores de la justicia se zafaría de todo, estaba muy equivocado. « Si quieres jugar sucio, jugaremos sucio » dijo al adornar su moreno rostro con una sonrisa torcida.

Entró nuevamente a la cocina, y sonrió de medio lado al ver Kagome fruncir los labios al ver el orden de los platos que había servido para el almuerzo de todos. Ya todo se había ido al mismísimo demonio y estaba seguro que estaría en la lista de: "los más buscados".

—¿Pasa algo? —preguntó la azabache al verlo de pie. Lucía tan hermoso recargado sobre el marco del amplio ventanal, la luz natural del sol que lo contrastaba lo hacía lucir sencillamente perfecto. Y el suave movimiento de los árboles que se traslucían a través del cristal le regalaba un toque tan natural que se perdió en él por unos segundos. Su piel se erizó por completo al recibir una arrogante sonrisa de ese ojiazul nada amable que comenzaba a invadir por completo su corazón. ¿En qué momento le comenzaron a gustar los chicos malos?

—Nada. —respondió al ladear su rostro.

Llegada la noche Bankotsu actuaba un poco extraño, estuvo encerrado alrededor de una hora con Jakotsu, seguramente, dándole nuevas órdenes. Ya había alertado anteriormente a sus otros compañeros.

. .. … .. . .. … .. .

El retumbante sonido del silencio comenzaba a impacientarla, salió de la habitación y bajó de manera acelerada las escaleras al no entender qué era lo que pasaba en la primera planta. Llevaba más de una hora sin saber de Bankotsu y eso comenzaba a inquietarla más, aun cuando éste le ordenó no salir del cuarto.

Al asomarse a las escaleras de la segunda planta vio a Jakotsu correr apresurado hacia ella, algo muy malo intuyó su corazón, y el mismo se aceleró golpeando fuertemente contra su pecho al oír al afeminado sujeto.

—Tenemos que irnos —dijo agitado al tomar su mano—, la mansión se está incendiando. —informó al desear jalarla para sacarla del, ahora, peligroso lugar.

Los ojos de Kagome se abrieron de manera desmesurada y aterrada, si la mansión se estaba incendiando, entonces Bankotsu…


Bien, la mansión de Bankotsu se quema y él… bueno él sabrá que hacer n.n

Sí, soy una mala al tardar casi un mes en actualizarles pero tengo una buena excusa, y esa es: "falta de inspiración". Batallé tanto con este capítulo que me frustraba y mandaba todo a la #%/&!$ porque sabía lo que quería escribir pero no lo podía narrar en la historia.

Ok, si quedaron dudas esas serán aclaradas en el próximo capítulo, el cual ya tengo listo pero le faltan unos poquitos detalles.

HEDON: Jjajaja sí, dramática y todo pero no te preocupes que yo también soy así, así que te comprendo muy bien :)

Nina Shichinintai: Que bueno que te guste el fic Nina, y Bueno, que encuentres que la espera haya valido la pena, eso me hace sentir un poco más aliviada :'D Un fuerte abrazo mi queridísima compatriota.

Sweet . Ale 13: Sí, si seguiré aunque a veces soy un poco :/ no, más bien muuuy lenta con las actus pero confíen en que no dejare de actualizar. Muchos saludos hermana mercenaria :) (tuve que poner tu nombre por separado porque solo me quedaba el 13 cuando guardaba)

Ljubi-sama: Oum mi Ljubica, amo tanto tus rw porque son tan intensos que me hacen sonreír muchísimo. Me agrada tanto que te guste mi fanfic porque a pesar de todo estoy aprendiendo con ustedes. Muchísimas gracias por tu incondicional apoyo.

Yuli: Otra de las chicas que siempre veo comentar y no sabes cuánto me gusta. Cuesta amiga mía, cuesta escribir esos "lemmon" en especial a mí que soy nueva en esto. Agradezco un montón tu apoyo hermana, muchas gracias.

Nina Parker: Bueno… hablamos de eso por mensajes pm :) y sabes que siempre recibo bien tus sugerencias y correcciones. Te has tomado las molestias de ser siempre respetuosa y eso se valora. ;) espero que sigamos en contacto.

Aidee GV: Jjajajaja la Aide, ahora InuYasha tenía que ser el bueno, alguna vez que le toque, ¿no? Bankotsu es malote así que acabó con Yukito. Sí, quise hacer a la no-muerta un poquito más noble. Saludos mi Aide bela bela.

Linithamonre77: Ahora que estás haciendo una historia tuya, tuya notaras que te bloquearas de vez en cuando D: (aunque espero que no suceda) Cuesta hermana escribir, además que a veces las obligaciones de la casa te interrumpen en el mejor momento, justo cuando te llega algo de inspiración. (como en el capítulo en el que Kagome hacia concentrada su examen y llegó Inu a interrumpirla… así me pasa) Muchas gracias por pasarte por aquí querida hermanita :)

Rogue85: No te preocupes que comprendo muy bien que a veces demores pero lo importante es que siempre estás aquí, tarde o temprano siempre apareces XD Gracias por el cumplido del lemmon porque de verdad no deseaba decepcionarlas. Y respecto a Kikyo… bueno quise hacerla un poquito diferente, creo que no es taaan mala. Respeto a las que la odian y también a la que no, me da igual en realidad :P respeto mucho los gustos que estén en pro o en contra de un personaje, siempre y cuando no se metan con Bankotsu todo estará bien jajajajaja Saludos Pao!

Sasunaka doki: Tarán! Jajaja llegó justo. Lamento mucho la tardanza.

Guest: Querisa "Guest" olvidaste poner tu nombre pero agradezco los comentarios que imagino deben ser todos tuyos. No me quiero equivocar pero según leyendo la forma en que te expresas podría jugármela y decir que eres Flavita, espero no equivocarme y sorry si no eres. Saludos!

Lady-darkness-chan: Listoooooo! Jajajaja gracias por la paciencia.

Nahiara Berrini: Hola! La falta de inspiración me tenía totalmente atrapada por eso demoré tanto, espero que hayas disfrutado de este capítulo. Me alegro tanto que te vaya gustando el fanfic. Saludos!

Bueno, esta vez quise saludarlas de manera particular. No saben cómo me gustó ver que le van tomando el gusto a la historia. Sus comentarios buena onda y sus críticas constructivas y por sobre todo con respeto son como un sueldo que las ficker nos hacemos. Se los agradezco de corazón a cada una de ustedes. Y felicitar a las lectoras fantasmas que de a poco se han animado a comentar.

Espero que el capítulo les haya gustado :) Abrazos peligrosamente mercenarios para todas :D

Nos leemos en menos de una semana si todo me sale bien XD

¡CIRCULO MERCENARIO!